martes, 28 de enero de 2014

13 Café para dos, entre el amor y el desamor

El 26 de enero de 2014 falleció el escritor mexicano José Emilio Pacheco Berny. Tan pronto leí la noticia, empezó a sacudirse mi memoria ¿En dónde había visto yo ese nombre recientemente? Ya sé en dónde, pero no es él. Es su paisano y homónimo el compositor Emilio Pacheco Ojeda, que nació a finales del siglo XIX y vivió a principios del siglo XX, compositor de aquel tema que hiciera conocer la voz de Gutty Cárdenas (Sin saber que existías, te deseaba; /y antes de conocerte, te adiviné. /Llegaste en el momento en que te esperaba… /No hubo sorpresa alguna cuando te hablé).

Presentimiento”, bolero con música de Emilio Pacheco Ojeda y letra de Pedro Mata Domínguez, interpretado por Lucho Ramírez:

Es recurrente en la música popular el tema del destino, bendito destino, que junta dos corazones; como recurrente es que el destino, el cruel destino, una vez los ha juntado procede a separarlos (Cuando, cuando llegaste, /sólo encontraste alegría en mi corazón /y cuando tú me besaste, /¿Cuántas malvadas caricias pudiste fingir? /Ahora, que te arrepientes, /dejas mi vida deshecha sin Dios y sin ley. /Vete, mejor, vete y no vuelvas jamás. /No quiero volverte a mirar, /déjame en paz):

Déjame en paz”, bolero con letra y música de Luciano Miral, interpretado por María Luisa Landín:

Era ese, pues, el tema que nos ocupaba la semana pasada por cuenta del reburujo que los socios de Acme, la asociación caleña de coleccionistas y melómanos, hacía en el baúl de los recuerdos con el bolero que han interpretado tantos cantantes, entre ellos Daniel Santos y Bienvenido Granda, los dos emblemáticos de la Sonora Matancera (Desde el instante en que llegaste /a mi vida, /sentí en el alma una pasión /enloquecida /que me atormenta /y no me deja ya vivir /sin sentir tu amor. /Tenerte siempre /a mi lado /yo quisiera /para calmar esta ansiedad /que me devora /y me consume. /Si no me quieres, yo no sé /qué será de mí…):

Al fin llegaste”, bolero con letra y música de Luis “Neno” González Valdés, interpretado por la Sonora Matancera con Bienvenido Granda (1er. corte) y con Daniel Santos (2º corte):

Inspirados en esa expresión de “¡Por fin llegaste!” sus propietarios han bautizado un restaurante cafetería en la vía Ravignani del barrio Palermo en Buenos Aires (Argentina), como muy a propósito para uno sentarse en una mesa para dos a esperar a su pareja y a tomarse dos o tres café tintos mientras da miradas nerviosas al reloj y los fumadores salen a la acera a prender un pitillo dos o tres veces antes de que aparezca una afanada sonrisa con la inocente pregunta de “¿Me demoré mucho?”.

Por allá habrá que ir algún día para ver cómo es la cosa de tomar un café para dos (Porque has de saber que yo /no puedo vivir sin ella. /Sus caricias son… tan bellas /¡Mozo, café para dos!”).

Café para dos”, tango con letra y música de Francisco Canaro, interpretado por Alberto Arenas con la orquesta del autor:


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

lunes, 27 de enero de 2014

12 USA, primer presidente Gay

Hablando de la botella de whiskey escocés que la Reina Isabel II de Inglaterra (no confundir con la tátara Reina Isabel II de España) regaló al Papa Francisco, me he encontrado con esta curiosidad. 


Sir James Buchanan se hizo famoso desde la década de los 80 del siglo XIX por fabricar un whiskey escocés que llega hasta nuestros días con su nombre. 


Sir James Buchanan 
(agosto 16 de 1849 – agosto 9 de 1935)

Pero no es éste destilador el James Buchanan que fue presidente de los Estados Unidos, son distintos.

Siempre hay una primera vez; y cuando el Cardenal Wojtyla fue elegido Papa, era la primera vez en 600 años que un cardenal no italiano llegaba a esa posición. Ahora el Santo Padre es un latinoamericano, y es la primera vez que tal cosa sucede en la Historia. Recuerdo la conmoción cuando John F. Kennedy fue electo presidente de los Estados Unidos. Se trataba del primero (y hasta ahora el único) presidente católico en esa nación predominantemente protestante. El presidente Barack Obama es el primero y único presidente negro de ese país, lo que era impensable tan sólo en los días en que mataron a Martin Luther King. No dudo que llegará el momento en que una mujer sea nombrada presidente, y ya Hillary Clinton y Sarah Palin apuntan a sentarse en la silla presidencial de la Casa Blanca. Dentro de poco ellas o alguna de sus congéneres lo logran. A Richard Nixon lo tumbaron las chuzadas de Watergate, cosa que no había conseguido el dicen que dicen, pero con tanto correveidile con el asunto de los matrimonios entre homosexuales ha de llegar el día en que alguno consiga el máximo honor, y en ese caso sería el primero… ¿O tal vez el segundo?


Mr. James Buchanan, presidente gay 
(abril 23 de 1791 – junio 1º de 1868)


De estar vivo, el presidente Buchanan estaría cumpliendo 223 años  de edad el próximo 23 de abril pero murió y, para cuando murió, ya era viudo del poder y del corazón. Nada es eterno en el mundo. No hay felicidad completa, Mr. Buchanan.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

martes, 21 de enero de 2014

11 Llora llora corazón (Angustias)



“Llora, llora corazón; llora, si tienes por qué; que no es delito en el hombre llorar por una mujer…” (Luis Gálvez Ronceros, Perú).

El vals peruano “Llora, llora, corazón”, también titulado “Angustias”, fue popularizado entre nosotros por el ecuatoriano Julio Jaramillo, y ha sido atribuido erradamente al compositor peruano nipondescendiente Luis Abelardo Takahashi Núñez (nacido en Ferreñafe, Perú, en 1927). Lo grabó, entre otros, Julia Rosa “Carmencita Lara” Capistrán García:


Ese vals no es de Takahashi, y la confusión parte de que él compuso un vals titulado “Angustia” (Cuando tú no estás quisiera llorar. No puedo vivir sin verte…), lo que puede deducirse del trabajo biográfico titulado “Ferreñafe: Luis Abelardo Takahashi Núñez”, que el licenciado Juan Alberto Chunga Espinoza publica en Monografías.com, donde aparece esta “Angustia” y no la que grabó Carlos Gardel con el mismo título de “Angustias – Llora, llora corazón”:


El disco grabado por Gardel fue atribuido en letra y música al argentino Horacio Pettorossi, pero tampoco es de él. La primera grabación de Gardel fue hecha en Buenos Aires en 1933 acompañado de las guitarras de Horacio Pettorossi, Guillermo Desiderio, Domingo Ángel Riverol y Domingo Julio Vivas, y tiene la curiosidad de que en él Gardel hace la primera voz y también hace la segunda, cantando a dúo consigo mismo, en una recursiva ingeniosidad de los técnicos de grabación de los tiempos en que no existía la tecnología multipistas que hay en la actualidad.

Carlos Gardel a dúo consigo mismo:

Una segunda grabación de Gardel salió en octubre de 1935 en Nueva York, a una sola voz y ritmo más lento, prensada varios meses después de que él la hubiera dejado grabada y cuando ya había muerto.

Carlos Gardel a una sola voz:

Ese vals no es de Pettorossi, como fue atribuido; y tampoco es un tango, como suele decirse de todo ritmo que se graba en Argentina; en lo que cae el estudioso peruano Darío Mejía en el blog “Criollos peruanos en el mundo”, que puede verse en el siguiente enlace:


De allí tomo la siguiente cita escrita por Darío Mejía en carta dirigida a Alfredo Grados relacionada con el ritmo del tondero que procede del norte del Perú:

Ya que he nombrado a "Los Cuyuscos", voy a tocar algo relacionado con ellos… sobre el tango "Angustias" que Carlos Gardel grabó el 18 de septiembre de 1933 en Buenos Aires, en que figura el argentino Horacio Pettorossi como autor y compositor del mismo. Hay un vals peruano muy conocido, "Llora, llora, corazón", cuya letra es idéntica a la del tango "Angustias" y, guiado por aquella grabación de Gardel, leí que… el original es el tango y no el vals. Escarbando documentos por aquí y por allá, encontré que en la edición No. 1106 de "El Cancionero de Lima", de 1936, se publica la letra del vals "Llora, llora, corazón", que formaba parte del repertorio de Celia Miller cuando actuaba en la radio Grellaud. La canción figura allí como vals. Oscar Flores Calderón, en "Historia y belleza del criollismo", Lima 1990, señala que "Los Cuyuscos", en 1894, imponen en Lima los tonderos y entre esa fiebre que crearon introdujeron también la letra del vals, que dice:

"Llora, llora, corazón
llora si tienes por qué,
que no es delito en el hombre
llorar por una mujer."

Flores Calderón se equivoca con el año, puesto que fue en 1922 cuando "Los Cuyuscos" triunfaron en Lima. Pero la cosa no queda allí. En el cancionero "Alta Voz" del 27 de enero de 1940, Aurelio Collantes denunció que el triste norteño "Llora, llora, corazón", al cual le habían dado ritmo de tango, figuraba como de autores gauchos en su versión de tango. El comentario que hizo Collantes a inicios de 1940 viene a coincidir con lo que Oscar Flores Calderón señaló, de que "Llora, llora, corazón" es una canción originaria del norte del Perú que fue traída a Lima por "Los Cuyuscos", donde le dieron ritmo de vals y, en Argentina, le dieron ritmo de tango adueñándose de ella un compositor gaucho. Solamente falta encontrar algún documento, publicado antes de 1933, donde figure "Llora, llora, corazón" para que se reconozca de una vez su origen peruano y no gaucho... espero encontrarlo en octubre, cuando visite nuevamente Lima, si es que alguien más no lo encuentra antes o ya lo tiene. Otrosí, he decidido compartir estos comentarios con otras personas puesto que sé que entre ellos hay gente muy entendida en el tondero, la cual ha investigado mucho en el tema y, quizás, deseen hacer llegar su opinión. Lo poco que yo pueda saber sobre el tema lo he descubierto mientras investigaba sobre otros temas y lo comparto porque esos datos le pueden servir a los que sí han profundizado mucho al respecto. Saludos.
  
Dario Mejía
Melbourne, Australia

P.D.
Para los que no lo conocen, Alfredo Grados es un peruano que vive en Sydney, Australia, y con el cual he tenido el gusto de intercambiar pareceres e información ya que él también es un apasionado de nuestra cultura e historia... así que desde Australia llegan estos comentarios sobre nuestro bello tondero.

El vals “Angustias” (Llora, llora corazón) no es de Pettorossi, ni es de Takahashi. Entonces, ¿De quién es? Pues, según Raúl Álvarez Russi ese vals cajamarquino tiene música de Carlos Casanova y letra de Luis Gálvez Ronceros:

Por 1925 debuta en el Teatro Nacional de Buenos Aires un conjunto folklórico cuzqueño bajo la dirección del músico Desiderio Rojas, quienes divulgaron las notas de un triste cajamarquino “Llora Corazón”, original de Luis Gálvez Ronceros y Carlos Casanova. Impresionado por la melancólica melodía, Gardel la acondicionó para un vals, siendo éste su segundo vals peruano grabado.


http://www.buenosairesantiguo.com.ar/carlosgardel17.html

Este vals lo encontré grabado a dúo por una mezzosoprano peruana, cuyo nombre desconozco, haciendo la segunda voz y con la primera voz de la legendaria soprano Yma Sumac:


Y hasta aquí lo que he recabado sobre el inolvidable vals que refuta el machista dicho de que los hombres no lloran y defiende aquello de que:

“Llora, llora corazón; llora, si tienes por qué; que no es delito en el hombre llorar por una mujer…” (Luis Gálvez Ronceros, Perú).

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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sábado, 18 de enero de 2014

10 Ginecodetective de misterio

Si a mí me dicen que una señora caleña se fue de visita a un zoológico de California y al acercarse a la jaula de los leones un león se dejó venir a abrazarla y a darle lametazos, esa no me la creo ni por el chiras. No me la creo, porque ese es un cuento increíble que no tiene credibilidad… pero ¡fue cierto! Vi el video con mis propios ojos:


Cuando un circo pobre se quebró en Cali en una correría por Colombia, y no sabían qué hacer con los animales, ella se hizo cargo de un cachorro de león y lo crió bajo sus cuidados hasta que estuvo demasiado grande como para tenerlo de mascota en casa, por lo que el zoológico de California aceptó hacerse cargo del animalote e integrarlo a su plantilla de fieras enjauladas. Tan pronto el león vio a su nodriza por entre los barrotes, la abrazó y la atosigó a lametazos de agradecimiento.

Una historia puede ser verdad, pero contada de manera no creíble; o puede ser ficción, contada de manera creíble. La base de la literatura es la credibilidad, ya se trate de ciencia ficción, de novela rosa, o de cuentos de misterio. Por imposible que a uno le parezca que un niño procedente de un planeta de alguna lejana galaxia llamada Krypton aterrice en el planeta Tierra y se convierta en un Clark Kent dotado de superpoderes, la cosa se puede contar literariamente si se cuenta de manera creíble.

Para escribir su libro “El contrasueño -historias de la vida desechable”, acerca de los que duermen en las aceras del barrio Guayaquil cobijados con periódicos, comen sobrados, y se drogan aspirando pegantes químicos; el periodista Carlos Sánchez Ocampo se fue a Guayaquil ¡a convivir con indigentes! No me consta que hubiera hecho todas estas cosas, pero que durmió con ellos, durmió; y que comió de los sancochos de leña que ellos hacían a la orilla del río en viejas latas de pintura, comió; y por eso su libro tiene credibilidad. Nada de lo que cuenta en él es inventado. Todo es vivido.

A Modesto Piraquirá le enseñó su tía a leer las cartas y la ceniza del tabaco, y empezó como adivinador de éxito en el vecindario, pero resolvió irse a otra ciudad a montar la oficina del Profesor Mandukan que se convirtió en su profesión y le dio prestigio como numerólogo de juegos de azar. “¿Y eso de Mandukan por qué, hombre Modesto?”. Imperturbable, como siempre, contestó: “Porque un Modesto adivinando la suerte no tiene credibilidad, pero un profesor Mandukan sí”. Sabia respuesta que revela un profundo conocimiento de la sicología humana y de los adivinocreyentes.

Ese profundo conocimiento del tema escogido es indispensable, ya se trate de don Mario Escobar Velásquez escribiendo sus Historias de Animales y metido en el pensamiento de una marimonda, de Julio Verne escribiendo sus viajes a la luna como si fuera un astronauta de los que viajaron años después, o un ginecólogo paisa al que le ha dado por escribir en sus ratos libres novela negra y emular a Ágatha Christie, a Georges Simenon, y a Arthur Conan Doyle; no desmereciendo frente a ellos en la descripción de sus personajes porque sus personajes tienen credibilidad, ese ingrediente sine qua non de la literatura.

Decía don Mario Escobar Velásquez, nuestro profesor en los talleres de escritura literaria, que en literatura no se dice de un hombre que es valiente sino que se le muestra ejecutando actos de valentía. Así es que no voy a decir que el ginecólogo Dr. Emilio Alberto Restrepo Baena es un buen escritor de novelas sino que voy a compartir con ustedes este fragmento que él ha montado en su blog, capítulo titulado “Técnicas de malevaje”, que hace parte de su libro “La milonga del bandido” del género denominado novela negra en la que los paisas lo tenemos a él como digno representante. Me descresta el conocimiento de esas técnicas por parte de un ginecólogo más familiarizado con otros campos del conocimiento humano que con los trucos de atracadores y estafadores callejeros, pero se las ingenió para pensar como piensan esos sujetos y me intriga, Dr. Restrepo, imaginar cómo diablos lo hizo. ¿Se metió a convivir con maleantes en algún período de vacaciones? ¡Hummm, intelesante, muuuyyy intelesaaaanteee!, como diría el investigador chino de radionovela Chang Li Po.

La milonga del bandido”, novela, Emilio Restrepo Baena. Capítulo “Técnicas de malevaje”:

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


viernes, 17 de enero de 2014

9 Celina y Reutilio ¡Santa Bárbara bendita!

La discoteca Lucky 77, que quedaba en la variante de Las Palmas, rumbo al Hotel Intercontinental de Medellín, subiendo a mano izquierda en cercanías del Estadero La Sombrilla, quizás recibió su nombre del año en que fue fundada, o del año en que la suerte visitó a los afortunados propietarios. Fue un afamado lugar de las rumbas nocturnas de la ciudad por los días de principios de agosto de 1985, que eran los años de apogeo de la era pabloescobariana y algunos medellinenses tenían dinero para gastar a manos llenas. Medellín vivía un momento similar al que vivieron en Sicilia, Italia, por los días de la Camorra; similar al que vivió Chicago, por los días de Al Capone; similar al que vivió Cali en la primera década del 2000; y similares a los que está viviendo México en este momento. Son días difíciles, pero magnificados por las noticias de prensa para la que no era noticia destacar que por esos días se estaban presentando en “La Tranquera” de Medellín los Hermanos Arriagada, pero en su presentación no pasó nada aparte de que se ganaron el aplauso del público.



Claro que, dice la leyenda, por la década de los años 80 también estuvo en Medellín Roberta Close, un travesti brasileño de cara bellísima y cuerpo escultural tan perturbadores que resultaba ser más mujer que cualquier mujer. Una cosa como esas no es noticia en la actualidad, pero en esos parroquiales años ver algo así era todo un espectáculo. Según se dijo, la discoteca Lucky 77 lo trajo por esos días para presentarlo a una clientela que pagó muchos billetes por verlo en vivo y en directo. Roberta Close tenía un inconveniente: no era cantante, ni declamador, ni músico, ni bailarín, ni futbolista, ni modelo de pasarela, ni hacía strip tease. Nada. No sabía hacer nada. Fuera de su espectacular belleza femenina metida en cuerpo ajeno, no tenía nada más que mostrar. Cualquiera puede imaginarlo. Una bella mujer, elegante y voluptuosamente vestida, parada ante el micrófono para saludar en portugués a la audiencia y agradecer la oportunidad que le dan de haber venido por estos lados en esa noche. El murmullo recorría las mesas (“increíble, quién iba a pensarlo, cualquiera diría que es una mujer, nadie creería que es un hombre”, y cosas de esas), pero en una clientela tan heterogénea no falta alguno de genio atravesado, y apareció alguien que, pistola en mano, apuntó a la cabeza de la vedette y lo increpó “Para ver si en realidad es hombre o mujer se tiene que bajar los panties ya mismo. Necesitamos ver qué tiene debajo de los panties”. Y fue así como Roberta Close, muerta de miedo ante los ojos expectantes de la audiencia, dejó ver la verdad. “Nada del otro mundo”, según dijo alguno de los asistentes al salir.  Tal hecho no salió en la prensa, y sólo pueden corroborarlo los que estuvieron allí esa noche. No se sabe de ninguno en particular, pero la leyenda se regó de chismoso en chismoso por las vías del voxpopulismo.



Celina González, la esposa de Pascual Reutilio Domínguez, enviudó en 1971 pero le quedó como herencia su hijo Lázaro Reutilio que la siguió acompañando en sus presentaciones del dueto Celina y Reutilio. La primera vez que estuvo en Colombia, según reseña el periodista Oscar Hernández Monsalve en su entrevista para El Colombiano publicada el 22 de agosto de 1985, fue en el Festival de Orquestas de la ciudad de Cali en 1984. La última vez fue en la Feria de Cali del año 2010, donde le hicieron un homenaje de gratitud, según registra el periódico El País de esa ciudad:

Sólo flores y reconocimiento se llevó la compositora cubana Celina González el 27 de diciembre de 2010 en La Matraca. La acompañaron su orquesta Yaré, su hijo Lázaro Reutilio, y la orquesta Gloria Matancera. Los asistentes se gozaron el homenaje”.



A sus 82 años Celina ya no cantaba y se movía en una silla de ruedas, y era su hijo el encargado de continuar con la tradición artística de la familia, papel que él desempeña desde la muerte de su padre.

El 21 de agosto de 1985 el periódico El Colombiano de Medellín, y el 22 el periódico El Mundo, publicaron un pequeño aviso publicitario en el que se anunciaba la presentación del dueto “Celina y Reutilio”:

De Cuba, con sabor
CELINA Y REUTILIO
y su combo
Jueves 22 de agosto
Único día
Jardín Botánico 7 pm.
Venta de boletas Hotel Nutibara local 101
Teléfono 241 77 63
Valor $500

En la página de espectáculos de El Colombiano del día 22 la Discoteca Lucky 77 publicó un anuncio con su logotipo característico y una fotografía del grupo musical:

Cañonazos y más cañonazos
En su gran discotec Lucky 77
CELINA Y REUTILIO
y su gran Combo...


Además de otro aviso destacado que anuncia que:

Hoy la rumba es con
CELINA Y REUTILIO
y su conjunto Campo Alegre
Jardín Botánico 7 pm. con la participación de “La chirimía callejera”…

Dos presentaciones, pues, estaban anunciadas para esa noche iniciando en el Jardín Botánico a las 7 pm. y rematando en la discoteca Lucky 77 de madrugada hasta que el cuerpo aguante.

Esta presentación discotequera fue noticia por la sencilla razón de que se armó una balacera que dejó cinco muertos y cuatro heridos, y Celina y su hijo se tuvieron que meter debajo del escenario a taparse la cara con los brazos y rogar a San Lázaro, a Changó, y a Santa Bárbara bendita que las balas no atravesaran las tablas. El Mundo, en su edición del domingo 25, titula la noticia “Santa Bárbara bendita, y empezó el tiroteo”; y en su edición de la misma fecha El Colombiano titula en la página 10 D: “5 muertos dentro de un estadero”, y trae la fotografía del aviso a la entrada de Lucky 77, fijando la hora de la balacera como las 4 de la mañana, ya para terminar la rumba de la noche el mismo día en que el periódico anunciaba una nueva presentación el día sábado, presentación que no pudo llevarse a efecto por los sucesos del amanecer del día 23.  El impacto del hecho sobre el establecimiento fue tal, que estuvo cerrado mientras se adelantaban las investigaciones, y un mes después dejó de funcionar. La noticia de prensa reporta más de 50 vainillas de disparos que fueron recogidas del piso por los agentes.

Años después, Celina contó en una entrevista lo de la noche en que ella y su hijo “volvieron a nacer”. Cualquiera pensaría que era otro mito de los que alimenta la leyenda popular, hablando de masacres y cosas por el estilo, en el que los protagonistas cada vez que cuentan la historia la agrandan y terminan siendo héroes de la jornada, inmunes a las balas, y justicieros del mundo. Pero las noticias de prensa confirman que el abaleo de esa noche fue verdad, y que cinco muertos en un lugar ya son masacre. Un par de años después Celina y Reutilio volvieron a Medellín para atender compromisos de trabajo, y aquí vivieron por espacio de seis meses en una casa cercana a las oficinas de Caracol en el barrio Laureles. “En el 2º piso de donde yo tenía mi oficina. Nos hicimos amigos y me invitaron a algunas presentaciones, enviándome saludos desde el micrófono a la mesa donde yo estaba sentado”, según dice el humorista John Jairo Pérez Ortiz, del grupo Loco-Loco y el Manicomio de Vargas Vil, que cambió su carrera de agroingeniero por la tarea de ganarse la vida con el humor. Él no estuvo allí en la madrugada de la balacera, pero Celina y Reutilio le confirmaron que el susto de esa noche no fue cosa de risa.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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miércoles, 15 de enero de 2014

8. Raphael en la Discoteca Kevins de Medellín

RAPHAEL EN LA DISCOTECA KEVINS DE MEDELLÍN

El 4 de febrero de 2015 falleció la cantante cubana Celina González Zamora, del dúo de Celina y Reutilio, y ya contamos lo de su visita a Medellín en el año de 1985 cuando con su hijo Lázaro tuvo que ocultarse bajo el escenario de la discoteca Lucky 77 porque se armó una balacera que dejó cinco muertos y cuatro heridos, episodio que los periódicos calificaron de masacre. “Ese día volvimos a nacer”, le dijo la cantante a la escritora cubana doña Mireya Reyes Fanjul, su biógrafa. Un mes después de la balacera, el propietario resolvió cerrar esa discoteca que competía con la discoteca Kevins que habían montado un par de kilómetros arriba.

Eran los días de las décadas del ochenta y del noventa cuando el inicio del negocio del narcotráfico en Medellín hacía correr dinero a manos llenas y los nuevos ricos se paseaban por las discotecas de La Rinconada, en Girardota; y de Kevins y Lucky 77, en Medellín; cuyas propiedades se atribuían a unos señores Ocampo y se volvieron de moda para los comerciantes del nuevo sector de la economía. En el medio se conocían don Santiago y don José “Pelusa” de ese apellido, que eran amigos pero no eran parientes. Uno de ellos montó a Kevins donde antes había quedado el estadero Las Lomas en la variante de San Diego con la vía que de los barrios Buenos Aires y Loreto conduce a la carretera de Las Palmas.

El cantante Raphael Martos, nacido el 5 de mayo de 1943 en Linares (España), grabó su primer disco al promediar la década de los 60, y a finales de los 70 estuvo en Medellín. A principios del mes de enero de 1983 estaba próximo a cumplir cuarenta años y era un cantante de fama mundial, cargado de contratos. El dueño de Kevins quería inaugurar su discoteca con su presentación, pero no fue posible por compromisos adquiridos en otras partes. Un mes después de inaugurada la discoteca Raphael volvió a Medellín, tras cinco años de su primera visita a la ciudad, y la discoteca anunció su presentación para los días 11, 12, y 13 de febrero de 1983.


"Yo soy aquel"

El cantante llegó al aeropuerto el 10 de febrero, y fue recibido por sus representantes artísticos en esta ciudad, que le brindaron atenciones antes del día programado. Llegaron a la discoteca recién inaugurada, y ocuparon una mesa con el fin de que el artista se familiarizara con el lugar de su presentación en los días siguientes, que en ese momento estaba lleno de clientes ansiosos de dejarse ver en el sitio de moda. En la semipenumbra, el cantante y sus acompañantes de la casa disquera pasaron desapercibidos en la mesa que ocupaban en la parte delantera, a un lado del escenario. Los bailarines azotaban el piso de la pista ubicada en el segundo nivel cuando el establecimiento se conmocionó porque en ese momento hizo su aparición el capo Pablo Escobar Gaviria, acompañado de una nutrida comitiva que ocupó las mesas reservadas para ellos. Ante los atónitos ojos del artista español que seguía de incógnito resguardado por el anonimato de no ser reconocido, la concurrencia prorrumpió en aplausos y fervientes gritos de “¡Pablooo, Pablooo, Pablooo, Viva Pablooo!” que opacaron al cantante como si el recién llegado fuera un ídolo artístico de mayor renombre que él.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

domingo, 12 de enero de 2014

7. Declárenme culpable (película Find me guilty)

No voy a hacer, ni puedo hacerlo, una apología de la maldad o una defensa de los mafiosos. Ni más faltaba. No pierdo de vista que para que un mafioso pueda comprar un jet ejecutivo para su uso particular cientos o miles de jóvenes han visto destruir sus vidas, presas del vicio que ese mafioso les proporciona.

     
Imágenes del vicio, un antes y un después
(Imágenes tomadas de Internet)

Acostumbrado a ver con ojos norteamericanos la Segunda Guerra Mundial desde los artículos de Selecciones del Readers Digest y las películas de Hollywood; fue para mí claro que los buenos eran los aliados, y los malos Alemania y Japón; hasta que cayó a mis manos la novela “El tren llegó puntual” del Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll, y descubrí que había otra forma de contar la Historia cuando uno está parado en otra orilla. El mundo se me puso de revés. 

Todas las novelas rosa parecen ser una recreación del cuento de La Cenicienta, ya se trate del viudo presidente de la compañía que se enamora de la joven recepcionista; o de la bella hija del dueño de la empresa que se enamora del humilde chofer. Para Hollywood los colonizadores del oeste siempre le ganan a los indios, y los indios son el enemigo. Elliot Ness es el policía que derrota a la mafia en los días de la prohibición de bebidas alcohólicas, donde los policías son los buenos y los de la mafia son los malos. El Padrino marcó una revolución en los estereotipos, mostrando a los malos de la mafia como hombres del común. Asesinos, pero hombres del común que tienen familia y quieren a los suyos. Eso fue algo inusual. Los productores de Hollywood han sacado variantes, como decir películas en las que los policías son corruptos y malos, mientras los mafiosos son gente buena que simplemente se gana la vida como puede. Cuando aparece la palabra fin, uno ya está más inclinado del lado de los mafiosos que del de los policías.



Otro tópico hollywoodense es el de David y Goliat cuyo ejemplo puede estar representado en el teniente Columbo interpretado por Peter Falk, un detective aparentemente despistado que anda en un carro destartalado, viste una vieja gabardina arrugada, y fuma tabacos apestosos; enfrentado al asesino, que suele ser un elegante y prepotente hombre de la alta sociedad asesorado por el más costoso pool de abogados, que cree haber cometido el crimen perfecto y menosprecia las capacidades investigadoras del hombrecillo que, a la final, termina por llevarlo a los estrados judiciales por algún nimio detalle que se había escapado a los investigadores en el momento inicial. En esta serie, David siempre termina por ganarle a Goliat. Pasa en las películas… pasa en TNT…

…Pasa en la vida real. Sólo que la vida real no es tan estereotipada, y he visto una película dirigida por Sidney Lumet en el 2006 y protagonizada por Mark “Vin Diesel” Vincent en el papel de Giacomo “Jackie” Di Norscio, un miembro de la familia Lucchese de la mafia italodescendiente de New Jersey, que ha pagado 17 años de cárcel en una condena a 30 pero la fiscalía del Estado le ofrece una reducción a cambio de que delate a los jefes de la organización a la que pertenece. Eso, como se sabe, sería quebrantar la omerta o ley del silencio, que obliga a la lealtad hacia los hermanos de la cosa nostra. Tal cosa se paga con la vida, pero no es la muerte lo que preocupa a este hombre fafarachero, problemático, prepotente, y provocador, sino una cuestión de principios: él no es un soplón. La fiscalía logra armar un expediente que pone en jaque a 20 de los principales miembros de la organización newyorkina, con lo que se vendrían abajo sus actividades delictivas. Cada uno de ellos se consigue el mejor abogado que pueden pagar sus bolsillos sin límite, mientras que Di Norscio despide al suyo porque ya le ha costado mucho dinero sin que varíe su situación de condenado a 30 años, y porque se acercó a él con la proposición de que aceptara el arreglo sugerido por la fiscalía. Un abogado así no conviene a sus intereses y para este momento él ya no cree en abogados por lo que sin ser abogado resuelve asumir la propia defensa con el argumento de que su situación no puede ser peor. Esto lo indispone con los hombres de la familia o clan Lucchese, que opinan que un hombre así está condenado de antemano, que si a él lo condenan esa condena compromete automáticamente al resto de los acusados, y que si él ha rechazado el abogado que ellos ofrecieron pagar está poniendo en peligro la suerte de todos. Los objetivos de este hombre van en contravía de los objetivos de ambas partes en este juicio. Las actuaciones de él en el estrado no pueden ser más chabacanas y fastidiosas, lo que posiblemente predispone a los jurados para emitir un veredicto de condena. Poco a poco, con sus métodos poco convencionales, este hombre solitario y sin asesoría jurídica va desmoronando uno a uno los testigos de la fiscalía y la va llevando a un desespero en el que todas las pruebas se desmoronan. En su declaración final ante el jurado, el hombre afirma que ya no tiene nada que perder y que se ha quedado sin familia, que se ha acostumbrado a vivir en una celda, y que con gusto se sacrifica para que los otros acusados puedan regresar al lado de los suyos, por lo que dice al jurado que él asume toda la culpa y le ruega, por favor, que lo declaren... ¡culpable! 

Casi dos años después de haberse iniciado el juicio, el jurado se retira a deliberar y en un tiempo récord, sin que hayan mediado sobornos ni presiones a los jurados o a los funcionarios del Estado, declara a todos los acusados, incluido Di Norscio, como ¡inocentes! No que lo sean, y eso lo saben todos, incluidos los jurados; sino que las pruebas presentadas son insuficientes y dejan abierta la compuerta de la duda razonable. Magistral. 

Un par de veces el actor usa como argumento que “yo no soy un gangster, a duras penas soy un dumpster”. No sabría decir el significado correcto de la frase en inglés, pero parece ser un juego de palabras entre el perteneciente o miembro de un gang o pandilla, y el humilde pote o recipiente de la basura. Durante el juicio se escuchó una frase usada por un testigo que es profesor universitario y afirma que “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Esa frase siempre se la he oído atribuir a Nicolás de Maquiavelo. Pues, ¡No! No es de Maquiavelo. Quién lo hubiera pensado. Es de Lord Acton, y esto sí que es una verdadera noticia, por lo menos para mí.

John Emerich Edward Dalberg-Acton, 1ᵉʳ Barón Acton, KCVO, conocido como Lord Acton, fue un historiador y político inglés. Es famoso por haber acuñado el famoso aforismo: El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Wikipedia

Desde el punto de vista de la actuación, o de la música, o de la fotografía, o de la dirección, o cualquier factor categorizado por la academia que concede los premios Oscar, la película no amerita nominaciones; pero si se tiene en cuenta que el guion está basado en un personaje de la vida real que en 1980 obtuvo su libertad y vivió para rehacer su matrimonio y cuidar de sus nietos sin tener que esconderse de la mafia ni de la policía, muriendo en su cama, sí es cosa de no te lo puedo creer y es esa la historia de un hombre que hizo venir abajo las prepotencias del sistema judicial norteamericano. 



En ese aspecto de los malos que sin trucos le ganan al sistema de los buenos, es una historia fuera de lo común; y Hollywood lo único que hizo fue contarlo de una manera creíble… Bueno, creíble sí, pero no sé cómo explicarlo… Se trata de un actor de origen italiano, que interpreta a un personaje de origen italiano. Dicen los que saben que el actor en la película habla el inglés con acento italiano. Sólo que en la estereotipada imagen que yo tengo de los italianos son ellos de sangre latina, fogosos, histriónicos, manoteadores, exagerados en sus reacciones y en sus emociones, sobreactuados, y no es eso lo que yo veo en esta actuación. En este aspecto falta tal vez verosimilitud y credibilidad. No sabría decir si esta película es eficiente, o efectiva, o eficaz.

Me cuesta trabajo entender la diferencia entre esas tres palabras y creo que, para hacerlo, tendría que cursar un módulo completo en la Facultad de Economía y Ciencias Administrativas. El Sr. Google, en mi caso, no ayuda mucho:

La eficacia se refiere a la capacidad de lograr resultados, conseguir los objetivos. La eficiencia, a la de lograr resultados con el mínimo esfuerzo o costo. La efectividad a la capacidad de lograr el máximo de resultados al mínimo costo. 

El productor se gastó US$13.000.000 en esta película, y sólo recaudó US$2.500.000. Desde el punto de vista económico yo diría que la película fue ineficiente. El director logró contar la historia de manera que el espectador entendiera lo que quería contar, y a mi modo de ver fue eficaz. No sólo logró contarla de manera eficaz, sino que desde sus primeras escenas capturó mi atención, y no quise despegarme de la pantalla para no perderme algún detalle importante, lo que quiere decir que por lo menos conmigo fue efectiva. 

La crítica la recibió mal y la academia también, por lo que sólo logró obtener una nominación al Globo de Oro y ninguna al Oscar. Los recaudos no cubrieron los costos de inversión, lo que significa que el público no respondió en las taquillas, lo que la convierte en un fracaso económico; pero a mí me tuvo dos horas pendiente de la pantalla y esto, a mi modo de ver, es ¡Todo un éxito! 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


jueves, 9 de enero de 2014

6 Hasta que la muerte nos separe (de la escueta realidad a la ficción literaria)

Hablemos de literatura. Algunas veces me han preguntado qué es la escritura literaria. Yo lo descubrí cuando escribí mi primer texto de largo aliento relatando peripecias de mi tatarabuela, mi bisabuela, mi abuela, y mi madre, y dándole una redacción que yo creía apropiada. Lo era. Como simple redacción, lo era, pero como escritura literaria… “Le falta”, dijo mi primo Javier, “para ser literatura le falta. Debes matricularte en uno de esos talleres de escritura literaria donde enseñan a escribir”. Fui entonces al taller de don Mario Escobar Velásquez en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid donde él me bajó de la nube y removió las bases de lo que yo creía que estaba bien redactado desde el punto de vista literario. “En literatura no se dice que un hombre es valiente”, me dijo don Mario, “sino que se le muestra ejecutando actos de valentía”. “Pero”, agregó, “en literatura un acto no se relata fielmente como ocurrió, sino que debe embellecerse con metáforas y figuras literarias. Los únicos que escriben las cosas tal como ocurren son los notarios”. Años después lo leí, si mal no recuerdo, en “Vivir para contarla”, la autobiografía del nobel Gabriel García Márquez: “Las cosas no son como sucedieron sino como uno las recuerda”. Claro que si uno se va al libro no encuentra esa frase sino otra que dice que “la vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda”, pero no se trata de ser textuales sino de recordar el sentido. Eso aprendí.

La literatura toma un hecho de la vida común, y con su creatividad lo embellece. Pongamos un ejemplo. El hecho cierto es que un duque, o conde, o barón terrateniente, sale de cacería y entra en una fonda cuya dueña tiene tres agraciadas hijas y una muchacha de servicio que, piensa él, bien bañadita y arreglada queda hasta de buen ver pero, sobre todo, sabe una cosa que las otras no saben: cocinar. Contra toda suposición, él le echa los perros a la del servicio y se casa con ella, convirtiéndola en dueña y señora de toda la heredad. Fin de los hechos. Cualquier día una pareja de hermanos literatos pasa por la fonda y se entera de lo sucedido. Escriben entonces la historia, la embellecen, la recrean, la adornan, y la convierten en un cuento clásico de la literatura universal: “La cenicienta”, de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm. Como ven, la literatura tiene apenas una lejana aproximación con la verdad puesto que, a la hora de la verdad, la literatura no se embellece con la verdad sino con la ficción; y la ficción, ya se sabe, ¡es pura mentira!


Pero, supongamos, un crítico de los alrededores que tiene un primo que es compadre de la suegra de un amigo del vecino del médico del poblado donde está situada la fonda, conoce detalles que lo hacen sabedor de la verdad. “No hay tal príncipe”, dice, “puesto que el cazador era apenas un conde”. “Y la tal cenicienta era bajita y regordeta, y estaba hasta picada de viruelas”. “Y el conde no era apuesto sino un hombre del común que ya iba para viejo y solterón, con una grave afección de hemorroides que hizo que su esposa tuviera que hacerle lavados con hierbas por el resto de la vida”. En resumidas cuentas, vino el crítico conocedor de la verdad y adiós perdices, ¡se tiró en el cuento! Así suele pasar con algunas de mis historias. “Pero, hombre Orlando”, me preguntan, “¿Eso que cuentas es verdad?”. Puedo asegurar que lo es. Lo único que hago es adornar el cuento para que se oiga mejor; o, como decían los periodistas en la época en que las noticias internacionales llegaban a la sala de redacción de los periódicos por telégrafo de clave morse a través de cables trasatlántios, lo único que hago es “inflar los cables”.

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Me dicen que hace poco lo vieron caminar por el parque, y que se le ve bastante repuesto y remozado, aunque no volverá a tener el cuerpo atlético que tenía por los días de su fatal encuentro.

Como todos los días, había salido en su bicicleta de carreras para el entrenamiento de subida y de bajada hasta el alto de la montaña.  Eran dos horas habituales de ejercicio vigoroso.  En la fonda lo esperaban sus compañeros de equipo, llegados desde otros lugares para seguir el ritual de todos los días, lloviera, tronara o relampagueara: un corto saludo, un pocillo de café, y una señal de “Vámonos, antes de que se enfríen los músculos”.  Habían hecho ejercicios de calentamiento, claro, y su musculatura general denotaba el resultado de muchas horas de preparación en el gimnasio, aparte de que las duras fibras de sus muslos y pantorrillas mostraban las, en ese momento, incontables mañanas dedicadas a subir y bajar esa carretera cuyas curvas ya se sabían de memoria.  No sabía, ni tenía por qué saberlo, pero ese encuentro no había tenido nada de casual.  La primera vez que ella lo vio él y sus amigos venían montados en sus bicicletas.  El sudor les corría por la piel, debajo de los cascos protectores que llevaban ajustados a las barbillas.  La piel de sus piernas se veía brillante, por el esfuerzo, y las camisetas se veían entrapadas por el sudor y por la lluvia, como si hubieran caído en un riachuelo.  No habían alcanzado a secarse por el camino.  Inadvertidamente sus ojos se fijaron en la protuberancia que resaltaba de la pantaloneta, por entre el sillín, al ritmo del pedaleo acompasado.  Esperó a que sus amigas dieran su veredicto.  Cuando las otras hubieron lanzado sus suspiros de admiración, emitió el suyo.  “Ese hombre tiene que ser mío”, les dijo, y ellas sabían que la hermosa mujer obtenía lo que se propusiera.  Esa vez él no se fijó en ella, ni la vio en los días siguientes en que sus ojos asechaban por entre las cortinas.  No estaba él, en medio de sus trotes, para fijarse en muchachas paradas en las esquinas aparentando indiferencia.  La noche anterior del día del encuentro las calles adormilaban cuando subió la media docena de kilómetros que se había propuesto y volvió a bajar, él solo, con el ánimo de cansar el cuerpo para dormir plácidamente; y de olvidar las tensiones de su trabajo durante el día como supervisor en la fábrica de confecciones.  La vía estaba despejada y en buen estado, y como tal quedó registrada en la memoria de sus reflejos.  Las obreras a su cargo se desvivían por él, pero sus gestos autoritarios y su semblante adusto no estimulaban escarceos.  “Ese hombre parece que fuera marica.  Si no fuera porque no lo hemos visto en romanticismos con ningún hombre, cualquiera pensaría que es marica”, comentaban sus obreras.  “Marica no soy”, pensó él cuando lo supo, y guardó silencio ante sus amigos, acostumbrados a la parquedad de sus palabras (“pero no me voy a poner a hacer demostraciones que pongan en peligro mi trabajo.  Lo peor que uno puede hacer es meter su corazón en asuntos de nómina”). 

Estaba oscuro en la madrugada cuando salió de casa rumbo al encuentro con los compañeros de trepada, y no había nada qué hacer cuando se vio atrapado en el reguero de arena de la curva, antes de llegar donde ellos estaban.  La bicicleta patinó, descontrolada, y él sintió cómo en cámara lenta iba descendiendo en vuelo, incapaz de controlar con sus reflejos la caída.  El raspón le cubrió, literalmente, todo el cuerpo; y la sangre empezó a brotar, podría decirse, por los poros.  Entonces la vio.  La hermosa joven abrió la puerta y salió en piyama “baby doll”, con apenas una pantaletica mínima trasluciéndose, y sus senos erectos, como limones.  Claro que no estaba él para miradas eróticas, y ese detalle vino a ser recordado apenas tiempos después.  La joven lo ayudó a sentarse, y acudió a la cocina en busca de agua para darle de beber.  Al salir, se había puesto una camiseta y unos bluyines y le había dicho, mientras se subía en su propia bicicleta de estilo femenino, sin barra intermedia: “Espéreme aquí, voy a avisar del accidente a sus compañeros”.  Él le agradeció, y sólo con los días se hizo la pregunta: “¿Cómo sabría ella que me estaban esperando los compañeros?”.  Ella sabía.  Desde el día en que sus labios pronunciaron “Ese hombre tiene que ser mío”, sus ojos espiaban por la ventana el paso de ida y de venida, y sus hábitos de sueño se habían acoplado a los horarios del ciclista.  Ella sabía que el hombre tenía que resbalar en esa curva, desde la noche anterior cuando tomó en sus manos el balde con arena y la regó cuidadosamente sobre el pavimento untado de aceite que ella misma había esparcido.  Ella sabía.  Ella sabía que ese encuentro no iba a tener nada de casual.  Entonces obtuvo de sus amigos el teléfono y las señales de la casa del muchacho “para averiguar sobre la recuperación del pobrecito”.  ¡Pobrecito!  Ya era una mosca atrapada en la red, y la araña había logrado su cometido.

Sorprendió la prontitud con que sonaron campanas de boda, y nadie imaginó la rapidez con que la mujer habría de decepcionarse.  Descubrió que él, a la hora de la verdad, no era un buen amante  “Es muy claro”, le había explicado el terapista de pareja, “sus intereses y  energías están enfocadas en asuntos distintos del sexo.  ¿Ha oído decir que afortunado en el juego es desafortunado en el amor?  Se trata de la aplicación del mismo principio”.  ¡La hora de saberlo!  No pasó mucho tiempo sin que ella buscara desfogue a sus pasiones con las posibilidades que tenía más a la mano: los amigos del marido.  La fórmula a aplicar fue muy sencilla.  Aunque al conocerse él le advirtió que “no fumo ni bebo”; lo primero que empacaba en el mercado eran dos o tres frascos de aguardiente “porque tenemos que mantener con qué atender a las visitas”.  El hecho era que ella sí fumaba y sí bebía. Él empezó con una copa aquí, y otra allá, por insistencia de ella, y luego fue cuestión de servirle a él más aguardiente que a las visitas.  “Déjate de pendejadas deportivas, que uno tiene que vivir y no se va a pasar toda la vida cuidando un cuerpo”, fue la frase que terminó por hacer mella en la voluntad del marido.  “Mi marido tiene voluntad de puta”, dijo ella como en broma, demeritándolo ante los amigos.  Llegó el momento en que bebían hasta un frasco entre los dos, hubiera o no hubiera visitas.  Para cuando fueron a ver los demás, y ellos lo ignoraban o fingían ignorarlo, la pareja se había alcoholizado.  “No seas atrevida”, le dijo su amigo en la cocina cuando ella lo había mediodesnudado y lo tenía recostado contra la nevera, “que aquél está dormido y puede despertar.  Si no lo respetas a él, respeta a los niños”, protestó el hombre, más sorprendido que asustado.  Los pequeños, sentados en la escalera, veían a su madre escarcear en la cocina.  A eso había que ponerle solución.  Entonces optó por poner gotas tranquilizantes para acompañar el aguardiente de “aquél que sabemos” y en la leche de los niños, para que no se despertaran.  “Esos niños ya están muy grandes para estar tomando tetero a estas alturas de la vida”, le dijeron sus amigas.  “Sí, lo sé, pero es que son adictos”, contestó con todo desparpajo.  La frase tenía veneno.  “Ese hombre está enyerbado y la mujer lo que tiene de bonita lo tiene de puta”, susurraban las amigas de la pareja, viendo cómo las cosas en esa casa andaban de capa caída.  No había noche en que no se presentaran invitados a la hora de cenar, y no había madrugada en que no salieran sombras furtivas por la solitaria calle llena de ojos asomados a los postigos.  “El hombre está enyerbado.  El sobre de pago lo entrega a la mujer tal como lo recibe, y ella malgasta vaya uno a saber en qué o con quien”.  Sí se sabía.  Los amigos de la pareja eran cada vez más jóvenes.  Lo primero que vendió la mujer fue la bicicleta de carreras.  Después vendió el equipo de sonido.  Más tarde salieron uno a uno los objetos de la casa, rumbo a la prendería.  Hasta la cama matrimonial fue cambiada por dos colchonetas tiradas sobre el piso, la una en la alcoba y la otra en el cuarto de ropas junto a la cocina.  La miseria se instaló a sus anchas, y el hombre perdió el empleo y andaba como un zombie por todos lados.  “¿Y por qué no nos compramos otra cama?”, le preguntó.  Ella respondió con razones que sólo ella sabía: “porque las colchonetas no traquean”.  El último año fue terrible en escaseses, mientras el hombre cumplía requisitos para recibir pensión de jubilado, la misma que en caso de fallecer pasaría a su cónyuge sobreviviente.  El día en que empezó a recibir el sobre de la jubilación, su aspecto se notó más demacrado que de costumbre, y ya es mucho decir.  Entonces se hizo vox populi.  “Esa mujer ya no lo está enyerbando, lo está envenenando”.  Se sospechaba que tal vez le estuviera dando estricnina o alguna sustancia para minarle la salud y provocar su muerte. Era imparable.  Lo había hecho pelear con la familia, lo había hecho retirar amistad con los amigos que no fueran de su gusto, el resto se fue alejando porque nadie quiere ser amigo de un par de beodos desordenados.  Le aconsejaron que la dejara.  “Prefiero morir, o matarla, que ver que otro la lleva a pasear del brazo.  Prefiero verla muerta” se le oía decir, más resignado a su suerte que decidido a cambiarla.  La mal alimentada mujer, que antes fue bonita, ahora era una bruja decrépita, pero el hombre seguía aferrado a su voluntad y a sus caprichos.  La mujer, de tiempo atrás, había optado por tomar un riesgo fríamente calculado: le hizo tomar al marido una póliza de seguro de vida, con ella como beneficiaria.  Los hijos adolescentes, que habían sido echados de la casa con cualquier pretexto, se refugiaron en casa de los tíos que no querían saber nada de la arpía que les había tocado en suerte como cuñada.  El camino estaba despejado.  Entonces, una mañana, los vecinos sintieron un golpe sordo como de cuerpo que cae pesadamente.  Acudieron presurosos a prestar ayuda, y vieron el cadáver en el piso.  “Le dio un infarto y rodó por la escalera”, fue lo que alcanzaron a oír, a manera de explicación, antes de escuchar el llanto histérico y desgarrador que se abrazaba al cuerpo exánime.  Ni el más perspicaz hubiera podido vaticinar que un infarto fulminante se llevaría de este mundo, en un acto absolutamente impredecible, no al marido sino… ¡a la mujer!

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

domingo, 5 de enero de 2014

5 Tres estrellas en Berlín (Netrebko-Schrott-Kaufmann)

Desperté a mediatarde en el hastío dominical en el momento en que del cielo se soltaba un aguacero. Me había dormido con el televisor prendido en sintonía del canal universitario Zoom, y en este momento pasaban un concierto del canal 15 UCR de la Universidad de Costa Rica con arias de la ópera Elíxir de Amor de Gaetano Donizetti interpretadas por la soprano costarricense Sofía Corrales, el tenor Ernesto Rodríguez, y el barítono William Hernández. El concierto finalizó con el tenor interpretando un aria que me sonó conocida.

Adorada barquera, /toma el oro y abandónate a mi amor. /Este es pasajero, y ligero vuela, / pero aquel es pesado, y siempre se queda… /El Dr. Dulcamara, en toda arte es profesor” (Felice Romano).

Creo que todos los de mi generación cantamos desde niños esta aria, sólo que la cantamos con otra letra y no sabía que perteneciera a la ópera de Donizetti:

Barcarola”, aria perteneciente a la ópera “Elíxir de amor”, con música de Gaetano Donizetti y texto de Felice Romano:

Cierro los ojos y me parece verme cuando cursaba en el kínder el año preparatorio para ingresar a la escuela primaria y haciendo parte del coro que cantaba: “Cual bandada de palomas /que regresan al vergel, /hoy volvemos a la escuela / anhelantes de saber. /Ellas vuelven tras el grano /que las ha de sustentar, /y nosotros tras la idea /que es el grano intelectual” (Virgilio Dávila).

Vuelta a la escuela”, poema infantil con letra del puertorriqueño Virgilio Dávila y música adaptada del aria “Barcarola” perteneciente a la ópera “Elíxir de amor”, de Gaetano Donizetti:

En cambio, así no hayamos oído completa la ópera de Donizetti, sí hemos oído incontables veces el aria más conocida de esa ópera:

Una furtiva lagrima”, aria perteneciente a la ópera “Elíxir de amor”, de Gaetano Donizetti:

Su melancólica música no esconde propiamente una triste letra sino el canto triunfal de quien es correspondido en el amor: “Una lágrima furtiva /vi brotar de sus ojos… /¡Me ama, me ama, /lo veo, lo veo! /Un solo instante sentí /el palpitar de su corazón /¡Oh, cielo; ay, cielo! /Se puede uno morir de amor. /Sí, ya puedo morir, puedo morir, /puedo morir de amor” (Felice Romano).

El teatro de la Universidad de Costa Rica es un teatro pequeño, recogido, y las caras de los músicos de la orquesta, con facciones indígenas en algunos casos, bien podían ser las caras que se ven entre nosotros al punto que me demoré para saber, y tuve que preguntarle al Sr. Google, de dónde era esa orquesta y esa presentación de los tres artistas que había en escena.

Lo que me lleva a otro concierto que vi en el TVcanal Film & Arts a mediados de la semana pasada. Un montaje grandioso que se denominó “Tres superestrellas en Berlín” y fue presentado con la soprano rusa Anna Netrebko, su esposo el bajo barítono uruguayo-alemán Erwin Schrott, y el tenor alemán Jonas Kaufmann. El matrimonio Schrott Netrebko se presentó en el teatro Julio Mario Santodomingo de Bogotá en julio del año pasado. En el concierto de Berlín las tres estrellas estuvieron acompañadas por la Orquesta filarmónica de Praga dirigida por el italiano Marco Armiliato, un director que hizo sus primeros pinos en América del Sur y que se elevó a las grandes ligas sinfónicas cuando el director y el tenor principal de un concierto programado por la Asociación tenerifeña de amantes de la ópera (ATAO) abandonaron la orquesta y Armiliato, que era apenas un auxiliar, se ofreció para dirigir. Casi no le creyeron, pero lo aceptaron obligados por la necesidad y obtuvo un triunfo absoluto. El concierto de Berlín se realizó en el Teatro del Bosque, de Berlín (Berliner Waldbühne), un teatro al aire libre en el que me sorprendió la inmensa asistencia que llenaba las graderías y asientos hasta los topes en su capacidad para acoger a 22.000 espectadores. Ignoro los detalles técnicos y logísticos, y la impresionante ingeniería de sonido requerida para que la acústica fuera impecable, pero eso de conseguir que veintidós mil personas paguen entradas para la ópera es algo que por estos lados ni siquiera imaginamos. Fue una presentación monstruosa en términos admirativos.


El formato inaugurado por los famosos “Tres tenores” (Pavarotti, Carreras y Domingo) en las Termas de Caracalla en Roma, fue un formato exitoso que se ha venido repitiendo y sirvió de inspiración al grupo juvenil de Il Divo.

Pues bien, para finalizar la gala lírica en el concierto de las “Tres superestrellas en Berlín”, el barítono uruguayo Schrott se dejó venir con un tango cantado en español, que la orquesta acompañó con inclusión de un bandoneonista. Se trata de un tango un poco astorpiazzolliano titulado “Rojo tango”, que es composición del argentino Pablo Ziegler y en esa tarde alegró los oídos europeos: