domingo, 4 de diciembre de 2016

181. Música en los estrados judiciales

Una de las experiencias más duras que un hombre puede tener en la vida es la de ir a la cárcel. No me refiero a que a Hugh Heffner, el dueño de las conejitas de Play Boy, le den la casa por cárcel y le pongan en el tobillo un collar de vigilancia electrónica que le impida alejarse más allá de treinta metros de los jardines de su mansión, sino a quien tenga que ser recluido en una celda común y corriente; bien sea en detención preventiva, mientras se hacen las indagaciones; o en reclusión permanente, cuando se le ha declarado culpable. Eso debe de ser horrible.

Al final de mi charla sobre el tanguero José María Contursi ante los miembros de la tertulia musical de los martes en el Salón Málaga, el abogado litigante Luis Guillermo Cadavid López se acercó para decirme que él había estado pensando que en la música popular hay suficiente material como para dar una charla sobre las canciones que tienen que ver con la cárcel, con los jueces, con los abogados, y demás elementos del tinglado judicial. 

Para no meternos con la literatura, el cine, y los géneros de óperas, zarzuelas, y operetas, habría que decir que sólo la discografía de Daniel Santos daría para una charla al respecto. El género de las rancheras daría para otra. El género del tango daría hasta para dos. Y eso sin contar las que tal vez pueda haber en los nuevos géneros del rap, del hip hop, del reguetón, o tal vez de la champeta, que vendrían a ser otra cosa para los hombres de nuestra generación sexagenaria. O en la música de despecho, que no es precisamente de mi predilección, pero como no se sabe lo que una mujer ofendida es capaz de hacer con un revólver en la mano, o un marica celoso con una cuchilla entre el corpiño, está aquello de `Si no me querés, te corto la cara con una cuchilla de esas de afeitar´, que conlleva amenaza de daño a la integridad física, desfiguración y lesiones permanentes, y no sé si extorsión en caso de que tal cosa califique cuando el requerimiento no es económico sino emocional con amenazas de daño a los seres queridos del extorsionado”. –Le dije.

“La cuchilla” (Si no me querés, te corto la cara con una cuchilla de esas de afeitar…), ranchera guasca interpretada por las Hermanitas Calle:


Entonces, vamos al alimón. Yo tengo los conocimientos jurídicos, y tú sabes echar el cuento”. –Me propuso el abogado. 

Fue así como su charla se convirtió en un conversatorio entre los dos.

De ese primer acercamiento surgieron ocho o diez títulos relacionados con el tema que nos ocupaba, pero como al asunto se puede llegar por acción o por omisión o, como dicen los confesores, “de pensamiento, palabra, obra, y omisión”, a la lista se fueron agregando otros títulos y hubo un momento en que teníamos cuarenta y seis en la lista, y cada día surgían más. Obviamente no podíamos traer todos esos testimonios al estrado en términos de una hora y media de intervención, y había que hacer una selección. Optamos por agruparlos desde el punto de vista jurídico, y seleccionar uno o dos temas de muestra en cada grupo. El tiempo no alcanzaba para más.

Y tampoco se trata, querido Orlando, de que hagamos un ensayo o una tesis de grado sobre el asunto”. –Me dijo él. 


– “Ha lugar”. –Le respondí, con tono de magistrado. 

Después de darle vueltas al tema, escogimos los siguientes grupos para hacer referencia a ellos:

1. Acusación injusta 

El asociado Jaime Jaramillo Suárez, que nos escuchó hablando del tema, nos sugirió una plena puertorriqueña donde se mencionan “El acusado, la víctima, la Corte de Justicia, el Juez, el Abogado defensor, el Fiscal acusador, el Jurado de Conciencia, los detectives investigadores, los agentes de policía, los guardianes carcelarios; es decir, los elementos componentes del mundo jurídico”. Al escucharla, estuvimos de acuerdo.

Mi abogado Martínez Nadal” (…Temblaba la corte, / temblaba el fiscal, / temblaban los jueces, / cuando subía Martínez Nadal. / Yo no sé lo que ha pasado, / se lo juro, Señor Juez. / Este guarda me ha arrestado / sin darle motivo a él…), plena de Monserrate “Ramón, Mon” Rivera Alers (I), interpretada por su hijo Efraín “Mon” Rivera (II) acompañado por su orquesta:


– “Observa que el acusado aduce que el guarda lo arrestó sin haberle dado motivos, lo que conlleva una detención arbitraria. Pero cabe la posibilidad de que sí hubiera dado motivos y el hombre estuviera alegando inocencia contraevidente bajo juramento, en cuyo caso aplican el perjurio y la obstrucción a la justicia”. –Dije.

– “No pierdas de vista que las legislaciones de los países cambian con el tiempo, y que en un país rigen leyes y normas que no rigen en otro. En Colombia, para este momento, no tenemos los jurados de conciencia ni tenemos la pena de muerte y la cadena perpetua, que en algunos estados norteamericanos tienen aplicación”. –Dijo el abogado.

Esta plena, la interpretó el puertorriqueño Efraín “Mon” (II) Rivera Castillo con su orquesta, en homenaje al abogado y político Rafael Martínez Nadal, que tuvo mucho prestigio como abogado defensor. Su autor fue Monserrate “Ramón, Mon, o Don Mon” (I) Rivera Alers, padre de Mon, un artesano que siendo analfabeta musical se hizo compositor de oído, y por eso en el crédito de la contracarátula aparecen las iniciales R. R. Alers como autor. Aparece con dos títulos: Como plena “Martínez Nadal”, y como “Mi abogado”. Gracias a la acción de su abogado, el padre don Mon Rivera fue absuelto de culpa; pero debido a la vida desordenada de la bohemia artística, tanto en Puerto Rico como en Nueva York, que lo llevó al alcoholismo y al consumo de drogas, el hijo Moncito Rivera supo lo que eran las cárceles por dentro.

Un caso similar de preso que alega su inocencia y aduce que los testigos estaban sobornados se puede apreciar en la canción “Diez años en Sing Sing”, de los Nikis, que presentaremos más abajo.

– “A ver, Orlando, los que tenemos la vocación del Derecho y nos graduamos como abogados, basamos nuestra profesión en el compromiso con el ejercicio de la Justicia. Pero así como se habla de falsos positivos en la Policía y en el Ejército, cometidos para inflar estadísticas o para cumplir con compromisos e intereses exógenos, se han dado casos de falsos positivos judiciales, que en realidad son una vergüenza para la profesión. Afortunadamente son casos aislados que no comprometen a la totalidad de la institución judicial”. –Dijo el abogado Luis Guillermo.

2. Delitos presumiblemente asociados con el narcotráfico 

Aunque la letra específicamente no lo dice, en el caso del colombiano Gustavo Adolfo Gómez, detenido por veinte o treinta años en el Canadá, aunque no “para siempre” como dice la letra, bien pudo ser por narcotráfico o por lavado de dineros. Su experiencia inspiró a su paisano Álvaro Velásquez Balcázar para escribir la canción de salsa titulada “El Preso”.

El preso” (Condenado para siempre en esta horrible celda donde no llegan el cariño ni la voz de nadie…), salsa con letra y música de Álvaro Velásquez Balcázar, interpretado por Wilson “Saoco” Manyoma, acompañado de Fruko y sus Tesos:


3. Otro tipo de delitos 

Está el bolero de Daniel Santos que lleva el mismo título de “El Preso”.

El preso” (Preso estoy, y estoy cumpliendo mi condena, la condena que me da la sociedad…), bolero con letra y música de Daniel Santos, interpretado por él con la Sonora Matancera:


Caso éste en el que ya fue condenado y está cumpliendo con su condena. Está el episodio de cuando Daniel fue acusado de incumplimiento de contrato y encarcelado en la ciudad de Guayaquil en el Ecuador, lo que dio pie a que se inspirara para su bolero “Cataplum”:

Cataplum” (Al cuartel modelo la patrulla me llevó…), bolero con letra y música de Daniel Santos, interpretado por él:


Y está “Cautiverio”:

Cautiverio” (Qué lentas pasan las horas en esta cautividad…), bolero con letra y música de Daniel Santos, interpretado por él con la Sonora Matancera:


4. Fuga de presos, presos que sueñan con escapar, cadena perpetua, y condena a pena de muerte o pena capital 

Está el tema del que ya está condenado a la cámara de gas o a la silla eléctrica y espera en el Pabellón de la Muerte.

La cárcel de Sing Sing” (La silla lista está, la cámara también, minutos nada más me quedan ya por respirar…), balada con letra y música de Bienvenido Brens Jr. Florimón, interpretado por José Feliciano:


Y está el tema del preso que sueña con escapar, como es el caso de “Diez años en Sing Sing” que también habla del caso de testigos sobornados para condenarlo injustamente.

Diez años en Sing Sing” (Llevo diez años encerrado… los testigos estaban sobornados… mi traje es a rayas paralelas… algún día escaparé…), balada rock de Los Nikis:


– “A ver, mi doctor, aquí cabe reflexionar también sobre la ley de la fuga de presos que aplicaron al poeta Federico García Lorca cuando la guerra civil española”. –Dije al abogado.

– “Lo que pasa, mi querido amigo, es que en los regímenes totalitarios la Justicia no existe, y lo que existe es un régimen jurídico acomodado a la medida de los intereses del tirano de turno. No te olvides que en esos casos los guardianes propiciaban la fuga, y hasta obligaban al prisionero a emprender carrera, para poder dispararle por la espalda aduciendo intento de fuga. Esas cosas se vieron” –Respondió él.

5. Homicidio agravado, uxoricidio, e impunidad 

Sólo este tema en el género del tango daría para un programa completo. El hombre que sorprende a su mujer acostada con otro que, en muchos casos, resulta ser su mejor amigo. No hay de otra que matarlos a los dos, y en ese hecho el hombre engañado cuenta con toda la simpatía de las barras en la audiencia. 

Claro que también se dan casos en que la infiel y su amante se salen con la suya y la muerte del engañado queda en la impunidad, como es el caso que relaté en el segundo de estos Postigos de Orcasas muy a comienzos del año 2014 y que copio tal cual para no entrar en recreaciones:

Mario Postigo fue un personaje de ficción que se hizo famoso porque María, su mujer, forzó la viudez con ayuda de un cruce de navajas entre su marido y su amante, en un lance que tiñó de malva el amanecer; hecho que ella logró hacer aparecer mentirosamente en el noticiero como si dos drogadictos en plena ansiedad la hubieran dejado viuda mientras ella miraba por un postigo desde el portal. La letra de la canción `Cruce de navajas´ podría ser el argumento de una película o thriller amoroso de ménage à trois, y fue compuesta por los hermanos Nacho y Chema Cano, e interpretada por ellos en compañía de la vocalista Ana Torroja, o sea el Grupo Mecano de España. Un par de aclaraciones: En el contexto de la letra, `cruz´ es una abreviatura de la conjugación `cruce´, del verbo `cruzar´; y Magdalena puede referirse a que María de Postigo estaba hecha una `Magdalena de tristeza´, como símil de la mujer que lloraba a lágrima viva la muerte de Jesús; o puede referirse a las migajas de la madalena, panecillo, o donut (dona), que caían sobre el regazo mientras sorbía su taza de café. En cualquier caso, no dejemos que las interpretaciones semánticas nos distraigan del mensaje principal: la mujer estaba desengañada del marido, y se consiguió un novio que le resultó general para los navajazos en esa batalla de cuernos venteados.

“CRUCE DE NAVAJAS”
(Letra y música de Nacho y José María Cano, interpretada por Ana Torroja con el Grupo Mecano)


A las cinco se cierra la barra 
en “El 33”, 
pero Mario no sale 
hasta las seis. 
Y, si encima le toca hacer caja,
¡Despídete!
Casi siempre se le hace de día,
mientras María 
ya se ha puesto en pie, 
ha hecho la casa, 
ha hecho hasta el café, 
y le espera medio desnuda. 

Mario llega cansado, y saluda 
sin mucho afán. 
Quiere cama, 
pero otra variedad. 
Y María se moja las ganas 
en el café 
–Magdalena hasta el sexo convexo–. 
Luego, al trabajo 
en un gran almacén. 
Cuando regresa, 
no hay más que un sommier 
taciturno que usan por turnos.

Cruce de navajas por una mujer, 
brillos mortales despuntan al alba, 
sangre que tiñe de malva 
el amanecer.

Pero hoy, como ha habido redada 
en “El 33”; 
Mario vuelve a las cinco, 
menos diez. 
Por su calle vacía, a lo lejos, 
sólo se ven 
unos novios comiéndose a besos. 
El pobre Mario, 
se quiere morir 
cuando se acerca… 
Para descubrir 
que ¡Es María con compañía! 

Cruce de navajas por una mujer, 
brillos mortales despuntan al alba, 
sangre que tiñe de malva 
el amanecer.

Sobre Mario, de bruces, tres cruces. 
Una en la frente, la que más dolió; 
otra en el pecho, la que le mató; 
y otra que miente en el noticiero: 
“Dos drogadictos, en plena ansiedad, 
roban y matan a Mario Postigo; 
mientras su esposa es testigo 
desde el portal”.

Cruce de navajas por una mujer, 
brillos mortales despuntan al alba, 
sangre que tiñe de malva el amanecer.

Del cornudo matador hay ejemplos tangueros como:

“Una carta”… Vieja, una duda cruel me aqueja… 

“La Gayola”… No te asustes ni me huyas, no he venido pa´vengarme… 

“Señor Juez”… yo la quería como a nadie podría querer más… 

“A la luz de un candil”… las pruebas de la infamia las traigo en la maleta… 

“Un tropezón”… cualquiera da en la vida… 

“Noche de reyes”… pero una Noche de Reyes cuando a mi hogar regresaba… 

La última carta” que interpreta Agustín Magaldi (Abandonada y pobre, /como piltrafa humana… /todo el amor de madre, /tan puro y sacrosanto, /le profesaba al hijo /que estaba en la prisión… /la última carta del hijo /que un día murió en el penal…). 

O ejemplos rancheros como: 

“Martina”… a los dieciséis cumplidos una traición me jugó…

“El preso número nueve”… que ya lo van a condenar porque mató a su mujer y a un amigo desleal…

Finalmente, dentro de este género podemos considerar también la milonga “Amablemente”, en que el hombre mata a la mujer infiel y a su amante pero con agravantes. Claro que con el asunto de la liberación femenina la mujer que mata al hombre que se encuentra en iguales circunstancias ya no es raro. Escogemos como muestra este tema porque da pie para analizar el asunto de la premeditación y la sevicia del que “se seva en la víctima”, aunque el diccionario trae el verbo transitivo “cebarse” con el significado de excederse en algo.

– “No debe confundirse el exceso de disparos o de puñaladas con la sevicia, porque esta palabra implica tortura y sufrimiento desmedidos de la víctima en inferioridad de condiciones, que bien pudo morir con el primer disparo o con la primera puñalada” –Dice el abogado.

Amablemente” (Y luego, besuqueándola en la frente; con gran tranquilidad y amablemente; le pegó treinta y cuatro puñaladas), milonga con letra de Iván Díaz y música de Edmundo Rivero, interpretada por Rivero:


6. Homicidios con atenuantes como la ira e intenso dolor; y la legítima defensa

Patricia Schmidt fue una hermosa norteamericana conocida como la bailarina de los ojos de almendra que se casó con Jack Lester Mee, un millonario machista y celoso que era dueño del yate “Satira”. Hay que entender que el que se case con una bailarina exótica, cuyo trabajo se realiza en cabarets en horas de la noche, no puede ser celoso porque se lo traga la tierra. Un día quiso coger a la mujer a los golpes, y ella tomó un revólver y ¡Pum, cataplum!, Mr. Mee pasó a mejor vida dentro del yate fondeado en aguas cubanas. El clásico caso de la mujer que mata en defensa propia. La mujer fue detenida en una cárcel y Daniel Santos recaudó dinero para pagar abogados y la sacó libre. En homenaje a ella compuso su bolero “Patricia” (Tras un viaje glorioso al paraíso… / defendiste bravamente / tu debilidad y honor…). Pero como dicen que es mejor deber plata que deber favores, la mujer se olió el tocino de que Daniel Santos quería cobrarle el favor en especie, y cuando salió de la cárcel puso pies en polvorosa y se voló para los Estados Unidos. Él consideró que ella era una malagradecida, pero ella resolvió que era mejor huir en defensa propia que estar pagando favores con el sudor de las sábanas, lo que dio lugar a otro bolero compuesto por Daniel con el título “Ya tú ves, Patricia” (Siempre acuérdate que un Dios hay en el cielo, / y nunca pierdas la fe ni la esperanza… / Ya estás libre otra vez). Y dio lugar a otro bolero titulado “Satira” (Satira, hoy tú tienes que cumplir condena / y con llanto has de sufrir la pena. / Pobrecita danzarina… / Satira, tu amor fue sincero / y por eso del cielo / tendrás tu perdón…).

Patricia” (Tras un viaje glorioso al paraíso…), bolero con letra y música de Daniel Santos, interpretado por él con la Sonora Matancera:


Ya tú ves, Patricia” (Siempre acuérdate que un Dios hay en el cielo, y nunca pierdas la fe ni la esperanza… Ya estás libre otra vez), bolero con letra y música de Daniel Santos, interpretado por él con la Sonora Matancera:


– “Yo creo, abogado, que este es un caso de quien mata en legítima defensa, y sin saberse si fue que el hombre quiso tener con ella sexo forzado o sin consentimiento, en cuyo caso hay un intento de violación que justifica la legítima defensa. Habría allí violencia intrafamiliar y forzamiento a relaciones carnales. Aunque ellos fueran casados, tal cosa puede ocurrir, y podría decirse que de hecho ocurre con frecuencia”. –Dije.

– “Eso es posible, querido amigo, pero no olvides que judicialmente no se pueden formar opiniones a priori, y que debe hacerse primero una investigación exhaustiva para que el Juez pueda tener razones valederas al momento de calificar los hechos de acuerdo con la ley. Si la mujer fue grosera con el difunto y lo provocó por ejemplo lanzándole una vajilla, allí entran a aplicar atenuantes para la víctima y agravantes para la victimaria. Hay que investigar de manera objetiva y desprejuiciada”. –Dijo él.

7. Homicidio culposo

Cuando el abogado Luis Guillermo vio la lista de temas que habíamos logrado recabar me dijo: 

Hombre, Orlando, se nos pasa un tema importante para el asunto que estamos tratando. Aquí no lo veo”. 

Yo sabía que ahí no tenían por qué estar todos, pero se me hizo raro que entre los muchos que habíamos mencionado se nos hubiera pasado alguno de relevancia. 

– “¿De cuál se trata?. – Pregunté. 

Hombre, de aquella canción que dice que por qué se fue y por qué murió, por qué el Señor me la quitó”. – Me dijo.

El último beso” (The last Kiss), balada norteamericana con letra y música de Wayne Cochran, traducida al español por Homero González e interpretada en esta versión original en inglés por Cochran con su grupo acompañante:


¿Por qué se fue y por qué murió, 
por qué el señor me la quitó? 
Se ha ido al cielo, y para poder ir yo, 
debo también ser bueno para estar 
con mi amor.

Íbamos los dos al anochecer, 
obscurecía y no podía ver; 
yo manejaba, iba a más de cien, 
prendí las luces para leer. 
Había un letrero de desviación, 
el cual pasamos sin precaución. 
Muy tarde fue, y al maniobrar, 
el carro volcó… 
y hasta el fondo fue a dar. 

¿Por qué se fue y por qué murió, 
por qué el señor me la quitó? 
Se ha ido al cielo, y para poder ir yo, 
debo también ser bueno para estar 
con mi amor.

Al vueltas dar, yo me salí, 
y por un momento no supe de mí. 
Al despertar, hacia el carro corrí, 
y aún con vida la pude hallar. 
Al verme, lloró, y me dijo: “Amor, 
allá te espero donde está Dios. 
Él ha querido separarnos hoy. 
Abrázame fuerte, porque me voy”. 
Al fin, la abracé; y al besarla, sonrió. 
Después de un suspiro, en mis brazos quedó.

Es un tema muy de principios de los años 60 y hay versiones de él en la voz de los mexicanos Polo y César Costa, del argentino Leo Dan, del colombiano Alci Acosta. Hay muchas. Su título original es “El último beso” (The last Kiss), y fue compuesto en letra y música por el norteamericano Wayne Cochran, con traducción al español de Homero González ajustada al contenido de la letra original en inglés. 

Lo miré, sorprendido, y le dije:

Está bien, Dr. Luis Guillermo, pero en su letra no veo ningún delito, ni nada como que amerite llevar a un hombre a la cárcel“. 

Él me miró, arqueando una ceja, y me dijo: 

A ver, hombre Orlando, ¿Te parece poco un hombre que conduce a más de cien en una noche lluviosa tan obscura que tiene que prender luces para poder ver; que no ve un letrero de desviación, y cruza la vía sin precaución?... Ahí lo que tenemos es, ni más ni menos, un caso claro de ¡homicidio culposo! Hay que culpar también a la chica por subirse al carro con un tipo tan irresponsable que quizás iba borracho o hasta drogado y que, para acabar de ajustar, iba en el carro de su papá”. 

¡Cómo así, dóctor! Eso no lo dice la letra que acabamos de leer”. –Aduje.

Esa no lo dice, pero la original en inglés sí dice que “we were out on a date in my daddy´s car”; y un investigador no puede desestimar ningún indicio”. –Respondió.

En ese caso, doctor, puede suceder que el muchacho sacó el carro del papá sin permiso, lo que agrava las circunstancias; o que el papá le prestó el carro a un muchacho joven e irresponsable, en cuyo caso el padre se convierte en cómplice. No quiero pensar que el muchacho estuviera manejando sin pase de conducción, porque ahí sí, apagá y vámonos. ¿Me equivoco?”.

8. Hurto agravado por la confianza 

El Dr. Luis Guillermo seguía con los ojos puestos en la lista de discos que teníamos hasta el momento cuando le dije:

Creo, mi querido doctor, que el calipso “Matilda” de Harry Belafonte encaja en nuestros propósitos porque habla de un hombre que estaba ahorrando dinero para comprar una casa y lo escondía dentro de la almohada, pero la venezolana con la que él vivía encontró los ahorros y se voló para Venezuela, dejándolo con los crespos hechos”.

“Matilda” (… She take my money and run to Venezuela… Sacó mi plata y se voló para Venezuela), calipso con letra y música de Harry Belafonte, interpretado Daniel Santos:


Ese encaja, no caben dudas. Es un caso de hurto agravado por la confianza que el hombre tenía depositada en su compañera, amante, o cónyuge de hecho. Dice el hombre que se le perdieron quinientos dólares y promete que no volverá a enamorarse ni a meterse con mujeres de más de cuarenta años”. –Dijo el abogado.

Ahí se equivoca el hombre porque no es la edad lo que cuenta sino el saber escoger a quien mete uno dentro de las cobijas y quien se encarga de lavar las fundas de las almohadas”. –Aduje.

Hay un caso de hurto con atenuantes nacidos de la necesidad creada por el instinto de supervivencia para un hombre y su familia, y no es que quiera hacer apología del delito, pero así se dio en el tango “Yo era bueno”, de Chito Faró, un tango que se oía en las discotecas de Juancho Uribe hace medio siglo con título cambiado para despistar al enemigo y decía que “Yo era bueno como todos en la vida, /y la cárcel para mí fue mi perdón… /sólo fue por mi indigencia que me convertí en ladrón, /pero no crean aquello, que no es mi oficio robar… /Sólo me llevo un emblema, /y es llevar para mi hogar…) –Dijo el abogado. 

Y ese, ¿Cómo entra en juego desde el punto de vista del Derecho” –Pregunté.

Pues aunque no todas las legislaciones lo tienen contemplado, ese vendría a ser calificado como “Hurto Famélico”, pero es una circunstancia atenuante muy difícil de demostrar. De no ser así, cualquier ladrón podría alegarla, y la apropiación de lo ajeno es un delito tan antiguo que ya estaba contemplado en las Tablas de la Ley. De todos modos, nuestra legislación contempla un diminuendo en la pena, a discreción del Juez en caso de considerar la pobreza extrema del culpable del delito. –Me dijo.

9. Lesiones personales y duelos a cuchillo 

Aunque hubo una época de la humanidad en que los duelos en defensa del honor eran aceptados por la Justicia, en la actualidad son rechazados por la sociedad y matar en duelo puede ser calificado de premeditación.

En la letra que Carlos Marambio Catán le puso al tema “El Choclo”, de Ángel Gregorio Villoldo, dice que: “Recuerdo triste de un pasado que en mi vida /dejó una página de sangre escrita a mano… /Ella era mía y jugó con mi pasión /y en duelo a muerte con quien robó mi vida /mi daga gaucha partió su corazón”. 

A propósito de “El Choclo” leí alguna vez que el nombre le venía de que esa era la canción preferida de Villoldo, al igual que el plato preferido de los que le preparaba su madre. ¿Su madre? ¡Su abuela! No es de ahí de donde viene, sino que ese tango inicialmente fue instrumental y él lo compuso como homenaje a un amigo suyo que tenía el pelo rubio, como las mazorcas de maíz tierno, y le decían “El Choclo”. Eso tiene sentido.

Los argentinos mamagallistas resolvieron comparar en el lunfardo al hombre hábil en el manejo del cuchillo, con el cirujano hábil en el manejo del bisturí; de ahí que llamen “Ciruja” no sólo al basuriego que rebusca huesos en las afueras de las carnicerías para extraerle hasta sus últimas fibras, sino también al que hábilmente se enfrenta a cuchillo con el contrario y sabe dónde clavar el arma para que no se tropiece con las costillas.

“El ciruja” (Hoy, ya libre´e la gayola, y sin la mina…), tango con letra de Ernesto de la Cruz y música de Francisco Alfredo Marini, interpretado por Julio Sosa acompañado de la orquesta de Francini y Pontier:


10. Soborno y cohecho 

En el tema “Diez años en Sing Sing”, de los Nikis, que mencionamos anteriormente, se habla de que los testigos estaban sobornados y ese es un delito de frecuente ocurrencia en el caso de los falsos positivos judiciales.

Hay una milonga que trata de una carta escrita “Desde la cana” en que el detenido pide a su mujer que hable con el abogado y que a través suyo con cautela ofrezca soborno al secretario “Y si me sale bien el tiro, me sobresee el magistrado…”. Da a entender que una solución de esas no era extraña en el sistema judicial que lo tenía encarcelado. 

Se habla allí de burocracia y de tramitología jurídico penalista con posibles delitos de soborno y cohecho; y digo posibles porque el hombre apenas está enunciando su propósito y la letra no dice si al final lo consiguió, configurando la comisión de tales delitos”.

"Desde la cana” (Si me sale bien el tiro, y me sobresee el magistrado… es por eso que me estiro en la cuestión del sumario, pa que vos al secretario lo trabajés con cautela. En fin, estoy en gayola…), milonga con letra de Felipe “Yacaré” Fernández y música de Edmundo Rivero, interpretada por Rivero acompañado de guitarras:


11. Otros casos 

Nos ocupa el asunto de la música popular en los estrados judiciales, y va un tema norteamericano sobre el que hay que aclarar que entre nosotros el verde es el color de la esperanza, pero en los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam las esposas y novias tomaron la costumbre de ponerse un moño de cinta amarillo en el pelo para simbolizar la esperanza de que sus seres queridos regresaran con bien de la contienda. Tal cosa se inspiró en un hecho real cuando un preso, que estaba próximo a cumplir tres años de condena, lo que hace presumir que su delito no era de los que ameritaban pena de muerte ni cadena perpetua sino uno menor, como decir estafa o cosa parecida, escribió una carta a su esposa pidiéndole lo que dice la canción. El detenido se disponía a salir de la cárcel con los bolsillos casi vacíos, como es usual, y con la posibilidad de encontrarse con que la mujer que dejó en casa ya tenía a otro hombre instalado en ella, cosa que solía ser también más usual de lo deseable. Es algo horrible y demoledor para el castigado corazón de un hombre en tales circunstancias. Así es que este hombre le envía una carta a su amada diciéndole que al salir en tal fecha él abordará el autobús hacia el otro extremo del país. Él le pide que si ella lo está esperando y quiere que vuelva a casa, por favor ate una cinta amarilla al viejo roble que hay a la entrada de la parcela. Pero que si él viene en el autobús y no ve nada… entonces dirá al conductor que siga adelante, y desaparecerá de su vida para siempre.

“Ata una cinta amarilla al viejo roble”, de Irwin Levine y L. Rusell Brown en 1973, interpretada por Tony Orlando y su grupo Down:


La situación del hombre detenido que tiene necesidad de comunicarse con su amada suele encontrarse con tropiezos de censura y de limitaciones, como en el caso que interpretó Alfredo Sadel de un detenido que había sido privado de su libertad y de los derechos civiles por razones políticas:

“Escríbeme” (Son tus cartas mi esperanza, mis temores, mi alegría, y lo mejor morir sería si algún día me olvidaras…), bolero con letra y música de Guillermo Castillo Bustamante, interpretado por Alfredo Sadel:


En una cárcel cercana a Caracas, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, estuvo detenido por razones políticas el compositor Guillermo Castillo Bustamante; cuyo único contacto con el exterior eran las cartas que recibía de su hija, dándole noticias de la esposa que estaba detenida en otra prisión. Esas cartas eran decomisadas y sometidas a censura antes de ser entregadas a su destinatario, y algunas veces los censores carcelarios olvidaban entregarlas o las entregaban con demasiado retraso. Ahí se inspiró para escribir en letra y música el bolero que Alfredo Sadel valientemente interpretó arriesgándose a ser encarcelado él mismo por hacer apología a la subversión. “Escríbeme” (Son tus cartas mi esperanza, mis temores, mi alegría, y lo mejor morir sería si algún día me olvidaras…).

Eso nos lleva al caso de las personas que ofenden, agreden, o atentan contra un alto magistrado del gobierno, y que según la gravedad de su delito pueden ser condenados. 

“Señor Juez” (“Me parece una injusticia, Señor Juez, que por tirarle una pedrada al presidente…”), balada con letra y música de Ricardo Arjona, interpretada por él:


El ejemplo que me traes a consideración conlleva irrespeto a la autoridad y, según el caso, puede forzarse la acusación a considerar que tal pedrada fue un intento de homicidio. En los regímenes totalitarios una pedrada al presidente amerita la pena de muerte extrajudicial, cosa que no les es difícil, amigo Orlando”.

En un régimen totalitario cualquier cosa puede ocurrir impunemente, y eso me recuerda el “suicidio” del bolerista mexicano Genaro Salinas. El hombre se radicó en Venezuela durante el gobierno del dictador Marcos Pérez Jiménez y, en mala hora, le dio por enamorar o dejarse enamorar de la mujer del coronel jefe de la Policía Técnica Judicial. Los esbirros de la PTJ lo lanzaron del puente más alto en un intercambio vial sobre la transitada vía vehicular que corría por debajo, obligándolo a decirle adiós para siempre a su amada, y adujeron que el sujeto se había suicidado. No andaban muy lejos de la verdad: Meterse uno con la mujer del jefe de la policía es un suicidio”.

“Adiós para siempre” (“… Tendré que olvidar / que triste es la vida. / Sufrir es amar…), bolero con letra y música de Gabriel Ruiz, interpretada por Genaro Salinas:


Está el caso, doctor, del acoso sexual y la corrupción de menores que aplica a muchos hombres que cometen tal delito, pero no se habla de lo contrario y es el de los hombres que son acosados y corrompidos por parte de las mujeres. Casos se dan”. –Dije al abogado.

Sí se dan, y debería haber alguna ley que considerara como delito castigable lo que podríamos denominar como corrupción de mayores. Tal es el caso que se vive en la novela “Lolita” de Vladimir Nabokov, y en la canción “Lolita” que trata del mismo asunto”. –Me dijo.

“Lolita” (… me excitas. Perversa piel de melocotón. Bajo la falda de colegiala, cruzas las piernas con intención…), balada de Jimmy Harry y Alaina Beaton, compuesta para la cantante Belinda Peregrin, en interpretación de Javier Gurruchaga con la Orquesta Mondragón:


Tienes razón, mi dóctor, esto también califica dentro del tema que nos ocupa. Más de un profesor ha caído en esa trampa de la corrupción de menores, y pagado cárcel por haberse dejado provocar. Sin contar con que a más de uno se le habrá dañado el matrimonio y habrá terminado con sus huesos debajo de una sábana en la morgue, por culpa de un cuchillo rebanador de cocina. Con esas cosas nunca se sabe, y en este caso podríamos hablar de una especie de suicidio asistido en el que cabe meter a la cárcel a esa muchachita por provocadora y exonerar de culpa a la mujer que ayudó a bien morir al marido infiel”. –Le dije.

Otro caso sui generis es el de la necrofilia que en nuestra legislación ya no da para cárcel, pero en otros tiempos sí fue delito punible. Aunque hay que considerar que tal acción puede ameritar acusaciones de allanamiento y daño en propiedad ajena que dan lugar mínimo a resarcimientos y pago de perjuicios”. –Me dijo el abogado.

“Bodas negras” (Oye la historia que contóme un día el viejo enterrador de la comarca… y para siempre se quedó dormido al rígido esqueleto abrazado…), bolero con letra del sacerdote renegado y poeta venezolano Carlos Borges, y música del cubano Alberto Villalón, interpretado por Gilberto Urquiza:


Es un bolero cuya letra ha sido atribuida falsamente al colombiano Julio Flórez, debido a la afición que éste sentía por los cementerios; pero ni ésta ni la letra de “Simón el enterrador” son suyas. “Bodas negras” es de la autoría en su letra del sacerdote renegado y poeta venezolano Carlos Borges, y tiene música del cubano Alberto Villalón Morales. El tema ha sido interpretado por Julio Jaramillo, Ana Gabriel, Trío Los Condes, Oscar Chávez, y Lydia Mendoza, entre otros; pero la versión más conocida por nosotros a la que el cantante aporta su yo diría que macabra voz de barítono bajo es la de Gilberto Urquiza.

Creo que hemos llegado al final de nuestro conversatorio, mi querido abogado, aunque es dable suponer que el tema no está agotado. En él hay mucha tela para cortar, pero se nos acabó el tiempo y llegó lo que ustedes los juristas llaman vencimiento de términos”. –Dije.

Sí la hay, y no quiero terminar sin cantarte a capela un tango sobre el asunto, que suelo entonar cuando tengo dos o tres copas con ayuda de una pista que guardo en la gaveta. Me gusta porque habla de un hombre que habiendo pagado su pena se ha reformado y se reintegra a la sociedad. Da a entender que el Derecho y la Justicia no pueden ser rígidos y marmóreos, sino que deben tener en cuenta el aspecto humano de quienes infortunadamente incurren en la comisión de un delito”. –Dijo el abogado.

“Volvamos a empezar” (Con sombras de cárcel lavé mi pecado, si acaso la cárcel lo pudo lavar. Los jueces de mármol nunca comprendieron que a veces la vida obliga a matar…), tango con letra de Daniel Álvarez, y música de Eduardo Maradei, interpretado por Oscar Larroca con acompañamiento de la orquesta de Alfredo de Ángelis:


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 27 de noviembre de 2016

180. Sobrebarriga de rechupete donde los García

Ferrán Adrià es el cheff del restaurante El Bulli, hoy por hoy el más afamado del mundo, y tal vez el más caro. Muchos quisieran comer allá, pero él no recibe sino al que quiere, y lo escoge de una larga lista de aspirantes que han pedido su turno hasta con seis meses de anticipación. Se diría, casi, que es cocina personalizada y él prefiere cocinar, por ejemplo, para el Príncipe Felipe de Inglaterra que para “El cebollero” de la Mayorista, así el cebollero le muestre extractos bancarios de que maneja más plata y es capaz de dar propinas más jugosas. Ferrán Adrià estuvo en Medellín y ¿a dónde lo llevaron a almorzar? A un afamado restaurante del barrio La Pilarica al lado del parqueadero que pusieron donde antes estuvo una afamada cabelleriza. Es un lugar casi escondido al que salva un aviso no muy vistoso a la entrada, pero al trasponer la puerta uno se encuentra dentro de un restaurante con todas las de la ley, atendido por la familia que vive en el segundo piso y donde el principal plato es la especialidad de la casa: asado de sobrebarriga. Si quiere pedir otra cosa, se la venden, pero allá usted si quiere perderse de comer la joya de la corona, o de la barriga para ser más precisos.

1. Ferrán Adrià en el restaurante de Los García:

http://movil.elcolombiano.com/article/138681

2. Ferrán Adrià en el restaurante de Los García:

http://sospaisa.com/Sos-Paisa/Noticias/Post/313/La-mesa-de-la-familia-Garc%C3%ADa-seducci%C3%B3n-con-Sobrebarriga

La sobrebarriga es una carne muy dura que los restaurantes solamente usan en sancochos de larga cocción, para ablandarla. Yo no la como por la sencilla razón de que el gordo me produce náuseas en el acto, sin darme tiempo de pegar carrera hasta el baño. Ipso facto. Así es que me curo en salud y pido otra cosa.

Pero una vez, hace ya muchísimos años, comí una sobrebarriga muy deliciosa. Eran los finales de la década del sesenta y la colonia boyacacuna residenciada en Medellín tenía un lugar de reunión los sábados en el sector de talleres mecánicos de El Naranjal, frente a la antigua fábrica de Tejicóndor (hoy Makro y Home Center, Carrefour o Jumbo), en la carrera 65 entre San Juan y la canalización de la quebrada la Hueso. Era una casa vieja en la esquina de lo que ahora es el edificio de Corantioquia, y tenía un patio amplísimo o solar dotado de canchas de tejo que es el deporte nacional de los boyacenses y cundinamarqueses. El aviso decía “Restaurante la Montaña”, pero todo el mundo le decía “la cancha de tejo”. Allí, entre canasta y canasta de cerveza, nos reuníamos con boyacacunos apaisados a reventar mecha y gritar moñona hasta que llegaba la hora del almuerzo que consistía en un plato de sobrebarriga cuñada con refajo de cerveza.  Fue la única vez que me atreví a comerla, y me pareció deliciosa. Por esos días había llegado a Medellín la pareja santandereana de Mariano García Joya y su esposa Rosalina Pérez de García, que cargados de juventud y ganas de hacer cosas montó un restaurante contiguo a la fábrica de gaseosas Lux en San Juan frente a barrio Triste, en donde hoy está el edificio inteligente de las Empresas Públicas, e hicieron del plato de sobrebarriga su especialidad, agregando a la técnica de ablandar la carne mediante largo cocido, y luego freírla, los condimentos y la sazón de la casa que vinieron a ser el secreto de los abuelos, secreto que han conservado sus hijos y siguen conservando sus nietos. Tres generaciones viven y conviven en el restaurante de la familia que se ha convertido en un referente gastronómico de la ciudad. Allí fui invitado para celebrar mi cumpleaños y, con lo necio y exigente que soy para la carne debo decir, con toda sinceridad que esa sobrebarriga, es ¡espectacular! Allí iré de nuevo, y pronto, a repetir esa otra experiencia que es la atención de Nayibe García y su familia porque, como ella dice, “la amabilidad es un toque que no podemos perder porque esta es la herencia que nos duele y tenemos que cuidar”.

Video del restaurante de los García:

Cuando Nayibe se acercó a tomar el pedido nos ofreció la porción de 400 gramos. Mi amigo, que ya conocía la movida, sugirió que la pidiéramos en compañía, y apenas fue para nosotros. “Es que una libra de carne no se la come sino un boyacense que tenga la barriga aceitada con una canasta de cervezas”. Apenas fue para nosotros, pero confieso que quedé con ganas de más. Y eso que traía como acompañantes unas arepitas paisas con relleno de hogao, y unas papas cocidas deliciosas, y unas yucas algodonosas exquisitas, y pedimos de sobremesa claro de mazamorra con panela machacada. Como quien dice, comida santandereana mezclada con apetito paisa.

Así es que a la entrada del barrio La Pilarica por la vía que rodea el cerro de El Volador y conduce de la Terminal de Transportes del Norte hacia Robledo, contiguo a la nueva fábrica de Colpisos, en donde eran las caballerizas de Las Margaritas (Calle 73 E nro. 69-171, tel. 441 56 40), los García nos están esperando con una bandeja de sobrebarriga desbordaplatos como para chuparse los dedos.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 20 de noviembre de 2016

179. Cartas de amor, y amores de película

Septiembre es en Colombia el mes del Amor y la Amistad. Equivale a lo que en otras partes es febrero, con su Día de San Valentín.

No sé si el sentimiento del amor haya cambiado y las nuevas generaciones sigan sintiendo mariposas en el estómago, como sentíamos los de la generación del medio siglo. De hecho nosotros no éramos tan románticos como los amantes de finales del siglo XIX, cargados de suspiros y miradas lánguidas, ni se nos veía “la palidez de una magnolia triste” en el rostro, pero en mi adolescencia aún había gente que se suicidaba por amor. 

Tal vez aún quede gente así, que se suicide por amor. Pero que han cambiado las manifestaciones de ese amor, no quedan dudas. Nadie guarda ya cajitas de chicles con la fecha en que la amada compartió con uno un par de pastillas a la salida del cine, nadie guarda un pañuelo intocable que humedecieron las lágrimas del ser querido, ni se encuentran entre las páginas de un libro pétalos disecados de una flor. Nadie guarda ya cadejos del pelo de la amada recogidos en la peluquería, ni nadie borda monogramas en pañuelos de seda usando cabellos del amado como hilos. Claro que tampoco hay nadie que guarde como un tesoro en el nochero “mi primer condón” con una etiqueta que diga “Recuerdos de Alicia”. Esas son cosas de otras generaciones. A diferencia de los románticos de nosotros, las juventudes de hoy son pragmáticas y practicantes de a lo que vinimos, vamos. Dos cucharadas de caldo y mano a la presa. 

Hay un bello vals titulado “Quema esas cartas” que no hay que confundir con el tango del mismo título con letra de Manuel Romero y música de Raúl de los Hoyos que dice “Quemá esas cartas, no guardés memorias; /que nunca conviene que sepa la historia /la mina que viene, de la que se fue”. Este otro vals es composición con letra de Juan Pedro López y música de Alberto Consentino, y fue interpretado entre otros por Julio Martel (Quemá esas cartas donde yo he grabado, /solo y enfermo, mi desgracia atroz… /Que nadie sepa que te quise tanto, /que nadie sepa, solamente Dios… /Un hombre joven que mató el engaño, /un hombre bueno que muriendo va…):


Es claro que nadie escribe ya cartas de amor. Mejor dicho, nadie escribe ya cartas a la antigua transportadas por carteros, que han sido reemplazadas por mensajes de Internet, y por “whatsapps porfis” escritos de carrera. Escribir una carta de las de antes podía llevarse toda una noche con cuidadosa caligrafía de puño y letra, con pluma estilográfica de tinta fresca, con descarte de varios borradores arrugados tirados en la papelera de la basura, con manchas desteñidas de lágrimas en los bordes. Una esquela olorosa a perfume, con unos labios rojos estampados en el sobre. Una carta de esas... ¡Era una joya!

Alguna vez me ocupé del tema de las cartas en la música. Es extenso, como extenso es el tema de las cartas en la literatura. El cine no es la excepción para un tema que es universal y, diríase, intemporal. 

1. El viaje más largo”, dirigida en 2015 por George Tillman Jr., es una película que trata de dos parejas de enamorados. Luke Collins, interpretado por Scott Eastwood, es un vaquero campesino que compite en rodeo sobre toros. Hay que pensar en lo que significa montarse uno en una trepidante mole de media tonelada de carne rematada por dos afilados cuernos para imaginar lo que es eso. Es un mundo para hombres rudos. Resulta enamorándose de Sophie Danko, interpretada por Britt Robertson, que es una estudiante de arte que está de paso por la población porque le ha resultado un trabajo como galerista en New York. Aunque ella también se siente atraída por él, sobra decir que pertenecen a dos mundos muy diferentes. El azar los pone en el camino de un hombre muy maduro, accidentado dentro de su automóvil, que rescatan a orilla de carretera. En medio de su inconsciencia, el hombre le pide a la chica que rescate una caja que corre el peligro de quemarse entre los escombros. Ella no se despega de él en el hospital, mientras se encuentra en estado de coma, y al volver en sí él le pide que abra la caja y extraiga un manojo de cartas que su afectada visión ya no le permite leer. Ella accede a leerle día tras día esas cartas que él envió a la mujer amada, y a través de ellas la chica va descubriendo las vicisitudes de amor entre este hombre que cuando estaba joven fue a la guerra y la mujer que ansiosa esperaba su regreso para casarse. Tal historia de amor, contra todos los inconvenientes y dificultades, inspiró a Sophie y a Luke para vivir su propio amor sin dejarse descontrolar por la diferencia de vidas que los separan. Las cartas y el amor se juntan para hacer de esta una película entretenida.

2. Una carta de amor”, dirigida en 1943 por el mexicano Miguel Zacarías, con la actuación de Jorge Negrete y Gloria Marín; trata de la carta que un soldado dirige a la bondadosa samaritana que lo curó de una herida de guerra. Viaja a buscarla, y llega en el preciso instante en que ella se está casando con otro. Fin de la película.

3. Cartas de amor”, dirigida en 1951 por el argentino Mario Luganes; con la actuación de Mecha Ortiz, Mario Escalada, y Elisa Christian Galve; trata de un hombre que se debate entre el amor a dos mujeres. Todo un dilema. 

4. Cartas de amor a una monja portuguesa”, dirigida en 1977 por el suizo Jess Franco, con la actuación de Susan Hemingway y Anna Zanetti, trata de una adolescente sorprendida por su padre cuando está fornicando con su novio y es enviada a un convento donde cae en brazos de las depravadas monjas. Es una película del cine porno-lesbo-sado-masoquista.

5. Carta de amor”, dirigida en 1995 por el japonés Shunji Iwan, con actuación de Miho Nakayama y Etsushi Toyokawa; trata de una mujer que envía una carta a su desaparecido novio y esta es respondida por una mujer que lleva el mismo nombre del amado y la recibió por coincidencia. El amor perdido es recreado en el cruce de cartas de las dos mujeres.

6. Carta de amor”, dirigida en 1999 por el norteamericano asiaticodescendiente Peter Chan y protagonizada por Kate Capshaw, Tom Everett Scott, Elen DeGeneres, Juliane Nicholson, y Tom Selleck; trata de una carta de amor que es encontrada al descuido sobre una mesa, y todo el que la lee atribuye su escritura a la persona que tiene en mente y sintiéndose correspondido empieza a actuar en consecuencia. Varias parejas resultan de este malentendido, con cada uno sintiéndose ser el elegido por la persona que desea. El final es sorprendente porque resulta ser que la persona autora de la carta, y la persona destinataria de la misma, son las que uno menos se imagina. No digo sus nombres para no tirarme en la película.

7. Cartas a Julieta”. Es una película dirigida en 2010 por el estadounidense Gary Winick y protagonizada por Amanda Seyfried, Vanessa Redgrave, Christopher Egan, Gael García Bernal, y Franco Nero; que trata de la costumbre que algunos turistas que visitan a Verona en Italia, la ciudad de Romeo y Julieta, han tomado de escribirle cartas a la amada inmortal para confiarle sus cuitas, pegándolas sobre un muro. Unas damas se han constituido en secretarias voluntarias para responder esas cartas procurando dar ánimos y solución a los problemas expuestos. Una carta de estas aparece coincidencialmente medio siglo después de haber sido depositada en una ranura y da lugar a una segunda oportunidad de amor para dos personas viudas que se habían encontrado en la juventud y vuelven a encontrarse en la avanzada madurez. A la par con su encuentro se produce una segunda oportunidad para los dos jóvenes que acompañaron a la dama en la búsqueda de aquel viejo amor cuyo nombre de Lorenzo Bartollini en Italia es como decir Pedro Pérez en España o John Smith en Estados Unidos: una aguja en un pajar. Desanimados ya de su infructuosa búsqueda, la dama ve en la campiña a su antiguo amor tal como lo recuerda, que resulta llamarse Lorenzo Bartollini y es hijo de Lorenzo Bartollini que a su vez es también hijo de Lorenzo Bartollini. El viejo Bartollini es el Lorenzo que la dama andaba buscando y colorín colorado este cuento se ha acabado. La película es de cine independiente producida por Summit Entertainment Pictures y como no es producida por los grandes estudios es una película libre de humo y con cero contaminación. Llama eso mi atención. Uno de los guionistas llama José Rivera, y la compositora de la música llama Andrea Guerra, que unidos a Gael García Bernal aportan una cuota latina en la producción de la película que, naturalmente, tiene un gran aporte de sangre italiana en su filmación. La juvenil belleza de Amanda Siegfried y la serena belleza otoñal de Vanessa Redgrave son inquietantes. Pero lo que atrajo mi atención, sobre todo, fue la belleza de la fotografía que estuvo a cargo del italiano Marco Pontecorvo y cuyos paisajes fotografiados son de infarto. Sólo por la fotografía, tendré que volver a ver esta película.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

domingo, 13 de noviembre de 2016

178. Jorge David -Marfil- Monsalve Velásquez, profeta emigrante

El viernes 28 de octubre de 2016 fue la reunión mensual de los asociados de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, que desde el fallecimiento del médico anestesista Dr. Héctor Ramírez Bedoya preside su colega el médico pediatra Dr. William Parra Cardeño. A ambos los unió su profesión y la admiración por la música del conjunto cubano que mes a mes convoca a los asociados, y en especial en la primera semana del mes de agosto de cada año cuando reciben la visita de asociados y simpatizantes de otras ciudades de Colombia y de otros países para el Encuentro Matancerómano. 

Al iniciar la reunión el Dr. Parra comunicó una noticia: la asociación que preside cambiará de sede. Durante muchos años las reuniones se efectuaron en la carrera 70 A nro. 43-44, a pocos metros de la calle San Juan en Medellín; pero a partir del mes de noviembre se trasladarán para la Calle 44 (San Juan) nro. 71-73, a cuadra y media de su actual ubicación, lugar donde funciona la salsoteca “Bururú Barará”. Tal decisión se originó en el hecho de que frecuentemente el espacio de acogida resultaba insuficiente para los asistentes.

El invitado especial de la noche como conferencista (aunque él simpáticamente se identificó como “charlatán” por considerar que lo suyo más que una conferencia era una charla), fue el coleccionista y estudioso, amén de agradable expositor, don Alberto Sánchez Morales. Muchos son los focos de interés de su colección reunida en el transcurso de toda una vida, que lo lleva a visitar a la Argentina por lo menos una vez en el año, y a veces dos. Quienes lo conocen de cerca dicen que él es el mayor coleccionista del mundo en música grabada por Alberto Basmagi Balan, nacido en Cartagena (Colombia) el 12 de abril de 1917 y conocido en el mundo artístico como Bob Toledo, que fuera cantante de la orquesta de Lucho Bermúdez. Bob Toledo estuvo radicado por un tiempo en Argentina, y falleció trágicamente en la isla de San Andrés el 21 de abril de 1974, cuando recientemente había cumplido los 57 años de edad.

Pero no fue Bob Toledo el personaje de la noche, sino el cantante colombiano Jorge David “Marfil” Monsalve Velásquez, del municipio de Liborina (Antioquia) cuya casa de la cultura lleva su nombre; quien siendo un adolescente emigró de su terruño a buscar fortuna por el ancho mundo, y después de recorrer varios países llegó a la Argentina donde se radicó y formó familia con la señora Edmee Edia Cagnoli, de la que le quedó un hijo de nombre Darío Emilio Monsalve Cagnoli, con el que Sánchez mantiene contacto de amistad; aunque tratándose de hijos de músico, como suele decirse, “faltan datos de otros municipios”. Conoce él a los dos nietos del compositor que son Leandro y Roque. Roque es un guitarrista destacado de jazz, que con sus “Gitanos Jazz Ensamble” hace giras todos los años por Europa y presenta conciertos de ese género.

Jorge David Monsalve Velásquez y Louis 
Pierre Admenad, "Dúo de Marfil y Ébano"

Jorge David se codeó con los grandes de la música popular que pasaron por esa nación, y formó varios duetos de los que mencionamos el que formó con el venezolano Louis Pierre Admenad con el nombre de “Marfil y Ébano”, nombre surgido de la circunstancia de que la piel de Monsalve era blanca como colmillo de elefante, mientras su compañero era de piel morena como la corteza del árbol africano; el que con el nombre de “Marfil y Valencia” formó con el chocoano Roberto Valencia; el que con el nombre de “Marfil y Morales” formó con el uruguayo Luis Morales; duetos ocasionales como "Marfil y Orozco" o "Marfil y Paredes"; o grupos como el de "Marfil y sus Montañeros" o el "Conjunto Tropical de Marfil". 

Hay unas curiosas confusiones con relación al nombre y a la fecha de nacimiento de Marfil, como decir lo afirmado en su blog por el Sr. Iván de J. Guzmán López:


Algunos cronistas, un poco despistados, dicen que su nombre es Jorge David y que nació el 8 de diciembre de 1919, pero lo cierto es que al tenor de su partida bautismal se lee que: En la Parroquia de Liborina, a veintinueve de agosto de mil novecientos diez y seis, yo el infrascrito –anota el Presbítero Luis M. Vásquez–, bauticé a un niño a quien se llamó David Antonio, nacido el veintisiete de este mes, hijo legítimo de Jesús Antonio Monsalve y Genoveva Velásquez”. 

Don Alberto Sánchez, que ha dedicado muchos años de su vida a hacer seguimiento del cantor, a acopiar información, y a hablar con la familia ancestral y con los descendientes de él, ha encontrado que esto no es cierto. Dice Sánchez en aclaración telefónica que: 

Yo estuve hablando con Luis Enrique Monsalve Velásquez (QEPD), un hermano de Jorge David, y él me explicó que la confusión surgió porque hubo un hermano de ellos que murió pequeño, y cuando Marfil solicitó que le enviaran la partida de nacimiento para casarse con doña Edmee Edia Cagnoli en Argentina le enviaron la del hermano fallecido, que corresponde al texto que me acabas de leer. Sucedió así, pero David Antonio es David Antonio, y Jorge David es Jorge David, nacido el 8 de diciembre de 1917, y conocido como Marfil. Esa partida es del otro”. 

Murió Jorge David “Marfil” Monsalve Velásquez en Argentina en fecha no precisada entre el 3 y el 13 de diciembre del año 1986, a los 69 años de edad.

Aparte de músico destacado como intérprete, Marfil fue un prolífico compositor cuyas canciones fueron grabadas por muchos de los más connotados intérpretes de la época. Hugo Romani, Leo Marini, Carlos Argentino Torres, Celia Cruz, Rodolfo Aycardi, la Billos Caracas Boys, y muchos otros aparecen en la lista de sus intérpretes; y canciones como “El vendedor de cocos” (Llegó el coquero, qué ricos cocos. Llegó el coquero, qué ricos son…), como “El camino del café” (Tierra mojada… tierra cansada… y el verde, el verde llama…), como el “Rock and Roll” cantado por Celia Cruz (El mambo hizo furor en Nueva York, pero el chachachá lo derrotó…), como “Los domingos” (Por eso te aconsejo que vayas a misa todos los domingos, todos los domingos…), como “Tu rica boca” (Pa´ qué la quieres, si no la enseñas a besar…), como “Cerca del Río Grande” (Tengo mi cañaveral…); como los tangos “Pregunto”, “No quiero” y “Nombrame” (con letras de Homero Manzi); o pasillos como "Si yo pudiera" están en la lista de sus composiciones.

Si yo pudiera”, pasillo de la autoría de 
Jorge David “Marfil” Monsalve Velásquez, 
interpretado por “Marfil y sus Montañeros”:

https://www.youtube.com/watch?v=JZF3tx5d8uw

En carta dirigida al locutor Carlos Alberto Mejía Saldarriaga, Marfil relacionó los diferentes seudónimos que usó en algunos momentos para el registro de su música en la Sociedad Argentina de Autores, Intérpretes, y Compositores (SADAIC): “Marfil, Jorge David, Antonio de Jesús, Leobardo, Pacho Febo, Gina Moldi, y Edmee Edia Cagnoli”. Los dos primeros eran suyos, los dos siguientes venían de dos de sus hermanos, el quinto era el apodo que de niño le tenía a su hijo Darío Emilio, el sexto era el nombre de una novia que tuvo, y el último el nombre de su esposa. De allí se desprende que cualquiera de esos nombres que aparezca en la composición de algún disco corresponde en realidad a la autoría de Marfil.

Durante su audición el expositor Alberto Sánchez mezcló ejemplos grabados de la música de Marfil, tanto en sus composiciones como en sus interpretaciones de música de otros compositores, intercalándolos con interpretaciones en vivo por parte del dueto de los hermanos “José y Josué” García, de Copacabana; y a continuación puso a disposición de los asistentes la venta de un CD con la mayoría de las canciones escuchadas, cuyos fondos donó para el sostenimiento de las actividades de la Corporación; CD que contiene títulos como “Adiós Granada” (de Rafael Callejas y Tomás Barrera), “El Camino del café”, “Cumbia de Colombia”, “Canción de otoño en primavera” (letra del poeta Rubén Darío), “Que seas feliz” (de Consuelo Velásquez), “Antes de amarte, amor, nada era mío” (letra del poeta Pablo Neruda), “Tierra colombiana”, “Mapaleando” (letra de Luisa Godfrid René), “El policía” (letra de Ignacio Burbano), “La última noche” (de Bobby Collazo y Roberto Espí), “Mi virgen negra”, “Pa´mi montuna”, “Conmigo estás”, “Calculadora”, “En vano” (letra de Ricardo Capdevilla), “Nana” (letra de Héctor Lagna Fietta), “Don nadie”, “Rock and Roll”, “Bolero” (Bolero… la noche del amor que junto a ti bailé, pues sólo fue ilusión), “Nunca es tarde”. 

Sorprende la versatilidad y variedad de los ritmos compuestos por este músico que es más conocido en otros países que en su natal Colombia, validando aquella sentencia bíblica de que “Nadie es profeta en su tierra”. Con motivo de su centenario, el expositor Alberto Sánchez está liderando la repatriación de las cenizas de Marfil a su natal Liborina, y tiene la esperanza de contar con suficiente apoyo de las autoridades de esa población, y de personas vinculadas al mundo de la música, para tal ocasión en que se espera ponerlo en un mausoleo decoroso y digno, para admiración de sus paisanos y recordación del inmenso aporte que hizo al mundo de la música popular del continente.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)





domingo, 6 de noviembre de 2016

177. Medellín de compras, de los toldos a los centros comerciales

–Este artículo fue publicado originalmente en el Periódico Universo Centro nro. 47, julio 29 de 2013, y puede verse en el siguiente enlace:

http://www.universocentro.com/NUMERO47/Delostoldosaloscentroscomerciales.aspx

En mi niñez había algo así como 22 departamentos, y varias intendencias y comisarías que se denominaban “territorios nacionales”. Antes de yo nacer, un tío que se había ido para el Meta y radicado en Villavicencio, que quedaba por allá en la selva, regresó a Medellín tuberculoso para internarse en el Hospital de la María en el barrio Castilla, en el noroccidente de la ciudad, donde murió por los días en que inauguraban el Cementerio Universal cercano a ese hospital. Su tumba estuvo marcada con el #3 y se la llevó el ensanche por falta de dolientes porque mi abuela Valentina Restrepo, y sus otros hijos, vivían en el barrio Buenos Aires en el extremo oriental, y eso quedaba muy lejos para estar visitando sus restos. No lo incineraron, porque en ese entonces no había hornos de cremación; pero tampoco lo enterraron en el Cementerio de San Lorenzo, el de los pobres, porque no era cuestión de pasear un cadáver infectado con el bacilo de Koch esparciendo contaminación por todos lados.

Valentina Restrepo, mujer pobre, provenía de los Restrepo ricos. Todos los Restrepo, incluidos los descendientes de esclavos que tomaron el apellido de sus amos, debían su “estirpe” al extremeño don Alonso López de Restrepo Méndez que, siendo muy joven, llegó en 1646 a América y se radicó con su primo Marcos López de Restrepo Águila en el Valle de Aburrá, donde en 1675 ya eran personajes distinguidos e influyentes cuando la regente española doña Mariana de Austria la declaró “Villa de Medellín”. ¿Por qué Alonso y Marcos López de Restrepo, par de jóvenes aventureros, se radicaron aquí y no en Santa Fe de Antioquia? Porque eran pobres. No tan pobres que no tuvieran con qué comprar un pedazo de tierra, pero sí pobres como para no poder comprarlo cerca del poblado donde estaba la civilización. Entre su terruño y el poblado central había un trecho que debían recorrer en mula por una trocha, y tardaban su buen tiempo y no la hora y cuarto que se tarda un automóvil hoy en día por la vía del túnel de occidente. No sé cuánto tiempo gastaban en ese recorrido en mula para ir a comprar las cosas de mercado que no se conseguían en su finca, pero sé que de Santa Bárbara a Medellín, dos siglos después:

Los arrieros en el siglo XIX se gastaban seis jornadas madrugando desde las 4 am. y parando después de las 6 pm.;  y eran muchas leguas de camino a pie, con mulas cargadas y ajustando cabezales, sobrecinchas, enjalmas, pretales, baticolas, reatas, y retrancos, que no es lo mismo que viajar sin estorbos.  Una legua, con sus 5.572 metros, está más cerca de las tres millas que son 5.556, que de los seis kilómetros.  Pero ellos no medían la distancia por leguas sino por “tabacos de camino”, es decir el recorrido mientras fumaban un tabaco; y eso varía, porque los dos eran buenos para fumar. Todos no andaban al mismo ritmo, ni todos los días estaba el palo pa´ cucharas.  Eso desde Santa Bárbara, porque otras veces venían de Manizales y vaya a saberse cuánto tardaban”.

Dos siglos después de la llegada de los Restrepo al Valle de Aburrá, Medellín ya era una aldea recién convertida en ciudad, y los habitantes no tenían necesidad de ir hasta Santa Fe de Antioquia para hacer mercado porque aquí se conseguía de todo lo que podía conseguirse por esos días. ¿En dónde? En los toldos del mercado como en cualquier caserío que se respete. 

Mercado de toldos en la plaza del 
municipio de San Vicente en Antioquia

Hasta 1891 los toldos del mercado estuvieron situados en la plaza mayor de la Candelaria, o sea en el Parque de Berrío, hasta que don Rafael, casado con una sobrina de don José María Uribe Restrepo, el suegro de don Carlos Coriolano Amador, construyó la Plaza de Rafael Flórez en donde no vendían flores por la sencilla razón de que en ese tiempo las flores se cultivaban silvestres en los patios de las casas. “¿Comprar flores? Pa´ qué”. Esa fue la plaza o mercado cubierto por antonomasia hasta que en 1894 su pariente político, don Coroliano, encargó al arquitecto Charles Carré la construcción de la Plaza de Mercado de Amador en Guayaquil, y relegó la de Flórez a la categoría de “placita”. 

Ochenta años le duró el reinado a la plaza de Guayaquil y fueron dos incendios los que dieron la estocada final que desplazó a los vendedores y compradores hacia las plazas mayorista de Guayabal y minorista de San Benito. Hasta ese momento todos los habitantes de la ciudad iban al centro a hacer mercado y compras en los almacenes situados entre el Parque de Berrío y la Estación Cisneros del Ferrocarril. 

Para ese entonces, algunas de las que habían sido fincas se habían dividido en lotes entregados en propiedad a los herederos. Los mayores, recibiendo los lotes del frente, dando a la calle; y los menores, recibiendo lotes en el interior, alejados de la calle. Allí construyeron sus viviendas, pero se idearon un corredor que les diera acceso a la calle por una puerta común, corredor que recorrían hacia un patio en cuyo interior se abrían en abanico las entradas a varias viviendas que en algún momento fueron alquiladas a otros y se convirtieron, a su vez, en “casas de inquilinato”. Ese tipo de construcciones, que en Argentina fueron denominadas “conventillos” y en México "casas de vecindad", para nosotros se convirtieron en “pasajes”. 

El concepto de pasaje, aplicado al comercio, apareció en los años sesenta. El terreno de lo que quizás haya sido una amplia casa, como muchas, con solar al fondo capaz de albergar vacas, animales de corral, caballeriza y cochera; fue loteado y construido en locales comerciales con dos puertas de acceso comunes a todos ellos, una por Junín, y otra por Maracaibo. Varios comerciantes se quebraron en ese lugar antes de que la ciudad desarrollara la cultura de recorrer ese tipo de establecimientos para hacer sus compras, al punto que algunos  denominaron al pasaje Junín-Maracaibo “el túnel de la quiebra”, tomando el nombre del túnel que daba paso al ferrocarril de Puerto Berrío. 

Mucho tardaron esos negocios en volverse rentables y fue ese nuestro primer centro comercial aunque no cumpliera con los parámetros que hoy aplicamos para tal denominación. Para merecer el nombre de centro comercial tuvo que unirse con los que fueron construidos posteriormente en lo que era el Club Unión. 

En 1972 se construyó el que tal vez fue el primer centro comercial de Colombia: el Centro Comercial San Diego. Hoy en día un local allí vale una millonada, pero por entonces muchos comerciantes perdieron sus ahorros mientras la gente adquiría la costumbre de comprar en ese tipo de negocios; gente que todavía viajaba al puerto libre de impuestos que era la isla de San Andrés con el propósito de broncearse y traer un equipaje compuesto por electrodomésticos y otros artículos comprados a bajo precio.

Entonces hicieron su aparición los llamados Sanandresitos que los contrabandistas establecieron para ofrecer las gangas de San Andrés sin necesidad de viaje. Los Sanandresitos proliferaron y muchas casas y locales comerciales de Guayaquil fueron subdivididas y acondicionadas con locales más pequeños que se unieron, de manera informal, por pasadizos y puertas de acceso, para conformar lo que hoy en día se conoce como “El Hueco”, que viene a ser no uno sino muchos huecos. Dicen los que saben que allí se consigue de todo y muchas señoras de postín hacen sus compras en esos puestos porque según sus cuentas obtienen un ahorro considerable, aunque no todo el mundo se le mide a ese sistema de compras abigarradas. Mientras tanto, el Centro Comercial San Diego adquirió vuelo como lugar de compras para quienes preferían pagar un poco más por la comodidad en el tránsito por las vitrinas y la facilidad de sentarse a descansar. La idea que convertía las compras o el simple vitrineo en un plan familiar y un ritual social comenzaba a consolidarse.

Fue ese el momento en que surgió el concepto actual de lo que es un centro comercial. Alguien calculaba, no sé con qué bases, que en realidad son más de 250 en Medellín; pero la cifra oficial según Fenalco es que tiene 50 centros afiliados. Bajar al centro de la ciudad dejó de ser una costumbre y una obligación, ahora el centro comercial es el santuario de peregrinaje para muchos medellinenses, donde no sólo se va de compras sino a comer, a lolear, a afilar el ojo y las ganas. 

Naturalmente lolear viene de Lola, que quizás fue alguna señora de esas que mucho miran y por todo preguntan pero, a la hora de la verdad, no compran nada. Ese apodo debió ser puesto por las vendedoras de los almacenes que también se inventaron el apellido de la familia Miranda para los que miran y miran sin comprar. Aunque, también se me ocurre, lo de lolear pudo venir de las jovencitas atractivas y sexis, como la Lolita de Nabokov, que se pasean por los centros comerciales. Porque los centros comerciales son también pasarela de modas y sustitutos de los bazares parroquiales y las procesiones de Semana Santa a los que los muchachos de mi época íbamos a conseguir novia. Hay que ir al Tesoro, a Oviedo, al Santa Fe, a Unicentro, a Los Molinos, para ver la pléyade de estrellitas criollas que parecen sacadas de portadas de revista. Los comerciantes opinan que el loleo es un gancho y que, detrás del loleo, viene la venta. “Los loleadores lo mínimo que compran es un helado y un cucurucho de crispetas o palomitas de maíz”.

Es curioso ver cómo algunos terrenos cambian de vocación. Lo que fueron grandes teatros para exhibición de películas, se han convertido en lugares de oración para las sectas evangélicas. Los espacios de la silletería fueron reemplazados por sillas plásticas Rímax, fáciles de apilar; y lo que fue el telón de proyecciones se ha convertido en el púlpito de los pastores que predican la conversión. 

Así mismo, varios centros comerciales y almacenes de grandes superficies han sido construidos en lo que anteriormente eran fábricas textileras como Tejicóndor, que hoy alberga a Makro, a Carrefour, y a Home Center; como Fatelares, frente a la Plaza de Mercado Minoritaria, donde acaba de construirse un nuevo centro; como Vicuña, donde se construyó el de Los Molinos; y como Everfit, en donde acaba de construirse el Centro Comercial Florida.

Los Molinos, en el terreno que ocupó la desaparecida fábrica de textiles Vicuña, fue un centro comercial que marcó otra revolución. Hasta ese momento, los centros comerciales se construían en lugares estratégicos donde pudiera llegar la gente de altos ingresos que era la que solía comprar en ellos. Los Molinos quedaba lejos de las viviendas de altos estratos y estaba más próximo a los barrios de Las Mercedes y Las Violetas que a Laureles. En Laureles estaba Unicentro, ¿para qué caminar más? Pero se construyó sin estrecheces ni economías, con el propósito de hacerlo más que un lugar de compras un sitio agradable de paseo, un punto de encuentro, y arrancó de una. Desde un principio sus comerciantes mordieron el éxito, y esto marcó una pauta. 

El concepto pegó, y acaba de inaugurarse el Centro Comercial Florida en donde era la fábrica de Everfit, lejos de las viviendas de estrato 6. ¿Qué hace un centro comercial moderno en ese lugar? ¡Llenar un vacío! La populosa concentración poblacional del noroccidente ya no tiene que recorrer media ciudad para pasar la tarde en un lugar agradable, y está empezando a colmar los comercios de un centro construido con gusto arquitectónico y variedad de servicios. Se está convirtiendo en lugar de moda para el loleo, y la gente va allí a desayunar, a tomar el algo o refrigerio, a cine, a ver a otros y a dejarse ver.

Unicentro Bogotá, escaleras eléctricas

En las ciudades intermedias los centros comerciales se han convertido en una especie de graduación citadina. Y los pueblos olvidan el marco de la plaza cuando levantan su Multiplex. En las grandes ciudades es la forma como la clase media recién conformada puede sentirse un rato en el escenario de los grandes comerciales de televisión. 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)