viernes, 30 de mayo de 2014

54. El ojo de Dios todo lo ve

El mundo moderno ha sucumbido a nuevos dioses, pues el sol, la luna, y la Pacha Mama, no atraen a las nuevas generaciones. Es claro que hay muchos adoradores del dios dinero, ante el cual están dispuestos a sacrificar la vida de su padre, la de su madre, la de sus hermanos, y la de sus abuelos, si se resisten a entregar pronto la herencia. Y los adoradores de la diosa belleza gastan fortunas en su culto y pueden llegar hasta el suicidio si sus bondades no les son propicias. Y está el ciberdiós de la comunicación multimedia que todo lo vigila vía satelital y GPS, y cuyos adoradores no se van a la cama sin rezarle sus oraciones, ni se levantan sin palpar el nochero a ver si su dios amaneció con ellos. “Que tu dios te acompañe” sería una frase más realista que la tradicional que se pronuncia sin el tú, dirigida a personas que no creen en él. Así sabremos que el destinatario no enloquecerá como enloquecen aquellos a quienes les roban el celular, o como enloquecen aquellas que sorprenden arrugas en las comisuras de los ojos en momentos en que su cartera está ilíquida. Dios nos libre de tal angustia existencial.

No soy bueno para matricularme en redes sociales, e ignoro sistemáticamente las invitaciones a Facebook, hi5, Linked in, Twitter, Sónico, Messenger, Chat, Skype, y hasta la marca de fábrica de la casa que es Google+. Creo que uno se vitrinea mucho en esos escenarios o, como dicen los muchachos, “se banderea”. Ya se ha sabido de personas que han sido despedidas de su trabajo por algún Twitter en que despotricaban contra los jefes, o de algunos que no han sido aceptados como empleados de alguna empresa por detalles como alguna fotografía mostrando el tatuaje en la cadera que dice I love cocaine. Ejemplo: si tú pones en la red que “amo la Coca Cola”, ni se te ocurra pedir trabajo con Pepsi porque ese Twitter te banderea. Supe de alguien que tenía un nombre ambiguo, como decir Andrea Belloto. Para los hispanos Andrea Belloto es una dama, pero para los italianos puede ser un señor con toda la barba. O como Abigaíl, que por estos lados puede ser un señor o una señora, según el caso. Sus solicitudes de empleo no prosperaban, hasta que le dio por anteceder el nombre con el prefijo Mr. que es universal para los místeres y los monsieurs y no deja duda de que se trata de un varón. Esa era la solución, puesto que es verdad sabida que hay trabajos en los que la mujer es discriminada porque “nadie quiere tener en nómina una trabajadora que en cualquier momento requiere de permisos por embarazo, licencias por maternidad, y permisos para atender al bebé porque se le fue la niñera”. La constitución protege la maternidad, eso se sabe. Pero los empleadores ignoran olímpicamente la constitución, eso también se sabe. Es claro que si uno quiere ingresar a la fuerza aérea de su país, no puede aparecer su fotografía en Facebook disfrazado de Drag Queen y abrazando a Juan Gabriel o a Ricky Martin, porque no califica. Así es que si usted piensa solicitar un préstamo bancario, más vale que revise cuáles son los datos que circulan por la red. Es posible que el préstamo le sea negado y usted nunca sepa por qué.


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
--------------------------------------------------


viernes, 23 de mayo de 2014

53. Del puente para allá, Juanchito

En Medellín hay una importante vía que lleva por nombre oficial el de Avenida Jorge Eliécer Gaitán, cosa que ignoran los vendedores callejeros y los transeúntes que la recorren. La gente la bautizó como Avenida Oriental, y así la reconocen, desapareciendo el nombre del asesinado político liberal que fue alcalde de Bogotá en el gobierno del Dr. Alfonso López Pumarejo.

Los abuelos del presidente Dr. Alfonso López Pumarejo, y de don Julio Mario Santodomingo Pumarejo, eran hermanos; y el patricio liberal don Alberto Pumarejo Vengoechea, cofundador del diario El Heraldo de Barranquilla, era primo del papá del presidente y tío materno de don Julio Mario. Cuando en el gobierno del Dr. Alfonso se fue a escoger un Designado para la presidencia, el pulso estuvo peleado entre don Alberto y el conservador Dr. Laureano Gómez Castro. Ganó don Alberto. Años después, se inauguró un puente de kilómetro y medio en el río Magdalena, entre Barranquilla y la vía a la población de Ciénaga, con anclaje en la isla de Salamanca. Su principal impulsor fue don Alberto Pumarejo, pero el puente recibió oficialmente el nombre de Laureano Gómez. Así se llama todavía… oficialmente; pero las gentes lo bautizaron Puente Pumarejo, y así le dicen per secula seculorum.


Puente Pumarejo”, con letra y música de Marco Aurelio Álvarez, interpretado por Víctor Piñero con Los Melódicos:


Cerca de Cali había un puerto en la orilla izquierda del río Cauca que fue bautizado oficialmente con el nombre del presidente caleño Carlos Holguín Mallarino (1888-1892), pero las gentes lo abreviaron a Puerto Mallarino. El urbanismo juntó el puerto y la ciudad, convirtiéndose el puerto en un barrio de la comuna 7 en el oriente, vecino al barrio Alfonso López. El tranvía llegaba hasta allí, y el río era navegable en vapor en otros tiempos, por lo que era ese un importante lugar de paso. La orilla izquierda del río se sigue llamando barrio Puerto Mallarino, pero el caserío de la orilla derecha se transformó en sitios de rumba y las gentes lo llamaron… ¡Juanchito! ¿De dónde sacaron ese nombre? Don Augusto López Vaca nos lo cuenta en crónica que acabo de leer y comparto con ustedes porque es una deliciosa historia de las que llaman tras bambalinas o detrás de cámaras.

"Del puente para allá, Juanchito; y del puente para acá, está Cali", cantó Alfonso "Moncho" Santana la canción de Jairo Varela con el Grupo Niche en homenaje a la capital de la Salsa, Cali Pachanguera. La salsa en Cali tiene su cuento, y Juanchito hace parte de ella.


Del puente para allá, Juanchito”, del Grupo Niche:


Así es la vida. Los nombres de los doctores Laureano Gómez, Jorge Eliécer Gaitán, y Carlos Holguín, no lograron entrar en el imaginario de las gentes en esos lugares, pero don Alberto Pumarejo y el anónimo Juanchito sí, porque "cuando a la gente se le mete una cosa en la cabeza, es más fácil sacarle la cabeza que la cosa", como dijo algún pensador anónimo.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
-----------------------------------------------------------------
ORIGEN DEL NOMBRE DE " JUANCHITO"

Por Augusto López Vaca

Bibliografía: Revista de los grandes acontecimientos del "Cali Viejo", fundador y director Aníbal Tamayo Giraldo. Año 1982. 

Pocos somos los caleños, jóvenes o mayores, que sabemos por qué se llama "Juanchito " a Puerto Mallarino, que conocemos el origen de ese apodo.

El antiguo Cabildo de la ciudad le dio el nombre de Puerto Mallarino desde hace más de 85 años y la verdad es que la gente no lo ha llamado así casi nunca, como en los remotos tiempos del tranvía se sigue diciendo "vamos para Juanchito", "venimos de Juanchito", "En Juanchito compré estos bagres", etc.; y el nombre de Juanchito se sigue pronunciando todos los días por millares de personas que así lo seguirán llamando por siempre. A Juanchito no lo conocimos cuando deleitaba con los bellos pasajes del ancho río Cauca, descolgándose suavemente por las anchas canoas de los areneros y las largas balsas de guadua repletas de plátano, aves de corral y cerdos; y allá en su orilla izquierda atracados los bonitos buques de ruedas, llenos de pasajeros, que navegaban rumbo al norte o regresaban de La Virginia.

El por qué se llamó Juanchito a ese agradable lugar, que no tenía nada que ver con el rumbeadero que es en la actualidad, Augusto López Vaca el autor de este relato, hablando del Cali Viejo con un hombre de raza negra, caleño raizal ya mayor de 70 años pero que no revelaba ni 40, le escuchó que a comienzos del siglo XX quienes viajaban hasta el río Cauca a comprar plátanos, pescado, y frutas; se valían de los servicios de Juan, un hombre de estatura baja que muy honrada y diligentemente les hacía todas las compras que le encargaban. El hombrecito bajaba hasta la playa, a la carretilla, y pronto regresaba hasta donde estaba el tranvía trayendo los encargos. En este trajín se la pasaba todo el día y era incansable porque cada vez que llegaba el tranvía venía con numerosos clientes que apenas llegaban empezaban a gritar "Juanchito, cómpreme tres sartas de bagre", le gritaba el uno; "Juanchito, dos guangos de verdes" (guangos eran gajos o gajas de plátanos), le decía el otro; "Juanchito, tráigame dos bultos de naranjas"; y Juanchito no daba abasto con tanto encargo, pero a todos sus clientes les cumplía. El nombre del famoso mandadero era Juan pero la gente importante, que lo utilizaba, lo llamaba con ese diminutivo de "Juanchito" que le dio fama, y con el que quedo vinculado al pintoresco lugar de nuestra hermosa región Vallecaucana.

Qué grato evocar al viejo Juanchito con su río lleno de buques que salían o llegaban repletos de pasajeros procedentes de Palmira, Buga, Tuluá, La Virginia, y pueblos intermedios; y el pequeño tranvía con sus cochecitos llenos de pasajeros parlanchines y sonrientes estacionados frente al río echando humo por su chimenea: Juanchito era un hervidero de gentes que abordaban los buques o el tranvía, y de vendedores de numerosos productos que producían las fincas y el río.

Juanchito, el mandadero eficiente y honrado, no se sabe cuándo desapareció o que más fue de su vida, pero su nombre en diminutivo se sigue pronunciando hoy por millones de caleños. Ya las familias caleñas no van a Juanchito a comprar en la playa del hermoso río los bagres frescos, los plátanos acabados de llegar de las fincas aledañas a él, los bultos de naranjas, las gallinas, los huevos, el cilantro, el perejil, los bimbos. Juanchito se llenó de grilles, de música, y de todas esas personas pachangueras y trasnochadoras que lo frecuentan.

Y del nombre Puerto Mallarino sólo queda la historia, pues hasta siempre se sigue y seguirá llamando Juanchito por las siguientes generaciones.

Augusto López Vaca

martes, 20 de mayo de 2014

52. R. Z. C. B. Y. C. -Antioquia y Honda, dos San Bartolomé

R Z C B Y C 
–SAN BARTOLOMÉ DE ANTIOQUIA 
Y SAN BARTOLOMÉ DE HONDA, 
SON DOS SAN BARTOLOMÉ–

 (Nota importante:
Este artículo ha sido corregido en su contenido, y cambiado en su título y en su presentación, 
a la luz de nuevas informaciones)


–San Bartolomé de Honda, 
NO fue una villa 
del Estado Libre de Antioquia–

–¿Qué significan las criptográficas letras RZCBYC, y que significa esa B en medio de ellas?–

PÁRRAFO ERRADO:

Al momento de publicar en el blog este texto en el año de 2014, con el título de “RZCBYC – Antioquia y San Bartolomé de Honda”, hice la siguiente afirmación incorrecta, puesto que lo afirmado por mí en el siguiente párrafo NO ES CIERTO: 

San Bartolomé de Honda es una ciudad ahora perteneciente al Departamento del Tolima, pero antes fue villa y perteneció a la Provincia de Antioquia, según se desprende de la única información concreta que encontré (las demás menciones eran vagas) en el estudio monográfico titulado “Las fronteras de Antioquia: aspectos físicos, jurídicos, históricos, económicos, y socioculturales”; publicado en mayo 23 de 2005 por el Departamento Administrativo de la Gobernación de Antioquia, la Universidad de Antioquia, y el Instituto de Estudios Regionales; según investigación del equipo coordinado por Lucella Gómez Giraldo… Por tal razón, San Bartolomé hizo parte del sello oficial de la provincia, siendo representada por la letra B, detalle no muy conocido. A lo sumo que se llega es a saber que la B significa San Bartolomé, pero a la hora de tratar de ubicar dónde quedaba esa población la información hace parte del saber sólo de historiadores con acceso a bibliotecas especializadas, y se escapa a la gente del común”.

Es una afirmación incorrecta, según se desprende del comentario recibido del Sr. Tiberio Murcia Godoy, presidente del Centro de Historia de Honda, y las confrontaciones hechas para verificar lo dicho por él: “… Que una parte de territorio del hoy departamento de Antioquia haya sido de la Provincia de Mariquita y del Estado Soberano del Tolima, sí lo he leído; pero que Honda haya pertenecido a Antioquia, no lo he leído…”.

TEXTO CORREGIDO:

En vista de este reclamo, consulté con varios amigos pertenecientes a la Academia Antioqueña de Historia, y he recibido aportes por parte del Dr. Luis Fernando Múnera López que son valiosos, y ayudan a clarificar la inquietud, a pesar de la precariedad de la información sobre la desaparecida población que denominaremos “San Bartolomé de Buenavista en Antioquia”, para diferenciarla de “San Bartolomé de Honda en el Tolima”, así ambas hayan sido conocidas históricamente simplemente como “San Bartolomé”. Se trata, pues, de dos San Bartolomé distintos.

A comienzos del siglo XIX no existía la población de Puerto Berrío, fundado en 1875 por efectos del movimiento de hombres y materiales originado por la construcción de la línea del ferrocarril encargada por el gobernador Dr. Pedro Justo Berrío al ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros; ni existía la población de Cisneros, que fue fundada en el año de 1898 en el sitio de La Quiebra, sitio que ya existía simultáneamente con el puerto san-bartolino.

Hasta ese momento, el poblado que servía de puerto sobre el río Magdalena en la desembocadura del río Nare tenía mayor importancia, y la tenía el en ese entonces conocido lugar denominado Garrapatas.

El río de San Bartolomé nace por los lados de las poblaciones de Remedios y Yolombó, en el nordeste antioqueño, y después de recibir las aguas del río Volcán desemboca en el Magdalena a la altura del sitio conocido como Masagú, aguas abajo al norte de donde medio siglo después se fundó a Puerto Berrío. En su desembocadura hubo un puerto que recibió el nombre de San Bartolomé y tuvo importancia por ser el lugar de salida al Magdalena desde la región minera de Remedios, Zaragoza, y Yolombó. Tuvo importancia, pero tenía problemas con las crecientes del río Magdalena que inundaban la región, y muchos habitantes solicitaron se les autorizara el traslado al sitio de Garrapatas, mientras otros se fueron a vivir a Yolombó, entre ellos el español Rafael José Vieco con su esposa Marina Escobar Guerra de Vieco, ancestros de la conocida familia de artistas de Medellín. Don Rafael había sido alcalde de Cancán al finalizar el siglo XVIII. Dice un artículo publicado por Hernando Guzmán Paniagua en el periódico El Pulso.com nro. 83 de agosto de 2005, año 7 con el título de:

Vieco Ortiz, la familia del arte que
nació en una carpintería de Yolombó

http://www.periodicoelpulso.com/html/ago05/cultural/cultural.htm

El tratadista Felipe Santiago Paz Rey refiere que esos finales del siglo XVIII están marcados por el auge del cimarronismo con las sublevaciones de esclavos, lo que genera la desaparición de varios poblados. Entre ellos estaban San Bartolomé de Buenavista y San Martín de Cancán en Nuestra Señora de los Remedios”.

Según esto, no sólo las crecientes del Magdalena causaron la ruina de los primitivos poblados de Cancán y San Bartolomé, sino los esclavos mineros afrodescendientes que huían de sus patronos para volverse cimarrones en palenques enclavados en la selva, así denominados por las empalizadas que construían como fuerte para defenderse de los amos, capataces, y perseguidores, distrayéndolos mientras los cimarrones palenqueros y sus familias se daban a la huida por la vía de escape. Al dificultarse la explotación del oro y demás actividades en San Bartolomé y Cancán, don Rafael y su esposa emigraron a Yolombó. Agréguese a esto que, como veremos más abajo, los atropellos de un funcionario abusivo colmaron la paciencia de los vecinos, prefiriendo buscar lugares más amables para vivir.

http://www.marinvieco.com/index%20archivos/Grupo%20Empresarial%20Marin%20Vieco/marinvieco.org/public_html/articulos%20familia%20vieco/articulo%20la%20familia%20del%20arte%20que%20nacio%20en%20una%20carpinteria%20de%20yolombo.html

UN POBLADO IMPORTANTE:

Aunque su huella histórica no es mucha, la villa de San Bartolomé de Buenavista en Antioquia tuvo importancia, como puede verse en los siguientes registros:

QUIÉN ES QUIÉN EN 1810 –PRIMERA PARTE–
GUÍA DE FORASTEROS DEL VIRREINATO DE SANTA FE
PARA EL PRIMER SEMESTRE DE 1810

Investigación de los Historiadores:

Díaz López, Zamira
Gutiérrez Ardila, Daniel;
Jaramillo Velásquez, Roberto Luis;
Martínez Garnica, Armando;
Ripoll, María Teresa

http://admin.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/guia_de_forasteros/gobernacion_antioquia.htm

Gobernación de Antioquia

Su jurisdicción comprende ocho departamentos, con cuatro cabildos y cuatro capitanías a guerra. Las cinco ciudades son Santa Fe de Antioquia y Santiago de Arma de Rionegro, con las antiguas de Remedios, Zaragoza y Cáceres que carecen de cabildo por el estado decadente en que se encuentran. Las dos villas son Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín y Marinilla. Se nombran capitanes a guerra para:

San Bartolomé
Espíritu Santo o Valle de San Andrés del Cauca
San Lorenzo de Yolombó y Cancán
Zaragoza y Cáceres

El río San Andrés, que desemboca en el río Cauca por los lados del puerto de Valdivia, en cercanías del puerto del Espíritu Santo, dio nombre a dos municipios: San Andrés de Cuerquia, y San Andrés del Cauca (hoy Toledo). Cuerquia es un nombre indígena mencionado por don Juan Bautista Sardella, Cronista de Indias que acompañó al mariscal Jorge Robledo en su conquista del territorio Antioqueño. Sardella escribió su relación y de allí tomo los siguientes fragmentos:

Esta provincia se llama en nombre de indios Avurra, y le pusimos por nombre el valle de San Bartolomé; aquí estovimos quince días… Desde esta provincia el Capitan envió con cierta gente de á pie á Juan de Frade, á que tornase á pasar las sierras é viese ciertos pueblos, que tenia noticia que estaban sobre el rio; el cual, fue é dio en el pueblo llamado Curqui… El cual tornó á enviar al mismo Diego de Mendoza, á que con cierta gente de á pie y de á caballo fuese hácia la mano derecha que era donde caia el valle de Arvi… Visto por el Capitán que hácia la parte de Arvi no se hallaba poblado… Y el Capitan no se atrevió á seguir aquellos caminos porque quien los habia fecho debia ser mucha posibilidad de gente, é ansi se volvió al real é se partió de aquella provincia de Avurra, otro dia después de San Bartolomé…”.

Leemos aquí que en el Valle de Aburrá don Jorge Robledo estuvo quince días, y que partió con toda su gente, o sea todo el real, un día después de San Bartolomé. Se sabe que en el Valle de Aburrá no hizo fundación, porque la primera en el territorio la hizo en la primera ubicación de Santa Fe de Antioquia; y se sabe que no dejó hombres aquí, porque les hubiera sido muy difícil defenderse de los ataques de los indios sin la ayuda de todos los hombres armados que iban en la expedición. Según las cuentas, y teniendo en cuenta que el día de San Bartolomé es el 24 de agosto, puede deducirse que su salida del valle se produjo el día 25. Y, según esas mismas cuentas, su llegada al valle se había producido quince días antes, o sea el día 10 de agosto. El caso es que los conquistadores españoles bautizaron el Valle de Aburrá con el nombre de Valle de San Bartolomé… pero no es esa la razón por la que los legisladores de principios del siglo XIX insertaron la letra B en el Sello del Estado de Antioquia.

El texto a continuación (el subrayado es nuestro) da a entender que San Bartolomé de Buenavista en Antioquia era un puerto de salida para el comercio de la provincia, que estaba en jurisdicción de Remedios, y que estaba situado a orillas del río grande de la Magdalena.

- Capitán a guerra de San Bartolomé de Buenavista: 

Don Mateo José Valle de Mérida, quien administra este puerto que ha servido para el comercio de la provincia y tiene el pueblo consternado, afrentado, y azota a las gentes por sí o usando a sus esclavos. Este lugar es inestable por las muchas avenidas del río grande de la Magdalena, y algunos quieren cambiarlo para Garrapatas, también dependiente de Remedios. 

- Capitán a guerra de San Lorenzo de Yolombó y San Martín de Cancán: 

Don Vicente Moreno, natural del nuevo curato de Cancán, antes doctrina y de la jurisdicción de Remedios. Es hijo del peninsular don Juan José Moreno y de doña Lorenza Cataño Foronda, familia muy apegada a su tierra nativa. 

- Capitán a guerra de San Andrés del Cauca: 

Don Antonio Escudero, natural de la ciudad de Antioquia, hijo del español don Marcos Lucas de Escudero y de doña Josefa López Nieto, blanca de la tierra. Reside en el valle de San Andrés y se ocupa de minas. Este sitio fue fundado hace pocos años por don Sebastián de Salazar, cuyo yerno, Francisco de Aranda, ha sido su teniente. 

ANTIOQUIA, DEL SELLO AL ESCUDO:

El grito de Independencia en Colombia se dio el 20 de julio de 1810, cuando el conocido episodio del Florero de Llorente, y a poco las provincias se fueron adhiriendo a ese grito por la libertad. La Provincia de Antioquia “declaró su independencia de la Corona española el 29 de julio de 1811 con el nombre de Estado Libre e Independiente de Antioquia”, y adoptó un sello como símbolo. Claro que, como las cosas no iban a ser tan fáciles, sólo dos años después fue declarada la independencia absoluta, el 11 de agosto de 1813, y como tal es esa la fecha que se celebra. 



El escudo adoptado el 11 de agosto de 1913, para celebrar el centenario:

 “…Representa al departamento de Antioquia y consiste en un blasón en forma española; es decir, un cuadrilongo con su base redondeada, con una proporción de 6 partes de alto por 5 de ancho, en cuyo interior se encuentra un paisaje. Dicho paisaje consta de una montaña o cerro de oro con dos árboles consistentes en una palmera y un plátano en su base, y al pie de esta corre un río. Al fondo se observan otras montañas en color verde, y el cielo en azul celeste. Entre las palmeras se ubica una matrona sentada y vestida con ropas al estilo indiano, es decir como vestían los antiguos habitantes del departamento. Dicha matrona sostiene en su mano derecha un gorro frigio con intención de llevárselo a la cabeza” (Wikipedia).

Con la bandera y el himno, el escudo es uno de los símbolos patrios de nuestro departamento, pero este ha tenido cambios en el tiempo y en mayo de 1913, cuando se cumplió el centenario de la independencia provincial, el artista Daniel Mesa ganó un concurso para interpretar pictóricamente esa descripción, según instrucciones de don José María Mesa Jaramillo; optando por tomar, como modelo para pintar a la matrona, a la actriz mexicana Virginia Fábregas que estaba de visita en Medellín, adonde llegó para presentar sus obras de teatro “Danza de la muerte”, “El ladrón” y “Los fantoches”.

Volviendo al sello que precedió a este escudo, fue un sello usado en los documentos oficiales para su refrendación y es así descrito: 

En medio de los acontecimientos en los que se dio el grito de Independencia de Colombia, la entonces provincia declaró su independencia de la corona española el 29 de julio de 1811 con el nombre de Estado Libre e Independiente de Antioquia. En reconocimiento de ello el presidente provincial José María Montoya Duque aprobó por decreto especial del 2 de septiembre de 1811 el Gran Sello de Antioquia para su uso como insignia del Estado, consistente en un doble óvalo, el más interior de ellos dividido en cinco cuarteles rodeados por la inscripción Fe Pública Del Estado Lybre E Yndependyente De Antioquia, envueltos a su vez por una rama de palma y otra de olivo. De los cuatro primeros cuarteles el primero mostraba un árbol con un cuervo, el segundo una torre, el tercero un león, y el cuarto mostraba dos manos y dos brazos entrelazados, representando los escudos de armas de Santa Fe de Antioquia, Rionegro, Medellín y Marinilla respectivamente; mientras el último contenía seis ramas recogidas por una cinta con la inscripción R. Z. C. B. Y. C., iniciales de las villas de Remedios, Zaragoza, Cáceres, San Bartolomé, Yolombó, y Cancán”.

Las dos primeras tenían título de ciudad desde antes, las dos siguientes lo recibieron en 1813, y las otras seis tenían título de villa.



Allí están representadas, pues, las ciudades de Santa Fe de Antioquia, Rionegro, Medellín, y Marinilla; y las villas de:

Remedios
Zaragoza
Cáceres
Bartolomé de Buenavista en Antioquia (San)
Yolombó, y
Cancán

Cancán ya no se llama así, sino Amalfi. Remedios, Zaragoza, y Cáceres, constituyen la zona minera que ya no tiene tanto oro, y por lo tanto ha perdido importancia representativa. Yolombó ya no es lo que era por esos días. Y San Bartolomé de Buenavista en Antioquia desapareció, pero la letra B sigue representándola en el histórico sello donde su antigua importancia quedó plasmada. 

Dice el Dr. Luis Fernando Múnera López que:

No tenía noticia directa sobre el sitio o caserío de San Bartolomé en Antioquia, a orillas del río Magdalena. Tampoco habían tenido éxito mis consultas con otras personas… Sin embargo, estuve mirando el libro “Relación de la Provincia de Antioquia”, escrito por el gobernador español Francisco Silvestre y Sánchez, quien ocupó ese cargo en dos ocasiones, entre 1775 y 1776 y entre 1782 y 1785. Silvestre empezó a escribir su Relación en 1785 en Antioquia, la continuó en Madrid, España, en 1793, y la terminó en 1797, compuesta por 324 folios. El profesor David J. Robinson, de Syracuse en el Estado de Nueva York, la publicó en mayo de 1987 acompañada por un estudio personal sobre la vida y la obra del gobernador Francisco de Silvestre. Este libro fue reeditado en Medellín en 2011, como parte de la colección Bicentenario de Antioquia, Memorias y Horizontes, de la Gobernación de Antioquia. Puede conseguirse en la Academia Antioqueña de Historia. Pues bien, este libro se convierte en otro documento que hace mención expresa del puerto de San Bartolomé, en Antioquia, que quedaba un poco al sur de la desembocadura del río San Bartolomé. Esta desembocadura queda a unos dieciocho kilómetros al norte del actual Puerto Berrío, y por tanto el sitio o puerto de San Bartolomé quedaba a un poco menos de esta distancia. El gobernador Francisco Silvestre se refiere al sitio de San Bartolomé en el capítulo 2 de su relación, en los términos siguientes:

“El Río de San Bartolomé nace más acá del sitio de Yolombó. Desemboca en el Río de la Magdalena poco más abaxo del sitio de San Bartolomé. Llámase allí la quebrada de Regla. Es navegable desde la Magdalena hasta la bodega de Regla. Es camino para la ciudad de (Nuestra Señora de los) Remedios, Cancán, y Yolombó. Riega mucha parte de su jurisdicción. Pudiera hacerse navegable hasta el mismo Yolombó, o mui cerca. Pasa por muchos minerales de oro. Costaría mucho menos que el de Río Negro, pero sus ventajas son también muchas menos porque el territorio es casi despoblado, y no hai dinero”.

Anexo mapa de Antioquia que el profesor David J. Robinson incluye en su estudio preliminar, donde aparece San Bartolomé (el río Volcán que allí se ve es un afluente del río San Bartolomé). Robinson no cita la fuente de ese mapa, o sea que me quedo con la duda de si lo elaboró él o si corresponde al texto original de Francisco Silvestre y Sánchez.



Mapa de Antioquia 1 por David J. Robinson

En esta sección del mapa pueden verse a Cáceres y Zaragoza, en la parte superior; a Medellín con Rionegro y Marinilla, en la parte inferior (y con Canoas, otro lugar desaparecido); y a San Bartolomé y Garrapata como puertos del río Magdalena que marca el límite departamental, en el costado derecho. Se ve también al río Volcán saliendo de Remedios y llegando al Puerto de San Bartolomé. El Volcán y el San Bartolomé se unen poco antes de afluir al río Magdalena.

Como se ve en el mapa, ese puerto de San Bartolomé en el río Magdalena era importante pues se comunicaba mediante un camino con la rica región aurífera de Remedios, Cancán y Yolombó, para el transporte del oro y el comercio con Mompox y Cartagena.

Otra referencia en la que acabo de encontrar el pueblo de San Bartolomé es el magnífico mapa publicado en 1857 por el ingeniero sueco Carlos Segismundo de Greiff. En él se muestra el poblado de San Bartolomé ya con categoría de parroquia, cerca de la desembocadura del río Regla, el cual se forma de la unión del río San Bartolomé y el río Volcán. En esa confluencia aparece “La Bodega” a la cual se refería don Francisco Silvestre y Sánchez, y se muestra el camino que comunica desde allí hasta Remedios. Este plano se encuentra en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia, Academia de Ciencias Geográficas Vol. XXVII, N.° 103, 1971.

He ahí, pues, la confirmación de que el puerto de San Bartolomé de Buenavista en Antioquia existió y fue importante a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, pero luego desapareció para ceder esa importancia a favor de nuevos lugares de la geografía antioqueña como son Puerto Berrío, Puerto Nare, y Puerto Triunfo. A propósito de Puerto Nare en la desembocadura de este río al Magdalena, es un municipio que reemplazó los anteriores conocidos sitios de tránsito de arrieros y mercancías que eran Islitas y La Bodega, una bodega diferente de la que en los tiempos que comentamos había en San Bartolomé, aguas abajo.

Según el santoral católico, de haber seguido existiendo ese puerto sobre el río Magdalena celebraría las fiestas patronales del apóstol San Bartolomé el día 24 de agosto de cada año. Pudo ser así, pero desapareció.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


miércoles, 14 de mayo de 2014

51. Juvenal Viloria Romero y La Saporrita

El video de esta entrevista fue tomado el 9 de abril de 2014 por Víctor Bustamante Cañas, y puede verse en el blog Neonadaísmo 2011: 

Juvenal Viloria, Víctor Bustamante, 
y Orlando Ramírez Casas 
–Fotografías tomadas por Álvaro 
Hernán Valencia Ángel–

I VILORIA ABRIÓ LOS OJOS EN LA CUNA PICOTERA

El barranquillero modula en ráfagas de letrastragaás, ¡miejdaaa, o´jodddaaa!, igual que el tema que ofreceron pa´l que está sentado, pero los oídos cachacos creen oírRompa el que está sentado, y eso explica por qué Viloria no tituló su composiciónLa hamaca rayada, sinoLa hamaca rayá.

Juvenal Enrique, un enjuto hombre de piel curtida y 1.65 mtrs. de estatura, al que su delgadez hace ver más alto, fue acunado en la Barranquilla natal por el sonido alegre de la música caribe que salía de los picós; la institución fiestera de la tierra currambera cuyos dueños, llamados picoteros, dan lo que sea por tener un disco de su exclusividad. Pick up significa tocadiscos y se asemeja al picoteo de las aves al clavar la aguja en el disco y volverla a levantar. Orgullosos de sus aparatosos pick ups forrados de luces, les ponen nombres como decir “El rey del Bronx”, “El Isleño”, “El Coreano”, y otros. 

El día 31 de diciembre de 1938 la gente parrandeaba en Barranquilla despidiendo el año, pero Ana Cristina Romero Atencio, la madre, se retorcía con dolores de parto recibiendo a Juvenal Viloria Romero, que nació de manos de una partera entre la alegría del barrio Montecristo, y mientras abría los ojos al mundo los picós sonaban por doquier a volumen venteado. Treinta años de vivir en el barrio Gerona de Medellín no le han borrado el acento costeño que tiene desde entonces.

Tiene ancestros extranjeros.Mi abuelo paterno era español, y mi abuelo materno era cubano. De ellos me viene la música porque tocaban y fabricaban instrumentos. Pero también de mi abuela materna que era palenquera descendiente de esclavos africanos y cantaora de alabaos y lamentos a golpe de tambor en fiestas y velorios. Desde que soltó la lengua se le oyó cantar, y gracias al talento que le fluye en la sangre no tuvo dificultad en tocaruna flauta que me regaló Crescencio Salcedo, amigo de mi padre. Pero no aprendió a tocar profesionalmente para desenvolverse en la vida como músico, ya queapenas llegué a utilero de orquestas. Aunque don Otoniel Cardona Urán de Discos Victoria me montó mi propio grupo llamado Don Juve y su banda. Tengo alrededor de 27 canciones grabadas con mi voz. 

Siendo niño una palenquera, paisana de su madre, pasaba por las calles barranquilleras pregonando la venta de “alegrías”, como se denomina un dulce apelmazado de coco, millo, ajonjolí, y maní; endulzado con piloncillo o panela derretida; que fabrican en El Palenque de San Basilio.Mi hermana me retó a que le hiciera una canción a la palenquera para que nos regalara sus alegrías. Era una negra sabrosa, y yo le hice ese pregón en ritmo de calipso, que fue mi primera composición. No sabe solfeo, no sabe leer o escribir notas en partitura, y no toca ningún instrumento; pero la melodía y el pregón se le vinieron a la cabeza y se ganó el derecho a tener dulces gratuitos por muchos días.No irás a decirme, Juve, que ese fue tu primer amor, comenté. No lo fue, pero la negra Antonia Cañate sí fue la causante de que Santiago Viloria Morales, su padre, se fuera tras ella y dejara a su familia. 

Acerca del pregónEl pistacho” (“¡Manicerooo, aquí va el maní!; ¡Manicerooo, aquí va el pistacho!”) cuenta el coleccionista Carlos dj1963 queEvaristo Pinedo, picotero del Isleño, en su momento le vendió este tema a Concepción `Conce´ Hernández, propietario del pick up `El coreano´, por una gran suma de dinero; diciéndole que era exclusivo y que lo había traído del extranjero. Luego Concepción se enteró de que había sido grabado en Colombia por el inventor de la champeta, maestro Abelardo Carbonó, y Conce quedó viendo un chispero. Desde ahí bautizaron a Evaristo `el pistacho´ Pinedo. 

Para cuando el padre se fue de casa, ya no vivían en Montecristo sino en Barrio Abajo, pero la madre lió bártulos y se fueron a vivir a Barrio Arriba con Juvenal de 12 años.Ustedes venían de menos a más, hombre Juve, le dijimos.No, home, qué va, ¿Sabe comu´é, cachaco? Fue de máj a menoj. Entonces contó que Barrio Arriba,por Shanghai, era una zona de tolerancia a la que apodaban el barrio chino y estaba habitada por prostitutas francesas desplazadas de la segunda guerra mundial, que hablaban bien la francolengua nativa, machacado el idioma español, y perfecto por señas el del sexo, que es un lenguaje universal. El día en que llegaron al barrio chino la ex mujer de Viloria y sus dos hijas mayores, con el chiquillo, fue inolvidable porque dos prostitutas se enfrentaban en duelo a cuchillo venteado, prendidas de las puntas de un pañolón, dispuestas a llevarse una la vida de la otra. Pelearían por hombres, supongo, le dijimos. Homeee, no. La pelea fue por un lío de marihuana que a la una se le esfumó y la otra se fumó. La pilló por el olor dulcete, la saliva gruesa, y los ojos enrojecidos. Escúlqueme, si quiere, bufoneó la ladrona, pero la dueña sacó un cuchillo y se dispuso a acomodarlo en el enmarihuanado corazón, por entre el resquicio de las costillas. Con semejante bienvenida, la madre casi sale despavorida para otro lado, pero Juvenal ya había olido que en ese lugar había un mundo que él quería conocer y se enfrentó a la vida como mensajero de burdeles, familiarizándose con bandidos y prostitutas francesas, entre ellas una bella treintañera (“Para sejte sincero, home cachaco, todaj laj francesaj eran bellaj. Ahí no había ni qué escogé”) que puso sus ojos en el que ya era un muchacho espigadoy de buen ve, compa, de buen veal que convirtió en amante corriendo el riesgo de ser procesada por corrupción de menores. Él tenía 14 cuando ella le parió el primer hijoque se llevó a Hamburgo, y sólo sé que se llama Enrique Juvenal Viloria Pizziotti. Teotiste, la francesa de apellido italiano, era una mujer culta que leía poemas y tocaba el banjo para acompañar canciones que cantaba con buena voz. Cuatro años vivimos juntos, y fue ella quien me enseñó a leer porque yo sólo vine a estudiar en la nocturna el quinto de primaria, después de que Teo se fue a Alemania. Ella le enseñó a leer, pero empezó a celarlo hasta con la sombra y se volvió pesada para un muchacho de 16 que en lo económico no tenía necesidad de trabajar porque ella lo mantenía, pero en lo afectivo era un ave que ansiaba volar y no atarse a un solo amor por el resto de la vida. 

Más de una docena de hijos tuvo Viloria por ahí regados: Uno, el de Hamburgo; dos, en Cartagena; tres, en Santa Marta; cuatro, en Barranquilla;y otro en Venezuela, cachaco, mientraj duraron mij correríaj. Eso da once, pero completó quince con dos que tuvo Rosario cuando Juvenal había sentado cabeza en Medellín, donde piensa morir y dejar en reposo las cenizas; y otros dos con la única mujer que pudo arrastrarlo hasta el altar.¿Cómo viniste a parar a tierra paisa?, preguntamos. A Medellín, desde mediados del 70, por la música. Enviudé de mi segunda mujer que me dejó con cuatro huérfanos y Rosario, la tercera, con quienes me vine a poner un restaurante en Barrio Triste; pero con el tiempo las cosas se vinagraron porque se volvió llevada de su parecer y yo del mío. Entonces apareció Luz Marleny Gaviria, la cuarta, una paisa veinte años menor que yo que me sedujo con su bailado de trompo, y me animé a calentarle el oído. En 1985 nos casamos por la Iglesia, y ya hace 28 años de eso. Tener ella 27 y yo 47 no fue inconveniente para que me aceptara, y aquí vamos. Mi hija vive en Estados Unidos y es madre de ese niño de 6 años, el nieto que nos acompaña; y tenemos un hijo de 12 que está estudiando. Es el último porque no hay cama pa tanta gente”. 

Juvenal Viloria, Luz Marleny Gaviria 
de Viloria, y Orlando Ramírez Casas

II. VILORIA AL FIN SENTÓ CABEZA

En sus comienzos Viloria Romero se paseó por los barrios bajos de Barranquilla, pero mucha agua ha corrido bajo el puente en los 75 años que cumplió en Medellín este diciembre de 2013, cuando va completando 340 composiciones registradas que se iniciaron con aquelPistachoque compuso a los 8 años.La última vez que hice cuentas iba como por 334 o 336 cuando Gaviria era presidente. Más de 20 géneros abarcan sus composiciones que pasan por el porro, la gaita, la cumbia, el bolero, el tango, el son flamenco, el twist, el paseo vallenato y otros.Vea, le digo con toda franqueza. Por muy buena voz que tenga un cantante no es na, si no tiene compositores que lo respalden. Es innumerable la cantidad de amigos que le ha dado la música, colegas con quienes se ha codeado, y nos habla de Pacho Galán, de José Barros, de Edmundo Arias, de Marco Rayo, de Gustavo Quintero, de Nelson González, de Luis Felipe “Don Filemón” González, de Pepe Aguirre, de Alberto Podestá, de Joe Arroyo, del teso Julio “Fruko” Estrada, y más, y más, y más. Eso para hablar de los que tuvo amistad estrecha, porque hay otros con los que se conoció en eventos profesionales y lo ayudaron, como decir Yamid Amat, Rocío Durcal, Shakira, y muchos otros. 

Veo, hombre Juve, que Rodolfo Aycardi también grabó tu música, le dijimos.Yo conocí a Rodolfo cuando era un muchachito de unos 13 años nacido en Sincé, Sucre, y salió a cantar como espontáneo en un negocio de fiesta y baile que yo tenía. Me gustó y le recomendé que viajara a Medellín donde estaban las casas grabadoras. Fue mi amigo hasta sus últimos días en que yo era una especie de paño de lágrimas para sus vicisitudes del alma, puesto que en lo económico él hubiera podido vivir de sus regalías si las hubiera administrado con juicio. 

Esto dio pie para que le hiciéramos una pregunta:Entonces, viejo Juve, ¿un músico puede vivir de sus regalías?. Él sonrió.Vivir sí puede. Yo vivo. No como un potentado, pero vivo de una asignación mensual que me da Sayco por ser autor de composiciones clásicas y unas regalías de unos pocos pesos que me llegan una vez al año pero que me permiten atender a mis necesidades. Su música le ha dado algo de dinero, algo de prestigio, y muchas satisfacciones.

Una composición de Viloria que causó impacto en la voz del venezolano Pastor López, con sus compatriotas Nelson Henríquez y su Combo, fueLa hamaca rayá” (“Me mezo para allá, me mezo para acá… la hamaca de rayitas yo no la puedo dejar… y puedo decirles que sí sirve”).
http://www.youtube.com/watch?v=ilIxb3KKFss

Pero tal vez la composición que más renombre le ha dado esLa saporrita” (“Siempre que yo voy a un baile, me busco una saporrita y, para reponer la entrada, bailo la noche enterita”).
¿De dónde surgió ese tema, maestro?, preguntamos a Juvenal.Bueno, nos contestó,No está en el diccionario. La inventé, en vez de sapita, para referirme a una muchacha baja y gruesa que baila bien; y tiene que ver con eso de que uno va a los bailes picoteros pagando el valor de la entrada y encuentra muchachas altas y bonitas que todo el mundo quiere bailar y se creen la última gaseosa del desierto. Yo prefiero una gordita cariñosa. El título es original, pero he oído una gaita llanera, de Ovidio Rivera, titulada Mi saporrita; y creo que ese título se inspiró en el mío.

Los venezolanos Nelson (González) y sus Estrellas fueron un fenómeno de popularidad en Colombia, y vinieron con el cantante Luis Felipe “Filemón o Felo” González, hermano de Nelson.Vea, usté. En 1973 yo le entregué La Saporrita a Filemón en el Hotel Prado durante los carnavales de Barranquilla, y el vio de inmediato que iba a pegar duro por lo que resolvió sacarlo para diciembre pero con su propio grupo de “Don Felo y su banda”, lo que causó rompimiento con Nelson. Luis Felipe lo volvió un éxito en Venezuela con su grupo La Súper Banda de Filemón. Es mi amigo, y reconoce que La Saporrita es el tema que le ha dado mayores satisfacciones.

Juvio, como le dicen en familia, habla con afecto de un disco “Que me grabó Joe Arroyo en Discos Fuentes incluido en un long play titulado El Negro Chombo”. Se trata de su tema “El pescador”, pero aclara que “no me lo vayaj a confudí con otroj del mijmo título, Cachaco”. Es aquel que dice que “Hace frío, tengo sueño, /se lamentaba un pescador… /Era un morenito isleño, /parecido a mi color… /comentaba el pescador… /comentaba su dolor… /a la orilla del mar”.

Maestro Juve, le decimos, hay dos o tres composiciones en las que aparece usted compartiendo autoría con Alejo Durán, como decir “Compadre Pancho” y “Susto mañanero”… La mención del juglar vallenato puso nostálgico a Juvenal. “Alejo fue mi maestro, un padre, un amigo que me engrandeció con sus consejos. Hizo ese trabajo e incluyó esas composiciones mejoradas con sus arreglos, pero son mías porque todas mis composiciones, bonitas o feas, llevan la letra y la música que yo les pongo”. Tanto aprecio le tuvo, que compuso un paseo vallenato en su homenaje titulado “El vallenato mayor”, disco grabado por el cantante Iván Villazón (“Famoso fue el negro Alejo en toda su vida. /Fue la primera corona que dio el Cesar”).

En una lista tan prolífica de composiciones, como las que Viloria tiene catalogadas en su listado, es difícil abarcar toda su discografía; pero mencionaremos algunas que han tenido particular notoriedad: 

Camisa floriá –floreada–, El coche, El compadre Pancho, Cumbianita, El gallo moro, El granjero, La hamaca rayá, La palmita, El pescador, El pistacho, La rapiña, La saporrita, El vallenato mayor, Susto mañanero, Vieja corraleja…

“Y, ¿Cuál es la última, maestro Juve?”. Se queda pensativo. “La última, no sé. Aún no llega. Pero la más reciente apenas le he tarareado la melodía a un amigo para que monte la pista en su organeta, y por aquí tengo la letra que me perdonará que sea patoja”. Es un tema que compuso la semana pasada cuando los camarógrafos de Tele Antioquia visitaron el barrio Gerona, donde vive, para emitir el programa “Camino al barrio”. La joven Juliana Arias Saldarriaga es la presentadora y Viloria, al verla, puso en la voz su tono más engolado y con mirada y gestos de crooner la señaló con el dedo como si fuera una batuta mientras cantaba el tema de autoría e interpretación del dominicano Cuco Valoy:

Te escribo esta carta, Juliana, /para que sepas de mí /y sepas cómo me encuentro /sólo por quererte a ti… /Juliana, ¡Qué mala eres! /¡Qué mala eres, Juliana!

La chica protestó: 

“¡Ay, no, todo el mundo me la dedica. Me tienen cansada porque yo no soy Juliana, la mala; sino Juliana, la buena!”.

“Ah, en ese caso –dijo el músico– no volveré a cantarle a la mala sino a la buena. Cuenta con eso”.

Promesas de músico. Hay quién dice que no hay que creer en ellas pero él cumplió, y esta es la letra de “Juliana, la buena”, el son caribe que le dedicó: 

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es. 

Canto: Por el camino del barrio /de Gerona, en un fiestón, /pude charlar con Juliana/que hacía televisión. /Le dije: “¡Qué mala eres!”. /Lo dije de vacilón. /Me dijo: “Yo soy la buena, /no la de aquella canción; /no, señor”. / Me pidió que tenga en cuenta, /y que cambie mi expresión; /Juliana es mujer inquieta, /le gusta la locución, /bonita, graciosa, esbelta. /Para ella es este son.

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es.

Canto: Qué cosas tiene la vida… /En Gerona me encontró /andando con la familia /de la televisión. /Juliana me preguntó /los pasajes de mi vida, /la teleaudiencia lo vio… /¡Ay, vecinos de Gerona, /un abrazo con amor!

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo  /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es.
No sabemos qué futuro le espere a este tema que ha compuesto el maestro autodidacta Juvenal Viloria pero, como le ha pasado ya muchas veces en la vida, de pronto encuentra un buen arreglista y un buen intérprete que vistan con traje de luces esta inspiración suya y la conviertan en otro éxito surgido de uno de los muchos episodios pasajeros en su trajinar por los caminos de la vida.

Orlando Ramírez y Juvenal Viloria

Agregado el 26 de febrero de 2016:

http://www.driveplayer.com/#fileIds=0BxRwK9YiRwHAZWVsVVUwRG5IbmM&userId=106660537301405050396

(Son "El Menequeo", con letra y música de Juvenal Viloria; arreglos y voz de Julio César Flórez, y acompañamiento de la Banda de Julio Flórez; grabado por el técnico Jorge Parra en los estudios de grabación de Casa Musical Elenyei de Medellín).

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



sábado, 10 de mayo de 2014

50. Quesos agujereados a la francesa

En mi niñez en el barrio Buenos Aires de Medellín, los quesos eran artesanales, de fabricación casera. Había industrias queseras, claro, pero eran pequeñas plantas con un cubrimiento regional muy limitado. 

Entre nosotros el quesito era la modalidad más popular, dentro del ramo de los quesos; en una época en que, por lo menos en mi vecindario, no sabíamos que existieran los queso-crema, los quesos Kraft para untar, ni otras modalidades deliciosas de este lácteo, regalo para el paladar. Con los años descubrí que el denominado quesito, tan popular en Antioquia, era prácticamente desconocido en otras regiones.

Queso de hoja

Dos tipos de queso conocíamos: el quesito, que era húmedo, de sabor salado, que se desmoronaba al presionarlo, y venía empacado en hojas de plátano desde las fincas de Sajonia en Rionegro; y el queso, que era “tirudo” o sea de consistencia elástica, de sabor más simple que el quesito, y venía empacado en cuadrículas de plástico. Había otros, pero su consumo no era masivo, como decir los queso-pera que traían los viajeros procedentes de la capital del país. Estaban las cuajadas, que traían los procedentes de la zona cafetera del Viejo Caldas. Y estaba el queso costeño, duro, salado, que usaban en las cocinas hogareñas para hacer los buñuelos de navidad y en las panaderías fabricantes de pandequeso. En un viaje a las playas de Coveñas descubrí la delicia de desayunar con una crujiente porción de pescado acompañada de patacón pisado y queso costeño frito. ¡Qué maravilla!

Por cuenta de las ayudas del programa C.A.R.E de la postguerra (Cooperation, Assistance and Relief Everywhere –CARE– Cooperación, Asistencia y Ayuda Donde Se Requiera) llegaron unos aceites de cocina españoles, unas harinas de trigo y leche en polvo polacas, y unos quesos holandeses de color amarillo envueltos en una película de parafina; productos que eran una delicia y conformaban una pequeña canasta familiar para obsequio de las familias pobres previamente inscritas en los centros cívicos barriales y en los despachos parroquiales, con el propósito de mejorar la dieta alimenticia de la población más vulnerable a los ataques de la malnutrición.

Los viajeros que venían de Europa traían quesos sofisticados de la amplia variedad que allí se produce, de donde salen quesos hasta azules con gusanos, como decir los quesos de Cabrales, pero obviamente no alcanzaban a ser probados sino por los miembros de las familias ricas… y por las cocineras que se sonrojaban y tupían cuando la patrona abría la nevera y les preguntaba qué había pasado con el queso que trajo la tía Maruchita de París.

Algún extranjero debió venir de esos lados de la campiña francesa, que empezó a producir en el oriente antioqueño un queso del tipo de los tirudos, con la particularidad de estar agujereados, como si los hubieran sorprendido en medio de un abaleo. Degustar una tajada de queso con huequitos al desayuno nos parecía delicioso. No era caro, puesto que lo vendían en las tiendas de la esquina y estaba al alcance de los bolsillos de nuestros padres. Estuvo en el mercado del barrio por muchos años, pero algún día desapareció; antes de que hicieran su aparición los quesos producidos en las grandes industrias como Proleche, Colanta, Alpina, La Alquería, Parmalat, y demás por el estilo. Hay unas señoras que son productoras de quesos finos, gourmet, en su pequeña industria a la salida del municipio de La Unión hacia Sonsón, y cuya producción solamente es vendida en ese lugar y en un par de puntos de fácil acceso para los consumidores de estrato seis en Llanogrande de Rionegro y en la Transversal Superior de El Poblado. No se encuentran esos productos en las ventas de los alrededores de las plazas de mercado. 

A pesar de todas las opciones de compra que uno tiene literalmente al alcance de la mano, sigo suspirando por el sabor de aquellos quesos de huecos que alegraban los desayunos de mi niñez. La pregunta que me hacía entonces nunca tuvo respuesta: “¿y cómo les hacen los huecos a estos quesos?”. 

Dice el portal Muy Interesante.es que:

Los típicos orificios que presentan los quesos, y en especial el Emmental, son los huecos que dejan las burbujas de dióxido de carbono al escapar en las últimas fases de la maduración. Este gas es liberado durante la fermentación láctica por las bacterias propiónicas, llamadas así porque también producen ácido propiónico, que contribuye a dar su gusto al queso. Por eso, cuando el queso se endurece agujeros perfectamente redondos quedan en su interior, confiriéndole al queso ese aspecto tan típico y peculiar”.

Y acabo de encontrar esta explicación complementaria que deja resuelto el misterio:

Queso Gruyère


Fue así como vine a enterarme de que lo que comíamos en la niñez era ni más ni menos que puro queso Gruyère Emmental, a precio de tienda de esquina.

Con el establecimiento de las pizzerías a la italiana (producto que no se conocía en mi niñez), y de los platos de pastas en los restaurantes, que ampliaron la oferta gastronómica más allá de la sopa de fideos, hicieron su aparición en el vecindario el queso parmesano rallado para espolvorear sobre la salsa boloñesa, y los quesos mozzarella para cubrir platos horneados al gratín.

De Francia se dice que tiene 365 clases de queso, y que se pueden dar el gusto de comer una variedad de quesos por día.  Eso, y la mansión de Hugh Heffner, el dueño de la revista Play Boy, son lo más cercano que yo tengo a la idea de lo que es el paraíso.  Cómo será el asunto de los quesos en Francia, que el catálogo lo presentan por orden alfabético.  No voy a cansarlos con la lista, y me limitaré a copiar las letras C y E.  Ese par de letras, por sí solas, son capaces de volverle a uno agua la boca.  Veamos:

C
Cabécou
Camembert
Camembert de Normandie
Cancoillotte
Cantal
Chabichou du Poitou
Chaource
Chevrotin
Comté
Crottin de Chavignol

E
Emmental
Emmental de Savoie
Emmental français est-central
Époisses de Bourgogne

Tabla de quesos

En días pasados, ya les conté, estuve en Pizzas y Vinos de las partidas de Don Diego, en la vía que va para La Ceja; y, al calor de una botella de vino blanco, degustamos una tabla de quesos.  Ni para qué les cuento.  Trocitos de queso de tres o cuatro variedades a cual más rico (mascarpone, brie, camembert, roquefort, cheddar, ricotta...), entreverados con trocitos de jamón serrano, pernil ahumado, salami, pepperoni, ¡para qué les sigo el cuento!

Esas cosas son, para mí, una delicia indescriptible… que me devuelve a los días de mi niñez, así haya quién diga que en una tabla de quesos se encierran más olores que en una visita de novios cobijados por una ruana boyacense.

El gastronómico artículo especializado “Quesos, uno de los placeres de la buena mesa” dice que “Hay centenares de variedades de queso en el mundo…”, y trae su disertación con una presentación de powerpoint que combina fotografías y textos de manera didáctica para que los amantes de esta delicia nos chupemos los dedos.

http://www.produccion-animal.com.ar/produccion_bovina_de_leche/leche_subproductos/61-Degustando_quesos.pdf

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

sábado, 3 de mayo de 2014

49 Ramón Vásquez, biografía del pintor

Conocí al pintor Ramón Vásquez Arroyave por los días en que hice la primera comunión, alrededor del año 1952. Era un niño de 7 años, y el maestro tenía 30. En términos de edad en la niñez, es una distancia enorme, y es apenas obvio deducir que yo lo conocí a él, pero no él a mí. Un niño de 7 años no cuenta a la vista de un hombre de 30. Recuerdo a su madre, doña Ana, como una matrona bastante robusta y con un genio de los mil demonios, que salía de delantal blanco a barrer la acera. ¡Ay del que hiciera basura en sus predios! Recuerdo borrosamente a Margarita, su hija, unos pocos años mayor que el pintor. Esa casa venía a ser una entre muchas de las que ocuparon en los alrededores del barrio Buenos Aires (una de ellas en el barrio El Salvador), y la segunda en la mente del maestro Ramón. La que más recuerda es una situada en la calle Colombia. Perteneció el pintor a una famosa barra que se llamó Barra del Apagón y fue bautizada por una pilatuna que le hicieron al padre Lope Duque Villegas de la iglesia de Buenos Aires, cuando le cortaron la energía de los micrófonos y altavoces por donde pulpiteaba sermones contra los perniciosos y descreídos muchachos que se paraban en la esquina. Esa broma los hizo famosos, y los desplazó a sesionar vagancias en el bar El Sol de Oriente, unas cuadras más arriba. 

Cuando escribía el libro "Buenos Aires, portón de Medellín", fui a ver al maestro Ramón en su taller de la vía de Las Palmas. Más de medio siglo había pasado desde mi primera comunión y, aunque el pintor era un personaje público reconocido, yo no lo había vuelto a ver desde aquellos días. Me llevó Darío Macías, también perteneciente a esa barra, y fuimos con el melómano y musicólogo Rodolfo Pérez González que también hizo parte de ella. De esas sesiones rebujadoras de recuerdos salió un capítulo para el libro, y me quedó la amistad de estos personajes. Ya jubilado, tengo la sensación de que estoy a punto de alcanzarlos y a veces hasta creo que me veo más viejo que ellos, que parecen tener el secreto de la eterna juventud porque parecen embalsamados, como diría el primo José "Chepe" Ramírez. No que no se les note el paso de los años, ni más faltaba, sino que no aparentan los que tienen y conservan una lucidez y vitalidad que quisiéramos muchos.

He vuelto al taller del maestro Ramón, que ha trasegado por diferentes lugares pero ahora vuelve a estar donde estuvo en el tiempo de mi primera visita, en la vía de Las Palmas. Lo he hecho acompañado por Víctor Bustamante, el editor de los portales Neonadaísmo y Festitango de Medellín, y de la revista Babel de poesía. Se trataba de entrevistar al pintor, y estuve buscando información sobre él para encontrarme con la sorpresa de que no es mucho lo que hay sobre el tema, que mucho de lo que hay es más bien superficial, y que en la principal y más tradicional biblioteca de la ciudad ¡No hay ninguna biografía suya! Algunas que se han escrito son textos para acompañar unos 7 u 8 libros de fotografías de pinturas suyas a color, editados en papel de lujo con el patrocinio de algunas empresas, que circularon en edición privada. Ese desconocimiento sobre él quizás sea el resultado de que ha tenido una prolífica obra, y que toda la vida ha estado entre nosotros. Le tomamos confianza y se volvió parte del paisaje. Distinta sería su suerte si se hubiera ido a Londres o a París, y se hubiera codeado con galeristas y críticos de otros ambientes menos parroquiales. Tal vez hubiera regresado a su tierra convertido en personaje mitológico. No se cubre uno de gloria quedándose a vivir en Aracataca.

Lo que iba a ser una entrevista, sigue siéndolo en el video que Víctor Bustamante tomó con su cámara; pero se ha convertido en un texto en tres partes que tengo la pretención de que pueda considerarse una minibiografía del pintor, por contener algunos datos dispersos y otros que no son conocidos. Faltaría un arqueo de su obra, de sus logros, de sus reconocimientos. Un inventario minucioso de sus recuerdos. Profundizar en la crítica con ojo artístico. En fin, un trabajo riguroso y especializado. Esa tarea le toca a quienes puedan lograrla con la dedicación que Gerald Martin puso en biografiar al Nobel García Márquez y, por lo pronto, espero que estos tres artículos llenen en algo ese vacío sobre el pintor singano del municipio de Ituango. Singano se les dice, supongo, a los nacidos en la vereda Singo del Chorrón, que no figura ni en el mapa. Lo de Chorrón le viene por la finca que fue de propiedad de Víctor “El mono” Tobón, y lo de Singo dice don Carlos Gallo en una reseña sobre la vereda singana que “En otros tiempos en Ituango se decía “los aguacates de Singo y la misericordia de la Virgen del Carmen”, para reconocer la calidad de este fruto cultivado en esta tierra fértil… esta reseña fue nuestro homenaje a la tierra del maestro Ramón Vásquez, y les quedamos debiendo el por qué se llama Singo”No se sabe todavía, entonces, de donde viene el nombre de Singo.

Ramón Vásquez, biografía mínima en tres partes, por Orlando Ramírez-Casas (Orcasas)”. Video de la entrevista:

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
---------------------------------------------------------
RAMÓN VÁSQUEZ
Biografía mínima en tres partes

I Ramón Vásquez morirá pincel en mano

El apretón de manos del pintor Ramón Vásquez es cálido, efusivo, y… atenazador como mordida de escualo. No suelta la mano del visitante hasta que ve asomar un rictus de dolor, y ese alarde de fortaleza parece mentira en un hombre que el 5 de agosto de 2014 cumplirá 92 años de edad, haciendo gala de lucidez y actividad en su taller de la urbanización Cinturón Verde, diagonal a Parmenia de La Salle en el kilómetro 9 de la doble calzada de Las Palmas, carretera de Medellín hacia El Retiro, y diagonal a uno de los miradores que se llenan de turistas para contemplar la ciudad desde aquella privilegiada atalaya. En ese taller, ubicado en la casa de la antigua finca que dio lugar a la parcelación y sirve de oficina de ventas al Dr. Álvaro Villegas Moreno, su amigo y mecenas de muchísimos años, le dan acogida. 


Me dijeron, maestro Ramón, que usted practica la natación, que da clases de buceo, que practica la esgrima, y que era bueno para boxear en sus épocas de muchacho. “Más es lo que exageran, pero sí me medí dos o tres veces con algunos que pusieron a prueba la pegada de mis puños”. Eso tuvo que ganarle enemigos, supongo. “Yo no tengo enemigos, porque a todos los maté con el olvido”. Dice su nieto que la única vez que lo ha visto pelear fue cuando vivían en el barrio Calazans. Un ebanista le quedó mal con unos muebles por los que había adelantado anticipos y el maestro entró en santa ira. “Mi abuelo tomó el hombre a golpes y le amorató la cara, pero fue mi abuelo el que salió a deber porque tuvo que pagar indemnización por lesiones personales”.

En Internet aparecen entrevistas que le han hecho, y cortas reseñas o minibiografías, pero no encontré una biografía suya extensa en la Biblioteca Pública Piloto (BPP), cosa extraña para un hombre que atravesó la mayor parte del siglo XX destacándose como uno de los pintores más reconocidos de la tierra antioqueña. “Soy montañero y no he querido salir de aquí”. Estoy de acuerdo, y creo que también le ha hecho falta hacer lo que en los medios denominan mercadeo artístico. Con el patrocinio de algunas empresas privadas, ocho o diez libros con textos biográficos y muestras de sus cuadros han sido editados en formato de lujo para circulación cerrada; pero no hay una biografía suya que el público pueda adquirir en librerías. Mantiene esos libros de edición no comercial a mano para buscar información, y de tanto en tanto pide que le alarguen el de pasta negra, o el de pasta azul, o el de pasta café, para encontrar un dato que él sabe donde está. Uno de ellos, inédito, está en preparación y tiene prólogo de su amigo el expresidente Belisario Betancur, que fue su compañero de trabajo “cuando yo hacía ilustraciones para el periódico La Defensa”. Lástima, dijimos, que no se encuentren estos libros en las bibliotecas. “Sí se encontraban”, nos dijo su nieto Santiago, “pero no sabemos qué se hicieron”. El maestro nos pide que leamos un poema que está en uno de los libros que lo homenajean, y es una semblanza que le dedicó su amigo Jorge Robledo Ortiz, el poeta de la raza:

Con su niñez al hombro, 
como cargando un trino, 
o el trencito de cuerda 
que el tiempo le negó; 
escaso de rencores, 
volviéndose camino 
y nombre sin olvido, 
va el inmenso Ramón.

Es un niño que eleva 

cometas de granito, 
un huracán que gira 
en trompos de color. 
Con sus pinceles puede 
pintar el caballito 
de los siete colores 
para que monte Dios.

Es un Quijote, atleta 

que no precisa Sanchos; 
que vendió a Rocinante 
para salir de Ituango, 
pues nació consagrado 
a Francisco de Asís.

Ramón es mago y loco, 

es genio y culebrero, 
puede pintar a Júpiter 
galopando en Platero, 
y un florete clavado 
en una flor de lis”.

Leí en alguna parte que a Vásquez le decían “El pintor de los godos” para aludir a su amistad con destacados políticos conservadores, pero sé que también ha sido cercano a políticos liberales como el ex alcalde Luis Pérez o el ex congresista César Pérez García. Le dijo al periodista Guillermo Zuluaga Ceballos, en entrevista para el periódico El Tiempo realizada cuando cumplió 90 años en el año de 2012, que no le gustaba la política porque “los artistas que se meten en política son comerciantes y tienen que ser ladrones; ya metidos en ello, lo son de primera”. Desarrolló, entonces, el arte de tratar con los unos y con los otros sin comprometerse exclusivamente con ninguno. Dice en esa entrevista que “recuerdo haber visto pobres a Belisario Betancur y a Álvaro Villegas Moreno”. Fueron sus amigos cuando eran pobres, y siguen siéndolo ahora que la curva del mundanal ruido va declinando para sus contemporáneos. No así para el maestro que pinta con la misma energía y actividad de cuando tenía veinte años. “No creas, las fuerzas menguan. Hay días en que no me provoca tomar los pinceles”. Es posible eso, pero desmienten su pretendida inactividad los bastidores y caballetes, los juegos de pinceles y pinturas, los materiales y lápices que se ven tanto en su casa de la parcelación del municipio del Retiro como en este taller inundado de cuadros en grandes lienzos y obras pintadas sobre baldosas de cerámica, de formato pequeño, que mantiene en permanente elaboración. “Es que tengo que pintar para vivir. Si no pinto, no como”, aclara, y le reconoció al periodista Zuluaga que “Dejar de pintar es como dejar de comer. Tenga la seguridad de que moriré con el pincel en la mano”. Dice Zuluaga en su artículo que el maestro Ramón es de “mirada atenta y piel despercudida, nada cuarteada” y que “alguien contó que a punta de cuadros sostiene su descendencia: hijos, nietos, una larga parentela”. Él lo reconoce: “Yo a la familia la quiero, la ayudo, soy feliz en ella”. Eso explica su prolífica producción que ha hecho que muchos se acostumbren a verla como si fuera parte del paisaje. No lo es por una sencilla razón que el tiempo se encargará de aquilatar: sus estilizadas figuras de niños, de Quijotes, de Cristos, de ángeles, de diablos, de cometas alargadas, tienen su estilo propio, inconfundible, que le vino casi por obra del Espíritu Santo. “Algo me llegó por herencia, claro, pero hay en eso mucho sudor, muchísimo trabajo”. 

Por ser colega, este pintor se hizo amigo de la mayoría de los grandes pintores, de quienes habla con afecto: “Fernando Botero, que fue discípulo mío. Pedro Nel Gómez. Santiago Martínez. Jorge Cárdenas”. La lista es larga. Y ¿Débora Arango?, le preguntamos. “Bella mujer, y extraordinaria pintora. Pero muy engreída. Fuimos compañeros pero no hicimos buenas migas. Era distante”. Fue amigo de mucha gente de la intelectualidad, y habla de Mejía Vallejo, de León Zafir, de León de Greiff, de Eladio Pizarro, de Eladio Vélez, de Francisco Antonio Cano, del abogado y político Oscar Peña Alzate, “y del maestro Efe Gómez que siendo yo niño de nueve o diez años me hizo llamar para encargarme que le hiciera un dibujo inspirado en un poema de su amigo Porfirio Barba Jacob, allí presente. Era un poema que hablaba del espíritu del hombre que deja la tierra para proyectarse a las estrellas, y yo dibujé esa especie de ángel sin alas que levita con los pies apartados del suelo y los brazos señalando al infinito. Me felicitaron”. 


Ese poema es la conocida "Canción de la Vida Profunda"; y el maestro Ramón, haciendo un esfuerzo de memoria, recita la estrofa que le leyeron don Efe Gómez y Barba Jacob: "mas, llegará un día /en que levemos anclas para jamás volver, /un día en que discurran vientos ineluctables, /un día en que ya nadie nos pueda detener... /y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar". Hace una pausa el maestro Ramón, para decirnos que al poeta Barba Jacob no le gustaba mucho la mención de Dios en este punto porque le parecía un poco blasfema, y que el poema estaba apenas en construcción porque el poeta iba modificando estrofas y palabras. Luego sigue: "Después, entonces, nautas /sedientos de imposibles, /en piélagos y en playas de lo absoluto en pos, /seremos siempre sombras de la inquietud del cosmos /o móviles reflejos de la inquietud de Dios". Hasta aquí llega el recuerdo del episodio de niñez en que el pintor Vásquez se encontró con el poeta, y el recuento de algunos amigos intelectuales que se fue encontrando en el camino. De pronto hace un gesto, como si hubiera olvidado lo más importante, y dice: “Pero mi amigo más entrañable, con el que sigo en contacto y tenemos una amistad de más de 70 años, es con el maestro de música Rodolfo Pérez González, compañero de la barra del Apagón. Ha sido mi compinche por toda una vida”.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
--------------------------------------------------------
RAMÓN VÁSQUEZ
Biografía mínima en tres partes

II La muerte no desvela a Ramón Vásquez

El pintor Ramón Vásquez me dijo que creía en la reencarnación, y al periodista Guillermo Zuluaga Ceballos en entrevista para El Tiempo le dijo que quería “vivir 250 años… o dos mil porque aún no me siento realizado… Nunca he pensado en mi muerte… me entristece tener que morirme tan ligero”. Aún así, fue enfático al decirme que él no quería reencarnar, lo que confirma aquello de que “hay días en que somos tan móviles, tan móviles”, como cantó Barba Jacob. No parece darse por enterado de que a sus años la muerte tal vez se encuentre a la vuelta de la esquina, y no le teme por la sencilla razón de que considera que “la muerte no existe”. Se burla de ella, con ayuda de una calavera que a un toque suyo estalla en risas, y a una señal del índice sobre los labios se pone muda y seria. "A la muerte no le temo, pero le temo a la agonía, al estado agonizante de quien está a punto de abandonar esta vida". De que no le teme a la muerte dan fe esas tres calaveras que mantiene en una estantería, y le sirven para enseñar anatomía y las proporciones del cuerpo humano, a la manera del Padre Astete, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho; cosas que se propuso aprender por sí mismo, de manera autodidáctica. “Esta, por ejemplo”, nos dice señalando la segunda, “es la calavera de un hombre de raza negra que machetearon en la época de la violencia, y me la regaló un cura que era mi amigo”. De allí deduzco que ha tenido amigos curas, y que el hecho de no ser beato ni místico no le ha impedido pintar cuadros y murales para la Congregación Mariana, y ha podido tener un programa en el canal de televisión Tele Vid donde explica a los televidentes las distintas técnicas de pintura y les habla un poco de anatomía porque “Ningún pintor sabe tanto de anatomía por estos lados como yo”. Esos conocimientos le han permitido ser maestro universitario y dar clases de esa materia a los estudiantes de arte. “No soy graduado de ninguna universidad, pero tengo dos doctorados honoris causa”, nos dice con orgullo y nos muestra diplomas que cuelgan de la pared, debidamente enmarcados, con reconocimientos de distintas entidades culturales. Nos habla de su creencia en Dios como Ser Supremo, y de su descreimiento en los curas de todas las religiones. “Creo en la reencarnación”, nos dice, y pasa a explicarnos que “no de otro modo se entiende que haya nacido sabiendo dibujar”. Uno de los temas que le gusta abordar con el lápiz es a María Pareja, el nombre que le ha puesto a la estilizada figura de falda larga y cabeza cubierta por una mantilla que porta en sus manos una guadaña. “La muerte no me es ajena. Una vez resbalé por una escalera y perdí el sentido. Aunque me quebré varias costillas y me abrí la cabeza, sentí una paz inefable y creo que no me faltó sino ver un coro de angelitos”. Desde entonces debe tomar varias pastillas al día. El sonido de la alarma de un celular que marca las cuatro de la tarde le recuerda que debe tomar otra de esas pastillas que le producen sueño “y que me hacen saber que no soy un cuerpo glorioso”. Después de la pastilla del mediodía se sienta en su sillón de cuero y descabeza un sueño reparador “que me deja como nuevo”.


El nombre de su vereda natal no es signo sino Singo del Chorrón, área rural del municipio de Ituango cerca del parque natural del Paramillo, que se ha hecho notorio por el proyecto de la represa de Pescadero. Siendo campesino de origen él, y campesina su madre, nos contó que ella dibujaba notablemente bien sin haber estudiado, y que él cree que tal habilidad le llegó en los genes heredados del germano abuelo de su madre, llamada originalmente Araminta Auchabo o Dachau o Daucha, pero que se cambió el nombre por Ana Arroyave para no tener que explicar cómo se deletrea ese apellido alemán insertado en facciones que tenían más de indígenas que de europeas. “Primero aprendí a pintar que a caminar, y estando en la cuna recuerdo una figura de color negro y otra de color rojo que yo sabía identificar sin saber hablar todavía. A los tres años hice mi primer dibujo con un alfiler en el bajante de hojalata de la canaleta de aguas lluvias que venía del techo del hospicio donde me crié”. Entonces nos contó que Francisco de Paula Vásquez, su padre, era un aserrador de anchos hombros y fuertes brazos que engendró a Abdón, el hermano mayor que se hizo agente del Resguardo de Rentas; a Margarita, que estuvo siempre pendiente de su madre; y a Ramón, el menor, que terminó siendo sostén de la familia porque su padre no pudo con el mal genio y la fortaleza de doña Ana que un día en que él tomó un zurriago con intenciones de pegarle se vio lanzado al piso con un ojo amoratado de un bofetón. “Desde entonces fue mi madre la que mandó en la casa, hasta que mi padre se enroló en la guerra con el Perú para escapar de su autoridad. En Leticia estuvo muchos años y consiguió dinero, pero ya no volvió a la casa”. 

Ramón se hizo pintor, con un estilo muy propio, y el estilo de pintar figuras delgadas y alargadas reconoce que le viene “de los cuentos de espantos que contaba mi madre y hablaban de la Patasola como de una sombra delgada, alargada, estilizada. Yo empecé a pintar las palabras de mi madre”.

Otras personas han venido a ser como parte de su familia. El que fue su fiel escudero por muchos años, Pedro “Tolúa” Flórez, ya no está con él. Fue su marquetero, su asistente, su confidente y amigo, y su modelo para el personaje de Mefistófeles “Porque era igualito al diablo. Pero ya está cansado y enfermo. Cada vez le quedaba más difícil desplazarse hasta aquí”. De sus alumnos, maestro, ¿Cuáles han sido los más destacados?, le preguntamos. “Hay uno que se asomaba a mi ventana siendo un niño, y permanecía por muchas horas viéndome trabajar hasta la media noche. No parecía sentir hambre, y yo le sacaba refrigerios y lo hacía entrar para resguardarlo del frío y de la lluvia. Le pregunté si quería aprender a pintar y, con mucha timidez, me respondió que sí. Lo adopté como ayudante y le enseñé las técnicas básicas del oficio. Es destacado. Me ayuda a adelantar los cuadros y a llenarlos de color bajo mi dirección. Su trabajo es impecable”. Saúl Restrepo Cartagena es, pues, un alumno destacado “y es como un hijo”. Pero hay pintores por ahí pintando cuadros como si fueran suyos, maestro, y hasta firmándolos con el Vásquez. “Son falsificaciones. Pero no importa. Un falsificador es un buen pintor que renunció a desarrollar estilo propio y le hace homenaje a uno con su trabajo”.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
--------------------------------------------------------

RAMÓN VÁSQUEZ
Biografía mínima en tres partes

III Ramón Vásquez, una vida dedicada a la pintura

El abandono del padre del pintor Ramón Vásquez obligó a doña Ana a venirse desplazada del campo a la ciudad con los dos hijos mayores y él, que era el menor, casi de brazos. Buscaron acogida en un hospicio del barrio Los Ángeles, por La Mansión, en el sector del barrio Villa Hermosa. “Allí me crié con otros niños, entre ellos mi entrañable amigo el también pintor Francisco Madrid Quiroz, cuya madre Imelda era maestra en la institución y era buena para dibujar. Ella fue la que nos dio las primeras clases de dibujo a Pacho y a mí”. Recuerda un eucalipto que había en medio del patio, el árbol más alto que hubiera visto, y a las monjas que enseñaban las primeras letras alrededor de ese árbol. Y recuerda a una monja que llegó de visita al hospicio y cargó a Pacho Madrid en su regazo. Era la Madre Laura, hoy elevada a los altares.

Estando en el hospicio recibieron ayuda de las damas de la caridad y la sociedad de San Vicente de Paúl, que les adjudicaron una de las casas de la fundación y ocupaban a su madre en oficios domésticos; y, por medio de la Sra. Paulina Posada de Escobar, obtuvo una beca para estudiar en el Instituto de Bellas Artes, según dice en el blog de Bligoo.com que alimentó con una corta biografía y algunos de sus cuadros; pero es evidente que lo suyo es más lo de pintar que lo de escribir. “Son incontables las casas donde vivimos”, dice, “porque cuando nos quitaron el apoyo fuimos de lado a lado movidos por los atrasos en los pagos del canon de arrendamiento”. Nos habló de la casa de Buenos Aires en la calle Colombia donde la Dra. Berta Zapata Casas, su vecina, fue una de las primeras mujeres de Colombia en hacerse abogada, de las primeras en ser magistrada, y la primera coleccionista de sus obras. “Fue la más grande. Empezó a comprarme cuadros cuando ella era apenas estudiante de origen pobre y yo prácticamente un desconocido. Dejó más de 200 obras mías al morir, que fueron adquiridas por el coleccionista Andrés Posada Londoño. Puedo asegurar que la Dra. Berta adquirió mis obras con las uñas y capándole a los almuerzos. La mayoría las adquirió a plazos, pagándome por cuotas”. Nos habló de la casa contigua al pasaje de inquilinatos de la carrera Botero Uribe entre calles de Bomboná y Martínez Pardo “donde usted, de niño, me conoció. Allí hice amistad con Darío Macías que fue de la Barra del Apagón y de cuya hermana estuve enamorado pero no me paró bolas”. Nos reconoció, entonces, que él no fue un hombre conquistador ni mujeriego. “Enamorado sí, pero era muy tímido”, nos dijo. “Fui fumador, pero fumador bobo”, y luego explicó que se ponía el cigarrillo entre los dedos para aparentar ser hombre de mundo, pero que no aspiraba el humo sino que lo dejaba un segundo en la boca antes de botarlo. “Hasta que me auto recriminé la bobada y lo dejé de una, sin más consideraciones”. Igual le pasó con el licor. “Tomaba cerveza, pero las resacas eran atroces. Entonces de un día para otro resolví no volver a tomar, y lo he cumplido”. Ser fumador no lo hizo literato, ni tomador de cerveza lo volvió tanguero. “Primero fui beethoveniano y mozartiano, para desespero de mi madre que clamaba porque yo aprendiera a oír lo que ella llamaba música civilizada, como decir tangos y boleros”. Y, le preguntamos, ¿Cómo aprendió a oírlos? “Un día me senté en un café, y descubrí que sabía cantar los tangos que sonaban en el traganíquel. Si uno se sabe alguna cosa, es porque le gusta”. O sea, maestro, que ¿Usted canta? “Canto con voz de tarro y la música suena horriblemente desafinada, pero lo que cuenta no es cómo se oye sino uno como la siente”. Se casó con doña Norfa García, la madre de sus tres hijos, “una mujer que tiene el don de la clarividencia y de la premonición”. Así supimos que él no habría podido conseguirse otra mujer porque doña Norfa de inmediato lo hubiera adivinado, y que ella soñó la muerte de su padre, hecho que ocurriría poco después dejando al maestro huérfano de suegro; y también soñó “con la muerte de mi hermano Abdón. Me despertó de madrugada para decirme que lo habían matado, y horas después nos llegó la noticia con detalles que ella vio en el sueño”. Entonces nos confesó el maestro que uno de sus temas de interés es el espiritismo, y que “a mí me han pasado cosas muy raras”. El caso del pintor Bernardo Hoyos, su amigo entrañable que fue su vecino en el barrio Buenos Aires, es una de ellas. “Nos conocimos en el Instituto de Bellas Artes, siendo niños de 9 o 10 años, y se hizo admirador de mi obra. Estando con él vendí mi primer cuadro. Caminábamos juntos hasta la casa, y compartíamos los fiambres que le preparaba su madre. Vivió en Estados Unidos, y consiguió dinero con la pintura. Solía llamarme desde la acera con un cantadito de Dooon Monraaaa y un silbido característico que yo identificaba. Regresó a Colombia, y un día sonó el teléfono como a las 11 de la noche. Era él con su silbido y su cantadito saludándome y pidiéndome que fuera a su casa. Lo hice, para enterarme de que había muerto de infarto hacía dos meses, y que en los últimos momentos reclamaba mi presencia. Dos meses después de su muerte recibí esa llamada telefónica desde el más allá, y así se despidió”. 





La primera casa que adquirió con sus recursos, primera que fue de su propiedad, estaba situada en el barrio Calazans, “pero me aburrí porque la calle se volvió de tráfico pesado contaminándome con el ruido de los motores y el humo de la gasolina. La vendí a un abogado, notario de Medellín”. En esa casa el maestro Ramón había pintado murales en las paredes. “Era una galería de arte. En todos los cuartos había una exposición”. Los nuevos dueños lo primero que hicieron fue mandar a estucar las paredes y mandaron a un pintor de brocha gorda a repintarlas con un color que hiciera juego con los muebles, con lo que las obras de arte desaparecieron. “Es que no todos aprecian lo de uno”, nos dijo el maestro con un dejo de nostalgia. Su obra se encuentra esparcida en la Congregación Mariana, en la Cuarta Brigada, en el Sena, en muchos otros lugares. “Y en el Centro Comercial Ave Marías, de Sabaneta, en cuya cercanía tengo un apartamento”. Allí vive su hija Anita, que todos los días hace el viaje entre Sabaneta y la casa del maestro en El Retiro para llevarlo a su taller; y luego en las tardes de regreso. Por un tiempo tuvo su taller en ese centro comercial, entre la plazoleta de comidas y el teatro al aire libre, acogido por el grupo de la Constructora Monarca que promocionaba la venta de apartamentos en sus construcciones. Allí se llegaba por el acceso occidental hasta el sexto piso en ascensor, o por el acceso oriental que venía a quedar a nivel de primer piso en esa construcción recostada a la ladera montañosa. Los pisos tienen murales del maestro y pinturas, y en la plazoleta hay esculturas suyas. Habiendo vivido en tantas casas, y trabajado en tantos talleres, difícil sería en su caso señalar una edificación que pudiera denominarse casa museo, para acoger una muestra representativa de su obra. 

¿Sus hijos y nietos le han heredado el talento para la pintura?, le preguntamos. “Todos. Byron es buen pintor y escultor. Anita es odontóloga, pero pinta y vendió todos los cuadros de la exposición que hizo en los Estados Unidos. Gloria da clases de buceo y también pinta. Mis nietos Ricardo y Santiago, el que ahora me acompaña, también lo hacen”. Me mostré entusiasmado con la noticia. No así Anita y Santiago, que poco después reconocieron tener habilidad pero no amor por el arte. “Es que es muy difícil medrar a la sombra del abuelo. La gente quiere comprar sus obras, y dejan de lado las nuestras”. Le preguntamos: “Maestro Ramón, ¿y cuál es el secreto de su pintura?”. No dudó en la respuesta: “La pasión. Desde chiquito me gusta pintar, sólo por el gusto de hacerlo. Si algo se vende, es cosa que viene por añadidura”. 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
--------------------------------------------------------