domingo, 28 de junio de 2015

104. Gardel es más que Volver, y el tango es más que Gardel

Llega a su fin el mes de junio de 2015, y con él termina la celebración del IX Festival Internacional de Tango de Medellín.


Como parte de las celebraciones tangueras de este año, se presentó el 10º tomo de la serie, que ya es enciclopedia, denominada “El universo del tango”, escrita por el ingeniero tangófilo Asdrúbal Valencia. El periodista Reynaldo Spitaletta presentó su libro “Las plumas de Gardel”; y el melómano Carlos Alberto Echeverri Arias presentó el suyo “La temprana presencia del género Tango en Colombia”.

Tiene razón Spitaletta cuando afirma que "Creo que ya hay una abundancia de obras sobre el Zorzal, como personaje central y como pretexto", pero también tiene razón cuando dice que "Sobre Gardel se continuará escribiendo". Estas obras presentadas durante el festival, sin lugar a dudas, enriquecen el bagaje de los conocimientos tangueros de una población aficionada que sabe mucho, pero le queda mucho por aprender.

Este año el festival coincidió con el aniversario 80 de la muerte del cantor Carlos Gardel en el denominado "accidente aéreo" del aeropuerto de Las Playas u Olaya Herrera de la ciudad de Medellín, en la tarde del 24 de junio de 1935. El barrio de Belén Las Playas recibió ese nombre debido a las crecientes del río Medellín antes de ser canalizado, pues se salía de madre e inundaba un extenso terreno dejándolo cubierto de arena de playa. Allí se construyó el aeropuerto, y allí fue la tragedia que enlutó al tango.

Carlos Gardel en su última fotografía, 
momentos antes del accidente


Los aviones colisionaron en tierra en el área de la pista de carreteo. Dicen los que saben que, aunque los aviones tienen alas, en ese tipo de colisión terrestre “No hay nada aéreo”, y por lo tanto el locutor que hace el relato en el video comete la inexactitud de afirmar que uno de los dos había levantado vuelo. No es el único que cree tal cosa; y el experto Mauricio Umaña Núñez, ingeniero mecánico de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, se ha convertido por afición en conocedor del tema aeronáutico, y en estudioso del accidente de Gardel, y tiene bases técnicas para refutar la afirmación del narrador.

Como parte de los eventos de celebración, se presentaron el libro “La caravana de Gardel” de Fernando Cruz Kronfly, una novela sobre el recorrido terrestre y en barco del cadáver del cantor desde el lugar de su muerte hasta el cementerio de La Chacarita en Buenos Aires (Argentina), que ha sido reeditada por Sílaba Editores; y la película basada en este libro, que lleva su título, dirigida por Carlos Palau Sarmiento. Es una novela histórica, y no un libro histórico, porque aunque en gran parte está apoyada en hechos reales, está también basada en recreaciones novelísticas y literarias de esos sucesos. Hay en ella, pues, mucho de realidad y mucho de ficción; y la película es una adaptación de apartes de la novela, con su propio aporte de ficción; pero ambas se basan en el hecho real de que, por instrucciones del gobierno argentino, el cadáver de Gardel fue transportado por tierra y en barco seis meses después de su fallecimiento ¡haciendo escala en Nueva York! Quería ese gobierno armar un folletín que sirviera de cortina de humo y distrajera la atención del populacho exacerbado por el escándalo del descubrimiento de un gigantesco caso de corrupción o negociado en las exportaciones de carne, y el asesinato sicarial del congresista que destapó la olla podrida. Como Palau lo hizo notar en el preestreno de la película, hay similitud entre la muerte de ese congresista argentino y la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia; lo que me lleva a concluir que los argentinos y los colombianos somos más parecidos de lo que suponíamos.

Se presentó, además, un audiovisual producido por el ingeniero Mauricio Umaña Núñez sobre las causas del accidente, desde el punto de vista aeronáutico y de la empresa Scadta, basado en archivos que al cabo de los años fueron desclasificados en las bodegas documentales de esa empresa en los Estados Unidos; archivos a los que él tuvo acceso “gracias a que mi padre trabajó con la Scadta como radio operador telegrafista”. Ha venido a saberse que los dueños de la empresa Servicio aéreo colombiano (SACO), gerenciada por el Dr. Carlos Arango Vélez que después sería suegro del Dr. Misael Pastrana Borrero, eran los de la Panamerican Airlines (PANAM) que la habían comprado; y que los dueños de la Sociedad colombo alemana de transportes aéreos (SCADTA) ¡No eran los alemanes!, sino los de la Panam, que también la había comprado. En esas condiciones, cualquiera que perdiera las millonarias demandas por indemnizaciones (un millón de dólares de la época) la plata salía de los mismos bolsillos. Ernesto Samper Mendoza, tío abuelo del presidente Samper, fue el piloto causante de la tragedia. “Un muchacho de 19 años que sólo tenía licencia para pilotar avionetas y que llevó como copiloto a un adolescente aprendiz de mecánica”. El error, o la cadena de errores, fue humano y eso había que callarlo y taparlo hasta que las acciones legales contra la empresa prescribieran, por lo que los legajos y archivos fueron trasladados a las instalaciones de la empresa en los Estados Unidos. El abogado Alfonso Uribe Misas se encargó de presentar su exitoso alegato ante el Tribunal Superior de Colombia, exonerando de culpa a la Scadta, y ¡listo! Todo quedó arreglado. Ahora ha venido a saberse, porque a la larga todo se sabe.

De este audiovisual se hizo una edición especial para ser presentada en el aeropuerto Olaya Herrera a un auditorio de pilotos, en el que se analizan desde el punto de vista técnico esas causas con datos, informes, y lenguaje, propios de su profesión, auditorio al que no se le puede hablar olímpicamente de “vientos cruzados” y “vientos de cola” en un aeropuerto como el de Medellín, en una tarde veraniega y soleada como la que hubo ese día del fatal accidente. Tan peregrinos argumentos quedan para los legos en la materia, que tenemos que tragar entero por falta de conocimientos especializados.

Amelita Baltar, compañera artística y de vida de Astor Piazzolla, fue uno de los personajes centrales en este Festival, entre otras figuras de cartel. Aparte sus presentaciones musicales, dio un taller o charla magistral refiriéndose a su carrera, a su amor por el tango; y al amor de su vida, puesto que su nombre se asocia indisoluble al del bandoneonista que revolucionó el tango y le dio a estrenar su “Balada para un loco” (ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…). Cuando me acerqué a una caseta de venta de refrescos me dijo la joven empleada que la señora Baltar “Estuvo por aquí caminando y dando vueltas. ¡Qué señora tan amable! A nadie le negó un autógrafo y con todos aceptó fotografiarse. Es de una gran sencillez”. Una Amelita Baltar desbordante de simpatía se ganó a un auditorio que había ido a verla cargado de ilusión y salió de allí bañado de emoción. Contó Amelita anécdotas de su vida que hicieron desternillar de risa desde la pianista Teresita Gómez que estaba al pie del escenario hasta las últimas filas de la arrobada audiencia. Y dijo Amelita cómo le gustaba bailar el tango y cómo prefería aferrarse a su pareja en el baile pegado, sepultando la cabeza en el hombro del hombre, para que la feúra del macho no la fuera a espantar, puesto que en sueños todos los hombres son bellos. “Prefiero ese baile, y no las acrobacias del baile contemporáneo en que el hombre levanta a la mujer y la estrella contra el techo, dejándola aturdida”.

Pareja de baile de Rodolfo y Gloria Dinzel:
https://www.youtube.com/watch?v=88-9y3sp9MM

Teniendo su nombre asociado al del revolucionario más grande del estilo tanguero, no vaciló Amelita en rendir homenaje al padre del tango canción, “el hombre que nos convoca. El gran Carlitos Gardel”.

Carlos Gardel, El Zorzal Criollo

Carlos Gardel, de quien dijo Libertad Lamarque que era “el tango hecho carne”, grabó 764 temas; pero sus grabaciones contabilizan casi el doble, si se considera que de algunos hizo dos o tres versiones, y si se cuentan los que fueron incluidos en las bandas sonoras de las películas. 

A Gardel se le reconoce como pionero del tango canción a partir de “Mi noche triste”, primera del género, que fue grabada en 1917. Aproximadamente el 70% de sus grabaciones son tangos. Las primeras 100, que grabó antes de la mencionada, le dieron el apodo de “El cantor criollo”, por centrar sus interpretaciones en la música campesina del sur del continente. Por contraste, al tango porteño se le denomina “canción ciudadana”.

Hay una página web titulada “Por siempre Gardel”, en la que el Sr. Boris Puga publica una discografía del cantor:


Esta discografía es muy completa, aunque no está numerada y su conteo es dispendioso. En otra discografía puede leerse que, en su carácter de intérprete, él tenía registradas mil cuatrocientas ochenta y dos grabaciones (1482), que corresponden a setecientos sesenta y cuatro temas diferentes (764). 

Entre sus grabaciones hay algunas sacadas de casi todas sus películas… menos de una. 


Dice el mexicano don Alfonso Diez García, en el artículo titulado “La tragedia final de Carlos Gardel” de su blog codigodiez.mx, que: “Carlos Gardel grabó 763 canciones diferentes, pero 29 de ellas las grabó también con otros títulos, lo que da un total de 792 grabaciones… filmó solamente diez películas; y la primera, aunque parezca increíble, ¡fue muda!”. 

Flor de Durazno, película del 
cine mudo con Carlos Gardel


Se trata de “Flor de durazno”, la única que hizo en Argentina y se estrenó el 28 de septiembre de 1917. Así que es inútil buscar grabaciones de “El Mudo” tomadas de la inexistente banda sonora de esta película producida en los días en que el cine sonoro no había hecho su aparición.

Entre las canciones registradas hay 3 que grabó pero, perfeccionista como era, no quedó satisfecho y desautorizó su publicación (“Embrujo”, “Oiga patrón”, y “Violetita”); 20 que grabó, pero no fueron comercializadas y las matrices no aparecieron (entre ellas “Cuando tú me quieras”); y 49 que no grabó, pero tenía en el repertorio de las que cantaba en sus presentaciones en vivo (entre ellas, “Hacelo por la vieja”, “Garufa”, “Ya no cantas Chingolo”, y nada menos que “Cuatro preguntas”, el bambuco de Pedro Morales Pino).

Casi coincide el dato del Sr. Diez García (763) con la minuciosa compilación que preparó el chileno José Antonio Cárcamo Vicencio, trabajo que también se encuentra en la página “Gardel por siempre” y del cual tomé la mayor parte de la información que estoy reportando:

En este enlace aparece relacionada la lista de grabaciones de Carlos Gardel (1482 en total, incluidas repeticiones; 764 títulos sin repetir), compilación de datos realizada por la Universidad Nacional de San Luis, universidad pública de la provincia de San Luis en la región de Cuyo, Argentina; publicada bajo la responsabilidad de José Antonio Cárcamo Vicencio:  


Carlos Gardel se acompaña 
con su guitarra

En las primeras 14, de las 764 registradas, aparece acompañándose él mismo con su guitarra; otras muchas en sus distintas épocas con acompañamiento de las guitarras de José Razzano, José María Aguilar, José Ricardo, Guillermo Barbieri, y Ángel Domingo Riverol; y otras muchas con acompañamiento de orquesta. 

Entre los géneros musicales que grabó no están el Candombe ni el Chamamé; pero están, entre otros, los ritmos de: 

Balada
Bambuco (Colombia)
Canción
Canzonetta (Italia)
Chacarera
Cifra
Cueca (Chile)
Estilo
Fado (Portugal)
Fox trot (Estados Unidos)
Gato
Jota (Aragón, España)
Milonga
Pasillo (Colombia, Ecuador)
Pasodoble (España)
Provincia
Ranchera (México)
Rumba (Cuba)
Shimmy
Tango 
Tonada
Vals
Vidalita
Zamba

No me pregunten qué es Shimmy, o Cifra, o Gato, o Vidalita, porque no sé. Preguntarme eso ahora es como preguntarle a alguien dentro de medio siglo por la Lambada, el Twist, o la Tecnocumbia.
Entre las canciones del repertorio gardeliano más conocidas por nosotros están:

Adiós muchachos 
Amores de estudiante 
Anclao en París
Aquel tapado de armiño 
Arrabal amargo 
Caminito
Confesión 
Cuesta abajo 
El día que me quieras 
Esta noche me emborracho 
La cumparsita 
Leguizamo solo
Lejana tierra mía 
Lo han visto con otra 
Madame Ivonne 
Mano a mano 
Melodía de arrabal 
Mi Buenos Aires querido 
Mi noche triste 
Noche de reyes 
Por una cabeza 
Silencio 
Soledad
Sus ojos se cerraron 
Tomo y obligo 
Un tropezón
Volver 
Volvió una noche
Yira yira 

…Unas pocas más, y pare de contar. 

En los pedidos que hacemos a los cantantes en sus presentaciones en vivo, volvemos una y otra vez sobre los mismos títulos, e ignoramos olímpicamente el resto de su producción. De sus setecientos sesenta y cuatro temas, los admiradores nos enfrascamos en menos de tres docenas en los traganíqueles, y con eso quedamos contentos.

Todo cantante argentino que llega a Medellín se cree en la obligación de incluir en su repertorio algo del repertorio gardeliano, suponiendo que eso es lo que los paisas queremos oír. No se equivocan. Más se demoran en acercarse al micrófono que en escucharse algún paisano desde el fondo del auditorio pidiendo a grito herido “¡Volveeer!, cante Volveeer!”. Cantor que no venga preparado para atender esta petición, pierde el aplauso.

En una franja intermedia entre sus temas muy conocidos y sus temas desconocidos hay algunos que no son ni lo uno ni lo otro, como decir “Victoria” (Victoria, ¡Saraca!, Victoria; pianté de la noria, se fue mi mujer…), o como decir “Pobre mi madre querida” (Cuantos disgustos le he dado); que sí se oyen, y se conocen un poco; pero no se oyen tanto, o no las piden con tanta frecuencia.

Gardel es mucho más que “Volver”, y para muestra están estos temas de su repertorio que no se oyen, que la gente no pide, y que ameritan ser oídos: 

Rockola tragamonedas 
Wurlitzer o Seeburg

AMIGAZO

ANOCHE A LAS DOS

AQUEL MUCHACHO TRISTE

AQUELLAS CARTAS

ARRABALERO

CALLEJERA

COBARDIA

DICEN QUE DICEN

LA MARIPOSA

LLORÓ COMO UNA MUJER

MANO CRUEL

MURMULLOS

ORO MUERTO

PAL CAMBALACHE

PASEO DE JULIO

PITUCA (MUÑECA DE CARNE)

POBRE PAICA (EL MOTIVO)

POR SEGUIDORA Y POR FIEL

PRIMERO YO

QUE SE VAYAN

RECUERDO MALEVO

SILBANDO
(Relato de Cátulo Castillo)

TE ODIO

Admiro mucho a Gardel, y lo que hizo por el tango; admiro sus tangos conocidos, aunque me canse oírlos de manera tan repetida; y digamos que no admiro todo lo que grabó, pero sí estos temas que poco o nada se oyen y que vale la pena rescatar del baúl de los olvidos. Gardel es como un dios en el mundo del tango pero, justo es también decirlo, el tango es mucho más que Gardel.

Entre otros, uno de los personajes centrales de este IX Festival fue Rodolfo Mederos, el bandoneonista más destacado del momento en Argentina. Aparte sus presentaciones, Mederos dio un taller o clase magistral para hablar del tema que domina. Confesó ser discípulo de Anibal “Pichuco” Troilo, a quien considera un buen bandoneonista pero no un creador de escuela, como sí lo fue Piazzolla. Yo soy admirador de la música de Piazzolla, música que oigo como una especie de jazz. Tiene ingredientes de tango pero… ¡No me sabe a tango! Cuando tal cosa he afirmado, he sentido el reclamo de los devotos de Piazzolla que son muchos. Sienten esta declaración mía como una blasfemia o herejía; pero es algo que suelo comparar con los fríjoles. Sus recetas aparecen en los libros de cocina, y hay mucha gente que hace fríjoles. Ahora que, fríjoles como los que hacían las abuelas, sólo ellas sabían darles esa sazón que no se aprende en recetarios. Dijo Mederos que hay por lo menos veinte cantores que, a su juicio, son mejores que Gardel. Y quizás tenga razón. Lo que pasa es que Gardel, aparte de ser el pionero, fue un hombre afortunado. Tenía carisma para atraer al público, y tenía habilidad de mercadeo para promocionarse. Hacía un buen uso de su figura, era disciplinado, y sabía cuidarse. Es sabido que tenía tendencia a la obesidad, pero que se controlaba en las comidas, en las bebidas, en los trasnochos. Quizás en su tiempo no había los Gym y los Spa que están de moda, ni los programas de ejercicios aeróbicos, pero es posible que tuviera algún plan deportivo para quemar calorías y moldear su estampa. No muchos tienen esa capacidad. Aparte el decir de las abuelas de que “Dios te dé suerte, hijo mío, que el saber nada te vale”. Gardel fue afortunado para encontrar sus temas con olfato comercial, y tuvo compositores que le dieron a estrenar sus obras.

Oscar Alonso, cantor de tangos

Oí decir a don Rodrigo Pareja Montoya que el cantor Pedro Carlos Brendán era tan bueno como Gardel. Coincide con Mederos, como coincide Néstor Pinsón en su semblanza de Brendán que es un desconocido con su nombre de pila y sigue siendo desconocido con su nombre artístico de Oscar Alonso. Ambos coinciden con Troilo, quien afirmó que “Oscar Alonso fue el más grande cantor de tangos, después de Gardel, sin ninguna duda”.

Oscar Alonso debutó en el año de 1932 y en 1933 se presentaba en un teatro de Buenos Aires. Dice Pinsón, que:

Cuando en 1933 Gardel estuvo por última vez en Argentina, justo en el teatro que estaba al lado, reparó en el canto de Oscar Alonso. Según testimonio de Alberto Vaccarezza, pidió conocerlo y cuando esto ocurrió le vaticinó el mejor futuro. Había reparado en su registro de barítono y su recia interpretación provista de dramatismo. Está Oscar Alonso entre los contados cantores de corte netamente gardeliano”.

Que nunca me falte”, por Oscar Alonso:
https://www.youtube.com/watch?v=4VimoyeYdvE

Me besó y se fue”, por Oscar Alonso:
https://www.youtube.com/watch?v=7KSRfDKRSPU

Por lo menos entre nosotros, Oscar Alonso no contó con suerte.

He oído decir que hay más de 60.000 tangos registrados en la Sociedad argentina de autores, intérpretes, y compositores (SADAIC); y cuántos temas, cuántos autores, cuántos intérpretes, se opacan en el olvido por la limitada audición de un gran número de tangófilos.

Que Gardel es más que "Volver", y que el tango es más que Gardel, lo tengo claro; y tengo claro que gracias a Gardel nació el tango canción, y que gracias a Gardel el tango no muere. Nuevas generaciones de tangueros se siguen inspirando en su memoria.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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El Zorzal Criollo

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE GARDEL
Tango con letra de Alejandro Scwarcman 
y música de Carlos Morel, 
interpretado por este último


Yo estaba en el final
pegado al ventanal
de un cafetín,
fumándome la espera,
y en el vaivén
de un vértigo fatal
oí decir “Adiós…
y el nombre “…Medellín…”.

Sentí que era de Dios
la voz que dijo “Adiós…”,
y el retintín
profundo de la muerte
me enmudeció
y no alcancé a gritar:
“¿¡Por qué me abandonás 
anclao en Medellín?!”–

Perdonen al destino
las musas milongueras,
preñadas por los bardos
borrachos de café.
Perdonen a la muerte
la suerte de estos versos,
más todos esos tangos
que nunca cantaré.

Y el triste cacatúa,
soñándome en la esquina,
que olvide su gomina
y su parada fiel;
y cierren sus ventanas
las novias solteronas
que esperan todavía
que un día he de volver.

Yo estaba en el postrer
peldaño del adiós,
sin presentir
que todo era mentira…
Dolor de ser.
Me aqueja la inmortal
herida de este mal
tremendo de existir.

Quisiera alguna vez
dejar de ser Gardel,
huir de mí,
tal vez no ser eterno.
Envejecer,
cantar peor que ayer,
bajarme del avión
y nunca más partir.



domingo, 21 de junio de 2015

103. En la orilla del mar o a la orilla del mar, con aires de plagio

–METIDOS EN LA POLÉMICA HAY 
DOS TÍTULOS, CINCO TEMAS,
Y MUCHOS COMPOSITORES– 



De lo que pasó, nadie sabe decirlo a ciencia cierta, pero algún mecanógrafo o algún anónimo tipógrafo de etiquetas disqueras debió confundir la anotación a mano que traía la matriz de un acetato con el título de “En la orilla del mar”, y procedió a levantar galeras poniendo el nombre de José Barros donde decía José Berroa, o a la inversa. De ahí el error pasó a los listados de las sociedades de autores y compositores, y de ahí resultó una disputa entre dos músicos que reclamaban la autoría… junto con sus respectivas regalías. En la discusión terciaron las familias, y los representantes comerciales, y los amigos, y los grupos de intereses creados, y los polemistas de barra de esquina. La cosa llegó, dicen, hasta los jueces y tribunales de arbitramento. Hasta es posible que, en el fragor de la discusión, algunos hayan pescado en río revuelto.


Para mí, la cosa no está clara; o, por lo menos, faltan datos definitivos. 

En la orilla del mar” (Luna, ruégale que vuelva, y dile que la espero muy solo y muy triste en la orilla del mar…) es un bello y conocido bolero interpretado por Bienvenido Granda, con acompañamiento de la Sonora Matancera; cuya autoría ha sido objeto de disputa y generado polémicas dando, a veces, la impresión de haber sido dilucidadas; y, en otras, la de persistir las dudas por parte de los polemistas. 

ACME, la Asociación de Coleccionistas y Melómanos de Cali, es presidida por don Jaime Suárez Cuevas. Recientemente abrió un foro virtual para opinar sobre dicho bolero cuya autoría ha sido atribuida, con diferentes argumentos, al colombiano José Barros Palomino; al cubano José Inocencio Berroa Rivera, casado con la mexicana Carmen Barbosa C.; a un José Barbosa, que tal vez sea un seudónimo del anterior; y a Jesús Guerra, que tal vez sea el nombre abreviado del compositor cubano Jesús José Bautista Guerra Zayas. 

¿De quién es realmente? El asunto no es fácil de dilucidar y he leído que fue ventilado en los estrados judiciales. Aunque, me pregunto, ¿Quién instauró el litigio y contra quién? ¿Ante qué autoridad? Según me dijo el Dr. Héctor Ramírez Bedoya alguna vez, tal demanda la puso José Berroa contra José Barros en Cuba o México, y la ganó. Pero, según dice José Barros en una entrevista, fue él quien la interpuso contra Berroa en Colombia, y la ganó. ¿Quién dice la verdad? He leído u oído cosas sobre el asunto de la demanda, pero sin encontrar referencias o datos concretos sobre ella. ¿Cómo se produjo el fallo y con qué argumentos? ¿Cuáles fueron sus determinaciones y consecuencias? 

Si tal asunto se produjo ante los tribunales o ante las agremiaciones recaudadoras de regalías por parte de estos dos interesados, es cosa de especulación no confirmada; pero se deduce que los otros supuestos autores que figuran en etiquetas o carátulas no terciaron en la disputa legal sobre esa reconocida y exitosa obra interpretada por Granda. Porque… resulta que hay alguna otra con el mismo título, que tuvo un éxito menor pero lo tuvo, y cuya música y letra son diferentes; obra cuya autoría no ofrece dudas ni ha sido disputada para el cobro de regalías a sus autores mexicanos Manuel Esperón González y Ernesto Cortázar I Hernández (Por tratarse del primero de la dinastía artística, para diferenciarlo he introducido el ordinal antepuesto al segundo apellido. Ernesto II es su hijo, cuyo segundo apellido es Ducker; y Ernesto III su nieto, cuyo segundo apellido es Carpizo). 

Hay otras dos que no tuvieron gran divulgación o éxito, y se consideran rarezas musicales por parte de los coleccionistas: de una parte, el pasillo que canta José Barros con el seudónimo de Trovador Banqueño; y, de la otra, el bolero que canta la cubana Olga Rivero, que no se sabe si sea de su autoría. 

No son dos obras sino cuatro las que tienen título similar, y las cuatro son diferentes tanto en su letra como en su música.

Se aduce que Barros es autor de muchísimos temas, entre ellos muchos que alcanzaron gran éxito; mientras que Berroa es autor de pocos, que tuvieron escasa acogida; lo cual es cierto pero, a mi modo de ver, no impediría que el autor menos exitoso fuera el autor de la conocida obra, puesto que el otro compuso también obras que no tuvieron arraigo en el gusto popular.

Para entrar en contexto es bueno saber que el conjunto cubano de la Sonora Matancera nació en 1924 con el nombre de “La tuna liberal”, en apoyo a un partido político, y después hizo su transición a sexteto y a septeto con el nombre de “Soprano”. En 1927 pasó a llamarse Sonora Matancera. Entre sus fundadores estuvieron Valentín Cané y Pablo “Bubú” Vásquez Gobín; y luego se unió, entre otros, Rogelio Martínez Díaz que, con el tiempo, sería cabeza de la agrupación. A él lo sucedió Javier Vásquez Lauzurica, que es el actual director de la nonagenaria agrupación. 

En el año de 1954 el director era don Rogelio Martínez, y surgió paralelamente otro grupo musical muy relacionado con la Sonora, que adoptó el nombre de “Vas-Cané”. Fue conformado por el joven Javier Vásquez Lauzurica, hijo de Pablo; Silvino Cané, hijo de Valentín; Rosendo Granda, hijo de Bienvenido; Adolfo Martínez, hermano de Rogelio; y, entre los cantantes, José Berroa Rivera.

La hija de José Berroa envió un mensaje a ACME donde dice que: 

Le escribe su servidora María del Carmen Berroa Barbosa, hija del compositor cubano José I. Berroa Rivera; autor y compositor, en letra y música, del bolero “En la orilla del mar”. Efectivamente, él es el compositor original nacido en La Habana Cuba el 28 de julio de 1925, amante de la música, la lectura, y Médico Ortopedista de profesión. Llegó a México el 28 de julio de 1957, el día de su cumpleaños y del famoso temblor que tiró al piso la escultura del Ángel de la Independencia, para cubrir la vacante de un colega cubano amigo que necesitaba salir fuera del país. La enfermera del consultorio era Carmen Barbosa C. quien, en el siguiente año, se casó con mi padre. Ella era originaria de Jamay Jalisco. Nuestra familia está compuesta por 5 hermanos: 3 mujeres y dos hombres. Mi padre, desafortunadamente, falleció el 22 de Marzo de 1986. En la Sociedad Mexicana de Compositores están registradas sus obras, que son más de 10. Su obra más famosa sí fue y será “En la orilla del mar”, cantada por Bienvenido Granda. La letra y la música expresan la clase de persona que fue. Aunque no pudo nunca volver a Cuba, su amado país, siempre lo tuvo presente y nos educó para amarlo tanto como a México, el país que nos vio nacer. Si en algún momento tengo la oportunidad de darles a conocer sus demás obras, lo haré encantada de la vida...”.

Muy respetable lo que aduce, pero encuentro el inconveniente de que al entrar en la página web de la Sociedad de Autores y Compositores de México no aparece ningún otro título a nombre de su padre, aparte del que está en discusión. 

En apoyo de la tesis de que Berroa es el verdadero autor del tema, está el testimonio que el Sr. Javier Vásquez Lauzurica envió a Eduardo Ceballos Arango, asociado de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, en el que dice que:

Viernes 29 de mayo de 2015:
Eduardo, mi saludo. Déjame aclararte. El tema “En la orilla del mar” es de José Berroa. Lo digo con seguridad, ya que fui el primero que lo interpretó porque José Berroa era uno de los cantantes. Mi papá lo escuchó, y Rogelio le habló a Berroa para que dejara grabarlo por la Sonora. Así que no me digan más que es de Fulano o de Mengano, cuando yo sí sé la historia porque la viví en carne propia y no es que alguien me dijo, o que escuché un comentario. Fui el primero que tocó ese tema. Asunto aclarado.
Javier Vásquez Lauzurica”.


Encuentro también muy respetable el testimonio de don Javier, pero con el inconveniente de que la memoria suele jugar malas pasadas y a veces la cronología de los recuerdos no corresponde. En este caso, el conjunto Vas-Cané se registra como conformado en el año de 1954 (algunos dan el año 1955), cuando ya Bienvenido Granda había grabado ese bolero en 1951, en prensaje del sello Seeco, que aparece en la discografía que presenta el Dr. Héctor Ramírez Bedoya en su libro “Bienvenido, el bigote que canta” de la serie Estrellas de la Sonora registrado con el número 66 y con fecha de grabación el 25-7-1951. Así las cosas, no me cuadran los datos, a menos qué… don Javier hubiera estado en el estreno de ese tema, y no tengo bases para decirlo, antes del año 51.

Se preguntan algunos por qué Barros compuso dos temas diferentes (un bolero y un pasillo) con título similar; cosa que también hizo Berroa, supuestamente, puesto que algunos le atribuyen dos boleros diferentes con título similar. Averiguar por qué lo hicieron, si lo hicieron, no es relevante, o no contribuye a aclarar la cuestión, según mi modo de ver. Que en algunas carátulas de casas disqueras esos títulos aparezcan con uno u otro nombre, se entiende por tratarse de títulos en discusión; pero encuentro inexplicable que en alguna el bolero interpretado por Bienvenido Granda aparezca teniendo como autor al cubano Jesús José Guerra Zayas con la abreviatura de Jesús Guerra.

Hasta ahí los argumentos que he escuchado en favor de uno y de otro. Tengo al respecto las siguientes anotaciones sobre el juicio que me he venido formando:

1. Muy abundante material encontré en la página del blog de ACME sobre este bolero, y pensé que con el aporte del historiador musical Gustavo Escobar Vélez en su programa Pentagrama del Recuerdo la cosa quedaba dilucidada, por habernos dejado escuchar dos obras casi del mismo título interpretadas por Bienvenido Granda y por José Barros, que resultan ser dos temas diferentes. El bolero de Bienvenido Granda es atribuido por muchos al cubano José Berroa Rivera (casado con Carmen Barbosa, lo que explicaría que en algún lugar, y seguramente por asuntos de regalías y compromisos con las casas disqueras, apareciera su nombre como José Barbosa); pero resulta ser que ese mismo bolero es atribuido por otros a José Barros, quien llegó a recibir regalías por él.

En la orilla del mar”, versión de Bienvenido Granda:

2. El pasillo “A la orilla del mar” (Yo tuve mis ilusiones azules como el cielo y el mar…), del colombiano José Barros Palomino, es interpretado por él mismo con el seudónimo de Trovador Banqueño y acompañamiento, entre otros, del argentino Joaquín Mauricio Mora. Este pasillo no tuvo mucho éxito o difusión. 

Puede escucharse en el artículo “En la orilla del mar, ¿de quién? Sorpresa musical 9-” de ACME:

3. La cosa no es fácil de aclarar, si tenemos en cuenta el bolero mexicano que fue interpretado por el cubano Concepción “Tata” Ramos y por los mexicanos Pedro Infante y Javier Solís con el título de “A la orilla del mar” (Vengo a cantar para ti la canción que aprendí a la orilla del mar… Me voy esta noche tibia y sensual, noche de calor tropical, muy solo con mi triste pena…), que aparece como de la autoría de Manuel Esperón González y Ernesto Cortázar en los créditos del video de la versión de Pedro Infante, bolero que fue interpretado por él en la película “Pablo y Carolina” del año 1956.

En la orilla del mar, bolero interpretado por el cubano Concepción “Tata” Ramos con la orquesta de Ernesto Duarte:

4. Y más se complica si agregamos el bolero que con el título de “A la orilla del mar” (Aquí a la orilla del mar donde cantan las olas hoy te he vuelto a besar…), interpretado por la cantante cubana Olga Rivero (1929-1993), que no sé si sea de su propia autoría porque en la Sociedad de Autores y Compositores de México aparece registrado a nombre de María del Carmen Molina Rivero. Este bolero puede escucharse en el blog de ACME, apreciando que tiene distinta letra y distinta música de los otros temas mencionados:

En la orilla del mar”, interpretado por Olga Rivero, puede escucharse en el artículo “En la orilla del mar, ¿de quién? Una reflexión sobre su autoría 1-” de ACME:

5. Para acabar de ajustar, encontré una página de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, SAYCO, en la que aparece el tema “A la orilla del mar” atribuido simplemente a “Guzmán”, sin más datos. 

Puede tratarse de Freddy Guzmán (¿peruano?), que con este título grabó una versión de la misma “En la orilla del mar” que había grabado Bienvenido Granda a mediados del siglo XX, lo que no es raro en los cantantes jóvenes que reencauchan viejas canciones cambiando tal cual palabra. No sé si este Freddy Guzmán sea el músico que hace parte de un trabajo titulado Waiijazz.


Versión de “A la orilla del mar” por Freddy Guzmán, del que no encontré más datos:

https://www.youtube.com/watch?v=jjE_TSqLLvw

6. Encontré, además, una pieza instrumental al piano, con acompañamiento de orquesta, titulada “Un valse a la orilla del mar”, con música distinta de la que nos ocupa, que aparece como de la autoría del biólogo y músico Rubén Arturo Guzmán Pittman del Museo Vera Alleman de la Universidad Ricardo Palma del Perú. 

A mi modo de ver, en las agremiaciones liquidadoras de regalías se pueden confundir en sus listados con tantos títulos parecidos, pero esa ya es otra cosa.

Valse en la orilla del mar, por Rubén Guzmán al piano:

7. Al lado del título de José Inocencio Berroa Rivera en la página de la Sociedad de Autores y Compositores de México, bajo el rubro de “Autor”, aparece “En la orilla del mar” atribuido también a Lauro Aguilar Palma y a Edmundo Sol; y aparece un título “A la orilla del mar”, con extensión al título “En la orillita del mar”, atribuido a nueve autores diferentes y de nombres desconocidos entre nosotros, como son:

Ostiz Espila María Dolores
Aldaco Mendoza Francisco
Bustos Hernández Amadeo
Cid Mendiola Fanny
Flores Marco
Guerra Castillo Francisco
Hirt Matthias
Magallanes Rodríguez Aucencio
Martínez Molotla José

No sé si se trate de arreglistas a los que les están reconociendo regalías… ¿de autor?

EN CONCLUSIÓN

Siendo así, no estamos hablando de dos sino de cinco temas (por no decir más) con los títulos “En la orilla del mar” y “A la orilla del mar”; y las carátulas, artículos periodísticos, y catálogos, no son suficientes para aclarar a cuál de los temas se refiere determinado título cuando aparece en un listado sin mayores explicaciones. Más la dificultad para conocer en algunos casos sus autores; dándose el caso, a veces, de que en alguna carátula de LP aparezca un título tan conocido como es "La piragua", de quien dicen la casa grabadora y los intérpretes que tiene Derechos Reservados de Autor (DRA), como si el compositor José Barros Palomino no fuera suficientemente reconocido por dicha obra. 

Lástima que en las agremiaciones del ramo no actúen como en las cámaras de comercio locales donde al registrarse la marca de un producto, o el nombre de una empresa, se niegan a hacerlo si ya hay alguna otra previamente registrada con ese mismo nombre o parecido.

Contrario a lo que yo pensaba sigue, pues, la incertidumbre.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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LETRAS DE LAS CUATRO CANCIONES

1.
Bolero “En la orilla del mar”, de José Berroa Rivera, interpretado por Bienvenido Granda con la Sonora Matancera (Luna, ruégale que vuelva, y dile que la espero muy solo y muy triste en la orilla del mar…) –Hay pequeñas variaciones de un intérprete a otro en la letra, y he escogido esta por parecerme más elegante y clara desde el punto de vista sintáctico:

Versión de Bienvenido Granda con la Sonora Matancera

Luna, ruégale que vuelva, 
y dile que la quiero; que, solo, 
la espero en la orilla del mar. 

Luna, tú que la conoces
y sabes de las noches 
que juntos pasamos 
en la orilla del mar.

Recuerdos muy tristes me quedan 
al verte en la noche alumbrar. 
Recuerdo sus labios sensuales, 
y su dulce mirar… mi gran amor.

Luna, ruégale que vuelva; 
y dile que la espero,
muy solo y muy triste,
en la orilla del mar. 

Recuerdos muy tristes me quedan 
al verte en la noche alumbrar. 
Recuerdo sus labios sensuales, 
y su dulce mirar… mi gran amor.

Luna, ruégale que vuelva, 
y dile que la quiero; que, solo, 
la espero en la orilla del mar. 

2.
Bolero “A la orilla del mar” (Vengo a cantar para ti la canción que aprendí a la orilla del mar… Me voy esta noche tibia y sensual, noche de calor tropical, muy solo con mi triste pena…), de Manuel Esperón González y Ernesto Cortázar, según los créditos en el video de la versión cantada por Pedro Infante que fue incluida en la película “Pablo y Carolina” del año 1956. Intérpretes Concepción “Tata” Ramos, Pedro Infante, Javier Solís:

En la orilla del mar, bolero interpretado por el cubano Concepción “Tata” Ramos con la orquesta de Ernesto Duarte:

Vengo a cantar para ti 
la canción que aprendí 
a la orilla del mar.

La llevo en mi corazón 
con el último adiós 
que me diste al partir.

Enamorado de ti, 
es mi faro tu amor; 
y mi luz, tu mirar. 

Muero de pena al partir, 
pues yo quisiera vivir 
a tu lado no más.

Me voy esta noche, tibia y sensual, 
llena de calor tropical, 
muy solo con mi triste pena.

Si tú quieres nuestro amor recordar, 
busca por la orilla del mar 
tu nombre que grabé en la arena.

Me voy, pues sin ti no puedo vivir, 
y ya es imposible sufrir 
la angustia de mi soledad.

Adiós a la que entregué el corazón, 
al amor que fue mi ilusión 
aquella noche junto al mar.

3.
Pasillo “A la orilla del mar” (Yo tuve también mis ilusiones azules como el cielo y el mar…), de José Barros Palomino, interpretado por él mismo bajo el seudónimo del Trovador Banqueño y acompañado, entre otros, por el bandoneonista argentino Joaquín Mauricio Mora:

Versión del Trovador Banqueño (José Barros Palomino) que puede escucharse en el artículo “En la orilla del mar, ¿de quién? Sorpresa musical 9-” de ACME:


Yo tuve, también, mis ilusiones; 
azules, como el cielo y el mar.
Nacieron de mágicas pasiones, 
y luego murieron de pesar.

Enfermo, mi corazón pregunta 
si piensas un día regresar, 
y llega tu voz que dice ¡Nunca!, 
envuelta en las olas del mar.

Como gaviotas blancas 
eran mis ilusiones. 
Hoy me parecen un sueño 
de los que hacen llorar, 
y en noches tenebrosas, 
de amargura infinita, 
voy a llorar mi pena
a la orilla del mar.

4.
Bolero “A la orilla del mar” (Aquí a la orilla del mar donde cantan las olas hoy te he vuelto a besar…), interpretado por la cantante cubana Olga Rivero (1929-1993), que tiene distinta letra y distinta música del de Bienvenido Granda:

Puede escucharse en el artículo “En la orilla del mar, ¿de quién? Una reflexión sobre su autoría 1-” de ACME:

Aquí, 
a la orilla del mar, 
donde cantan las olas, 
hoy te vuelvo a besar. 

Aquí, 
a la orilla del mar, 
escuché tus palabras 
que no puedo olvidar. 

“Te quiero”, 
me dijiste muy quedo. 
Tus besos 
olvidarlos no puedo. 

Aquí, 
a la orilla del mar, 
donde cantan las olas, 
hoy te vuelvo a besar.


domingo, 14 de junio de 2015

102. Orquídeas vocales en el florero de María Luisa Landín


Orquídeas en el florero

Preámbulo

El sábado 30 de mayo de 2015 los socios medellinenses de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia celebraron su encuentro mensual, en un esfuerzo por sostener el ánimo y continuar con la tarea después de los dos duros golpes recibidos por causa de seres que, en espíritu, estuvieron presentes en esta ocasión.

De una parte, van dos años largos del fallecimiento del médico Héctor Ramírez Bedoya, que lideró la institución por muchos años e hizo de ella un contagioso propósito de vida. Sus amigos –y todos los socios lo son– no cesan de lamentarlo.

Y, de la otra su hijo Alejandro Ramírez Acosta, que a pesar de su juventud había logrado contagiarse de la afición de su padre por la música del gran conjunto cubano, quien desapareció desde el 7 de marzo de 2015 sin que se tenga de él la menor noticia. Podría decirse que el saludo generalizado entre los socios en este encuentro fue la pregunta: “Y, ¿Qué se sabe de él?” La respuesta es desalentadora: “Nada. Absolutamente nada”. Hubo un momento de homenaje propuesto por el actual presidente, el médico William Parra Cardeño, que consistió en escuchar de pies y en silencio el disco que más le gustaba al joven ingeniero desaparecido, por cuya suerte oramos los amigos y relacionados de la familia Ramírez Acosta.

María Luisa Landín, reina del bolero

La reina del bolero

Tal como estaba anunciado en el programa de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia del sábado 30 de mayo de 2015, el asociado Eduardo Ceballos Arango dio su disertación sobre la bolerista mexicana María Luisa Landín Rodríguez, que el próximo mes de junio cumplirá el primer aniversario de su fallecimiento, a los 92 años cumplidos. Alguien dijo de ella que, como su padre, era veracruzana; pero no, puesto que nació el 9 de octubre de 1921 en el barrio Tepito de México D.F., la capital; y, después de una larga enfermedad, falleció en la misma ciudad el 20 de junio de 2014, por causa de una neumonía que agravó su situación. Había conservado la lucidez y sus ansias de vivir hasta el final.

Dijo alguien que María Luisa era “dominicana, de ascendencia libanesa”, lo que obviamente no es cierto; y, aunque por sus vínculos y éxitos cosechados en Puerto Rico llegó a considerársele hija adoptiva de ese país, dice su biógrafo Omar Martínez Benavides, administrador del blog oficial que lleva el nombre de la cantante mexicana, que “A la final María Luisa no es de nadie, ni de su familia, ni de México, sino de todos los que la hemos admirado en su música. María Luisa es de todos”.

Discografía de María Luisa Landín

La cifra total de las grabaciones suyas no es fácil de precisar, teniendo en cuenta que grabó cantidad de discos sencillos de 78 rpm, muchos de ellos incluidos posteriormente en discos de larga duración; que algunos discos los grabó hasta dos, o tres veces; que la mayoría los grabó como solista, pero muchos otros los grabó a dúo o en trío; y que hay grabaciones tomadas de sus presentaciones en vivo, gracias a los registros magnetofónicos de las emisoras. En la página oficial hay 142 títulos registrados como solista, y 39 con su hermana Avelina; aunque, por limitaciones de las casas disqueras, en esta página sólo se abarca la década del 40 hasta el año 1949. El expositor Eduardo Ceballos tiene 170 en sus archivos pero, así tenga los títulos más conocidos de ella, ha centrado su atención en los que considera raros y menos conocidos. Bien quisiera él tenerlos todos, pero no es fácil.

Gran admirador de María Luisa desde su niñez, por contagio de sus padres en la musical familia donde creció, Eduardo reconoce que fue su madre, que cantaba con buena voz, la que con canciones de la mexicana acompañaba los oficios domésticos y le transmitió el amor por la cantante. Dice él que: “Mi madre hacía dueto con una hermana suya, y de ellas escuché muchos temas que afinaron mi gusto musical”. Enterarse de la muerte de la cantante fue un duro golpe emocional para la familia.

Fuentes biográficas

Eduardo es aficionado a sintonizar el programa “Hasta que el cuerpo aguante”, que transmite los viernes desde las 10 pm. hasta la 1 am. la emisora Estéreo Méndel, en la frecuencia 103.7 FM de la ciudad mexicana de Aguas Calientes, producido por un colectivo de trabajo que lidera el estudioso musical Ernesto Martínez Frausto. Ese programa es retransmitido por varias emisoras latinoamericanas, y también puede sintonizarse a través del canal virtual (ver el enlace al final de este artículo). Por dicha afición, Ceballos escuchó la emisión especial del programa en homenaje a María Luisa el día viernes 27 de junio de 2014, una semana después de su deceso. En ese programa pasaron una entrevista que en el año de 2009 le habían hecho a la cantante cuando, a los 88 años de edad, se encontraba en plena lucidez; y para cuya conexión fue fundamental el aporte de la colaboradora del programa Sofía Liliana Vargas Ortega, cantante de música ranchera, que hizo el enlace para la entrevista telefónica de larga distancia, facilitado por haberse establecido entre ellas una amistad fraterna de mutuo cariño.

La grabación de este programa le sirvió al expositor como apoyo para la charla que ofreció a los asociados de la Corporación, así como algunas biografías o minibiografías consultadas en Wikipedia de Internet y en Google, escritas para el mencionado blog oficial por Martínez Benavides; por el mexicano Oswaldo Páez, para su blog de boleros; y por la venezolana Dra. Egly Colina Marín, para su blog de biografías. Aparte artículos de prensa que incluyen al colombiano Arturo Alape, al mexicano Pavel Granados –quien, con Guadalupe Loaeza, escribió una biografía de Agustín Lara–; y al licenciado Ramón Valdez-León, columnista de Café de Chinos en la sección Perfiles del periódico virtual El Imparcial.com que edita Santos Guzmán en la ciudad de Hermosillo del Estado de Sonora (México).

Vida artística de María Luisa Landín, primera etapa

Cuatro etapas definidas hay en la vida artística de María Luisa.

Primera la que siendo adolescente, cuando corría el año de 1935, inició a dúo en el Teatro Iris de la capital mexicana con su hermana Avelina, que era cuatro años mayor; un dueto cuyo nombre de “Pirita y Jade” les fue puesto por Enrique Contell de la emisora XEQ, como alusión a la piedra de color amarillo que se confunde con el oro y puede aplicarse a los cabellos rubios, y al jade en la variedad de color que puede aplicarse a las personas de cabello negro. Algunos admiradores de María Luisa confunden este nombre con el que adoptaron las hermanas Yolanda y Elba Vargas Dulché, que en la vida artística se hacían llamar “La rubia y la morena”.

Pirita y Jade, las Hnas. Landín

Se dice que las hermanas Landín heredaron el talento musical por su padre don Irineo, que aparte de ser sastre era un guitarrista que cantaba con buena voz; y por su madre, que siendo ama de casa cantaba también con buena voz en las reuniones familiares; pero, de no fallecer pronto su padre, no hubieran podido seguir la carrera artística ya que, según dice el Lic. Ramón Valdez-León:

…las niñas se darían cuenta de la severidad de su progenitor en una ocasión en que Avelina, la mayor, ofreció a su padre una serenata para sorprenderlo; pero la sorprendida fue la muchacha porque don Ireneo, cuando ella terminó de cantar, le arrebató la guitarra y se la estrelló en la cabeza. Ante semejante actitud, no pocos apostaban por las carreras truncadas de las chicas, pero resulta que (¡Oh, destino!) el padre falleció cuando las chamacas apenas dejaban la pubertad”. 

Contra su voluntad, al sastre guitarrista no sólo le resultaron cantantes la mujer y las hijas sino que, dijo Valdez-León, “…Su único retoño varón tampoco cantaba mal los boleros, las rancheras, y los corridos”. De este hijo varón nada se sabe, aparte la mención que hace el licenciado en su artículo “Con ustedes, las Landín” –parte 1–. Encontrar esta referencia a ese otro hijo ya es un descubrimiento, así sea un dato que quede por confirmar.

Segunda etapa, el Dueto Mari-Lina

En una segunda etapa las Hermanas Landín, que también fueron llamadas con este nombre, pasaron a llamarse Dueto Mari-Lina; tomando las dos primeras sílabas del nombre de María Luisa, y las dos últimas del de Avelina. El nombre fue una sugerencia de Guillermo Kornhauser, director comercial de la Peerless mexicana y, dijo ella, “puede decirse que ahí nació artísticamente María Luisa Landín”. El dueto se acabó cuando Avelina contrajo matrimonio con su vecino Ángel Zempoalteca Ortega, repostero de profesión, quien no le permitió que siguiera cantando en público, lo que produjo un distanciamiento de las hermanas; distanciamiento que duró hasta la muerte de Avelina en el año de 1991, por causa de una cirrosis hepática. Deja entrever María Luisa en la entrevista para el programa mencionado que, al igual que ocurre con un pintor de fachadas al que le quitan la escalera; con ese matrimonio, y con la perentoria exigencia, ella quedó colgada de la brocha y volando, como suele decirse. “Las dos hermanas se pelearon, y no volvieron a reconciliarse”, dice Pavel Granados.

Por razones comerciales, los productores de las emisoras promocionaron una supuesta rivalidad pública de las Landín con las en ese entonces triunfadoras Hermanas Águila (María Esperanza y María Paz Águila Villalobos); pero, en privado, había una buena relación de amistad entre ellas. Y seguramente también por razones comerciales las Hermanas Landín se juntarían de nuevo en los años 50, una década después, cuando estuvieron en Bogotá y se presentaron en la emisora Nueva Granada de la recién establecida Radio Cadena Nacional (RCN). Dice Javier Linares F., en comentario para el Blog del Bolero, que Avelina “…abandonó su carrera por cerca de dos años, pero como en el matrimonio le fue mal, regresó a los escenarios”, y agrega que tal información la tomó del libro “Los dueños de la noche”, escrito por Cristina Pacheco, que contiene una completa entrevista con la cantante.

Hermanas Landín en la emisora
RCN Nueva Granada de Bogotá 
durante la década de los años 50

Avelina dejó más de 100 grabaciones como solista, de las que quedan varios discos de larga duración, incluido el denominado “Recordando la voz cálida de Avelina Landín”, de la RCA Víctor en la serie Camden para coleccionistas:

Recordando la voz cálida de Avelina Landín”, 
carátula del LP

De ella quedan tres o cuatro videos subidos a You Tube por Regallo Gallo, entre ellos el bolero “Llegaste tarde” (Llegaste tarde, en el ocaso de mi vida triste…) de Manuel “Wello” Rivas Ávila, el mismo compositor del bolero “Cenizas” que estrenara su hermana María Luisa.

Llegaste tarde”, bolero de Wello Rivas en la voz de Avelina Landín:
https://www.youtube.com/watch?v=HTzW9eh-mxo

Y queda su participación como cantante en la película “Su última aventura”, que protagonizó Arturo de Córdova con Esther Fernández en 1946. Dice don Jaime Jaramillo Suárez que esta película tuvo primero el título de “Primavera en el corazón”, que luego fue cambiado, y fue musicalizada por el mexicano Raúl Lavista Peimbert que es el autor de la zamba “Coctelera de amor”, una de las dos canciones de la película. La otra tiene por título “Adiós mi amor”, y su autor es el argentino Enrique-Santos Discépolo-Deluchi, el famoso “Discepolín”. Avelina Landín aportó su voz para ser doblada por la protagonista de la película, razón por la que la cantante no figura en los créditos del reparto actoral sino en los del soporte complementario.

Tercera etapa, con las Hermanas del Mar

En una tercera etapa, por causa de una enfermedad de Ana María, la voz de María Luisa se unió al trío de las Hermanas del Mar; compuesto por Emma, Ana María, y Aurora. La relación terminó cuando las hermanas reclamaron a la emisora por el incumplimiento de María Luisa en los ensayos. Después de 60 años de distanciamiento, dice Pavel Granados, las tres mujeres se reunieron una noche a cenar e hicieron las paces, previa la protesta de las del Mar de que ellas no habían ido con reclamos ante el empresario. A pesar de esta reconciliación, María Luisa Landín le pidió a Omar Martínez que retirara la alusión a ese episodio en la biografía que él estaba preparando sobre ella. Él acogió la petición.

Cuarta etapa, como solista

Y, finalmente, la cuarta etapa se dio cuando el propietario de la emisora XEW, don Emilio Azcárraga Vidaurreta, la indujo a que se lanzara como solista, proyectándola en su exitosa carrera. 

Al decir de Martínez, “…María Luisa era una bella persona que, por ser llevada de su parecer, tenía un carácter difícil”. Este carácter, cuenta Pavel Granados, no le permitió entenderse artísticamente con Agustín Lara porque “…eran de temperamentos diferentes. Lara era manipulador y mentiroso, lo opuesto de lo que buscaban los jóvenes compositores de los años 40 como Federico Baena, Alberto y Abel Domínguez Borrás, Consuelo Velásquez, Miguel Ángel Valladares, María Alma (María Luisa Basurto), Alfredo Parra, Pablo Beltrán Ruiz, Manuel J. Acuña, entre otros”. Varios de estos, por no decir todos, compusieron para María Luisa Landín. Pero hay otro inconveniente y es que, aparte de que Lara ya tenía en Ana María Fernández, en Ana María González, y en Toña la Negra, sus intérpretes de cabecera (lo que chocaba con el carácter individualista de María Luisa); a ella no le gustaba grabar canciones que otros artistas hubieran grabado ni, dice ella, "canciones que no me llegaran al alma".

Sí hay dos temas de Agustín Lara grabados por ella. El uno, a dúo con Néstor Mesta Chaires, lleva el título de “Janitzio” (Son las redes de plata de un encaje tan sutil… noches de serenata, de plata y organdí) en homenaje a la principal de las siete islas turísticas del lago Pátzcuaro en el occidental estado mexicano de Michoacán; el otro, “Pobre de mí” (Sol de mi vida, luz de mis ojos, siente mis manos cómo acarician tu tersa piel…), grabado a dúo con su hermana Avelina:

https://www.youtube.com/watch?v=f8F0AmY_3PU

El tema que a María Luisa más le llega al corazón es “Canción del alma” (…Será lo que tú quieras, la culpa tú tendrás, pero mi alma te espera, te espera una vez más…), de Rafael Hernández Marín que, dice ella, “recuerdo cómo lo vi llorar de emoción cuando grabamos esa canción… Era como un padre para mí”. 

Aunque la grabación que más dinero le ha dado en regalías es “Amor perdido” (…si, como dices, es cierto que vives dichoso sin mí…), de Pedro Flores Córdova que, dice ella, “Todavía me sigue dando para vivir”; y agrega, “ese es un tema que yo no quería grabar porque Manolita Arriola López, que fue la primera que lo grabó, ya lo había hecho antes. Yo tuve que hacerlo a regañadientes, llorando de disgusto por tener que cumplir la orden de Mariano Rivera Conde, esposo de Consuelo Velásquez, que era directivo de la RCA Víctor; y cuyo olfato comercial le advertía que, pese a mis protestas, en mi voz ese tema iba a ser un éxito”. Ese disco sí había sido grabado por ella antes, pero lo había hecho acompañada de Avelina. 

Lo que no es cierto, dice Omar Martínez, es que fuera Manolita la primera que lo grabó porque, según le dijo Pedro Flores a él, “el primero que lo grabó, en Puerto Rico, fue Doroteo. Así llamaba Pedro Flores a su amigo Daniel Doroteo de los Santos Betancur, “El inquieto anacobero”. Aunque se escucha en la entrevista de la emisora esta afirmación de Martínez, el expositor Eduardo Ceballos aclara que hay una confusión porque a quien llamaba Pedro Flores con el nombre de Doroteo era a su otro intérprete, que hizo parte del Cuarteto Flores en la segunda etapa de este grupo cuando se reorganizó en la ciudad de Nueva York, donde entre otros intérpretes cantaba Doroteo Santiago junto a Daniel Santos. “Amor perdido” fue grabado por Doroteo Santiago con el Cuarteto Flores, y no por Daniel Santos. Aquí está la grabación:

Amor perdido”, de Pedro Flores, 
por Doroteo Santiago con el 
Cuarteto Flores en Nueva York:

Pedro Flores, Rafael Hernández, Mario Ruiz Armengol, Gilberto Urquiza, entre muchos y además de los anteriormente mencionados, hacen parte de la lista de autores de quienes grabó María Luisa sus composiciones, con esa, su cálida voz, una voz que destacó en medio de una pléyade de cantantes femeninas que en los años 30 al 60 brillaron en el firmamento artístico latinoamericano, entre ellas las voces de: Ana María Fernández, Ana María González (María Olga del Valle Tardós), Lupita Palomera, Amparo Montes, Julita Ross, Carmen Delia Dipini (di Pini), Olga Chorens, Olga Guillot, María Enriqueta, Toña la Negra, Elvira Ríos, Eva Garza, Virginia López, Blanca Rosa Gil.

María Luisa hace parte de las voces femeninas que en algunas presentaciones cantaron con la Sonora Matancera, pero no llegaron a grabar con la agrupación. Cantó con muchos otros acompañamientos, como decir Claudio Estrada Báez y su grupo de “Guitarras y Ritmos”, pero no con ellos. Se ignora si queden grabaciones magnetofónicas de esas presentaciones. La orquesta que más quiso, y llega a calificar de la más entrañable, fue la de Rafael Hernández. Esa, al igual que las de Pedro Flores, Rafael de Paz, Gabriel Ruiz, Ray Montoya, José Sabre Marroquín, Chucho Zarzosa, Chucho Ferrer, Luis González, Luis Arcaraz, Alfredo Guzmán; y otros que fueron, más que compañeros de trabajo, sus amigos que le pedían opinión sobre los arreglos musicales. Dice ella que, “…modestia aparte, ellos me presentaban la propuesta y yo la bordaba, la adornaba con mi estilo y temperamento”.

Por ser garantía de éxito, y por la responsabilidad que ponía en sus trabajos y presentaciones, María Luisa Landín fue una artista apetecida por los empresarios de espectáculos. Según contó don Manuel Jiménez Ortega, que trabajó con ella como ayudante de utilería, “Era muy profesional, y llegaba a las presentaciones con tres o cuatro horas de anticipación. Además, no tomaba licor y sólo bebía jugo de naranja o de sidral”.

En aquellos tiempos había programas patrocinados por las empresas Coca Cola, Pepsi Cola, Nestlé con su marca Nescafé, Colgate Palmolive, Sal de Uvas Picot, la Casa Salazar vendedora de los radios RCA Víctor, y programas legendarios como “La hora azul” de la XEW, que contrataban vocalistas y los hacían acompañar por las mejores orquestas del momento. 

Dentro de su vasto repertorio está el bolero “A dónde irán” (Yo quisiera saber a dónde irán a dar las tristezas del mundo, los cantos y los sueños…) de Rodolfo Mendiolea, interpretado por las Hermanas Landín con acompañamiento de la orquesta de Juan S. Garrido que, al decir de Pavel Granados, “Se me figura que es el bolero perfecto”.

Con la orquesta de Dámaso Pérez Prado grabó María Luisa el mambo de Humberto Suárez “No me digas nada” (…que no he de creerte. Con tus mentiras, con tus engaños, no me dejas vivir…), que puede escucharse en la audioteca de su página oficial; y en la emisora CMQ de La Habana los productores del programa “El show del tesoro Pepsi Cola” le pusieron para su debut en Cuba una orquesta dirigida por el maestro Enrique González Manticci, audición de la que se tomó la grabación del bolero “Amigos no más” (…llegado el momento de hablar frente a frente… dos corazones que no se comprenden, vivir ya no pueden fingiéndose amor), de Marco Aurelio Candia, que se escuchó durante el especial en memoria de la cantante. En Colombia María Luisa grabó con la orquesta del argentino Don Américo (Belloto Varoni) y sus Caribes. También están en su lista de acompañantes las orquestas de Chucho Ferrer, Ernesto Riestra, Juan García Esquivel, Luis González, Miguel Ángel Pasos, Juan Bruno Tarraza, Noé Fajardo, y en el año de 1941 la acompañó el Quinteto Cárdenas en la canción “Allá” (...en el pueblecito donde yo naciera, yo sé que mi viejecita todavía me espera) de Manuel Rentería, compositor que figura como autor de ésta y de “Caprichito”, pero del que no hay mayor información sobre quién era y si tenía algo que ver con el muy conocido Manuel “Maciste” Álvarez Rentería.

Aparte de los duetos conformados con su hermana, primero; y con las hermanas del Mar, después; ella cantó ocasionalmente a dúo con Miguel Aceves Mejía, y con Néstor Mesta Chayres. Con el Mariachi Vargas, de Tecalitlán, grabó la ranchera “Pa´qué me sirve la vida” (…yo la cambio por tequila, que pa´ mí no vale nada), a dúo con su amiga María Victoria (Cervantes Cervantes). Hizo un diálogo con el director de orquesta Ernesto Riestra como comparsa, acompañado con fondo musical, en un jocoso blues titulado “No, señor” (¿Por qué no? ¡No, señor! Pero, ¿Por qué, por qué no? ¡No, señor!... Bueno, lista estoy ¡Yo también!... y así fue como lo acepté) que, más que cantado, es un tema recitado; y con Fernando Fernández hizo un picaresco bolero titulado “Aviso de ocasión” (Solicito caballero en matrimonio, de más que regular presentación… y con cartas de recomendación).

Como curiosidad tenemos que el 11 de septiembre de 1985 en el programa de cocina “Con las manos en la masa”, de la televisora española TVE, el invitado especial de la productora Elena Santonja fue el cineasta Pedro Almodóvar, quien montó un sketch o videoclip haciendo el doblaje o fonomímica del bolero “Desdichadamente” (…fui de ti, por mucho tiempo), de Rafael Hernández, grabado en la voz de María Luisa Landín. Ya desaparecido el programa, y habiendo llegado a ser Almodóvar un personaje de talla internacional, este episodio del programa se ha convertido en un clásico del género televisivo de los programas gastronómicos.

Con las manos en la masa”, Santonja y Almodóvar en el minuto 4.15:
https://www.youtube.com/watch?v=RxSaHnViOvU

Sus matrimonios

Sus dos primeros matrimonios fueron uniones maritales.

Con Lorenzo Ibáñez fue el primero, que se verificó después del matrimonio de Avelina en el año de 1941, y antes de la segunda relación de María Luisa a finales de los 40. Con Ibáñez tuvo a la médica reumatóloga Graciela Ibáñez Landín, su única hija, de la que al fallecer la cantante quedan su nieta Graciela Elizabeth Kasep-Ibáñez y su bisnieta Renata.

El segundo fue con el pianista y compositor cubano Fernando  Mulens (Fernando Luis Miguel López Mulens), del que queda el bolero que le compuso y dedicó a María Luisa, con letra de Gabriel Luna de la Fuente: “Qué te pedí” (…Pero ¿Qué te pedí? Tú lo puedes al mundo decir: Que supieras que no hay en tu vida otro amor como mi amor…). Duró sólo un par de años entre 1948 y 1950, y no tuvieron hijos.

El tercero, según dice Wikipedia, fue “…un desafortunado matrimonio con un tal Eugenio Cañaveral”. Lo celebró el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín (Colombia) en el año de 1954, con el barranquillero Juan Eugenio Cañavera Sarmiento, un conocido poeta, periodista, locutor, y hombre de radio que la población de Soledad en el Departamento del Atlántico quiso homenajear dando su nombre a una escuela. Duró poco este matrimonio (tal vez un par de años), y con él no tuvo descendencia; pero dice el periodista Orlando Cadavid Correa que en la sacristía parroquial quedó el registro de la partida matrimonial firmado por los padrinos; que fueron el compositor Lucho Bermúdez y su esposa, la cantante Matilde Díaz.

Se habla de otras relaciones en el transcurso de la carrera de la cantante, incluido un romance que durante los años que María Luisa permaneció en República Dominicana, al decir de Euclides Gutiérrez Félix, tuvo con un hermano de la artista Casandra Damirón Santana; fue con este caballero, perteneciente a tan prestigiosa familia, con quien montó  un salón de belleza en la Av. Bolívar, esquina con Juan Isidro Jiménez, de la capital. Bernardo Saldana, locutor de la emisora WRYM 840 AM, dice que después de María Luisa separarse de Cañavera estuvo con su hermana en este país, y que “Esto fue por los años 57-58-59-60”. Saldana atribuye a Avelina la propiedad del salón de belleza.

Amor perdido, de las sinfonolas a la literatura y el cine

El mexicano Carlos Monsivais escribió una novela con el título de “Amor perdido”, y su epígrafe es en sí una dedicatoria porque en la página introductoria copia la letra del exitoso bolero de María Luisa. Hay una película con ese título en que la cantante no actúa, pero aparece en escena interpretando ese tema sobre cuyo acompañamiento dice don Omar Martínez que “Aunque José Sabre Marroquín ya lo había hecho en la versión del disco de 78 rpm editado por la RCA en 1949, la orquesta que acompaña a María Luisa en el filme no es la suya sino la de Juan Bruno Tarraza”.

María Luisa también aparece no como actriz sino como cantante en otras películas, como son: La gran ilusión, El jibarito Rafael, La sombra de una mujer, Cuando llega el amanecer, La bien pagada, Danzón, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda, y A fuego lento o México nocturno.

Muchos epítetos se le dedicaron en su carrera a “La reina del bolero”, como decir “La trágica de la canción”, “La reina de las sinfonolas”, “La voz que brota del alma”, “La sensacional”; y, al decir de Alcy de la Rosa, el locutor dominicano Ramón Rivera Batista la bautizó como “Nuestra señora de la emoción”. Se ha dicho que la de ella era “La voz que llega al corazón”, pero tal epíteto se aplicó también a su hermana Avelina, dando título a uno de los discos de larga duración que ésta grabó.

Carátula LP “La voz que canta al corazón”, 
de Avelina Landín

Las orquídeas vocales de María Luisa

La voz de María Luisa Landín era una voz aterciopelada, apropiada para la expresión romántica. Dentro de sus muchos discos de larga duración hay uno de antología que está enclavado en el corazón de sus admiradores por la exquisitez de los 12 temas seleccionados. Se trata del trabajo LPVC-13 de la RCA Víctor MKL 20-09, prensado a mediados de los años 50 del siglo XX con el título genérico de “Orquídeas Vocales”, del que dice la contracarátula, cuyo texto fue escrito por Leonel Bracho, empleado ejecutivo de la RCA Víctor mexicana, que:

Las orquídeas son deleite para la vista y el tacto, pero también hay orquídeas musicales. Orquídeas por la suave tonalidad de sus acordes y por el mágico esplendor de las emociones que comunican. La música y la intérprete de estas orquídeas musicales reúnen estos rasgos y, además, poseen un encanto y un fulgor romántico de una calidad muy por encima de lo ordinario. Todas las melodías que María Luisa Landín interpreta hacen derivar al oyente hacia un mundo de emociones pleno de grata sentimentalidad”.

Carátula del LP "Orquídeas Vocales"

Los títulos “Amor perdido”, “Hay que saber perder”, “Miseria”, “Ahora”, “Desdichadamente”, “Será por eso”, “Dos almas”, “Mis ojos me denuncian”, “Aunque tengas razón”, “Tu felicidad”, “Injusticia”, y “Déjame en paz”, conspiran para estrujar el corazón en el recuerdo de esta gran cantante.

Recordemos que esta admirada artista no aceptaba temas que otra intérprete hubiera grabado, y sólo interpretaba canciones que le llegaran al alma. Podemos deducir, entonces, que la mayoría de las suyas son obras que los compositores le dieron a estrenar con acompañamientos orquestales de primer orden. La conclusión, es que se dio la simbiosis perfecta entre un amplio abanico de inmensos autores, en una época afortunada de la creatividad musical de México y los países de América que se asoman a las orillas del Mar Caribe, y esta intérprete que ellos encontraron ideal para realizar sus creaciones tal como las habían soñado en su corazón y las habían concebido en su cabeza. Que un tema fuera grabado por María Luisa era motivo de orgullo para el autor, y garantía de éxito en el favor popular; y para ella motivo de satisfacción ser escogida por tan insignes compositores. La amplitud de su repertorio así lo demuestra. El resultado colmó las expectativas de los intereses de las casas disqueras y de los corazones de quienes pusimos a María Luisa en un nicho especial de nuestras preferencias musicales.

Liliana Vargas Ortega con María Luisa Landín, 
durante su visita para hacerle la entrevista 
telefónica que salió al aire en el programa
 "Hasta que el cuerpo aguante"

La última grabación la hizo en 1967; y la última presentación a finales de los años 80, cuando ya sus capacidades vocales menguaban. No así su éxito, que continúa incólumne en el corazón de sus admiradores… hasta más allá de la muerte.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Guía de enlaces en Internet

1. Programa “Hasta que el cuerpo aguante” por Estéreo Méndel de Aguascalientes, México, especial sobre María Luisa Landín en junio 27 de 2014:


2. Omar Martínez Benavides, blog oficial de María Luisa Landín. Contiene biografía, discografía, y audioteca.


3. El blog del bolero, de Oswaldo Páez:


4. Egly Colina Marín biografías:


5. Buscando a María Luisa Landín, por Arturo Alape en El Tiempo.com:


6. Palabras para María Luisa Landín, por Pavel Granados en Siempre.com:


7. Con ustedes, las Landín”, parte 1, por el Lic. Ramón Valdez-León (email: opinoesto@hotmail.com) para la columna Café de Chinos de la sección Perfiles de El Imparcial.com de Hermosillo, Estado de Sonora en México, el domingo 3 de agosto de 2014:


8. Dice Euclides Gutiérrez Félix que “María Luisa Landín vivió diez años en República Dominicana”, declaraciones para Vanguardia del Pueblo.do


9. Orlando Cadavid Correa, en artículo titulado “Memorias de una vieja querida” (la radio), del periódico El Mundo.com de noviembre 27 de 2009, indica quienes fueron los padrinos del matrimonio Cañavera Landín.

http://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=134398