domingo, 27 de marzo de 2016

145. Semana Santa de ateos y creyentes

Siendo el pueblo colombiano de mayoría católica en la primera mitad del siglo XX, las ceremonias de Semana Santa eran sagradamente respetadas hasta por los librepensadores no creyentes y por los creyentes de otras religiones. La asistencia a las procesiones era masiva desde la del Domingo de Ramos hasta la del Domingo de Resurrección, el ayuno y la abstinencia de carnes era sagradamente respetado para beneficio de los vendedores de pescado que así sacaban partido a la bonanza de la subienda de los días previos, los feligreses tenían la costumbre de estrenar ropa de pies a cabeza para vestirse con sus mejores galas, para beneficio del comercio vendedor de ropas, y muchos negocios cerraban porque sus dueños y trabajadores hacían un alto para dedicarse al recogimiento religioso. Los bares cerraban, las prostitutas de las casas de citas se confesaban, y a partir del Jueves Santo no había atención a la clientela habitual. La foto de Gardel en el cuarto, y el almanaque de mujeres desnudas de los fabricantes de insumos para zapatería eran guardados debajo del colchón en el cuarto de las meretrices, y en su reemplazo salían a relucir estampas de Jesús Crucificado y de la Virgen Dolorosa alumbrados con veladoras. La música en las emisoras de radio, sagradamente, era reemplazada por música sacra, por oratorios, y motetes, y cantos gregorianos, de Haydn y de Bach y Pellegrini y Vivaldi y Tomás Luis de Victoria.

De pronto, todo cambió, y la Semana Santa pasó a ser “parranda santa”. Se volvió tiempo de vacaciones. Acostumbrados a protestar porque por los trancones muchas veces tardábamos más de una hora para atravesar la ciudad de Laureles a Envigado, nos encontramos en la mañana de este Jueves Santo haciendo el recorrido como si se tratara de una pista de carreras totalmente despejada para nosotros. “La ciudad se quedó sola”, comentó mi acompañante, y yo asentí porque era evidente que todo el mundo se había ido de vacaciones para La Costa, para las fincas, para poblaciones donde hubiera fiesta y animación. “¿No vas a quedarte para las procesiones?”, le pregunté a un amigo. “¡No, ni de fundas! Yo no creo en esas cosas”, me contestó. Parecería que todos andan en la misma tónica, si no fuera porque otro amigo me dijo que “Yo salgo a pasear en cualquier día del año, en cualquiera… menos en la Semana Santa. En Semana Santa me dedico a rezar”. Tendrá que ser cierto porque vi las iglesias llenas de feligreses y las procesiones acompañadas de una nutrida asistencia. No todo el mundo viajó a las playas de Coveñas. El mundo se divide, entonces, entre los que creen y entre los que no creen.

No hace mucho tiempo la iglesia del municipio de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción en Antioquia, al que en confianza se le dice “La Concha”, se encontraba deteriorada. La administración pública aprobó un presupuesto para su reparación, pero debía cumplirse con requisitos. Solicitaron entonces copias de las escrituras registradas, que databan del siglo XVIII (1770), y se encontraron con la sorpresa de que los propietarios del terreno y de la edificación eran ¡Las benditas ánimas del Purgatorio! Algún devoto moribundo así lo dispuso en su testamento, y en cumplimiento de su disposición así quedaron las escrituras. La Ley es la Ley (“Dura es la Ley, pero es la Ley”, dice un axioma jurídico). ¿Qué hacer en este caso? Para eso están los leguleyos que se inventaron el otro axioma de que “hecha la Ley, hecha la trampa”. Fue sencillo. Durante tres días el juzgado publicó un edicto en el periódico del pueblo “Solicitando a los propietarios del terreno y a quienes se consideraran con derechos sobre el mismo a presentarse en el juzgado”, y emplazaron a “Las benditas ánimas del Purgatorio” a hacerse presentes en ese despacho a la brevedad posible. Ninguna se hizo presente, con ser que el juez asignó un vigilante permanente “por si los sujetos emplazados hacían presencia durante las horas de la medianoche”. No se presentaron. En vista de tal hecho, el Juez determinó que los señores de la Curia Diocesana tenían derecho de posesión por antigüedad de casi dos siglos y medio, y que por lo tanto les adjudicaba el bien reclamado y autorizaba se les protocolizaran las respectivas escrituras. Así fue solucionado el impase legal que, sin saberlo, causó hace casi doscientos cincuenta años un devoto moribundo.

Artículo “El juicio que perdieron las ánimas del purgatorio” en el periódico De la Urbe.com, 24 de mayo de 2013:

http://delaurbe.udea.edu.co/2013/05/24/el-juicio-que-perdieron-las-animas-del-purgatorio/

Las iglesias de la ciudad estaban atiborradas. Hay iglesias de pobres, y hay iglesias de ricos. Las de los ricos, por ejemplo, están en El Poblado. Las de los pobres, en lo alto de las comunas nororiental y noroccidental. Las del Poblado son lujosas, eso sí ni para qué negarlo. Las de los barrios pobres son muy humildes. Una de estas conocí en la vereda de Guarumo en Caucasia. El padre se quejaba de no haber podido construir una iglesia digna todavía porque su feligresía no era mucha y, para acabar de ajustar, era muy pobre. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la población no cree en nada, y que la mayoría de los que creen son evangélicos adscritos a cuatro o cinco sectas religiosas. Sus diezmos y primicias van, entonces, para los pastores. El curita católico celebraba la misa en un improvisado altar sobre una especie de mesón de carpintería cubierto con un mantel de encaje, en un rincón del a su vez también pobrísimo cementerio del lugar. Sólo monedas se oían caer a la hora de la recolección de las limosnas, y ningún billete para amortiguar el metálico sonido. Cuando puse mi billete de dos mil pesos en la canastilla, la recaudadora me miró con ojos agradecidos de ¡Por fin un feligrés acomodado, alabado sea el Señor!

El Jueves Santo, poco antes del mediodía salimos hacia el oriente antioqueño. Varias capillas e iglesias se encargan de la atención a los veraneantes de las afueras de El Retiro, de La Ceja, de Rionegro, de Llanogrande. Tal vez pudiéramos cumplir por esos lados con la tradición de la visita a los siete monumentos con el Santísimo Expuesto. Una hay, la del Sagrado Corazón de Jesús, a pocos metros de Pizzas Piccolo antes del parque de Los Salados en La Fe. Es más bien humilde. Otra hay, lujosa según entiendo, en la Hacienda de Fizebad también en La Fe. Asumo que es lujosa, porque ha sido lugar para celebración de matrimonios de estrato seis. Tiene bellos jardines alrededor y registra muy bien en las fotografías y videos contratados por los celebrantes. Cerca, en La Fe, está la capilla Ermita de la Candelaria. En Don Diego construyeron, en tiempo récord a mi modo de ver, una iglesia denominada “Camino de Emaús”, que quise conocer pero estaba atiborrada de feligreses y carros parqueados al punto que no tenía arrimadero. En el Seminario Salesiano está la iglesia de San Juan Bosco. En la vereda El Tablazo de Rionegro está la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Muy bonita y con un buen vecindario. Cualquier día a la orden de “Démonos fraternalmente la paz” uno puede encontrarse dándole la mano al Dr. Álvaro Uribe Vélez y a doña Lina Moreno, al pintor Fernando Botero y a doña Sofía Vari, y a varios otros veraneantes de la vecindad. Supuesto el caso de que ellos no tengan inconveniente en darle la mano a uno, porque yo he visto a muchos que se echan la bendición y esconden la mano para prevenir contaminaciones. 

Hace quince días inauguraron una iglesia nueva en la vereda Sajonia de Rionegro, con entrada por la vía a Santa Elena a pocos metros del round point de las partidas de la variante a Medellín y de la entrada al aeropuerto José María Córdova, y en cercanías de donde va a quedar la salida del túnel de Medellín Rionegro. Dicen los que saben que la dirección es muy fácil porque “queda diagonal a la finca de los Gómez Martínez”, y en ese caso el momento de desear la paz lo puede poner a uno a estrechar las manos de la plana mayor del periódico El Colombiano. Son ellos feligreses de esa parroquia construida en terrenos donados por ellos y con el apoyo de sus bolsillos “Ad Maiorem Dei Gloriam”. Pertenece a la Diócesis de Sonsón Rionegro y se denomina Parroquia de María Madre de Dios como advocataria, con la coadvocación de Santa Laura Montoya Upegui. Su construcción es moderna y funcional, con capacidad para 450 personas y 70 vehículos en los parqueaderos más otras muchas comodidades en su dotación, como decir rampas para discapacitados y una silla de ruedas para facilitar el acceso desde el vehículo hasta el templo a quien lo requiera. Tiene 18 nichos dobles a lado y lado de la nave, con 36 cuadros que incluyen las Vírgenes patronas de los 21 países americanos, tarea que fue encomendada a la pintora italiana Chiara Rapamonti en Roma. Su interesante historia aparece en esta página de la Diócesis de Sonsón Rionegro:



Resulta, pues, que el Dr. Fernando Gómez Martínez cuando fue embajador de Colombia ante la Santa Sede estableció un fondo para la celebración de misas a perpetuidad por el eterno descanso de su devota alma bendita, y que su hijo que también fue embajador allí, el Dr. Juan Gómez Martínez, dispuso de ese fondo para la dotación de la iglesia que acaba de ser inaugurada.

Interesante saber que lo que iba a ser “un confortable motel con garajes en todas las habitaciones” fue rescatado por la familia Gómez Martínez y es hoy una bella iglesia que, no lo dudo, se convertirá en lugar de moda para los matrimonios de postín en los próximos años.

Visitar esta recién inaugurada iglesia fue una grata sorpresa en esta Semana Santa en que se conmemora la dolorosa muerte de Jesús de Nazareth, el Cristo. Es posible que uno crea que Dios no existe, que Cristo no es Dios, y que Jesús es sólo el hijo de un carpintero de Nazareth a quien “le sonó la flauta”. Puede que uno piense también que él no existió y que solamente es una invención de los cuatro evangelistas que se pusieron de acuerdo para inventarse un mito y lucrarse de él. Puede que uno crea tales cosas, en cuyo caso está desconociendo el hecho incontrovertible de que Jesús ¡Si existió!, y digo que es incontrovertible porque no solamente están los testimonios de los cuatro evangelistas sino que hay testimonios de contemporáneos ateos y no creyentes como Flavio Josefo que dejaron por escrito sus conceptos y testificaciones, como lo dice el periodista Juan Gossaín en el siguiente artículo que encuentro de sumo interés.

Muerte de Jesús explicada por científicos”, artículo de Juan Gossaín para El Tiempo.com:


Me parece milagroso, por decir lo menos, que un hombre que no existió, o que no pasó de ser el simple hijo de un carpintero de Nazareth, haya partido la Historia en dos (antes de Cristo, y después de Cristo), haya sobrevivido a dos mil años de persecuciones y negaciones, y se haya engrandecido al punto de que cada día se hacen nuevos y magnificentes templos para recordarlo. Si eso es sin existir, como dicen los incrédulos, ¡Qué tal que hubiera existido!

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 20 de marzo de 2016

144. Si me quieres, de Los Panchos; un himno al amor de Edith Piaf

RECORDANDO A GARDEL

Cada 24 de junio los colombianos conmemoramos la muerte de Carlos Gardel, ocurrida en el año de 1935, con la celebración del Festival Internacional de Tango de Medellín; pero Argentina y el mundo le dan más importancia al día 11 de diciembre conmemorando, con la celebración del Día Mundial del Tango, la fecha de su nacimiento en el año de 1890 –no, nos metamos con el cuento de si nació en Toulouse o en Tacuarembó, porque nos saldríamos del tema, nunca acabaríamos, y terminaríamos en trifulca de policía con fallo en los estrados judiciales; no nos metamos con ese zafarrancho–.

REINAUGURACIÓN DE LA SEDE DEL 
TEATRO POPULAR DE MEDELLÍN

En diciembre de 2010 el Teatro Popular de Medellín (que dirigen el dramaturgo Iván Zapata Ríos y la soprano y actriz Teresita Estrada F.), junto con la Compañía a Puro Tango (de la que hacen parte los cantantes David Gutiérrez Ramírez y Carmen Úsuga Samudio), montaron la obra “El día que me quieras” para recrear literariamente lo que no se sabe si sucedió, pero pudiera haber sucedido, en la ciudad de Cali donde los admiradores estaban esperando al Zorzal Criollo y se enteraron de que él acababa de morir calcinado en el accidente del aeropuerto de Medellín. En este montaje se conjugaron la dramaturgia del libreto y la actuación teatral; con la danza, la interpretación, y el canto de la música; para transmitir al público asistente al Teatro Pablo Tobón Uribe la atmósfera y los sentimientos del suceso rememorado o imaginado.

Para el 1º de abril de 2016 Iván Zapata y Teresita Estrada se aprestan a reinaugurar el remodelado Teatro Popular de Medellín en la calle 48 nro. 41-13; o sea en Pichincha con Villa, una cuadra arriba de las Torres de Bomboná, con la reposición del montaje teatral “El día que me quieras” que homenajea a Gardel. La dirección para los tangueros de Medellín es muy fácil, porque “eso queda contiguo a la Casa Cultural de Tango Homero Manzi”, y con ese dato de referencia no tiene pérdida.

REMEMORANDO A EDITH PIAF

Iván Zapata y Teresita Estrada estuvieron en Brasil presentando la obra de homenaje a Gardel, y allí el público tuvo oportunidad de oír a Teresita cantando las canciones del Morocho del Abasto ¡en portugués! Para hacer tal cosa, se necesita tener solvencia profesional, pero el público los acogió con entusiasmo y los premió con sonoros aplausos.

No es su única performance, puesto que también estuvieron en París presentando un montaje sobre la obra de Edith Piaf, con Teresita cantando en francés. Tal cosa demanda valor, y Teresita e Iván lo tuvieron; llegando, incluso, a cumplir un sueño que había tenido Teresita: el de cantar en alguna calle de la ciudad, de la manera como lo han hecho innumerables cantantes desde el siglo XIX. Su presentación fue de buen recibo, al punto de que unos teatreros húngaros que estaban de presentación los invitaron a acompañarlos al día siguiente, abriéndoles un espacio en su show.


De tal cosa vine a enterarme la noche del 11 de marzo de 2016 en el restaurante y café gourmet Vino Tinto de la academia Star Club de Tenis, a 300 metros de la glorieta del aeropuerto José María Córdova en Rionegro, por la vía que va a la autopista Medellín Bogotá, atendido por don Gustavo Botero Arango y doña Victoria Eugenia “Vicky” Escobar Velilla. Hacen allá unas tertulias culturales los viernes cada quince días a las 7 pm., y esa noche Teresita e Iván tuvieron un conversatorio apoyado en videos y grabaciones de la Piaf, y en interpretaciones en vivo por parte de Teresita; en el cual contaron que su trabajo ganó una de las becas de creación de la Alcaldía de Medellín por una novedosa puesta en escena comparando la vida de Edith Piaf con la de la pintora Débora Arango, porque vivieron su vida de manera poco convencional y, a la final, llegaron a la conclusión de que “No, no me arrepiento de nada”. 

Los expositores dieron detalles y compartieron impresiones con los asistentes sobre la vida de Édith Giovanna Gassion (“No le gustaba el Giovanna”, dijo Teresita), cuya madre la tuvo en una acera sin alcanzar a llegar al hospital, y la abandonó muy pronto “para que no le estorbara su libertad”. Era una criatura de apenas 1,47 mtrs. de estatura, de imagen desvalida, cuerpo esmirriado, y cabello alborotado como la cabeza de un gorrión que se hubiera caído del nido en alguna fría noche parisiense; que tal era su aspecto cuando fue escuchada cantar por Louis Leplée, admirado de su maravillosa voz. A este no le gustaba el Gassion, la rebautizó como “El gorrión Edith”, y la llevó a cantar a su cabaret. No duró mucho Leplée, porque fue asesinado; y no duró mucho la suerte de Edith “El gorrión” Piaf a su lado, porque fue falsamente acusada de ser su asesina. Este fue uno de esos alternados sucesos de buena y mala suerte que la acompañaron en la trayectoria de su corta vida, porque murió de cirrosis o cáncer hepático a los 47 años de edad (1915-1963), prematuramente envejecida en su fisonomía. Hija de artistas trashumantes que la abandonaron muy pronto, fue criada por la abuela y las pupilas en el prostíbulo que regentaba. Haber sido amamantada en un burdel, con teteros de vino “para matarle los microbios”, es apenas uno de esos raros episodios de su vida que, como hija de padres alcohólicos, la convirtieron en alcohólica a ella misma. 

Ser promiscua, y bisexual, le permitió no tener inconvenientes para enamorarse del boxeador marroquí Marcel Cerdan, el amor de su vida, y compartir cobijas como amante de él; llorando su muerte cuando este hombre, que era casado y tenía un hogar con mujer y tres hijos esperándolo, falleció en un accidente de aviación al ir a su encuentro. Dice Wikipedia que “Aparte del mencionado, son varios los romances de Édith Piaf. Los más conocidos fueron con Marlon Brando, Yves Montand, Charles Aznavour, Theo Sarapo y Georges Moustaki”; y a cada uno de ellos podía ella cantarle, como si fuera el único, el cuplé “Es mi hombre” que hiciera famoso entre nosotros la española Sarita Montiel, pero que era una composición francesa de André Willemetz, Jacques Charles, y Maurice Yvain en los años veinte. Ellos compusieron “Mon homme” en ese entonces, pero se considera que fue la voz de Edith Piaf la que reinventó este cuplé:

"En cuanto le vi, /yo me dije para mí /es “Mi hombre”… /y no puedo pasar /una noche sin pensar /en “Mi hombre”… /le doy cuanto soy. /Lo que tengo, se lo doy. /Es “Mi hombre”… /Si me pega, me da igual. /Es natural… que me tenga siempre así… /es un macró, un gigoló; /pero no importa, /porque así le quiero yo… /es “Mi hombre”


Los cantantes arriba mencionados son algunas de sus conquistas, y lo fue Marlene Dietrich, la actriz y cantante alemana de las piernas de oro. Conquistar a esa mujer, que lo tenía todo, ¡Sí que fue un logro!; en una época en que los placeres sexuales no habían salido del clóset y una relación de esas era de escándalo. Hoy en día a nadie sorprende que dos cantoras o actrices se líen a trompadas en el mejor sentido de la palabra, pero en ese entonces piedras y palos les sobrarían, así ni la una ni la otra estuvieran para dar satisfacciones al qué dirán. 

Edith Piaf y Marlene Dietrich

Su viudo fue Theo Sarapo (Theophanis Lamboukas), el joven peluquero y cantante griego al que aventajaba en veinte años, convertido en heredero universal de sus bienes. Sarapo fue acusado de ser un cazafortunas, y de haber abusado de la frágil mujer por interés materialista; pero él logró demostrar que en su herencia no había ningún bien económico para disfrutar sino un cúmulo de deudas. Se propuso pagarlas hasta el último centavo y, cuando lo logró, puso fin a su vida a la que no encontraba sentido sino al lado del gorrioncillo que lo había cautivado. Faltando la Piaf, sólo en la muerte podía Theo encontrar consuelo. Murió al estrellar deliberadamente su automóvil, dejando una nota suicida. La gente entendió, entonces, que su matrimonio había sido un matrimonio por amor, porque el amor es así.


La mitológica Edith Piaf, con su voz de mezzosoprano de bajos registros es suficientemente conocida en las canciones “La vie en rose” (La vida color de rosa), “Non, je ne regriette rien” (No me arrepiento de nada), “Hymne á l´amour” (Himno al amor), “La foule” (La multitud), y muchas otras. 

La actriz parisina Marion Cotillard ganó el Premio Oscar a la mejor actriz del año 2007 por su papel de la Piaf en el bioépic que se hizo sobre la vida del Gorrión; en una caracterización asombrosa, no sólo por su capacidad interpretativa, sino por el trabajo que hicieron los maquilladores para acercarla al personaje. 


AMOR DE MIS AMORES 
(QUE NADIE SEPA MI SUFRIR); 
O LA MULTITUD 
(LA FOULE)

La Cotillard fue seleccionada, además, por ser cantante y tener las expresiones corporales y faciales de las cantantes, pero la voz que se escucha cantar en la película no es la suya, porque su registro es de soprano, sino… la de Jil Aigrot, su compatriota de la ciudad de Cannes que hizo el doblaje y en sus presentaciones públicas se caracteriza como Edith Piaf, cantando con su voz de mezzosoprano. Dice la Aigrot que “Cotillard me pidió que cambiara mi acento francés de Cannes por el francés de París de Edith Piaf, pero eso es algo que se trae desde la cuna”. Sin embargo la voz, el estilo, y el repertorio de Aigrot, son los de la Piaf. Hasta la baja estatura de Aigrot y la ropa que usa en el escenario recuerda al gorrión cuyos gestos se sabe al dedillo. Oigámosla, y veámosla, en su interpretación de “La foule” (La multitud), el vals que Edith Piaf grabara en el año de 1957. En Internet encuentro este título traducido como “La Plebe”, pero pienso que es una traducción inexacta porque plebe es un despectivo que emplean las clases altas para denominar a la gente de baja calaña, mientras que en el contexto de esta letra encaja mejor la acepción de “multitud” aplicada a la ola de gente que suele circular por las calles en los días de carnaval. Por cierto que entre la multitud puede haber hasta duques y condes y hombres de alta alcurnia social, que no son plebe. Eso es algo que no descarto. En la traducción del texto francés encuentro otra vez repetida la historia de la Rayuela Cortaziana y de La Maga que el destino puso efímeramente entre los brazos de Horacio Oliveira, pero la perdió y nunca la volvió a encontrar. Esta letra en francés es de la autoría de Michel Rivgauche:

La foule”, por Jil Aigrot, interpretada a la manera de Edith Piaf:


Veo la Villa en su gran fiesta, delirante, 
sofocada bajo el sol y el gozo aquel; 
y percibo la música y las risas 
que me llegan y resuenan en torno a mí. 
Perdida entre la gente que me oprime, 
aturdida, desamparada, yazco ahí; 
Mas, de pronto, yo me vuelvo y él recula… 
y la multitud lo lanza hacia mis brazos.

Llevados por la ola de gente 
que nos lleva, nos arrastra, 
apretados uno al otro, 
formamos un solo cuerpo 
que allí flota sin esfuerzo. 
Como encadenados uno al otro, 
nos dejamos ir con soltura, 
desenvueltos, embriagados, y felices. 
Y este deambular nos deja abiertos, 
embriagados y felices. 

Arrastrados por la gente que se lanza 
y que baila un loco carnaval, 
nuestras manos quedan soldadas; 
a veces levantados, 
nuestros cuerpos abrazados 
se levantan del piso,
y recaen abiertos, 
embriagados y felices. 

Y la alegría salpicada por esa sonrisa 
que me traspasa y rebrota en mis adentros; 
pero, de repente, pego un grito en medio de las risas 
de la gente que viene a arrancarlo de mis brazos. 

Llevados por la ola que nos lleva, nos arrastra, 
nos aleja uno del otro, 
yo lucho y me resisto; 
pero el sonido de su voz 
se confunde entre las risas de los otros 
y grito de dolor, de furor, de rabia… 
Y lloro.

Arrastrada por la gente que se lanza, 
y que baila su loco carnaval, 
soy llevada a lo lejos; 
y crispo mis puños, 
maldigo a la gente que me roba 
al hombre que me había dado… 
y que nunca reencontré.

¿De quién es esa música? Pues resulta que este vals tan reconocido en el repertorio edithpiafano es un vals peruano compuesto en 1936 por… argentinos. La música es de Ángel Cabral y la letra original en español es del letrista tanguero Enrique Dizeo, muy diferente a la que le acomodó Rivgauche en francés.

Que nadie sepa mi sufrir” (o también “Amor de mis amores”), interpretado por Soledad Pastorutti:


No te asombres si te digo lo que fuiste: 
Una ingrata con mi pobre corazón,
porque el fuego de tus lindos ojos negros 
alumbraron el camino de otro amor. 

Pensar que te adoraba ciegamente 
y a tu lado, como nunca, me sentí; 
y por esas cosas raras de la vida, 
sin el beso de tu boca yo me vi.

(estribillo) 

Amor de mis amores, reina mía, ¿Qué me hiciste 
que no puedo conformarme si no te puedo contemplar? 
Ya que pagaste mal mi cariño, tan sincero, 
sólo conseguirás que no te nombre nunca más. 
Amor de mis amores, si dejaste de quererme, 
no hay cuidado; la gente de eso no se enterará. 
¿Qué gano con decir que una mujer cambió mi suerte? 
Se burlarán de mí. ¡Que nadie sepa mi sufrir! 

HIMNO AL AMOR 
(SI ME QUIERES)

Otro tema de Edith Piaf es su “Hymne á l´amour” cuya letra escribió Piaf en 1950 para Marcel Cerdan, su gran amor fallecido seis meses antes; y tiene música de Marguerite Monnot:


El cielo azul sobre nosotros puede colapsar, 
y la tierra puede abrirse a nuestros pies,
pero poco me importa, si tú me amas. 
El mundo entero me resbala, 
siempre que tu amor inunde mis mañanas, 
siempre que mi cuerpo tiemble bajo tus caricias. 
Poco me importan los problemas, 
amor mío, si tú me amas. 

Yo iría hasta el fin del mundo, 
y me teñiría de rubio 
si tú me lo pidieras.
Bajaría la luna, 
y me atrevería a robar una fortuna, 
si tú me lo pidieras.

Renegaría de la patria 
y renunciaría a mis amigos, 
si tú me lo pidieras. 
Puede que se rían de mí, 
pero yo haría cualquier cosa por ti, 
si tú me lo pidieras. 

Si un día la vida te separa de mí,
si te mueres, que sea lejos de mí;
pues poco me importa, si tú me amas. 
Así, pues, yo moriría también; 
y tendríamos toda la eternidad para nosotros. 
En el azul de la inmensidad, 
en el cielo, no hay más problemas; 
mi amor, créeme, que allí nos amaríamos 
porque Dios junta a los que se aman.

Eddie Constantine (otro de sus incontables amores) hizo una traducción al inglés de la versión original, pero Geoffrey C. Parsons hizo una más que es la que interpreta Nana Moskouri (traducción libre según interpretación adaptada por Orlando Ramírez Casas):


Si el sol se cae del cielo, 
y el mar se seca de repente, 
pero tú me amas; 
deja que suceda, 
si realmente tú me amas.

Si parece que todo está perdido, 
deberé sonreír y aceptar el costo, 
con tal de que me ames.
Si realmente me amas, esto me encanta 
y deja que lo demás suceda, 
porque lo demás no importa.

Voy a atrapar una estrella fugaz
para traerla adonde tú estás.
Si quieres, lo haré. 
Cualquier tarea que me pongas, 
yo la haré, 
si sé que me amas todavía.

Cuando termine nuestro paso por la Tierra
y comparta contigo la eternidad,
si me amas yo estaré encantado de lo que venga,
porque pase lo que pase no me importa.
No me importa lo que venga a continuación,
si sé que tú me amas.

El trío Los Panchos hizo una versión de este disco en español y le puso por título “Si me quieres”. Lo grabó en Estados Unidos entre los años de 1952 y 1956 cuando el puertorriqueño Julito Rodríguez Reyes hacía la primera voz. La letra en español, de Alfredo “El Güero” Gil, es una traducción libre y adaptación de la versión inglesa de Geoffrey C. Parsons, puesto que en los créditos de registro del álbum “Selecciones favoritas del Trío Los Panchos” del sello Seeco SLP47 aparece la autoría de G. Parsons-Monnot-Alfredo Gil; según listado elaborado por el medellinense Dr. Miguel Arcila Montoya. Dice así la letra cantada por Los Panchos:

Si me quieres” (Hymne á l´amour), de Edith Piaf y Marguerite Monnot, interpretado en español por el trío Los Panchos: 

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos de verdad.

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

Si pudiéramos fundir 
tu dolor con mi dolor 
y formar un solo ser; 
tu sentir y mi sentir 
en un solo corazón, 
para un nuevo amanecer…

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

Quise compartir con ustedes la grabación que me aportó el coleccionista Eduardo Ceballos Arango, pero por razones de derechos de autor no fue posible ponerla en You Tube, de donde fue retirado este otro enlace que tenía entre mis apuntes y tampoco me fue posible escuchar de nuevo. Así es que, digamos, esta curiosa versión sólo puede ser escuchada por los coleccionistas que tengan ese vinilo:

Si me quieres”, versión en español cantada por el trío Los Panchos:

EDITH PIAF, LA MALENA DE PARÍS

La vida de Edith Piaf fue un tango; y diríase que, aunque Homero Manzi tenía a otra u otras mujeres en mente cuando escribió la letra de su tango “Malena” que “allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón… y aquel romance que sólo nombra cuando se pone triste con el alcohol… y sus manos, dos palomas que sienten frío… y sus tangos criaturas abandonadas que cruzan por el barro del callejón”; pareciera que esa historia de Malena fuera también la de Edith Piaf porque ese tango calza como un guante en su historia. Mientras oía hablar sobre la vida del Gorrión de París, el tango de Manzi y Demare no se me fue de la cabeza:

Malena canta el tango, como ninguna,
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro, de callejón;
o, acaso, aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.

Malena canta el tango, con voz de sombra.
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga, en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena;
sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena…
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros, como el olvido;
tus labios apretados, como el rencor;
tus manos, dos palomas que sienten frío;
tus venas, tienen sangre de bandoneón.

Tus tangos son criaturas abandonadas,
que cruzan sobre el barro del callejón
cuando todas las puertas están cerradas,
y ladran los fantasmas de la canción.

Malena canta el tango, con voz quebrada;
Malena tiene pena de bandoneón.

Edith Piaf cantó al amor como ninguna, 
con voz de alondra; y desde niña
tomó ese tono oscuro, de callejón

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Un comentario sobre la llamada telefónica que me hizo Julio César Rodas Mejía:

Se te coló una imprecisión, hombre Orlando”, me dijo Julio César, el amigo que nos acompañaba la noche de la tertulia con los del Teatro Popular de Medellín, “porque leí por ahí que Charles Aznavour fue secretario de Edith Piaf, pero no fue su amante”. Difícil creer que una mujer tan fogosa como era ella, con un muchacho que apenas comenzaba su carrera y estaba ahí, a la mano, no hubieran tenido algún escarceo bajo las sábanas. Para estar por un período de ocho años a su lado, se requería algo más que eficiencia secretarial pero, en fin, a la gente hay que creerle y Aznavour asegura que la Piaf “no era su tipo”. No sería el primero que negara una aventura para evitar ser uno más de una lista tan larga de compañeros de cobija. De todos modos, hay un artículo de prensa que confirma su versión, y un testimonio de Simone Berteaut, la medio hermana paterna de Edith Piaf. Lo escribió Ángel Páez en La República.pe de Perú el 11 de enero de 2009 con el título de “Charles Aznavour, la vida secreta con Piaf”:




domingo, 13 de marzo de 2016

143. Rimax Universale 4860, ergonosillas apilables

(Este es un texto de usuario agradecido, no comercial, escrito para compartir experiencias de uso; y la mención de marcas registradas no tiene fines publicitarias).

Quizás por siglos los carpinteros fabricantes de sillas se limitaron a unir tablas y patas clavadas con puntillas metálicas para que los usuarios se sentaran en ellas. El que inventó el taburete hizo un avance al utilizar el cuero de las vacas como asiento más confortable que la simple tabla, cambiando los pesados muebles por sillas fácilmente transportables. El que se inventó recostar el taburete a la pared de la entrada de la tienda, facilitando que el tendero durmiera la siesta del medio día, ¡metió un golazo! Luego a alguno se le ocurrió que si sobre el asiento ponía un relleno de algodón y lo forraba con algún material dócil, las nalgas dejarían de maltratarse. Con eso se inventó la tapicería, otro golazo. Alguno agregaría lo de los espaldares abullonados, algún otro agregaría lo de los descansabrazos, en fin. La silla es un objeto de uso diario cuyo diseño industrial, término que en siglos pasados no se usaba, ha evolucionado. 

Taburete con asiento de vaqueta

Cualquier día los dueños de negocios descubrieron que poniendo mesas y sillas a la entrada del establecimiento los clientes se sentarían a consumir y las ventas se aumentarían. Ya no sólo llegarían a comprar bolsas de pan para llevar a casa, sino que se sentarían en la mesa a comerlo y pedirían café, y cerveza, y otros artículos de consumo. Una simple cuestión de mercadeo y ventas. Parejo con el uso práctico de este mueble vino la evolución en el diseño y aparecieron las sillas metálicas plegables de tijera, que no requerían entrarse afanosamente cuando empezaba a llover. Bastaba con secarlas cuando cesara la lluvia. ¿Cómo no se les había ocurrido antes?

Silla metálica plegable de tijera

Pero, como nada es perfecto en el mundo, un día los comerciantes descubrieron que había clientes que llegaban a las dos de la tarde a pedir un tinto ¡Y se quedaban sentados toda la tarde haciéndole siesta a ese tinto! El nombre de cliente le quedaba grande a un simple tinto de los de quinientos pesos sin propina. Ahí fue cuando hizo su aparición un fabricante paisa –supongo que es paisa, porque todos los negocios de Medellín han resuelto uniformarse con esos muebles– y se inventó la útil “silla incómoda, bella pero resbalosa”. Se trata de un mueble de hermosa y reluciente apariencia, con su brillo cromado de acero inoxidable, que está diseñado para que las personas de manera imperceptible se resbalen una y otra vez hasta que pronto se cansen y se marchen dejando el lugar a otra clientela. Idea luminosa. Ya uno no ve en las antesalas de espera de los almacenes de cadena a los esposos sentados interminablemente mientras sus esposas hacen el mercado. Ya no. Ya no se ven amigas conversando incansables a la entrada de las panaderías, ni se ven novios mirándose profundamente a los ojos en las cafeterías. Ya no. Al poco rato de uno estar sentado en una silla de esas se levanta despavorido y se va para otro lugar con alivio de los administradores del establecimiento que esperan la llegada de nuevos clientes. Este invento llegó tarde a la humanidad. Si nuestros abuelos lo hubieran conocido, se hubieran ahorrado muchos disgustos con sus hijas casaderas y con los novios de silla que cada nada había que mandar a tapizar y eso valía una plata. Cualquier muchacho de esa época hubiera llegado a la conclusión de que era mejor un matrimonio antes de tiempo que un largo noviazgo sentado en una silla de estas de panadería.

Silla tándem de aluminio con 
estrías, y mesa incorporada

La empresa holandesa Ikea se diseñó una práctica silla plástica casera que lo mismo puede servir de asiento, de mesa auxiliar, de escalera para limpiar la parte superior de las cortinas, de estiba para que las herramientas no estén en el piso del garaje, para que las damas se suban cuando ven un ratón, y cosas así. Ignoro por qué la dotó de huequecitos, como no sea para ahorrar materiales, para hacerla más liviana, o por cuestión de apilonamiento. Lo ignoro. El caso es que un hombre que debido a un accidente o algo así, debía bañarse sentado bajo la ducha, encontró que este banquito plástico era muy práctico para eso, y se sentó a enjabonarse. Mejor no les cuento lo que pasó. Léanlo ustedes en este enlace.

Asiento Ikea de plástico, con huecos


¿Cómo puede pasarle algo así a don Claus Jorstad? Como decíamos los estudiantes en el bachillerato, ¡Mucha pelota, no joda! ¡Qué hombre tan de mala suerte!

El diseñador italiano Joseph Cesare “Joe” Colombo (Milán, 1930-1971) tenía nombre de mafioso de la Cosa Nostra, pero era buena gente. Es más, el tipo era un genio. Empezó siendo pintor exitoso, pero luego se convirtió en arquitecto, diseñador de interiores, administrador de la empresa familiar de electrodomésticos, para terminar alcanzando clamorosos éxitos y premios como diseñador industrial. Se inventó los muebles plásticos fabricados por inyección, lo que dio posibilidad de reciclar el plástico que atiborraba los basureros mundiales con sus varios siglos de tiempo para la degradación, pudiendo reutilizarlo una y otra vez en distintos objetos reciclados. Una maravilla. Por culpa de un infarto, sólo vivió 41 años, pero le fueron suficientes para cubrirse de gloria en el mundo del diseño. Por mi parte nunca tendré cómo agradecerle un invento suyo que amo con todo mi corazón. Adonde quiera que vaya, lo prefiero por encima de cualquier otro mueble que haya en los alrededores: la “Silla Rimax de brazos”; o sea la Universale 4860, como él la bautizó. La diseñó en la década de los sesenta y obtuvo premio por ese diseño ergonómico que hace de su producto la silla más descansada que yo conozca. No hay otra igual, ni siquiera su mismo diseño sin descansabrazos o su mismo diseño por otro fabricante de estos alrededores. No hay otra igual. Con el tiempo el plástico también se cristaliza y se vuelve frágil y fracturable, pero cuando tal cosa sucede es mucho lo que ha durado. Algo hay en el espesor de su plástico, en su conformación, que hace que resista incansable el peso de la mayoría de las personas normales. Digo normales y digo mayoría, porque a un luchador de sumo japonés encima sólo lo soporta una banca de cemento armado. 

En la década de los 30 llegó a Colombia el matrimonio de don Isaac Gilinski, un judío croata desplazado por la guerra nazi que se venía encima. Montaron en Lebrija (Santander) una cutiembrería y tuvieron a sus hijos Max, Isaac, y Lazar Gilinski Sragovicz. De ellos su hijo don Isaac emigró a Cali donde contrajo nupcias con doña Perla Bacal, también de familia judía, cuyo único hijo varón nacido en 1957 es don Jaime Gilinski Bacal que figura en la lista Forbes como el 613 hombre más rico del mundo, con algo así como dos mil quinientos millones de dólares de patrimonio que equivalen más o menos a siete y medio ¡billones de pesos!, hablando en colombiano. Eso es mucho maní. Estar uno en ese puesto en un mundo con tantos euromillonarios no es cualquier cosa para este banquero que se casó con una dama panameña de familia judía y viven en Londres para sacarle el cuerpo a tanto pedigüeño que se le arrima a uno en los restaurantes a pedir una ayudita por el amor de Dios. Por estos lados uno tiene la sensación de que no hay judíos pobres. Debe haberlos, pero entre ellos existe una solidaridad de raza muy fuerte y la tendencia a ayudarse unos a otros para sacarlos de problemas financieros. No regalan nada, pero ayudan al plante y al montaje de cualquier negocio que pueda sacar adelante a su paisano o correligionario.

Empezando la década de los 50 llegó de Lituania un amigo de la familia, y don Isaac Jr. se asoció con su hermano Max y con el paisano recién llegado de Europa, para montar una fábrica de juguetería de plástico en Cali. El tercer socio, que sabía de plásticos, era don Rafael Sinkevicius que al parecer no dejó descendencia en Colombia y españolizó su apellido a Sinkovicios porque así se lo aprendían más fácil los colombianos por asociación con la expresión “cinco vicios”. Era un simple recurso nemotécnico, porque don Rafael y sus paisanos eran juiciosos en su vivir, y juiciosos en la administración de sus bienes. La empresa se llamó RIMAX, a la que don Rafael aportó la primera letra, don Isaac aportó la segunda, y don Max aportó el resto. Estando ya metidos en el asunto de los plásticos inyectados alguno de ellos se enteró en 1965 del diseño del italiano Joe Columbo, e hizo los arreglos para producir la silla en Colombia donde la marca Rimax se convirtió en un nombre genérico para las sillas plásticas, cualquiera sea la marca que las produzca.

Silla plástica Rimax 
con descanzabrazos

Fue así como el invento de don Columbo llegó a mi necesitado coxis y a mis agradecidas posaderas, y aún no averiguo para qué sirve un huequito que tienen en el vértice o curva donde se juntan el asiento y el espaldar. Tal vez sea para que el agua escurra cuando llueve, supongo, pero tendré que poner cuidado para que no me pase la de don Claus Jorstad porque a estas alturas de la vida me dolería mucho perder uno de los pocos recuerdos que me quedan de los trajines de la adolescencia.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 6 de marzo de 2016

142. Salsipuedes, de Lucho Bermúdez, otra suave fantasía ortográfica

FANTASIOSAS LEYENDAS INVENTADAS

Retomo el hilo de lo tratado en el inserto nro. 136 de este blog con el título de “Prado, guagua y wawancó”, recordando lo que escribió don Néstor E. Baguer sobre el origen de las palabras cubanas guagua y guaguancó: 

Cuando terminaron las guerras de independencia en el sur del continente, las tropas españolas vencidas viajaron en gran número a Cuba, para desde La Habana regresar a España. Entre las tropas se encontraban los "ayacuchos", que así se llamaba a los generales hispanos derrotados. Uno de ellos, don Miguel Tacón, fue nombrado Capitán General de la isla, máximo cargo colonial. Con don Miguel quedaron en Cuba sus ayudantes, todos con largas residencias en Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, etc. Ellos conocían la voz "hua-hua", como la prefieras, o "gua-gua", voz onomatopeyica para designar a los niños de brazos en la lengua quechua”.

Según Wikipedia: 

Los Wawancó son una agrupación de música tropical formada en Argentina con músicos de diversas nacionalidades como Costa Rica, Perú, Chile y Colombia”. 

Veamos ahora lo que dice la página oficial de Los Wawancó sobre el origen de su nombre:

"Wawancó, es una suave fantasía ortográfica sobre el vocablo afrocubano "guaguancó" proveniente del dialecto "ñáñigo" que se habla en el oriente de Cuba y que significa "fiesta, alegría familiar". También es uno de los ritmos tradicionales que se toca en esa isla caribeña”.

A mi modo de ver, en el origen de esas palabras no hay nada de ayacuchos y bebés de brazos, ni de suaves fantasías ortográficas, porque me parece más aterrizada con la realidad la versión que da el Sr. Napoleón Lizardo en el artículo “13 curiosidades cubanas” publicado por el blog Conexión Cubana que administra el Sr. Gonzalo Obes; y dicha versión es, para mí, la más creíble:


La palabra "guagua", que para los cubanos significa autobús, viene del inglés Wa-Wa & Co. Inc. (Washington, Walton, and Company Incorporated) que fue la primera fábrica estadounidense en exportar autobuses a la isla. El logo de Wa-Wa & Co. Inc. era una liebre blanca, azul, y roja, colores de la banderas norteamericana y cubana; y figuraba prominentemente en el frente, fondo y costados de todos sus autobuses”.

Es la versión más creíble, pero… no encuentro referencias históricas en los Estados Unidos sobre la existencia de una fábrica con ese nombre, y por lo tanto ninguna dedicada a la fabricación de carrocerías para autobuses. Hay muchas empresas con el apellido Washington incorporado en sus logotipos o marcas, otras varias con el apellido Walton que se dedican a distintas actividades, una empresa denominada “Washington, Walton, and Company Incorporated” que se fundó en el año 2006 en Syracuse (N.Y.); o sea nada que ver con lo que nos ocupa. 

Sin embargo, sí hay una empresa denominada Wawa Incorporated que fue fundada en 1803 como una fundición de hierro, en 1890 se convirtió en ganadera y pasteurizadora de leche, en 1960 evolucionó a cadena de supermercados, y en 2011 montó una cadena de gasolineras. No encuentro que hayan sido fabricantes de carrocerías, pero han diversificado mucho sus negocios hasta incluir un departamento de inversiones en propiedad raíz. Según la lista Forbes están considerados como una de las 40 empresas más grandes de los Estados Unidos. ¿De dónde sale su nombre? De una palabra indígena de la lengua ojibwe para designar al pato migratorio que vuela desde Canadá, cuyo dibujo hace parte del logotipo empresarial. En 1960 la publicidad en sus botellas de leche decía que “Wawa, para la América indígena, significa pato salvaje; pero para usted significa los más finos productos de consumo diario”. Por lo que se ve, entonces, la palabra “wawa”, asociada a carrocerías, pudiera ser otra “fantasía ortográfica”; si no aparece la referencia histórica que confirme la existencia de esa fábrica.

Pasando a otra cosa, veamos lo que dice Wikipedia:

Salsipuedes es una ciudad en las Sierras de Córdoba, Argentina. Se encuentra en el Departamento Colón a 40 km de la ciudad de Córdoba, capital de la provincia homónima. Forma parte del aglomerado urbano del Gran Córdoba. No tiene fecha de fundación. En 1604 el general Juan de Burgos la menciona en uno de los documentos de la gobernación, siendo esa una de las referencias más antiguas a la localidad… Existen varias leyendas en torno a su nombre. En una de ellas se dice que un indígena comechingón (de los Henias y Kamiares), secuestró a la esposa de otro. En su intento de huir, ambos hombres se trabaron en lucha venciendo el secuestrador, y arrojando a su derrotado a las aguas del río. En señal de satisfacción le gritaba al infortunado: "Sal, si puedes”.

En Medellín residió por más de 50 años, y aquí murió, el músico y compositor Luis Uribe Bueno, nativo de Salazar de las Palmas en el Departamento de Norte de Santander. Fue declarado hijo adoptivo por las autoridades del Departamento de Antioquia. 

También en Medellín residió por muchos años, y aquí murió, el clarinetista barranquillero Gabriel Uribe García, que era hijo del violinista y director de orquesta Luis Uribe Uribe, y padre del clarinetista Jaime y de la pianista Blanca Uribe Espitia.

Los músicos Luis Uribe Bueno y Gabriel Uribe García fueron muy cercanos en la vida artística, sin ser familia en primero o segundo grados de consanguinidad.

Hablando de músicos, está el clarinetista y director de orquesta Luis Eduardo “Lucho” Bermúdez Acosta, nacido en Carmen de Bolívar y residente por muchos años en Medellín, compositor del porro “Salsipuedes”. 

Sobre el origen de ese porro dice Héctor Oswaldo Gómez Pérez en su artículo “Tras el rastro del porro sexagenario”, publicado por el periódico El Mundo.com en marzo 15 de 2008, con motivo de los sesenta años de la composición de Lucho nacida en 1948 en la finca del escultor Jorge Marín Vieco y su esposa María “Marujita” Muñoz Duque en el sector del Palenque de la fracción de Robledo, en las afueras de Medellín, donde funciona la Fundación Casa Museo Marín Vieco, bajo la dirección de su hijo Jorge Alberto Marín Restrepo. Debo precisar que aunque Marín Vieco se casó con doña María Muñoz Duque, no tuvieron hijos; y por lo tanto su descendencia proviene de la unión con la señora María Restrepo. 

El Mundo.com:


Era un fin de semana de 1948 cuando se reunieron los contertulios de siempre para asistir a la inauguración de un mural del maestro Horacio Longas. La fiesta se había extendido por tres días, y al martes algunos invitados salieron con las primeras luces del día a buscar los carros para ir a trabajar. Llovía torrencialmente. A los pocos minutos uno a uno fueron llegando al corredor de la casa con barro hasta las rodillas. En el corredor “Lucho” Bermúdez miraba llover. “Lucho entre sus traguitos les dijo a los que estaban embarrados ‘ustedes no pueden salir de aquí por la tempestad, y yo porque vivo muy amañado’. En ese momento alguien le dijo que se tenía que ir a trabajar y Lucho le respondió ‘Sal, si puedes’”, recuerda Jorge Alberto Marín que fue el relato que le hizo su padre sobre el origen del nombre de la finca. En ese momento Bermúdez empezó a improvisar las notas de las que sería la canción que grabó en menos de una semana”.

Suena simpática la leyenda que recoge este artículo pero, al parecer, la realidad del origen de Salsipuedes es otra; según lo cuenta el médico Alberto Burgos Herrera en su libro “Recordando” (2013, 274 páginas) citado por Orlando Montenegro Rolón en la página 14 de la edición nro. 71 de la revista Melómanos Documentos, de Cali, bajo el subtítulo “Otra verdad sobre Salsipuedes de Lucho Bermúdez”; según nota aportada por Sergio Santana Archbold. El Dr. Burgos Herrera entrevistó a doña Marujita Muñoz Duque de Marín Vieco en la finca Salsipuedes en el año de 2002 y ella le manifestó que (texto no literal interpretado, resumido, y editado por Orcasas): 

… Cuando regresamos a Medellín llegamos a vivir a un sector del barrio Robledo conocido como Palenque, a una finquita propiedad de Roberto Vieco un tío de Jorge… Un día llegaron a esa casa unos señores de apellido Zapata y le dijeron a Jorge que en el sector de La Pola había una casita en venta que estaban rematando muy barata, vaya con su señora para que la vea. Jorge me preguntó si era capaz de vivir allí, y yo le dije que sí… Rematamos la casita que en realidad era una pesebrera horrible y abandonada… Poco a poco la fuimos arreglando y un día Jorge compró una revista argentina llamada “La Chacra” con la foto de una casa campestre muy bonita, hecha con arcos. Como Jorge era escultor, hizo las formaletas para copiar el diseño para irla levantando según el modelo… Apareció la casa a la que bautizamos Salsipuedes porque en el pie de foto de la revista decía “Casa de campo en Salsipuedes, Córdoba, Argentina”… El desfile de artistas por nuestra casa era impresionante porque nos visitaban amigos como León de Greiff, Lucho Bermúdez, Matilde Díaz, Carlos Emilio “Campitos” Campos, Luis Ángel Mera, Alejandro Obregón, Jorge Artel, Carlos Vieco, Luis Uribe Bueno, Gabriel Uribe…”.

En la cita se menciona a Gabriel Uribe Bueno, confundiendo el segundo apellido de Gabriel Uribe García, pero no importa. Lo importante en la nota es que el origen de la casa Salsipuedes del maestro Marín Vieco, y del porro Salsipuedes del maestro Lucho Bermúdez, no es ningún aguacero de tres días como dice la leyenda tantas veces repetida, sino la fotografía de una casa de campo en la población de Salsipuedes de la provincia de Córdoba en Argentina, aparecida en la revista “La Chacra”. 

Claro está que ya existiendo la finca con el nombre de Salsipuedes inspirado por la población argentina, y habiéndose producido el aguacero de marras, la composición del porro de Bermúdez sí tomó de allí su nombre y no al revés, porque las cosas no son como las pintan.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Salsipuedes

Finca de Salsipuedes en Robledo (Medellín)

Porro de Lucho Bermúdez en la voz de Matilde Díaz, con acompañamiento de la orquesta del compositor:

https://www.youtube.com/watch?v=yCE3Z1kHa44

Hoy quiero gozar, quiero vivir en Salsipuedes;
tierra de ilusión donde el amor nunca se muere;
ven, ven, y verás de corazón a Salsipuedes;
y tú, cantarás con gran amor a sus quereres.

Eres muy rico, Salsipuedes, y no olvidaré
que en tu recinto muchas veces de alegría canté;
eres muy rico, Salsipuedes, y no olvidaré
que en tu recinto muchas veces de alegría soñé.

Salsipuedes, tierra de amor;
Salsipuedes, por ti soñé;
Salsipuedes, bella mansión;
Salsipuedes, tierra de fe.