jueves, 25 de septiembre de 2014

81. Ricardo Ostuni y Luciano Londoño, dos tangueros de ley

Cuando se inició mi amistad con el Dr. Luciano Londoño López, yo sólo sabía que me gustaba el tango, y que el máximo cantor de tango de todos los tiempos era el Zorzal Carlos Gardel. Por entonces me enteré de que había dos corrientes que se disputaban la verdad sobre el nacimiento de Gardel: la de los que creían que él había nacido en Tolousse (Francia), y la de los que creían que él había nacido en Tacuarembó (Uruguay). El problema eran los fanáticos de una y otra teoría porque, para sí, ellos no “creían” saber, sino que “sabían” con absoluta certeza; y la verdad absoluta no es fácil de dilucidar, como bien lo entendió el Santo Papa hace unos años, cuando reivindicó la teoría de la Tierra redonda expuesta por Galileo Galilei, que había sido estigmatizada en la Edad Media por los inquisidores del momento. Traigo este ejemplo a cuento, porque por más poderosos e infalibles que se crean los defensores de tal o cual teoría, bien que pueden estar equivocados.


Estaba, pues, esa discusión gardeliana dada en toda su virulencia; y don Ricardo Ostuni, junto con el Dr. Luciano Londoño y varios más (doña Martina Iñíguez, el Dr. Nelson Sica Dell´Isola, el Sr. Nelson Bayardo, entre otros) defendían la tesis tacuarembista; mientras que don Juan Carlos Esteban hacía las veces de consueta o ventrílocuo de un señor cuyo nombre no recuerdo ni tengo deseos de averiguar, que oficiaba como vocero oficial de la tesis toloussista. Para ese momento yo era francesista, pero mis conversaciones con el Dr. Luciano Londoño me volvieron tacuarembista por la claridad y contundencia de sus argumentos. Don Ricardo Ostuni había sido vicepresidente de la Academia Porteña del Lunfardo, acompañando la presidencia de don José Gobello, y estando en esas se anunció su venida a Medellín. Fui al hotel donde se hospedaba con su esposa en El Poblado para hacerle una entrevista, la que quiero poner en mi blog porque he estado recordando a esos amigos en este momento en que ellos, Don Ricardo y el Dr. Luciano, han fallecido; y también lo han hecho don José Gobello y don Juan Carlos Esteban. Para honrar pues la memoria de mis amigos Ostuni y Londoño, fallecidos con pocos días de diferencia en el año de 2013, traigo al blog esta entrevista; debiendo entenderse en el contexto en que fue realizada el 27 de junio de 2011.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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(Imagen tomada de Internet)


LUCIANO LONDOÑO Y RICARDO OSTUNI, 
TANGÓFILOS RECONOCIDOS

ORLANDO RAMÍREZ CASAS 
Medellín, 27 de junio de 2011

Yo supongo, y no paso de suponer, no más; que cuando vino a Medellín Su Santidad, el Papa Juan Pablo II; el escritor Fernando Vallejo y otros por el estilo exclamaron “¡Valiente gracia la bulla que le hacen a ese sujeto que no pasa de ser un travesti con sotana!”. Ustedes ya saben las agrieras que los asuntos de “La Puta de Babilonia” le producen a Fernando Vallejo. En gracia del pluralismo yo, que soy católico, diré que tal atrabilismo es “respetable”. 


Igual sucedió cuando la visita del argentino don Ricardo Ostuni para los actos académicos del Festival Internacional de Tango de Medellín 2011, a los que vino invitado por la Asociación Gardeliana de Colombia y la Academia Colombiana del Tango. Me preocupé por hacerle bulla entre mis contactos, y por hablar de él con mucho respeto y admiración. Quería que los que no lo conocen recibieran de parte mía una impresión muy favorable sobre él, y de ella se contagiaran. No en vano son él y don José Gobello gurúes de esa especie de vaticano tanguero que es la Academia Porteña del Lunfardo en Buenos Aires, Argentina; a la que pertenece como miembro correspondiente el abogado Luciano Londoño López de Medellín,  “el único colombiano que conozco como miembro correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo pero que, además, ha contribuido con muchísimos artículos profundos, eruditos, informativos; a enriquecer todo el acervo que nosotros tenemos en la Academia, me dijo don Ricardo en la entrevista que me concedió en el Hotel Plaza Rosa de El Poblado en la mañana del lunes 27 de junio de 2011, cuando se disponía a dar una charla sobre “Ernesto Sábato y el tango”, en el auditorio del Parque Biblioteca de Belén. Don Ricardo Ostuni (1937) es un escritor, poeta, investigador, historiador y ensayista argentino, autor de muchos trabajos, que entre otros ha publicado los libros “Viaje al corazón del tango”, "Repatriación de Gardel”, y “Borges y el tango”. Suyo es el poema “Treinta versos para sentir el tango”, aquel que dice queEl tango es tan antiguo como el hombre y nació con el primer dolor del alma… viene desde un tiempo inmemorial de música y palabras. Tiene don Ricardo un blog en la red donde publica sus comentarios sobre el tema que lo apasiona:

baireshistoria.blogspot.com

Sé, don Ricardo, que usted admira grandemente al Dr. Luciano Londoño López, y que su admiración solamente es superada por la que él siente por usted. Así me lo ha dicho él, y así acaba de reconocérmelo usted, le dije. 

Luciano es un hombre tan singular que yo podría decir que me sobran dedos de la mano para contar las personas que son de su estirpe cultural. Voy a nombrar a Hipólito “El tuco” Paz de Buenos Aires, por ejemplo; es decir, la gente que realmente tiene Cultura, pero Cultura con C mayúscula. Uno con Luciano puede hablar de tango, puede hablar de jazz, puede hablar de bolero, puede hablar de Historia, puede hablar de Filosofía, puede hablar de cine. Con Luciano tenemos por email conversaciones en que hablamos de cine, pero no solamente hablamos comentando la película sino que nos metemos en las profundidades del estilo del director, etc. Es un ser único. Yo creo, dificulto, que no sólo aquí en Medellín sea poco habitual encontrar una personalidad tan rica, tan completa, y tan versada, y además con la facilidad que tiene él para escribir y para hablar”.

Me hubiera gustado, don Ricardo, oírlos a usted y a Luciano en un conversatorio sobre tango… 

Para mí hubiera sido un honor tener a Luciano al lado y enriquecernos mutuamente con sus opiniones, a lo mejor no coincidentes con las mías o las mías no coincidentes con las de él, pero entre dos personas que más o menos manejamos el tema y tenemos un vasto bagaje cultural podemos llegar a hacerlo interesante para el oyente y permitir al espectador que pueda sacar conclusiones por sí solo”. 

Me han dicho que en algún momento pensaron en él para que le hiciera compañía a usted en una de las mesas, pero que tal vez él tenía inconvenientes para aceptar, don Ricardo. 

Luciano no es fácil, usted lo sabe mejor que yo, es un hombre difícil; con muchos principios que hace muy bien en cumplirlos, pero que a veces le impiden, por su propia decisión, participar de algunos eventos que yo creo jerarquizarían enormemente cualquier acontecimiento donde él se presentase”. 

Estamos de acuerdo, don Ricardo. Yo me imagino lo que deben ser esas conversaciones entre ustedes, conversaciones que no deben tener nada de banales y seguramente se enriquecen con los aportes de cada quien. ¿Cuánto hace que ustedes son amigos?  

Yo a Luciano lo conocía de nombre porque en Argentina toda la gente que está vinculada a la cultura, al tango, a la investigación, y cuestiones de ese tipo, saben quién es Luciano Londoño López. Por el año de 1994 yo publiqué el libro “Repatriación de Gardel” y ambos colaborábamos en una revista denominada “Club de tango” que editaba nuestro común amigo, ya fallecido, a quien llevo en mi memoria y en el corazón, Oscar B. Himschoot. Allí me enteré de que Luciano había recibido mi libro y había hecho una crítica muy elogiosa que fue publicada primero en la revista Tango Repórter que publica Carlos Groppa en Los Ángeles (USA); y luego, cuando mandó una copia a Buenos Aires, yo le escribí para agradecerle. Allí fue nuestro primer contacto y él me proporcionó datos sobre Gardel para insertar en la segunda edición del libro, porque la primera se agotó rápidamente”. 

Si en asuntos de amistad pudiera hablarse, tal como se habla en asuntos de amor; yo diría, don Ricardo, que lo de ustedes fue una “amistad a primera vista”. 

Desde hace unos 20 años tenemos una amistad en que a veces hablamos de tango, otras veces hablamos de política. En días pasados tuvimos una larga intercomunicación estudiando el problema que pasan muchos países europeos con el asunto de la crisis en países como Grecia o como España, y su imposibilidad de devaluar porque el euro es moneda internacional. Luciano es un analista económico político de primera categoría. En otros momentos hablamos del cineasta Ingmar Bergman. En otros recordamos la muerte de Peter Falk, el actor inglés que hizo el papel de Columbo. Y así con Luciano… bueno, nosotros dos podemos hablar de tango, pero no para comentar qué bien canta fulano sino para meternos en la profundidad de la letra, o de la interpretación, o del arreglo… Es él de las pocas personas con las que puedo tocar un repertorio o abanico amplio de temas que es lo que justamente para mí es la esencia de la cultura, que no es acumular conocimiento sino saberlo comunicar, y eso es en lo que Luciano es un ser sin par”.

Podríamos entonces, don Ricardo, hablar de un tema que los ha unido a ustedes, y es el que tiene qué ver con el lugar de nacimiento de Carlos Gardel…

Ese, bueno, ya es otro tema; y hablar de él puede dar hasta para escribir un libro, amigo Orlando”.

La vida ha puesto a estos dos hombres hambrientos de buena conversación en el camino y, gracias a la tecnología, la circunstancia de que el uno viva en Argentina y el otro en Colombia no ha sido óbice para que puedan enriquecerse con los aportes de su mutua amistad; y enriquecernos, de paso, a los que somos sus amigos y nos enteramos de los estudios que ellos realizan. No tendría sentido que esos conocimientos quedaran encerrados dentro de las limitadas paredes de un claustro conventual, como sucedía en épocas medievales.

RICARDO OSTUNI Y LUCIANO LONDOÑO,
DE TOULOUSE A TACUAREMBÓ 

El abogado y tangófilo colombiano Luciano Londoño López (Medellín, 1951) escribió el prólogo de mi libro “Buenos Aires, portón de Medellín”, y en él recoge la frase de André Gide: “Todas las cosas ya fueron dichas pero, como nadie escucha, es preciso comenzar de nuevo…”. Nada nuevo en esta entrevista que le hice al tangófilo argentino don Ricardo Ostuni (Buenos Aires, 1.937) encontrarán los lectores, que no haya sido dicho ya innumerables veces por parte de Luciano en cuanto medio de comunicación haya tenido la oportunidad de decirlo. Otra frase es recogida en el prólogo de mi libro: “Por ello su autor, con la mayor honestidad, ha hecho suyo el pensamiento de Arturo Jaureche: `Diré ahora que incurro en transcripciones a menudo extensas. Lo hago por humildad, porque me parece que si otro lo ha dicho mejor que yo, mejor es reproducirlo que parasitarlo´…”. Siguiendo esa pauta, copiaré la introducción de la entrevista que Víctor Bustamante Cañas le hizo a Luciano Londoño en Envigado el 10 de febrero de 2009:

Luciano Londoño López es académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo y de la Academia Nacional del Tango (ambas de Buenos Aires, Argentina), y asociado correspondiente de la Academia de Tango de la República Oriental del Uruguay. En su labor como difusor del tango ha dictado numerosas charlas en universidades y centros culturales. Sus investigaciones y entrevistas han sido publicadas en periódicos y revistas de Colombia, Venezuela, Puerto Rico, España, Estados Unidos, México, Argentina, Uruguay y Australia. Hasta la fecha, sus trabajos han sido incluidos o citados en veintisiete libros de autores de diversos países americanos. En palabras de José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo en Buenos Aires (Argentina), “Luciano Londoño es el principal referente del tango en Colombia”. El investigador uruguayo Nelson Bayardo, por su parte, le dedicó el libro “Carlos Gardel a la luz de la Historia” con estas palabras: “En expreso reconocimiento a una trayectoria que lo ubica en el máximo nivel de expertos en música popular de las Américas”. Su vida y obra fueron exaltadas por el Municipio de Medellín, mediante Decreto 0898 de junio 20 de 2008, en el cual se destacó que él es un reconocido experto en la canción ciudadana y que un hijo de sus calidades humanas y profesionales constituye un orgullo para la ciudad. El periodista Reinaldo Spitaletta dijo que Luciano Londoño es un amante de la “Teoría de los indicios”, propuesta por el historiador italiano Carlo Ginzburg. Y agregó que es dueño de prodigiosa memoria y además “lector de literatura e historia, que sabe de las viejas guardias, de la guardia nueva, de Astor Piazzolla, de Aníbal Troilo, de historia argentina (...) Conoce de grabaciones y versiones, discografías, fechas clave. Y, siguiendo los lineamientos de José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, ha retirado a Gardel del anecdotario y lo ha puesto en la historia”. Agrega Spitaletta que Luciano “ha leído con fruición y apasionamiento a Roberto Arlt, Osvaldo Soriano, Mempo Giardinelli, Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Silvina Bullrich, Olga Orozco y un sin fin de escritores y poetas argentinos”.

Nada tengo que agregar a esta presentación que del tanguero Luciano Londoño López hace Víctor Bustamante, aparte de que a él puede aplicarse la definición de don Rodrigo Pareja sobre lo que es un tanguero de ley: “alguien que escucha un disco y sabe cuál es su título, quién lo canta, cuáles son su autor y compositor, qué orquesta lo acompaña, lo sabe todo”. De Luciano venía hablando yo con el tanguero argentino, también de ley, don Ricardo Ostuni; y hacíamos referencia en nuestra conversación al hecho de que su amistad con Luciano comenzó cuando don Ricardo expuso en su libro “Repatriación de Gardel” la tesis uruguayista sobre el origen del cantante, y Londoño escribió una nota identificándose con sus planteamientos, que fue publicada por don Oscar B. Himschoot en su revista “Club de tango”. Para los nuevos lectores debo aclarar que hay dos hipótesis sobre el nacimiento de Gardel. La una afirma que él nació en Toulouse, Francia; la otra afirma que nació en Tacuarembó, Uruguay. Los partidarios de una y otra, con sus respectivos argumentos, se encuentran en posiciones irreconciliables. El asunto se dilucidaría con una prueba que en la década prima del siglo XXI es bastante sencilla de hacer, pero costosa. Esto ha dicho don Ricardo en la entrevista que me concedió.

Es posible, don Ricardo, le dije; que uno de los dos hubiera llegado primero a la tesis uruguayista sobre el nacimiento de Carlos Gardel, y hubiera influido en el otro acerca de esa tesis, ¿Cómo se dieron las cosas entre usted y el Dr. Luciano Londoño?

Yo no conocía los planteamientos de Luciano cuando publiqué la primera edición de mi libro “Repatriación de Gardel” y él escribió el comentario que le mandó a Oscar Himschoot sobre el accidente de Gardel, sobre las canciones colombianas que Gardel cantó, en fin. Yo le quiero decir, Orlando, que no soy caprichosamente un defensor de la teoría uruguaya, ni soy cerril para abrir la mente. Si alguien viene con argumentos, me puede convencer de que estoy equivocado porque toda investigación tiene que partir de un forzoso principio inamovible: El investigador tiene el derecho de interpretar los hechos como quiera, como él crea que los debe interpretar. Lo único que le está vedado es tergiversar esos hechos; y esto es lo que me ocurre a veces con una gente que desarrolla la teoría francesa y parten del desarrollo de un sofisma porque si es falsa la premisa, es falsa la conclusión. Esto lo hemos hablado con Luciano. Es cierto que Gardel dejó un testamento donde dijo que era francés, supuestamente, y hubo un reconocimiento de la justicia argentina diciendo que ese testamento era válido; pero, veinte años antes, Gardel había sacado la ciudadanía argentina diciendo con otro documento que era uruguayo, y la justicia argentina también dijo que era válido; entonces aquí lo que hubo fue un error garrafal de contradicción de la justicia argentina. La justicia argentina, cuando se presenta la testamentaria de Gardel, debió tener en cuenta que en 1923 había dicho que Gardel era uruguayo, al aceptarlo para lo de la ciudadanía. Entonces se quieren desconocer la validez del documento de la ciudadanía; los contratos que Gardel firmó diciendo que era uruguayo; las declaraciones que hizo a la prensa diciendo que era criollo, uruguayo, rioplatense; hay una cantidad de elementos que deben ser conectados unos con otros, no ser cerrados y abrirse a otras posibilidades; y esto es lo que yo no he conseguido de mis amigos contradictores, a quienes considero mis amigos y no los trato con el encono con que a veces ellos suelen tratarnos. Yo les pido que nos colaboremos mutuamente. A lo mejor alguno me suministra un antecedente que yo no hubiera tenido en cuenta, o viceversa. Pero no, no se puede con ellos trabajar conjuntamente porque se han aferrado a una verdad que es para ellos como verdad de la Biblia; y ya sabemos que la Biblia, lo dijo el Papa, está escrita con metáforas y no se puede tomar al pie de la letra. Uno, cuando investiga, tiene que tener la mente abierta y dejar el corazón de lado. En un párrafo de mi libro digo que yo muchas veces he llegado a conclusiones a las que hubiera deseado no llegar y hubiera querido que las circunstancias me dijeran otra cosa, pero si yo quiero ser historiador tengo que ser respetuoso de la verdad que encuentro o elaboro con los elementos que tengo, y no puedo forzar a la verdad a que coincida con lo que yo quisiera. 

Los hombres públicos giran alrededor de un mito, y muchos se dedican a desmitificarlos, don Ricardo.

La discusión sobre el origen de Gardel se da como con lo que en mi país, por lo menos, llamamos el “revisionismo histórico”. Empiezan a querer hurgar en la Historia y a querer bajar del pedestal a los grandes próceres. No se puede juzgar la actitud de un prócer como Bolívar, Santander, o San Martín, hace doscientos años; con la mentalidad y la ética de nuestros días. Si les aplicamos a ellos las valoraciones éticas de hoy, seguramente les vamos a encontrar muchos defectos. No nos olvidemos que cuando ellos salían a campaña la vida no tenía el valor que tiene en nuestro tiempo; entonces, si uno se sale del contexto, las conclusiones a las que llega son conclusiones absolutamente falsas.

Bueno, don Ricardo, pero retomando a Gardel yo tengo claridad en que los derechos de autor y las regalías de las canciones que compuso y de las que interpretó para este momento ya han caducado y no hay, además, grandes bienes de fortuna que estén en discusión, bienes que motiven a los herederos a disputar su posesión; entonces, ¿Por qué no ha sido posible que autoricen la prueba de ADN a los restos de Carlos Gardel, a los de doña Berta Gardés, y a los del coronel Carlos Escayola; para afirmar o desvirtuar la posibilidad de que alguno de estos no hubiera tenido paternidad biológica sobre el cantor?

Los derechos de las canciones ya han caducado y no sé si los de las películas que filmó ya lo hayan hecho o estén a punto de hacerlo. El caso es que en este momento, para empezar, no hay herederos que tengan derecho de posesión sobre los restos físicos de Carlos Gardel, y así lo han aceptado contradictores como mi amigo el Sr. Juan Carlos Esteban; entonces se requiere que el Estado, a través de una entidad como la Secretaría de Cultura, o el Museo de Historia Nacional, intervenga. Porque alguien tiene que disponer la autorización para que abran la tumba de Gardel y exhumen el cadáver, tiene que haber alguien que autorice a hacer ese estudio tanto en Argentina como en Uruguay. Incluso en Francia, que nunca mostró ningún interés oficial por Gardel. Lo que se ha hecho allá ha sido obra de argentinos. A usted no se le escapa lo que cuesta ese estudio. Miles de dólares. ¿Quién los va a pagar?  Entonces, si el Estado no asume ese estudio, el problema es de financiación.

Hay quién dice que la familia de Escayola se opone a que se practiquen esas pruebas.

Yo no he escuchado nunca tal cosa, ni sabía eso. He conversado mucho con uruguayos sobre ese tema; incluido el Dr. Nelson Sica Dell´Isola, que es el presidente de la Academia de Tango en Uruguay, otro hombre exquisito, de una gran cultura y sabiduría; y ellos me dicen que están dispuestos a hacerlo pero la dificultad sigue siendo la misma: falta de dinero para financiar las costosas pruebas. Puede ser que los descendientes de Escayola den su autorización y que las autoridades argentinas den los permisos de exhumación pero ¿Quién paga eso, cuántos miles de dólares vale? ¿Quién pagará los honorarios de los forenses, patólogos, investigadores de todo tipo que se requieren? Ahí está el embrollo. Coincido con el alcance de su pregunta. Es la única forma de terminar con esta discusión. Tendría que haber la voluntad política de hacerlo, tal como se ha hecho recientemente con unas momias, o se ha hecho con los restos de Colón. Eso lo pagó el Estado. Si los estados argentino y uruguayo quisieran intervenir en este asunto, la discusión se termina en un año.

Gracias por esos conceptos, don Ricardo, que me reafirman en la teoría uruguayista a la que yo me había cambiado, puesto que empecé siendo francesista pero cambié de opinión por los sólidos argumentos que me expuso el Dr. Luciano Londoño.

Yo también era francesista hasta que me adentré en las investigaciones para mi libro. Entonces me encontré con la circunstancia de que Gardel, que no era cantor de tangos sino cantor criollo, de canciones criollas, dio el paso de cantor nativo a cantar tangos. Cuando empecé a buscar documentación encontré que había cosas incompatibles; incongruencias en que sobre algunas cosas Gardel, en algún momento, decía blanco; y luego, sobre las mismas cosas, decía negro. Por ejemplo, en algún momento Gardel aparece integrando la claque (personas aleccionadas y pagadas para vivar y aplaudir a un artista) de Luis “Patasanta” Ghiglione, el que inventó tal cosa en Buenos Aires. Yo me encuentro con que Ghiglione dejó de tener claque en 1895; entonces, ¿a qué edad integraba Gardel la claque de ese artista? Para esa fecha Gardel era un niño. ¿Qué sentido tiene que los armadores del mito francesista lo anoten como estudiante de un colegio donde en la matrícula dice “nacionalidad no se sabe”. O un acta escolar donde Gardel tiene 10 absoluto en todas las materias y simultáneamente aparece en otra acta como detenido en la Comisaría Prudencio Varela? No tiene sentido: o usted es un gran alumno, o anda por ahí de vago atorranteando. De esas cosas encontré cantidades. A raíz de esas inconsistencias dejé de lado el trabajo que había iniciado y me entregué durante cinco años y pico a profundizar en estas dudas. Ana, mi mujer, aquí a mi lado, es testigo de cuántos interrogantes me asaltaban y cuántas dudas tenía que resolver en mi investigación porque ¿Con quién más iba yo a comentar esas cosas sino con ella, la que me ha acompañado?  Traté de unir datos del modo más lógico y coherente posible, para poder armar una historia cronológica que fuera más o menos digerible; y cuando uno arma esa historia, la única manera que tiene de que tenga sentido es con la premisa de que Gardel hubiera nacido en Uruguay o en el Río de la Plata… y además está lo de sus declaraciones. En algún momento confiesa a un periodista, refiriéndose a que todo lo que había ganado hasta ese momento lo había gastado porque “a uno que lleva sangre criolla en las venas no lo asusta el porvenir”. Eso lo dice alguien que se considera criollo hasta la médula. Él tenía genes criollos por algún lado. No sé si por la madre, no sé si por el padre, por algún lado; y en algún momento, en que se especulaba sobre su lugar de nacimiento, él concluye tajantemente “Terminemos. Nací en Tacuarembó”. En mi investigación, y en mi intento por despejar las dudas, yo he llegado a la conclusión de que toda investigación histórica es provisoria, es provisional. ¿Cómo alguien puede decir rotundamente que esta es la verdad inamovible? Lo es, mientras no aparezcan nuevos datos, nuevos indicios, que conduzcan hacia otros caminos.

Yo aspiro, don Ricardo, a que la verdad sobre Gardel no se conozca porque entonces ¿De qué vamos a conversar?

Estoy de acuerdo con usted. El día en que se sepa la verdad sobre Gardel, se acabó el tema.


sábado, 20 de septiembre de 2014

80. Orlando Montenegro Rolón, de Melómanos Documentos, un hombre atrapado por la música

Sentado en una mesa de terraza del 2º piso en la plazuela, esperaba a mi tocayo Orlando Enrique Montenegro Rolón, que con su bandeja de desayuno recorría las ofertas de buffet de la cafetería del Hotel Nutibara de Medellín. Lo vi acercarse con las manos ocupadas y los ojos encharcados. Puso la bandeja en la mesa, y rompió en llanto; mientras yo le acercaba unas servilletas, sin saber qué le ocurría. “Recuerdo, Tocayo”, me dijo después de un largo suspiro, cuando pudo articular palabra, “que aquí nos conocimos tú y yo por intermedio de los doctores Héctor Ramírez Bedoya y Luciano Londoño López, cuando vine a Medellín para escuchar y entrevistar a don Ricardo Ostuni. ¡Cómo me duele la pérdida de tan queridos amigos!”. Lo recuerdo. Ya fallecieron, los tres. Orlando y yo nos conocíamos por la red de Internet, pero fue entonces la primera vez que nos vimos cara a cara, y hemos repetido encuentros un par de veces en que él ha venido a Medellín, y un par de veces en que yo he estado en Cali. Sabía de la leal amistad, sin condiciones, que mi Tocayo Montenegro les profesaba, pero allí se me descubrió la faceta suya de hombre romántico y sentimental, de los que los viejos llaman “de lágrima fácil”. En eso coincidimos. Orlando, fiel a su afecto y admiración por los tres personajes, lleva varios números de la revista Melómanos Documentos publicados con textos en homenaje a su memoria, que culminarán en el próximo número, y tiene suficiente material inédito para incluir en futuras publicaciones.

Orlando Ramírez Casas y 
Orlando Montenegro Rolón
en el Salón Versalles

Orlando acaba de cumplir 60 años. Nació el 21 de junio de 1954 en el sur de Barranquilla. “En la llamada calle de las vacas del barrio San Roque, Tocayo”, barrio que queda cercano al barrio Rebolo en un antiguo sector de Barranquilla. “La Calle de Las Vacas es la misma calle 30, que ahora llaman Avenida Boyacá”. El vecino barrio de Rebolo, famoso por un arroyo seco en el verano, que en el invierno gusta de castigar la insolencia de quienes se atreven a ponerse en su camino confiados en que una volqueta cargada con piedras tiene el peso suficiente para detenerlo. El arroyo, menospreciando su osadía, arrastra hasta las piedras y muchas veces solamente logran ser rescatados los cadáveres. Recibe su nombre de unos sembrados de ciruela rebolera (Prunus domesticae) que había en el sector en tiempos de bárbaras naciones. “De mí también puede decirse”, dice Orlando, “que fui arrullado por músicas caribes de la cuna picotera” en ese populoso sector que fue caliente por los violentos que en algún tiempo lo convirtieron en un barrio peligroso. De adolescente, Orlando fue picotero (disc jockey programador de la música que sonaba en los picós o pick ups de la zona), y de allí le viene la afición por la música del Mar Caribe. Vivió un tiempo en Medellín porque quería estudiar Medicina en la Universidad de Antioquia. “Pero el bolsillo de mi padre no dio para tanto”. Regresó, entonces, a trabajar en Barranquilla por un tiempo y le resultó trabajo en la empresa Bavaria palanqueado por un político, su amigo y profesor, “pero me exigieron que tenía que cortarme la melena rockera que me llegaba al hombro; y esa era cosa que yo no estaba dispuesto a hacer, no porque me aferrara a la melena, sino por defender mi libre albedrío”. Por el buen rendimiento en los estudios, terminó estudiando becado en Barranquilla la carrera de Administración de Empresas e Investigación de Mercados, lo que lo capacitó para ingresar al Departamento Nacional de Estadística (DANE) en una sección encargada de analizar los comportamientos de la industria en el centro del país. “Sólo que Deissy García, una compañera de trabajo, se atravesó en mi camino y nos casamos”. El amor por su esposa lo llevó a vivir en Cali, y el aprecio de sus jefes le consiguió el traslado a esa ciudad con nombramiento de coordinador encargado de reforzar la sección de análisis de comportamientos industriales en la capital del departamento del Valle del Cauca. “No fue fácil para un barranquillero venido de Bogotá hacer tal cosa en las barbas de los vallunos que trabajaban en la empresa y tenían aspiraciones de recibir dicho encargo, pero logré sostenerme por un tiempo”. En Cali se hizo docente universitario por cerca de 20 años, y allí empezaron sus vínculos con la emisora de la Universidad del Valle, Univalle, donde es un hombre considerado muy de la casa. “Pero no fui docente allá, sino que por cerca de diez y nueve años he estado a cargo de programas de música en la emisora”. Con la música se inició en el periodismo en la gaceta “Caliscopio” del periódico Occidente, “pero me cansé de tener que rendir cuentas a los encargados de la redacción y explicar paso a paso los porqués de cada artículo que escribía”. Fue, entonces, cuando resolvió fundar su propia revista musical que bautizó con el nombre de “Melómanos Documentos”, revista que se acerca a las 70 ediciones con una periodicidad trimestral y edita, puede decirse, con las uñas; porque no tiene pautas publicitarias y su precio de venta al público a duras penas alcanza a cubrir los costos de producción. “Esa revista es, más que cualquiera otra cosa, Tocayo, una quijotada”. En esa quijotada es director, editor, jefe de redacción, redactor, diagramador, y empaquetador. Es un todero que no termina de publicar una edición cuando ya está pensando en el material que va a publicar en la próxima. Por culpa de ese que es más un hobby que una actividad que produzca dividendos, programó hace más de seis meses este viaje, cuando supo que en el gran salón del Centro de Convenciones Plaza Mayor de Medellín iban a presentarse la orquesta Aragón de Cuba y la Orquesta Broadway de Nueva York, grupos musicales que admira desde hace muchísimos años. Cuando a Montenegro se le menciona la Orquesta Broadway, se estremece y entona los temas “Isla del encanto” y “Arrepiéntete” que le salen del corazón y fluyen hasta su boca como si fueran golosinas. "Hay que oír, Tocayo, el brillo que le da la flauta a esa orquesta para que se le erice a uno la piel", dice Montenegro. 

"Isla del encanto", por la orquesta Broadway:

En 1978 la Broadway fue considerada la mejor orquesta de salsa de Nueva York. Su admiración por ellos llevó a Orlando a hacerse amigo, por teléfono y por Internet, de los mellizos Eddy y Rudy Zervidón, gemelos idénticos (que en la natal Güines de Cuba llaman “jimaguas”); de Kelvin, hermano de los mellizos; y del joven Iván, hijo de Eddy, que también hace parte de esa orquesta con formato de típica charanga francesa (con flautas y cuerdas). Este viaje le dio a Orlando la oportunidad de ver, por fin, las caras de sus admirados artistas y de compartir con ellos de tú a tú, como se dice. “Eddy y yo nos tratamos de tío y sobrino porque está casado con mi paisana la barranquillera Nancy García, que tiene el mismo apellido de mi esposa”. Estuvo en el concierto dado en Plaza Mayor, y el salón se encontraba colmado de asistentes hasta los topes por aficionados que pagaron con gusto los casi US$85 por persona ($165.000 en moneda colombiana) que valían las entradas. “Pero valió la pena, Tocayo, fue una presentación apoteósica”, sobre todo cuando el cantante Rosnny Baró, que por causa de la diabetes sufrió amputación de una de sus piernas y cantaba desde una silla, se levantó parado en su prótesis y se enfrentó al micrófono, sostenido por la emoción. “La gente aplaudía a reventar, Tocayo, aplaudía a rabiar”. Allí estuvo Montenegro acompañado por su amigo el valluno Henry Manyoma, que con Wilson (Saoko, de Fruko y sus Tesos) y Hermes (de la orquesta La Ley) pertenece a la trilogía salsera de los hermanos Manyoma. 

Orlando es hijo de Jaime Luis Montenegro Montenegro y de Elsa Matilde Rolón Barceló, y ya sabemos que el amor por la música le viene de ellos, de los abuelos paternos, José y Pola; y de los maternos, Pedro Antonio y Celina. Ellos lo nutrieron de música desde la cuna. “Yo escuchaba música desde el vientre de mi madre, porque en casa de mis padres se oía música todo el día; y en las calles también, por donde quiera que uno iba”. El abuelo, Pedro Antonio Rolón Comas, de ascendencia vasca española, casó con una mujer mezcla de ancestros indígenas y africanos. Tenía él una orquesta bautizada “La libertad”, que tocaba en los vapores que venían surcando el río Magdalena desde los tiempos del cólera, y había contratado a un muchacho guitarrista que hacía sus pinos en el toque de la trompeta bajo la batuta del maestro Rolón, quien le enseñó a emboquillar los labios para sacar mejor partido del instrumento. “Eran los comienzos de Pacho Galán, que llegó a ser un fenómeno de la música caribeña”. Con ancestros tan musicales, es natural que Orlando y sus seis hermanos (Jaime Luis, Omaira Cecilia, Elsa Matilde, José Antonio, Luis Alfredo, y Xiomara Esther) sientan que el gusto por la música corre por sus venas.

Montenegro Rolón se inició en el periodismo radial de la música popular en Radio Calima de la cadena Todelar de Cali; y después, por los días en que empezaba la emisora cultural de la Universidad del Valle, que transmite en los 105.3 FM, se vinculó a ésta con la producción de un programa que no era de música caribeña, como sería de pensarse, sino de tango. Naturalmente lo tituló “Tiempo de tango”. “Yo no sabía nada de tango, pero mi amigo Pablo Delvalle me invitó a hacer el programa y allí me vi obligado a aprender sobre la marcha”. El programa continúa, a cargo del profesor Ásbel Quintero Moncada, pero Orlando sigue haciendo “Bolero y algo más”, con Juan Gómez, Lombardo Gil y Nelson Royero; y junto a su amigo coleccionista Jaime Suárez Cuevas colabora cuando se le requiere con el programa “Audición Caribe” que producen Isidoro Corkidi y Pablo Delvalle. Al lado de la Asociación de Melómanos y Coleccionistas de Cali  ha apoyado a Gary Domínguez en la organización y participación de los festivales de la salsa durante la Feria de Cali. “El ser editor de Melómanos Documentos me llevó al I Festival Beny Moré en Cienfuegos, Cuba, donde conocí al Dr. Héctor Ramírez Bedoya que era el presidente de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, lo que me llevó a acompañar a esta asociación en los encuentros matancerómanos que realizan cada año por el mes de agosto. Allí he dado algunas charlas sobre música”. El Dr. Ramírez Bedoya lo llevó a la amistad del Dr. Luciano Londoño López, y éste a la amistad de don Ricardo Ostuni, los tres personajes, desaparecidos con pocos días de diferencia en el 2013, que tanto aportaron al conocimiento de la música popular en los géneros caribeños y rioplatenses. La música le ha dado amigos queridos entre los intérpretes (los Manyoma), compositores (Tite Curet Alonso), historiadores (Cristóbal Díaz Ayala, Sergio Santana, César Pagano, Jaime Rico Salazar, Rafael Bassi Labarrera, Pablo Delvalle, Alejandro Ulloa, Rafael Lam, Mireya Reyes Fanjul), coleccionistas (Isidoro Corkidi, Jaime Suárez Cuevas, Jaime Jaramillo Suárez, Ester Goeta), productores (Gary Domínguez), asociados (los miembros de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, los organizadores de los Festivales del Bolero en Cuba, los de la parte musical de la Feria de Cali), y en fin. La música poco a poco, sin pensarlo, se convirtió en su mundo.

Orlando”, le dijimos, insinuando una pregunta, “naciste en Barranquilla y viviste en Medellín y en Bogotá, pero tras cuarenta años de vivir en Cali puede decirse que morirás allá”. Él respondió; “Llevo ese tiempo casado y la vida me ha dado tres hijos. Elsa Matilde es una profesional que lleva muchos años vinculada a una multinacional y acaba de ser promovida a la ciudad de Nueva York donde labora en un departamento con cubrimiento en varias sucursales del continente americano. Diana Carolina es comunicadora social y se ha dedicado a hacer cine, en lo que ha sido galardonada por sus cortometrajes “Sin decir nada” y “Magnolia”, que le han dado muchas satisfacciones, y se encuentra trabajando en otros proyectos. Jaime Miguel, el menor, está culminando sus estudios profesionales de Diseño Gráfico y se prepara para iniciar su vida laboral. Me siento muy orgulloso de mis hijos. Soy feliz en mi hogar. Aspiro y tengo el propósito de que sea en Cali donde se cierren mis ojos”. Refleja en su cara la tranquila vida de hogar de que disfruta. “Y tu colección de música, tus documentos, la hemeroteca de los casi 70 números que has publicado de tu revista, ¿Qué destino tendrán?”, le preguntamos. “De mis hijos, quien ha estado más cerca acompañándome en la tarea ha sido Diana Carolina. Los tres son egresados de la Universidad del Valle. Yo llevo años vinculado a la emisora de la Universidad. Quizás algún día la institución encuentre la forma de albergar la colección que he venido formando en el transcurrir de una vida y que quizás pueda aportar a que muchos amplíen sus conocimientos en esta área de la cultura”. Ojalá este deseo no se quede en simple proyecto y obtenga feliz realización. Preguntamos: “¿Has publicado algún libro?”. Y él respondió: “Aún no, pero estoy trabajando en uno que se relaciona con la percusión desde sus raíces africanas y su llegada a América directamente con los esclavos, e indirectamente a través de Europa. He escrito unos 14 capítulos y espero culminar ese proyecto para adicionarlo a mi legado”.

Orlando Montenegro Rolón, un hombre que gusta de manejar lo que él mismo denomina “bajo perfil” mediático, es ya mucho lo que le ha aportado a ese legado que ha permitido enriquecer nuestros conocimientos en vida, hermano, en vida, como dice la filosófica reflexión del poeta Mario Benedetti.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
Medellín, septiembre 7 de 2014

Víctor Bustamante y Orlando Montenegro 
en el Salón Versalles de Medellín

Nota: Este texto también puede leerse en el blog Festitango de Medellín, de Víctor Bustamante, y ver el video de la entrevista registrado por su cámara:



miércoles, 10 de septiembre de 2014

79. Enrique Gallegos Arends, un trovador de antaño

Se conocieron en la universidad. Él, estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, era un fogoso líder estudiantil tirapiedra y armabochinches; ella, estudiante de arquitectura, era una atildada hija de un prestigioso educador que la cuidaba como a la flor más preciada de su jardín. Fue amor a primera vista. Para los padres de ella, que aspiraban a verla casada con algún colega suyo de comportamiento atildado, no podía ser peor la escogencia.

Pensaron ellos que usted se había equivocado –le dije a doña Nancy Custode de Gallegos Arends.

Yo tuve claro desde un principio que él era el hombre indicado, mis padres tardaron en comprenderlo.

Tuvieron que casarse a escondidas, y presentar en familia el hecho cumplido. Cincuenta y un años de matrimonio han transcurrido desde aquel año de 1963, para demostrar a los padres y al mundo que eran ellos los equivocados, y que su hija tenía la razón. En 1967 gobernaba el Ecuador una Junta Militar presidida por el Contralmirante Ramón Castro Jijón que había derrocado al presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, quien desde 1961 había reemplazado a José María Velasco Ibarra en la cuarta de las cinco presidencias en que éste gobernó el país. El país estaba a disgusto con la Junta que había dado golpe de Estado al orden constitucional.

Velasco Ibarra fue un hombre impoluto –dice el Dr. Enrique Gallegos Arends, nacido en el año de 1939–, pero sus ministros eran unos corruptos. Él no le quitaba un peso a nadie, pero ellos se embolsillaban todo lo que podían y por eso lo elegían y reelegían una y otra vez. Sin ellos y sus maquinarias, él no habría llegado; y si él no se hubiera hecho el de la vista gorda, ellos no habrían recuperado la ingente cantidad de dinero que se necesita para hacer una campaña presidencial.

Dr. Enrique Gallegos Arends

Gallegos lo sabe, porque fue candidato a la Alcaldía de Quito por el movimiento Quito Insurgente y Solidario que él dirigía. 

Candidato Gallegos Arends 
dibujado por Thalía Flores y Flores

Pero salí derrotado. Para ganar hay que contar con el favor de los políticos, y si hay algo que tengo claro es que nuestras masas no están preparadas para elegir bien a sus mandatarios –dice Gallegos Arends.

El disgusto contra la Junta Militar llevó a la oposición a hacer una campaña para derrocarlos, y Gallegos Arends, al frente del Comité Estudiantil del Instituto Mejía de Quito, y aglutinando a su alrededor otros comités de la ciudad, se unió a ella; por su parte, Jaime Roldós Aguilera hizo lo propio como líder de la Asociación Estudiantil del Colegio Rocafuerte de Guayaquil, que con el mismo propósito aglutinaba a su alrededor a otras asociaciones estudiantiles del puerto. Esa actividad selló la amistad de los dos jóvenes, que cumplieron su cometido y lograron restablecer el orden democrático en el gobierno.

Pero los políticos, que todo lo corrompen, se apropiaron de la acción y asumieron el poder, volviendo a las mismas con los mismos –dice Gallegos Arends.

Cuando Roldós Aguilera fue elegido presidente, en mandato que alcanzó a ejercer entre 1979 y 1981, nombró a su amigo Gallegos Arends como Ministro de Bienestar Social; pero fuerzas oscuras derribaron el avión en que viajaba el presidente, haciéndolo aparecer como un hecho accidental.

Jaime era un hombre incómodo para el imperialismo norteamericano. Tanto él como yo éramos izquierdistas convencidos –dice Gallegos.

Eso significa que usted ya no lo es –le preguntamos.

Sigo siendo filosóficamente marxista, pero he dejado de ser comunista. La versión leninista-estalinista del marxismo es irreal e impracticable, incompatible con la naturaleza humana, porque la propiedad privada es motor del desarrollo de la sociedad, así deba ser regulada por un Estado que procure equilibrar las naturales diferencias.

Eso explica por qué, siendo hombre de izquierda, ha sido opositor del izquierdista régimen del actual presidente Rafael Correa, y ha resultado ser su enemigo político.

Correa es un oportunista que siempre fue de derechas hasta que se subió al poder y encontró aliados en el izquierdismo, pero lo suyo no es de principios sino de oportunidad. Eso es otra cosa, y yo me he opuesto a él porque para mi mal, o para mi bien, yo he sido tildado de rebelde, combativo, polémico, contestatario, iconoclasta, conflictivo, confrontador, controversial, provocador, emocional, y de temperamento jodido. De todo me han dicho, porque no trago entero.

No traga entero y en el transcurrir de su vida ha librado muchas batallas encarnizadas como la que libró para oponerse a la construcción del aeropuerto de Talabela, que él juzgó mal proyectado, mal construido, y con sobrecostos por corrupción desmesurados. 

Más de seiscientos millones de dólares se robaron. Sus ejecutores deberían estar en la cárcel –dice–. Pero ya estoy cansado y la salud me ha pasado cuenta de cobro. Quiero retirarme de las confrontaciones políticas. Pienso, incluso, cerrar la sección editorial “Nota en blanco y negro” que sobre asuntos políticos tengo en el noticiero de "Radio Añoranza", como antes llamaba la emisora radial de la familia. Ya no estoy para esos trotes y esa es una de las cosas que quiero acabar, como también acabaré con la viajadera. Creo que a partir de este momento voy a permanecer en Quito, que es un clima que le hace bien a mi salud. El Guayaquil de mis mayores queda descartado.

Su madre era del caluroso puerto de Guayaquil, y su padre un contador que trabajó con la Grace Line y otras empresas navieras. Por razón de su trabajo, tenía como sede a la ciudad de Colón en Panamá donde el Dr. Enrique nació por accidente puesto que, dice él:

Por padre y madre yo soy ecuatoriano, y así lo refrendé al alcanzar la mayoría de edad. Mis enemigos políticos quieren endilgarme lo de que soy panameño… pero no creo que los panameños me acepten en devolución.

A poco de él nacer, siendo hijo único, sus padres se divorciaron y la madre regresó con el bebé a Guayaquil donde, a poco del divorcio, falleció; quedando el huérfano en el puerto a cargo de unas tías, hasta que su padre reclamó la presencia del hijo en Caracas (Venezuela) donde había vuelto a casarse. Allí hizo Gallegos Arends la escuela primaria.

Pero fui un chico difícil, y no me entendí con mi madrastra venezolana. Ya para entonces era adolescente, y mi padre me envió al cuidado de su amigo el cónsul de Venezuela en Quito.

Este diplomático era, ni más ni menos, el ecuatoriano Carlos Izurieta, que con el peruano Juan Ernesto Peronet integraba el dueto de Peronet e Izurieta.

Él era mi tutor, mi mentor, mi padrino, mi acudiente, mi amigo, fue un segundo padre para mí.

Su padrino lo matriculó en el colegio laico Pichincha, dirigido por el profesor Carlos Romo Dávila, que se regía por la filosofía promulgada por Eloy Alfaro, un líder que había sido amigo de su abuelo, y allí se nutrió de los principios que habrían de moldear su ideología marxista y habrían de estimular su vocación de liderazgo, la misma que lo llevaría a la dirección de asociaciones estudiantiles por medio de las cuales viajó a Cuba muy a principios del triunfo de la revolución, a los países del Este de Europa…

Y a Rusia. Fue allí donde me reafirmé en el marxismo y me decepcioné del comunismo.

Sus vínculos políticos de otras épocas le permitieron cumplir un sueño que tenía desde niño: tener una emisora. Pudo así obtener su licencia de periodista, y licencia para operar su emisora de radiodifusión.

Para dedicarla a la política, supongo –le dijimos.

Noooo, la política no está excluída, y eso es lógico; pero mi propósito era dedicarla a la música.

La música antigua le proporcionó el distintivo que identifica la dirección electrónica de la emisora “trovantanio”, que es un apócope de la expresión trovador de antaño; pero los trovadores de antaño se han venido muriendo y esa música ya no daba para conseguir patrocinios que financiaran su actividad. Tuvo que dar un viraje. En esta nueva etapa de la emisora "Radio Añoranza", ya es propiedad y está bajo la gerencia de Enrique Gallegos Custode, el menor de sus hijos, y ha cambiado de denominación. Ahora se llama “Radio la rumbera”.

Con esta nueva música logra financiarse pero yo, para curarme en salud, procuro no escuchar mi emisora.

Dr. Enrique Gallegos Arends y su 
colección de CDs en la emisora

A lo que no renuncia, porque es alimento para su espíritu, es a continuar con su programa de las seis de la tarde “En ritmo de bolero”, programa que nació no solo del hecho de tener su emisora sino del bagaje que le da el ser coleccionista de toda una vida que ha acumulado infinidad de discos, casetes, disquetes, cds, libros, documentos, entrevistas; iniciado desde que era niño.

¿Quién va a heredar su colección el día en que usted no esté?

Tengo claro que debe quedar en manos de alguien que guste de ella y la sepa apreciar y cuidar. No sé. Tengo en mente uno o dos candidatos suficientemente jóvenes para sacarle partido. No tendría sentido que quedara en manos de un hombre casi tan viejo como yo. Tal vez se vaya a México. Allá hay personas que tienen los medios, la capacidad, los conocimientos, el amor, la voluntad, de preservarla. Quizás sea ese su destino.

En música no se puede ser coleccionista de todo, y el Dr. Gallegos Arends tiene especial predilección por la música de los pasillos ecuatorianos, los valses peruanos, el bolero, la música antillana. Sin excluir otras vertientes musicales, allí se centran los ritmos de su interés. De su interés por el bolero nació uno que considera su amor platónico.

¡Carmen Delia Dipiní! “Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí…”, “Dímelo, yo sé que yo te gusto, y sé que estás deseando que yo te diga algo, dime que sí…”, “Tú serás mi último fracaso y yo no sé si te podré olvidar…”. Esa mujer llenó mi corazón de ensueño, ¡Qué mujer!

Cuando Dipiní murió, en el año de 1998, Gallegos Arends tenía viaje programado a Puerto Rico y fue a visitar su tumba y a depositarle flores. Allí se enteró de que estaban en el Encuentro de Coleccionistas de Música y se integró a ellos visitándolos todos los años durante muchos años. Allí conoció al Dr. Héctor Ramírez Bedoya, presidente de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, y a otros delegados de Medellín entre los que se encontraba el profesor Aicardo González, coleccionista y experto en tríos, quienes lo invitaron a los Encuentros Matanceros de la primera semana de agosto de cada año en Medellín. Es asociado de la corporación y por años su visitante asiduo. Ha dado charlas sobre música en los Festivales del Bolero de La Habana en varias oportunidades, en Caracas, en Medellín y otras ciudades de Colombia, en Argentina, en México.

La música me ha llevado a muchas partes y en todas partes he sido muy bien recibido. En Medellín puedo decir que me siento mejor que en mi propia casa. Tengo aquí amigos muy queridos.

El cariño que se le dispensó el último sábado de agosto de 2014 durante la reunión de la corporación, cuando dictó una charla sobre el bolero en Argentina, fue efusivo. Como efusivo fue el cariño que le dispensaron los miembros de la Tertulia Musical de los Martes en el Salón Málaga, que de 9:30 a 11:30 am. contó con su presencia y escucharon su charla a continuación del homenaje rendido al cantante Oscar Agudelo, que también fue invitado a ese encuentro. El habitual grupo de entre 60 y 70 personas se vio duplicado, y la silletería no daba abasto para acoger a tantos tertuliantes ocasionales atraídos por el anuncio de la presencia de estos invitados tan especiales. Los noticieros de televisión acercaron sus cámaras para cubrir el evento con notas destinadas a sus emisiones.

Ha de saber –nos dijo– que hago parte de la Asociación de Coleccionistas de Música del Ecuador y en algún momento fui su vicepresidente. Algunos de sus miembros se acercan por las tardes a hacer tertulia cuando sale al aire mi programa sobre boleros y en mis años mozos solía cantar boleros con buena voz que acompañaban mis amigos con sus guitarras, de donde salió un CD que grabé para satisfacción mía y para solaz de mis amigos.

Muchos amigos del mundo de la música habrá hecho en el transcurrir de su carrera –le preguntamos.

Muchísimos. Incontables. Pero me enorgullece y satisface hacer mención particular tanto de los boleristas argentinos Hugo Romani y Leo Marini, como del cantante y compositor Mario Clavell. Amigos entrañables.

Se queda nostálgico, con la mirada puesta en el vacío, al recordar a esos amigos de la música y de la vida. Entonces le preguntamos:

Sus hijos habrán heredado su gusto por la música, supongo.

Mi hijo Juan Carlos ejerce su actividad como ingeniero de sistemas, pero sus músicas son otras; Kathy es profesora en el Canadá, y oye otras músicas; Dinah es administradora de empresas, y son otros sus gustos; Enrique es también administrador de empresas pero, aunque ha asumido la tarea gerencial de la emisora, sus gustos musicales van en otro sentido. En resumidas cuentas, les gusta la música, pero no esta música de su padre.

Aunque se formó como arquitecta, doña Nancy Custode de Gallegos Arends se plegó a la vocación docente de su familia materna y fundó un colegio que regenta en la actualidad con el nombre del pedagogo brasileño Paulo Freire. El Dr. Enrique, su esposo, fue profesor universitario; actividad docente de la que se encuentra retirado. Su hija Kathy ejerce la docencia en el Canadá.

Dr. Enrique, ¿Ha pensado en escribir algún libro?

Con un amigo publiqué un libro de contenido político, y ese es un tema que queda cancelado. Tengo material suficiente para dos o tres libros sobre música, y tengo en mente escribir por lo menos uno de ellos. Espero contar con vida y salud para hacerlo.

¿Ha compuesto alguna canción?

No lo he hecho, pero hay una de la que soy el padre putativo. El último bolero que compuso Mario Clavell me lo dedicó afirmando que yo era coautor del mismo. Era algo que él traía en mente y me preguntó si cuando un amor se va es mejor recordarlo o es mejor borrarlo por completo de la memoria. Dependiendo de mi respuesta sería el sentido de la letra que él le pondría a ese bolero. Le dije que, a mi modo de ver, un amor perdido aunque fuera fracasado, era bueno recordarlo y dejarle un lugar guardado en la memoria y un rincón en el corazón. Me hizo caso, y compuso el bolero “Cosas de la vida”:

Hay cosas en la vida /que no pueden olvidarse… /Aquel hermoso amor /que llenó por vez primera /de ilusión al corazón. /Las risas, y las lágrimas, /y el alma que temblaba de emoción… /Era el amor. /Hay cosas en la vida /que no pueden olvidarse”.

Ha de saber –dijimos al maestro Enrique– que mis primeros enamoramientos se dieron al compás del bolero de Mario Clavell “Quisiera ser como la canción que te guste más, y así poder estar en tus labios y en tu soñar”; pero el tema de él que me llega al alma y la sacude por completo es el bolero “Somos” (Después que nos besamos /con el alma, y con la vida, /te fuiste por la noche /de aquella despedida; /y yo sentí que, al irte, /mi pecho sollozaba /la confidencia triste /de nuestro amor así…):


Somos un sueño imposible /que busca la noche, /para olvidarse del mundo /del tiempo y de todo. /Somos, en nuestra quimera /doliente y querida, /dos hojas que el viento /juntó en el otoño. /Somos dos seres en uno /que amándose mueren, /para ocultar en secreto /lo mucho que quieren. /Pero, ¿Qué importa la vida, /con nuestra separación? /Somos dos gotas de llanto /en una canción. /Nada más eso somos, /nada más”.

Ese bolero, mi querido amigo Orlando, tiene coincidencias con mi propia vida, así los resultados hubieran sido diferentes. Me lo contó él, sentados ambos en una banca de un parquecito de la ciudad de Buenos Aires. Mario era un muchacho joven y pobre, que trabajaba como empleado en una empresa; y la joven, a la que llamó Gloria en alguna entrevista para no decir su verdadero nombre, una jovencita muy bella, se conoció con él y se enamoraron. Pero vino la oposición de la familia. El padre de la chica la tenía prometida en matrimonio con uno de sus colegas y la diferencia de posición social y de ingresos entre uno y otro pretendiente era abismal. Un día la chica le dijo: “Mario, yo te quiero mucho, pero seguir contigo significa romper con mi familia y con todo lo que ha sido mi vida hasta este momento. Seguir contigo compromete mi futuro. No podemos seguir viéndonos a escondidas. Así es que, queriéndote mucho, tengo que dejarte en este momento. No volveremos a vernos”. Y Mario, que todo lo que sentía lo vertía en la música, compuso ese bolero inolvidable. 

Esas situaciones han inspirado a los artistas, Dr. Gallegos, ¿Recuerda “Lágrimas de amor”, que cantaba su paisano Olimpo Cárdenas?

Nos tenemos que decir adiós, aunque quizás jamás en la vida te vuelva a encontrar… porque  tal vez será nuestra última noche de amor”. Son dolorosas esas despedidas, pero no se crea que Mario Clavell era un hombre triste, todo lo contrario, era muy alegre. ¡Qué amigo tan querido! ¡Qué alegría tan desbordante la suya! A pesar de los dolores, que no faltaron en su vida, ¡Qué vivir la vida con ganas la que sentía mi querido amigo Mario Clavell!

No me lo va a creer, Sr. Orlando, pero ahí donde lo ve a Enrique, es un hombre alegre que maneja un humor muy fino –nos dice doña Nancy, su esposa.

Le creo. En las charlas que le he oído han salido a relucir gracejos que él cuenta con su cara seria sin esbozar tan siquiera una sonrisa, pero que arrancan carcajadas al auditorio.

¿Cómo fue, Dr. Gallegos…? – le preguntamos– ¿…el incidente que tuvo con su pequeño nieto por el uso de los computadores?

El pequeño de siete años, nieto que le dio su hijo Enrique, es hábil con el manejo de los teléfonos celulares y con los computadores de tableta que maneja digitando teclas con gran rapidez. El abuelo, que se reconoce embestido por la tecnología, manipulaba y manipulaba tratando de entender el manejo de uno de esos aparatejos, hasta que optó por pedir la ayuda del nieto. El niño trató de explicarle, moviendo teclas con uno y otro dedo; insistió con su explicación; volvió a explicarle; hasta que, exasperado, exclamó:

Pero, abuelito ¡Usted sí que es bieeeeen bruto!

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
Medellín, septiembre 4 de 2014

Nota: una versión de la entrevista, filmada en video por Victor Bustamante, puede verse en el blog Festitango de Medellín en el siguiente enlace:


martes, 9 de septiembre de 2014

78. Sicología del coleccionismo musical

Antes de que me le midiera a la creación del blog Postigo de Orcasas estuve sopesando la posibilidad de hacerlo y las posibles maneras de llamarlo, pidiendo asesoría de veteranos en el asunto sobre los tejemanejes de administración de un sitio así. Muchas eran las presiones de los amigos, y en particular reconozco y agradezco la insistencia del Dr. Jesús Fernández Ceballos, abogado y/o gastrónomo de profesión. Lo uno o lo otro, sin simultaneidad; porque el derecho lo ejerce con la cabeza, pero la gastronomía la disfruta con el corazón. Yo insistía en que a mí me faltaba mucho pelo para el moño, pero él decía que con lo que yo tenía bastaba, y que era "un desperdicio que algunos de mis artículos se perdieran en el olvido por no tener un nicho donde ponerlos”. Con eso me mató. Ya se sabe lo que puede pasar cuando una joven pareja en un baile lo mira a uno a los ojos y le dice con un par de pestañeos “me gusta tu sonrisa”. Ahí la virtud de la monogamia sacude del cabello al gen de la infidelidad y lo obliga a ponerse de rodillas. Sucumbí a la tentación que le tendió el amigo Chucho a mi maltrecho ego, y por estos días las estadísticas me dijeron que después de cinco meses de sequía, sin publicar nada en él, todavía había 20 personas que visitaban diariamente el blog lloviera, tronara, o relampagueara. El corazón me dice que esas 20 personas bien merecen que venza el síndrome de la página en blanco y ponga en el plato algo para compensar sus expectativas. Tengo la esperanza de que las 20 de ayer, y las 20 de mañana, no sean las mismas 20 de hoy, para hacerme la ilusión de que no son 20 sino 60 los visitantes de este lugar.

Hace un tiempo monté en el blog dos artículos relacionados. De una parte, el nro. 76 sobre el coleccionista e historiador musical cubano don Cristóbal Díaz Ayala; de la otra, el nro. 77 sobre el coleccionista de discos de vinilo brasileño Zero Freitas, a quien había descalificado en el anterior artículo por ser un simple acumulador de discos, pero a quien reivindiqué en el segundo artículo por ser “un verdadero coleccionista”.

Gracias a los amigos coleccionistas musicales Rosni Portaccio Fontalvo, y Esperanza Camacho Q., acabo de conocer un blog denominado “Salsa, Son, y Timba, de Cali” (SST, de Cali). Es un blog que despierta mi admiración porque ahí sí hay pelo para el moño. Tiene información muy completa para los amantes de la salsa y la música caribeña. Colaborador permanente de él es el señor John Jairo Usme Z., sicorientador del colegio de la Caja de Compensación Familiar Regional del Meta (CAFREM), en el municipio de San Martín, que aúna sus conocimientos profesionales con el gusto por la música. Se ha puesto él en la tarea de clasificar en tres distintas clases el coleccionismo musical, y su excelente artículo interpreta las ideas que he venido promulgando para distinguir desde un simple aficionado con oído de artillero, como yo; hasta un verdadero coleccionista con la categoría de historiador, como don Cristóbal Díaz Ayala. 


El artículo del Sr. Usme pone los puntos sobre las íes desde el punto de vista sicológico, y espero que sea del interés de mis lectores.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


lunes, 1 de septiembre de 2014

77. Zero Freitas, un verdadero coleccionista

El colombiano Sergio Santana, nacido en la isla de San Andrés pero radicado en Medellín desde hace muchos años, es un amante de la música caribeña que, en razón de su pasión, se convirtió no sólo en coleccionista de música (fue dueño del sitio salsero denominado Rumbantana en la calle San Juan del sector de La América) sino en estudioso historiador que tiene ya varios libros a su haber, el último publicado bajo el título de “Mi salsa tiene sandunga”, donde cuenta la historia de la salsa como movimiento, puesto que afirma que la salsa no es un ritmo ni un género musical sino una fusión que agrupa a su alrededor a una gran cantidad de artistas de distintos géneros y procedencias. Para hacerle seguimiento a este movimiento musical estuvo en el Brasil investigando la relación entre la salsa y los movimientos “del” samba y “la” bossanova, corrigiendo la costumbre que tenemos en estos lados de decir “la” samba, y “el” bossanova.

Santana ha encontrado en el periódico El País.com un artículo que quiere compartir con nosotros, y mi primera inquietud fue saber a qué periódico El País se refería, puesto que dice doña Wikipedia de Google que el periódico El País.com puede referirse a uno de los del siguiente listado, y que se requiere, por lo tanto, desambiguarlo. ¿Por cuál El País está uno preguntando?

El País puede referirse a las siguientes publicaciones:

el periódico español contemporáneo El País;
el periódico colombiano El País;
el periódico republicano español editado en Madrid entre 1887 y 1921 El País;
el periódico paraguayo El País;
el periódico uruguayo El País;
el periódico boliviano de la región autónoma de Tarija El País;

Así, de entrada, no fui capaz de responderle, pero luego llegué a la conclusión de que se trata del periódico El País.com de España, que tiene por eslogan “El periódico global en español”. Este periódico tiene una corresponsal en Brasil de nombre Gabriela Colicigno, cosa que yo desconocía, pero a ella llegué por este correo que recibí de Sergio Santana:

Postigón Orcasas:

Me gustaría que leyeras el otro lado de Zero Freitas, no solo como "acumulador de discos", lee pues...


Abrazos,
Sergio Santana

Efectivamente, me fui al enlace recomendado por Sergio y ¿Qué encontré en el reportaje que Gabriela Colicigno le hizo al millonario brasileño José Roberto Alves Freitas, ampliamente conocido en su país como Zero Freitas? Su artículo recientemente publicado el 24 de agosto de 2014 lo dice bajo el título “Una pasión de alta fidelidad”, en el que hace un juego de palabras entre la expresión Alta Fidelidad, que se usó para referirse a un sonido depurado (HD, o High Definition) en los equipos de reproducción de vinilos, y para hacer alusión a la fidelidad que Freitas ha mantenido hacia su afición por la compra de discos de vinilo, que tiene desde niño.

Freitas empezó la colección a los cinco años de edad impulsado por su madre que le regaló un tocadiscos y un piano. Un niño de cinco años con un tocadiscos necesita discos para tocar en él, y ahí empezó. Se dice que tiene más de cinco millones de vinilos, pero él calcula que son más y que la cifra puede ser de seis o siete, sin poder precisarla. Los tiene en distintos lugares, incluido un depósito en el que tiene un moderno estudio de grabación y reproducción donde de los 500.000 ejemplares ya más de la mitad están digitalizados. Su propósito es digitalizar su colección para ponerla a disposición de cualquiera que necesite consultarla desde cualquier lugar del mundo, pero respetando las regulaciones de los derechos de autor. Si algún propietario de derechos no permite su divulgación, él conserva los discos en su colección pero los retira del acceso al público por Internet. Patrocina un grupo de estudiantes universitarios compuesto por dos turnos diarios de 8 estudiantes cada uno, cuya misión es clasificar y digitalizar mil ejemplares por día. Tiene secciones de discos por ritmos y por artistas, y atesora voces y composiciones raras que considera de difícil adquisición. Habla, por ejemplo, de la música religiosa de pequeñas iglesias que incluye cánticos, himnos, misas, y piezas por el estilo cantadas por voces y coros anónimos que son algunos de belleza singular. Los estudiantes que patrocina se tienen que devanar los sesos para clasificar música que procede de Rusia, de China, o de Japón, con sus ideogramas y caracteres cirílicos de difícil traducción. Lo suyo es un hobby o afición que degusta en la intimidad del hogar, o cuando viaja con algunos de sus más de 100.000 CD; pero es también una empresa altruista, patrocinada por él, con la que piensa dejar al mundo su legado tan particular que solo unos pocos con su dinero y amor por la tarea, o con el acervo y la voluntad de don Cristóbal Díaz Ayala que reseñé en mi artículo anterior, pueden dejar.

Zero Freitas

Así es que me retracto de la impresión inicial que tuve sobre el Sr. Zero Freitas. En justicia, según lo explicado en el artículo y en el video, no es un simple acumulador de discos sino un verdadero coleccionista que está trabajando para dejar al mundo un legado de impagable e incalculable valor. Enhorabuena por eso.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)