sábado, 15 de agosto de 2026

286 Marta Pintuco, la madame más famosa de las calles de Lovaina

De Marta Pintuco a Marta Puntico


Antes de que hicieran el intercambio vial de Bulerías en Belén al cruce de las avenidas 33, Bolivariana, y Nutibara, cerca de la Universidad Pontificia Bolivariana, lo que había allí era una glorieta o redoma, un round point, en el que por ser una excelente vitrina instalaron varios negocios como la Heladería Bulerías, o como el asadero de perros y hamburguesas “Marta Pintuco, comidas rápidas”. 


Tiempo después, este nombre fue cambiado por el de "Marta Puntico", y ese cambio llamó mi atención. La explicación que me dieron es de no te lo puedo creer. Los dueños del negocio de comidas rápidas recibieron notificación de que no podían seguir usando ese nombre porque era una marca registrada que tenía dueños y estaba protegida en la Cámara de Comercio. ¿A quién se le ocurre poner en el registro de comerciantes el nombre de un prostíbulo? Pues, ¡A la yarumaleña Marta Teresa Pineda!


No podría decir por qué hizo ella tal cosa, pero tal vez naciera del hecho de que a otra persona se le había ocurrido suplantarla, y a nadie le gusta ser suplantado.


En la Medellín de mediados del siglo XX, Marta Pintuco fue una afamada proxeneta (matrona o madame, que les decían a las dueñas de burdeles, casas de citas, o prostíbulos).


Las dos Marta Pintuco


Hay una confusión entre muchos habituales de la bohemia medellinense de mediados de siglo sobre la afamada matrona o madame Marta Pintuco, que ejercía el proxenetismo en un reconocido sector de la ciudad, buscado para tales menesteres. 


Muchos afirman haber conocido y visitado dicha casa “frente a la fábrica de Pintuco en el barrio Colombia”, sin saber que se están refiriendo a “la otra” Marta Pintuco.


Porque hubo una que fue la original, la primera, la verdadera, que desde mediados de la década del treinta ejercía el oficio de proxeneta en el barrio Lovaina, y era una mujer de nombre Marta Teresa Pineda, nacida en Yarumal en el año de 1921. 


Esta mujer tuvo una colega y homónima, de nombre Marta Rojas (o, tal vez, Marta Elisa Rojas), que desde mediados de la década del cuarenta ejercía tal actividad en el barrio Colombia, y también la apodaban Pintuco. 


Fueron dos con el mismo apodo: Marta Pineda y Marta Rojas, y entraré a diferenciarlas; pero para tal propósito advierto que, para orientación de los lectores, entre el nombre y el apellido intercalaré el apodo que las identifica.


Para escribir este artículo, he consultado y confrontado distintas fuentes escritas, y algunos testimonios orales, con la particularidad de que en tal o cual información hay datos que difieren y a veces se contradicen, pero no alteran el propósito de establecer que hay diferencia entre las dos mujeres contemporáneas que así fueron conocidas.


Uno de esos testimonios, principalísimo por su calidad de historiador minucioso y de notable memoria, es del historiador Hugo Bustillo Naranjo, cuyas informaciones espero haber captado con suficiente aproximación, y espero que mis inconsistencias no sean tantas, ni de tanta envergadura, que ameriten aclaraciones. 


Baste con dejar en claro que fueron dos proxenetas: la de Lovaina, y la del barrio Colombia; y que la de Lovaina tuvo dos casas: la de Lovaina con Palacé, y la de Palacé entre Lima y Barranquilla. 


Agradezco a los informantes, orales y por escrito, por el aporte de información, incluida la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto donde recibí colaboración para mis averiguaciones sobre el tema.


La profesión más antigua del mundo 

campeó por las calles de Lovaina


En 1889, en su cuento “En la muralla de la ciudad”, Rudyard Kipling acuñó la frase “la prostitución es el oficio más antiguo del mundo”, y tal afirmación se convirtió en un axioma de aceptación universal.


Jaime Sanín Echeverri en su novela “Una mujer de cuatro en conducta” (1948) construye su personaje con el argumento de una campesina de nombre Helena, que llega del alto de la montaña siguiendo el curso de la quebrada Santa Helena, la que surtía a la ciudad de aguas para el consumo, buscando colocarse como obrera en la fábrica textil que hay más abajo. Mientras más bajaba siguiendo el curso de la quebrada, y a la manera de ésta, más se ensuciaba y más se degradaba hasta, después de muchas peripecias, caer en la prostitución. El escritor pone en boca del personaje la siguiente afirmación:


“La sociedad dice que nos rechaza porque somos indignas de ella. En el fondo lo que hace es señalarnos un sitio dentro de la sociedad misma, porque considera que las prostitutas somos un servicio público, una necesidad pública, como las alcantarillas, o como la quebrada misma”.


Eso referido al oficio de ganar el pan con el sudor del cuerpo ejerciendo la prostitución pero, por extensión, así es denominada la práctica promiscua de actividades sexuales, así no conlleve compensación en dinero sino el solo gusto de dar alegría al cuerpo. Como dice la canción de Antonio Romero Monge y Rafael Ruiz Perdigones:


“Macarena tiene un novio, / un recluta de apellido Vitorino, / y en la jura de bandera del muchacho, ay, / se la lio con dos de sus amigos. / Dale alegría a tu cuerpo, Macarena; / que tu cuerpo es para darle alegría, eh, cosa buena…”. 


Hay personas cuya naturaleza les pide insaciablemente esos desfogues hormonales, y los estudiosos las definen como sátiros y ninfómanas.


No falta quien diga que el matrimonio sin amor, por conveniencia, entre una persona necesitada y otra persona adinerada, es en la práctica una prostitución y, dicen los que saben, que “Eso equivale a prostituir el cuerpo, o a vender el alma al diablo”. 


Algo habrá, porque a estas personas se les convierte la vida conyugal en un infierno.


Según Wikipedia, una ninfómana reconocida fue Escila, la prostituta romana que ejerció mediando el siglo después de Cristo. Fue contemporánea de su cofrade o colega de regocijos Valeria Mesalina, esposa del emperador Claudio, cuya ninfomanía “por amor al arte del amor” era legendaria. La mujer del emperador retó a Escila a un concurso de aguante, y esta tiró la toalla cuando ya se había acostado con setenta amantes en una noche. Mesalina siguió librando sola la contienda, y dice la historia, o la leyenda, que elevó la marca a la suma de doscientos hombres atendidos uno tras otro. Mesalina desafió a Escila a que siguiera el juego y no fuera floja, pero ella no quiso regresar a la palestra y dijo de Mesalina que: “Esa infeliz, tiene las entrañas de acero”.


La historiadora británica Mary Beard conjetura que la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma, no era un animal salvaje sino una prostituta recién parida que tenía leche de sobra para dar y convidar. Del hecho de llamar lobas a las prostitutas en aquellos, y en nuestros tiempos, viene la palabra lupanar; y no basta con loba sino que también se les dice zorras, y perras, y se las compara con cualquier animal que sea promiscuo cuando está encelado.


En la Biblia se habla de Gomer la hija de Diblaim, que ejercía sus artes de putería hasta que Dios se apareció a Oseas y le dio orden de casarse con ella y “sacarla a vivir juiciosa”. Tuvieron varios hijos, pero como la que ha sido no deja de ser, y vaca ladrona no olvida el portillo; el marido se divorció de Gomer, acusándola de infidelidad (Oseas, 1:2-3). Razones tendría.


En casi todas las poblaciones y ciudades del mundo hay sectores destinados a la prostitución. En Bogotá hubo una señora de nombre Blanca Barón, que solo abría sus puertas y presentaba sus chicas a la clientela más selecta. No cualquiera transponía las puertas de esa casa misericordiosa donde daban de comer al hambriento y de beber al sediento, e incluso aceptaban enseñar al que no sabe. Del presidente Guillermo León Valencia hay registros periodísticos de sus andanzas por las alcobas en penumbras de dicha señora; y el escritor y periodista Mario Jursich, de “El Malpensante”, afirma en Instagram que:


"El expresidente Guillermo León Valencia era putañero y le gustaba citar reuniones de gabinete en El Rosedal, el prostíbulo más famoso de Bogotá...".


Las mujeres dispensadoras de placer eran, en su mayoría, de procedencia campesina o montañera, y de allí que las gentes acuñaran la expresión de putañeras para referirse a ellas, y putañeros para referirse a los clientes que las contrataban.


Del escultor Rodrigo Arenas Betancourt se sabe, por su libro “Los pasos del condenado”, que aparte sus recorridos por los mapas de la putería en ciudades de Europa y el mundo, hasta llegar a El Pireo, en Grecia, estuvo también por las calles lovaineras en donde enamoró a la bella campesina Eunice que despechada, porque Arenas se casó con otra, se fue a morir a Tailandia donde nadie supiera de sus desengaños.


Hugo Bustillo Naranjo, en la página 100 de su libro “Aranjuez 80 años –Nombre español para un territorio lunfardo”, trae una copla del poeta Ciro Mendía, del municipio de Caldas en Antioquia, que también fue putañero y en una de esas noches se topó con una paisana campesina venida de su terruño. Agradecido con ella “por los favores recibidos”, le envió recado con algún conocido:


“Dígale a Emma Arboleda, 

de la calle de Lovaina, 

que esta vida es una vaina… 

y su carne fue una seda”.


Por esta estrofa le aplicaron a su paisana en Lovaina el apodo de “Piel de seda”.


El tema de los prostíbulos en Medellín es abordado en el trabajo de tesis de grado “Lovaina –inicio, esplendor, y ocaso–”, de la Universidad de Antioquia, escrito por el historiador Carlos Andrés Orozco Guarín y fue elaborado con base, entre otros, de testimonios proporcionados por el salgareño Humberto “El gitano” Escobar Cálad, un prendero que vivió en carne propia los ajetreos de ese lugar. Escobar fue amigo confidente de la matrona Marta Pintuco, y su prendería quedaba contigua a la casa de ejercicios sociales perteneciente a dicha señora en la calle Lovaina al cruce con la carrera Palacé.


"…La idea para esta investigación surgió durante el seminario de “Historia, tradición y fuente oral”, dictado por el profesor Fernando Correa en el 2001. En dicho seminario tuve la suerte de conocer a Humberto Escobar Cálad, quien con sus poemas e historias inspiró la recolección de testimonios para esta monografía. Con él caminé la calle Lovaina en busca de sus viejas amantes, sus antiguas amistades, y de la Prendería Lovaina donde trabajó durante trece años de 1949 a 1962 –Carlos Andrés Orozco Guarín–".


https://www.redalyc.org/pdf/3803/380370283008.pdf


Orozco emplea con frecuencia y sin rodeos la palabra “puta”, con la que muchas de las entrevistadas se autodefinieron: 


“En los procesos judiciales hay denuncias sobre maridos que vendían a sus esposas en los burdeles, mujeres adultas que prometían ropas y atavíos para inducir a las jóvenes a la prostitución, e incluso madres que exhibían a sus hijas vírgenes en las ferias”.


De varias de las mujeres reportadas por Orozco puede decirse que nacieron con vocación de puta, genéticamente heredada de sus madres, tías, y abuelas, de las que dijo Ñito Restrepo en su “Cancionero antioqueño”: 


“Puta vos, puta tu mama, 

putas tu abuela y tu tía, 

cómo no vas a ser puta, 

si sos de la misma cría”.


Pero otras mujeres de las descritas por Orozco no nacieron así, sino que llegaron al oficio forzadas por las circunstancias.


Casas de citas en Medellín


En el Medellín de los años cuarenta hubo varios sectores reconocidos, entre los que estaban El Fundungo, Las Camelias, Lovaina, Guayaquil, y otros. 


Carlos Andrés Orozco Guarín menciona a meretrices que ejercían en la Puerta Inglesa del barrio Buenos Aires, y en Enciso al pie de La Ladera; Jairo Osorio Gómez (“Niquitao, una geografía de cruces”) menciona a Cándida Rivillas, que ejercía en los años sesenta en la carrera Niquitao con calle San Juan; y en los setenta yo oí hablar de casas de citas camufladas en el barrio Laureles, y por las transversales de La Visitación en El Poblado. 


La lista de mujeres del oficio mencionadas por Orozco Guarín en su trabajo es muy extensa, con muchos datos tomados de los reportes de control sanitario profiláctico de la autoridad municipal, y su trabajo incluye en la página 276 un detallado planograma, prolijo y minucioso, elaborado por él mismo, señalando la ubicación de innumerables casas de prostitución en ese sector. Al parecer no están todas (no encontré señalada en el mapa, por ejemplo, la casa de Aura “La Pipí” Cardozo), pero sí un número suficientemente representativo de ejercientes de dicha profesión.


De la casa de Aura “La Pipí” Cardozo dice Hugo Bustillo que:


[…estaba situada en Palacé con Lovaina, contigua a la de Tista “Terciopelo” Moreno]


En 1951 el Dr. Luis Peláez Restrepo, alcalde de la ciudad, expidió el Decreto 517, mediante el cual declaró al Barrio Antioquia (hoy conocido en los registros oficiales como Barrio Trinidad) como la única zona de tolerancia designada por la administración de la ciudad; buscando con ello que se acabaran las otras zonas prostibularias no autorizadas. Los habitantes del barrio señalado trataron de cambiar el nombre barrial poniéndole el de la parroquia de la Santísima Trinidad; pero no pudieron tapar el sol con las manos y las mujeres de allí siguieron ejerciendo el oficio, sin que sus colegas de otros lados dejaran de ejercerlo clandestinamente en otras partes de la ciudad, y hoy se consideran los alrededores del parque Lleras en El Poblado como lugares de encuentro para turistas, con remate en las habitaciones de los hoteles. Cambió la modalidad, pero no la actividad, y hay también la opción prepaga de contactar por Internet, hacer transferencia de pago, y esperar el reporte de la portería del edificio anunciando que llegó “el domicilio solicitado por el señor, ¿la hago pasar?”.


Sobre los burdeles de Medellín a mediados del siglo XX, y años antes, y años después, no hay un cronista historiador más prolijo y conocedor que Hugo Bustillo Naranjo, quien describió con pelos y señales, pelambres y cicatrices, la bohemia prostibularia de nuestra ciudad en su artículo “Ninfas y nichos del valle encantado”, publicado por el periódico Universo Centro en su edición nro. 75 de mayo de 2016, y a él remito para profundizar en esta historia.


https://www.universocentro.com/NUMERO75/Ninfasynichosdelvalleencantado.aspx


El barrio Lovaina


El barrio Santiago Pérez Triana de la comuna de Aranjuez es llamado, por algunos, barrio San Pedro; y colinda con el barrio Prado del centro de Medellín, con el hospital infantil y la policlínica San Vicente de Paúl, con los barrios Sevilla y Miranda, con la Curva del Bosque de la Independencia (Jardín Botánico), con Aranjuez, Manrique, Campo Valdés, y otros sectores. A él pertenece la parte trasera del Cementerio de San Pedro, pero hace muchos años las gentes trocaron el nombre Pérez Triana por otro de mayor reconocimiento, debido a la calle 71 (calle Lovaina). Actualmente es un sector poblado de talleres de mecánica, pero anteriormente, como dije, fue una frecuentada zona de tolerancia con multitud de casas de citas acreditadas para clientela de todos los niveles, gustos, y perversiones.


En los nombres de las calles y las carreras del sector a veces aparecen dos y hasta tres nombres, lo que puede deberse a que en alguna vía se sustituyó un nombre por otro; o a que una vía lleva un nombre en un tramo, y cambia de nombre para el siguiente.


En un texto encontré, por ejemplo, el nombre de Turín para una calle, pero en el listado que consulté tal nombre no aparece. Cree el historiador Bustillo que ese pudo ser un apodo que le pusieran a algún lugar muy puntual, por alguna conocida casa de prostitución que hubiera en esa esquina. 


Bustillo me ayudó a hacer ajustes y precisiones en este listado elaborado, como dicen, “a mano alzada”.


Dicen los que saben que:


“Lovaina, propiamente, es el nombre de la calle 71, que derivó su nombre a todo un sector de veinte manzanas”.


Para establecer las calles y carreras que enmarcaban las veinte manzanas del sector, me he apoyado principalmente en el cuadro que traía el último directorio telefónico de Publicar en Medellín, más las valiosas precisiones que me aportó Hugo Bustillo que fueron de gran utilidad para corregir tal o cual dato errado o distorsionado que encontré en algún texto. La información depurada es la siguiente:


CARRERAS

48 A 

(Quibdó); 


49 

(Venezuela); 


50 

(Palacé); 


50 A 

(Pasto o Balboa); 


50 B 

(Santa Marta); 


50 C 

(Popayán); 


50 D 

(Neiva); 


51 

(Bolívar)


Incluido el tramo del Bosque por la parte norte del cementerio que por afinidades de oficio hace parte también de este sector.


CALLES

67 

(Liborio Mejía Gutiérrez de Lara, Barranquilla (antes Calle del Ahorcado, donde estaba el puente de ese nombre); 


67A 

(Guadalquivir); 


68 

(Lima, Alcázar, o Alcalá); 


69 

(Giralda, Italia); 


69A 

(La Favorita, Macarena);

 

70 

(Venecia); 


70A

(La 5ª.)


71 

(Lovaina, Gutiérrez de Lara), que es la que da nombre a todo el lugar);

–Al parecer hay una confusión o transposición en los distintos textos que relacionan el nombre del prócer Liborio Mejía Gutiérrez de Lara tanto con la calle 67 como con la calle 71. Para los efectos de nuestro trabajo, dicha precisión no altera el hecho de su ubicación en el barrio de prostitución llamado Lovaina– 


71 A 

(Marengo); 


71 B 

(Lorena); 


72 

(Guillermo Restrepo Isaza o Revienta, como abreviatura de revientaquijadas); 

–El apodo de “revientaquijadas”, abreviado en “revienta”, se aplicó a un par de calles en Medellín que tenían la característica de ser muy empinadas, lo que a mediados del siglo XIX suponía estar empedradas o en tierra pisada resbalosa, causando la caída de varios jinetes que transitaban por allí–;


73 

(Daniel Botero Echeverri); 


74 

(Calle del tango); 


75 

(no existe en Lovaina, sino en el occidente de la ciudad por la Pilarica; aunque hay un pequeño callejón en Lovaina que fue conocido como La Caimanera); 


76 

(la 6ª); 


77 

(Risaloca o la 7ª); 


78 

(Rambla del Bosque); 


79 

(Esquina del movimiento o la 9ª, al cruce con la carrera Bolívar).


Ricardo Aricapa dice que en ese sector fueron célebres las casas o ejercientes de prostitución:


[Marta "La Pintuco" Pineda, Ligia Sierra, Ana Molina, María Duque, La Negra Marcia Uribe, Aura Uribe, Eva Arango, la casa de Lola "La Polla”, la loca Ester, la Matalote, la Manchada, la Cocuya, Aura “la Pipí” Cardozo. Sus mujeres ostentaban pudorosos escotes y recatadas minifaldas, cuando no estaban forradas con largas batas de raso de colores]


Según Simón Posada Tamayo en su artículo “Lovaina y los merengues con preservativos”, publicado por el periódico Universo Centro en su edición #66 de junio de 2015, el negocio de la prostitución por esos lados empezó:


https://www.universocentro.com/NUMERO66/Lovainamerenguesypreservativos.aspx


“El inicio se calcula más o menos a partir de 1925, y existe registro de que para 1927 había cuatro burdeles en Lovaina”.


Dice Posada, citando a Spitaletta, que:


"El periodista Reinaldo Spitaletta, en su crónica La nostalgia de Lovaina, relata que el expresidente Belisario Betancur visitaba la casa de Esperanza Restrepo y participó en algunas peleas a puño limpio; que el escritor Manuel Mejía Vallejo quedó en calzoncillos apostando su ropa en el juego de la botella; que el periodista Enrique Santos Montejo, conocido como ‘Calibán’, visitó la casa de Ligia Sierra y le dedicó una de sus columnas de prensa, y que Marta Pintuco, quizá la puta más famosa de Medellín, prestó su casa para que en una reunión política se crearan las bases del Frente Nacional" 


Posada tiene aquí, al parecer, un lapsus de memoria, pues la cita corresponde a “Nostalgia de Lovaina”, del periodista Ricardo Aricapa.


Muchos alardean de haber conocido a la legendaria yarumaleña, pero no son muchos los que en la actualidad realmente la conocieron, aparte de que muchos que sí la conocieron lo hicieron de manera superficial y no en la calidad de amigos cercanos que se autoatribuyen. 


Aparte los mencionados por el artículo de Spitaletta, y de Humberto Escobar Cálad el prendero de la esquina contigua a la primera casa de la Pintuco en Lovaina, sé del periodista Bernardo Hoyos Pérez y del poeta Mario Rivero, que fueron amigos suyos de confianza; el pintor Fernando Botero también anduvo por esos lados; están el arquitecto Hugo Álvarez Restrepo, el cantante Jaime Hernández Sáenz, el poeta Luis Carlos González Mejía, que también fueron amigos suyos, y el médico Jorge Franco Vélez. Fuera de toda duda, don Herbert Geithner que no solo fue su amigo sino su amante, y Rodrigo Sierra el conductor que los dejaba en un motel de la vieja vía a Caldas y volvía al otro día a recogerlos. 


No tengo informes de más que la hubieran visitado por asuntos de “negocios” aunque, claro, somos muchos los que nos hemos interesado por saber sobre ella y por averiguar y escribir puesto que, a la hora de la verdad, es un tema atractivo como registro de una historia de ciudad que cada vez con mayor celeridad desaparece del recuerdo de las gentes. En mi caso debo reconocer, con toda franqueza, que nunca la vi y nunca visité su casa, a pesar de que anduve por esos andurriales lovainabajeros con remate de carne asada en El Venteadero a la madrugada en la esquina diagonal a su casa. No hay que olvidar que la suya era una de esas “casas a puerta cerrada”, en donde no recibían a cualquiera que se atreviera a tocar el timbre.


Volviendo a la época vivida por la Pintuco en Lovaina, digamos que aunque las proxenetas podían también ejercer como prostitutas, algunas eran selectivas en la escogencia de sus admiradores, así las pupilas que administraban estuvieran dispuestas y hasta obligadas a atender a todo tipo de clientela. 


Al decir del historiador Orozco Guarín: 


"…Durante la crisis económica de 1930, cuando la ciudad acogió oleadas de inmigrantes, especialmente jovencitas campesinas… Todos ellos recuerdan con nostalgia el esplendor anterior a la década de 1950, cuando la ciudad recibió otra gran oleada de inmigrantes campesinos pobres que llegaron huyendo de la violencia bipartidista que asoló el campo… En esa época las casas de citas fueron escenarios de confluencia y mezcla social. En sectores de población humilde como el que nos ocupa, lograron acoger varones de estratos más altos que gozaban intimidad con jovencitas de extracción popular y campesina… La mayoría de estas muchachas provenían de los pueblos de Antioquia".


María Duque Villegas y otras mujeres de ese ambiente fueron retratadas al óleo por el agradecido cliente que fue el pintor Fernando Botero Angulo, con cuadros que se exhiben en el Museo de Antioquia o Museo de Botero.


Según el periodista Fabio León Naranjo, antes de los altos vuelos del pintor, que lo llevaron a casarse con la escultora griega Sofía Vari y fijar su residencia en el Principado de Mónaco, en sus tiempos de estudiante de bachillerato fue putañero o frecuentador de prostitutas montañeras que trabajaban en las casas de citas. Era un estudiante pobre por los días en que lo expulsaron del bachillerato de la Universidad Pontificia Bolivariana por escribir un artículo elogiando a Picasso, y se fue a estudiar al Colegio San José de Marinilla, aunque luego se graduó de bachiller en el Ateneo de la Universidad de Antioquia. En esos tiempos tomaba apuntes a lápiz de las mujeres del vecindario, para luego trasladarlos a sus lienzos.


Sobre el pintor escribo en el libro “Buenos Aires, portón de Medellín”:


"… Contiguo al Teatro Ayacucho vivió Rosita, La gorda de Botero, que se parqueaba para buscar clientes por los lados del Restaurante Cirus, detrás del Hotel Nutibara (Juan del Corral con Paseo de La República o Av. de Greiff), frente al Museo de Fernando Botero en donde un cuadro del pintor le recuerda a Rosita que polvo eres y en polvo te has de convertir, puesto que ella fue la iniciadora en cosas de la vida de muchos de la generación del pintor, en los años cuarenta, y otras que le siguieron. La escultura de la Gorda de Botero en el costado suroccidental del Parque de Berrío también la homenajea… Dice Naranjo que la mujer se sentía orgullosa de haber salido con el pintor Botero, y decía que a él no le cobraba porque era amable con ella. Fabio la reconoció en las pinturas del maestro con lunar en la mejilla, facciones, curvas voluminosas y todo".


Hugo Bustillo, conocedor del tema como el que más, recopila los nombres de las pinturas de Botero con las mujeres que conoció en las noches bohemias, según artículo de la página Neonadaísmo 2011 de Víctor Bustamante Cañas (“La Curva del Bosque y 100 años de Antioqueñita / 74 Patrimonio Medellín”), y allí aparece –cómo no– la aludida Rosita: 


"La casa de María Duque (1972), La casa de Ana Molina (1972), La casa de las mellizas Arias (1973), La casa de Raquel Vega (1975), Amanda (1982), La casa de Amanda Ramírez (1988), Amparo (1979), Teresita (1970), Maruja (1979), Adela (1971), Delfina (1972), Aurora (1972), Rosita (1970), Pequeña prostituta (1982), Rosaura (1986)".


El médico Jorge Franco Vélez en su novela “Hildebrando”, y el cantante Jaime Hernández Sáenz en su libro “Lovaina, el barrio del deseo”, se refieren al aludido lugar, y a su ocupante más famosa, conocida como Marta Pintuco. 


Un artículo con el título “Marta Pintuco está viva”, publicado por Félix Antonio Padilla Bran, director periodístico de la revista Bombazos, en el nro. 2, Dic. 2009/Ene. 2010, revista dirigida por José Neftalí Salazar Agudelo, está dedicado a Marta Teresa Pineda, apodada La Pintuco. Trae un retrato suyo dibujado por Amparo Zapata, de la plantilla de colaboradores de la revista, seguramente basado en alguna fotografía de la madame. Manifiesta el articulista su propósito de publicar un libro con información poco conocida sobre esta afamada mujer, si encuentra un patrocinio para la publicación. 


Hay otros libros y textos, como algunos publicados en su blog por el periodista Reinaldo Spitaletta, que hablan también de lo mismo.


Mi interés por la lectura de la tesis del historiador Orozco Guarín surgió de la búsqueda de información sobre esta legendaria mujer. El suyo es un estudio sociológico o monografía sobre el surgimiento, establecimiento, y permanencia por un largo período del sector prostibulario cuya calle 71 (Lovaina), al cruce con la carrera 50 (Palacé), cambió el nombre a un barrio que muchos llamaron oficialmente por un tiempo San Pedro, que por otro tiempo fue llamado también oficialmente Santiago Pérez Triana, pero que finalmente fue reconocido de manera amplia por el apodo o nombre extraoficial de Barrio Lovaina, sinónimo de casas de lenocinio y vida nocturna con clientela proveniente de toda la ciudad. 


De la lectura de Orozco Guarín se deduce el hecho natural de que las dueñas de las casas de citas y las pupilas contratadas del sector, en muchos casos, eran mujeres campesinas que habían llegado allí muy jovencitas y agraciadas, o francamente bonitas, por ser las más demandadas y mejor pagadas por esos clientes. Allí no lo dice, o por lo menos no lo dice abiertamente, que hubo también casas surtidas de homosexuales y especializadas en atender a este segmento de consumidor socialmente vergonzante y nocturnamente desvergonzado. Maricas hubo reconocidos y demandados, y los hubo también que trabajaron en esas casas como meseros, como porteros, como mensajeros, como guardaespaldas, y otras labores necesarias para el desempeño de las mujeres que allí laboraban. 


Caso especial es el hecho de que hubo, según Orozco Guarín, una casa que se especializó en tener a su servicio mujeres feas, atendiendo la evidencia de que hay hombres a quienes les gustan las feas, o que se resignan porque no tienen dinero suficiente para atraer la atención de mujeres jóvenes y bonitas. 


[La variedad de mujeres era tal, que incluso existieron casas de feas a las cuales algunos hombres se dirigieron con frases como “Voy p´al circo a comerme una osa”… Por otro lado, se comprueba que al sector acudían ladrones para camuflarse entre la muchedumbre, en medio de policías abusadores, corruptos y bebedores”]


Ahí sí cabe, con propiedad, el término de “Zona de Tolerancia”.


Casa de citas de La Pintuco (I), 

Marta Teresa Pineda

–En Lovaina–


Este subtítulo es ambiguo, porque no hubo una sino dos casas de citas de Marta Pintuco con sus dos propietarias reconocidas por ese “nombre artístico”. 


Y no fueron dos sino tres las casas de citas martapintuqueras, porque después de la primera casa en Lovaina con Palacé, Marta Pineda se trasladó para la segunda en Palacé entre Lima y Barranquilla.


La primera Marta Pintuco, la original, fue la yarumaleña Marta Teresa Pineda, que recibió el apodo por maquillarse excesivamente con los afeites usuales en la época que consistían en pintalabios, colorete para las mejillas, pestañina, y lápices delineadores de cejas. El exceso de pintura facial le dio el apodo.


Sobre esta Marta Pintuco (Pineda) se ha escrito mucho. Ella fue amante del alemán don Herbert Geithner, que en 1939 montó en Medellín el salón de billares y ajedrez Metropol en la esquina nororiental del cruce de la calle Maracaibo con la carrera Junín, donde competía con los billares Maracaibo situados por la misma calle diagonal al Teatro Ópera, y con los billares La Macarena situados en la misma calle detrás del Hotel Nutibara. Fue don Herbert, además, propietario en algún momento del Café Zoratama (o Soratama) en la Avenida La Playa con Junín, donde está el edificio La Bastilla.  


Según Rodrigo Sierra, mi vecino de banca en los emboladeros de la avenida La Playa con Junín: 


“Yo fui su conductor de confianza, encargado de recados y de llevar y hacerme cargo del vehículo después de dejarlos en alguno de los reposos guerreros del camino, tarea que don Herbert me pagaba con generosas propinas”. 


Dice Sierra que Geithner le puso a doña Marta casa de descanso, retirada de la “oficina en que ejercía las labores del oficio”, y la sacaba a pasear, elegante y bonita como era ella, considerada por Mario Rivero como “la trigueña con las piernas más bellas de la ciudad”. Don Herbert la llevaba en un automóvil Packard descapotable modelo de principios de los años cincuenta, por los parajes de la vieja carretera a Caldas hasta el balneario y bailadero de La Primavera. 


Sierra oyó decir, en esos dicen que dicen que alimentan el mito y la leyenda de Marta Pintuco, que Herr Geithner era el padre biológico in péctore de la hija de Marta, a quien enviaron a estudiar a Europa. Según le contó a Mario Rivero el periodista cultural Bernardo Hoyos Pérez, que durante un tiempo fue locutor de la BBC, quien se encontró con ella en el aeropuerto Heathrow de Londres, cuando iba para el matrimonio de su hija “con un lord inglés”. 


Geithner tuvo un hijo con su esposa alemana, que no era conocida por permanecer en la sombra con bajo perfil, alejada de focos y reflectores. El hijo fue Harry Geithner Sr., y se hizo reconocido como hombre de teatro en Medellín y Cali, yendo a parar a México donde vivió muchísimos años y allá murió. Harry Geithner tuvo cuatro hijos, nietos de don Herbert: Catherine y John, los menores; y la pareja de mellizos compuesta por Harry Jr. y Aura Cristina, actores de oficio en el mundo del teatro y la televisión, con actividades alternadas entre Colombia, su lugar de nacimiento, y México. 


El abuelo Herbert fue, pues, amante oficial de Marta Pintuco Pineda, la original del barrio Lovaina, cuya casa desapareció y en el terreno hay ahora un taller mecánico de latonería y pintura denominado “Los Mellos”, situado en la carrera 50 (Palacé) entre calles 67 (Barranquilla) y 68 (Lima), con placa nro. 67-44. Esta casa quedaba contigua a la de Aurora “La Rumbo”, y diagonal a la esquina del asadero de carnes El Venteadero en Lima con Palacé, que era atendido por la picante negra María Olga, mujer analfabeta que finalizando los años sesenta guardaba sus ahorros envueltos en un pañuelo que metía entre los senos, antes de llevarlos a consignar en la cuenta de ahorros del Banco Popular, dentro de la Plaza de Mercado de Amador en Guayaquil donde yo era su cajero de confianza que le elaboraba los formularios de consignación y de retiro, advirtiéndole que tuviera cuidados con ese envoltorio acunado entre palomas de tanto vuelo: 


“No se preocupe, mijo, que el que quiera meter la mano ahí sin mi permiso tiene que revolear machete en media calle”.


La información sobre la segunda casa de Marta Pintuco me la dio, después de idas y venidas, de vueltas y revueltas, un hombre que me señalaron como “Colorina”, quien se abstuvo de darme su nombre de pila pero me dijo que a mediados de los años sesenta fue desplazado por la violencia desde su vereda minera en Amagá, donde perdió a padres y hermanos y parentela conocida. Siendo adolescente llegó a la casa de Marta Pintuco, que lo acogió y le dio techo y comida, y lo puso a trabajar de mensajero, portero, vigilante, perseguidor de conejos y cobrador de vales. “Estuve en esa casa, hasta que se acabó”, me dijo. Él me señaló el lugar preciso, y a falta de informantes más veraces considero que su testimonio es el más fiable de los alrededores.


Esta casa que ahora es el taller "Los Mellos" fue construida sobre un terreno de 22,5 x 10 mtrs y, al decir de la revista Bombazos:


“Estaba conformada por seis alcobas, dos patios techados, cocina, comedor, un largo corredor, y un garaje. Fue administrada diligentemente por una anciana rubia y delgada, a quien los clientes le decían cariñosamente “Emita”. Ayudaba también en dicho establecimiento un marica famoso de nombre Darío de la Paz, apodado “Merchán”. En la misma un portero recibía a los clientes, pues era a puerta cerrada. Golpeaban, y eran atendidos por el solícito empleado que no le abría a cualquiera”.


Bombazos confirma que ella vivía en otros lugares diferentes de “la oficina”, y que años después de vivir con el alemán en casa particular, ella vivió en la carrera Junín, también en El Poblado, y terminó sus días viviendo en Bogotá:


“Diferente a lo que dicen algunos, esta matrona se instaló en Lovaina y no se movió más de allí, y esto desvirtúa la afirmación de que tuvo negocio cerca de la fábrica de Pintuco, aunque sí se supo de otra señora de nombre Marta que también fue proxeneta y tuvo su centro de operaciones en ese lugar… Nada que ver la de Lovaina con la de la fábrica Pintuco… Marta Pintuco Pineda fue una de las propietarias de lenocinios que se negaron a abandonar a Lovaina cuando el decreto 517 del alcalde Luis Peláez Restrepo obligando el traslado al barrio Antioquia… Aunque Marta Pintuco Pineda no fue millonaria, sí tuvo un buen estatus económico que le permitió vivir en los sitios in de la época… En un edificio que fue demolido hace años, ubicado en Junín entre Ayacucho y Pichincha, llegó a tener un suntuoso apartamento, contiguo a una famosa sastrería… Llegó a poseer en El Poblado propiedades, y además una limusina con conductor uniformado a bordo…”.


Dice Bombazos que:


“El nombre de Marta Teresa Pineda aparece registrado en la página 301 del directorio telefónico de 1955, referido a su propiedad o negocio de la Cra 50 (Palacé) nro 67-44 (Barranquilla), con el teléfono 445041… Ella fue en su plenitud una mujer trigueña clara muy atractiva, con ligeros rasgos de mulata, gran sexappeal… los que la conocieron definían su perfil como espigada, troza, de cabello castaño claro, tirando a rubio, y cuerpo bien torneado…”.


Y agrega el articulista que el poeta pereirano Luis Carlos González tuvo un romance prolongado con ella y le compuso, junto con el músico Enrique Figueroa, un bambuco titulado “Muchachita parrandera”, que fue grabado por el dueto de Espinosa y Bedoya: 


"Quieres parecer festiva,

muchachita parrandera,

y llamas a la quimera

pomposamente, tu vida.

Es queja que nunca olvida

tu amargado corazón..."


En el artículo sobre las Ninfas, con el subtítulo “Era Marta la reina”, Bustillo dedica un párrafo especial para referirse a la famosa Marta Pintuco (Pineda), diciendo que:


“Caso aparte merece Marta Pineda, La Pintuco, en sus posadas de Lovaina y Lima, al cruce con Palacé. Innovó con los álbumes fotográficos, con sus esmeradas atenciones, y con los cantos operáticos para sus clientes”.


El artículo de Bustillo dice que Marta Pintuco Pineda tuvo su casa ubicada primero en la calle Lovaina al cruce con la carrera Palacé, y luego la trasladó a la carrera Palacé entre carreras de Barranquilla (o Liborio Mejía) y Lima, que corresponde al lugar donde ahora está el taller mecánico de "Los Mellos". 


Mirando el planograma de Orozco Guarín en la página 276, aparece la casa de Marta Pintuco (Pineda) contigua a la Prendería Lovaina, lugar de trabajo de Humberto Escobar Cálad. La prendería de Escobar estaba en la esquina de la calle 71 (Lovaina) al cruce con la carrera 50 (Palacé), con nomenclatura #50-01, y la casa de Marta ostentaba el #50-09 en la entrada (en la actualidad hay allí un supermercado y legumbrería barrial llamado “Superofertón”. 


Después de la casa de Marta en la calle Lovaina, por la misma acera, estaban las de sus vecinas contiguas Ligia Sierra y Tulia Arias. Al frente, arriba, abajo, y a los lados, había muchas otras casas de citas, según el planograma citado.


Dice la revista Bombazos que:


“No obstante que la preparación académica de nuestra protagonista sólo le alcanzó hasta la escuela primaria, se caracterizó por ser una persona muy inteligente y amable… cuando la trataban por las buenas”.


La aclaración es pertinente porque, lejos de ser apocada o sumisa, tenía una personalidad recia y de temple, necesaria para la administración de mujeres rebeldes y pendencieras como las que a veces tuvo que sortear.


Era afamada la cultura de esta mujer, que le permitía sostener conversaciones con intelectuales de alto coturno, pero no sabía que sus gustos musicales la llevaran a poner cantos operáticos en la rockola para sus clientes, aunque sí se supo que a veces propiciaba presentaciones musicales en vivo, como fue el caso del cantante de boleros Jaime Hernández Sáenz, su amigo, que escribió un libro sobre Lovaina, o tríos y duetos reconocidos de serenata que fueron contratados para tocar allí.


También me sorprende leer que fue ella la innovadora del truco de hacer álbumes con las fotos de sus pupilas que no podían estar presentes por ser estudiantes o amas de casa, “Pero bien pueda, mijo, escoja la que quiera que yo se la hago llamar. Eso sí, tiene que pagar su tarifa y los gastos de la traída”. Los clientes adinerados no patinaban por minucias.


En el artículo de Bombazos se afirma que:


“Las mejores agrupaciones musicales de la época, como Espinosa y Bedoya, el Dueto de Antaño, y el Trío América, entre otros; incluyendo grandes íconos del pentagrama internacional de la talla de Leo Marini y Daniel Santos, deleitaron en ese lugar a los presentes con los éxitos del momento… y ella también, dado su amor por la música y dotes artísticas, llegó a grabar varias canciones con su voz en el acetato”.


Creo que el articulista la confunde con su vecina y colega Aura “la Pipí” Cardozo, que sí fue cantante, autora de música, y grabó por lo menos un par de temas suyos en el sello disquero Lyra de los hermanos Luis y Rafael Acosta, que tenían su empresa precisamente en el vecindario de Palacé con Lovaina. La Pipí Cardozo fue buena amiga de don Hernán Restrepo Duque, quien la promocionó en medios artísticos.


Cardozo es reseñada por el Dr. Alberto Burgos Herrera en el libro “Aquí también se canta el tango”, indicando que los dos discos de su autoría que grabó con acompañamiento de Los Tumaqueños fueron el vals “Triste desilusión” y el tango “Cruel desengaño”; aparte otras grabaciones con temas de distintos autores como “El adiós del negro”, con letra de Candelario Obeso y música de Jorge Áñez.


Orozco Guarín en su libro trae una anécdota recogida de las noticias de prensa donde registra que:


“La mujer de veinte años de edad, Nubia Rodríguez, que vive en una casa de lenocinio situada frente al Bosque de la Independencia, fue gravemente herida con una varilla de hierro por su compañera de juerga, la mujer Carmen Palacio. Dice el Inspector Primero Municipal que esta riña se suscitó en momentos en que ambas mujeres se encontraban embriagadas, y fue el motivo insignificante de que la Rodríguez se mostró reacia a escuchar unas canciones que deseaba interpretar una tercera mujer… que apodan La Pipí (Aura Cardozo)”.


Bombazos dice que:


“Por su condición de proxeneta, Marta Pintuco Pineda llegó a tener diferencias irreconciliables con unas tías conservadoras y recatadas, que no la aceptaron como tal… pero fue ella extremadamente generosa, y tuvo buenas relaciones con su madre y otros parientes cercanos… amén de estar al tanto de las necesidades de su progenitora y de su enfermedad, hasta que falleció”.


En el artículo de Bombazos, publicado en enero de 2010, el autor Félix Antonio Padilla Bran termina diciendo que:


[Marta, en la cima de su senectud, reside actualmente en la capital colombiana, en el sector del viejo Bogotá, y a pesar de no haber logrado hacerse a una jubilación, pero gracias a que con sus ahorros adquirió el apartamento que le podrá garantizar el techo por el resto de sus días, allí sigue recibiendo ayuda de sus familiares, nietos, y algunos viejos clientes que hoy son camanduleros y prostáticos, pero que conservan con ella una gran amistad y gratitud. De esa manera, sostiene su afiliación a una EPS y puede llevar una vida digna, lejos del bullicio que otrora fuera la razón de ser de su “colegio de señoritas regulares en conducta”… Quebrantos de salud, propios de los años, la obligan hoy a depender de un tanque de oxígeno, circunstancia que no le ha bajado la autoestima en ningún momento sino que, todo lo contrario, es una mujer agradecida con la existencia y, quién lo creyera, todavía vive para contarlo]


No hay registro periodístico de que la matrona haya fallecido y presumimos que sigue viva, en cuyo caso en este año de 2026 debe ser una mujer que bordea los 105 años de edad.


De los muchos escritos sobre esta matrona de la vida bohemia de la ciudad, destaco el artículo de Oscar Domínguez publicado en la revista “El Malpensante” con el título “Una madame a lo paisa”:


https://elmalpensante.com/articulo/3548/una-madame-la-paisa


En su trabajo de Tesis Orozco Guarín cita el libro “Ayer y hoy, Guayaquil por dentro”, de Octavio Vásquez Uribe, reportando la llegada de Marta Pineda al sector de Lovaina a mediados de la década de los años treinta (por el año 1936 aparece el apodo de Pintuco en informe de control profiláctico de la Secretaría de Salud), cuando se establecieron en el sector unas casas de diversión de diferente característica. 


“Las dueñas de casas de diversión no eran incultas o escandalosas. Por el contrario, se caracterizaban por su amabilidad y prudencia en el tratamiento a la clientela”. 


En este sentido, dice Orozco Guarín: 


“El periodista Vásquez Uribe destaca la popularidad alcanzada por “La Mona Plato”, Pola Vanegas, “La Polla”, Matilde, “La Rumbo”, “La Billú” (Bijou), “La Pipiola”, Ana Molina, y “La Pintuco”, entre otras cortesanas de esa primera época del esplendor de Lovaina”.


La cultura y buen trato a la clientela caracterizaron el sector, en contraste con lugares menos selectos.


Dice Orozco que algunos clientes llegaron al barrio Lovaina bien trajeados, con billeteras abultadas, y montados en lujosos vehículos, para convertirse tiempo después en viciosos callejeros de acera, mal vestidos, sin un peso, y sin patrimonio. En el testimonio que le dio Nora Jaramillo, residente del sector, aparecen apellidos prestigiosos de la ciudad como los Posada de Postobón, los dueños de Mora Hermanos, los Bedouts, los Echavarría textileros, congresistas, concejales, gobernantes. La crema y nata también pasó por esas calles probando las delicias de los pecados ocultos, y el artículo de Reinaldo Spitaletta detalla que donde Marta Pineda se reunieron los políticos que sentaron las bases de lo que sería el Frente Nacional para poner fin a la violencia política del país.


Entre los personajes legendarios del sector Orozco relaciona con detalles a Raúl Mora de la Hoz, hijo calavera de don Jesús Mora Carrasquilla, que solo iba a su casa “y al Club Unión” a buscar dinero para seguir gastando en las calles de Lovaina.


Dice Bombazos:


“Diferente a lo que dicen algunos, después de que la matrona Marta Pintuco Pineda se instaló en el sector de Lovaina, no se movió más de allí, y esto desvirtúa la afirmación de que tuvo negocios cerca de la fábrica de Pintuco; aunque sí se supo de otra señora de nombre Marta Rojas que también fue proxeneta y tuvo su centro de operaciones en ese lugar… Nada qué ver con la Marta Pintuco de Lovaina… Marta Pintuco Pineda fue una de las propietarias de lenocinios que se negaron a abandonar a Lovaina cuando el decreto 517 del alcalde Peláez obligó a muchas a emigrar al barrio Antioquia…”.


A propósito de Marta Pineda, La Pintuco, salió a relucir en este artículo el nombre de Aura “La Pipí” Cardozo y surge la pregunta: ¿Qué sería de ella? 


Simón Posada Tamayo en su artículo publicado en Universo Centro dice:


"En una ocasión, peleé con mi papá porque no me quería dar cuatro mil pesos para comprar un libro de Indiana Jones, y fue Aura Cardozo minutos después, sin que nadie se diera cuenta, quien me puso en la mano un billete enrollado de cinco mil pesos… Según me cuenta mi abuela, era desprendida y le pagó la universidad en España a un muchacho del que se enamoró; pero dice que no sabe qué pasó con Aura. La última vez que la vio, habitaba una casa enfrente de Policlínica; y vivía de arrendar habitaciones a inquilinos que le robaban cosas de su cuarto".


Casa de citas de La Pintuco (II),

Marta Rojas 

–En el barrio Colombia–

(Clle 29 con Cra 44, frente al Centro

Comercial Premium Plaza, antigua 

fábrica de pinturas Pintuco)


Muchos medellinenses de nueva generación afirman haber conocido a Marta Pintuco y haber visitado su casa del barrio Colombia, pero ignoran ellos que esa era otra Marta Pintuco, la segunda, y no la original. Esta Marta Pintuco era de apellido Rojas, y el apodo le vino por la fábrica frente a su casa cuya puerta de entrada, curiosamente, se conserva todavía del mismo color azul de metileno. No tiene placa en la entrada, pero se reconoce por estar situada en la esquina de la carrera 44 #28-36, que ocupa la empresa Plastextil en la Avenida 29 (Pintuco).


Doña Marta Rojas tenía su negocio en el barrio Colombia desde antes de que le acomodaran el apodo de Pintuco, pero su residencia en el barrio Estadio por los lados de la canalización, en el sector ubicado entre los edificios Obelisco y Fratelli, hasta que por los años se cansó de seguir batallando con muchachas díscolas y optó por cerrar, coincidiendo con la necesidad de don Levi y don Natanael Srebrenica Chaikiu, dueños de Plastextil, de adquirir el pedazo que faltaba para completar la propiedad de toda la manzana. Firmaron promesa de compraventa, y dicen las lenguas maledicentes que vieron al par de señores salir orondos de la casa de Marta Pintuco. Adquirida su propiedad, tumbaron paredes por dentro y solo dejaron la puertecita azul, que continúa como en los tiempos de esplendor, aunque ya no se ve el timbre en la puerta para los visitantes.


Hemos visto, por testimonio del periodista Octavio Vásquez Uribe, que el apodo de La Pintuco para Marta Pineda en el sector de Lovaina proviene desde mediados de la década de los años treinta. Entonces, ¿De dónde proviene el mismo apodo para doña Marta Rojas en el barrio Colombia?


Según contó don Gustavo Rodas Isaza a su nieto Julio César la casa de lenocinio del barrio Colombia existe desde principios de la década de los cuarenta, aunque no sabemos si ya desde entonces era propiedad de doña Marta, o de otra persona. 


En la historia de la fábrica Pintuco se reseña que:


"Para los años 40, don Germán Saldarriaga del Valle ya era un hombre de negocios consolidado, y fue entonces cuando, junto a su hijo Alberto y con el respaldo de la multinacional Grace & Cía., fundó en 1945 la Compañía de Pinturas Colombianas S.A., conocida como Pintuco. El objetivo era claro: dejar de importar pinturas desde Estados Unidos y Europa, y producirlas en Colombia, generando empleo e innovación. Nace Pintuco de la mano del paisa para pintar la industria nacional en una época en la que el país dependía casi por completo de productos importados para el sector de acabados y construcción, y Pintuco representó un cambio de mentalidad. En 1952, la compañía lanzó la primera pintura mate base caucho, una revolución para el consumidor local. En 1954, construyó la primera planta de lacas nitrocelulósicas del país, lo que la posicionó como líder en tecnología de pinturas".


Esto nos lleva a deducir que la fábrica construida en el barrio Colombia en 1952 le cambió el nombre a la matrona Marta Rojas, pero su negocio ya existía desde años antes.


Sin embargo, en el cruce de testimonios sobre esta matrona salió a relucir la aclaración de Hugo Bustillo diciendo que: 


“Yo conocí a esa otra señora, muy bonita por cierto, que se apropió del apodo de Marta Pintuco en el barrio Colombia, pero ella tenía realmente el nombre de Elisa y se lo cambió para adoptar el nombre de Marta Pintuco, por razones de mercadeo”.


En resumidas cuentas


Cuando le hablen de Marta Pintuco, haga la precisión de si se refieren a la de apellido Pineda en el barrio de Lovaina; o a la de apellido Rojas en el barrio Colombia. 


Son dos, y no hay que confundirlas.


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 20 de julio de 2025

285. De los pandequesos mangarranchos de Guarne a los tirudos de La Ceja

Hola, jóvenes:

 

Hay cocinas regionales y hay panaderías regionales. Los antioqueños, que nos autodenominamos “paisas”, como apocope de paisanos, denominamos parva a los productos de panadería que en otras partes llaman amasijos y son artículos de repostería pequeños para acompañar el coffee break de los gringos o el tea time de los británicos. El coffe break y el tea time equivalen al refrigerio, la media mañana, las medias nueve, las once, o el algo que llamamos los paisas.

 

Danos hoy nuestro pan de cada día…”. En el principio, era el Verbo; después fue el pan, y luego el pandequeso.

 

Me meteré en camisa de once varas porque voy a hablar de un tema que no conozco sino con el paladar, tratando de describir las texturas de unos productos que sé degustar pero no sé explicar.

 

Mi abuela paterna Dolores Toro de Ramírez, la abuela Lola, era de La Ceja, de esas señoras que llaman “cejeña de pura cepa”. Era panadera, y tenía un horno hecho de ladrillos de barro cocido, con leños ardiendo y llamas incandescentes. Cuando abría la puerta de hierro para meter o sacar las bandejas, en medio de ese frío neblinoso que hacía en La Ceja del Tambo por esos tiempos de andar enruanados y despidiendo vaho al hablar en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, se dejaba venir una bocanada de aire caliente que golpeaba y hería la piel. Había que guardar prudente distancia si uno no estaba acostumbrado, y no se podía manipular la bandeja sin los guantes de cuero protectores para tomar las varillas atizadoras del fuego. Las roscas de pandequeso de la abuela Lola eran apreciados por los consumidores de la parroquia.

 

El pan, lógico, se hace con harinas. De las diferentes harinas dependen la textura y el producto como tales. Hay harinas de trigo, harinas de maíz, harinas de yuca, harinas de sagú, harinas de achira, y seguramente otras harinas de uso en las panaderías del mundo. Los denominados panes de queso, por tener el queso entre sus ingredientes, son hechos con queso denominado costeño, cuya característica es ser duro, deshidratado, salado, fácil de rallar y moler para formar pequeños gránulos de textura harinosa, o arenosa para ser más precisos, porque se parece más a la arena de la playa que al fino polvo de talco de la industria cosmética.

 

Los pandequesos de la abuela Lola, a los que denominaré “pandequesos cejeños”, por ignorar cuál sea su apropiada denominación, tenían la característica de que la textura de la masa interior al paladar era “tiruda”, “chiclosa”. Después descubrí que algunos los llamaban “campesinos tradicionales”. Como es obvio, es esta la variedad que más me gusta porque me trae recuerdos de niñez. Aclaremos que los pandequesos tienen la corteza firme, dura, mientras que la masa interior es la blanda que acabo de describir.

 

Muy parecida es la textura del pandebono valluno, con la diferencia de que la forma no es de rosca sino de bola. De corteza un poco dura, y de masa chiclosa. Similar al pandebono es la almojábana, que se consume principalmente por los lados de Soacha en Cundinamarca.

 

Hay una variedad de pandequeso similar al “cejeño”, pero que se le denomina “santarrosano” por ser característico de Santa Rosa de Osos. La diferencia con el cejeño es que la masa no es tiruda sino harinosa.

 

El pandeyuca es una especie de pandequeso, pero hecho con harina de yuca. Su corteza es dura, y su masa crocante.

 

Las roscas de sagú (harina que se saca del fruto de este árbol) también son de textura harinosa.

 

El pan con queso tiene queso entre sus ingredientes, pero puede tener rellenos de arequipe, bocadillo, o de quesos sabanero tipo pera, o siete cueros.

 

Estas explicaciones son muy simplistas y aproximadas, y posiblemente inexactas e inconsistentes. No están escritas para pasar el examen de los panaderos de profesión. Seguramente habrá variantes como, por decir algo, que quizás haya almojábanas vallunas, almojábanas costeñas, almojábanas cundinamarquesas, con seguramente variaciones de textura y de sabor derivadas del cambio de ingredientes en la preparación. De hecho, la panadería no es invento nuestro sino que nos llegó por parte de los españoles transmitida de boca en boca y de mano en mano. Tampoco la inventaron los españoles porque la realidad es que de la panadería puede decirse, con toda razón, que es universal; aunque hay un indicio que nos dice que el hombre no la inventó o descubrió sino mucho después de haber aprendido a decir mamá, papá, agua, o río. Eso se deduce porque estas palabras suenan de manera parecida en los idiomas latinos (inglés, francés, alemán, portugués, italiano, español), mientras que las palabras para designar el pan suenan distinto en esos idiomas que provienen del antiguo indoeuropeo.

 

No sé mucho de esos asuntos de panadería, pero sí sé qué pandequesos me saben bueno, y qué pandequesos no; y he aprendido que para ser panadera una persona tiene que tener lo que llaman “buena mano” o “buen humor”. Hay algunos que amasan la harina con levadura y la ponen en el horno, pero el producto “no sube”, se queda aplastado; mientras otros hacen lo mismo, con los mismos ingredientes y de la misma forma, y el producto resulta esponjoso. “Es el humor”, me dijo alguno, “porque el sudor de todas las personas no es el mismo, y hay sudores muy fuertes que apestan el pan que amasan, como también hay otros que acaban un par de zapatos en par pisadas debido a su fuerte y corrosivo humor”. Eso es muy cierto, como me dijo algún otro, “e inclusive, una misma persona no tiene el mismo humor todos los días, ni tiene el mismo humor en todas las horas. Hay unos que amasan mejor la harina por la mañana, y otros la amasan mejor en horas de la tarde”. Son trucos de los que yo no tenía ni idea hasta que pregunté. Preguntando se sabe.

 

Y, precisamente preguntando, le envié el borrador de este correo al historiador Hugo Bustillo Naranjo para que me pillara los gazapos antes de que salgan al aire y levanten polvareda, y él gentilmente me hizo el aporte de un pandequeso desconocido por mí:

 

Resulta, hombre Orlando, que en la tierra de Guarne, donde sacan un aguardiente tapetusa reconocido, hacen también un pandequeso de sabor agrio o medio vinagroso al que llaman `Pandequeso mangarrancho´. Es un producto muy de allá”.

 

Busqué información al respecto en Internet, y solo encontré una frase de referencia pero no encontré el soporte de origen de ella, por lo que me limito a copiar textualmente lo que aparece en la portada de ese grupo de Facebook denominado Fotografías Antiguas de Guarne. Sobre una vieja fotografía que allí aparece, comenta la señora Gilma Cano:

 

Qué les parece. Ahí es donde queda el punto de encuentro, que antes era un hueco y allí vendían mangarranchos, que eran unas roscas aplanadas pero con…”.

 

No di con el comentario completo, pero con eso es suficiente para saber que los pandequesos mangarranchos de Guarne son recordados por lo menos por dos personas: el historiador Hugo Bustillo Naranjo, y la guarneña Gilma Cano.

 

Antes de pasar al siguiente párrafo me parece pertinente aclarar que es una caranga. En el diccionario se encuentran los sinónimos de “chinche, alepato, jelepate, talepate, telepate” para ese insecto parásito que pica (muerde) muy fuerte porque con sus patas se aferra tenazmente a la piel del huésped y le chupa toda la sangre que puede. Cuando el bicho se siente atacado, se hace el muerto para mermarle al ataque, pero en cuanto siente que lo van a desprender de su alimento se aferra con más fuerza y no hay poder humano que lo saque de ahí. Los campesinos solo consiguen librarse del animalejo acercándole la llama de un cigarro o cigarrillo para quemarlo. Es la única forma de quitárselo de encima, pero deja herida y cicatriz que dura escociendo por varios días.

 

Encuentro en el libro “La paremiología en las obras de Tomás Carrasquilla”, de Gonzalo Cadavid Uribe, que en algún texto este escritor costumbrista hizo referencia a las carangas resucitadas “que pican muy duro” y son personas que vienen de abajo y por algún golpe de fortuna se ven arriba, y entonces, como dicen, “ya no hay trapito con qué cogerlas”:

 

“Tanto terciopelo y tantas pieles, tanto té y tanta bambolla, para volver a los alpargates y al mangarrancho de la montaña. Las gentes que nacen entre la ceniza, entre la ceniza deben quedarse toda la vida: caranga resucitada no pelecha”.

 

O sea que, después de tantas vueltas, a la larga las viejas esas se cansan de los zapatos maltratadores y se cansan de la repostería fina para volver al mangarrancho o pandequeso maluco. Ahí sí, como dicen, “Maluco también es bueno”.

 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

 

miércoles, 15 de mayo de 2024

284- José A. Morales nació en El Socorro, nació en Tocaima, nació en Guaduas, dónde nació

Dice Reiner María Rilke que la verdadera patria es la infancia, pues los recuerdos de infancia son los que marcan los apegos y el sentido de pertenencia.


El lugar de nacimiento de algunos personajes suele ser fortuito o coincidencial, y en muchos casos difiere del lugar donde la madre vivió la gestación, de donde la criatura vio la luz primera, o de donde creció. 


Según algunos, el compositor Agustín Lara no nació en la ciudad de México, ni nació en la ciudad de Veracruz, sino que nació en el pueblo de Tlacotalpan en el sureste del estado de Veracruz. Eso es posible pero, al parecer, él siempre se sintió veracruzano y no tlacotalpanense.


No se sabe a ciencia cierta si Carlos Gardel nació en Tolousse o nació en Tacuarembó, pero lo que sí se sabe fue que pasó su niñez y su adolescencia en Buenos Aires, por lo que a la hora de la verdad Gardel era argentino.


El argentino Julio Cortázar, es bien sabido, nació en Bélgica donde su padre era diplomático. Vivió y murió en Francia, pero siempre consideró que su patria era el país de la Argentina donde vivió los primeros años.


El poeta colombiano Carlos Castro Saavedra aparece como nacido en Medellín, pero se duele el profesor cisnereño Édgar Herrera Morales de que el poeta no reconociera que él nació propiamente en ese municipio del Magdalena Medio. Sus razones debe tener el profesor para afirmar tal cosa, pues en esos tiempos no era raro que familias de Medellín, con residencia en la capital departamental, pasaran largas temporadas vacacionales en sus fincas de tales regiones.


El prócer colombiano José Félix de Restrepo Vélez es considerado envigadeño, aunque en honor a la verdad su familia vivía a orillas de la quebrada La Doctora en lo que hoy es el municipio de Sabaneta. Sin embargo, por circunstancias que desconozco, su madre gestante lo llevó en su vientre a lomo de mula, y él nació a orillas de la quebrada La Iguaná en terrenos de la Otrabanda del río Aburrá. Para acabar de completar, en ese tiempo los bautismos de Sabaneta, Envigado, y la Otrabanda, eran registrados en la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, en pleno centro de Medellín, y es aquí donde se encuentra registrada dicha partida.


Igual sucede con el prócer Francisco Antonio Zea (Juan Francisco Antonio Hilarión de Zea Rodríguez y Díaz del Mazo), que fue gestado en Santa Rosa de Osos donde su padre ocupaba un puesto público, pero nació en Otrabanda cuando su madre venía para Medellín. Dice Fernando González que: 


[Ni siquiera nació en Medellín, ni es de allá, el negociante en relojes ingleses en el Orinoco, el gran Hilarión Rodríguez, alias Francisco Antonio Zea. Fue que su mamá lo parió en Otrabanda, cuando venía preñada de Santa Rosa de Osos].


Manuel Mejía Vallejo nació en Jericó, pero fue gestado en Jardín. Dejó testimonio de ello:


[Habitábamos territorio jardineño. En Jericó había nacido mi madre y a caballo me llevó en sí misma. Por ese hecho nací en Jericó. Tengo pues, dos nacimientos, dos camas primeras, dos casas iniciales, y me gozo de tener dos pueblos como cuna].

(De Confesiones de un escritor)


Otro personaje cuyo lugar de nacimiento se presta a controversia es el compositor José A. Morales (José Alejandro Morales López), bautizado en Tocaima (Cundinamarca) como hijo de madre soltera por doña Dolores López, porque seguramente el padre biológico Marco Tulio Morales no quiso dar en ese momento su apellido a la criatura, que fue criada en la hacienda San Roque de El Socorro (Santander) y por ello se consideró siempre socorrano e hizo uso del Morales que en principio le había sido negado por el papá. Resulta que su lugar de gestación y nacimiento no fue El Socorro, ni fue Tocaima, sino una humilde casa del municipio de Guaduas en Cundinamarca, y ahí se aplica la estrofa de los hermanos Ana y Jaime Valencia: 


No importa dónde se nace, 

ni dónde se muere, 

sino dónde se lucha”.


A PROPÓSITO DEL GRAN COMPOSITOR

JOSÉ A. MORALES

Revista Eje 21.com

Por Jaime Rico Salazar


https://www.eje21.com.co/2013/09/a-proposito-del-gran-compositor-jose-a-morales/


Haciendo honor a la realidad histórica hay que decir, primero, que él no nació en El Socorro (Santander) el 19 de marzo de 1913; y, segundo, que esta fecha tampoco es la verdadera. No existe en ninguna de las iglesias de esa ciudad una partida de bautismo que certifique estos datos; y como afirma el señor Puno Ardila Amaya en un artículo que escribió recientemente sobre Morales, “Solo una madre puede decir con certeza de donde es su hijo; y, además, la mamá es la única que sabe quién es el papá”. 


Resulta que existe la partida de bautismo de José A., como veremos.


Las aguas bautismales


Su madre, Dolores López, lo bautizó en Tocaima (Cundinamarca) el 14 de septiembre de 1910, según consta en el siguiente documento, que dice: 


Arquidiócesis de Girardot – Parroquia de San Jacinto de Tocaima – Cundinamarca. Partida de bautismo Libro 26. Folio 10. José Alejandro López. En Tocaima a catorce de septiembre de 1919, bauticé solemnemente a un niño a quien nombré José Alejandro, hijo de Dolores López que nació el nueve de febrero. Abuelos maternos: Jesús López. Padrinos: Juan N. Galindo a quien advertí lo necesario. Doy fe. Obdulio A. Chala. Presbítero”. 


Este documento lo puede conseguir fácilmente cualquier persona en la parroquia de Tocaima. No es una invención.


La verdadera fecha


Pues bien, de acuerdo con la información que Dolores López, la madre de José A., dio a la parroquia de Tocaima, el niño nació el 9 de febrero de 1910. Esta es la verdadera fecha de su nacimiento, aunque no necesariamente haya sido el sitio en donde nació, ya que fue bautizado siete meses después de haber nacido. Y la madre tampoco quiso registrar en ella el nombre del padre: Marco Tulio Morales. 


José A. Morales escribió: “Socorro, ciudad a la que tanto amo y tanto le debo, ciudad que nutrió mi inspiración musical y me dio todo lo que actualmente soy. La que me enseñó a ser recto, grato y señor…”. Pero José A. nunca quiso decir el verdadero lugar de su nacimiento. 


La primera cédula que tuvo fue una hoja de papel que se doblaba en varias partes en forma de libreta, y a mano se llenaban los datos personales. La persona cuando se acercaba a registrarse, si carecía de una partida de bautismo, debía presentar un testigo que avalara su información. En esta forma consiguió José A. los datos para su primera cédula. Y allí figura el sitio real de su nacimiento, pero por razones que solamente él tuvo, lo tachó con una pluma estilográfica (en esos años no se habían inventado los lapiceros) y encima con su puño y letra escribió El Socorro. Este documento lo tiene Jaime Llano González, que fuera su gran amigo, y que le guardó ese secreto durante toda la vida. Hoy, desafortunadamente Jaime está muy delicado de salud y ya nada recuerda.


Su cédula de ciudadanía


Pensé que la tarjeta decadactilográfica que tiene la Registraduría del Estado Civil me sacaría de esta incertidumbre, pero nada conseguí. Su cédula de ciudadanía fue expedida el 9 de diciembre de 1961 (con el Nº 17.023.192) y, por supuesto, figura allí como nacido en El Socorro el 19 de marzo de 1913. En ella figura además Marco Tulio Morales como su padre, y Dolores López como su madre. También quedó constancia en esta ficha que estos datos fueron obtenidos de su cédula anterior: la Nº 2.280.741 que tenía para identificarse antes de 1961. Este número de cédula es el que figura en su Partida de Defunción (la tiene Sayco). Curiosamente este mismo número lo consulté con la Registraduría y me encontré con una gran sorpresa, pero no la que buscaba. Esta cédula corresponde actualmente (en el año de 2013) a la de un ciudadano de Ataco, Tolima. Definitivamente no entiendo por qué, teniendo una cédula, le fue cambiada por otra con un número diferente; y que la anterior continúe vigente y a nombre de otra persona. Que esto lo hagan hoy los malandrines que tanto abundan en este país no es raro, pero bien sabemos que José A. Morales fue un señor a carta cabal, un caballerazo honesto y de conducta intachable. Estamos en el país del Sagrado Corazón de Jesús.  Pero hay muchas cosas más.


El cobro de las regalías


Después de que él murió averigüé con Sayco a quién le pagaban las regalías de sus canciones, y me informaron que las primeras regalías le fueron pagadas a un hermano de José A. por el director de Sayco en esos días, el compositor pastuso Raúl Rosero. El señor Rosero vivía entonces en Miami y hasta allá fui a buscarlo. Me contó que, como no sabían a quién hacerle este pago, pusieron una información pública para que se hicieran presentes las personas interesadas. Se presentaron dos personas: un hermano que vivía en Guaduas, y una hija natural, nacida de un amor que tuvo en su juventud, que se llama Josefina (Fue vecina mía en Bogotá en la década de los años 60, y es muy posible que ya haya fallecido). Hoy creo que han cambiado las leyes, pero de acuerdo con la legislación colombiana de entonces el beneficiario legal directo era su hermano, y para pagarle el dinero Raúl Rosero tuvo que viajar a Guaduas y localizarlo, para verificar su parentesco real. Lo encontró viviendo en una casita muy humilde, en medio de una gran pobreza, y entonces él le manifestó: “Esta casita era de nuestros padres y aquí también nació José Alejandro…”.


Tratándose de un testimonio tan directo, no creo que quede alguna duda acerca del lugar de su nacimiento. José Alejandro no tuvo nunca un recuerdo amable que lo atara a esta población y por esa razón nunca quiso darle el crédito. Sí se lo dio a El Socorro, porque fue el pueblo que lo vio crecer y desarrollarse como señor, como músico y compositor. Es muy razonable su actitud. Pero debemos tener en cuenta que históricamente no nació allí. Y la gente lo debe saber y aceptar…]


Según esto, José A. Morales no viene a ser socorrano, donde se crio; ni tocaimuno, donde fue bautizado; sino de Guaduas en Cundinamarca, donde fue gestado y nació en una humilde casa.


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


viernes, 23 de junio de 2023

283 Café Alaska, un reducto tanguero de Manrique en Medellín

CAFÉ ALASKA, UN REDUCTO TANGUERO DE MANRIQUE EN MEDELLÍN

Por Orlando Ramírez-Casas (Orcasas)

Medellín, junio 24 de 2023

(En esta fecha se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento del cantor Carlos Gardel en esta ciudad, y hemos querido hacer un homenaje al tango en la persona de Gustavo Rojas Zapata y su emblemático establecimiento de este tradicional barrio de Medellín. No es una sorpresa para él, porque el borrador fue sometido a la revisión suya y de su esposa con el fin de corregir errores, hacer precisiones, y adicionar datos. Espero que el resultado sea del agrado de los lectores).


Cosas del destino


Fue cosa de abuelos, y de esas cosas que los abuelos llaman el destino. Gustavo no lo supo, pero cuando nació ya venía planillado para convertirse en dueño y señor de un lugar emblemático del predio donde nació, donde vive, y donde al parecer algún día se va a morir. No conoce otro lugar. No quiere vivir en otro.


Natalia tampoco supo que del lugar adonde su madre Patricia la llevó en el vientre, desde meses antes de ella nacer, dependía también su destino que era algún día hacer compañía al amor de su vida.


Gustavo nació el 19 de diciembre de 1959, y cuando nació Natalia el 16 de agosto de 1977 él ya era un hombre de dieciocho.


Don Francisco Rojas, el abuelo de Gustavo, hizo un apartamento en la parte de atrás de su vivienda, y resolvió alquilarlo. Dice Gustavo que:


“La casa del abuelo quedaba cerca de la iglesia del Santo Sepulcro, que es esa que se ve allá arriba, a una cuadra de aquí”.


No era fácil alquilar, puesto que la entrada del inquilino era por su propia puerta, atravesando la sala, pasando por el comedor y la cocina. No cualquiera podía ser admitido a vivir en ese lugar con acceso a la intimidad del hogar, pero se apareció su amigo Raúl Sarabia, un hombre viudo y con cuatro hijas, de las que Patricia la mayor estaba embarazada de Natalia. A él le alquiló. Gustavo, de dieciocho años de edad, se hizo amigo del inquilino de su abuelo, y de sus hijas, y estuvo entre los que al nacer la niña se acercaron a felicitar a la madre y a desearle parabienes a la criatura. No recuerda haberla cargado en brazos, pero sí haberla mirado durmiendo en la cuna.


Natalia tenía quince años cuando nació Lorena Rojas Salazar en el año de 1992. Lorena es la única hija de Gustavo, pero la relación con la madre no perduró porque era otro el destino del padre. Por esos mismos días Natalia había cumplido nueve años y cuenta que:


“En 1987 yo tenía unos diez años y Gustavo, que nació en diciembre de 1959, tenía veintiocho. A pesar de mi corta edad, yo lo veía y me parecía atractivo. Un hombre serio y trabajador. Desde entonces me llamó la atención y cuando pasaba por la acera frente al café para hacer los mandados de la casa, me gustaba verlo trabajar tras el mostrador”.


Así se conocieron, pero la versión de él difiere. Hay dieciséis años de diferencia entre uno y otro encuentro.


“Un día del año 2008 estaba yo frente a un puesto de venta de helados en aquella acera del frente por la 45, y la joven que lo atendía me pareció muy atractiva. Pregunté quién era ella, y el amigo con quién estaba me contestó que era Natalia, la hija de Patricia Sarabia”.


¿De Patricia Sarabia? ¡Quién iba a pensarlo!


“Conocí a Natalia cuando era una bebé de brazos, y ahora está hecha toda una mujer”.


Fue entonces el momento en que el destino los juntó; o, para mejor decir, ya los había juntado en tiempos de los abuelos.


No se puede torcer al destino


El destino de Gustavo Rojas Zapata, nacido en el barrio Manrique donde ha vivido toda su vida, está ligado a sus grandes amores: su barrio, su negocio, y la mujer de su vida. Lo cantó Agustín Magaldi a dúo con Pedro Noda, música de ellos dos, y letra de Roque Corletto en el vals “Mis delirios” (No se puede torcer al destino, como débil varilla de estaño). Cantan Magaldi y Noda acompañados con guitarras.


A Gustavo y Natalia les sale lo de que no se puede torcer al destino, pero no lo del desprecio porque ella puso platónicamente sus ojos en él primero; y él los suyos en ella, después; pero lo suyo se convirtió en un amor correspondido.


Un médico llamado Juan Evangelista


El Dr. Juan Evangelista Manrique Convers (1861-1914) fue un médico cirujano precursor de la cirugía y de la anestesia raquídea en Colombia, pero es más conocido por la anécdota de que su paciente el poeta José Asunción Silva le pidió que le señalara en el pecho el sitio exacto donde tenía el corazón. El médico le puso el estetoscopio de Camman en el pecho para identificar los latidos, y con un lápiz dermográfico marcó con una cruz la ubicación del vital órgano. Al día siguiente Silva se hizo un disparo de revólver en el punto, y se despidió de este mundo.


El Dr. Manrique era un prestigioso médico, y entre sus pacientes tuvo al urbanista de Medellín Antonio J. Álvarez Carrasquilla, que con su hermano Manuel José, “Majalc”, compraron un amplio lote de terreno en los alrededores del sitio denominado Palos Verdes en Medellín (donde hay ahora una estación de abordaje del Metroplús). Los hermanos urbanizaron su lote con casas lujosas para la época de los años veinte, y como homenaje de agradecimiento al médico tratante de Antonio, y en recuerdo suyo, bautizaron la urbanización como Manrique.


Manrique, la urbanización que se convirtió en barrio,

luego en comuna, y desde siempre en un santuario 

tanguero de la ciudad


Al comenzar la década de los treinta el tango ya era popular en Medellín, y de ahí el interés por presentar en el Teatro Circo España al zorzal criollo Carlos Gardel entre el 11 y el 13 de junio de 1935, que luego viajó a Bogotá. Quince días después, en junio 24, el cantor volvió a Medellín en un vuelo que hizo escala técnica en la ciudad, con rumbo a Cali, y aquí fue el fatal accidente donde acabó su vida.


El interés por el tango y por Carlos Gardel se disparó con ese suceso, y Manrique se convirtió en un baluarte para los amantes de este género. La carrera 45, en particular, llegó a tener algo así como treinta establecimientos de cantina o bar entre Palos Verdes y Berlín, donde la música que se escuchaba prácticamente día y noche era el tango. Don Gustavo Rojas Zapata, el dueño del Café Alaska, rescata de su memoria los nombres de Cien guitarras, Central, D´Arienzo, Diamante, Oasis, Perlita, Social, Esquina del tango, Farolito, La cita, Los cuyos, Orfeón, Puerto nuevo, Río de oro, Niágara, Sorrento, Califa, La paz, El 33, Café Manrique, Templo del tango, Remolino, Victoria, Bajo Belgrano, Caló, Rincón de Buenos Aires, Los espejos, El trébol, Blanca y roja, La canoíta, La Casa Gardeliana…


Y, naturalmente, el Café Alaska donde estamos departiendo. 

(Gustavo Rojas delante del mostrador del nuevo Café Alaska, en el segundo piso)

Café Alaska del barrio Manrique, sitio 

emblemático de la tanguería en la ciudad


La denominación de café le viene no solo del nombre genérico para establecimientos de cantina con venta de licores, sino de la tradición de preparar en ese lugar “el mejor café tinto de la ciudad”, según solían alardear sus dueños y corroborar los parroquianos. Ellos no lo sabían, pero parte de su secreto se fundaba en el hecho de la gran demanda por parte de los vecinos que hacía desocupar la cafetera muy rápidamente obligando a hacer nuevas preparaciones de indudable frescura. El café, como es sabido por muchos, se oxida después de una hora de preparado, a la manera de una manzana después de partida, y adquiere un sabor amargo que le resta calidad. En el Café Alaska no ocurre tal cosa.


Cuenta Gustavo que el Café Alaska ha estado siempre en la misma esquina de la carrera 45 con la calle 79, y tuvo cuatro dueños (don Jesús Antonio Villa Ríos, don Manuel Melgarejo, un señor Ramírez, un señor Zapata) antes de ser propiedad de don Luis Eduardo Cardona Giraldo, que fue el quinto dueño del negocio propiamente dicho. El local siempre fue ajeno, con otros dueños, pero el negocio funcionó allí pagando alquiler. En 1996 don Gustavo Rojas empezó a colaborar con don Luis Eduardo cubriendo sus descansos, y en 1998 tomó el lugar en subarriendo. Al fallecer Cardona en el año 2002, la propiedad pasó a ser de Rojas. El café quedaba en el primer piso, pero cuando el propietario del local montó una panadería y construyó el segundo piso, Gustavo lo tomó en arrendamiento para seguir con el negocio del café.

(Café Alaska en el antiguo primer piso)

Muchos personajes han pasado por el lugar, y ya hay 

muchos cuyo espíritu ha estado deshaciendo pasos


Las paredes del sitio están llenas de fotografías de personajes que han estado en este lugar, junto con un mosaico o mural de los que “No hay heridos, todos están muertos” con el que el Alaska recuerda a sus difuntos. Hay otro mural con un mosaico fotográfico que recuerda a los parroquianos que sorprendió la cámara durmiendo la bebeta.

(Café Alaska en el nuevo segundo piso)

Por lo menos cinco o seis periodistas han pasado por sus mesas tomando apuntes para otros tantos artículos de prensa, tomando fotografías, tomando videos. Con seguridad muchos nombres se quedan por fuera, pero en particular Gustavo Rojas recuerda personajes que lo han visitado, muchos de ellos haciéndose sus amigos: Reinaldo Spitaletta, Memo Ánjel, Juan José Hoyos, Guillermo Zuluaga, Juan Gonzalo Torres Osorio, Mauricio López Rueda, Henry Ney Córdoba Bustamante, Juan Camilo Orozco Uribe, Teresita Gómez, María Cristina Toro, Sandra Luna, Luis Alirio Calle, Jairo Alarcón, Asdrúbal Valencia, Ana Saeki, Rodrigo Pareja Montoya, Leonardo Nieto, Víctor Bustamante, Luz Marina Jaramillo, Juan Manuel Serna, Oscar Domínguez, Alonso Salazar, Sergio Fajardo, Ricardo Aricapa, Carolina Ramírez y su hermano Luis Ovidio, Andrés Falgás, Oscar Larroca, Omar Orestes Corbatta, Jorge Guillermo, Leonardo Pastore, Hernán Malagoli, Sebastián Bolívar…


“Y Julio Martel, al que vi acercarse una tarde caminando en compañía del Charro José Manuel Moreno, sin imaginarme que venían para acá”.


No estoy seguro de que Gustavo reconociera la fisonomía de Martel en la distancia, pero la que sí tenía grabada en la memoria era la del futbolista Charro Moreno, porque Gustavo es hincha furibundo del Deportivo Independiente Medellín (DIM), el equipo poderoso de la montaña, lo que pregona en carteles colgados de la pared:


“Si viene a hablar mal del DIM, 

procure que su visita sea corta”.


También visitan el lugar muchos coleccionistas y estudiosos musicales pero, dice Gustavo:


“El coleccionista tiene el inconveniente de que lo pone a uno a trabajar más con la búsqueda de los temas de su interés, pero consume menos licor y ese no es el negocio”.


Ricardo Aricapa en su crónica “La 45 de Manrique” para el periódico Vivir en el Poblado escribe que:


https://vivirenelpoblado.com/la-45-de-manrique-cronica-8/


[A lo largo de la carrera 45 del barrio Manrique, bautizada Avenida Carlos Gardel por Acuerdo Municipal, en las 20 cuadras que van de la calle 66 a la 86 hay, bien contados, 307 establecimientos de comercio y servicios, casi todos de tamaño garaje. Se encuentra de todo: 42 almacenes de ropa, 28 tiendas de variedades y cacharrerías (una se llama Gardel), 12 almacenes de bolsos y zapatos, 9 de perfumes y productos de belleza, 7 de peluches y piñatas, 13 de otro tipo de objetos, 28 discotecas y tabernas, 20 barberías y peluquerías, 19 tiendas de barrio, 17 cafeterías y negocios de comida rápida, 13 panaderías (una se llama Gardel), 12 expendios de carnes, 10 restaurantes (uno chino), 10 ventas de helados, 9 droguerías, 8 ópticas y consultorios médicos, 8 puestos de Apuestas Gana, 7 tiendas para mascotas, 7 prenderías, 7 establecimientos financieros, 6 ferreterías, 5 mercados de autoservicio (uno se llama Súper Gardel), 6 tiendas de rancho y licores (una se llama Gardel, a secas), 5 casinos, 4 papelerías, 4 billares, 3 tiendas naturistas, 2 depósitos de materiales, y un solo bar de tangos: el Alaska que, aferrado a su pasado, como desafiando el tiempo, sobrevive como mejor puede en su esquina de la calle 79… Y esta vía es más viva aun las noches de viernes y sábado, pero solo en un tramo de cuatro cuadras: de la calle 69 a la 72, donde se apiñan 24 discotecas y tabernas… El tango mismo también se marchitó, hasta casi desaparecer de la 45. Los bares se acabaron, no solo por la inseguridad. Eran bares atendidos por sus propietarios, que se envejecieron y se cansaron de nadar contra la corriente, entonces cerraron y se fueron y no hubo quién los reemplazara. Solo el Café Alaska queda en pie, resistiendo; como sigue en pie la estatua de Gardel, que ya nadie voltea a mirar]


El nombre de Alaska le viene al sitio desde el inicio en el año de 1937, sin que se sepa la razón de tal bautizo, aunque Gustavo le oyó a decir a Jairo Restrepo lo que tal vez sea verdad o tal vez sea solo una leyenda, y es que cuando la Estación Medellín del Ferrocarril de Antioquia quedaba en cercanía del Bosque de la Independencia (hoy Jardín Botánico) la mayor parte del actual Manrique eran mangas despobladas que recibían el viento frío proveniente de Guarne y de Piedras Blancas, y los pasajeros que venían de tierra caliente entraban a tomar café quejándose de que hacía más frío que en Alaska. Podrá ser cierto, o no, pero a falta de otras explicaciones esta leyenda es aceptable.


En los comienzos el Alaska funcionaba con tocadiscos, y los discos eran traídos de Argentina o comprados en otras ciudades. Don Luis Eduardo compró el primer piano o rocola para discos de 45 rpm, y Gustavo tuvo luego un equipo para escuchar Lps, discos de 78 rpm, y casetes de una colección que creció y creció.


Dice Juan Camilo Orozco que en algún momento la colección virtual del Café Alaska estaba compuesta por 38.457 tangos. El dato debió dárselo el mismo Gustavo que dice:


“Pero ahora aprovecho la tecnología de la música bajada de Internet, y de recursos como el de bluetooth, porque facilitan mucho el trabajo que antes era tan dispendioso”.


No fue fundador, pero sí el mandamás

durante más de medio siglo


Don Luis Eduardo Cardona nació en 1934 en el municipio de San Rafael, “pero se vino para Medellín por culpa de una decepción amorosa”. El joven llegó al barrio Campo Valdés donde conoció a Fanny Parra Muñoz “que entonces tenía sólo 12 años de edad”. Se enamoró de ella, y esperó apenas el tiempo suficiente para que el matrimonio no fuera calificado de corrupción infantil; matrimonio que duró hasta que vino la muerte a llevárselo y dejó viuda a la mujer. Al llegar a Medellín, don Luis Eduardo tenía algún modo económico, lo que le permitió adquirir el negocio del Café Alaska en el que sus predecesores habían fracasado. Por medio siglo estuvo en su poder. 


(Don Luis Eduardo Cardona, propietario por más de medio siglo)

Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer


Lo dijo el humorista Groucho Marx, pero en ello no hay humor sino una verdad muy seria. En el caso de Gustavo, la gran mujer que es su apoyo, ayuda, y compañía, es Natalia Grisales Sarabia, la mujer de su vida.


Le preguntamos. Natalia, ¿Y te gustan los tangos?


“Por mi abuelo, y por mi madre, a mí me gustaron los tangos desde niña; pero después, al lado de Gustavo, me empezaron a gustar más porque él me enseñó de títulos, de cantantes, de orquestas, y ahí sigo aprendiendo porque el tango es muy extenso. Eso es cierto, pero lo que verdaderamente nos gusta oír cuando estamos juntos por fuera del negocio, son las canciones de Joan Manuel Serrat”.

(Gustavo y Natalia, detrás del mostrador en el nuevo segundo piso)

El tango ha llevado a Gustavo dos veces a la Argentina, Chile, y Uruguay, cosa que no se soñaba cuando a los quince años empezó a gustar de este género musical que antes odiaba por asociarlo con la vida bohemia y de borrachos, hasta que un día su padre don Alonso Rojas le dijo a doña Marta Zapata que pusiera atención a la letra del disco que iba a poner en el tornamesa Pioneer que había comprado para la casa. El muchacho escuchó, y puso atención. Era “Disfrazado”, cantado por Agustín Magaldi. Gustavo se conmovió hasta las lágrimas, y a partir de ahí se fue interesando hasta que le llegó a gustar.


Gustavo fue el mayor de los hijos del matrimonio Rojas Zapata. Los otros son Elkin Darío, ya fallecido, y Olga Ester. Marta Lucía completa el cuarteto.


Disfrazado” fue el primero, pero ¿Qué otros tangos te gustan especialmente?


“Si hablamos de títulos, más de mil. Si hablamos de cantantes, más de cien. Si hablamos de orquestas, más de cincuenta. Es difícil escoger solo unos pocos”.


Difícil sí es, pero entre anotación y anotación surgieron títulos de la preferencia de Gustavo como decir un par de docenas que forman el ranking o top de la lista siguiente en el que ninguno puede calificarse de trillado, y apenas dos o tres pueden ser reconocidos por el público general y se necesita ser un conocedor para identificarlos. He puesto por delante de la lista unos que tienen una característica apreciada por Gustavo y es que dentro de su letra hacen alusión a otro tema del repertorio tanguero. Esa es una curiosidad. De estos temas puede haber varias versiones, pero las de la lista anexa son las preferidas de su selección.


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

Junio 24 de 2023

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LAS CANCIONES DE GUSTAVO ROJAS EN EL CAFÉ ALASKA


1- Diez años pasan


(Tira su ganzúa la garúa de abril, borra las esquinas la neblina sutil…)


[Tango. Letra de Cátulo Castillo; Música de José Razzano]


–Interpretado por Francisco Fiorentino con Orq. de Astor Piazzolla–


–Dentro de la letra se menciona “Sus ojos se cerraron” de Carlos Gardel–


https://www.youtube.com/watch?v=xgoAw_4_oLw


2- Aquel viejo tango


(Mientras que la orquesta seguía tocando aquel viejo tango que se canta así…)


[Tango. Francisco Bohigas/Roberto Giménez (L); Ángel Danesi/Antonio Arcieri (M)]


–Int. Ángel Vargas con Orq. de Armando Lacava–


–Dentro de la letra se menciona “Mamita” de Carlos Gardel–


https://www.youtube.com/watch?v=uyqgVmCrU5c


3- Chapaleando barro


(La angustiosa tristeza de aquel ciego que el pobre Carriego lo hiciera inmortal…)


[Tango. Celedonio Flores (L); Arturo Castillo (M)]


–Int. Lita Morales y Horacio Lagos con Orq. de Edgardo Donato–


–Dentro de la letra se menciona el poema “Te fuiste” de Evaristo Carriego en el que se alude a la costurerita que dio aquel mal paso, y al ciego que llora su tristeza inconsolable–


https://www.youtube.com/watch?v=oq5U9mVJEHY


4- Betinotti


(En el filo de la noche la barriada se entristece… Van surgiendo del olvido las mentas del payador)


[Milonga. Homero Manzi (L); Sebastián Piana (M)]


–Int. Ignacio Corsini con guitarras–


–En la letra se menciona “Pobre mi madre querida” de José Betinotti–


https://www.youtube.com/watch?v=wx5jwDajKW0


5- Giuseppe el zapatero


(Tarareando La Violeta, don Giuseppe está contento…)


[Tango. L. y M. Guillermo del Ciancio]


–Int. Enrique Campos con Orq. de Ricardo Tanturi–


–Dentro de la letra se menciona “La violeta” de Carlos Gardel–


https://www.youtube.com/watch?v=Y3QYjVaB7X0


6- La violeta


(…Cuando vino con otro, encerrado en la panza de un buque…)


[Tango. Cátulo Castillo (L); Nicolás Olivari (M)] 


–Int. Carlos Gardel con guitarras-


https://www.youtube.com/watch?v=MQxvSFTNjT4


7- Bien bohemio


(Soy amigo del que tiene una pena o un dolor, a los necios los desprecio, no ambiciono sus riquezas, y con tal que por el vidrio de la ventana de mi pieza pueda mirar una estrella. Nada más le pido a Dios… Yo he cenado muchas noches con un verso de Carriego…)


[Tango. Sara Reiner (seudónimo de Reinaldo Yiso) (L); Ernesto Rossi/Juan Pomati (M)]


–Int. Julio Sosa con Orq. de Francisco Rotundo–


https://www.youtube.com/watch?v=Mcp4D3U1bPM

8- Culpas ajenas


(Volvió de nuevo a mi barrio tal vez condolido y un poco más viejo, aquel que de los muchachos era el más querido, era el más travieso…)


[Tango. Jorge Curi (L); Ernesto Ponzio (M)]


–Int. Carlos Gardel con guitarras–


https://www.youtube.com/watch?v=0DRM4U0rEkM


9- Desdén


(El día que comparezca ante el tribunal de Dios a dar cuenta de mi vida que me complicaste vos…)


[Tango. Mario Batistella (L); Carlos Gardel (M)]


–Int. Carlos Gardel con guitarras–


https://www.youtube.com/watch?v=HXd9uEoTrCM


10- Ausencia


(En medio del silencio que me da la ausencia viene a aturdirme… me asalta el miedo de morir sin vos…)


[Tango. Mario César Gomila (L); Alberto Castellanos (M)]


–Int. Mario Pomar (seudónimo de Mario Corrales Mac-Micking) con Orq. de Osmar Maderna–


https://www.youtube.com/watch?v=3cpnHM3IhaU


11- Desconsuelo


(Ha golpeado en nuestras vidas el dolor, la casa se silenció sus ruidos, y en la mesa familiar que nos unió, tu sitio se quedó vacío, hermano…)


[Tango. Carlos Bahr (L); Héctor Artola (M)]


–Int. Juan Carlos Casas con Orq. de Pedro Laurenz–


https://www.youtube.com/watch?v=g6vkvxdbQkc


12- Como abrazado a un rencor


(Esta noche para siempre terminaron mis hazañas… Yo quiero morir conmigo, sin confesión y sin Dios… crucificado en mis penas, como abrazado a un rencor…)


[Tango. Antonio Miguel Podestá (L); Rafael Rossi (M)]


–Int. Fernando Díaz con Orq. de Francisco Lomuto–


https://www.youtube.com/watch?v=US8iwwroPkw


13- Claudinette


(Distancia de tu voz, que ya no está, mi pobre Claudinette, en sueño vano…)


[Tango. Julián Centeya (seudónimo de Amlieto Enrique Vergiati) (L); Enrique Delfino (M)]


–Int. Héctor Mauré con Orq. de Juan D´Arienzo–


https://www.youtube.com/watch?v=ATk_IZnUtRc


14- Dónde estás


(Todo es en mi vida una mentira, que te niega y que suspira por volverte a acariciar. Miento cuando muestro indiferencia siempre que alguien se recuerda de tu nombre al conversar…)


[Tango. Carlos Bahr (L); Manuel Sucher (M)]


–Int. Jorge Durán con Orq. de Carlos di Sarli–


https://www.youtube.com/watch?v=voGJ2n1EBXE


15- Otra vez


(Vuelvo a tu lado otra vez, porque me falta valor para enfrentar los años…)


[Tango. José María Contursi (L); Jorge Argentino Fernández (M)]


–Int. Jorge Omar con Orq. de Francisco Lomuto–


https://www.youtube.com/watch?v=RwjCviCNuc8


16- Lo mismo que antes


(La vi esa tarde vestida de blanco, pasó sin mirarme tan cerca de mí. ¿Cómo es posible? La quise tanto…)


[Tango. José María Contursi (L); Ciriaco Ortiz (M)]


–Int. Roberto Rufino con Orq. de Carlos di Sarli–

https://www.youtube.com/watch?v=bBTBViSDfeg


17- Viejas alegrías


(Noche de silencio, noche cruel. Llegan los recuerdos en tropel…)


[Tango. Enrique Cadícamo (L); Charlo (seudónimo de Carlos Pérez de la Riestra) (M)]


–Int. Charlo con Orq. de Francisco Canaro– 


https://www.youtube.com/watch?v=QnUMS-62IFQ


18- Por unos ojos negros


(Cuando clavaste tus ojos en mí, un misterio fatal presentí… Por unos ojos negros, no tiene paz mi vida…)


[Tango. Horacio Sanguinetti (L); José Dames (M)]


–Int. Roberto Florio con Orq. de Francini-Pontier– 


https://www.youtube.com/watch?v=f2zkeokNkhg


19- Rubí


(Ven no te vayas, ¿Qué apuro de ir saliendo?...)


[Tango. Enrique Cadícamo (L); Juan Carlos Cobián (M)]


–Int. Jorge Cardozo con Orq. de Juan Carlos Cobián–


https://www.youtube.com/watch?v=uv8_9tKbNDk


20- Anoche


(Anoche, mi amor, anoche te vi pasar sin dolor con otro querer…)


[Tango. Cátulo Castillo (L); Armando Pontier (M)


–Int. Carlos Casado con Orq. de Armando Pontier


https://www.youtube.com/watch?v=PEYAXrUJ5dg


21- Aquí parado en la esquina


(Parado aquí en esta esquina, cual si buscara querencias…)


[Tango. Alfredo Bigeschi (L); Rafael Rossi (M)]


–Int. Mario Alonso con Orq. de Francisco Canaro–


https://www.youtube.com/watch?v=oii7uRSryXM


22- Vida triste


(En la extensión del campo desolado canta un boyero sus cuitas de amor…)


[Tango. Alfredo Faustino Roldán (L); José Servidio/Luis Servidio (M)]


–Int. Ricardo Herrera y Fernando Reyes con Orq. Enrique Rodríguez–


https://www.youtube.com/watch?v=f_HMFkZSayk


23- El cantor de Buenos Aires


(Soy aquel cantor del arrabal, jilguero criollo que pulsó la humilde musa de percal…)


[Tango. Enrique Cadícamo (L); Juan Carlos Cobián (M)]


–Int. Roberto “Polaco” Goyeneche con Orq. de Raúl Garello–


https://www.youtube.com/watch?v=HNEUfRYBDgQ


24- El cielo en tus ojos


(Desorientado, rota la fe, en el calvario de mi vida te encontré…)


[Tango. Francisco Bohigas (L); Francisco Pracánico (M)]


–Int. Roberto Rufino con Orq. de Carlos di Sarli–


https://www.youtube.com/watch?v=3C3_oN2NY24


25- El milagro


(Nos habían suicidado los errores del pasado, corazón…)


[Tango. Homero Expósito (L); Armando Pontier (M)]


–Int. Alberto Podestá con Orq. de Francini-Pontier–


https://www.youtube.com/watch?v=4nuEPtvPW3w


26- La última cita


(Pasó la sombra cruel de una duda, y en el romance de amor clavó el dolor su zarpa ruda…)


[Tango. Francisco García Jiménez (L); Agustín Bardi (M)]


–Int. Jorge Casal con Orq. de Florindo Sassone–


https://www.youtube.com/watch?v=UAF1qlKb3u0


27- Mis delirios


(No se puede torcer al destino como débil varilla de estaño…)


[Vals. Roque Corletto (L); Agustín Magaldi y Pedro Noda (M)]


–Int. Magaldi y Noda con guitarras–


https://www.youtube.com/watch?v=E8Y75O3SRG4


28- Disfrazado


(Esta noche por lo visto, cuántas luces encendidas, qué armonioso se presenta el bonito carnaval…)


[Tango. Alejandro da Silva (L); Antonio E. Tello (M)]


–Int. Agustín Magaldi con guitarras–


https://www.youtube.com/watch?v=TjQH9pgB2qM