domingo, 9 de julio de 2017

212. Memorias de Adriano en la pluma de Margarite Yourcenar

MEMORIAS DE ADRIANO (reseña de lectura)

(Marguerite Yourcenar)
(Editions Gallimard, 1974: Memoires d´Hadrien)
Traducción al español Editorial Edhasa, 1955 (Por Julio Cortázar)
Ediciones de Bolsillo, Editorial Planeta, 1999.

(Suelen muchos lectores, compradores de libros en librerías de primera, adquirirlos y sentarse a leer con lápices, resaltadores de colores, y subrayadores de frases y párrafos que llaman particularmente su atención. Esos resaltados son ayudas para que, posteriormente, tales frases puedan ser citadas y los subrayados usados como ayudas de la memoria. No me sucede igual porque desde niño leí libros prestados en la biblioteca pública, y otros prestados por los amigos que debía devolver al terminar de leerlos, lo que me impedía poner mano en tales ejemplares. Opté por copiar en cuadernos o libretas de apuntes esas frases hasta cuando, con la llegada del computador personal, adopté la costumbre de leer con él a la mano para ir copiando esas frases que acompañaban mis impresiones como reseñas de lectura. Es ese, pues, el método con el que abordé la lectura de este libro en la que registro estas frases que comparto con los lectores).

Lo primero que llama la atención en esta obra es el nombre de Julio Cortázar su traductor al español, escritor privilegiado de cuya muerte se cumplieron veinte años al iniciar el siglo XXI (París, 1984). De la fidelidad del traductor al original no puede dudarse: Cortázar dominó el francés (su primera lengua), tanto como el español. Ni de su habilidad para traducir que sólo un conocedor del mismo instrumento de la autora podía interpretar con fidelidad: ambos manejaban sus lenguas con propiedad. Y tenían la capacidad de comunicar. Y la de embellecer con el lenguaje literario. Eso es importante en todos los tiempos, pero en éste más, puesto que se escuchan quejas por la pobreza y falta de cuidado de las traducciones recientes de algunas obras al español, en las que se detectan errores frecuentes por su apego a modismos y expresiones que solamente se escuchan en el habla coloquial de España. Y España no es el castellano, ni es el español. Los españoles también se quejan de las traducciones a la argentina o a la mexicana cuyos modismos son extraños al habla madrileña o andaluza. A estas traducciones les falta universalidad para el total de los hispanoparlantes o hispanoamericanos.

En segundo lugar la autora (Bélgica 1903, Estados Unidos 1987), abordó por primera vez el tema cuando tenía veintiún años (en 1924) y solamente publicó el libro en 1951: treinta y siete años de gestación, viajes, lecturas, documentación, estudio; pulir, corregir, asesorarse. No es una obra improvisada. Las notas bibliográficas (véase el apéndice Nota –Pag. 349) dan fe de ello. La obra se puede clasificar tanto de novela como de biografía, tanto de ficción como de historia. Como ella misma lo afirma (Pag. 340) en algún momento pudo ser ensayo, en otro pudo ser tragedia. Termina siendo una biografía histórica novelada. La autora se apresura a contar sus recorrido y lo que en él hay de acomodo, para evitar especulaciones. Aun así, se duele de aquellos que afirman que “Adriano es usted” (Pag. 341), ya que su intención fue contar la historia del emperador desde adentro, desde él mismo (Pag. 327), a una distancia que se remonta al siglo I d.C., puesto que aun cuando “la sustancia, la estructura humana apenas cambien” (Pag. 333), el calzado de uso en cada época modifica la forma del pie y en dicho siglo “estamos aún muy cerca de la libre verdad del pie descalzo” (Pag. 333) Pero sí, es inevitable encontrar mucho de la autora reflejado en el relato. No tanto por el aspecto anecdótico de sus preferencias sentimentales, como por la manifestación de su propio pensamiento que pone en boca del personaje. Es natural: un autor no puede desligarse de su obra, ni abstenerse de dejar su impronta en ella. En algunas partes aparece una tímida y velada referencia a G. F., iniciales de la traductora y correctora de texto Grace Frick, la mujer que fuera su compañera por más de cuarenta años que, de haberles correspondido vivir en nuestro nuevo siglo, no habrían tenido inconveniente en que sus nombres aparecieran ligados por los convencionalismos sociales después de décadas de haber sido ligadas por el corazón.

Tan interesantes como la novela, son los apéndices Notas a las Memorias de Adriano, de la autora (Pag. 320); y la Nota que incluye precisiones bibliográficas, de ella misma (Pag. 349); con detalles sobre el proceso creativo que lo acompañó. Se convierten en consejos o en espejo para los que pretenden hacerse escritores. Da guías sobre la forma de abordar un tema, de documentarse, de tratarlo, que son didácticas. No sé si tuvieron originalmente el propósito de docencia, pero lo cumplen.

La historia de este emperador (siglos I y II d.C.) está contada en primera persona, a manera de carta escrita a su sucesor Marco Aurelio, desde un punto de vista humano, aun cuando relate hechos de la vida pública. Sus palabras cuentan lo que sintió y está documentado, o lo que pudo sentir en el contexto del momento que vivió el personaje. La novela abarca tres temas principales: 

1 El poder y los cargos públicos.
2 Las relaciones sentimentales.
3 La vida y la muerte.

Algunas frases:

1 TEMA: EL PODER Y LOS CARGOS PÚBLICOS.

1 Nuestra época, cuyas insuficiencias y taras (yo, el emperador) conocía quizá mejor que nadie, llegaría a ser considerada por contraste como una de las edades de oro de la humanidad... la naturaleza nos traiciona, la fortuna cambia, un dios mira las cosas desde lo alto. (Pag. 261)

2 Lo esencial es que el hombre llegado al poder haya probado luego que merecía ejercerlo. (Pag. 104) 

3 Sí, Atenas era siempre bella, y no lamentaba haber impuesto disciplinas griegas a mi vida. Todo lo que poseemos de humano, de ordenado y lúcido, a ellos se los debemos... (pero, para equilibrar el idealismo griego, hace falta) la seriedad algo pesada de Roma, su sentido de la continuidad y su gusto por lo concreto... (En cuanto a la natal Itálica en España) reconocía otra vez su ardiente tristeza y su árida violencia (debida a la influencia) que las gotas de sangre celta, ibera, quizá púnica, infiltraron en las venas de los colonos romanos... (Pag. 240) 

4 ... Jamás tuve la sensación de pertenecer por completo a algún lugar, ni siquiera a mi Atenas bienamada, ni siquiera a Roma. Extranjero en todas partes (y en Itálica), en ninguna me sentía especialmente aislado. (Pag. 137) 

5 Pocos hombres aman durante mucho tiempo los viajes, esa ruptura perpetua de los hábitos, esa continua conmoción de todos los prejuicios. (Pag. 135) 

6 Toda creación humana que aspire a la eternidad debe adaptarse al ritmo cambiante de los grandes objetos naturales. (Pag. 122) 

7 La vida era para mí un caballo a cuyos movimientos nos plegamos, pero sólo después de haberlo adiestrado... busqué primero una simple libertad de vacaciones, de momentos libres. Toda vida bien ordenada los tiene, y quien no sabe crearlos no sabe vivir... aprendí a dictar diversos textos a la vez, y a hablar mientras seguía leyendo (tomando como modelo a César) (Pag. 53)

8 Preveía con bastante exactitud el porvenir, cosa posible (sólo) cuando se está bien informado sobre la mayoría de los elementos del presente. (Pag. 91) 

9 Como todo es más fácil que la sensatez, me venían deseos (de transgredir) (Pag. 96) 

10 Atracarse (de comida y de bebida) los días de fiesta ha sido siempre la ambición, la alegría y el orgullo naturales de los pobres. (Pag. 16) 

11 Advierto una objeción a todo esfuerzo por mejorar la condición humana: la de que quizá los hombres son indignos de (ese esfuerzo) él. Pero la desecho sin (dificultad) esfuerzo: el género humano no se reduce a una sola cabeza ofrecida al cuchillo de Calígula... nuestro interés bien entendido será el de servirlo (al pueblo).. mi manera de obrar se basa en observaciones sobre mí mismo: toda explicación lúcida me ha convencido siempre, toda cortesía me conquista, toda felicidad me da casi siempre la cordura. (Pag. 124) 

12 Los (consejeros) bien intencionados afirman que la felicidad (pública) relaja, que la libertad reblandece, que la humanidad corrompe a aquellos en quienes se ejerce... puede ser; pero (hay que o no se puede dejar de) dar de comer a un hombre exánime por miedo de que dentro de unos años sufra de plétora (o se empache) (Pag. 125) 

13 Pertenecía (Neracio Prisco) a esa rara familia espiritual que, poseyendo a fondo una especialidad (la del derecho), viéndola, por así decirlo desde adentro, y con un punto de vista inaccesible a los profanos, conserva sin embargo el sentido de su valor relativo en el orden de las cosas, y la mide en términos humanos. Más versado que cualquiera de sus contemporáneos en la rutina legal, no vacilaba nunca frente a las innovaciones útiles. (Pag..50)

14 Hubo muchas protestas cuando desterré de Roma a una patricia rica y estimada que maltrataba a sus viejos esclavos (lo que me parecía una forma cruel de inhumanidad). (Pag. 128) 

15 Raras veces he visto casas donde no reinaran las mujeres; con frecuencia he visto reinar también al (mando medio) intendente, al cocinero, al (esclavo) liberto. (Pag. 129) 

16 Tengo que confesar que creo poco en las leyes. Si son demasiado duras, se las transgrede con razón. Si son demasiado complicadas, el ingenio humano encuentra fácilmente el modo de deslizarse entre las mallas de esa red tan frágil. (Pag. 125) 

17 Toda ley demasiado transgredida es mala; corresponde al legislador abrogarla o cambiarla, a fin de que el desprecio en que ha caído esa ordenanza insensata no se extienda a leyes más justas. (Pag. 126) 

18 (En Roma) Mi propósito era tan sólo el de reducir la frondosa masa de contradicciones y abusos que acaban por convertir el derecho y los procedimientos en un matorral donde las gentes honestas no se animan a aventurarse, mientras los bandidos prosperan a su abrigo. (Pag. 243)

19 Empezaba a tener mi leyenda, ese extraño reflejo centelleante nacido a medias de nuestras acciones y a medias de lo que el vulgo piensa de ellas… (Buscando influir en mis decisiones de Juez) me ofrecían sus mujeres... sus hijos... los más lamentables eran los que me hablaban de literatura para congraciarse conmigo… (sabiendo de mi gusto por las letras, y) Confundir a esas gentes con mi indiferencia me resultaba un placer. (Pag. 51) 

20 La técnica que debía elaborar en aquellos puestos mediocres me sirvió más adelante para mis audiencias imperiales... hacer del mundo una tabla rasa donde en ese momento sólo existe cierto banquero... cierta viuda... con toda la atención cortés que en los mejores momentos nos acordamos a nosotros mismos, y verlos casi infaliblemente aprovechar esa facilidad para engreírse como la rana de la fábula... ponía al desnudo viejos odios aterradores, una lepra de mentiras: maridos contra esposas, padres contra hijos, colaterales contra todo el mundo; el poco respeto que tenía personalmente por la institución de la familia no resistió a ese desfile... pero no desprecio a los hombres. Si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos. (Pag. 51) 

21 Me esfuerzo pues para que mi actitud esté tan lejos de la fría superioridad del filósofo como de la arrogancia del César... los hombres más opacos emiten algún resplandor: este asesino toca bien la flauta, ese contramaestre que desgarra a latigazos la espalda de los esclavos es quizá un buen hijo; ese idiota compartiría conmigo su último mendrugo. Y pocos hay que no puedan enseñarnos alguna cosa. Nuestro gran error está en tratar de obtener de cada uno en particular las virtudes que no posee, descuidando cultivar aquellas que posee. (Pag. 52) 

22 ... Con la esperanza de favorecer el mantenimiento y desarrollo de una clase media seria e instruida. Conozco sus defectos, pero un Estado se mantiene gracias a ella. (Pag. 232) 


23 Te recomiendo a Celer (uno de esos seres cuyo destino es consagrarse, amar y servir); posee esas cualidades que convienen a un oficial colocado en segundo plano, e incluso sus mismas virtudes le impedirán pasar al primero. (Pag. 255) 


24 Acabé con el escándalo de las tierras dejadas en barbecho (lotes de engorde) por los grandes propietarios indiferentes al bien público; a partir de ahora, todo campo no cultivado durante cinco años pertenece al agricultor que se encarga de aprovecharlo. (Pag. 130) 


25 Uno de los días más hermosos fue aquel en que convencí a un grupo de marineros del Archipiélago de que se asociaran formando una corporación (cooperativa) y que trataran directamente con los vendedores de las ciudades (sin intermediarios) Jamás me sentí más útil como príncipe. (Pag. 132) 


26 Aquello equivalía a no comprender la forma en que piensa un jefe (que se despoja de sentimientos para tomar decisiones cerebrales, a diferencia de un enamorado que se despoja de la razón para seguir los dictados del corazón). (Pag. 278)


27 Razón tenía (la querellante en audiencia) al increparme que si no tenía tiempo para (acabar de) escucharla, tampoco lo tenía para reinar. (Pag. 134) 

28 Y sin embargo me falta tiempo: cuanto más crece el imperio, más tienden a concentrarse los diferentes aspectos de la autoridad en manos del funcionario en jefe; este hombre apremiado tiene que delegar parte de sus tareas en otros; su genio consistirá cada vez más en rodearse de un personal de confianza... el gran crimen de Claudio y Nerón fue el de permitir perezosamente que sus libertos o sus esclavos se apoderaran de la función de delegados del amo... (Pag. 134)

29 Casi ninguno de aquellos notables (en audiencia) comprendía la totalidad de mis programas de obras y reformas en Asia; (en su visión miope) se contentaban con aprovecharse de ellos para su ciudad, y sobre todo para su propio beneficio. (Pag. 231) 

30 Había encargado a Herodes Atico que vigilara la construcción de una red de acueductos en la Tróade; se valió de ello para derrochar vergonzosamente los denarios públicos. Llamado a rendir cuentas, respondió con insolencia que era lo bastante rico para cubrir el déficit; su riqueza misma era un escándalo (por tratarse de enriquecimiento ilícito) (Pag. 238) 

31 Los pueblos han perecido hasta ahora por falta de generosidad (hacia otros pueblos dominados) (Pag. 127) 

32 Como los iniciados en el culto de Mitra (que reciben un baño de sangre del toro sacrificado –Pag. 65), la raza humana necesita quizás el baño de sangre y el pasaje periódico (pasar periódicamente) por la fosa fúnebre. (Pag. 261)

33 La paz reinará otra vez entre dos períodos de guerra. No todos nuestros libros perecerán. Me atrevo a contar con esa intermitente continuidad de esos hombres nacidos a intervalos regulares a lo largo de los siglos. (Pag. 314)

34 Quería hacer de Jerusalén una ciudad como las demás, donde diversas razas y diversos cultos pudieran existir pacíficamente; olvidaba que en todo combate entre el fanatismo y el sentido común, pocas veces logra este último imponerse. (Pag. 252)

35 Mientras en Tíbur buscábamos aún los medios de conciliar las voluntades sin dar la impresión de ceder a las exigencias de los fanáticos, en Oriente ocurrió lo peor; una asonada de los zelotes (judíos) tuvo éxito en Jerusalén... un aventurero surgido de la hez del pueblo, un tal Simeón que se hacía llamar Bar-Koshba, hijo de la Estrella (de David), desempeñó en la revuelta el papel de tea inflamada... sólo lo vi una vez cara a cara, el día en que un centurión me trajo su cabeza cortada... pero estoy pronto a reconocerle esa chispa genial que siempre se requiere para ascender tan pronto y tan alto en los destinos públicos; nadie se impone en esa forma si no posee por lo menos cierta habilidad. (Pag. 252)

36 (Contra los zelotes judíos) Severo no tardó en comprender que aquel enemigo inasible (los revolucionarios) podía ser exterminado pero no vencido, y se resignó (frente a esa guerrilla) a una guerra de desgaste. (Pag. 254)

37 Las tribus árabes no se solidarizaban con las comunidades judías. (Pag. 257) 

38 Aquellas razas (griegos y judíos) que vivían en contacto desde hacía siglos, no habían tenido jamás la curiosidad de conocerse ni la decencia de aceptarse. (Pag. 108) 

39 En cuanto al rabino Josuá, que había sido mucho tiempo mi consejero... yo había advertido que por debajo de su flexibilidad y su deseo de agradar se escondían diferencias irreconciliables, ese punto en el que dos pensamientos de especie diferente sólo se encuentran para combatirse. (Pag. 259) 

40 Fanático (el líder religioso), no tenía la menor idea de que pudiera razonarse sobre premisas diferentes de las suyas. (Pag. 207) 

41 Subí a sentarme en lo alto de una colina... para asistir al asalto que precedió por pocas horas a la capitulación de (la revolución de) Bethar: vi asomar uno a uno los últimos defensores de la fortaleza, lívidos, descarnados, horribles y sin embargo bellos como todo lo indomable... había allí niños (jovencitos) de rostro burlón, ferozmente deformados ya por convicciones implacables, que se jactaban en voz alta de haber causado la muerte de decenas de legionarios (romanos)... Judea fue borrada del mapa y recibió, conforme a mis órdenes, el nombre de Palestina. (Pag. 266)

42 (Un hombre nace primero como niño y después vuelve a nacer cuando se hace hombre)... nada es más lento que el verdadero nacimiento de un hombre (a la madurez). (Pag. 277)

43 Pero toda tolerancia acordada a los fanáticos los mueve inmediatamente a creer que su causa merece simpatía. Me cuesta creer que el obispo Cuadrato, confiara en convertirme en cristiano... (yo) había tenido por principio mantener frente a esa secta una línea de conducta estrictamente equitativa... se obstinó en probarme la excelencia de la doctrina del joven profeta Jesús... (yo) no dejaba de saborear el encanto enternecedor de esas virtudes de gente sencilla, su dulzura, su ingenuidad, la forma en que se aman los unos a los otros... en el seno de un mundo que, pese a todos nuestros esfuerzos, sigue mostrándose duro e indiferente a las penas y a las esperanzas de los hombres... (pero) bajo esa inocencia recatada y desvaída adivinaba la feroz intransigencia del sectario frente a (otras) formas de vida y de pensamiento que no sean las suyas... yo los encontraba demasiado opuestos a la naturaleza humana (sus mandatos) como para que fuesen obedecidos por el vulgo, que nunca amará a otro que a sí mismo, y tampoco se aplicaba a los sabios, que están lejos de amarse a sí mismos. (Pag. 237) 

44 La posibilidad de quitarse la máscara en todas las ocasiones es una de las raras ventajas que reconozco a la vejez... Valiéndome de ella me negué a asistir a los funerales de Paulina (mi hermana). (Pag. 275)

45 (Mi mujer) Sabina se felicitaba de morir sin hijos; “pues se hubieran parecido a (mí y ella) Adriano y les hubiera mostrado la misma aversión que a su padre”. Aquella frase en la que supura tanto rencor fue la única prueba de amor que me haya dado. (Pag. 278)

46 (Serviano, el esposo de mi hermana Paulina, acababa de cumplir noventa años y esperaba mi muerte para hacerse al poder) Llevaba varios meses tratando de atraerse a pequeños grupos de oficiales de la guardia pretoriana; su atrevimiento llegó al punto de explotar el respeto supersticioso que inspira la edad avanzada, y hacerse tratar como emperador a puertas cerradas... un tribuno portador de la sentencia de muerte de mi cuñado (ya viudo) y de su nieto (Fusco de dieciocho años, heredero de él y de mi hermana) se presentó en su casa... Jamás he creído que la edad sea una excusa para la malignidad humana; antes bien, me parece una circunstancia agravante... por más que se diga los lazos de la sangre son harto débiles cuando no los refuerza el afecto; basta ver lo que ocurre entre las gentes cada vez que hay una herencia en litigio. (Pag. 279)

47 Leí atentamente los informes secretos que me enviaba Domicio Rogato... hombre de confianza que había puesto junto a Lucio en calidad de secretario y con el encargo de vigilarlo... quedé satisfecho... Lucio se portaba como un colegial que justifica el empleo del día. (Pag. 283 y 284) 

48 Tuve intención de escribir una obra asaz ambiciosa... habría servido para exponer una filosofía que era ya la mía. Pero he acabado dejando de lado un proyecto tan vasto. (Pag. 235) 

49 ... preparé un informe oficial sobre mis actos... he mentido allí lo menos posible; de todas maneras, el interés público y la decencia me forzaron a reajustar ciertos hechos. (Pag. 29) 

50 Pero los escritores mienten, aun los más sinceros. (Pag. 30)


2 TEMA: LAS RELACIONES SENTIMENTALES.

51 Las tranquilas alegrías de la amistad ya no existen para mí; (los demás) me veneran demasiado para amarme. (Pag. 306)

52 Mi deseo de poder era semejante al del amor, que impide al amante comer, dormir, pensar, y aun amar, hasta que no se hayan cumplido ciertos ritos. (Pag. 98) 

53 Volvía a encontrar el estrecho círculo de las mujeres, su duro sentido práctico, su cielo que se vuelve gris tan pronto el amor deja de iluminarlo. (Pag. 75) 

54 Uno se casa por (conveniencia de)  su familia y no por sí mismo, ya que un contrato tan grave no se aviene con los despreocupados juegos del amor. (Pag. 276)

55 Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne, que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y, llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias, simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. (Pag. 20) 

56 Estos criterios sobre el amor podrían inducir a una carrera de seductor. Si no la seguí, se debe sin duda a que preferí hacer, si no algo mejor, por lo menos otra cosa. A falta de genio, esa carrera exige atenciones y aun estratagemas para las cuales no me sentía destinado. Me fatigaban esas trampas armadas, siempre las mismas, esa rutina reducida a perpetuos acercamientos y limitada por la conquista misma. La técnica del gran seductor exige, en el paso de un objeto amado a otro, cierta facilidad y cierta indiferencia que no poseo; de todas maneras, ellos (mis viejos amantes) me abandonaron más de lo que yo los abandoné. (Pag. 24) 

57 Demasiados caminos no llevan a ninguna parte. (Pag. 34)

58 Aun mis remordimientos (con respecto al ser amado) se han convertido poco a poco en una amarga forma de posesión (después de haberlo perdido), una manera de asegurarme de que fui hasta el fin el triste amo de su destino. (Pag. 187) 

59 (Fui de cacería, con Antínoo) Súbitamente la bestia real (el león herido) volvió hacia nosotros su cara tan hermosa como terrible, una de las fisonomías más divinas que puede asumir el peligro... El enorme gato color de desierto, miel y sol, expiró con una majestad más que humana. (Pag. 202) 

60 Por él (por alejar a Antínoo del peligro) yo era capaz de cobardías que jamás me hubiera consentido cuando se trataba de mí mismo. (Pag. 201) 

61 En Roma hasta el último charlatán tiene una opinión formada sobre estos episodios de mi vida, mientras yo sigo siendo el menos informado de los hombres. (Pag. 103) 

62 Mil rumores erróneos (sobre mis relaciones con el difunto) corrían a propósito de mi desgracia... circulaban historias atroces que me avergonzaban... Yo dejaba decir; la verdad no era de las que se pueden andar gritando. (Pag. 217) 

63 Nada me explica: mis vicios y mis virtudes no bastan; mi felicidad vale algo más, pero a intervalos, sin continuidad, y sobre todo sin causa aceptable. (Pag. 35)

64 (Admiraba sobre todos al poeta Antímaco que)... había llorado apasionadamente a su esposa Lydyé, a quien quizá yo no habría mirado en vida, pero (que) se me convertía en una figurilla familiar, más querida que muchos personajes femeninos de mi propia existencia. Aquellos poemas (dedicados a su amada), casi olvidados sin embargo, me devolvían poco a poco la confianza en la inmortalidad. Revisé mis propias obras: los poemas de amor, los de circunstancias... Llegaría el día en que alguien tuviera deseos de leer todo eso... un grupo de versos (algo obscenos, inclusive)... que me hizo vacilar, pero acabé por incluirlos... ahí, como en todo, los lugares comunes nos encarcelan. (Pag. 234) 


3 TEMA: LA VIDA Y LA MUERTE.

65 A pesar de las leyendas que me rodean, he amado muy poco la juventud, y la mía menos que ninguna otra... se me presenta la mayoría de las veces como una época mal desbastada de la existencia, un período opaco e informe, huyente y frágil. (Pag. 47)

66 (Tenía un bajo) deseo de agradar a toda costa y atraer la atención sobre mí (Pag. 65)... (Pero, más tarde, ya) había perdido en gran medida mi innoble temor de desagradar. (Pag. 68)

67 Y en esta forma, con una mezcla de reserva y audacia, de sometimiento y rebelión cuidadosamente concertados, de exigencia extrema y prudentes concesiones, he llegado finalmente a aceptarme a mí mismo. (Pag. 55)

68 Había llegado a ese momento de la vida, variable para cada hombre, en que el ser humano se abandona a su demonio o a su genio, siguiendo una ley misteriosa que le ordena destruirse o trascenderse. (Pag. 82) 

69 ... prueba que las decisiones del espíritu y la voluntad priman sobre las circunstancias. (Pag. 43) 

70 He comprendido que pocos hombres se realizan antes de morir. (Pag. 98) 

71 Lo quería (el poder) para ser yo mismo (y realizarme) antes de morir. (Pag. 98) 

72 Mi vida, a la que todo llegaba tarde: el poder y aun la felicidad, adquirían un esplendor cenital. (Pag. 170) 

73 Después de todo, el más grande seductor no es Alcibíades sino (el maestro) Sócrates. (Pag. 43)

74 Por ellos (los ejercicios de retórica) aprendí a penetrar sucesivamente en el pensamiento de cada hombre, a comprender que cada uno se decide, vive y muere conforme a sus propias leyes. (Pag. 44)

75 (Tenía que superar la muerte de Antínoo)... Entendía de otro modo mis obligaciones de sobreviviente. Aquella muerte sería vana si yo no tenía el coraje de mirarla cara a cara. (Pag. 225) 

76 (Al darme sus condolencias, todos caían en lugares comunes) Aquellas débiles defensas alzadas por el hombre contra la muerte se desarrollaban conforme a dos líneas de argumentos:

La primera consistía en presentarla como a un mal inevitable, recordándonos que ni la belleza, ni la juventud, ni el amor, escapan a la podredumbre, y a probarnos por fin que la vida y su cortejo de males son todavía más horribles que la muerte, por lo cual es preferible perecer que llegar a viejo. Estas verdades están destinadas a movernos a la resignación, pero lo que realmente justifican es la desesperación. 

La segunda línea de argumentos contradice la primera, pero nuestros filósofos no miran las cosas demasiado de cerca; ahora ya no se trata de resignarse a la muerte, sino de negarla. El tratado sostenía que sólo el alma contaba; arrogantemente daba por sentado la inmortalidad de esa vaga entidad que jamás hemos visto funcionar en ausencia del cuerpo, antes de tomarse el trabajo de probar su existencia. Yo no estaba tan seguro; si la sonrisa, la mirada, la voz, esas realidades imponderables, habían sido aniquiladas. ¿Por qué no el alma? (Pag. 224) 


77 Su tono (de condolencia) era digno, como ocurre casi siempre en presencia de la muerte. Aquella compasión descansaba en un malentendido: me compadecían, siempre y cuando me consolara pronto. (Pag. 218) 


78 La memoria de la mayoría de los hombres es un cementerio abandonado donde yacen los muertos (aquellos, a los) que han dejado de honrar y de querer. Todo dolor prolongado es un insulto a ese olvido. (Pag. 225) 


79 (Pasados unos días) No tenían ya que desviar la mirada de mi rostro (para no verme llorar la muerte del ser querido), como si llorar fuera obsceno. (Pag. 217)


80 De creer a los sacerdotes, su sombra (su espíritu) también sufría, añorando el cálido abrigo de su cuerpo, y rondaba plañidera los parajes familiares, lejana y tan próxima; demasiado débil momentáneamente para hacerme sentir su presencia (espantarme)... La muerte es horrorosa, pero también lo es la vida.  (Pag. 220) 

81 Y él (el alma del muerto, al dejar su cuerpo) reconocerá el camino (hacia la otra vida)... Y los guardianes del umbral lo dejarán pasar.... Y él irá y vendrá en torno de aquellos que lo aman durante millones de días... a veces, en contadas ocasiones, he creído sentir el roce de un acercamiento, un ligero contacto, leve como el de las pestañas, tibio como el interior de la palma de una mano... y la sombra aparece... jamás sabré si ese calor, si esa dulzura, no emanaban simplemente de lo más hondo de mí mismo, últimos esfuerzos de un hombre en lucha con la soledad y el frío de la noche. (Pag. 309)

82 Habíase despertado en mí la curiosidad por esas regiones intermedias donde el alma y la carne se confunden, donde el sueño responde a la realidad y a veces se le adelanta (premoniciones), donde vida y muerte intercambian sus atributos y sus máscaras (espiritismo)… Hermógenes, mi médico, desaprobaba esos experimentos, pero acabó haciéndome conocer a ciertos colegas que se ocupaban de esas cosas (¿reencarnación, hipnosis regresiva?)... Sátiro se esforzó por evocar (invocar el espíritu) a su maestro Aspasio, que había hecho con él uno de esos pactos jamás cumplidos por los cuales los que mueren prometen dar noticias a los vivientes. (Pag. 196) 

83 Mi oído no es tan agudo como antes; ayer, sin ir más lejos, me vi obligado a rogar a (mi secretario) Flegón que repitiera una frase, y me sentí más avergonzado de eso que de un crimen... todo enfermo es un prisionero. (Pag. 299 y 300)


84 Arriano me escribe... sabe que lo que verdaderamente cuenta es lo que no figurará en las biografías oficiales, lo que no se inscribe en las tumbas... la fatiga de mi cuerpo se transmite a mi memoria... sólo Arriano ha entrado en el secreto de ese combate sin gloria contra el vacío, la aridez, la fatiga, la repugnancia de existir que culmina con el deseo de la muerte... estaba de acuerdo en morir; pero no en asfixiarme; la enfermedad nos hace sentir repugnancia de la muerte, y queremos sanar, lo que es una manera de querer vivir. (Pag. 296 a 299)


85 Siempre tendremos, para mantener las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos: la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no correspondido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros ensueños –todas las desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas. (Pag. 124) 


86 Si por milagro algunos siglos vinieran a agregarse a los pocos días que me quedan (de vida), volvería a hacer las mismas cosas y hasta incurriría en los mismos errores. Frecuentaría los mismos Olimpos y los mismos Infiernos. (Pag. 311)

87 Un ser embriagado de vida no prevé la muerte; ésta no existe, y él la niega con cada gesto. Si la recibe, será probablemente sin saberlo... sonrío amargamente cuando me digo que hoy consagro un pensamiento de cada dos a mi propio fin, como si se necesitaran tantos preparativos para decidir a este cuerpo gastado a lo inevitable. (Pag. 65)

88 En la pequeña ciudad de Adria de donde cuatro siglos atrás mis antepasados habían emigrado a España (a Itálica –municipio español), recibí los honores de las más altas funciones municipales; junto al mar tempestuoso cuyo nombre llevo (Adriático), volví a encontrar las urnas (tumbas) familiares en un columbario en ruinas. Pensaba en aquellos hombres de quienes no sabía casi nada, pero de los cuales había salido; su raza terminaba en mí (puesto que no tuve hijos biológicos). (Pag. 243)

89 No, no es la sangre lo que establece la verdadera continuidad humana... la mayoría de los hombres notables de la historia tuvieron descendientes mediocres, por no decir lo peor, dando la impresión de que habían agotado en sí mismos los recursos de una raza... la ternura del padre se haya casi siempre en conflicto con los intereses del jefe. Y si no fuera así, el hijo del emperador tendría que sufrir además las desventajas de una educación de príncipe, la peor de todas para un futuro monarca... la sabiduría de Roma ha sabido crearse una regla para la sucesión imperial (que) se determina por la adopción... (porque) una decisión presidida por la inteligencia, o en la cual ésta toma por lo menos parte, me parecerá siempre infinitamente superior a las oscuras voluntades del azar y de la ciega naturaleza. (Pag. 272)

90 (Para escoger a mi hijo adoptivo, a mi heredero, busqué con cuidado)  En el Senado había tenido ocasión de reparar en un cierto Antonino, hombre de unos cincuenta años, descendiente de una familia provinciana lejanamente emparentada con la de Plotina (la anterior emperatriz, mi amiga) Me habían impresionado las atenciones deferentes y afectuosas al mismo tiempo que prodigaba a su suegro, anciano inválido que ocupaba el asiento contiguo al suyo... hombre sencillo, posee una virtud: la bondad. (Pag. 287)

91 No me has ocultado tu desdén (Marco Aurelio, futuro emperador) por los esplendores efímeros, por esa corte que se dispersará con mi muerte. No me quieres. Tu afecto va más bien hacia Antonino (a quien he pedido que te adopte, para hacerte mi nieto) Sospechas en mí una sabiduría opuesta a la que te enseñan tus maestros. No importa; no hace falta que me comprendas. Hay más de una sabiduría, y todas son necesarias al mundo; no está mal que se vayan alternando. (Pag. 290) 

92 Éramos demasiado diferentes (Trajano y yo) como para que pudiera encontrar en mí ese dócil continuador, dispuesto desde el comienzo a emplear los mismos métodos y hasta los mismos errores, y que la mayoría de los hombres que han ejercido autoridad absoluta buscan desesperadamente en su lecho de muerte. (Pag. 101) 

93 Con frecuencia he reflexionado sobre el error que cometemos al suponer que un hombre o una familia participan necesariamente de las ideas o los acontecimientos del siglo en que les toca vivir. (Pag. 42)

94 (Siendo niño tuve una pesadilla) desperté en mi aposento de Tíbur, pidiendo socorro. Hace muy poco (ya anciano) volví a ver a mi padre, en quien sin embargo pienso pocas veces. Estaba acostado en su lecho de enfermo, en una habitación de nuestra casa de Itálica, de la cual me marché apenas hubo muerto. Tenía sobre la mesa una ampolla conteniendo una poción calmante, que le supliqué me entregara. Antes de que tuviera tiempo de responderme, desperté. Me asombra que la mayoría de los hombres tema tanto a los espectros (espantos), siendo que tan fácilmente aceptan hablar con los muertos en sus sueños. (Pag. 312)

95 ¿Qué es el insomnio sino la obstinación maníaca de nuestra inteligencia en fabricar pensamientos, razonamientos, silogismos y definiciones que le pertenecen plenamente, qué es sino su negativa de abdicar a favor de la divina estupidez de los ojos cerrados o de la sabia locura de los ensueños? (Pag. 28) 

96 La enfermedad dejaba al desnudo los peores aspectos de aquel carácter seco y ligero (el de Hermógenes). (Pag. 285)

97 Nada se habrá comprendido sobre la enfermedad en tanto no se reconozca su extraña semejanza con la guerra y el amor... esa amalgama extraña y única producida por la mezcla de un temperamento y un mal. (Pag. 268)

98 ... aún no estoy tan débil como para ceder a las imaginaciones del miedo, casi tan absurdas como las de la esperanza, y sin duda mucho más penosas. De engañarme, preferiría el camino de la confianza; no perdería más por ello, y sufriría menos. (Pag. 12) 

99 Iollas, fiel a su deber de Médico (y enemigo de la idea del suicidio para evitar el dolor), me exhorta a satisfacer hasta el fin lo que el oficio de emperador reclama: Paciencia. Mi divisa, mi última consigna. (Pag. 302)

100 Mi muerte me parecía mi decisión más personal, mi supremo reducto de hombre libre; me engañaba. La fe de millones de Mástores (el perro fiel que vigila mi puerta, ignorante de la muerte que me ronda y confiando en mi recuperación) no debe ser quebrantada. (Pag. 302)

101 Me dominó el terror al veneno... (temor a los demás) que un príncipe no se atreve a confesar pues parece grotesco... hasta que los acontecimientos (de su envenenamiento le dan la razón) lo justifican. (Pag. 247)

102 He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada. Decir que mis días están contados no tiene sentido; así fue siempre; así es para todos. (Pag. 12) 

103 La inmortalidad de la raza, se consideraba un paliativo de la muerte de cada hombre (por la trascendencia)... La gloria, como sustituto de la vida... como si la huella de un ser fuese lo mismo que su presencia. (Pag. 224) 

104 Me preparaba así a otro mundo cuyos tormentos se parecen a los del nuestro, pero cuyas nebulosas alegrías no pueden compararse con las de la tierra. (Pag. 271)

105 Y quien dice muerte dice también el mundo misterioso al cual acaso ingresamos por ella. (Pag. 164) 

106 O, más sencillamente, se negaba a admitir su propio fin; así como en tantas familias se ve morir intestados a tercos ancianos. (Pag. 101) 

107 (Morir, para los ancianos.)  Para ellos no se trata tanto de guardar hasta el fin su tesoro o imperio, que sus dedos entumecidos ya han soltado a medias, como de no ingresar prematuramente en el estado póstumo de un hombre que ya no tiene decisiones que adoptar, sorpresas que dar, amenazas que cumplir o promesas que hacer a los vivientes. (Pag. 101) 

108 (En la cercanía de mi muerte) Diótimo solloza, hundida la cabeza en los almohadones. He asegurado su porvenir; nada perderá con mi muerte. Y sin embargo sus frágiles hombros se agitan convulsivamente bajo los pliegues de su túnica; siento caer sobre mis dedos esas lágrimas deliciosas. Hasta el fin, yo (Adriano) habré sido amado humanamente. Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo... (Pag. 315 y 316)


APÉNDICE: NOTAS A LA MEMORIA DE ADRIANO
(Marguerite Yourcenar, traducida por Marcelo Zapata)

1 (Aparte de Adriano) tan sólo una figura histórica me ha tentado (a escribir su biografía) con una insistencia similar: Omar Khayam, poeta astrónomo. (Pero me frena que) el mundo de la acción le fue ajeno por completo... (y) no conozco a Persia ni su lengua. (Pag. 328 y 329)

2 (El primer borrador de) este libro fue concebido y escrito entre 1924 y 1929. Todos esos manuscritos fueron destruidos y merecieron serlo. (Pag. 321)

3 Durante mucho tiempo imaginé la obra como una serie de diálogos... (Pag. 321)

4 Yo no acertaba a organizar ese mundo visto y oído por un hombre. (Pag. 322)

5 Al fin encontré el punto de vista del libro (Carta monólogo dirigida a su sucesor). (Pag. 322)

6 (Tuve que analizar y) elegir el momento en que el hombre que vivió esa existencia la evalúa, la examina, es por un instante capaz de juzgarla (para escribir su carta). Hacerlo de manera que ese hombre se encuentre ante su propia vida en la misma posición que nosotros. (Pag. 322)

7 (Visité los lugares que él recorrió atesorando recuerdos que pudieron haber sido vividos por el personaje) Para que pudiera utilizar esos recuerdos, que son míos, fue necesario que se alejaran tanto de mí como el siglo II. (Pag. 322)

8 (En cuanto a la cadena de generaciones sucedidas en el tiempo) veinticinco ancianos bastarían para establecer un contacto ininterrumpido entre Adriano y nosotros (abarcando los dieciocho siglos) (Pag. 323)

9 En todo caso (cuando abordé el libro) yo era demasiado joven. Hay libros a los que no hay que atreverse hasta no haber cumplido los cuarenta años. (En la primera versión) Me hicieron falta esos años para aprender a calcular exactamente las distancias entre el emperador y yo. (Pag. 323)

10 (Habiendo abandonado el proyecto entre 1939 y 1948), a veces volvía sobre él, pero... casi con indiferencia, como si se hubiera tratado de algo imposible... avergonzada por haber intentado alguna vez semejante cosa... (y caer, en los recesos, en un) hundimiento por la desesperación de un escritor que no escribe. (Pag. 324)

11 Durante muchos años me detuve a contemplar esta imagen (de Villa Adriana donde un anticuario) casi todos los días, sin por ello volver sobre mi antiguo proyecto, al que creía haber renunciado. (Pag. 325)

12 En la primavera de 1947, ordenando papeles, quemé los apuntes tomados en Yale: me parecían ya definitivamente inútiles. (No lo eran, por lo menos no en su totalidad) Esas notas sólo enmarcan una laguna, (puesto que) todo lo que yo aquí cuento está desmentido por lo que no cuento... Y callo también las experiencias que me deparó mi enfermedad y otras, más secretas, que se vinculan con ellas (las experiencias), y la perpetua presencia o busca del amor. (Pag. 325 y 326)

13 Tal vez fuera necesaria esa solución de continuidad, esa ruptura, esa noche del alma... para obligarme a tratar de colmar no sólo la distancia que me separaba de Adriano, sino sobre todo la que me separaba de mí misma. (Pag. 326)

14 Una de las mejores formas de recrear el pensamiento de un hombre es reconstruir su biblioteca. (Pag. 327)

15 Reconstruir desde adentro lo que los arqueólogos del siglo XIX han hecho desde afuera. (Pag. 327)

16 Todo lo que el mundo y yo habíamos atravesado entre tanto, enriquecía esas crónicas con la experiencia de un tiempo convulso, proyectando sobre esa existencia imperial otras luces, otras sombras. (Pag. 328)

17 (Cuando decidí reanudar la tarea) Partí para Taos, en Nuevo México. Llevaba conmigo las hojas en blanco para recomenzar este libro: nadador que se arroja al agua sin saber si alcanzará la otra orilla. (Pag. 329)

18 (Me hubiera gustado) tomar como figura central un personaje femenino... a Plotina en lugar de Adriano (por ejemplo, pero para la credibilidad pública)... La vida de las mujeres es más limitada, demasiado secreta... y ya bastante difícil es poner alguna verdad en boca de un hombre (con mayor razón en una mujer). (Pag. 329)

19 Paso lo más rápido posible sobre (esos) tres años de investigaciones que no interesan más que a los especialistas, y sobre la elaboración de un método de delirio (delirante, complicado de trabajar) que no interesaría más que a los insensatos. (Pag. 330)

20 Con un pie en la erudición y otro en la magia. Más exactamente, y sin metáforas, sobre esa magia simpática que consiste en transportarse mentalmente (la persona del escritor) al interior de otra (el personaje). (Pag. 330)

21 Los que consideran la novela histórica como una categoría diferente, olvidan que el novelista no hace más que interpretar, mediante los procedimientos de su época, cierto número de hechos pasados, de recuerdos conscientes o no, personales o no, tramados de la misma manera que la Historia. (Pag. 330)

22 La novela devora hoy todas las formas: estamos casi obligados a pasar por ella; este estudio sobre la suerte de un hombre que se llamó Adriano hubiera sido una tragedia en el siglo XVII y un ensayo en el Renacimiento. (Pag. 340)

23 Todo se nos escapa. Y todos. Hasta nosotros mismos. La vida de mi padre me es tan desconocida como la de Adriano. Mi propia existencia, si tuviera que escribirla... debería remitirme a ciertas cartas, a los recuerdos de otros (a las cosas recordadas por otros), para fijar esas imágenes flotantes... (he tenido que) ingeniármelas para que las lagunas de nuestros textos, en lo que concierne a la vida de Adriano, coincidan con lo que hubieran podido ser sus propios olvidos... Lo cual no significa, como se dice con demasiada frecuencia, que la verdad histórica sea siempre y en todo inasible. Es propio de esta verdad lo de todas las otras: el margen de error es mayor o menor. (Pag. 331)

24 Las reglas del juego: aprenderlo todo, leerlo todo, informarse de todo, y, simultáneamente, adaptar a nuestro fin... el método del asceta hindú que se esfuerza, a lo largo de años, en visualizar con un poco más de exactitud la imagen que construye en su imaginación. Rastrear a través de millares de fichas la actualidad de los hechos. (Esforzándose en conciliar ideas opuestas), más que en anular la una por medio de la otra... (Y ver) una realidad convincente porque es compleja, humana porque es múltiple. Tratar de leer un texto del siglo II con los ojos, el alma y los sentimientos del siglo II; bañarlo con esa agua madre que son los hechos contemporáneos... deshacerse de las sombras que se llevan con uno mismo... impedir que el vaho de un aliento empañe la superficie del espejo; atender sólo a lo más duradero, a lo más esencial que hay en nosotros... como puntos de contacto con esos hombres que, como nosotros... gozaron, pensaron, envejecieron y murieron. (Pag. 331 y 332)

25 El tiempo no cuenta. Siempre me sorprende que mis contemporáneos, que creen haber conquistado y transformado el espacio, ignoren que la distancia de los siglos puede reducirse a nuestro antojo. (Pag. 331)

26 Hice revisar por médicos varias veces los breves pasajes de las crónicas que se refieren a la enfermedad de Adriano (que llamaban hidropesía coronaria) No muy diferentes, en general, de las descripciones clínicas de la muerte de Balzac... para comprender y mejor utilizar un comienzo de enfermedad del corazón. (Pag. 333)

27 En presencia del actor ambulante que llora por Hécuba, a quien representa, fallecido tres mil años antes, se pregunta Hamlet: “¿quién es Hécuba para él?”  Y Hamlet no tiene más remedio que reconocer que ese comediante que derrama lágrimas (por su personaje) ha logrado establecer con esa muerte una comunicación más profunda que la de él mismo con su padre enterrado la víspera... (Pag. 333)

28 La sustancia, la estructura humana apenas cambian. Pero hay épocas en las que el calzado deforma menos. En el siglo del que hablo, estamos aún muy cerca de la libre verdad del pie descalzo. (Pag. 333)

29 El analista imparcial de los hechos humanos se equivoca por lo común bastante poco sobre el desarrollo ulterior de los acontecimientos... en general, sólo es por orgullo, por grosera ignorancia o por negligencia, como nos negamos a ver en el presente los lineamientos de las épocas futuras. (Pag. 334)

30 Todo lo que podría decirse sobre el temperamento de Antínoo está inscrito en la menor de sus imágenes. Shelley, con el admirable candor de los poetas, dijo en pocas palabras lo esencial: “fue de ternura ansiosa y apasionada; / afeminación hosca, mimosa y consentida”... Los retratos (que nos quedan) de Antínoo abundan y van de lo incomparable a lo mediocre. (Caso) único en la antigüedad, de supervivencia y multiplicación en la piedra de un rostro que no fue ni el de un hombre de Estado, ni el de un filósofo, sino simplemente el de alguien que fue amado... (algunas de esas imágenes están deterioradas por el maltrato porque)... así sufren los dioses la locura de los hombres. (Pag. 335 y 336)

31 Fue sólo al estudiar a Flegón, secretario de Adriano, cuando supe que se debe a este personaje olvidado la primera y una de las más bellas historias de aparecidos, esa sombría y voluptuosa Novia de Corinto en la que se inspiró Goethe y (también) Anatole France en las Bodas corintias. (Pag. 338)

32 Los que hubieran preferido un Diario de Adriano a las Memorias de Adriano olvidan que el hombre de acción muy rara vez lleva un diario; no es sino mucho después, al llegar a un período de inactividad, cuando se pone a recordar, anota y por lo común se asombra. (Pag. 339)

33 1949: Cuanto más me esfuerzo por lograr un retrato fiel, más me alejo del hombre y del libro que podrían agradar. Sólo podrán comprenderme algunos pocos que se apasionan por el destino humano. (Pag. 340)

34 Este libro es la condensación de una enorme tarea hecha sólo para mí... (los borradores) hubieran formado un volumen de millares de páginas. Pero quemaba por la mañana el trabajo de cada noche. Escribí así enorme cantidad de meditaciones muy obtusas, y algunas descripciones bastante obscenas. (Pag. 340)

35 Grosería de los que dicen: “Adriano es usted”. (Más aún) de los que se sorprenden de que yo haya elegido un tema tan lejano y extraño. El hechicero (que evoca las sombras del más allá) sabe que las voces que le hablan son más sabias y más dignas de atención que sus propios gritos. (Pag. 341)

36 Me di cuenta muy pronto de que estaba escribiendo la vida de un gran hombre. Por lo tanto, más respeto por la verdad, más cuidado, y, en cuanto a mí, más silencio... de alguna manera, toda vida narrada es ejemplar... lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que fue. (Pag. 341 y 342)

37 En una noche glacial (decembrina)... en el silencio casi polar de la isla de los Montes Desiertos en Estados Unidos, traté de revivir el calor, la sofocación de un día de Julio del año 138 en Bayas: el peso de su túnica en las piernas lentas y cansadas, el ruido casi imperceptible de un mar sin marea que bañaba a un hombre absorto en los rumores de su propia agonía. Traté de llegar hasta el último trago de agua, el último malestar, la última imagen. Al emperador sólo le quedaba morir. (Pag. 342)

38 La verdad no es pura... En ocasiones, aunque no a menudo, me asaltaba la impresión de que el emperador mentía: y entonces tenía que dejarle mentir, como todos hacemos. (Pag. 340)

39 No he dedicado a nadie este libro. Tendría que habérselo dedicado a G. F. (Grace Frick), y lo hubiera hecho si poner una dedicatoria personal... no me hubiera parecido una suerte de indecencia... (porque) aun la dedicatoria más extensa es una manera bastante incompleta y trivial de honrar una amistad fuera de lo común... debe existir alguien, siquiera en el trasfondo, en la aventura de un libro bien llevado o en la vida de un escritor feliz, alguien que no deje pasar la frase inexacta o floja que no cambiamos por pereza; alguien que tome por nosotros los gruesos volúmenes de los anaqueles de una biblioteca para que encontremos alguna indicación útil y que se obstine en seguir consultándolos cuando ya hayamos renunciado a ello; alguien que nos apoye, nos aliente, a veces que nos oponga algo; alguien que comparta con nosotros con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra, ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por sí mismo; alguien que nos deje en completa libertad y que nos obligue, sin embargo, a ser plenamente lo que somos. (Pag. 343)

40 ...Los recuerdos de mi propia vida. Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas (y otros libros). (Pag. 347)

41 (Fui asesorada por eruditos que compartieron conmigo sus conocimientos y, más que eso, su afición por el personaje) un círculo de espíritus vinculados por las mismas simpatías y las mismas inquietudes (que) se forma a través del tiempo... muchos de ellos se han ofrecido espontáneamente a rectificarme un error, a confirmarme un detalle, a sostener una hipótesis, a facilitar una nueva investigación; les quedo aquí sumamente agradecida. Todo libro reeditado debe alguna cosa a sus lectores honrados. (Pag. 344)

42 (Como dijo Yeats): “Es a mí mismo a quien corrijo al retocar mis obras”. (Pag. 344)

43 En la Nota registra la autora los libros (bibliografía) que le sirvieron para documentarse y, de manera inusual, aclara qué tanto (mucho o poco) tuvo que modificar esa información para adaptarla a la historia que pretendía contar. (Pag. 349 a 367)

domingo, 2 de julio de 2017

211. Dinastía vocal de los Ramírez

–LOS RAMÍREZ SON MUCHOS–

1. UN VECINO DE MESA

A mediados del año 1978 yo era empleado en las oficinas de una importante empresa que funcionaba en el sexto piso del entonces llamado Edificio Bancoquia, en la calle Maracaibo con la carrera Junín de Medellín. En la esquina de Maracaibo con la carrera Palacé estaba el Hotel Eupacla (acrónimo de los nombres de sus propietarios Eugenia, Paul, y Claudia Szpul Szyller). Contigua a la entrada del hotel por Maracaibo, entre éste y el Teatro Ópera, había una pequeña cafetería denominada “El Topo Blanco”, con un ratón blanco como símbolo. 

Eran los tiempos de un programa infantil de la televisión mundial que fue muy popular y se llamaba “El Topo Gigio”, en que el muñeco salía acompañado de Raúl Ástor, Julio Alemán, Braulio Castillo, o Raúl Matas, según el país de emisión del programa. Al presentador de turno el Topo Gigio le decía con voz chillona: “Raulitooooooo, a la camita. Dame el besito de las buenas noches”: 


A las diez de la mañana era hora de tomar un refrigerio, y mi jefe me daba permiso de salir por diez minutos a esa cafetería donde el dueño sabía cómo eran el perro caliente y el café con leche tibia que me gustaban, y yo lo llamaba previamente para pedirle que me los tuviera listos sobre el mostrador, puesto que ya iba en mi carrera de consumo contra reloj. Al lado del asiento de banco alto que el dueño ya me había reservado en la barra todos los días, un huésped del hotel estaba sentado después de consumir su desayuno. De tanto coincidir nos hicimos conocidos y entablamos conversación, mientras yo despachaba mi consumo. Cualquier día me presenté como “Orlando Ramírez”, y él a su vez se presentó como “Carlos Ramírez”. De lógica, nos emprimamos, y desde entonces, nos seguimos tratando coloquialmente como “primos”. Cualquier día el dueño de la cafetería me llamó para preguntarme si podía recibir en mi oficina la visita del “primo Carlos”, quien me habló de un hotel de su propiedad en la Isla Margarita de Venezuela, y de la posibilidad de exportar allí las chocolatinas que nosotros vendíamos. “Con el mayor gusto se las vendemos aquí, pero usted debe encargarse de los respectivos trámites legales de exportación”, dijo mi jefe. El posible negocio no prosperó, y dejé de ver al “primo Carlos” por un buen tiempo. Un día pregunté al dueño de la cafetería por el señor con quien casi siempre nos encontrábamos a conversar: “Él viajó a la Isla de Margarita, y luego a Miami donde también tiene negocios. ¿No sabe quién es el?”. Pues… no… no tengo idea. “Es el barítono colombiano Carlos Julio Ramírez”. (¡Mierda! ¡Haberlo sabido!). No volví a verlo.

2. RAMÍREZ HAY MUCHOS

Los estudios genealógicos tienen identificados los troncos familiares de las principales familias pobladoras de la provincia o departamento de Antioquia en tiempos de la Conquista. Se sabe de la descendencia de don Lucas de Ochoa, en Envigado; se sabe de la descendencia de los Restrepo, provenientes de don Alonso López de Restrepo Méndez; y se sabe de la descendencia de los Ramírez, en el oriente antioqueño.

En Colombia, a la hora de la verdad, Ramírez son muchos y de muchas procedencias, porque algunos Ramírez llegados de España como troncos no eran familia cercana. Hay familias de apellido Ramírez dispersas por toda la geografía colombiana, y sus ancestros no son comunes a unos y a otros, como es el caso de Antioquia donde la descendencia del Capitán Juan Ramírez de Coy Cerrudo, procedente de Huelva en España, está identificada. Ramírez contrajo matrimonio con doña Juana Sánchez Torreblanca, hija del conquistador Capitán Bartolomé Sánchez Torreblanca en la esclava Luisa. A las esclavas en ese tiempo no se les reconocía ningún apellido eclesial, pero los ancestros africanos los traían en la sangre. Los Ramírez antioqueños podemos sacar pecho por nuestro trastátara-abuelo el Capitán Ramírez de Coy, pero tenemos que escabullirnos con disimulo cuando se mencione a la trastára-abuela, la esclava Luisa.

Que yo sepa, en el caso del Tolima, Huila, y Cundinamarca, no hay un ancestro Ramírez común que esté identificado; pero sí hay una familia de músicos y cantantes que ha tenido público reconocimiento.

3. BARÍTONO, SOPRANO, Y CONTRALTO 
EN CASA DE LOS RAMÍREZ GARCÍA 
DE CUNDINAMARCA

Nacido en Tocaima (Cundinamarca), está el músico y cantante Jesús Antonio “Chucho” Ramírez Villalba, un músico y cantor de origen campesino del que se conoce una fotografía que ¡Válgame Dios!, cómo se parece en su fisonomía al barítono Carlos Julio Ramírez. Cómo se parece. Seguramente tiene que ser familia, aunque no tengo claro por dónde o por qué lo sea, pero tiene que serlo. Habría que hacer indagaciones con los tátarabuelos.

De esa misma población son el mencionado Carlos Julio y su hermana, la reconocida soprano Alcira, con la que conformaron de niños un dueto que se llamaba “Los jilgueros colombianos” y cantaban en establecimientos públicos por bajos emolumentos y casi que pasando el sombrero.

Dice don Jaime Rico Salazar en su libro “La canción colombiana y su historia”, sexta edición, que:

En el hogar de don Elías Ramírez y doña Gregoria García nació Carlos Julio en la población de Tocaima, el 12 de junio de 1912 (fue bautizado el 16 de agosto). Fueron siete hermanos: cuatro mujeres de nombre Alcira, Alicia, Adelina y Carmen Cristina; y tres hombres de nombre Carlos Julio, Miguel y Carlos Arturo. Vivieron una niñez en medio de gran pobreza”.

No repetiré información que ustedes pueden encontrar en este libro y en el blog Encuentro Latino del acucioso comunicador, melómano y coleccionista, Carlos Molano Gómez (a su página los remito para leer la biografía y la discografía del barítono Carlos Julio Ramírez García) pero sí recogeré algunos datos para poner en contexto este escrito.

Carlos Molano Gómez en el blog “Encuentro Latino”, artículo “Carlos Julio Ramírez, barítono universal”:


Dice Molano que Carlos Julio y Alcira Ramírez García eran hijos del joyero Elías Ramírez y de la ama de casa (contralto en horas de cocina y lavada de ropas) Gregoria García. Dice que nacieron en Tocaima (Cundinamarca); y que Carlos Julio, que había nacido el 4 de agosto de 1916, falleció de cáncer en Miami el 12 de diciembre de 1986. Su hermana Alcira era muy mencionada por los días de mi niñez y adolescencia, pero poco a poco fue desapareciendo de la escena y en estos momentos es poca la información que se encuentra sobre ella en Internet.

4. OTRO BARÍTONO, 
DE LOS RAMÍREZ RAMÍREZ 
DEL TOLIMA

Contemporáneo y amigo con Carlos Julio Ramírez fue el barítono Régulo Ramírez Ramírez, nacido el 6 de noviembre de 1928 en El Líbano (Tolima) y fallecido el 27 de enero de 1979 en Bogotá. Hijo de Arquímedes y Betsabé, era Ramírez por los dos costados. De nuevo el comunicador Carlos Molano Gómez en su página de Encuentro Latino es el que nos trae información sobre este cantante en el artículo “Régulo Ramírez, qué luchador”:


5. OTRO RAMÍREZ, DE LOS CAICEDO 
Y LOS PINEDA DEL TOLIMA

El maestro Virgilio Pineda Caicedo (“En realidad soy Caicedo Pineda, pero he preferido poner en primer término el apellido de mi madre”), nacido en El Líbano, Tolima, el 4 de octubre de 1928 (“Esa es la verdadera fecha de mi nacimiento, tal como aparece en mi cedula”), se aproxima a cumplir los 89 años de existencia y es músico, cantante, compositor, y fabricante de instrumentos de cuerda; aunque ya está retirado de la vida artística. Aprendió a fabricar instrumentos con instrucciones que recibía desde España por parte de la Casa Ramírez (“Pero de otros Ramírez, no de los míos. Ellos son otros”). Desde la edad de 23 años reside en Medellín donde contrajo matrimonio con una bisnieta del Dr. Pedro Justo Berrío “que era una estudiante de 14 años cuando se casó con este músico de serenatas, y eso casi mata de infarto a la parentela; pero fue la mujer que dio interés a mi vida. Aún no me acostumbro a vivir sin ella”.

A pesar de llevar lo que puede decirse toda una vida viviendo en Medellín, el maestro Virgilio sigue siendo orgullo para la natal población del Líbano en el Tolima. Sus datos biográficos aparecen en el siguiente enlace:


Alguien le dijo que algunos tenían el propósito de poner su nombre a la Casa de la Cultura de El Líbano, Tolima. “Pero ese decreto aún no ha salido, y es mejor no ensillar sin tener las bestias. Esa casa ya tiene otro nombre, y yo no creo que resuelvan cambiarlo”, dijo el maestro Virgilio, “De todos modos, siempre causa orgullo que piensen en uno para esas cosas, ¿No cree?”. Tiene razón, maestro. A propósito, tengo curiosidad por saber si su paisano tolimense Régulo Ramírez era pariente del barítono cundinamarqués Carlos Julio Ramírez. Don Virgilio me respondió:

Somos de los mismos. Ellos eran parientes míos, y eran parientes entre sí. Primos en segundo grado. Mi padre era Maximiliano Caicedo Ramírez, primo de ellos, y mi madre Delfina Pineda era soprano. Mi vena artística viene por ambos lados. Pero Régulo no era propiamente Ramírez Ramírez, sino Ramírez Caicedo. Ramírez y Caicedo se cruzaban entre segundos y terceros grados”.

Me queda claro que Carlos Julio y Régulo eran primos en segundo o tercer grado, pero no sabía que el maestro Virgilio Pineda también hiciera parte de la primamenta por cuenta del Ramírez que tiene enredado en el árbol genealógico de la línea paterna.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 25 de junio de 2017

210. Margarita Cueto, Desesperación con El Alma en los Labios

–MEDARDO ÁNGEL SILVA, RAFAEL HERNÁNDEZ, 
Y CARLOS CRESPO–

–En parte estas informaciones me llegaron en unos correos de don Jaime Rico Salazar–

1. SUICIDIO

Las canciones que tienen que ver con el tema del suicidio son más de treinta, incluido ese “Triste domingo” (con cien flores blancas) al que se le atribuye la instigación de muchos suicidios de cuya lista hace parte el propio compositor. En la lista de doña Wikipedia no están las más de 25 canciones raperas que con el mismo tema trae el Sr. You Tube. No hablaremos de todas, pero oigamos algunas, como “Suicidio”, el bolero del mexicano Carlos Crespo (Carlos Antonio Cafuentes Olguín), nacido en 1913 y fallecido en 1990; autor también de boleros como “Hipócrita”, “Carta fatal”.

–“Suicidio” (“Perdóname, amor mío, pero no puedo más. Voy a matarme… Adiós, vida ingrata, ¡Pum!”), bolero con letra y música de Carlos Crespo, en interpretación de Johnny Albino y su trío San Juan)–

https://www.youtube.com/watch?v=JotoceQdB-I

Aquí se presenta el caso de un hombre tan enamorado que es incapaz de vivir sin el amor de la mujer que quiere.

2. ME VOY A QUITAR LA VIDA, ÓYELO BIEN

Al regresar de Centroamérica a Medellín Pelón Santamarta administraba el “Café Chapinero” en la carrera Carabobo por la Curva del Bosque, cuando el poeta Miguel Agudelo Zuluaga, cuñado de don Efe Gómez, se acercó a él con unos versos para que los vistiera o pusiera ropaje musical. Allí surgió el bambuco “Antioqueñita” (… del jardín de Colombia la más bonita).

Miguel Agudelo tenía un hijo, David, que era trabajador de Fabricato y había sido dejado por una novia de nombre Ligia. Un día en que la muchacha entró al Teatro Junín con su nuevo novio del brazo, para ver la película “Fusileros sin balas” de Laurel y Hardy, fue seguida por David quien al verla acompañada del otro no pudo soportarlo y poniéndose un revólver en la sien se suicidó. En el velatorio de la sala de su casa el poeta Miguel, contemplando el ataúd, exclamó: “Me dicen que tus amores /te llevaron a la fosa. /Es mejor morir de amor, /que de cualquier otra cosa”.

Así es que a David Agudelo, el hijo de Miguel, le salía la letra de “Me voy a quitar la vida, óyelo bien, y sabes que me la quito por tu querer… pues si ya no me quieres, ¿Para qué vivo?”. 

–“Desesperación” (Me voy a quitar la vida, óyelo bien, y sabes que me la quito por tu querer… Y si ya no me quieres, ¿Para qué vivo?), bolero son de Rafael Hernández, en interpretación de Margarita Cueto con Juan Arvizu)–

https://www.youtube.com/watch?v=y3cJ2YlYzgk

3. TE LLEGARÁ MI ETERNA DESPEDIDA, Y TÚ NI LLORARÁS POR MI PARTIDA

Margarita Cueto y Carlos Mejía interpretaron otro pasillo con el tema que nos ocupa, y es el titulado “La carta del suicida”, un pasillo de la autoría de los colombianos Roberto Muñoz Londoño y Eusebio Ochoa. 

–“La carta del suicida” (“Adiós perjura, ingrata; adiós, traidora… /En esta carta, que nadie ha de leerte, /te llegará mi eterna despedida… /y tú ni llorarás por mi partida”), pasillo con letra de Roberto Muñoz Londoño y música de Eusebio Ochoa Isaza, en interpretación de Margarita Cueto con Carlos Mejía)–

https://www.youtube.com/watch?v=5K5Ez-_kgqM

Como dijo Miguel Agudelo, “Es mejor morir de amor, que de cualquier otra cosa”.

4. EL DÍA QUE ME FALTES, ME ARRANCARÉ LA VIDA

La cantante mexicana Margarita Sánchez Cueto (Margarita Cueto) nació en junio 10 de 1900, y murió en marzo 19 de 1977. El día en que celebraba sus 19 años de vida, el poeta ecuatoriano Medardo Ángel Silva Rodas, de 21, ponía fin a la suya.

Uno de los temas interpretados por Margarita Cueto, acompañada de Luis Álvarez, es el pasillo “El alma en los labios” (que en You Tube aparece en versión acompañada de Carlos Mejía). La letra es un poema del ecuatoriano Medardo Ángel Silva Rodas, cuya vida estuvo marcada por el mes de junio porque nació el 8 de junio de 1898 y falleció el 10 de junio de 1919. Murió muy joven, pero dejó huella, puesto que entre otras obras escribió una novela y dos libros de poemas.

Medardo estaba enamorado de una quinceañera, de nombre Rosa Amada Villegas Morán (poético nombre para una enamorada), cuyos padres la iban a mandar a los Estados Unidos para alejarla de este noviecito que era un poeta pobre, o sea que el pobre hombre llevaba un pecado doble. Medardo ya sabía que ese sería su último encuentro, y se presentó en la sala de la casa de la chica para leerle el poema que acababa de escribir para ella. Sólo alcanzó a leer la primera estrofa, antes de que las lágrimas se atragantaran en su garganta:

–Cuando de nuestro amor /la llama apasionada, /dentro´e tu pecho amante /contemples extinguida; /ya que sólo por ti /la vida me es amada, /el día que me faltes… /¡Me arrancaré la vida!”–.

Medardo terminó de leer la primera estrofa, sacó el revólver que tenía guardado en la pretina, y delante de la aterrada chica se disparó un tiro en la nuca… el 10 de junio de 1919, dos días después de cumplir los 21 años; porque él había nacido el 8 de junio de 1898. 

Ese fue el último poema escrito por Medardo Ángel Silva Rodas; y fue también el primer pasillo compuesto por el músico Francisco Paredes Herrera. 

–“El alma en los labios” (“Cuando de nuestro amor la llama apasionada, /dentro´e tu pecho amante contemples extinguida; /ya que sólo por ti la vida me es amada, /el día que me faltes… /¡Me arrancaré la vida!”), pasillo con letra de Medardo Ángel Silva Rodas y música de Francisco Paredes Herrera, en interpretación de Margarita Cueto con Carlos Mejía)–

https://www.youtube.com/watch?v=7DkOxz7N-Og

Dice el blog Esto es Ecuador oficial.blogspot.com que:

“…La noticia de la trágica muerte del poeta niño Medardo Ángel Silva el 10 de junio 1919 junto a su último poema “El alma en los labios”, dedicado a su amada Rosa Villegas, como un presagio y despedida, fue publicada en los periódicos. Coincidentemente el maestro Francisco Paredes Herrera llega a la peluquería “La Elegancia” de Justo Lucero en la ciudad de Cuenca, se impacta con la noticia, y decide musicalizar este poema que posteriormente llegaría a convertirse en uno de los pasillos más célebres del Ecuador”.


Rosa Amada Villegas Morán logró superar el trauma de la tragedia vivida con el frustrado amor de Medardo, y se hizo maestra. En su lugar de trabajo conoció al también poeta Lauro Dávila (autor de la letra de "Guayaquil de mis amores", con música de Nicasio Safadi), quien se enamoró de ella y la hizo su esposa.

En el restaurante Café de Juan Sibarí en la calle La Ronda de Quito, este pasillo fue interpretado en el año 2012 por el Trío Pambil de los hermanos Cevallos (Navijo, Francisco, y Fabián Cevallos); acompañando a la cantante ecuatoriana Karla Quiñónez Vilela, “Karla Kanora”, en una exquisita versión que les comparto.

https://www.youtube.com/watch?v=NZ3GymNM0oQ

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
------------------------------------------------------------------------------------------

El alma en los labios

Cuando, de nuestro amor, 
la llama apasionada 
dentro´e tu pecho amante 
contemples extinguida; 
ya que solo por ti 
la vida me es amada, 
el día en que me faltes… 
¡Me arrancaré la vida!

Porque mi pensamiento 
lleno de este cariño 
que en una hora feliz 
me hiciera esclavo tuyo, 
lejos de tus pupilas 
es triste como un niño 
que se duerme soñando 
en tu acento de arrullo… 
Que se duerme soñando 
en tu acento de arrullo… 

Para envolverte en besos 
quisiera ser el viento, 
y quisiera ser todo 
lo que tu mano toca; 
ser tu sonrisa, ser 
hasta tu mismo aliento, 
para poder estar 
más cerca de tu boca. 

Vivo de tus palabras 
y eternamente espero 
llamarte mía, como 
quien espera un tesoro; 
lejos de ti comprendo 
lo mucho que te quiero, 
y besando tus cartas 
ingenuamente lloro…
Y besando tus cartas 
ingenuamente lloro…

Perdona si no tengo 
palabras con que pueda 
decirte la inefable 
pasión que me devora; 
para expresar mi amor, 
solamente me queda 
rasgarme el pecho, amada, 
y en tus manos de seda 
dejar mi palpitante 
corazón que te adora.

------------------------------------------------------------------------------------------

Desesperación


Me voy a quitar la vida, 
óyelo bien,
y sabes que me la quito 
por tu querer.

Comprendo que tu cariño 
ya lo he perdido
y, si ya no me quieres, 
¿Para qué vivo?...
Y, si ya no me quieres, 
¿Para qué vivo?

A la tumba me llevo, 
como sagrado,
el cariño que tanto 
tú me has negado.

Tú jamás comprendiste 
mi amor profundo,
y por eso te  dejo sola en el mundo…
Y por eso te dejo sola en el mundo.