domingo, 30 de octubre de 2016

176. Rimax Universale 4860, ergonosillas apilables

(Este es un texto de usuario agradecido, no comercial, escrito para compartir experiencias de uso; y la mención de marcas registradas no tiene fines publicitarias).

Quizás por siglos los carpinteros fabricantes de sillas se limitaron a unir tablas y patas clavadas con puntillas metálicas para que los usuarios se sentaran en ellas. El que inventó el taburete hizo un avance al utilizar el cuero de las vacas como asiento más confortable que la simple tabla, cambiando los pesados muebles por sillas fácilmente transportables. El que se inventó recostar el taburete a la pared de la entrada de la tienda, facilitando que el tendero durmiera la siesta del medio día, ¡metió un golazo! Luego a alguno se le ocurrió que si sobre el asiento ponía un relleno de algodón y lo forraba con algún material dócil, las nalgas dejarían de maltratarse. Con eso se inventó la tapicería, otro golazo. Alguno agregaría lo de los espaldares abullonados, algún otro agregaría lo de los descansabrazos, en fin. La silla es un objeto de uso diario cuyo diseño industrial, término que en siglos pasados no se usaba, ha evolucionado. 

Taburete con asiento de vaqueta

Cualquier día los dueños de negocios descubrieron que poniendo mesas y sillas a la entrada del establecimiento los clientes se sentarían a consumir y las ventas se aumentarían. Ya no sólo llegarían a comprar bolsas de pan para llevar a casa, sino que se sentarían en la mesa a comerlo y pedirían café, y cerveza, y otros artículos de consumo. Una simple cuestión de mercadeo y ventas. Parejo con el uso práctico de este mueble vino la evolución en el diseño y aparecieron las sillas metálicas plegables de tijera, que no requerían entrarse afanosamente cuando empezaba a llover. Bastaba con secarlas cuando cesara la lluvia. ¿Cómo no se les había ocurrido antes?

Silla metálica plegable de tijera

Pero, como nada es perfecto en el mundo, un día los comerciantes descubrieron que había clientes que llegaban a las dos de la tarde a pedir un tinto ¡Y se quedaban sentados toda la tarde haciéndole siesta a ese tinto! El nombre de cliente le quedaba grande a un simple tinto de los de quinientos pesos sin propina. Ahí fue cuando hizo su aparición un fabricante paisa –supongo que es paisa, porque todos los negocios de Medellín han resuelto uniformarse con esos muebles– y se inventó la útil “silla incómoda, bella pero resbalosa”. Se trata de un mueble de hermosa y reluciente apariencia, con su brillo cromado de acero inoxidable, que está diseñado para que las personas de manera imperceptible se resbalen una y otra vez hasta que pronto se cansen y se marchen dejando el lugar a otra clientela. Idea luminosa. Ya uno no ve en las antesalas de espera de los almacenes de cadena a los esposos sentados interminablemente mientras sus esposas hacen el mercado. Ya no. Ya no se ven amigas conversando incansables a la entrada de las panaderías, ni se ven novios mirándose profundamente a los ojos en las cafeterías. Ya no. Al poco rato de uno estar sentado en una silla de esas se levanta despavorido y se va para otro lugar con alivio de los administradores del establecimiento que esperan la llegada de nuevos clientes. Este invento llegó tarde a la humanidad. Si nuestros abuelos lo hubieran conocido, se hubieran ahorrado muchos disgustos con sus hijas casaderas y con los novios de silla que cada nada había que mandar a tapizar y eso valía una plata. Cualquier muchacho de esa época hubiera llegado a la conclusión de que era mejor un matrimonio antes de tiempo que un largo noviazgo sentado en una silla de estas de panadería.

Silla tándem de aluminio con 
estrías, y mesa incorporada

La empresa holandesa Ikea se diseñó una práctica silla plástica casera que lo mismo puede servir de asiento, de mesa auxiliar, de escalera para limpiar la parte superior de las cortinas, de estiba para que las herramientas no estén en el piso del garaje, para que las damas se suban cuando ven un ratón, y cosas así. Ignoro por qué la dotó de huequecitos, como no sea para ahorrar materiales, para hacerla más liviana, o por cuestión de apilonamiento. Lo ignoro. El caso es que un hombre que debido a un accidente o algo así, debía bañarse sentado bajo la ducha, encontró que este banquito plástico era muy práctico para eso, y se sentó a enjabonarse. Mejor no les cuento lo que pasó. Léanlo ustedes en este enlace.

Asiento Ikea de plástico, con huecos


¿Cómo puede pasarle algo así a don Claus Jorstad? Como decíamos los estudiantes en el bachillerato, ¡Mucha pelota, no joda! ¡Qué hombre tan de mala suerte!

El diseñador italiano Joseph Cesare “Joe” Colombo (Milán, 1930-1971) tenía nombre de mafioso de la Cosa Nostra, pero era buena gente. Es más, el tipo era un genio. Empezó siendo pintor exitoso, pero luego se convirtió en arquitecto, diseñador de interiores, administrador de la empresa familiar de electrodomésticos, para terminar alcanzando clamorosos éxitos y premios como diseñador industrial. Se inventó los muebles plásticos fabricados por inyección, lo que dio posibilidad de reciclar el plástico que atiborraba los basureros mundiales con sus varios siglos de tiempo para la degradación, pudiendo reutilizarlo una y otra vez en distintos objetos reciclados. Una maravilla. Por culpa de un infarto, sólo vivió 41 años, pero le fueron suficientes para cubrirse de gloria en el mundo del diseño. Por mi parte nunca tendré cómo agradecerle un invento suyo que amo con todo mi corazón. Adonde quiera que vaya, lo prefiero por encima de cualquier otro mueble que haya en los alrededores: la “Silla Rimax de brazos”; o sea la Universale 4860, como él la bautizó. La diseñó en la década de los sesenta y obtuvo premio por ese diseño ergonómico que hace de su producto la silla más descansada que yo conozca. No hay otra igual, ni siquiera su mismo diseño sin descansabrazos o su mismo diseño por otro fabricante de estos alrededores. No hay otra igual. Con el tiempo el plástico también se cristaliza y se vuelve frágil y fracturable, pero cuando tal cosa sucede es mucho lo que ha durado. Algo hay en el espesor de su plástico, en su conformación, que hace que resista incansable el peso de la mayoría de las personas normales. Digo normales y digo mayoría, porque a un luchador de sumo japonés encima sólo lo soporta una banca de cemento armado. 

En la década de los 30 llegó a Colombia el matrimonio de don Isaac Gilinski, un judío croata desplazado por la guerra nazi que se venía encima. Montaron en Lebrija (Santander) una cutiembrería y tuvieron a sus hijos Max, Isaac, y Lazar Gilinski Sragovicz. De ellos su hijo don Isaac emigró a Cali donde contrajo nupcias con doña Perla Bacal, también de familia judía, cuyo único hijo varón nacido en 1957 es don Jaime Gilinski Bacal que figura en la lista Forbes como el 613 hombre más rico del mundo, con algo así como dos mil quinientos millones de dólares de patrimonio que equivalen más o menos a siete y medio ¡billones de pesos!, hablando en colombiano. Eso es mucho maní. Estar uno en ese puesto en un mundo con tantos euromillonarios no es cualquier cosa para este banquero que se casó con una dama panameña de familia judía y viven en Londres para sacarle el cuerpo a tanto pedigüeño que se le arrima a uno en los restaurantes a pedir una ayudita por el amor de Dios. Por estos lados uno tiene la sensación de que no hay judíos pobres. Debe haberlos, pero entre ellos existe una solidaridad de raza muy fuerte y la tendencia a ayudarse unos a otros para sacarlos de problemas financieros. No regalan nada, pero ayudan al plante y al montaje de cualquier negocio que pueda sacar adelante a su paisano o correligionario.

Empezando la década de los 50 llegó de Lituania un amigo de la familia, y don Isaac Jr. se asoció con su hermano Max y con el paisano recién llegado de Europa, para montar una fábrica de juguetería de plástico en Cali. El tercer socio, que sabía de plásticos, era don Rafael Sinkevicius que al parecer no dejó descendencia en Colombia y españolizó su apellido a Sinkovicios porque así se lo aprendían más fácil los colombianos por asociación con la expresión “cinco vicios”. Era un simple recurso nemotécnico, porque don Rafael y sus paisanos eran juiciosos en su vivir, y juiciosos en la administración de sus bienes. La empresa se llamó RIMAX, a la que don Rafael aportó la primera letra, don Isaac aportó la segunda, y don Max aportó el resto. Estando ya metidos en el asunto de los plásticos inyectados alguno de ellos se enteró en 1965 del diseño del italiano Joe Columbo, e hizo los arreglos para producir la silla en Colombia donde la marca Rimax se convirtió en un nombre genérico para las sillas plásticas, cualquiera sea la marca que las produzca.

Silla plástica Rimax 
con descanzabrazos

Fue así como el invento de don Columbo llegó a mi necesitado coxis y a mis agradecidas posaderas, y aún no averiguo para qué sirve un huequito que tienen en el vértice o curva donde se juntan el asiento y el espaldar. Tal vez sea para que el agua escurra cuando llueve, supongo, pero tendré que poner cuidado para que no me pase la de don Claus Jorstad porque a estas alturas de la vida me dolería mucho perder uno de los pocos recuerdos que me quedan de los trajines de la adolescencia.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 23 de octubre de 2016

175. Jaime Jaramillo Suárez, coleccionista en la sombra

No sé quién fue el primero que lo dijo, pero “Detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer”; o “Cherchez la femme”, como dijo en “Los mohicanos de París” el novelista Alejandro Dumas, padre (no confundir con Alejandro Dumas, hijo).

Hablando una vez con don Ricardo Ostuni para la entrevista que publiqué en este blog, me dijo que en sus investigaciones sobre el lugar de nacimiento de Carlos Gardel había encontrado muchas inconsistencias en la historia oficial, y que “… A raíz de esas inconsistencias dejé de lado el trabajo que había iniciado y me entregué durante cinco años y pico a profundizar en estas dudas. Mi mujer Ana Edith “Bocha” Rocca, aquí a mi lado, es testigo de cuántos interrogantes me asaltaban y cuántas dudas tenía que resolver en mi investigación porque ¿Con quién más iba yo a comentar esas cosas sino con ella, la que me ha acompañado?”. Tiempo después me dijo que ella había sido su acompañante en la tarea de investigar sobre la música, y en sus viajes, y en poner orden en el desorden que a veces se acumulaba en sus papeles.

El Dr. Luciano Londoño López me dijo una vez que “… Si no fuera por el apoyo de Ligia Castaño Restrepo, mi esposa, yo no podría hacer lo que hago ni ser lo que soy; o no hubiéramos estado casados por mucho tiempo. Ella me ha acompañado en la tarea y ha adaptado sus horarios a los míos que son poco convencionales porque desayunamos a las cinco y almorzamos a las once de la mañana, acorde con nuestros ciclos de sueño y de trabajo”.

Afirma don Cristóbal Díaz Ayala sobre su amistad con Jaime Jaramillo que “…Cimentó pronto la amistad entre nosotros y el hecho de que ambas cónyuges se hicieran buenas amigas también porque, mujeres inteligentes, apoyaban y cooperaban  en nuestra dedicación a la música… Tenemos ambos la suerte de que nuestras respectivas esposas, Luz Marina Gaviria la de Jaime, y Marisa Méndez la mía; compartan, apoyen, y ayuden extraordinariamente nuestra pasión…”.

Hubo un momento en que tenía en mi lista de contactos a tres Jaime Jaramillo, lo que me llevó a desambiguar o señalar debidamente cuál es cuál, y quién es quién. Después han aparecido otros homónimos. Van más de diez entre quienes están un jubilado, un tanguero, un poeta, un historiador, un benefactor de indigentes, un coleccionista de jazz, un escritor, un abogado, un sacerdote, un consultor de empresas.

Se encuentra el amigo Jaime Jaramillo Suárez en una nutrida compañía de homónimos, con diferentes rangos en grado de reconocimiento, pero de él dice su amigo Eduardo Ceballos Arango que “es, ante todo, un gran amigo, melómano consumado, una persona con gran carisma y sentido de pertenencia hacia las agrupaciones a las que pertenece…”. Orlando Montenegro Rolón afirma que “Por encima de todo Jaime es un ser especial, amigo leal, buen melómano y matancerólogo, pero mejor persona, con un don de gentes que no destiñe con el tiempo sino que se afirma…”. La Dra. Patricia Rebellón Betancur dice que “Es un hombre de bien, altruista, y digno de ser  amigo… que comparte su saber y tener con sus congéneres… desprevenido, sencillo, jovial, amable y servicial…”. El cubano Mario A. García Romero dice que él “Es una persona muy importante en las investigaciones sobre la música, que se ha dedicado a coleccionar y poner a disposición de investigadores e interesados mucho material gráfico sobre este importante renglón cultural…”. Rosni Portaccio Fontalvo, a su vez, afirma de Jaime que “Lo vi varias veces en los programas de televisión de Eloy M. Cepero en Miami, de la serie de Grandes Leyendas Musicales Cubanas, a los que era invitado para que compartiera sus conocimientos con la audiencia… Cuando lo conocí personalmente encontré en él a un gran amigo…”. El cubano don Cristóbal Díaz-Ayala, por su parte, testimonia que “Sin ir más lejos, Jaime Jaramillo Suárez es muy modesto, pero lo que sabe de música puertorriqueña entre otras cosas ya lo quisiera saber yo. Tiene, además, una paciencia que yo no tengo para internarse en los archivos aduanales de los Estados Unidos para ayudar a descubrir detalles sobre el movimiento migratorio de boricuas y de cubanos hacia y desde los Estados Unidos… Siempre amable y risueño, con una memoria prodigiosa y un conocimiento extraordinario de la música colombiana, cubana, puertorriqueña, y en general latinoamericana… Servicial y siempre dispuesto a compartir lo que sabe con cualquiera que lo necesite… Ese es Jaime Jaramillo Suárez…”. Y a su vez el puertorriqueño José Arsenio Ramos Rodríguez, “Joseán Ramos”, biógrafo de Daniel Santos, dice que:

Como escritor e investigador musical y, sobre todo, porque en los pasados quince meses he tenido en Jaime mi mentor y consejero en todo lo relativo a la nueva edición de "Vengo a decirle adiós a los muchachos", mi libro sobre Daniel Santos; en ese tiempo no creo que haya pasado una semana sin que nos hayamos comunicado por teléfono o Internet para aclarar alguna duda y compartir sus vastas referencias musicales. Por tal motivo le dediqué la crónica "Recuerdos, memorias y otras nostalgias de Daniel Santos" incluida en la edición conmemorativa de su centenario. Como coleccionista de música popular, con especialidad en videos y en investigación forense y arqueológica, Jaime representa lo mejor de esa logia de melómanos que se dedican a conseguir, preservar, y difundir nuestros más altos valores musicales, en aras de nutrir a los que escribimos sobre el tema, y a otros artistas, por múltiples vías. Ir de la mano suya en estos menesteres ha sido fundamental porque Jaime es un investigador muy severo en su búsqueda, que fundamenta sus innumerables anécdotas y datos con la más fidedigna documentación de fuentes primarias. A lo largo de su vida Jaime ha frecuentado círculos musicales que lo han acercado a algunos protagonistas de nuestro pentagrama musical continental, lo que le ha permitido compartir y entrevistar a muchos de ellos. Igualmente ha establecido tertulias entre coleccionistas de música popular, como es el caso del grupo de músicos y melómanos que todavía se reúnen en un café cerca de la Catedral de la Música y de Viera Discos de Rafael Viera Figueroa, en la Parada 15 de Santurce, Puerto Rico. Aparte de sus vastos conocimientos musicales lo que más caracteriza a Jaime es su generosidad al compartir lo que le ha tomado tiempo, dinero, y esfuerzo, conseguir; con la plena conciencia de que esa es la finalidad de todo autentico coleccionista. Para rematar, Jaime cuenta con un ser muy especial a su lado, su esposa Luz Marina Gaviria, cuyo entusiasmo y colaboración le han permitido crear el ambiente propicio para tan importante quehacer histórico y musical…”.

Preguntamos a doña Luz Marina Gaviria: "¿Cómo ha sido para usted compartir la vida con Jaime?”. Su cara se iluminó. “Jaime es un ser muy especial. Estando yo en Cali llegó él también de visita donde sus primas. Venía devastado por los desengaños y despechos de una desilusión amorosa de esas que por estos lados denominamos `una traga maluca´. Traía él la resaca o cruda regada por todo el cuerpo y como que le quería partir el corazón. Me conmovió su don de gentes, su nobleza, su sencillez, y hubo algo en él que me llegó al alma. –Un hombre así, me dije, es un hombre leal y recto. Es incapaz de hacerle mal a nadie–. Tomé la decisión de ser su paño de lágrimas”. Él asiente, y agrega que vio en ella a la mujer de su vida, y que “vi de inmediato que mi destino no estaba en los Estados Unidos sino al lado de ella. Como mi trabajo estaba en New Jersey, le propuse matrimonio y me la llevé a vivir allá. Durante más de treinta años ha sido mi pareja en la buena y en la mala”. 

Vemos, pues, que a pesar de su bajo perfil de hombre esencialmente introvertido es un hombre que se ha labrado a pulso una reputación de hombre de bien y leal como persona, y un reconocimiento internacional por sus conocimientos en el mundo de la música popular caribeña. Decían de él los fallecidos doctores Héctor Ramírez Bedoya y Luciano Londoño López que “es el mayor coleccionista del mundo en videos de la música popular caribeña”; y estas piezas de su nutrida colección son las que exhibe con mayor gusto y las que dejan con la boca abierta a los asistentes a cualquiera de los foros en que se presenta. En algún video suyo se puede ver a Celia Cruz cuando era una jovencita empezando su carrera artística, o a Daniel Santos cuando apenas iniciaba la lista de sus doce matrimonios, o a la Sonora Matancera cuando los integrantes de la primera plantilla todavía eran jóvenes. Más que curiosidades, sus videos son verdaderos documentos que testimonian una época de la música que se remonta a setenta, ochenta, y más años atrás. A sus pesquisas debe Joseán Ramos la partida de bautismo física en la que se evidencia el verdadero nombre y la verdadera fecha de nacimiento de Daniel Santos, pudiendo enriquecer con el facsímil de ese documento el libro biográfico sobre el cantante que escribió Joseán Ramos. Muchas fotografías incluidas por él en la edición conmemorativa del centenario del natalicio de Daniel provienen también de la colección particular de Jaime Jaramillo Suárez. Particular es un decir, “porque ustedes saben que lo mío también es de ustedes”, según se precia de decir un hombre desprendido que no conoce para nada el egoísmo.

Jaime nació en Pereira, y fue el penúltimo entre diez hermanos. Tenía apenas cuatro años cuando fue llevado a vivir a Barranquilla donde se crió y alcanzó a graduarse como ingeniero químico para después viajar a Nueva York donde lo habían precedido dos de sus hermanos. Allí encontró trabajo con Warner Lambert la multinacional fabricante de los Chiclets Adams, empresa en la que hizo una carrera pero por sus méritos académicos las autoridades norteamericanas le validaron su título colombiano sin necesidad de homologación, permitiéndole ejercer la profesión en ese país, lo que le permitió desempeñarse como profesional en el área de Control de Calidad de la empresa. “Conté con el apoyo de la empresa primero, y de mi esposa que aportó en ello mucha cuota de sacrificio”. Muchos años tenía de estar allá cuando fue asignado para la planta de San Juan en Puerto Rico “Donde vivimos por algunos años más”. Habiendo llegado ya a la madurez en edad y en su desarrollo laboral, próximo a la jubilación, se encontró con el hecho de una fusión empresarial en que se avecinaron grandes cambios. “Pero para ese momento nuestra hija Alba, que había cursado el bachillerato en Puerto Rico, decidió estudiar en una universidad del estado de La Florida, y Jaime había tomado la decisión de trabajar menos, y de viajar menos, para poder dedicar más tiempo a la familia y disfrutar de la vida de hogar. Ese es un precio que muchos pagan por querer ganar mucho dinero y querer escalar posiciones más altas que Jaime no quiso aceptar”, dice su esposa. Regresaron a los Estados Unidos y vieron graduar a su hija como comunicadora y productora de audiovisuales en Nueva York, donde reside, y al pensionarse los padres en sus respectivas actividades resolvieron volver a Colombia y radicarse en Medellín, “una ciudad donde hemos encontrado un ambiente tranquilo, y el reposo para la nueva etapa que emprendíamos”.

Pasamos a preguntarle: “Es esa su vida laboral, amigo Jaime, pero ¿Cómo se dio aquello de su contacto con la música, y cómo se hizo coleccionista?”, y él respondió; “Bueno, pues para eso tuve que contar también con el apoyo de mi esposa, porque sin ella esta actividad no hubiera sido posible y se hubiera vuelto dificultosa”. Ella agregó: “A los dos nos gusta la música y la disfrutamos desde niños, la música es una de las cosas que nos ha unido en la vida y yo lo acompañé cuando quería viajar a algún lugar para no dejar escapar un video, una grabación, un documento, que después sería difícil de conseguir si no aprovechábamos la oportunidad. Había que hacerlo. Tomé la decisión de acompañar a Jaime a todos lados y estar en sus tertulias, en sus reuniones, en sus viajes. Era preferible acompañarlo que dejar que cada uno cogiera por su lado”. Para este momento pienso que fue sabia su decisión, y necesaria en una casa que puede parecer demasiado amplia para dos personas, pero que está ocupada en muchos rincones por los discos, libros, videos, grabaciones, documentos. “En esta sala trabajo”, nos dice Jaime, mostrándonos su computador y “Estos son sólo algunos de los libros, y estos son sólo algunos de los videos, y estos algunos de los discos, y estos…”. Por todos lados los frutos de su colección de toda una vida y hay carpetas, y fuelles, y enciclopedias, y documentos en español y en inglés que han hecho que a él se le considere “una biblia” por sus conocimientos musicales que “es cierto que están en los libros que Jaime consulta a cada momento, pero también en su cabeza que tiene una memoria prodigiosa”, dice Luz Marina mientras han venido mostrándonos toda su casa. 

Para ese momento ya hemos llegado a la cocina, y detrás de ella se encuentra el patio de ropas. Hay un mueble que se supone guarda ropa sucia para lavar, o quizás ropa limpia para planchar. “Nada de eso. Aquí guardo infinidad de fotografías que lamentablemente están en desorden por el asunto de los trasteos. Pero, mira, éste que ves aquí es mi amigo Tite Curet Alonso, que ya falleció. Y este es Willie Rosario cuando era niño. Y este es Cheo Feliciano cuando estaba joven. Y esta es la madre de Maelo Rivera. Este es Maelo”. Las fotografías han venido acumulándose “pero veo, Jaime, que no las tienes marcadas con los respectivos nombres”. “Así es”, asiente, “pero esos están todos aquí”, dice señalándose la cabeza, “y aquí”, termina señalándose el corazón. 

De su paso por la tertulia de Discos Viera le queda una placa de reconocimiento “porque ellos dicen que yo fui el que la fundó. No es eso así, sino que como yo iba a conversar con Rafael Viera y allí llegaban los coleccionistas y músicos y melómanos de Puerto Rico, pues terminó siendo una tertulia reconocida y yo sólo era apenas uno de sus animadores”, dice con mucha modestia Jaime, y contradice el contenido de la placa que es muy diciente. Allí aparecen nombres en que sólo se lee Tite, o Cheo, o Joe, o Cristóbal, o Ismael… y ante cada uno de ellos Jaime pronuncia un apellido complementario que resulta ser el de alguna leyenda de la salsa o la música caribeña “Que son mis amigos en la música, y mis hermanos de corazón”. En su vida de retiro en Medellín permanece activo, y va a las tertulias de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia de la que es socio y donde ha hecho presentación de sus videos, o a la de coleccionistas del Salón Málaga donde es un colaborador frecuente y reconocido, “…o viajamos a los festivales de La Habana, o de Puerto Rico, o de alguna ciudad de Colombia donde nos inviten a participar con estos materiales. O a Estados Unidos para visitar a nuestra hija y a los muchos amigos que tenemos allá”. Allá los tienen, y no sólo en Nueva York sino en Miami donde también vivieron.

Jaime y Luz Marina respiran música y viven en ella. La música los ha unido de toda una vida, y les proporciona satisfacciones en su etapa de retiro. Son ellos coleccionistas de mucho reconocimiento en el ámbito internacional.

Un video del encuentro con Jaime Jaramillo Suárez y su esposa Luz Marina Gaviria de Jaramillo en su casa, en presencia de Joseán Ramos y su esposa, fue registrado por la cámara de Víctor Bustamante Cañas y puede verse en el siguiente enlace:


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 16 de octubre de 2016

174. Daniel Santos, sus hijos, y sus matrimonios (3 de 3)

La biografía de Daniel Santos

Retomando la lectura del libro biográfico sobre Daniel Santos escrito por Joseán Ramos (José Arsenio Ramos Rodríguez, puertorriqueño criado en Nueva York), con el título de “Vengo a decirle adiós a los muchachos” (Publicaciones Gaviota, Puerto Rico, 4ª edición en noviembre de 2015); y haciendo un recorrido por el mapa amoroso del cantante boricua, me encuentro con que en tratándose de mujeres en su vida no son todas las que están, ni están todas las que son. Los números de tamaño pequeño, que aparecen entre paréntesis, corresponden a las respectivas páginas de este libro, de donde fue tomada la información. 

A gato viejo, ratón tierno

De todo hubo en la relación amorosa de Daniel con las mujeres, pero es claro que lo suyo fueron las mujeres jóvenes. No importa que en algún momento de su vida se hubiera relacionado con mujeres mayores que él, pero jóvenes. Al final de sus días no se permitió tales debilidades de carne curada, y se limitó a la carne fresca. 

En el año 1957 por ejemplo, al decir de Joseán Ramos, el Inquieto Anacobero era un hombre de 41 años que estaba en Caracas y frecuentaba el burdel de María Luisa “La Gata” Saavedra; “...saboreando el nácar que se derramaba de los duros pezones de Marmolina; sintiendo el tibio y excitado pubis de Chucha que acariciaba su boca al ritmo de Quisqueya; atragantándose con el suspiro de savia que depositaba en sus labios La Tamborito; asfixiándose con los húmedos besos que dejaba caer sobre su cuerpo tendido la Filé Miñón; y acomodándose como un felino enfermo de calentura entre los tibios pechos de La Gata”. “La Gata tenía entonces cuarenta años, más o menos. Era una mujer hermosa y muchas personas importantes de Caracas se enamoraron de ella, y ella tenía cariño para todos”. “Con la misma cara de luna redonda que la había descrito Salvador Garmendia… el hociquito puntiagudo, los ojos verdosos, el pelo rizado sobre la frente reducida, la piel blanca de niña impúber que le disimulaba sus cuarenta y cinco años; amortiguando heridas a los enfermos de amor en el mismo local que administró durante diez años”. “De la gata conservo unos recuerdos muy tiernos… Su verdadero nombre era Delfina". “Fue muy amiga mía. Nos teníamos un gran cariño de hermanos, y ella siempre estaba pendiente de mí… En una ocasión me enfermé. Estaba solo, y recurrí a ella. Delfina me atendió, se ocupó de mí como si fuera mi madre, y me cuidó en su casa hasta que me curé. Una cosa así no se olvida(pag. 140, 144 a 146). Se ocupó de él como si fuera su madre, y se tenían un gran cariño de hermanos. La Gata era, pues, una mujer cuatro años mayor que Daniel aprovechando sus últimos días de esplendor porque, a poco, ya iba a estar muy vieja para él… o quizás ya lo estaba.

En Caracas convivió en 1957 con una mujer que ya era madre de seis hijos. No tuvieron hijos propios. Ella tenía una hija de 18 años, y la hija tenía un novio muy celoso. Este novio acusó a Daniel de haber violado a la muchacha. Yo no sabría decirlo, pero es posible que hubiera alguna relación consentida entre los dos. No era Daniel hombre que se parara en peros a la hora de aprovechar una oportunidad, y no sería esa muchacha la primera que sucumbiera a los encantos de Daniel. Fácil decir, al sentirse sorprendida, que él la violó. Fácil para el novio decir, al sorprenderla, que la novia fue violada. Esas cosas se dan pero, ¿Cómo saberlo? El caso es que no hubo un juicio ni fue condenado por la justicia venezolana; pero por ese asunto se causó su salida de Venezuela, y no volvió hasta el año de 1965 (pag. 146-147, 437, 441-442)

En República Dominicana, recién salido del ejército, lo sorprendió el terremoto del 4 de agosto de 1946 mientras se revolcaba en vino con una sobrinita del general Rafael Leonidas y del mayor José “Petán” Trujillo Molina, su hermano. “Años después volví a encontrarla en un cabaret y viví con ella durante algún tiempo. La dejé preñada, y se casó con un tipo que le dio el apellido López para evitar que el niño tuviera el apellido Santos, porque así sufriría menos. A ese hijo nunca lo llegué a conocer(pag. 92).

Por los días del año 1938, “Cuando Jorge Negrete debutaba como maraquero y cantante en el Cabaret Yumurí”, Daniel ganaba muy poco por una presentación porque en ese entonces “diecisiete dólares apenas alcanzaban para vivir. Fue entonces que me metí a chulo… me pasaban el dinero por debajo de la mesa, una por una… se sentaban en la cantina en lo que yo terminaba mi presentación para ver cuál se iba conmigo esa noche… me llevaba a esta, el otro día a la otra, y después a Panchita, y así todo el mundo estaba contento. A veces me llevaba a más de una, a veces me las llevaba a las cinco, y aquello terminaba en una bacanal(pag. 42, 70).

En el año de 1930 Daniel era un jovencito de 14 años clasificado como green hornet o avispón verde que les decían a los dominicanos recién llegados (pag. 407), y madurado biche en los vaivenes del destino; cuando conoció en Nueva York a la primera mujer de su vida, una puertorriqueñita de 12 años que lo marcó tanto que quedó grabada con tinta indeleble en el tatuaje que Daniel se hizo hacer en el antebrazo derecho con las palabras “Love-Augie(pag. 253), encerradas por un corazón con una flecha. La chiquilla con la que Daniel aprendió las caricias del amor “Se llamaba Agustina Muñoz, y le decían Augie(pag. 27); y fue su pretendido amor eterno que duró lo que dura un suspiro de Daniel. 

En esta novela biográfica escrita por Joseán Ramos habla Daniel “De su encuentro con Myrta Silva, y cómo se llegó a enamorar de ella a los catorce años(pag. 45). Hay que aclarar que en ese momento la que tenía 14 años era Myrta, puesto que ella nació en 1927, y de ahí se deduce que corría el año de 1941. Aunque al rememorar los últimos días de Myrta dice Daniel que ya “no alcanzaba a ser una sombra de aquella niña de 13 años que me robó el corazón en la urbe neoyorquina y me enamoró profundamente cuando cantaba en el Cabaret Marta por veinticinco dólares semanales y un plato de spaghetti diario(pag. 137-138); lo que hace pensar que si ella tenía 13 años cuando la conoció, el que corría era el año de 1940. Claro que un año de más o de menos en los recuerdos al cabo de los años, tampoco es diferencia. Y también hace pensar que quien cantaba en el Cabaret Marta era Daniel, porque tal vez una niña de 13 años no fuera admitida a trabajar en un cabaret neoyorquino, aunque fuera como simple cantante. Con los años, la relación entre los dos terminó mal, así al final él reconociera que “sentí mucha compasión por ella, y le deseé luz para su espíritu(pag. 137).

En 1931, dice Daniel, “En Nueva York conocí a Rosa Sarno, una italiana que llegó a ser mi mujer por muchos años y por ella tuve que dejar a todas las otras mujeres… Era tan brava que la llamaban Rosa la Peligrosa. Yo no quería dejarlas, pero ella me las espantó(pag. 409). Él tenía 15, y ella 22. Con ella tuvo Daniel su primer hijo, de nombre Joe Santos, que al crecer llegó a ser actor de cine en Hollywood. Rosa se casó con otro italiano, y pasó a llamarse Rose Minieri (pag. 186, 198-199). “Ya licenciado del ejército en 1946 volví con La Peligrosa. Me conmovió y me casé con ella por lo civil. Seguí casado, aunque no viviendo con ella, por veinte años más. Viví una existencia de celos y de peleas, y la dejé por incorregible(pag. 414).

La amarga copa de la decepción

No todas las mujeres que se le atravesaron en el camino lo quisieron, y también él bebió la amarga copa del desengaño y de la decepción. En Panamá le propuso matrimonio a Dulce, la costarricense que conoció en un cabaret y de quien se enamoró. Ella simplemente calculó la conveniencia de tener a un hombre que no tuviera dificultad para ganarse la vida, y lo llevó a conocer a su familia en Costa Rica; pero apareció el marido que tenía, echando por tierra las posibilidades de ese nuevo matrimonio (pag. 455).

En 1950, por haberle desfigurado el rostro a Nora Calvo, fue a la prisión El Príncipe en La Habana, donde escribió su canción “preso estoy, y estoy cumpliendo la condena que me da la sociedad”. Fue indultado por el presidente Carlos Prío Socarrás, a ruegos de su madre doña Tecla, que era admiradora de Daniel (pag. 209).

La bailarina norteamericana Patricia Schmidt (Tras un viaje glorioso al paraíso, quiso ella forjarse una ilusión…), apodada Satira (pag. 101, 202), inspiró dos de los temas de Daniel, pero entre ellos no hubo nada amoroso; aunque viendo sus fotografías bien se ve que era bonita, y Daniel podría decirse que le tiraba hasta a su propia sombra. Mucho contribuyó él para sacarla de la cárcel, y sus acciones tuvieron que generar alguna deuda de gratitud. Cuando salió de la cárcel se fue ella sin despedirse. Tal vez lo suyo fue una muestra de ingratitud… pero tal vez fue una manera de irse sin tener que pagar deudas amorosas por aquello de que “es mejor deber plata, que deber favores”. Todas las mujeres no son para uno, por más Daniel Santos que sea. En la canción “Ya tú ves, Patricia”, dice Daniel que “Siempre acuérdate que un Dios hay en el cielo, y nunca pierdas ni la fe ni la esperanza”.

En los años cincuenta estuvo en Cuba donde:

Sostenía relaciones amorosas con una joven cubana muy guapa, y un día me dijo que no podíamos continuar debido a que yo no quería darle la seriedad que ella se merecía, puesto que continuaba viviendo en forma desordenada. Traté de convencerla para que no tomara la decisión de dejarme, pero al ver que nada podía hacer dejé de insistir y me fui para las playas más lindas de Varadero donde entré a un bar y pedí un trago tras otro. Salí de medio peo, y al llegar a la orilla del mar decidí seguir caminando mar adentro como Alfonsina con su soledad… Cuando sentí sus aguas llegar al cuello, detuve el paso y dije para mí: ¿Debo matarme por una mujer?... Di vuelta y, tiritando, volví al bar por otro trago porque “No buscaré alivio con la muerte y seguiré mi vida de una vez, ya que la suerte me ha olvidado, y ella ya no me quiere, por eso no me mataré(pag. 109)

La vedette Elisa Araújo, a quien Agustín Lara apodó “La María Félix cubana”, dice el libro de Joseán Ramos que “fue una conquista difícil para Daniel, y la única que rechazó su propuesta de matrimonio(pag. 220). Con ella estuvo Daniel en Colombia, y “la presentó como su esposa durante el corto romance que vivieron(pag. 231). En la página 18 del libro “Daniel Santos en su Habana”, del cubano Helio Orovio, se recoge una declaración dada por ella en entrevista: “Daniel se enamoró de mí, y quiso casarse conmigo. Aunque tuvimos una relación muy bonita, yo no quise casarme con él porque decían que a él le gustaba dar escándalos y pegarle a las mujeres. El 5 de enero de 1960 coincidimos en Panamá y recibí un telegrama comunicándome la muerte de mi padre, pero yo tuve que actuar así. Daniel se enteró, y fue a verme. Estuvo toda la noche conmigo. Él era muy bueno, una gran persona”. En el libro de Orovio aparece su nombre como Elsa; pero es Elisa, puesto que como Elisa Araújo aparece su nombre en un cartel que anuncia su actuación en la película cubana “La mesera del café del puerto”, filmada en 1955. Elisa Araújo viene a ser, pues, la esposa que no fue esposa. 

Sus hijos

En algún texto leí que él había tenido doce hijos, otro habla de catorce, en otro se habla de ocho y en otro se habla de seis. Mis cuentas incluyen a Joe Santos, el actor; a Daniel Santos Jr., el diplomático; a Ronnie Santos, el hijo adoptivo de Maelo; al hijo de la sobrinita del dictador Rafael Leonidas Trujillo; a un hijo “que tuve en Cuba en 1950, pero al que no conozco” (pag. 436); a “otro que tuve en Nueva York en 1955, al que quiero mucho” (pag. 437); y en una entrevista concedida a José Pardo Llada habla, sin identificarlo, de “un hijo mío que se suicidó y yo lo quería con el alma”. Según Roberto Llanos Rodado en su artículo “Daniel Santos y las huellas que dejó en Barranquilla”, en un momento en que Daniel visitó esa ciudad “No tenía hijos a su cargo. Vivía con un hijo de crianza que llamaba Armandito y menciona en la canción El 5 y 6”. Efectivamente, en la transmisión de la carrera de caballos que hace Daniel Santos dice con voz de locutor “… Y Armandito, que casi no se ve”. Y, claro, no podemos dejar por fuera a David Albizu y a Danilú Santos, los hijos de Luz Dary Pedredín. A Danilú le escribió en Puerto Rico la letra de una canción a la que Pedro “Davilita” Ortiz Dávila le puso música con fecha de 1975 según Danilú, pero más seguramente con fecha de 1973 porque en ese año aparece grabada por Mario Hernández y su conjunto en el sello Lozano en LP de 33.1/3 rpm., con canciones navideñas que Jaime Suárez Cuevas y los socios de ACME de Cali registran con el número 1089 de la discografía de Daniel. Son doce temas grabados en ese año que van desde el número 1087 al 1098 de dicha lista.

Trae el libro de Ramos una “Reflexión”, un texto escrito de puño y letra del mismo Daniel, en el que se refiere a sus amores y a sus hijos diciendo que:

Tengo el pelo completamente blanco. El día 6 de junio de este año de 1986 acabo de cumplir por la Gracia de Dios 70 años… se me aprieta el alma con el sufrimiento de tantos amores pasados y perdidos que me cansan la conciencia… Si fui yo el culpable, o si fueron ellas, no sé. Cada uno le echa la culpa al otro. Pero nos queda el consuelo dentro del dolor que no somos los únicos que en el curso de la vida hayan tomado el mismo camino de alegría, de tristeza, de sentimiento, de dolor. Pero no me quejo, con seguridad, porque también he conocido el triunfo, y los momentos de éxtasis, y los momentos de amor. Sí, tengo muchos recuerdos que vívidamente representan momentos de amor, momentos de éxtasis. Sí, tengo recuerdos, y algunos llevan nombres que yo mismo he pensado y he registrado en los diferentes departamentos demográficos de diferentes países del hemisferio. De los que he conocido personalmente, estoy muy orgulloso: un actor, un diplomático, un policía, dos que jamás he visto desde su nacimiento, y dos que están en el presente bajo mi custodia por haber sido abandonados por su madre natural, una mujer sin alma. Ojalá yo tenga el amor de ellos, que ese es el único que me hace falta para seguir… Hasta que Dios quiera(pag. 461)

Según este recuento de Daniel, son siete, pero faltan datos de otros municipios. En ese momento se acababa de divorciar, o estaba próximo a hacerlo, de Ana Mercedes Rivero Morales que fue su viuda; con la que cuatro años después se volvería a casar. En el recuerdo de Daniel la esposa colombiana era una mala madre que abandonó a sus hijos. Habría que conocer la versión de ella para tener otro punto de vista porque, como dijo un juez de familia: “En todo asunto hay tres versiones. La del uno, la del otro, y la verdadera”.

Sus doce matrimonios

Hasta aquí hemos hecho un repaso de algunas de las mujeres que pasaron por la vida de Daniel Santos desde que la chiquitina Agustinita Muñoz le enseñó los placeres del sexo en Nueva York, cuando todavía nadaba en las aguas de la adolescencia en el año de 1930. No se casó con ella, pero a lo largo de su vida lo hizo en doce ocasiones (pag. 107). Ya hemos mencionado a su esposa dominicana Rosa Linda “La peleona” Santana, y a Rosa “La peligrosa” Sarno, madre de su hijo Joe Santos que se hizo actor en Hollywood. Pero también está Gladys Serrano, la madre de su hijo Rodney “Ronnie” Santos, que se casó con Ismael “Maelo” Rivera, y con el beneplácito de Daniel Maelo crió al hijo como suyo (pag. 45, 229). Está la cubana Eugenia Pérez Portal, madre de su hijo Daniel Jr. que se hizo diplomático para el gobierno norteamericano e inspiró el disco “Déjame ver a mi hijo”, con quien se casó en 1947 y el hijo nació en 1948 (pag. 102, 138, 150, 204-205). Está la cantante mexicana Alicia de Córdova, hermana del actor Arturo de Córdova, con quien se casó en 1958 (pag. 138, 216). Está la norteamericana Judith Ford, que era su esposa en 1960 (pag. 229). Está Lucy Montilla, con quien se casó en 1934 en Nueva York, pero no tuvieron hijos (pag. 474). Está Luz Dary Pedredín, la caleña de 15 años con quien se casó en 1972, que fue su penúltima esposa y le dio dos hijos: a David Albizu (no Daniel como dicen algunos) y a Danilú, que fueron criados por la última esposa (pag. 30, 240, 434). Está la última esposa, Ana Mercedes Rivero Morales, con quien se casó dos veces: la primera en 1984, con divorcio en 1986; y la segunda en 1990, a quien dejó viuda en 1992 (pag. 168, 254)

Hasta ahí van nueve matrimonios registrados en el libro de Joseán Ramos. ¿Cuáles son los otros tres? En otras partes se encuentran relacionadas Anita López, Nohemy Minerva, y Cuti Rebollo. Con estas se completan las doce; y hasta ahí lo que se sabe, aunque ordenarlas cronológicamente es un embrollo de difícil o casi imposible solución. Para completar la información fue útil leer el reportaje de Lucy Lorena Libreros en “La Gaceta” de diciembre 17 de 2012, y lo escrito por el Dr. Héctor Ramírez Bedoya (QEPD) en el blog Sonora Matancera.com; pero, sobre todo, el artículo de Freddy Gómez Ortiz en la revista “Son del Caribe”, que puede verse en este enlace:


A la hora de la verdad, para poder escribir completa la historia amorosa del Inquieto Anacobero se hubiera requerido de un narrador omnisciente o un camarógrafo que lo siguiera día y noche durante los 76 años de su vida; y eso a duras penas lo pudo conseguir el biógrafo Joseán Ramos por un corto tiempo debido a que en uno de sus accesos temperamentales, “Daniel me echó”; tal como le sucedió a todas sus mujeres.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)





domingo, 9 de octubre de 2016

173. Daniel Santos, de mujer a mujer (2 de 3)

La discografía de Daniel Santos

Jaime Suárez Cuevas, presidente de la Asociación de Amigos Coleccionistas y Melómanos de Cali (ACME), participó por Colombia en el Coloquio Internacional de Boleros de Oro de La Habana (Cuba) en junio de 2016; y dijo en su ponencia, titulada “Daniel Santos, discografía y anécdotas”, que durante su vida artística el cantante boricua había hecho 1288 grabaciones. Esa ponencia, con la discografía completa recopilada por Suárez Cuevas con sus compañeros de ACME, aparece en la página Web de la Asociación y es, a no dudarlo, un documento de imprescindible consulta para los Danielsantómanos del mundo:


Dice Jaime Suárez en su artículo que 265 de las grabaciones del Jefe son de la autoría de Daniel, y me he puesto a contar cuántas llevan en el título un nombre de mujer, además de las muchas letras que se inspiraron en la mujer con otros títulos, y encontré 33. No son pocas, y no podían serlo en un hombre que vivió de y para la mujer. Su condición de mujeriego no es un secreto.

Vengo a decirle adiós a los muchachos, de Joseán Ramos

He retomado el libro biográfico sobre Daniel escrito por Joseán Ramos (José Arsenio Ramos Rodríguez, puertorriqueño criado en Nueva York) con el título de “Vengo a decirle adiós a los muchachos” (Publicaciones Gaviota, Puerto Rico, 4ª edición en noviembre de 2015). Los números de tamaño pequeño, que aparecen entre paréntesis, corresponden a las respectivas páginas de este libro, de donde fue tomada la información. 

Con el ánimo de dar una nueva lectura a este libro, y hacer un recorrido por el mapa amoroso de Daniel Santos, me encuentro con que la primera mujer que aparece allí con el nombre de “Linda” no fue suya sino de su paisano Pedro Flores, el hombre que enseñó a Daniel Santos a cantar fraseado a lo Daniel. Fue él el que le dio a la voz del Jefe “el picado o tumbao a lo Daniel”; aunque contó Joseán Ramos, en entrevista concedida a Reinaldo Spitaletta, que según dijo Daniel lo de la cadencia de “que dejo tan solita a mi mamaooo” se lo inventó él, y no don Pedro, una vez en que hacían una grabación y don Pedro lo hizo repetir tantas veces el tema que resolvió decirle cantando que “ya lo tenía mamao”. A don Pedro le hizo gracia y le dijo: “Oye, chico, eso te salió bien. Sigue alargando las aes”.

La verdadera Linda de Daniel Santos, y la Linda que no era Linda

Don Pedro Flores conoció a Linda cuando era una hermosa chiquilla “Sentada en un banco del Parque Muñoz Rivera en San Juan de Puerto Rico(pag. 59), y la canción surgió porque después de eso no la volvió a ver. “Se había marchado hacia la ciudad donde iba a parar una tercera parte de los puertorriqueños, hacia Nueva York y sus desgracias(pag. 59). A Daniel la canción “Linda”, de don Pedro, le sirvió de inspiración para cuatro o cinco más como episodios por entregas de una novela melodramática con argumentos retorcidos: “Carta de Linda”, “Volvió Linda”, “La salvación de Linda”, “La muerte de Linda”; y no sé si también “Luisa Linda” haga parte de la discolindografía de Daniel. Aunque Daniel dijo en el libro de Joseán Ramos tener más de 400 composiciones (pag. 107), todas no fueron grabadas, y la discografía recopilada por Jaime Suárez trae 265 composiciones del Inquieto Anacobero. Todas las canciones dedicadas a Linda, menos una, son de la autoría de Daniel.

Pero no fue suya la primera –precisamente la primera– "Linda" (Yo no he visto a linda, parece mentira…) del recorrido vital de este cantante. Pasado el tiempo Daniel encontró a un envejecido don Pedro de 85 años en el Hospital de Veteranos  de San Patricio en Puerto Rico, con achaques y quebrantos de salud que le producirían la muerte poco después “... de que su hija le trajera a una anciana de cabellos secos que muchos años antes lo había dejado esperando en el Parque Muñoz Rivera(pag. 61). La Linda del cuento reapareció en la vida de don Pedro cuando ya la muerte lo acechaba agazapada en las barandas de la cama. En su lecho de enfermo, don Pedro “Volvió a ver a la Linda que había perdido en la noche de la nada(pag. 69).

Claro que en la vida de Daniel hubo una Linda que no era Linda. Rosa Linda Santana, que fue su esposa y durante 25 años mantuvo una tortuosa relación de encuentros y desencuentros con Daniel; se autodenominó Linda, y decía ser “La Linda de Daniel(pag. 210-211), fabricándose el mito de ser la inspiradora de “yo no he visto a Linda, parece mentira” y todo lo demás, pero ya vemos que no fue así. Cuando Daniel la conoció, en el año de 1940, ella tenía 14 años y él 24 (pag. 311). Por conflictiva, Daniel la apodó “Rosa Linda, la peleona”; y ella, haciendo honor a su apodo, envió en 1949 una carta a la revista Bohemia de La Habana despotricando contra “mi legítimo esposo el cantante puertorriqueño Daniel Santos, de quien no estoy divorciada aunque por ahí él diga lo contrario… demostrando muy poca caballerosidad ha tomado mi nombre para hacerse publicidad que beneficie su actuación dramática, sin importarle nada que perjudique mi reputación(pag. 309). Al estilo norteamericano, firmó esta carta como Mrs. Rosa Santos.

De mujer a mujer, lo lucharemos

El compositor puertorriqueño Esteban Taronjí González (Motivo y Razón, Cataclismo, etc.) compuso un bolero pendenciero, una declaración de guerra entre mujeres que Toña la Negra subió a las alturas del firmamento romántico musical: “De mujer a mujer… ¡Lo lucharemos! /Ella lo quiere, como yo, y lo adora… casi tanto como yo. /Si no es mío, ¡Nunca de las dos!... /De mujer a mujer lo lucharemos, a ver quién vence /y así se queda con su dulce querer…”. 

En lo amoroso, la vida del boricua Daniel Santos fue de tumbo en tumbo, y de mujer a mujer. Algunas no tuvieron inconveniente en compartir cama con él y hacer un trío en que el ponqué quedó amigablemente repartido entre “Toni, la negrita”, “Marushka, la novia de mi amigo”, y “Rosa Linda la peleona, que era una puta(pag. 64, 311), como le sucedió una vez; o entre, “La dominicana oriental de 18 años que después se hizo millonaria en un país suramericano”, “la puertorriqueña Lolín de 16 que era celosa y peleadora”; y “La sobrinita del dictador Rafael Leonidas Trujillo con quien se revolcaba en vino cuando el terremoto del 4 de agosto de 1946, que quedó en embarazo de un hijo que Daniel no conoció(pag. 91-92, 194, 416-417), como le sucedió en otra. No había problema para él en juntarlas. Pero otras mujeres, por el contrario, lo atacaron queriendo partirle la cara “con una cuchilla de esas de afeitar”. Dice Daniel que su primera gira artística por Puerto Rico en el año de 1941 “Fue una visita que me trajo algunos incidentes desagradables con dos mujeres. Una que intentó cortarme la cara, y la puse a rodar escaleras abajo; y otra que tuve que meterle un garrotazo con una penca de palma de coco, pues me quería joder en un baile…(pag. 71, 410). Las hubo que se tomaron de los cabellos y se fueron al piso en una “Reyerta entre dos aspirantes al amor de Daniel Santos en el Hotel Villa Concha de la playa de Marianao en Cuba(pag. 367); y otras como “La Flaca”, que intentó suicidarse y él tuvo que llevar al hospital para que fuera atendida… mientras él se enrumbaba con la enfermera mexicana (pag. 65). Daniel tuvo amores en República Dominicana con su secretaria Pura Márquez Zayas (pag. 363), y “En agosto de 1949, cuando dejé a la secretaria con quien tenía amores en el Hotel Victoria de Santo Domingo para irme al Potrero de Venturita, y como era peleona, alborotosa, egoísta, y muchas cosas más, como todas las mujeres, me puso pleito en el juzgado… seguí en mi casa del Potrero de Venturita con otras tres mujeres: una que había llegado embarazada a trabajar en la casa, y se incorporó al trío; otra jeba que ayudaba en los quehaceres de la casa; y una negrita bellísima que venía de vez en cuando y su trabajo era pararse desnuda de perfil en el ventanal de cristal por donde entraba la luz en las noches de luna. Se paraba ahí y los rayos formaban la silueta del cuerpo más perfecto del mundo, porque la negra no solo era bonita de cara sino que tenía un cuerpo perfecto y yo gozaba sólo con ver su silueta(pag. 314, 420-421). Otra vez “En La Vega de Santo Domingo en República Dominicana un señor al que tildaban de excéntrico autodenominado Son-Son Lara me llevó contratado… una caravana de automóviles me acompañaba y estaba compuesta de mujeres, amigotes, amigos, y borrachos… una casa en las afueras y no se podía ver desde las casas a su alrededor… empezamos a tomar en la sala de la casa… y cuando habíamos tomado bastante, y todos estaban en su punto, empezaba la orgía… Las mujeres se quitaban la ropa, y el que quería se quedaba en calzoncillos o sin nada… Son-Son se ponía un turbante a lo indio hecho de toallas e iba hasta su habitación para sacar de debajo de la cama toda clase de objetos sexuales y otra parafernalia para un rito erótico y extravagante… aquellas fiestas de mujeres y hombres desnudos podían durar un día, o dos, y llegar hasta tres(pag. 422-423).

Como soldado durante la II guerra mundial Daniel llegó al Japón. “En la casa de las Yoshiwaras en Osaka… cada uno hizo su elección… descargué la pasión con aquella japonesa que siguió conmigo durante los seis meses que estuve allí, antes de licenciarme en 1946. Durante ese tiempo robé en la comisaría carne, pescado, y otras cosas, para dárselas como pago por sus momentos de amor(pag. 85).

Puede deducirse que para Daniel Santos era más fácil pasarse sin la comida que sin la dormida... O la desvelada, que para el caso da lo mismo.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 2 de octubre de 2016

172. Daniel Santos, biografiado por Joseán Ramos, vino a decirle adiós a los muchachos

JOSEÁN RAMOS, EL ELEGIDO DE DANIEL SANTOS

Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos” (Mt. 22:14)

Daniel Santos, el cantante del Nobel” concedió en Bogotá al periodista Oscar Domínguez Giraldo, y otros, “en un baño del Coliseo Cubierto de El Campín improvisado como camerino”, una entrevista a la que Domínguez hace referencia en artículo que publicó la revista Semana el 28 de octubre de 2002. Dice allí que Daniel, “en tono filosófico”, confesó que para ese momento, “…Ya había escrito sus Confesiones, el mismo título que quince siglos atrás San Agustín el hijo de Santa Mónica dio a su autobiografía”; y luego agrega Domínguez que “…Santos aceptó que el libro estuvo mal planteado, pero que, de todas formas `Sólo escribí sobre cosas ásperas de mi vida, pero lo bonito de la vida no tiene importancia. El importante es el malo, el que tiene historia”. Se refería al libro “El Inquieto Anacobero”, un libro que encargó escribir al venezolano Héctor Mujica y que, por su contenido excesivamente centrado en las facetas negativas de su vida, se arrepintió de haberlo encargado.

http://www.semana.com/on-line/articulo/daniel-santos-cantante-del-Nobel/54638-3

En este artículo se menciona el hecho de que Daniel Santos y el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez se profesaban mutua admiración pública que desembocó en que Santos fuera mencionado en la novela “Relato de un náufrago”, y a su vez el Inquieto Anacobero grabara un CD con canciones en “Homenaje del Jefe a Gabo”. Esto es verdad sólo en parte, porque la mención de Daniel en la crónica que García Márquez publicó en una edición del periódico El Espectador del año 1955, que se recogió luego en un libro publicado en 1970, no son palabras de Gabo sino del náufrago Luis Alejandro Velasco recogidas en el capítulo “La noche” de dicho libro. Contando su aventura, rememora Velasco a un fallecido compañero que “…En Cartagena, cuando teníamos franquicia, nos sentábamos en el puente de Manga a la madrugada, mientras Ramón Herrera cantaba imitando a Daniel Santos y alguien lo acompañaba con una guitarra”. Esa mención de Velasco, recogida por García Márquez, fue suficiente para que en Daniel surgiera un interés especial por el escritor, así la admiración que el escritor sentía por el cantante fuera genuina y fuera anterior a la publicación de dicha crónica.

Cuenta Roberto Llanos Rodado en Al Día.co del periódico El Heraldo de la capital del departamento del Atlántico, en su artículo “Daniel Santos y las huellas que dejó en Barranquilla”, publicado el 14 de febrero de 2016, que Daniel Santos le propuso a Gabo que le escribiera la historia de su vida:

http://www.aldia.co/historias/especial-daniel-santos-y-las-huellas-que-dejo-en-barranquilla

Llanos Rodado cita a Walter Denis, director artístico del casino Pierino Gallo, quien como amigo de García Márquez y a instancias del periodista Edgar “Flash” García Ochoa, sirvió de puente en Cartagena para que en 1985 Gabo y Daniel se conocieran personalmente:

Según Denis, Gabo se emocionó mucho con la propuesta del encuentro, y acordaron reunirse a las 8 de la noche en el restaurante Costa Brava… Ambos llegaron vestidos elegantemente de blanco, y hasta se parecían físicamente tal vez por las canas”, dice Flash. “Yo hice la presentación y seguido pregunté: ‘¿Cuál de los dos es el Jefe?’ García Márquez dijo: ‘El Jefe es él, pero yo soy su maestro’. La velada fue a tragos de whisky y picada de mariscos”, recuerda también Flash. Gabo le cantó varios temas a Daniel que este no recordaba, tal vez por los inicios del Alzheimer que lo aniquiló finalmente… Uno de los aspectos destacados de la charla fue cuando Daniel Santos le pidió a García Márquez que le escribiera su biografía. "Gabito le contestó. ‘¿Tú quieres que te haga la biografía? Anota estos teléfonos, me llamas y hablamos’. Gabo le dio como quince teléfonos de todas las ciudades del mundo donde tenía casas. Yo creo que el Nobel le mamó gallo, pero Daniel los apuntó todos”, manifiesta Edgar García Ochoa. "La reunión de Gabo y Daniel, se prolongó hasta el amanecer”.

Quién sabe cuántos periodistas le harían a Daniel entrevistas en el transcurso de su vida, entre ellos José Pardo Llada, que yo sepa; pero sólo uno vino a ser, a la final, el escogido para hacer ese trabajo como escritor fantasma en la sombra, según se planteó la propuesta en un principio; aunque después las cosas hubieran cambiado y ésta pasó de ser una autobiografía a ser una biografía. Tal vez a aquel otro trabajo se refiriera Santos al hablarle a Domínguez de sus “Confesiones”, y de que tales confesiones habían quedado mal planteadas. A la final el trabajo de la deseada autobiografía de Daniel Santos no lo hizo García Márquez, ni lo hizo Mujica, sino que lo hizo Joseán Ramos porque, como decían los abuelos, “al que le han de dar, le guardan; y si está frío le calientan”, en un adagio que equivale a que “al que le conviene, a la casa le viene”.

García Márquez era admirador de Daniel Santos, pero era más admirador de Bienvenido Granda, según le confesó al cubano Rafael Lam en una entrevista. Tan admirador era de Granda, que por él se dejó crecer el bigote a lo Bienvenido y lo convirtió en uno de sus rasgos característicos. Igual hizo el presidente de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, médico Héctor Ramírez Bedoya, cuyo bigote recordaba al verlo al del “Bigote que canta”.

Esos toques personales o rasgos característicos “que recuerdan a” suelen darse, y cuando vi la fotografía de Joseán Ramos, el biógrafo de Daniel Santos, pensé en el argentino Fito Páez, y pensé en Héctor Lavoe, y pensé en Rubén Blades. Al ver personalmente a José Arsenio “Joseán” Ramos Rodríguez me confirmó la primera impresión visual. Es un hombre de uno con setenta y pico de estatura, delgado, con barba mediopoblada, cabello un poco largo, de lentes, usa sombrero, y viste camisa y pantalón en una pinta que recuerda la de los caribeños serios. La de los serios, porque la de los guapachosos con camisas floreadas y palmeras es otra cosa.

Joseán Ramos es el biógrafo oficial de Daniel Santos, el albacea escogido por él para contarle al mundo su historia y su trayectoria, y en noviembre de 2015 hizo la presentación de la cuarta edición de su libro “Vengo a decirle adiós a los muchachos”, un libro que fue motivo de encuentros y desencuentros entre él y el biografiado, porque los biografiados quieren que el que escribe cuente sólo las cosas buenas y no “las cosas ásperas de la vida”, para emplear la expresión del mismo Daniel; los lectores quieren que escriba sólo las cosas malas, que son precisamente esas cosas ásperas; y su tarea consiste en tratar de conciliar ambos intereses, cosa que en ocasiones es tarea poco menos que imposible. Hay quien dice que una buena biografía debe tomar distancia por lo menos de cincuenta años en el tiempo para ser objetiva. La primera edición del libro salió en vida de Daniel Santos, y para ese momento los dos se habían reconciliado del último distanciamiento.

¿Dónde naciste, Joseán?”, le preguntamos. Se acomodó un poco las gafas, y respondió: “Yo nací en Aibonito, Puerto Rico, en enero 21 de 1955, pero muy niño fui llevado a New York, donde me crié. Allí vivimos en el barrio Harlem Latino, contiguo al afamado Harlem que ocupa la población afrodescendiente. En otros tiempos la división era muy estricta, pero poco a poco ha venido dándose la integración. Allí crecí, he hice las escuelas primaria y secundaria. Después fui a la universidad, y tengo un grado en Literatura, una maestría en Periodismo y un doctorado en Comunicación”. Esta preparación profesional le permitió entrar a trabajar al diario “El Nuevo Día” de la capital puertorriqueña donde Carlos Castañeda, un cubano que era su jefe de redacción, le encomendó la tarea de “Oye, chico, búscate a Daniel Santos para que le hagas una entrevista”. Tal encargo inició una labor de seguimiento telefónico por Cuba, México, Colombia, Ecuador, Venezuela, hasta que finalmente lo localizó en Ocala, una pequeña aldea o población del estado de La Florida en Estados Unidos, cerca de Miami, donde el cantante tenía un rancho de su propiedad en el que, a la final, pasó sus últimos días. La historia de esta entrevista está contada por el mexicano Vicente Francisco Torres Medina en la página 107 y sucesivas de su libro “La novela bolero latinoamericana”, casi en los mismos términos en que Joseán nos la contó. Una vez localizado el cantante, Joseán tuvo que esperar a que cumpliera unos compromisos en Venezuela y regresara a Ocala, donde compartieron por el término de diez días reuniendo material para la entrevista encomendada por el periódico. Para ese momento, Joseán ya tenía pensado que Daniel Santos no sólo daba para hacer una entrevista sino que allí lo que había, ni más ni menos, era ¡Un libro! No se atrevió a proponérselo, un poco intimidado por la personalidad arrolladora del entrevistado. Cuando todo había finalizado, y se llegó el momento de la despedida, Daniel le propuso: “Oye, chico, ¿Por qué no me escribes un libro contando la historia de mi vida?”. En ese momento, como se dice, “cupo la sopa en la miel, y se juntaron el hambre y la necesidad”. Joseán respiró hondo y esbozó una amplia sonrisa: “Hombre, Daniel, justamente eso es lo que yo estaba pensando”. En ese encuentro Daniel no solamente le entregó una cantidad de memorabilia y documentos de soporte, sino que insistió en pagar él la cuenta de hotel y los gastos de estadía del periodista porque “Daniel era un hombre generoso y desprendido”, según nos dijo Joseán.

La idea quedó flotando en el aire pero vino a concretarse en el momento en que, estando en Puerto Rico, Daniel en 1986 daba unas declaraciones ante micrófono y hablaba de sus próximas actividades. “Bueno, en este momento estoy preparando una correría por Colombia con Leo Marini y Roberto Ledesma que se va a llamar Los Tres Ases del Bolero…”. Se quedó mirando a Joseán y lo señaló diciendo: “…Y me voy a llevar este chico, que es mi secretario de prensa”. Fue así como Joseán Ramos se enteró “en vivo y en directo” de que estaba contratado. Así era Daniel, impulsivo, poco dado a negociaciones de común acuerdo. Finalizó el año de 1986 en los preparativos, y la correría se inició en julio de 1987 “en la ciudad de Medellín”, dice Joseán que, “fue la primera ciudad que visitamos. Nos hospedamos en el Hotel Nutibara y mi tarea era estar grabadora en mano con él las veinticuatro horas, como una sombra”. No duró mucho este acuerdo en la correría porque al llegar a Cartagena Joseán ya no sólo cuidaba de que a Daniel no le faltara su mesa al lado del escenario con hielo y una botella de whiskey abierta, y cigarrillos, y todo lo demás, lo que no era problema; sino que era el pararrayos encargado de pelear con los empresarios para que sí le cumplieran a Daniel con los requisitos exigidos en los contratos, y que el personal de apoyo sí le suministrara sus requerimientos. “Dile a ese tal por cual que yo pedí cuatro trompetas, y no dos. Y que yo pedí un piano y no una organeta”. Y estaba por medio el hecho de que a Daniel los empresarios lo habían tumbado y estafado a porrillo, y que con el temperamento de él no se iba a dejar manosear por esos tales por cuales. Joseán recibía el chaparrón y lo suavizaba para no terminar en batallas campales con los empresarios. “Pero eso me mamó, porque yo no soy relacionista público y no era esa la tarea con la que me había comprometido”.

Joseán estaba dispuesto a decirle a Santos que él no continuaba. No fue necesario. La displicencia de Daniel y la decisión de hacerlo alojar en un cuarto distante del suyo, fueron suficiente señal de que ya no hacía parte del séquito. Supo, entonces, que la autobiografía daba un giro para convertirse en biografía, y que tendría que continuar con la tarea por su lado y por su cuenta.

Para ese momento yo tenía la mente puesta en otro personaje admirado, que era el Nobel Gabriel García Márquez, y me dirigí a Aracataca en busca de material para mis escritos”. Después de mil peripecias, logró entrevistar a Gabo en México, “en conversación que duró toda una tarde”, y en el año 2014 Joseán publicó su libro “Así habló Gabo”, con anécdotas sobre la relación que lo unió al Premio Nobel que al finalizar la entrevista dijo: “No se puede quejar, Joseán, le he dicho cosas que no le he dicho a nadie más”.

Con el tiempo Daniel y yo hicimos las paces y nos reencontramos en Puerto Rico donde le entregué un ejemplar del borrador del libro biográfico que ya estaba muy adelantado”. En él había un par de páginas con procacidades que a muchos lectores no han gustado pero que Joseán consideraba necesarias para mostrar la faceta ordinaria y vulgar no sólo de Daniel sino del macho latinoamericano en general, como contraste con sus actos de generosidad y amistad que también los tenía. “A mi modo de ver era una forma de mostrar lo bueno y lo malo al mismo tiempo en un personaje ciclotímico que cambiaba de estado de ánimo de un momento a otro. En ese momento yo no conocía el concepto, pero hoy sé que sicológicamente a ese comportamiento voluble se le denomina bipolar”. Al leer esas páginas en el borrador Daniel entró en cólera y exigió que fueran retiradas. Joseán trató de explicar su posición, pero se produjo un nuevo distanciamiento. “Yo tenía esos chistes vulgares en mi grabadora, y armé un monólogo con extrapolación de expresiones comunes al macho latino. Había allí una caricatura muy próxima a la realidad”. El libro salió, y en su lectura encontró a un Daniel Santos más receptivo y con un estado de ánimo más aceptable. “Me invitó nuevamente a Ocala, y allí estuvo amable y generoso pero ya tenía síntomas un poco avanzados del mal de Alzheimer que lo aquejó en los últimos días. Solía llamarme a cualquier hora y a cualquier lugar para hablarme de proyectos, de compromisos artísticos, de correrías, que luego yo descubría que sólo estaban en su imaginación”.

Para la cuarta edición de su libro Joseán tuvo dos importantes adiciones: De una parte, su encuentro con el coleccionista Jaime Jaramillo Suárez que le proporcionó interesante material en textos, fotos, grabaciones, y documentos; entre los que se encuentra la copia facsimilar de la partida de registro de nacimiento de Daniel Santos. En ella se aprecia que Daniel Santos nunca se llamó Doroteo, y que este supuesto nombre es una confusión de algunos periodistas con el cantante Doroteo Santiago que también hizo parte de la plantilla artística del cuarteto de don Pedro Flores cuando fue refundado en Nueva York. También se aprecia que la verdadera fecha de nacimiento de Daniel es el 6 de junio de 1916, y que lo de la fecha de febrero 6 fue un invento de un “houngan” o una “mambo”, como le dicen los vuduistas haitianos a sus sacerdotes según sean hombres o mujeres, quien consideró que en la fecha de nacimiento real de Daniel los dioses no le eran propicios, pero que cuatro meses antes sí lo eran… y los padres de Daniel que habían consultado al augur le cambiaron la fecha. Ellos la cambiaron de boca, pero los registros oficiales son los oficiales, y la verdadera fecha es el 6 de junio de 1916. También fue aclarado que el verdadero nombre del hijo colombiano de Daniel Santos no es Daniel Albizu sino David Albizu Santos Pedredín.

De otra parte, Ramos entró en contacto con Camenza Betancur, una cantante que es prima hermana de Daniel y que tenía en su poder una importante documentación “guardada en cajas y baúles mohosos por la humedad, que había que mirar con guantes y pinzas”, al decir de Joseán, entre ella partituras y letras de canciones inéditas compuestas por Daniel, y apuntes manuscritos para una proyectada autobiografía que en algún momento él tuvo pensado escribir. En esos apuntes están, por ejemplo, algunas opiniones que él escribió sobre sus mujeres, sobre sus hijos, sobre su pensamiento político. A mucho material de memorabilia tuvo acceso Joseán gracias a su encuentro con la prima de Daniel “y a que ella rescató esa documentación de la basura donde el metalizado hombre que se casó con Ana Rivero, la viuda de Daniel, la había tirado una vez que ella murió y él consideró que esos papeles eran cosas sin valor”. Fue un hecho afortunado que Camenza Betancur hubiera rescatado de la basura esos documentos y los hubiera puesto en las manos de Joseán Ramos para su preservación.

Veo, Joseán”, le dijimos, “que a principios de este año coincidiste en Puerto Rico con su hija Danilú en un homenaje que se hizo a Daniel en el cementerio donde está enterrado. Debió ser un encuentro muy interesante”. Joseán sonrió. “Lo fue. Fue fraternal. Manifestó ella que por mi libro y por estos reconocimientos ella estaba conociendo a su verdadero padre que la vida familiar no dejó trascender”. Se mostró entusiasmada con el propósito de Joseán de hacer una casa museo destinada a recoger todo el material acerca del cantante. “Pero hace poco me llamó para decirme que sí pensaban hacer lo de la casa museo, pero que el material que me había prometido no podía entregármelo porque lo iban a utilizar en ese propósito en el que me anunció que yo no tendría cabida. Me pidió que, por el contrario, yo le entregara todo mi material. Yo me negué. Es un material que he venido recogiendo en treinta años de trabajo. Que me fue entregado por muchas personas, incluido en especial el mismo Daniel. Que hace parte de un legado como albacea espiritual de una obra para la que fui escogido por el propio personaje. Si el objetivo es hacer un homenaje a Daniel, coincidimos en ese objetivo, y de tal coincidencia es posible que resulte no una sino dos casas museo de homenaje al artista. De ser así, bienvenido sea ese propósito”.

Joseán sigue con la tarea de preservar la que por el momento es la principal obra de su vida, y en divulgarla ocupa su tiempo y sus energías. Es un hecho que no hay persona que tenga más conocimiento ni sea más versada en los asuntos de Daniel Santos que su compatriota Joseán Ramos. Una tarea de tanto tiempo no se improvisa, ni se llega a ella cayendo en paracaídas.

El video de la entrevista que le hicimos a Joseán Ramos se puede ver en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=2umEwKGEli4&feature=youtu.be

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)