sábado, 30 de agosto de 2014

76. Cristóbal Díaz Ayala, coleccionista e historiador musical

Como habrán podido deducir cuando hablábamos de tangos, mi mente retorcida tiene más recovecos que los jardines del Conde de Transilvania. Para mí no toda la música que se compone en compás de 2 x 4 es tango, Piazzolla me parece un extraordinario compositor de jazz y música clásica en compás de 2 x 4, y a Plácido Domingo le gusta cantar tangos pero no es tanguero (o cantor, que dicen los porteños), a mi modo de ver. He llegado a afirmar que si un tango no me llega al alma, para mí no es tango. En fin, tengo muchos requisitos en esa clasificación.

Dijo Gabriel García Márquez, en entrevista que concedió al periodista cubano Rafael Lam, queLo único mejor que la música es hablar de música; y yo lo aplico a mi experiencia de preferir oír acompañado la música que me gusta, que oírla en soledad; de la misma manera que prefiero compartir un plato exquisito acompañado, que comerlo solo. Escogerla, comentarla, señalar pasajes determinados, acordes destacables, orquestaciones, acompañamientos, arreglos, intérpretes; es algo que requiere compañía. Hago aclaración de que para leer o escribir concentrado prefiero la música clásica, porque no me distrae. Las letras de los tangos, los boleros, la música de antaño, la música colombiana, reclaman mi atención y no me dejan pensar en otra cosa. Cito esta otra frase: Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música” (Aldous Huxley).

La tecnología moderna ha producido algunos cambios, y muchos amantes de la música no tienen la suya en vinilos sino metida dentro del computador, con una ventaja: pueden pedirle al sistema cualquiera de sus grabaciones, y en corto tiempo el sistema la está haciendo sonar por los parlantes. Caminando por una calle del centro de la ciudad escuché a un vendedor callejero que ofrecía USB grabadas con contenido de más de 5000 canciones, según anunció. Tienen esos adminículos de bajo costo el inconveniente de que uno los instala en el carro, o en la casa, y ponen a sonar los temas en serie, uno tras otro. ¿Quién oye 5000 en una tirada? O los ponen a sonar aleatoriamente. Pero no permiten que uno le diga al aparatobúsqueme tal bolero o tal tango que lo quiero oír. Como dice un amigo,esos aparaticos no los han acabado de inventar. Hay que esperar a que los perfeccionen”.

El portal Reporte Índigo.com da la noticia: El millonario Zero Freitas, empresario de líneas de autobuses en Sao Paulo (Brasil), es el mayor tenedor de discos de vinilo del mundo. Posee un depósito de 2000 metros cuadrados con sus adquisiciones y un lote de discos, que originalmente se tasaba en la suma de 28 millones, lo compró por el precio ganga de tan solo 3 millones de dólares. Una bicoca. Sólo que para poder pagar esa bicoca hay que tenerlos. Yo no los tengo.



En la fotografía aparece el Sr. Freitas parado… ¡Sobre sus discos! Eso es algo que uno nunca le verá hacer a un verdadero coleccionista. Los coleccionistas que yo conozco toman el disco delicadamente entre sus manos (algunos hay que ni siquiera los dejan tocar del visitante), los limpian cuidadosamente con un pañito impregnado de líquido limpiador para retirarles la grasa de los surcos y las briznas de polvo que hayan podido pescar en el aire, los ponen en el equipo de sonido con una atención como si temieran que cualquier movimiento un poco brusco fuera a arruinarles su posesión. Dejan caer la aguja lentamente, con sumo cuidado, preocupándose de que la fuerza de gravedad no mancille su tesoro. Sienten por esos discos un respeto, un amor, un orgullo, rayano en la veneración.

En cuanto a lo de ser coleccionista de música, de tres clases los considero. Es posible que el millonario brasileño sea un simple "acumulador de discos" que los compra por docenas y los arruma por toneladas. Para que yo lo considere coleccionista haría falta averiguar si sabe todo lo que tiene y dónde lo tiene. Si alguien le pregunta por X o Y grabación de Agustín Lara sabe encontrarla. Si es así, pasa a la siguiente categoría de los que tienen mucha música y la disfrutan. Hay una tercera categoría, la máxima, y es la de aquellos que no sólo tienen mucha música adquirida y la tienen organizada, sino que saben la historia de los artistas y tienen libros y cancioneros de consulta. Que son capaces de responder preguntas y resolver dudas. Aparte de coleccionistas, son eruditos. Infortunadamente no todos los que pertenecen a esta categoría tienen un ingrediente que los convierte en cinturones de oro: saber comunicar los conocimientos. Hay muchos que saben mucho, pero no saben comunicarlo. Para no herir susceptibilidades, mencionaré solo a dos muertos y a uno vivo: Don Hernán Restrepo Duque, el Dr. Luciano Londoño López, y don Cristóbal Díaz Ayala; estos cumplen con el perfil coleccionista descrito. La Fonoteca de don Hernán Restrepo Duque en el palacio de la cultura Rafael Uribe Uribe no sé qué suerte estará corriendo, pero sé que sólo unos pocos tienen acceso a ella y que no está abierta al público en general. La del Dr. Luciano Londoño no está en estanterías (como sí lo está la del Dr. Héctor Ramírez Bedoya, otro que fue verdadero coleccionista), pero está a buen recaudo y se está haciendo un trabajo de clasificación para encontrarle un nicho apropiado en alguna biblioteca o universidad. La de don Humberto Corredor, en vida suya, no pudo encontrar cobijo ni en la Universidad, ni en la gobernación, ni en ningún estamento del departamento del Valle del Cauca en donde quería que quedara su legado, y espero que corra con mejor suerte después de muerto. La inmensa colección de discos y documentos de don Cristóbal Díaz Ayala en la Florida International University de Miami está siendo sometida a unos cuidados de conservación y digitalización que garantizan su permanencia en el tiempo. 


No sé si sean simples suposiciones mías, pero uno no puede ser experto musical en todos los géneros musicales habidos y por haber, de todos los cantantes habidos y por haber, en todos los países habidos y por haber. Mucho me temo que el señor brasileño solamente es el poseedor de dos mil metros cuadrados de vinilos. De ahí a ser coleccionista, hay mucho trecho que no puede medirse con báscula.

Como ejemplo de una verdadera coleccionista pondré a la hispanopanameña Alejandra Fierro Eleta, conocida por su seudónimo de Gladys Palmera, cuya pasión coleccionista puede apreciarse en este enlace:



En la red hay varias entrevistas que le han hecho a don Cristóbal Díaz Ayala, con contenidos muy interesantes, de las cuales he escogido para compartir con ustedes la que le hizo la Sra. Uva Clavijo de Aragón, funcionaria de la Florida International University (Miami), depositaria del legado coleccionista de don Cristóbal:


Compartiré con ustedes una entrevista escrita que le hice a don Cristóbal en el año de 2008 para la revista Melómanos Documentos de Cali, cuyo borrador fue revisado por él y le hizo algunas precisiones que fueron corregidas antes de su impresión. 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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DON CRISTÓBAL DE FERIA EN MEDELLÍN

Si yo tuviera que definir a Bebo Valdés en 
una sola palabra, ésta sería “Elegancia”.
Cristóbal Díaz Ayala

(Esta entrevista se hizo originalmente en agosto 9 de 2008 para la revista Melómanos Documentos que edita Orlando Montenegro Rolón en Cali, y la reproducimos sin modificaciones, aunque algunos datos pueden haber cambiado un poco, sin alterar la esencia de su contenido).


En el marco de la Feria de las Flores del 2008 en Medellín, se realizó el encuentro de fanáticos del conjunto cubano Sonora Matancera, con matancerómanos venidos de Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, México, Costa Rica, Ecuador y varias ciudades de Colombia. Allí dio el cubano Cristóbal Díaz Ayala dos conferencias sobre la materia en la que es experto: Panorama de la música cubana y Conversando con la Sonora. Su casa (vive en San Juan de Puerto Rico) era un museo, una biblioteca, una discoteca, un archivo de documentos invaluables que entraron en convenio con la Florida International University de Miami y allí se trasladaron físicamente hace algunos años. Son su legado cultural a la Cuba que lo vio nacer, al Puerto Rico que lo acogió desde 1960, y a los amantes de la música que aprovecharán lo que era una colección privada y se ha convertido en patrimonio público.

Cuando los libros invadieron mi casa, tuve que trasladarlos a una casa de dos pisos donde tenía mi oficina y allí ocuparon un amplio espacio  –dice.

A él puede aplicarse la palabra con la que definió al pianista cubano Bebo Valdés: Elegancia, pero él se define de otro modo:

Diría que soy un enamorado de la música, preferentemente la cubana, que gusta de aprender más sobre ella, y compartir lo que encuentra con los que quieran disfrutar esos hallazgos
(Cristóbal Díaz Ayala, una pasión por la música. Entrevista de Joaquín Ordoqui García publicada en la sección Perfiles de la revista “Encuentro de la Cultura Cubana” que es editada en Madrid -España).

Para compartir conocimientos abrió una página web en donde se encuentra información sobre su obra. ¿Qué de nuevo puede decirse de un hombre que nació en La Habana en 1930 y cuya trayectoria musical ha sido documentada en entrevistas sin fin y en las once obras que lleva publicadas?  No será mucho en lo profesional. Habría que adentrarse en lo humano.

Por su andar pausado, sus ademanes parsimoniosos, su mirada dulce, su sonrisa bondadosa, su voz apacible, podría confundírsele con un viejo canónigo de paso para la catedral; pero la amable señora que lo acompaña cuida de que él no dé un mal paso y le dice acuciosa: “ten cuidado, mi amor”. “Tenlo tú, también”, responde él, solícito, y entonces ya se sabe que no es un canónigo. La cachucha aplastada lo denunciaría como un jubilado de paso para el parque a dar de comer a las palomas, pero tampoco es:

No lo soy. Es cierto que ya me retiré de mis actividades de constructor y de abogado, pero mis trajines con la música no me dan reposo. A eso dedico mis energías –aclara.

Usted estudió música –afirmo, preguntando.

No lo hice –responde–. Mi afición por la música es de oído, pero ya va siendo una de las dos cosas que me han acompañado toda la vida. La otra es el amor por mi mujer.

Es amigo de doña María Isabel (Marisa) Méndez, desde que ambos tenían uso de razón, por amistad entre las dos familias. Y es su novio desde que entró a la adolescencia, por convenio entre los dos corazones.

No nos faltaron pretendientes, a ambos, pero estábamos destinados a ser el uno para el otro –aclara doña Marisa. 

A los doce o trece años (se llevan un año de diferencia), mientras él aprendía a montar en la bicicleta que le regaló su padre y ella lo acompañaba en sus balbuceos, tuvieron un intercambio de coqueteos que marcó el comienzo de su atracción y fue la oportunidad para que ella lo invitara a formar parte del “Pop Corn Dancing Club” (Club de baile las palomitas de maíz) que habían formado en el barrio. Él se encargó de poner la música y el equipo de sonido, en lo que ya era experto.

Pero no mucho el baile. No fui buen bailarín –dice don Cristóbal. 

Ya tenía un programa de radio en una emisora local del barrio La Víbora de La Habana. Era un programa sobre Jazz y otras músicas norteamericanas.

Él me declaró su amor desde el programa de Radio Quiza-Seigle, en la calle O´Reilly de La Habana Vieja –dice doña Marisa.

Fue una dedicatoria que le hice, sabiendo que ella me escuchaba en casa: “Este es el programa Twilight Time (La hora del crepúsculo). Especialmente para ti, Marisa, la canción I Love You (Te amo) en la voz del renombrado Bing Crosby”.

Cuando oí la dedicatoria y escuché el disco, supe que la larga espera había terminado. Ya era mío –Afirma ella, ruborizada.

Poco después te pregunté, Mari, por qué no había vuelto a reunirse el “Pop Corn Dancing Club”.

No es necesario, te dije, “ya han sido cubiertos sus objetivos”.

Eran los románticos días de entre la década del 40 y la del 50, cuando florecían en los salones de baile norteamericanos las grandes bandas, y el tema de Cole Porter en la voz de Bing Crosby que sonaba en la radio era todo un éxito:

Bing Crosby y Grace Kelly

I LOVE YOU

Te amo 
dicen los murmullos de la brisa de abril, 
y el eco de las colinas lo repite: 
te amo. 
La aurora con su luz dorada es acorde con el murmullo, 
y una vez más los narcisos señalan que es primavera otra vez. 
Las aves baten sus alas y empiezan a cantar de nuevo la vieja melodía: 
Te amo, 
te amo,  
y esta canción de canciones lo es todo para ti y para mí.

Lo suyo ha sido, pues, un amor de toda la vida. “No exento de dificultades y momentos difíciles, pero feliz. La nuestra ha sido una relación feliz”, dicen los dos. Tuvieron tres hijos. Él pone mirada de orgullo y dice:

Marisa, nuestra hija mayor que ya es abuela, vive en Puerto Rico. Su segundo hijo, Jorge, está casado con una chica bogotana. Esperan el primer hijo que será para nosotros el segundo biznieto. No sabemos si vaya a ser niño o niña –dice don Cristóbal.

Nuestro segundo hijo vive en Miami y llama como su padre: Cristóbal Jr.–agrega doña Marisa.

La tristeza asoma en sus ojos. Él la mira con ternura mientras evoca:

Carlos, el tercero, fue un hombre feliz hasta los cuarenta años. Un deportista que disfrutaba de la playa cuando una fuerte ola lo confinó en una silla de ruedas y no hubo tratamiento médico posible para recuperarlo. Cuatro años más tarde, descansó.

Fue una de las dos penas dolorosas que con corto intervalo los golpearon.

La otra fue la pérdida de mi madre –dice don Cristóbal.

Doña Ana María Ayala Braojos, Cuquita, fue una segunda madre para mí –afirma doña Marisa–. Vivimos con ella todo el tiempo y vino a morir ya casi centenaria.

Nonagenaria, sí, pero lúcida –corrobora don Cristóbal–. Mi madre era el principal apoyo de mi memoria. Recordaba detalles que yo tenía olvidados y los traía a colación, completándolos de manera increíble para sus años.

Tu madre fue una mujer muy bella, Cristóbal. En sus últimos años aún mostraba las huellas de esa belleza que deslumbró a muchos en La Habana de sus tiempos.

Casó con mi padre, que era maestro de obra o capataz de construcción y tenía también estudios de música y buena voz para cantar como tenor. De mi padre me viene la vena musical. De mi madre me viene lo de historiador.

Lo de historiador que le ha permitido publicar once obras sobre historia musical:

1. Del Areyto a la Nueva Trova–historia de la Música Cubana. Para la cuarta edición amplió la cobertura en el tiempo y cambió el título para abarcar el “Rap”: Del Areyto al rap cubano–historia de la Música Cubana; 
2. Si te quieres por el pico divertir–Historia del pregón latinoamericano;
3. Cuando salí de la Habana 1898-1997: Cien años de música cubana por el mundo;
4. La marcha de los jíbaros, 1898-1997-Cien años de música puertorriqueña por el mundo;
5. Cien canciones cubanas del milenio;
6. Cien canciones puertorriqueñas del milenio;
7. Cuba canta y baila-Discografía de la Música Cubana, Vol 1, l898-1925; 
8. Enciclopedia discográfica de la Música Cubana, 1925-1960 
9. Historia de dos ciudades: San Juan-New York (sobre la discografía de la música popular de Puerto Rico) –Inédito.
10. Los contrapuntos de la música cubana.

Esa actividad lo ha llevado a recorrer el mundo, poniéndolo en contacto con otros historiadores.

De dos en particular te hago mención. El uno, Richard “Dick” Spottswood, me encarriló en un largo estudio sobre la música cubana grabada en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo pasado. El otro, el colombiano Hernán Restrepo Duque, que fue mi amigo y de cuya sapiencia me nutrí innumerables veces. Era un verdadero conocedor.

Gracias a esos libros, y a esos conocimientos que ha acumulado en el transcurso de la vida, tuvimos a don Cristóbal Díaz Ayala en la Corporación Sonora Matancera de Medellín, acompañando ese encuentro fraternal y dejando él y doña Marisa entre sus contertulios el dulce sabor de su señorío y queridura.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Cruce de notas:

Agosto 25 de 2014

Querido Orlando: Gracias por tu mención, y completamente de acuerdo en tu clasificación, el Sr. Freitas es un almacenista de discos, ojalá logre pasar a mejores etapas... De todas formas, le sugerí a Gary Domínguez que tratara de hacer contacto con él para convencerlo de que vaya al encuentro caleño de coleccionistas de diciembre, a ver si se infecta allí del verdadero virus coleccionista al que tú haces referencia... (CDA)

Cristóbal Díaz Ayala
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Mi querido don Cristóbal Díaz Ayala:

Difícil hacer mención de los verdaderos coleccionistas cuando uno se ha asomado por el postigo a tantos que lo son, como el Dr. Héctor Ramírez Bedoya que no sólo tenía en su casa la colección de la Sonora Matancera sino que sus conocimientos le dieron para escribir 5 libros y entregar sus energías a la corporación de admiradores de ese conjunto. Usted y el Dr. Luciano Londoño son referentes infaltables en esa clasificación de los pesos pesados. Y, a no dudarlo, don Hernán Restrepo Duque no sólo tenía una gran colección sino que su facilidad comunicadora y de investigación era inconmensurable. Tiene el Sr. Freitas, como producto de su dinero y de su decisión de invertir en acumulación de vinilos una gran cantidad de materia prima. No creo capaz ni a él ni a nadie de ser experto en todos los géneros, pero si escoge uno y se pone en la tarea con voluntad, amor, e interés, de aprender sobre ese género específico, está mejor dotado para el propósito de lo que estamos los que no disponemos de esos recursos. Puede hacerlo, si se lo propone. Un abrazo y cordial saludo a doña Marisa, 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)





martes, 12 de agosto de 2014

75. Poker, mata Tute; y Tute, mata Tresillo

Ahora que en todos los gobiernos de Colombia, hasta donde alcanza la vista, han resultado funcionarios corruptos en los estamentos del Estado, debemos dejar claro que la corrupción no es invento suyo, ni la inventaron Judas con sus treinta monedas de plata, ni Pilatos con su lavada de manos, y que tal cosa viene desde los tiempos de Demóstenes en el siglo IV antes de Cristo, y más atrás:


Y ya que hablamos de sobornos, hablemos también de empréstitos, así el tema de esta entrada se vaya por otro lado. Doscientos años llevan los generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander de haberse conocido. Fueron amigos y compañeros de lucha. Después se distanciaron como amigos, y gracias a Dios no montaron una lucha fratricida para ver cuál de los dos era más verraco que el otro. Ellos no la montaron, pero sus amigos sí; y ya llevamos un bicentenario de guerras civiles y guerrillas en las que los espíritus bolivarianos y los espíritus santandereanos siguen reencarnados. Los unos, le prenden velas al uno y maldicen al otro; los otros, le prenden velas al otro y maldicen al uno. Hasta el sol de hoy. Lo del deterioro de su amistad seguramente no fue cosa de un día para otro, y no fue que a los amigos de Santander les hubiera dado de la noche a la mañana septembrina por atentar contra Bolívar porque sí, sino que con seguridad hubo una serie de roces, encuentros, encontronazos, desencuentros, destroces y destrozos, que terminaron por llenar la taza de la paciencia. Así es como estas cosas suelen suceder. Algo tendría que ver en eso el asunto del empréstito de Londres.

Lo del empréstito de Londres se refiere a que para financiar la Guerra de Independencia los representantes del ejército patriota tuvieron que solicitar un préstamo que hipotecó al país con los ingleses, en un hecho que no es raro sino normal porque las guerras se ganan con armas, y las armas requieren de financiación para poder comprarlas. Y los soldados comen. Y a los soldados hay que vestirlos. Y a los soldados hay que pagarles para que sus familias puedan vivir la vida y ellos puedan pelear la guerra. Así funcionan las cosas. Sólo que, dicen que dicen, del empréstito de Londres fue tanto el serrucho y tanto el aserrín que se perdió por el camino que, a la hora de la verdad, de armas pocón-pocón. Eso se dice. Se culpa a Francisco Antonio Zea, que era el hombre que derrochaba inglés haciendo lobby en Londres para echar el cuento; y se culpa a su jefe Francisco de Paula Santander que recibía en Colombia lo que alcanzaba a llegar de Londres. Toneladas de tinta han gastado los santanderistas para defender su buen nombre, y toneladas de tinta han gastado los bolivarianos para atacarlo; pero lo cierto es que el dinero (o parte del dinero) se envolató, y a estas alturas de la vida ya no se recupera. El país, naturalmente, ya lo pagó; Londres, naturalmente, ya lo recuperó; y el pueblo, naturalmente, ya lo perdió.

De manera simpática el columnista don Ernesto Ochoa Moreno se refirió a ese tema en su artículo “La herencia maldita”, publicado el 12 de febrero de 2011 en el periódico El Colombiano.com donde el padre Nicanor le cuenta a su sobrino que: 

Lo cierto fue que hubo que dar por terminada la desastrosa misión de Zea, quien moriría en París en noviembre de 1822. Su reemplazo fue José Manuel Hurtado, a quien Santander asignó por cuenta propia dos asesores, Arrubla y Montoya, un par de comerciantes paisas pícaros, que acabaron de enredar el episodio del empréstito inglés que escandalizó a Santafé de Bogotá, en esos años del gobierno de un Santander que fungía prácticamente como presidente, pues Bolívar andaba por el sur del continente coronando la gesta libertadora. Para entender la Colombia actual es indispensable conocer a fondo la confrontación entre Bolívar y Santander”.


Ese es el asunto del empréstito, del que tanto se habló en vida de los generales Santander y Bolívar; y el periodista Héctor Muñoz Bustamante, en la página 20 de su libro “Bolívar en anécdotas” (Biblioteca El Espectador, 1983, 102 páginas), lo trae a cuento en su crónica titulada “Entre el juego y la misa”, que hizo parte de una serie de artículos sobre Bolívar publicados en ese periódico. En esa crónica se habla del juego de Ropilla, y se cuenta que:

…En 1826 Bolívar marchó a Venezuela a sofocar la revuelta suscitada por el general Páez, acompañado por el general Santander y los señores Arrubla y Montoya, quienes con él anduvieron dos jornadas desde Bogotá. Invitado por ellos, Bolívar tomó parte en una partida de ropilla y consintió en ser tallador. A poco, habiendo ganado una cantidad considerable, exclamó: `Si así continúo, pronto seré dueño del empréstito´, frase imprudente que hizo mucho mal a Colombia porque entonces se consideró sarcástica y alusiva a ciertos rumores que circulaban en el país en relación con el préstamo contratado en Londres…”.

A punto estuvo Bolívar de perder la vida por esta imprudencia, pero no en la mesa de juego sino en la noche del 25 de septiembre cuando para salvar el pellejo tuvo que escurrirse por entre las sábanas.

Los juegos de suerte y azar, los de mesa, son antiguos y se ponen de moda por temporadas. Un tiempo hubo en que las señoras se reunían a tomar el té y a jugar Canasta o Bridge. Ahora es usual que jueguen Bingo. El juego de Póker lleva tiempo gozando del favor del público, y a algunos les gusta jugar ahora al Scruble, al Rummis, o al Black Jack. El Monopolio tuvo su momento, y lo tuvo el de Lotería consistente en cubrir con láminas la casilla correspondiente de la tabla. Escalera, Estrella China, Damas, y Parqués, han tenido acogida. Un tiempo hubo, por los días en que Bolívar y Santander jugaban a la Ropilla, en que otros jugaban al Tresillo. Los Dados, la Ruleta, y el Monte, han tenido también sus cofradías de devotos. El ajedrez, como se sabe, más que un juego es una ciencia y hay quienes lo califican como deporte porque para mantener la mente despejada hay que trotar una hora en el parque y nadar media hora en la piscina, sólo que en este deporte no se apuesta ¿O sí?

Naipe francés (corazones, diamantes, picas y tréboles)

Entre los juegos de suerte y azar están los de baraja, que son como una alegoría de la pirámide social en que se parte de la carta más baja y de menor valor que es el 2 en la base de la pirámide, y se va ascendiendo en importancia hasta llegar al 10, en la cúspide. En la cúpula, o sea la corte que acompaña al rey, hay una escala de valores que, curiosamente, es rematada por la que debería ser la carta más baja, o sea el 1, pero que se convierte en la más valiosa por ser el as o paladín, el guerrero que con su espada conquista las alturas por más baja que sea su procedencia. El bufón, la reina, el rey, y el guerrero, son lo máximo en esa sociedad que por lo demás también se divide en clases de los que tienen el poder y el "oro", los artistas y deportistas que ganan "copas", los guerreros que blanden la "espada",  y los "bastos" sujetos de la plebe. El caballo, naturalmente, representa a los guerreros de a caballo. También en el ajedrez se muestran esas representaciones que parten desde el humilde peón, el alfil que representa a los obispos o sea a la Iglesia, el caballo que representa a los guerreros con agilidad de desplazamiento por el campo de batalla, la torre que representa al destacamento de los guardaespaldas que protegen al rey, la dama o reina que lo acompaña, y el rey mismo; con la posibilidad de que un peón ocupe posiciones valiosas y llegue a coronarse dentro de la escala de valores del rey, poniéndose a la altura de su dama.

Dos juegos de baraja han reinado indiscutiblemente en el ambiente del jugador dostoievskiano: De una parte, la baraja francesa cuya versión en inglés consta de palos de corazones, diamantes, picas, y tréboles, en que se destacan las cartas de la J-Q-K-As, donde la J representa al bufón (Joker), la Q representa a la reina (Queen), la K representa al rey (King), y el As representa al general o guerrero sin cuya espada se les acabaría el negocio a los otros tres.

De la otra, la baraja española con palos de oro, copa, espada, y bastos, en que se destacan las cartas de sota, caballo, y rey; y en la que la sota mata al 10, el caballo mata a la sota, y el rey mata al caballo; determinándose así su orden de importancia. 
Naipe español (oro, copa, espada, basto)

Entre los vagos, desocupados, o trabajadores en uso de buen retiro, que frecuentan los parques con bolsas de maíz para dar de comer a las palomas, las invitaciones entre amigos suelen ser categorizadas así: tinto mata agua, gaseosa mata tinto, cerveza mata gaseosa, aguardiente mata cerveza, y whiskey mata aguardiente. Un amigo que invite a tomar whiskey, adquiere categoría de príncipe.

La baraja marcada”, vals con letra y música de Juan Santiago Garrido Vargas (Juan S. Garrido), interpretado por Juan Arvizu:

Y ya que hablamos de amigos y de tragos, pongámosle música. Aparte del tema de Juan Arvizu, hay más. Hay una ranchera de Cuco Sánchez,  “Cartas marcadas” (para de hoy en adelante yo soy malo /y sólo cartas marcadas he de tener. /Tú vas a saber que siempre gano. /No vuelvas, que hasta a ti te haré perder). José Alfredo Jiménez en “Sota de copas” dice que “Las cartas de la baraja tienen mucho parecido con algunas de las gentes, y tú eres la sota de copas: muy bonita cantinera, pero se te van los clientes”. Juan Gabriel habla de “Ases y tercia de reyes”. El bolero “Fichas negras” habla de que “Tú me jugaste fichas sin valor”. El bolero “Amor perdido” dice que “todo fue un juego y no más en la apuesta yo jugué y perdí”. En el tango “Adiós muchachos” canta Carlos Gardel que “contra el destino nadie la talla”, haciendo alusión a la función del tallador en el juego de cartas; a lo cual también se refiere el tango “Madrugada”, de Fernando Rolón, que dice que “talla la madrugada”. En el tango “Las cuarenta” el letrista Francisco Gorrindo hace alusión al acuse de puntos en el juego de tute y dice que “vuelvo a vos, gastado el mazo, en inútil barajar”, a lo que Roberto Grela le puso música. Daniel Santos canta que “En el juego de la vida nada te vale la suerte, porque al fin de la partida gana el albur de la muerte… juega con tus cartas limpias…”. Hay un tango cuya letra de Agustín Magaldi interpretada por él mismo con música de Antonio Esteban Tello compara los amores con un juego de naipes: “Oro, copa, espada, y basto, /como pintas del amor… /frente a frente, cara a cara, /muchas veces me encontré /con un mazo que tallara /y mi fe para vencer. /Si yo, que fui punto bravo en el juego, /una sota me ha vencido".

Todo este cuento viene a cuento por cuenta de don Ricardo Soca que en la palabra del día se ocupa del origen de la palabra “sota”, usada para denominar la escala más baja en la corte de la baraja española, y aquí la reproducimos sotto voce (aquí, entre nos).

Rey, caballo y sota

Recuerdo haber leído alguna vez un poema dedicado al juego de Tresillo, pero el Sr. Google me dijo que "poemas de Tresillo no hay". Sin embargo, fue en uno de los cajones del Sr. Google donde encontré ese poema escrito por Gregorio Gutiérrez González, que copio más abajo del texto de don Ricardo Soca. No sé si comparado con el magistral canto al cultivo del maíz este poema se considere de factura menor, pero a mi modo de ver es este un alarde de habilidad poética para escribir versos sobre un juego del que el poeta dice no entender ni jota ¡Mamola! Hay que dominar la poesía, y el juego, y la jerga de ese juego, para hacer lo que él hizo donde el manejo de la métrica y la rima con semejante entretejido de diálogos es de quitarse uno el sombrero ante él.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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PALABRA DEL DÍA
(Ricardo Soca):
distribución@elcastellano.org

SOTA

El sota era 'el de abajo, el inferior', en la milicia, el soldado raso. Proviene del latín vulgar subta, emparentado con el latín clásico subtus ´por debajo'. En varios romances hispánicos –así como en la lengua de Oc en el sur de Francia y en algunas lenguas itálicas– dio lugar diversos términos náuticos, como sotavento 'lugar donde se está protegido del viento', o sea 'la parte de un navío opuesta a la dirección de donde viene el viento'. En el siglo XVII empiezan a aparecer vocablos prefijados con sota-, que introducía el matiz de 'por debajo de', como sotabarba 'la barba que crece debajo de la barbilla'. Como prefijo, sota- pasó a significar luego 'el segundo en alguna actividad', equivalente hoy a el 'vice-' o 'sub-'. Así, el sotocaballerizo era 'el que ayudaba al caballerizo' y el sotocura era un 'ayudante del cura, sacristán'. Este ayudante, de ocupación cuyo nombre se prefijaba con sota-, pasó a ser designado abreviadamente "el sota". Con ese sentido, sota sería también 'el soldado raso', el que está por debajo de todos los demás. Corominas dice que en catalán sota aparece ya en 1460 como 'la carta diez de cada palo de la baraja' española: el sota es 'el que está por debajo del rey y del caballo. Un siglo y medio más tarde este naipe aparece mencionado en una comedia de Cervantes publicada en 1615 en la recopilación Entremés de la guardia cuidadosa: Sota y caballo; no falta sino el rey para tomar las manos. En el Diccionario de Autoridades de la Academia Española (1726-1739), sota es definido como: La tercera figura, que tienen los náipes, la qual representa el infante, ò soldado. Díxose de la voz Italiana Soto, que vale debaxo, porque vá después de las figuras de Rey, y caballo, que le son superiores.

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Tresillo

Ha pocos días quejábame 
de que no hallaba qué hacer 
en Medellín por las noches 
desde las siete a las diez. 
Ni un baile, ni una tertulia, 
ni nada en qué entretener, 
cuando me dijo Javier 
que “En estos días Sañudo 
ha establecido un hotel 
en donde puedes pasar 
horas enteras muy bien”. 

“Allí juegan dominó, 
juegan tresillo, ajedrez, 
hay buena conversación, 
periódicos que leer; 
allí dan brandy, cerveza, 
hay vinos, dulces, café... 
Es buen establecimiento, 
¿Por qué no asistes a él?”. 

Pues, señor, con tal noticia 
al fin me determiné. 
Tomé mi capa, al momento, 
y entré en el club a las seis. 
Tres personas que salían 
en el zaguán me encontré: 
-“¡Qué tal si no meto el basto!”, 
decía uno de los tres. 
-“¡Y si no das el arrastre!”. 
-“¡Qué solo el que me llevé...!”. 
Me dirigí al comedor 
y allí comiendo beef-steak 
estaban varias personas, 
hablando a más no poder. 
-“Yo perdí ese solo de oros, 
el más grande que se ve; 
seis, de cuatro matadores; 
rey de copas, cuatro y tres; 
por consiguiente, dos fallas...”. 
-“¡Pero, hombre, no puede ser! 
¿Lo perdiste...?”. –“Lo perdí”. 
-“¿Por mal jugado?”.- “¡Tal vez! 
Me recomieron los triunfos 
que en las dos fallas jugué, 
me asentaron los chiquitos 
y me fallaron el rey”. 
-“¡Amigo! ¿Qué te parece 
la polla que me saqué? 
Eché vuelta con la espalda, 
me salió de espadas seis; 
con tres de espada fui al robo, 
y ni un solo triunfo robé. 
Sin un rey, sin una falla; 
y sin embargo, has de ver, 
me la he llevado por cuatro... 
¡Tan mala y no la chillé...!”. 

De allí pasé a los salones. 
Había en un canapé 
sentadas varias personas 
que hablaban casi a la vez: 
-“¡Perdí esta polla de espadas: 
Espada, malilla y rey, 
caballo, sota, otro triunfo, 
un rey y una falla!”. –“¡A ver! 
¿Pero cómo?”. –“De codillo”. 
-“¡Era muy grande...! ¡Ya ves!”. 
-“Nooo; pero nadie ha perdido 
la polla que perdí ayer: 
Tres matadoras con copas 
y la tercia... robé tres...”. 
-“¡Fuiste a robar siendo solo!”. 
-“¡Sí, hombre! ¡Y lo que robé! 
Un orito, una copita, 
y a pateperro”. –“Pero es 
que tan sólo renunciando 
esa se puede perder...”. 
-“Pues, así me sucedió; 
robé mal, y renuncié”. 

Cansado ya de escuchar, 
sin una jota entender, 
fui a ver a los jugadores 
sentados de tres en tres. 
-“Habla la mano”.- “Paso”.-“Juego”. 
-“Bien pueda; diga de qué”. 
-“De las bravas. ¿Quiere espadas?”. 
-“Dan espadas, robe usted”. 
-“La mano juega. Rey de oros”. 
-“Tengo oros”.-“Yo también”. 
-“Bastos, tengo. No metí. 
¡Siempre está fallo ese rey!”. 
-“Un arrastre nunca es malo. 
¿Sirvieron todos? A ver... 
¿Cuántos triunfos han salido?”. 
-“Salieron... tres y tres... seis... 
A ver su baza. Aquí hay uno”. 
-“Seis y uno... siete... y tres, diez”. 
-“Uno de éstos para el basto”. 
-“¡No se podía perder!”. 
-“¿De qué entró? ¿Cuánto se debe?”. 
-“Cinco reales.- Tome usted”. 
-“Un fuerte por cinco reales”. 
-“Cinco reales”.-“Muy bien”. 
Me separé de esta mesa 
Y a otra mesa me acerqué. 
Allí exclamaban: “-¡Pero, hombre! 
¿Por qué no quiso volver 
esas espadas sabiendo 
que estoy fallo?”. –“Lo mismo es. 
Si el señor juega su basto, 
mejor se lo dejo hacer; 
los embazo, y en seguida 
con sota y rey me hago pie”. 
-“No hay remedio. Tijereta 
para el caballo de usted”. 
En otra mesa decían: 
-“Cinco, entrada; vuelta, seis; 
tres matadores, son nueve; 
primeras diez, dan de a diez”. 
Y en otra: -“¡Si yo he podido 
agachármele a su tres!”. 
-¡No, señor, con un triunfito 
de los míos que eche usted...!”. 
-“¡O que usted vuelva a sus bastos!”. 
-“O que no vuelva oros él...”. 
-“Es puesta...”.-“Le doy codillo...”. 
-“¡Si eras más grande! Da, Andrés”. 
Y mareado, aturdido, 
no pudiendo comprender 
ni el juego ni las palabras, 
y maldiciendo a Javier, 
salí a la calle al momento. 
Llegué a casa, y me acosté; 
Pero, apenas me dormí, 
soñé que estaba en Babel. 

Gregorio Gutiérrez González

viernes, 8 de agosto de 2014

74. Bikina y Bikini, historia de una canción

Tal vez debamos empezar por saber que desde el punto de vista geográfico un atolón es una isla coralina de las que abundan en el Océano Pacífico Sur en la región de la Polinesia; pero desde el punto de vista sociopolítico la palabra ha venido a convertirse en un sinónimo de atropello imperialista. Infame atropello fue el que cometieron los franceses entre los años de 1966 y 1974 cuando escogieron el atolón de Mururoa para hacer las pruebas nucleares que no podían hacer en los Campos Eliseos ni sobre la torre Eiffel. Desalojaron, entonces, a los nativos que vivían en el atolón y los desplazaron para poder contaminar la isla de radiaciones atómicas. Infame. Pero la fórmula no se la inventaron ellos sino los norteamericanos que entre 1946 y 1958 desalojaron a los nativos del atolón de Bikini en la misma región del Océano Pacífico para hacer sus propias pruebas. Un atropello escandaloso, que puso el atolón de Bikini sobre el mapa y la isla dejó de ser un punto perdido en el océano para convertirse en un inmenso hongo en expansión. Puso también la palabra “bikini” en la mente de las personas y del francés Louis Reard que en 1946 diseñó el traje de baño femenino de dos piezas y las gentes lo bautizaron con ese nombre por considerar que tal prenda equivalía a una verdadera bomba atómica por mostrar el ombligo en una época en que las mujeres se cubrían hasta la rodilla. No fue él el inventor de tal prenda, sino el que la trajo a los tiempos modernos; puesto que ya existían bikinis en la antigüedad, según se desprende de mosaicos romanos quizás anteriores a los tiempos de Cristo.


Hay una leyenda mexicana que da el nombre de “La Bikina” a una mujer que andaba por las calles con la razón extraviada en tiempos de “Los Cristeros”, como se conocía a los defensores del clero que estaba siendo atacado por el Estado, y no sé si existan documentos de la época donde la palabra bikina aparezca. Si fuera así, me extraña que tal palabra hubiera llegado a México en tiempos en que el pequeño atolón de la Polinesia era, por decir algo, desconocido en nuestro lado del océano. Que yo sepa no hay otro lugar con el nombre Bikini puesto antes de los estallidos atómicos norteamericanos.

Me ha llegado un texto de don Frank Chávez en el que cuenta la historia de “La Bikina”, famosa canción que muchos cantan y graban sin dar crédito a su autor, el compositor mexicano Rubén Fuentes Gasson, nacido en 1926, cuya composición data de muchos años antes de que nacieran los cantantes María José Quintanilla y Luis Miguel, a quienes les ha sido atribuida. Nada de eso, según lo explica el Sr. Chávez, de quien tomo algunos fragmentos o apartes de su correo para compartirlos con ustedes.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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LA BIKINA Y SU ORIGEN
Por Frank Chávez

"La Bikina", ¿No es una canción chilena, según dicen algunos reportajes en Internet? Dicen esos artículos que la letra es de la cantante chilena María José Quintanilla, gran intérprete de canciones iberomamericanas que se presentó en el Festival de la Canción de Viña del Mar. Amigos, soy tonto, pero no tanto como para creer tal infundio. "La Bikina" se compuso en 1964 y esta niña chilena, María José Quintanilla, no nació hasta el año de 1990.

Según su compositor, el maestro Rubén Fuentes Gasson, estando de vacaciones en Acapulco, en la playa frente al Océano Pacífico, con su entonces esposa la actriz mexicana Martha Roth y con Alejandro Fuentes Roth, su hijo menor. El pequeño, al ver tantas jovencitas con tan poca ropa, puesto que la mayoría de ellas andaba con bikini, exclamó: "¿Qué es eso?  ¿Por qué andan vestidas así?". Entonces Rubén le contestó explicándole a su pequeño hijo que "Ese es un bikini". Con lógica infantil el niño inocente le replicó a su papá: "No, es una Bikina", puesto que en español las cosas femeninas suelen terminar con "a" y las masculinas con "o".  Esta reacción de parte del pequeño era una buena respuesta y dio título a la canción compuesta por su padre.

Como en la bossa nova brasileña "La Chica de Ipanema", que andaba de moda también por esas fechas, la canción habla de una muchacha que se pasea por las playas despertando la admiración de todos los chicos. Sin embargo, “La Bikina” no es brasileña sino mexicana e inspirada por una chica mexicana en las playas de Acapulco del Estado de Guerrero en México.

La letra está registrada a nombre de Alejandro Fuentes Roth, el nombre del hijo menor de Rubén Fuentes, pero no es de él puesto que en ese entonces era un niño listo pero incapaz de componer un tema de esos a tan temprana edad. ¿Por que dicen las etiquetas de los discos que la letra es de ALEJANDRO FUENTES ROTH?  Pues, porque fue un regalo de su padre. Las regalías de esta obra irían a su hijo menor. ¿Por qué? Pues porque los padres aman a sus hijos y quieren que tengan una seguridad económica.

Hay una leyenda en México que habla de una muchacha huérfana que fue criada por las monjas de un convento desde que era una bebé. Durante la administración del presidente Plutarco Elías Calles en México hubo una campaña en contra de la institución de la Iglesia Católica. Hubo persecución a curas y monjas. ¿Por qué?  Bueno, porque Calles y muchos de los revolucionarios de la Revolución Social Mexicana de 1910 eran socialistas, marxistas, y solían asociarse con el comunismo. Eran ateos. Pero, el coraje o rabia que le tenían a la Iglesia era porque en tiempos coloniales los españoles le dejaron a las comunidades religiosas propiedades, terrenos, y terruños de mucho valor. Eran los campos más ricos y productivos de la nación; mientras gran parte de la gente vivía sin tierras, trabajando para otros. Muchos tenían tierras rocosas que producían poco. México es un país muy montañoso y los valles fértiles estaban en manos de ricos hacendados y de la Iglesia Católica.

Calles cerró conventos, monasterios, escuelas, iglesias, etcétera, y puso en prisión a clérigos, mandó asesinar a otros; pero el mismo pueblo mexicano se le volteó porque México es un país muy católico. Los líderes políticos de México tal vez fueran ateos, personas que no creían en un Ser Supremo, creador del mundo y el universo; pero los peones, por más ignorantes y analfabetas que fueran, creían en las enseñanzas que recibían de los curas y las monjas. En Jalisco y en Zacatecas surgieron los Cristeros que se levantaron en armas contra Calles que envió allá al ejército mexicano para que aplastara y apaciguara a los insurgentes. Allá en la sierra de los Altos de Jalisco entraron los soldados a un convento y uno de los oficiales, el capitán Humberto Ruiz, se llevó a una muchacha muy bella que encontró enclaustrada. Era la huerfanita de quien les contaba que llevaba por nombre Carmen. La muchacha jamás había salido fuera del convento y fue tanto el susto y el impacto sufridos que se enfermó. Estuvo varios días inconsciente con fiebre alta.

Cuando se recobró, no conocía a nadie. Dicen que iba vagando por las calles y los que la conocían le daban de comer. Dormía donde se le hacía de noche. Dicen que Rubén se inspiró en esta leyenda para su letra. ¿Será sólo una leyenda? Tal vez, pero sí pasaron muchas cosas similares durante este periodo de la Guerra de los Cristeros en México que hubo durante los años 20. ¿Cuáles fueron los resultados de esta guerra?  Bueno, México permaneció cristiano y católico pero se establecieron leyes de separación entre el Estado y la Iglesia. Se repartieron tierras que eran de la Iglesia Católica y se implementaron otras medidas para quitarle poder a la Iglesia y para que hubiera menos influencia por parte de esta institución religiosa. Se promulgaron leyes para darle a los mexicanos el derecho de pertenecer a otras sectas religiosas como las iglesias protestantes las cuales en años anteriores habían sufrido persecución religiosa en México. Tal vez Fuentes empezó inspirado con ese tema, y terminó después con otra imagen, la de la chica liberada, moderna, bella, y escultural,  que caminaba por las playas de Acapulco en un bikini.


Fue un exitazo esta canción, pero curiosamente fue su versión instrumental la que primero pegó. Fuentes estuvo por muchos años vinculado al Mariachi Vargas de Tecalitlán donde tocaba el violín y fue subdirector y arreglista. Hizo historia con sus arreglos. Decía mi padre que “los mariachis tocan muy feo porque el compás es muy recio y todos los instrumentos tocan al mismo tiempo”. Tenía razón, y lo primero que hizo Fuentes fue cambiar el compás a uno más moderno. Recuerdo que en las primeras películas norteamericanas sonoras las orquestas tocaban recio, a compás rápido y después se fueron asentando en un compás más suave y agradable.


Las grandes orquestas y grandes bandas (Big Bands) tenían sus arreglistas. Los instrumentos tocaban en partes. Tenían arreglos escritos en nota. Los músicos leían la notación. Fuentes hacía los arreglos y los pautaba en notas y los músicos, que sabían leer la nota y tocaban los arreglos que él hacía. En las introducciones, y mientras tocaban las cuerdas (violines), las trompetas permanecían en silencio; luego adornaban las trompetas, y las cuerdas descasaban de tocar. Cuando cantaban los cantantes, lo que se oye generalmente en las grabaciones son los cantantes y los instrumentos de acompañamiento (ritmo) como son la guitarra, el guitarrón, la vihuela, y el arpa. Llegaron los arreglos de Fuentes a convertir al mariachi en una pequeña orquesta sinfónica. ¿Cómo? Pues aumentó en algunos arreglos los violines, y utilizó en algunos arreglos violas y violoncellos. Adornó algunas canciones con flautas, marimbas, clarinetes, cornos, órgano, etc., para darle un colorido más placentero y moderno a las piezas. SALIÓ CON FUENTES EL MARIACHI DEL ESTADO PRIMITIVO DE LOS AÑOS PASADOS.

Los mariachis son como una pequeña orquesta y pueden interpretar de todo. Claro, a los puristas no les gusta esto. Para ellos el mariachi se inventó para interpretar sones jaliscienses de la sierra de Los Altos de Jalisco. Pero desde un principio fueron versátiles. Interpretaron valses, marchas y polkas. Después interpretaron danzones, boleros, corridos, rancheras, huapangos, etc.

Bueno, amigos, empecé con "La Bikina" y me metí en otras cosas. ¿Por qué? Porque todo esto está RELACIONADO y forma parte del RETRATO COMPLETO. La gente ve la música solo por pedazos, yo veo la música como parte de lo universal del hombre porque es lo que es.

Aquí está, para los incrédulos, el registro de la balada "La Bikina" con la SACM (Sociedad de Autores y Compositores de México)  ISWC: T.035.246.262  Compositor: Rubén Fuentes Gasson 00010981210 SACM; Ediciones Musicales Roth SA SACM 00034215321

Casi nunca veo que se le dé crédito en los discos. ¿Cómo la ven? ¿Será que a Fuentes no quisieron darle crédito?  No, no lo creo. Son las disqueras las que no hacen sus tareas como es debido.

Frank Chávez

(Hasta aquí la transcripción del texto recibido)
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“La Bikina”
Letra y música de Rubén Fuentes Gasson
Interpretada por Celia Cruz


Solitaria, camina la Bikina
y la gente se pone a murmurar.
Dicen que tiene una pena,
dicen que tiene una pena
que la hace llorar.

Altanera, preciosa, y orgullosa,
no permite que la quieran consolar;
pasa, luciendo su real majestad;
pasa, camina, y los mira,
sin verlos jamás.

La Bikina tiene pena y dolor.
La Bikina no conoce el amor.

Solitaria camina la Bikina,
y la gente se pone a murmurar.
Dicen que alguien ya vino y se fue;
dicen que pasa las noches soñando con él.
Dicen que pasa las noches soñando con él.

jueves, 7 de agosto de 2014

73. Casa del millón en el barrio Laureles de Medellín, rumores de leyenda con lustre de betunes

El escritor Fernando Vallejo escribió Casablanca la bella, una novela acerca de una casa que, para evitar que los constructores la echaran abajo y levantaran encima alguna mole de veinte o más pisos, compró y restauró en el barrio Laureles de Medellín. 

La historia de esa, su casa, “es la historia de un fracaso… La vida es dolorosa, angustiosa y miserable; y todas las grandes empresas del ser humano están destinadas al derrumbe y al olvido… Los colombianos se pasan la vida soñando con eso: la casa de sus sueños…”. 

Su hermano Aníbal, en un artículo publicado en el periódico El Mundo el 18 de octubre de 2014 dice que “terminando la década de los años cincuenta del siglo pasado mi padre compró un billete de lotería del Sorteo Extraordinario de Navidad, cuyos premios mayores eran casas en Bogotá, Cali, Manizales y Medellín; pero no se lo compró al lotero, sino al ganador de una casa situada en el barrio Laureles de Medellín, un señor residente en la Costa que no tenía interés en dicha casa… Cuando esta casa había costado 60.000 pesos, ya estaba en construcción la Casa del Millón; la que se convirtió en objetivo de curiosos que se trasladaban al barrio para conocer tal despropósito”.

A principios de la década de los sesenta la familia Ramírez Casas se trasladó a vivir a una casa de interés social adjudicada en una urbanización para obreros, construida por el Instituto de Crédito Territorial (ICT) en la comuna de Belén. Su costo fue de 13 mil pesos, cubiertos con una cuota inicial de 3 mil que eran producto de pequeños ahorros y de la liquidación de las cesantías de la fábrica textil donde trabajaba el padre cabeza de hogar; más un préstamo de 10 mil pesos concedido por el ICT para pagar en cuotas mensuales de 70 pesos. No era poco dinero, puesto que hubo familias que fueron desalojadas por atrasos en el pago de las cuotas. Cuando se fueron a vivir a la casa, venían de pagar alquiler de 50 pesos mensuales. El salario mínimo, por ese entonces, era de 420 mensuales; y la tasa de cambio estaba a 9 pesos por dólar. Se necesitaban 28 salarios mínimos para pagar una casa del ICT. Un millón de pesos era suficiente para levantar 77 de esas casitas. Esa cantidad tiene pelos, como dicen, y tratar de conseguirlos “empieza con uno, sigue con uno… y acaba con uno”. A muchos no nos alcanza la vida para ganarlos.

Artículo “El jardín del Arte, una casa en la calle” en el periódico El Mundo, de Medellín, publicado el 18 de octubre de 2014:
http://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=244506

Plano del 2º parque del barrio Laureles y 
sus alrededores, por el arquitecto Carlos 
Eduardo Molina Londoño

El barrio Laureles de Medellín fue proyectado en el año de 1941 por los arquitectos Pedro Nel Gómez Agudelo, famoso pintor y escultor, y el urbanista austriaco Karl Brunner; siguiendo el modelo radiocéntrico de la población de Palmanova en Italia, con plazoleta central rodeada de avenidas circulares concéntricas, y vías transversales de conexión. El actualmente denominado segundo parque de Laureles fue la primera glorieta o round point que hubo en la ciudad. Se empezó a construir en el año de 1943. Fue una novedad que rompió con el tradicional diseño de manzanas ortogonales enmarcadas por calles y carreras de trazado recto alrededor de una plaza cuadrada, en lo que los arquitectos llaman modelo hipodámico por su difusor Hipodamo de Mileto. Una novedad sí fue, pero también un dolor de cabeza para los no familiarizados con su señalización catastral, que encontraron enrevesada. Hay un conocido chiste entre mensajeros y taxistas que cuentan cuando se pierden en sus calles: “tocará preguntarle al gato de Laureles”, porque se considera que cualquier ser humano se pierde en esos vericuetos, pero hubo un gato que fue capaz de regresar a su casa después de tres días de haber sido abandonado en una población lejos de allí.

El Banco Central Hipotecario y la Cooperativa de Habitaciones para Empleados se unieron en el proyecto de construcción de un barrio que desde 1939 fue concebido como vivienda no de obreros sino de empleados, de la denominada clase media, y por tal razón se le llamó Ciudad del Empleado; pero rápidamente se valorizó como sector para las clases más pudientes, que fueron adquiriendo lotes para construir en los alrededores, o comprando casas a sus propietarios, hasta convertirlo en el sector residencial de más alto estrato económico de la época.

Árbol de laurel (Lauros nobilis)

Habitantes de Laureles escriben la historia de su barrio”, por Deisy Johana Pareja en El Tiempo.com de febrero 26 de 2014:
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13561235

La idea inicial era llamarlo Ciudad del Empleado, pero en 1946 se abrió un concurso para rebautizarlo, pues a muchos no les gustó el nombre. De los 2.497 nombres que participaron el ganador fue “Laureles”, porque en sus calles había árboles de este tipo sembrados por la Cooperativa de Habitaciones para Empleados.

Laureles, una pincelada del maestro Pedro Nel Gómez”, en la sección Historia de Laureles del blog Espacios Medellín, del portal Terra.com:
http://tr.terra.com.co/proyectos/espaciosmedellin/interiores/laureles/historia.htm


Casa del Millón, embetunada con Chinola

Un tolimense era mi lustrabotas de confianza, y de él escuché la curiosa historia del dueño de la Casa del Millón. Un día me preguntó: “¿Conoce usted al Sr. Asdrúbal Jiménez?”. “No”, le dije, y él se dejó venir con su historia. “Era un lustrabotas en el Bar Suez de la calle Pichincha con la carrera Carabobo, frente al Palacio Nacional, y se hizo amigo de un cliente asiduo, como usted. Ese cliente era un químico alemán que vino a Medellín a trabajar con una empresa y le tomó cariño al lustrabotas porque le gustaba la manera cuidadosa de hacer su trabajo. Un día le dijo que le iba a enseñar a preparar su propio betún, y se lo llevó para el laboratorio de la fábrica. Esa pasta casera resultó ser un éxito, más económica que los productos que se conseguían en el mercado, y don Asdrúbal empezó a venderla a sus compañeros lustrabotas. De ahí a montar una fábrica para producirla no hubo sino un paso, y usted sí ha oído hablar de los Productos Asdrúbal”. Sí había oído. Eran productos reconocidos. Por esos días uno veía las marcas de betunes “Cherry”, “Shinola”, “Águila”, “Béisbol”, y algún otro. Él bautizó “Chinola” a su producto, y lo dejó tan bien posicionado en el mercado que después fue fabricado por las empresas Química Borden y S.C. Johnson de Colombia. También sacaba una tubería conduit con una mezcla plástica de su invención que, con ademanes de culebrero, gustaba dejar caer desde el segundo piso para demostrar que era irrompible. Me pareció curiosa la historia de cómo a ese lustrabotas se le había aparecido la suerte en forma de químico alemán, y como había podido salir de la pobreza gracias a una fórmula que le cayó del cielo. 

Artículo “La casa del millón, del lujo al abandono”, en la sección “Anécdota” del blog “Espacios Medellín”, en el portal “Terra.com”; en el que puede verse la fotografía de la cuadriga de caballos que hubo en la entrada:
http://tr.terra.com.co/proyectos/espaciosmedellin/interiores/laureles/anecdota.htm

Asdrúbal Jiménez Salas consiguió mucho dinero, y para principios de la década de los sesenta adquirió un lote en una esquina de Laureles, el barrio más lujoso de la ciudad en ese momento, donde construyó la casa que fue denominada, y todavía se recuerda, como Casa del Millón. La casa, de dos plantas, como un paraíso terrenal en sus comodidades, fue construida con pisos de mármol de Carrara y tenía piscina, esculturas egipcias al pie de la escalera de caracol, tapetes finos, lámparas de cristal tallado, y otros decorados lujosos. Tenía a la entrada de la escalera exterior una imponente escultura de una cuadriga de caballos, y tenía muchos detalles exóticos desconocidos, en una época en que no habían hecho irrupción las extravagancias de nuevos ricos traquetos y mafiosos que llegaron después de los años ochenta. Los lujos que el industrial Jiménez puso en su casa eran de fama, aunque la mayoría de la gente no los conoció porque su entrada estaba abierta solo para los amigos y conocidos de la familia.

Escultura de una cuádriga de caballos, 
a la entrada de la casa del millón

Ignoro qué fue de la vida de don Asdrúbal, de qué murió, qué pasó con su empresa; y qué pasó con su lujosa casa, que fue símbolo de opulencia y cuando la conocí estaba en ruinas y solo le quedaban vestigios de la magnificencia que ostentó en otros tiempos, incluido su último uso como casa de alquiler para banquetes y recepciones sociales.

Video aficionado de las ruinas, que muestra vestigios del esplendor de otros tiempos:
http://www.youtube.com/watch?v=mZbQLhV1rmQhttp://www.youtube.com/watch?v=mZbQLhV1rmQ

Por espacio de casi cuatro décadas, desde 1960 hasta el 2000, la casa donde vivió don Asdrúbal Jiménez Salas, con sus hijos y su esposa doña Luz Elena Vélez, situada en la transversal 39 A nro. 71-145, reinó en el barrio como referente arquitectónico. En los inicios del nuevo siglo se convirtió en ruinas y hace un par de años fue reemplazada por el edificio Edimburgo, con 12 pisos de apartamentos. No tuvo esta casa una oportunidad de renacer como la que ha tenido Casablanca, la bella, de la mano de un Fernando Vallejo que la rescatara, aunque hay quien dice que sus lujos barrocos tampoco lo ameritaban desde el punto de vista arquitectónico. Suficiente fue con que se hubiera convertido en una leyenda.

Edificio Edimburgo Laureles
transv. 39 A nro 71-145

Por muchos años tuve por cierta esta historia, pero un residente de Laureles escuchó otra versión con no menos brillo, o menos lustre, que tratándose de betunes es lo mismo: 

En la década de los años treinta, o un poco antes, llegó a Medellín una pareja de ciudadanos alemanes que puso una fábrica de betún sobre la calle Colombia, cerca de la carrera 65. Don Asdrúbal Jiménez era su administrador y quedó a cargo del negocio cuando los propietarios viajaron a su país y los sorprendió allí el estallido de la segunda guerra mundial. No volvieron a Colombia. Ningún heredero se presentó a reclamar, y el empleado optó por cambiar de nombre a la empresa y continuar con la fabricación de sus productos, convirtiéndose en su dueño. Con los años, la trasladó para la autopista Sur, cerca de la fábrica de Coltejer en Itagüí”.

¿Qué hay de cierto en esto? La historia de los alemanes no es menos fantasiosa que la versión del lustrabotas. Es posible que, a la hora de la verdad, se combinen ambas versiones y el alemán que se hacía lustrar en el bar Suez fuera uno de los dueños de la fábrica, que se llevó al lustrabotas a trabajar con él. Es posible, pero tal cosa no la sabremos con certeza. Aunque sea difícil de verificar, quizás sea ése el origen de la fortuna del propietario de la famosa Casa del Millón; que desapareció, pero no su leyenda, porque el dicen que dicen la sigue llevando de boca en boca por el imaginario popular.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Comentario recibido:

Pacho Carrillo <noreply-comment@blogger.com>
28-10-2017 8:40

Pacho Carrillo ha dejado un comentario en su entrada "73. Casa del millón en el barrio Laureles de Medel...":

Quisiera corregir algunos errores que tiene mi comentario… La versión de los alemanes que llegaron a Medellín es la más acertada a mi modo de ver, combinada con la de que Don Asdrúbal en sus años mozos fue un embolador. Ambas las oí por la época en que lo conocí. Los industriales de la competencia, como Nicolas de Zubiría, presidente de Sintéticos Colombianos en esa época, me comentaron en una ocasión de lo mismo. A lo mejor es así: embolaba los zapatos del alemán, y terminó quedándose con la fábrica. Su gran error fue tratar de crecer construyendo una gigantesca planta en la zona industrial de Itagüí, la cual lo dejó ilíquido, y tuvo que recurrir a prestar dinero a la banca, hipotecando sus bienes que perdió al final. Lo que no comprendo es por qué la casa fue abandonada. A lo mejor no estaba hipotecada, pero sí embargada, y prefirió dejarla a su suerte. El video, que por cierto está muy mal logrado, no muestra el techo del comedor donde estaba el fresco con la réplica del Salón del Trono del palacio de Versalles, lo cual hace díficil reconocerlo en detalle, aunque sí tiene algunas tomas que muestran lugares de la casa que reconocí superficialmente, tales como la escalera que conduce al segundo piso, y el paso por el patio que conducía al comedor. Saludos, 
Pacho Carrillo
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Respuesta:

Señor Pacho Carrillo: Muchas gracias por su aporte, como persona que también conoció algunos detalles relacionados con la Casa del Millón y su propietario don Asdrúbal Jiménez. Son de interés para los lectores. No sé si interpreté bien su deseo de que no apareciera su dirección electrónica en este comentario, y de que el texto saliera de fácil lectura. Traté de hacerlo lo mejor posible. Cordial saludo,
ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)




miércoles, 6 de agosto de 2014

72. La Dolores de Calatayud

Entre las canciones que en mi niñez cantaban mi madre lavando ropas, y mi tía cosiendo prendas; cantadas a dúo con voces a cual más desafinada, estaba “La Dolores”.  Se me hizo la idea de que así como en otras partes las damas se han hecho a fama de ser fáciles de corazón y débiles de voluntad (en todas partes se cuecen habas, pero unas cargan con la fama y otras con la lana; y recordemos a Pereira, la ciudad “querendona, trasnochadora y morena”), a las mujeres de Calatayud también les había caído ese San Benito por cuenta de La Dolores; "porque era amiga de diversiones, /porque fue alegre en su juventud, /en coplas se vio La Dolores /la flor de Calatayud".

"Jota de Aragón", María Inés Carod

Dice la leyenda que las gentes se inventaron una copla para sacarle en cara a La Dolores sus liviandades, y que ella se afligió tanto de verse en boca de todo el mundo que se deprimió y murió de pena moral. Pregunté a doña Wikipedia de Google acerca de lo que sabía del asunto:

La “Jota”, de la zarzuela “La Dolores” de Tomás Bretón es como un segundo himno de España (“Aragón, la más famosa /es de España y sus regiones… /por una moza del barrio, /Patricio está que se muere; /no diré cuál es su nombre. /Que lo diga ella, si quiere”).

La “Jota de la Dolores”, de la zarzuela de Tomás Bretón, por Alfredo Kraus:

De tal jota se ha desprendido otra jota de corte menos lírico y más popular que es “El hijo –o la hija- de La Dolores” (“Si vas a Calatayud, /pregunta por La Dolores.  /Una copla la mató, /de vergüenza y sinsabores.  /Di que te lo digo yo, /la hija de La Dolores…”). Este es un pasodoble con letra del hispanoargentino Salvador Valverde, y música del español Ramón Zarzoso, que es el que ha llegado a nuestros oídos interpretado por chavales y churumbeles.

La copla de la Dolores” (o Si vas a Calatayud), 
interpretada por Juan Legido con Los Churumbeles de España:

EL HIJO DE LA DOLORES

Por ser amiga de diversiones,
porque fue alegre en su juventud,
en coplas se vio La Dolores,
la flor de Calatayud.

Una jotica recorrió a España,
pregón de infamia de esa mujer;
y su buen nombre, de aquella maña
yo tengo que defender.

(hablado):
"La Dolores de la copla...",
me dijo un día mi padre;
"...fue alegre, pero fue buena…
fue mi mujer…
fue tu madre".

Si vas a Calatayud,
si vas a Calatayud,
pregunta por La Dolores
que una copla la mató
de vergüenza y sinsabores.
Di que te lo digo yo,
el hijo de La Dolores.

Dicen al mozo de la ribera,
que por mi calle lo ven rondar:
“¿Sabes tu madre quién era?
Dolores, la del cantar”.

Ella me amaba, con amor bueno;
mas, la calumnia la avergonzó;
y no pudo limpiar el cieno
que la maldad le arrojó.

(hablado)
Copla, que vas dando muerte;
con el alma te maldigo.
Fuiste dolor de mi madre,
Pero, ¡No podrás conmigo!

Si vas a Calatayud,
si vas a Calatayud,
pregunta por La Dolores;
y en ofrenda de mi amor,
en su tumba ponle flores.

Di que te lo digo yo,
el hijo de La Dolores.

Leí alguna vez en el periódico El Espectador de hace jijuemil años que el Ayuntamiento de Calatayud, molesto por la dichosa fama, había resuelto abrir un concurso para premiar una copla que se apoderara tanto del gusto popular que la copla de La Dolores fuera olvidada.  Lo consiguió, pero resultó peor el remedio que el mal.  Ganó una que decía: “Si vas a Calatayud, /no inquieras por La Dolores.  /Pregunta por La María, /que es hija de La Dolores, /y hace los mismos favores /que La Dolores hacía”. Contaban en la misma anécdota que en Calatayud había un peluquero o estilista de los de la época, bastante amanerado, que tenía manías de ser noble de sangre azul, y por tal razón lo habían apodado “El Marqués”.  La copla que le sacaron no salió más afortunada que las otras: “Si vas a Calatayud, /no inquieras por La Dolores.  /Pregunta por El Marqués, /que hace los mismos favores /que La Dolores hacía… /pero los hace al revés”.

Con alguna variante, más otras coplas al respecto, he encontrado en un cancionero unas coplas populares relacionadas con “La Dolores”, que copio más abajo. Contienen inconsistencias pero se entiende, claro, que algún repentista las improvisó de afán para entretener a su auditorio. He corregido un par de detalles de métrica, pero hay cosas incorregibles como la de decir que La Dolores es una chica muy linda, y renglones más abajo decir que La Manuela es su nieta y ya está en edad de hacer los mismos favores que hace su abuela; si así fuera, La Dolores ya no sería tan chica.

Da para mucho el cuento de La Dolores, pero ¿Cuál es su historia real? Aquí nos la cuenta el Sr. Google:


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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COPLAS POPULARES

El hombre que se enamora
de una mujer de teatro,
es como el que tiene hambre
y le dan bicarbonato.

El hombre que se enamora
de una mujer con amigos,
es como el que tie'un tabaco
y se lo fuma el vecino.

Si los cuernos alumbraran
como alumbran los faroles,
estaría Canadá
llena de iluminaciones.

Yo quisiera tener novia
que tuviera joyería.
Le robaría las joyas,
y después la jodería.

Pobrecito Salomón
con todas sus mil mujeres,
si yo con una que tengo
me doy contra las paredes.

Cuando yo era chiquitico
todas me querían besar,
y ahora que estoy grandecito
todas se hacen de rogar.

Cuando yo era chiquitico
dormía al lao e la criada,
y ahora que estoy grandecito
no quiere la condenada.

Si vas a Calatayud
pregunta por la Dolores,
que es una chica muy guapa
y amiga de hacer favores.

Si vas a Calatayud
pregunta por la Manuela,
que es nieta de la Dolores
y lo mismo que su abuela.

Si vas a Calatayud
pregunta por don Manuel,
que si no está la Dolores
el favor te lo hace él.

Si vas a Calatayud
pregunta por el Marqués,
que hace igual que la Dolores
solamente que al revés.

Si vas a Calatayud
pregunta por la vecina,
que hace igual que la Dolores
y además te da propina.

Si vas a Calatayud
pregunta por Josefina,
que hace igual que la Dolores
pero con penicilina.
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