domingo, 29 de enero de 2017

189. Método Trueta, Profesor Campuzano Ibáñez, y Dr. Hernando Echeverri Mejía

–TRES VELAS ENCENDIDAS EN EL ALTAR 
DE MIS TAUMATURGOS Y MIS TRAUMATÓLOGOS–

1. Curadores de almas

Hay de curas a curas, y de médicos a médicos. Curas hay cuyo método inquisitorial de confesión consiste en fórmulas aprendidas y mecánicas de introducción: “Rece el Señor Mío Jesucristo… Cuánto hace… Diga sus pecados…”. Lo que se sigue luego puede oírse en varios confesionarios a la redonda: “Grave, muy grave… pecado mortal… grave, muy grave… ¿Que queeé?”, y sacan la cabeza de su sitial para ver bien al confesado que se oculta tras de la ventanilla y la cortina. Su tono de voz tronante ya infunde miedo, y la penitencia que imponen es un castigo ejemplar que requiere de valor, tiempo, y voluntad para cumplir.

Otros hay, por el contrario, bondadosos que acogen al penitente con alma caritativa y muestras de comprensión. No ocultan la gravedad del pecado, pero procuran hacérselo saber en medio de consejos pronunciados con voz tenue y haciendo lo posible para que los vecinos no se enteren del contenido de la conversación. Estos animan al arrepentimiento y al propósito de la enmienda, y estimulan a volver porque con ellos se siente alivio y no sobrecarga de culpa.

Cuando en aquella noche de sábado, madrugada de domingo ya, salimos del pequeño apartaestudio que albergaba a la amiga de mi amigo y a su prima (de ella, hay que aclarar), donde habíamos estado jugando a la pérdida de prendas con el giro de una botella; mi amigo y su amiga ya eran más que novios, y yo me había hecho novio de la prima. Salí embriagado de copas y de besos, y abordé mi Lambretta con los reflejos y el sentido de orientación bastante embotados. En donde hoy está el intercambio vial de la Avenida 80 con la calle San Juan había una glorieta en ese tiempo, con sembrado de pasto y matas en el centro, rodeada por un cordón perimetral de cemento de unos veinte centímetros de altura. Ustedes tal vez recuerden esa glorieta pero ese día… ¡A mí se me olvidó! Pasé derecho con la Lambretta hecha una guanábana, y con mi tibia y peroné izquierdos fláccidos como si fueran un pañuelo agitado por despedidas en medio de lastimeros ayes de dolor. No podría decir que ese día fue mi día de mala suerte, no, puesto que mi novia de esos días estuvo adorable y se hizo inseparable de mí en las semanas que siguieron. No puedo ser desagradecido porque su compañía fue un soporte emocional incomparable para mi recuperación, mientras médicos ortopedistas traumatólogos de la clínica como el Dr. Gabriel Álvarez Vásquez, el Dr. Heriberto Gil Lasso, el Dr. Marcos Roiter Sztum, y el Dr. Hernando Echeverri Mejía (nombres que se leían en el directorio con las placas de los consultorios a la entrada), se reunían a debatir qué se debía hacer en este caso, que mostraba un cuadro clínico complicado. 

2. El Dr. Hernando Echeverri Mejía, curador de cuerpo y espíritu 

Puedo afirmar, también, que ese fue mi día de buena suerte porque en la sala de urgencias de la clínica a donde fui llevado estaba de turno el médico ortopedista Hernando Echeverri Mejía que era, al decir de las señoras, “una eminencia”. Por feliz coincidencia, para mí, el Dr. Echeverri era un reputado especialista en ortopedia, con amplios conocimientos en el área de traumatología; pero, además, aunaba a esos conocimientos un carisma, una empatía con los pacientes, una queridura, que lo convertían en un tumbalocas por fuera de los quirófanos y una especie de santo milagroso por dentro. A diario pasaba a visitarme, y su esperado saludo era como un bálsamo que me hacía sentir como si hubiera recibido la bendición del Santo Padre. Ese sentimiento pueril e ingenuo es, para la recuperación, un importante soporte sicológico, como saben los estudiosos de los fármacos y los placebos. De hecho, “en la confianza que el médico genere en el paciente está la mitad del tratamiento”, dicen algunos. 

Años después, cuando mi episodio ya era historia, me encontré con el Dr. Echeverri que se había retirado de la política. Me saludó con deferencia e incluso, diría yo, con alegría de verme, igual a la que yo sentí de verlo a él. Soltó un efusivo: 

¡Orlando, qué alegría me da verte caminando por tus propios pies! Yo llegué a creer que vos no volvías a caminar cuando la junta de médicos dictaminó que teníamos que amputar la pierna; pero, sabiendo que no había nada que perder, y viéndote tan joven e ilusionado con la vida, pedí me dieran la oportunidad de tratar de salvártela aunque tenías los huesos desastillados y la herida sucia comenzando a infectarse. Acomodamos los huesos y te pusimos una platina que infortunadamente tu organismo rechazó como cuerpo extraño. A veces pasa. El tratamiento para la infección se complicó por ser alérgico a la Penicilina, pero afortunadamente en la Rifampicina encontramos un sustituto. Te enyesamos para tapar la herida según un método descubierto durante la guerra civil española. En ese entonces no había médicos suficientes para atender a los heridos, que eran vendados mientras podían trasladarlos a hospitales de campaña y encontrar el tiempo de que los revisara un ortopedista. Al destaparlos, una gusanera se había apoderado de la herida pero, curiosamente, esos gusanos se alimentaban con los tejidos necróticos y, al retirarlos, ¡la herida estaba limpia y sin infección!, por lo que los anticuerpos no tenían que desgastarse en esos tejidos y podían ocuparse de las bacterias. Te aplicamos el tratamiento, y funcionó”. 

Vea, pues, quince años después de mi accidente, vine a enterarme de que mi pierna está donde está de puro milagro, y que el santo que me bendijo con su intercesión fue el Dr. Hernando a cuya memoria prendo velas en el altar de mi gratitud.

3. El Profesor Campuzano, un curador de cuerpos

Pero el asunto tuvo más episodios. Cuando el Dr. Echeverri se dedicó a la política, y dejó la profesión. Mi tratamiento pasó a manos de otro especialista, reputado en su profesión, cuyo estilo era sobrio y circunspecto, frío, distante, escueto; que no me generó ninguna empatía. Su intervención fue fatal para mi osteomielitis y los huesos empezaron a supurar con lágrimas purulentas incontrolables que tenía que recoger en una venda desechable y cambiar tres veces al día para que el nauseabundo olor no espantara a mis amistades y no me llenara de horror de mí mismo. Por la abertura de la piel, al fondo, se veía el hueso. Acostumbrado como estaba al trato caluroso del Dr. Echeverri, este otro especialista resultó ser nocivo para mi mal, que se recrudeció, y puso en peligro el avance logrado hasta el momento. Pensé que mi problema no tenía solución, y dos alternativas me fueron ofrecidas en los mentideros callejeros, cuando ya llevaba dos años y medio andando con ayuda de muletas y bastón. De una parte, a mi padre le dijeron que un policía de La Estrella curaba con oraciones. No soy bueno para creer en las oraciones de los policías de La Estrella. De la otra, el Dr. Gabriel Álvarez, un médico general que atendía en un cubículo con divisiones de triplex al fondo de una farmacia de la carrera Carabobo con calle Amador en Guayaquil, con clientela compuesta principalmente de mujeres callejeras que acudían a él por culpa de sus enfermedades venéreas, me dio el mejor consejo que podía darme en ese momento:

Vea, Orlando, no vaya a contarle a mis colegas que yo le di esta información porque ¡me matan!, pero vaya al Hospital San Vicente de Paúl, por el pabellón de la derecha al fondo, cruzando a mano izquierda, y pregunte por el profesor Tomás Campuzano. Su puerta no está marcada, pero es fácil de identificar por la fila de pacientes que encontrará a la entrada. Cuéntele su problema, y dígale que va de parte mía”. 

Este Dr. Gabriel Álvarez era homónimo del reconocido ortopedista deportólogo Dr. Gabriel Álvarez Vásquez. Por no dejar de hacer esfuerzos, y sin ninguna fe, allá fui; y por parecerme mejor alternativa que la del policía de La Estrella. Muchos pacientes estaban en turno, unos enfermos de asma, otros de artritis reumatóidea, otros con ronchas, otros de osteomielitis. Llegó mi turno. De una estantería tomó una ampolleta de las que él mismo envasaba, y aserrándole la cabeza de vidrio la desprendió para poner la mitad de su contenido acuoso y salobre en una jeringa con la que me inyectó. La otra mitad me la dio a beber en una cucharilla y me dijo: 

Vuelva a la misma hora cada semana, durante seis meses. En un comienzo la infección se pondrá virulenta y sentirá fiebre, como sucede con cualquier vacuna. No se asuste, que es normal. Pero luego empezará a mejorar y mejorar, hasta que la herida termine por cerrar. Yo no cobro, pero según sus capacidades económicas acérquese a la recepción y done lo que pueda para la atención de los pacientes pobres que llegan al hospital”. 

Seis meses después, yo estaba curado. Asumo que esa inyección universal era una panacea aplicada a pacientes con dolencias muy diversas, y estimulaba en el organismo la creación de anticuerpos que atacaban cualquier enfermedad de origen infeccioso o alérgico. Eso es lo que yo supongo, porque saber-saber, no sé. Lo que sí puede deducirse es que sus conocimientos no le venían de ningún encuentro con indígenas del Chocó, como muchos especularon, sino de su experiencia con la microbiología patógena en la Escuela de Veterinaria de Madrid de donde emigró por culpa de la posguerra civil española.

El profesor Campuzano era hijo del pintor, acuarelista, y grabador español don Tomás Campuzano Aguirre, y tenía cuatro hermanos. Fue profesor de la cátedra de Enfermedades Parasitarias e Infecto Contagiosas de la Escuela de Veterinaria de Madrid desde 1921 hasta 1940 en que a petición propia pasó a excedente (retiro). La titularidad de la cátedra que había obtenido por oposición o concurso estuvo vacante hasta que años después le fue asignada también por oposición al profesor Carlos Sánchez Botija. Venía Campuzano de ser Auxiliar de Sección en el Instituto de Farmacobiología de España. Dijo el Dr. José Manuel Pérez García que el profesor Campuzano “De gran cultura y bien preparado para la cátedra, desde ella ejerció una eficaz labor de presencia y tratamiento de ciertas enfermedades infecciosas, no bien esclarecidas hasta entonces”. 

A la par con el ejercicio de la cátedra, en 1936 fue nombrado consejero del Ministerio de Trabajo, Sanidad, y Previsión de España, entre otros profesionales de la rama de la medicina. De su paso por el Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII, precursor de la Escuela de Veterinaria, da cuenta el Dr. Guillermo Suárez Fernández ante la Real Academia de Doctores al afirmar que: 

Debemos destacar el nombre de Tomás Campuzano Ibáñez, discípulo predilecto del Dr. Dalmacio García Izcarra…”.

En su libro autobiográfico “Una vida, y un entorno –1903-1978–. Memorias de un médico con vocación de biólogo”, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, el autor Dr. Juan Manuel Ortiz Picón da cuenta en la página 278 de su venida a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia como invitado para dictar unas conferencias, habiéndose hospedado en el Hotel Nutibara: 

Entre los profesores de aquella Facultad, encontré a dos españoles: Uno era el Dr. Miguel Gracián, procedente del Instituto Nacional de Sanidad de Madrid; y el otro español era el Dr. Tomás Campuzano Ibáñez, que fue profesor de la madrileña Escuela de Veterinaria, y que se exilió después de la guerra civil. Me causó pena encontrar a ambos un tanto decaídos; más Campuzano que Gracián”.  

El Profesor Campuzano vivía en un cuartucho de tercer piso en uno de esos edificios que hay en Juan del Corral entre la Avenida de Greiff y Caracas, residencias de solterones, en las que nadie se da cuenta de quién entra o quién sale. Un día los vecinos se quejaron de olores nauseabundos, y el portero derribó la puerta de la habitación. En medicina legal calcularon que llevaba de tres a cuatro días fulminado por un infarto, y se fue para la otra vida llevándose el secreto de su fórmula. 

Otra de las velas en el altar de mis afectos está encendida a la memoria del profesor Tomás Campuzano Ibáñez.

4. El Dr. Josep Trueta i Raspall, y su método cuasimilagroso

Hace un tiempo conté a un amigo esta ristra de historias que él, naturalmente, me creyó y, es más, me dijo que había conocido a varios de estos personajes porque fueron sus compañeros de trabajo. 

En ese altar te hace falta una vela, Orlando”, me dijo, “Debes encenderla en homenaje al profesor Josep Trueta i Raspall”. 

No sabía que el mencionado personaje existiera o hubiera existido, ¿Quién fue él? 

Fue el hombre que descubrió el tratamiento anaeróbico que te salvó la pierna”, me dijo mi amigo ortopedista. 

Efectivamente, encontré un enlace donde lo describen:


Allí me entero de que su tratamiento tuvo una contribución inspiradora en las experiencias del Dr. Winnet Orr, y que la confluencia de muchas personas del mundo de la medicina fue la que produjo los salvadores resultados que medio siglo después me tienen caminando. Una vela le estoy debiendo en el altar de mi gratitud por tenerme caminando sin ayuda de muletas.

5. San Pascual Bailón, santo patrono de los bailarines

Se cuenta en la hagiografía de San Pascual Bailón que él era un humilde pastor del campo que fue aceptado como hermano lego de la Orden de San Francisco, como encargado de hacer los oficios más sencillos. Un día un religioso se asomó por la ventana y vio a Pascual danzando ante un cuadro de la Santísima Virgen y diciéndole: 

"Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor".

Mi madre se sentía feliz rodeada de sus hijos, sus nietos, y sus bisnietos, en la celebración de su nonagésimo cumpleaños, por saberse una sobreviviente que salió de hospitalización en cuidados intensivos después de una complicada cirugía, invasión infecciosa de dos bacterias, y aplicación in extremis de los santos óleos. Pidió que para su cumpleaños le lleváramos serenata con música vallenata, y su sonrisa y alegría eran exuberantes como si se tratara de una quinceañera. Le parecía mentira estar en esa celebración. En algún momento, llevada del impulso, me sacó a bailar en un pedido que yo no pude rechazar. “¿Sabe qué, mijo?”, me dijo: 

Cuando yo le vi su pierna tan destrozada la vez del accidente de la motoneta, creí que usted iba a perderla y me puse a llorar. Le recé, entonces, la novena a San Pascual Bailón para que por su intercesión Dios le hiciera el milagro de salvársela, y vea cómo se lo hizo. Me parece mentira estar bailando con usted. Dele gracias a ese santo bendito”. 

Velas quedo debiendo, pues, en el altar de mis gratitudes.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 22 de enero de 2017

188. Puerta Inglesa en el barrio Buenos Aires de Medellín

He escuchado cuatro hipótesis sobre el origen del nombre de la Puerta Inglesa, un lugar situado en el barrio Buenos Aires de Medellín, en la confluencia de Ayacucho (calle 49) con Francia (carrera 28), al comienzo de la avenida de doble calzada con separador central denominada “Las Mellizas”.

1. NOMBRE DE UNA CANTINA

Las gentes son dadas a especular; ejercicio que, a falta de mayores datos, es entendible; pero las especulaciones tienen que tener algún asidero, y esta especulación no lo tiene por la sencilla razón de que el nombre de la cantina fue puesto cuando ya el lugar se conocía con ese nombre y no al revés. La cantina sí existió, pero no fue ella la que lo bautizó. Afirmar eso, no pasa de ser una especulación porque hasta finales del siglo XIX ese lugar era muy despoblado, puesto que Buenos Aires empezó a ser habitado de abajo hacia arriba y era un territorio considerado en las afueras de una ciudad que por entonces empezaba en la hoy plazuela de San Ignacio en la parte oriental y terminaba en San Benito como límite occidental. Por el norte la limitaba la quebrada Santa Elena, y por el sur el caserío de la calle de Guanteros o Niquitao en el camellón de La Asomadera; y así la muestran los mapas de la época. La palabra camellón se aplicaba a una vía carreteable sin pavimento que, por el drenar de las lluvias y el rodar de los carruajes, se adelgaza hacia los lados y va formando un lomo en el centro como la giba de un camello.

Cuando don Modesto Molina compró, en el año de 1874, un lote de terreno que era propiedad de don Carlos Coriolano Amador y llegaba hasta la Puerta Inglesa, o sea hasta la entrada de la casa de campo del Sr. Amador, se propuso urbanizarlo con el nombre de Campo Alegre, que iba a ser la primera urbanización comercial del país con lotes vendidos para pagar por cuotas. Don Modesto se quebró sin haber visto completar su proyecto, pero tanto él como don Coriolano alcanzaron a ver llenarse poco a poco de casas esos terrenos, en la primera década del siglo XX.

A pesar del entusiasmo por la construcción del sector, que describe don Tomás Carrasquilla en la crónica “Camellones”, él deja claro que tal urbanización en los comienzos solamente avanzó hasta eso de cuadra y media hacia el oriente desde la cantina de don Julián Rave en la esquina de la calle Ayacucho con la carrera Nariño, y que ese punto en la ciudad era considerado “extramuros”. Dice así un fragmento de su crónica reproducida en el libro La Ciudad y sus Cronistas, con recopilación de don Miguel Escobar Calle, editado en la serie Biblioteca Básica del Instituto Tecnológico Metropolitano de Medellín (ITM):


Cualquier día del año 74, se prolongó hacia arriba, obra de cuadra y media y todavía extramuros, la calle Ayacucho. Un ciudadano Rave levantó por ahí una venta con billares. Buenos Aires, rezaba su letrero enorme. Y, ¡Tú qué dijiste! ¡Eso fue un sortilegio ineludible! Vecinos y no vecinos acudían. Quiénes, solar; quiénes, casa; éste, quinta; aquél, ventorro; arbolado el municipio, iglesia los fieles. Pronto cuajó aquello como parte de encantamiento. Buenos Aires con sus alturas y sus vistas, con su rambla y sus calles adyacentes y sus vertientes al Santa Elena. Buenos Aires con su éter, su Gerona y su basílica, será siempre, en este suelo andino, el paseo sin rival. Otros camellones han surgido; muchos surgirán todavía; ¡Pero tú, Buenos Aires, hermoso y saludable, dominarás siempre, imponente y soberano!”.

2. POR UN INGENIERO INGLÉS QUE DISEÑÓ LAS CALLES DEL BARRIO

Viendo la municipalidad que esos terrenos de las afueras empezaban a poblarse de casas, se vio en la necesidad de poner orden en las edificaciones y para el efecto el gobernador Pedro Restrepo Uribe contrató en 1880 con el ingeniero inglés Juan Henrique White el trazado de las calles del barrio, ingeniero que muy inteligentemente hizo tal trazado con calles rectas y manzanas ortogonales, previendo que así facilitaría la nomenclatura de las casas y la orientación de los habitantes. Claro que para la fecha del trazado el alemán Friedrich von Schenck afirmaba que “la población de Medellín, inclusive el caserío de Buenos Aires, la calculo en más o menos 20.000 almas”. Eso quiere decir que Buenos Aires era apenas “un caserío” que llegaba hasta la Puerta Inglesa, y la propiedad privada de Miraflores seguía siendo privada porque de las Mellizas hacia arriba solamente sería urbanizado en la segunda década del siglo XX, luego de que don Coriolano vendiera parte de la finca Miraflores a los Jesuitas, en el año de 1915; y el resto fuera vendido por sus herederos al fallecer él en el año de 1919.

A las dos anteriores hipótesis se refiere el artículo que salió en la página 39 del periódico La Hoja, con fecha noviembre de 1994, escrito por el arquitecto Luis Fernando Arbeláez Sierra:

La en otro tiempo muy conocida Puerta Inglesa quedaba localizada sobre la calle Ayacucho en su cruce con la carrera 28, exactamente donde se inician las denominadas Mellizas, y era una especie de retén urbano que controlaba la entrada y salida de personas y mercancías desde el oriente de la ciudad a través del determinado camino del Tirabuzón”.

Estuve tratando de verificar la existencia del mencionado retén, puesto de control, caseta de peaje, o garita de resguardo alcabalero en ese lugar, pero no encontré ninguna mención al respecto, y es entendible puesto que hasta el año de 1915 cuando llegaron los Jesuitas, y el año de 1919 en que murió don Coriolano (su esposa doña Lorenza Uribe de Amador murió un año después), la finca Miraflores que se iniciaba en la Puerta Inglesa e iba hasta Los Caunces en Medialuna fue una propiedad privada por donde no se permitía el paso libre de transeúntes, paso de servidumbre que se realizaba bordeando la propiedad por la orilla de la quebrada Santa Elena hasta la desembocadura de la quebrada Bocaná, donde se producía el empalme con el camino del Tirabuzón; otra ruta, que bordeaba la misma finca, conducía por el camino de El Cuchillón del Contento hacia El Vergel, llegando al Tirabuzón por el mismo punto; y la otra bordeaba el camino de Loreto, sin adentrarse en la finca de don Coriolano, y empalmaba con la del Cuchillón en el Vergel. Hacia 1920 debió iniciarse, entonces, la construcción de las primeras casas tipo chalet que dieron paso a la urbanización de esos terrenos.

Continúa el artículo:

Su nombre, se dice, procede del ciudadano inglés John Henry White quien, de acuerdo con don Luis Latorre Mendoza, hizo el trazado de las calles del barrio Buenos Aires y, se afirma, construyó la puerta que marcaba los límites de la ciudad en fecha cercana al principio del siglo. John Henry trocó primero el míster por el don y muy rápidamente fue Don Juan Henrique White, primer cónsul nombrado por el Reino Unido en esta ciudad. De la vieja Puerta Inglesa retienen su nombre en el lugar: Un expendio de carnes, una cafetería, un mercado, un bar, y un servicentro; y diversas interpretaciones que tejen un sinnúmero de historias sobre su origen”.

3. POR UN INGENIERO INGLÉS QUE CONSTRUYÓ UNA PUERTA EN ESE LUGAR

He tratado de encontrar soportes y rastrear esta tesis que el mismo autor del artículo expone haciendo las salvedades del “se dice” y el “se afirma”, a falta de documentación concreta. 

Personalmente no veo sentido a que un ingeniero contratado para trazar las calles de una ciudad construya una puerta en propiedad ajena, ni encuentro lógico que las gentes bauticen una esquina específica con la nacionalidad del ingeniero que trazó las calles del barrio, sin llamar así todo el barrio. Tampoco encuentro registros de que don Coriolano hubiera contratado al ingeniero para tal fin. 

4. POR UN PORTÓN DE HIERRO FORJADO, HECHO EN INGLATERRA, QUE EL DUEÑO HIZO INSTALAR EN LA ENTRADA DE SU FINCA DE RECREO

El millonario don Carlos Coriolano Amador Fernández, reconocido hombre de negocios de Medellín en la segunda mitad del siglo XIX, es frecuentemente citado con ese nombre que evoca al general romano, pero según registros bautismales y debido a una confusión de grafía, quedó su nombre como Coroliano y así figura en documentos de notaría. En confianza sus empleados le decían “Don Coro”.

A él me refiero en el preámbulo de mi libro “Buenos Aires, portón de Medellín”, cuando escribo que:

El viajero que llegaba a Medellín desde el oriente, o el que quería salir, debía trasponer un portón de hierro forjado importado desde el Reino Unido en barco, transportado en vapor por el río Magdalena; traído a lomo de mulas por los quiebres de las montañas; hasta verlo instalado donde su comprador lo había soñado. La presencia de sus arabescos recortándose contra el sombrío de los árboles al fondo, dio nombre a ese lugar: La Puerta Inglesa. Los viajeros debían atravesar la finca Miraflores, por donde don Carlos Coriolano Amador permitía el camino de servidumbre. Hasta el sol, en los días de mi niñez, debía pasar primero por esa puerta antes de llegar a mi casa. La Puerta Inglesa venía a ser, pues, El Portón de Medellín y el acceso al querido Buenos Aires desde los municipios del oriente, cuyos migrantes se hicieron multitud por sus calles”. 

Y digo más adelante que:

En varias cosas fundó el paisa don Coriolano su fortuna. En lo que recibió de herencia del cartagenero don Sebastián José Amador López, su padre, que era un hombre adinerado; en lo que doña Lorenza recibió de herencia de su padre don José María Uribe Restrepo, que era más adinerado aún; en la habilidad para montar y desarrollar negocios productivos, que unía inteligencia y apalancamiento, dos factores de éxito asegurado; y en la habilidad de picapleitos que tenía, porque era un “pleitómano” reconocido y ya se sabía que pleito que ponía, pleito que ganaba. De todo pleito que casó siempre salió más rico”.

Reinaldo Spitaletta publicó el artículo “La ciudad, presa entre rejas”, de agosto 17 de 2015, en el blog Spitaletta.wordpress.com:


Dice en su artículo el periodista Spitaletta que:

Una de las puertas del Buckingham Palace de Londres es una enorme reja, sujeta a dos pedestales o columnas con lámparas de cinco faroles encima. Dicen que cuando el comerciante y empresario antioqueño Carlos Coriolano Amador (1835-1919) la vio, lo primero que se le ocurrió fue mandar hacer una réplica, la misma que tiempo después pondría en la entrada de su finca de recreo Miraflores, al oriente de Medellín, y que el vulgo nombró como la Puerta Inglesa… que distinguió la entrada de uno de los recreaderos del señor Amador, conocido también como el Burro de Oro. Ya no existe. Estaba ahí, donde se inician las denominadas Mellizas, en la calle Ayacucho. Una bomba de gasolina y tal vez alguna tienda, recuerdan su nombre. Tampoco vale la pena instalar una reja como la mencionada del palacio de la Reina Isabel (y en general de los monarcas ingleses), para espantar ladrones de Medellín. En cuestión de segundos se la robarían”. 


Bueno es aclarar que el portón de hierro forjado del palacio de Buckingham que don Coriolano hizo reproducir no es el actual, que data de una reforma en el año 1913, sino otro que había sido puesto en ese palacio que habitaron la Reina Victoria y su consorte el Príncipe Alberto a partir del año 1837; pero sí tendría que ser algo muy similar, acorde con las magnificencias del Imperio Británico. Tal vez nos parezca suntuoso que a un ricachón del trópico se le ocurra poner en su finca una entrada como la de la Reina Victoria, pero no era don Coriolano el único al que se le ocurría tan exótica idea porque hay un grabado brasileño que muestra un portón lujoso del siglo XIX, incluidos guardias de uniforme en la entrada.



Croquis en mano, el arquitecto historiador Rafael Ortiz Arango, en entrevista concedida a Byron White Ospina para el periódico Universo Centro de Medellín en su edición nro. 15 del mes de agosto de 2010, con el título “Ayacucho llena de espíritus”, hace un recorrido de occidente a oriente por Ayacucho (calle 49), desde Nariño (carrera 37) casi hasta la vereda Media Luna del corregimiento de Santa Elena, vereda donde ocurrió el famoso derrumbe de tierra reseñado por Gabriel García Márquez en sus crónicas para el periódico El Espectador de agosto de 1954.


La carrera Nariño está en la esquina de Ayacucho donde tuvo su cantina de nombre “Buenos Aires” el Sr. Julián Rave en el año de 1874, por cuya causa las gentes cambiaron el nombre original asignado por don Modesto Molina a la urbanización “Campo Alegre”. En el croquis que ilustra ese artículo aparece señalada con el número 7 la confluencia de Ayacucho con Francia (carrera 28), que es el lugar conocido como la “Puerta Inglesa”.

7. La Puerta Inglesa, la finca de don Coriolano Amador, que antes se llamaba Miraflores y recibió el nombre de Puerta porque cuando el magnate paisa viajó a Inglaterra, ordenó una reja en hierro forjado para ponerla en su finca y, según decía la gente que la conoció, era toda una obra de arte. Muerto don Coriolano empezó la parcelación de Miraflores, la puerta fue quitada y remplazada por otra hecha en Medellín, situada en lo que les tocó a los jesuitas de la repartida; ya en ese momento se había prolongado la calle Ayacucho hacia arriba”. 

Es este un testimonio recogido por el entrevistador Byron White de boca del cronista Rafael Ortiz Arango, personaje con el que White había venido haciendo un recorrido desde el centro de la ciudad, en sucesivas crónicas publicadas en el periódico mencionado, tocándole el turno ahora a la calle de Ayacucho; y para los días de mi niñez no recuerdo que otra puerta hubiera sido puesta en su lugar, a menos que se refiriera a la entrada de la Casa de Ejercicios Loyola y demás instalaciones que los Jesuitas tenían en la propiedad comprada a don Coriolano en 1915.

Dice el cronista Hernando Guzmán Paniagua en el artículo “Coriolano Amador, burro de oro o visionario de ciudad”, publicado en el periódico “El Pulso” –periódico para el sector de la salud–, Medellín, Colombia, Suramérica. Año 10 Nº 112, enero del año 2008, sección Cultural, que:


De la Hacienda Miraflores y su Puerta Inglesa –similar a la del Palacio de Buckingham–, donde (don Coroliano) festejó al pintor Francisco Antonio Cano al ganar la beca de estudio para París, y donde Carlos E. Restrepo alzó el mantel de una mesa para ver los enanitos que cantaban en un extraño aparato (el fonógrafo de Edison), sólo quedan los muros blancos de una casa donde hasta hace poco Regina Once recetó sus pócimas”.

Dice la biografía del pintor Francisco Antonio Cano Cardona que “Al promediar 1898 viajó en compañía del Dr. Luis Zea Uribe e ingresó a las Academias Julián y Carrosi en París”, lo que nos permite precisar ese como el año de llegada del fonógrafo a la casa de campo de Miraflores.

El Dr. Jorge Restrepo Uribe en su libro “Medellín: su origen, progreso y desarrollo”, publicado en 1981, hace un inventario de los puentes que había sobre la quebrada Santa Elena en el año de 1920:

Las Estancias (cra. 17 con clle. 51)
La Toma (Barrientos, hoy cra. 32)
Los Indios (Honduras, hoy cra. 36)
Boston (Giraldo, hoy cra. 39)
El Puente de Hierro (Ladera, hoy cra. 40)
Córdoba (Córdoba, hoy cra. 42)
Girardot (Girardot, hoy cra. 43)
Mejía (El Palo, hoy cra. 45)
Del Arzobispo (La Unión, hoy cra. 46, Av. Oriental)
Baltasar Ochoa (Sucre, hoy cra. 47)
Junín (Junín, hoy cra. 49)
Del Arco (Bolívar, hoy cra 51, hecho por el sabio Caldas)
Carabobo (Carabobo, hoy cra. 52, Carretero o de las Pisas)
El Puente Verde (Cundinamarca, hoy cra. 53)
El Puente Santamaría (Cúcuta, hoy cra. 54)

El Puente de Tablas, en la cra. 28 (Francia), no aparece en el inventario de 1920, posiblemente por tratarse de un puente peatonal no apropiado para el paso de automóviles y carros de tracción animal.

Por su parte el educador don Carlos J. Escobar G., en su libro “Medellín hace 60 años - 1946”, refiriéndose al año de 1886, habla de la Puerta Inglesa diciendo que:

…Razón por la cual los barrios de Buenos Aires y el de la Quebrada Arriba (La Toma, o Bocatoma), principiaban desde la Puerta Inglesa y desde los Salados o las Estancias, y terminaban en las playas del Aburrá o río Medellín… La avenida derecha de la Playa o sea de la Quebrada Arriba empezaba desde la casa de don Mateo Londoño, caballero simpático, educado, y padre del reconocido ciudadano don Pedro Luis Londoño que fue dueño del almacén llamado El Zapato Inglés, propiedad aquella que era de tabiques, techada con pajas, muy pintoresca y bien arreglada, la que se hallaba a continuación de un pedazo de terreno encerrado por tapias que daban a la avenida, y con una puerta de golpe que dejaba ver el que queda al frente del que fue el Puente de Hierro”. 

Es de suponer que a finales del siglo XIX un almacén reconocido estaría situado en cercanías de la Plaza Mayor o actual Parque de Berrío y no en extramuros, y su dueño tenía la casa de habitación en cercanías del Puente de Hierro (hoy carrera 40). Veo poco probable que tal almacén de calzado pudiera estar situado en un lugar muy despoblado, frente a la entrada de una finca particular, en una época en que el comercio de la ciudad estaba concentrado en unas pocas cuadras alrededor de la iglesia de la Candelaria.

Don Alfonso Builes Ortega, que fue Hermano Cristiano y rector del Colegio Federico Ozanam de Buenos Aires, afirma que conoció la Puerta Inglesa. Dice él, en conversación de mayo de 2011, que:

Mi nombre completo es Alfonso María Builes Ortega… Nací en 1927 en Carolina del Príncipe y conocí cuando era estudiante la Puerta Inglesa porque yo me educaba donde los Hermanos de la Salle e íbamos cada sábado de caminada a ese punto llamado Morro de Ratón Pelao. En esa época yo era estudiante y luego hice parte de la Comunidad de los Hermanos Cristianos de la Salle. Fui rector de varios colegios, entre ellos el Federico Ozanam donde pasé 25 años. Luego estuve como coordinador o prefecto de varios colegios como el San Carlos de Medellín y La Salle de Pereira, donde trabajé también con el Hermano Ignacio Felipe”.

Fue don Alfonso quien me dio la información que consigné en mi libro:

Buenos Aires, portón de Medellín
(Fragmento)

¿Y por qué ese nombre de La Puerta Inglesa, Primo? 

… Fue por la cantina que había en lo que hoy es Francia con Ayacucho, al comenzar Las Mellizas, costado noroccidental. Era parada obligatoria en la salida de viajeros para el Oriente, por el sitio de “Islitas” (hoy Puerto Nare). Llamaron la Puerta Inglesa a esa cantina porque ahí comenzaba la finca de recreo Miraflores de don Carlos Coriolano Amador, que llegaba hasta Los Caunces, y el portón de entrada era una puerta de hierro forjado traída desde Inglaterra.

“Cuenta don Alfonso Builes Ortega que la primera vez que vio La Puerta Inglesa o portón traído para poner en la entrada de la finca Miraflores fue en el año de 1935 o 36, cuando asistió como delegado de los cruzados católicos de Carolina del Príncipe al Congreso Eucarístico de Medellín, y fueron llevados a mostrarles ése que era uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Don Coriolano trajo el portón inglés de hierro forjado con arabescos que dio su nombre al sitio de La Puerta Inglesa, fabricado de muestra de uno que había en el Palacio de Buckingham en Londres”.  

El motivo de adorno predominante en esa puerta parece ser el de la bandera “Union Jack Flag” del Reino Unido; que consistía en una Cruz de San Jorge de Inglaterra, en color rojo; sobrepuesta sobre una X o Cruz de San Patricio de Irlanda, en color blanco; y sobre una X o Cruz de San Andrés de Escocia, en color rojo. En resumidas cuentas, una + sobre una x formando una especie de asterisco (*).

“La última vez que don Alfonso lo vio en ese lugar al comienzo de Las Mellizas fue en el año de 1943, cuando todavía era estudiante del escolasticado de los Hermanos Cristianos en San Pedro de los Milagros, y los aspirantes de la comunidad fueron traídos al Colegio de San José, en Enciso, cuya ruta de acceso era por La Puerta Inglesa. El portón fue obsequiado al Hermano Ignacio Felipe y éste lo hizo instalar en la entrada de la finca de los Hermanos en el sector de Gualanday del Valle de San Nicolás, contiguo a la sede recreacional de Comfama en la vía que conduce de Rionegro a San Antonio de Pereira. En la actualidad la finca está dividida entre la casa de encuentros de La Salle, con una edificación moderna; y el Colegio Anglo Español, que conserva la vieja casona campestre; pero el portón no se sabe dónde fue a parar”. 

(Hasta aquí el fragmento)

Tal descripción, relacionada con la bandera del Reino Unido, está apoyada en el siguiente párrafo que se encuentra en la página 67 del libro “Miscelánea sobre la historia, los usos, y las costumbres de Medellín”, del Dr. Alberto Bernal Nicholls, 1ª Edición mayo de 1980, Editorial U. de A.: 

Los lugares preferidos para tales caminadas eran los alrededores de la ciudad: los ejidos que quedaban por el camellón de La Asomadera, la salida para Aguacatal y Envigado, el cerro o morro del Salvador, el Cuchillón, la Puerta Inglesa que daba entrada a los predios de doña Lorenza Uribe y don Carlos Coriolano Amador; el nombre de Puerta Inglesa le venía de que estaba hecha con la figura que caracteriza la bandera inglesa; Campoalegre o las Perlas, en los alrededores de La Toma, el cerro y la manga de Casilda donde edificaron los Hermanos Cristianos su colegio (Colegio de San José) por los años de 1950…”.

La primera declaración hecha por don Alfonso Builes Ortega, acompañado de su esposa doña Alicia Jaller de Builes, fue hecha en abril del año 2007, cuando se escribía el libro citado. Esta declaración fue corroborada posteriormente por él en un nuevo encuentro realizado el 26 de diciembre de 2010; y luego en otro del 10 de mayo de 2011.



Dice don Alfonso que:

El portón era de dos alas, grande, para que pudieran entrar los buses hasta la parte interna de la finca que era de los Hermanos, que se llamaba El Morro (antiguo Colegio de San José, hoy ITM). Ese portón tenía la particularidad de que era hecho en hierro fuerte y recubierto con láminas de acero, terminando en la parte de encima con unas especies de crucetas o lanzotes. Se cerraba y abría con unos aldabones grandes. El Hermano Ignacio Felipe, que fue el que empezó la construcción del nuevo Colegio de San José, lo sacó de allí. Ese portón lo llevaron a Rionegro, a la finca de los Hermanos, y no sabemos para dónde más pasó porque eso lo lotearon. En el año de 1935 colocaron ese portón, y por ahí en el año de 1946, que se empezó el colegio, lo llevaron para Rionegro”.

Puede deducirse que cuando se empezó a construir el Colegio de San José en la finca El Morro de Enciso, bajo la rectoría del Hermano Ignacio Felipe, la entrada era por Buenos Aires; y que el portón de la Puerta Inglesa le había sido regalado a los Hermanos Cristianos que lo instalaron a la entrada de su finca, contigua a la propiedad que los Jesuitas compraron a don Carlos Coriolano Amador. 




En esta oportunidad se ratificó don Alfonso en su testimonio sobre la Puerta Inglesa:

Cuando se terminó, más o menos, el tiempo del tranvía, quedó el portón allí. El tranvía desapareció, y la finca que compraron los Hermanos, no sé si a don Coriolano, fue loteada. Al lotearla, había allí un gran portón que los dueños de esa finca que se llamó Ratón Pelao tomaron la puerta y la llevaron para el Colegio de San José. Allí permaneció mucho tiempo y el Hermano Ignacio Felipe como rector del Colegio pensó que esa puerta no debería quedar allí sino llevarla a Rionegro donde los Hermanos tenían una finca, y allí sirvió de portón a esa finca. Ese portón tenía la particularidad de ser construido con hierro supremamente fuerte y grueso, con rejas en la parte de encima. En la parte de abajo tenía unos machimbres y terminaba con un ala a un lado y otra al otro lado. Ese portón, que dio el nombre a la Puerta Inglesa, fue el motivo por el cual… La finca no la llamaban así sino “la finca del morro de los Hermanos” y esa finca fue loteada. Al lotearse, desapareció la puerta. Yo creo que esto debe ser motivo para tener algo de memoria sobre el límite de la parte construida en casas. La parte de encima terminaba en aros altos, y la adornaban unas rosetas muy bien hechas, martilladas, como acostumbraban los viejos. Seguramente para llevarla pesó casi tres toneladas”.

Una mañana de sábado fui a San Antonio de Pereira, el caserío que a mediados del siglo pasado quedaba apartado de Rionegro y el urbanismo ha convertido en un barrio más de esta población, buscando recorrer los predios de la propiedad de los Hermanos Cristianos de La Salle en ese lugar. Encontré que gran parte de la finca Gualanday ha sido parcelada en conjuntos cerrados de habitación, contiguos al centro recreacional Tutucán de Comfama. Los Hermanos conservan una casa de retiros espirituales un poco al fondo, pero vendieron parte de su finca al Colegio Anglo Español, que a su vez vendió lo suyo para construcción de edificios de apartamentos, junto con la parte frontal que también vendieron los Hermanos a las firmas constructoras. Una señora de edad me dijo recordar ese portón instalado a la entrada por mucho tiempo “que a lo último habían pintado de color naranja”; y un señor que vende chance en los alrededores de la iglesia de San Antonio me dijo haber vivido en una casa adjunta a la propiedad de los Hermanos “porque mis padres eran los cuidadores, y yo estudié en una escuelita que tenían allá. Recuerdo ese portón, pero no sé a dónde fue a parar. Posiblemente los de las demoliciones lo convirtieron en chatarra”. 

1. CONCLUSIÓN

A mi modo de ver, las hipótesis que se barajan son endebles, pero la que encuentro más posible es la de la existencia de ese portón forjado en Inglaterra que, a falta de pruebas físicas y tangibles, no tendría más validez que las otras hipótesis del dicen que dicen, si no fuera por las declaraciones del nonagenario don Alfonso Builes Ortega, el Hermano Alfonso, hechas en plena lucidez por un hombre de la mayor seriedad. La información es precaria, y a ella remito a los lectores para que se formen su propio juicio.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 15 de enero de 2017

187. Plagios campesinos o robos descarados

–Campesina Borincana, 
Campesina Dominicana,
y Campesina Santandereana,
tres campesinas y dos plagios desvergonzados–

"Plagiar, es cuestión de estilo"
(Pedro Antonio Rolón Comas)

Como suele suceder a veces con la H muda –que por ser muda se queda callada y se pierde en el ir y venir por las fronteras–, pasó con la niña Olán, cuya falda resultó zarandeada en los vericuetos del camino.

No sé por dónde empezar, pero como por alguna parte hay que hacerlo, empecemos por saber qué es “Orán”. Orán es una ciudad de Argelia, en el continente africano.

¿Y qué es “holán”? Preguntemos a doña Wikipedia de Google:

holán

1.
Lienzo fino que se usa para confeccionar camisas, sábanas y otras prendas de uso personal o doméstico. "Las mujeres se vestían con holán de hilo muy fino".
2.
Trozo de tela con volantes que se pone como adorno a las cortinas o los vestidos. "Llevaba un vestido blanco muy antiguo, recargado de holanes".

¿Y qué es “olán”? Volvamos a preguntar a doña Wikipedia:

olán

1.
Volante o tira de tela plegada que llevan como adorno algunas prendas femeninas. "Una falda con olanes".

Tengo mis sospechas de que en sus orígenes esa palabra provino de Holanda (Holland), pero no nos metamos con eso puesto que ya se metió el mexicano Gabriel Zaid en el blog Letras Libres.com al hablar de “Olán”:


Es posible que si alguno va por ahí y oye decir “Olán”, pero no sabe qué es eso ni con qué se come, entonces sus oídos resuelvan que oyeron Orán y suponen que Orán es un lugar de donde se importan camisones, o que también puede ser la dueña de un camisón. Nunca se sabe.

Ahora hablemos de Sergio Blanco Rivas y su esposa Estíbaliz Uranga Amézaga, de Bilbao (España), que en algún momento hicieron parte del grupo “Mocedades” y luego se retiraron para formar el dúo matrimonial de “Sergio y Estíbaliz”. De España, digo, y no de algún país del Caribe, y por lo tanto no de Puerto Rico el país apodado “Borinquen” por los jibaritos, y cuyo gentilicio de apodo son los “borincanos”. De este país es el alegre ritmo de la “plena”. Sergio Estíbaliz, según me informa el Sr. Google, no existe; o, por lo menos, él no lo tiene registrado en sus apuntes. Lo que sí tiene registrado es que la fruta caribeña que en Puerto Rico conocen con el nombre de quenepa, es la misma que nosotros conocemos con el nombre de mamoncillo. Bueno saber esto por si se nos atraviesa en la garganta esa pepa, o esa fruta.

En las pasadas Ferias de Cali, al terminar el año de 2016, estuvo en esa ciudad el cantante salsero panameño Miguel Ángel “Meñique” Barcasnegras, de quien dice doña Wikipedia que “… Recibió una educación estricta, basada en el respeto hacia los demás…”. Eso me parece muy bien porque el respeto hacia los demás es básico para una buena convivencia. Así debe ser. Chicho Cáceres, de la Orquesta Penonome, fue quien le dio el apodo de “Meñique”, por su baja estatura. El apodo entró a hacer parte de su nombre artístico. Barcasnegras es panameño y no borincano, pero eso no obsta para que sea admirador de Borinquen, y sobre todo de las campesinas borincanas a quienes llama “jibaritas hermosas”. Uno puede admirar a las mujeres de cualquier parte, y ni más faltaba que no fuera así (¡cómo me gustan las mulatas caribeñas que derrochan sensualidad, cómo me gustan!).

Hay un tema interpretado por él, que registró en la casa grabadora como de la autoría de Sergio Estíbaliz (que tampoco aparece registrado en Google como borincano), y lleva por título “Campesina Borincana”.

Campesina Borincana”, plagio falsamente atribuido a Sergio Estíbaliz, interpretado por Miguel Ángel “Meñique” Barcasnegras con el acompañamiento del Conjunto Chaney:


Como vemos, en este disco se hace un homenaje a la campesina borincana por parte de un cantante panameño, y con atribución de autoría a un supuesto compositor español. Como quien dice, un sancocho.

Pero resulta ser que esa “Campesina Borincana” es el mismo tema que compuso el santandereano José A. (Alejandro) Morales, de El Socorro, con el título de “Campesina Santandereana”. El cantante cambió la guabina por la plena, para poder acomodárselo a las borinqueñas; e, ignorante de lo que es un “camisón de olán”, cambió el olán por el orán porque le pareció más lógica una ciudad argelina que una falda de encajes y boleros.

Campesina Santandereana”, original con letra y música de José A. Morales, interpretado por Silva y Villalba:
  

El mundo del arte está plagado de plagios y de plagiadores. Muchos se escudan en el cuento de la intertextualidad porque, a no dudarlo, hay obras que contienen sólo uno o dos trazos, o uno o dos acordes, o uno o dos compases, de alguna otra que las influyó. Tal es el caso del venezolano Rudy Márquez que se inspiró en la canción “Bésame mucho”, de la mexicana Consuelo Velásquez; pero no la plagió sino que simplemente la esbozó en su tema “Memorias” o “Ella no volvió” (…Mientras escucho esa música / de “Bésame mucho” / yo siempre la recordaré, / yo siempre la amaré…):


Sin embargo, hay casos que son un olímpico desprecio por los reales autores, físico hurto o robo intelectual, vulgares atracos o raponazos. No les da vergüenza. Las agremiaciones de artistas son buenas para recaudar impuestos, pero regularcitas para repartir regalías, según dicen algunos, y definitivamente malas para defender los intereses jurídicos de los asociados. Basta con que les cambien una letra en un título, y ni siquiera se percatan de que hubo un atentado contra el patrimonio intelectual de intereses confiados a su cuidado.

Muy agradecidas debieron quedar las campesinas borincanas con el homenaje de artista tan originalmente inspirado. Comparemos las dos letras y confirmemos que cualquier parecido entre la copia y la versión verdadera no es mera coincidencia.

CAMPESINA SANTANDEREANA –Letra–
(Bambuco del colombiano José A. Morales)

Campesina santandereana:
Eres mi flor de romero. 
Por tu amor yo vivo loco; 
si no me besas, me muero. 
Me muero, porque en tus labios 
tienes miel de mis cañales, 
que saben a lo que huelen 
las rosas de mis rosales; 
que saben a lo que huelen 
las rosas de mis rosales. 

Cuando bailas la guabina, 
con tu camisón de olán, 
hay algo entre tu corpiño 
que tiembla como un volcán… 
Es el volcán de tus senos, 
al ritmo de tu cintura. 
Campesina santandereana, 
sabor de fruta madura. 
Campesina santandereana, 
sabor de fruta madura.

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CAMPESINA BORINCANA –Letra–
(Plena borincana, según plagio del panameño Miguel Ángel “Meñique” Barcasnegras)

Campesina borincana:
Eres mi flor de romero. 
Por tu amor yo vivo loco; 
y, si no me besas, muero. 
Me muero, porque tus labios 
tienen miel de mis cañales, 
que saben a lo que huelen 
las rosas en mis rosales; 
que saben a lo que huelen 
las rosas en mis rosales. 

Cuando bailas una plena, 
con tu camisón de Orán, 
hay algo entre tu corpiño 
que tiembla como un volcán… 
Es el volcán de tus senos, 
al ritmo de tu cintura. 
Campesina borincana, 
sabor de fruta madura. 
Campesina borincana, 
sabor de fruta madura.

¡Hey! Tú eres del campo la diosa,
puertorriqueña jíbara hermosa.

¡Hey! Tú tienes a flor de labios sabor 
a quenepa, mango, y piña madura.
Campesina de la montaña,
tú tienes la dulzura del melao de caña.

Cosas veredes, Sancho, en tus recorridos por este mundo de Quijotes.

Creí que Meñique era el único que se había metido en la violación de la campesinita santandereana, pero el asunto ya tenía antecedentes según lo reportado por don José Portaccio Fontalvo:

En el año de 1995 tuve el placer de lanzar el libro de mi autoría "Colombia y su música-Volumen II-Canciones y fiestas de la región andina", y en la página 62 escribí lo siguiente:

“A propósito de <Campesina Santandereana>, este bambuco fue plagiado por el cantante dominicano Fernandito Villalona, quien lo cantó y grabó como de su autoría con el título de <Campesina dominicana>, el cual aparece en el Larga Duración del sello Kubaney LP-17036, Depósito Legal nb 82-0104. El álbum se titula <Feliz cumbé>. La letra es la misma, sólo que cuando se trate de decir "santandereana" lo cambia por "dominicana". La música es la misma y es ejecutada en ritmo de Salve o de Jaleo, o sea folclor de la caribeña isla”.


Para el dominicano Villalona la campesina se convirtió en dominicana, la guabina pasó a ser mangulina, y el camisón pasó a estar “de lado”, cualquier cosa que eso signifique. El problema con las campesinitas violadas es que cuando resulta un violador le caen varios al redoblón, y en este caso la campesina santandereana pasó a ser primero dominicana y después borincana, y algún día terminará siendo “medioalemana”, porque los violadores no conocen límites.

El dominicano Fernandito “Mayimbe” Villalona tiene la mala maña de andar olfateando canciones ajenas para registrarlas como propias, haciendo cambios sutiles para despistar a los sabuesos. Tal cosa hizo también con “Gitano soy”, de Ignacio Román, que interpretó Chiqui Tete:

Gitano soy”, original del español Chiqui Tete:


Dominicano soy”, plagio del Mayombe Villalona:


Y sucedió también con “El hijo de patillal”, de José Eliécer Hernández Maestre, que interpretaron los Hermanos Zuleta. La denuncia la encuentro en la página de la emisora La Vallenata 102.3 FM Stéreo de Medellín:

“El hijo de Patillal plagiado por un dominicano”:


El hijo de Patillal” (Cuando pise tierra patillalera donde nacen las canciones sentidas), original por los Hermanos Zuleta (Poncho y Emilianito Zuleta Díaz):


Mi pueblo” (Cuando pise tierra dominicana donde nacen las canciones sentidas), plagio por el Mayombe Villalona:


Hay la posibilidad de que alguien de nombre Sergio Estíbaliz sea quien cometió el plagio y no Villalona, y también la posibilidad de que alguien con otro nombre haya usado el de Estíbaliz para hacer los registros legales, pero es Villalona el que ha puesto la cara en la interpretación de ese disco sin el reconocimiento de la real autoría, y habría que ver adonde han ido a parar las regalías. ¿Quiénes son los plagiadores, y dónde están? Igual puede decirse del registro indelicado en la interpretación de Meñique. En esto de la música lo malo no está en hacer adaptaciones sino en negar el crédito a los verdaderos autores y presentar las obras como si fueran composiciones propias. En esto reside el plagio. En el asunto hay involucradas regalías, y las regalías son dinero que se desvía de sus verdaderos dueños y va a parar a bolsillos ajenos.

Claro que se puede dar el caso de las denominadas contestaciones a una canción, o sea dos letras para una misma melodía, como sucede con el tango “La brisa” con música de Francisco y Juan Canaro, y letra de Juan Andrés Caruso, que tiene una versión cantada por Andrés Falgás (Yo fui sincero y supe quererla, sin pensar que un día pudiera perderla…) y otra cantada por Carlos Dante (Era una tarde y corría una brisa muy cálida y suave por la rosaleda…). Es un mismo título, son dos letras, pero en ninguna de las dos versiones se niega la autoría de la música de los hermanos Canaro. O está el caso del tango “El Choclo” (Con este tango que es burlón y compadrito…), con letra de Enrique Santos Discépolo; y del bolero “Besos de fuego” (En la apartada soledad de nuestras almas…), con letra de Mario de Jesús; que no niegan la música de Ángel Gregorio Villoldo. O el de “Siempre amigos” (Sentate, y escuchá; pero escondé las lágrimas…) y “Andate con la otra” (Andate, si querés, hoy hemos terminado…), cuya primera letra es de Enrique Dizeo y la segunda de Carlos Vicente Geroni Flores, pero sin negar la autoría de la música de Benjamín Tagle Lara. O está “La bicicleta”, de Carlos Vives y Shakira, que encontró en Los de Yolombó una parodia humorística que no niega la autoría de la música.

1. La bicicleta” (Lleva, llévame en tu bicicleta. / Óyeme, Carlos, / llévame en tu bicicleta…), interpretada por Carlos Vives y Shakira:


2. La bicicleta” (Se me robaron la bicicleta, / se me llevaron el quesito y las arepas…), parodia interpretada por Los de Yolombó:


También está el caso de “La golondrina” o “Las golondrinas”, con música de Narciso Serradell Sevilla, que tiene tres letras según quien la cante. Una, de Francisco Martínez de la Rosa que dice “Aben Amet, al partir de Granada, su corazón desgarrado sintió…”; otra de Niceto de Zamacois, que interpretara Juan Arvizu, que dice “¿Adónde irá, veloz y fatigada, la golondrina que de aquí se va?”; y otra, interpretada por Alfredo Kraus, que dice “¿Adónde irá la oscura golondrina tan veloz?”. En las tres versiones se reconoce la autoría musical de Serradell, y no tratan de hacer parecer como si se tratara de algún otro autor.

Ejemplos hay muchos. El pecado no está en cambiar el título o la letra de una melodía; o el título y la música de una misma letra; sino en atribuirse la autoría de obras ajenas.

Vi en alguna película a un muchacho que, guitarra en mano, hacía como que componía una canción para la chica que lo acompañaba, que no cabía en sí de la dicha. Después resultó que a toda chica que conocía él le hacía el mismo montaje, cambiándole el título a la partitura, y con esa fórmula se las llevaba a todas a la cama. Ingenioso.

La fórmula es antigua. La Billos Caracas Boys, con su cantante Cheo García, la aplicó para ganarse el favor del público en diferentes escenarios. La diferencia consiste en que ellos así hicieron… pero respetándole el crédito de autoría al colombiano José Benito Barrios Palomino que compuso primero ese porro para la población de Armero en el Tolima, la misma que décadas después se llevaría la avalancha del volcán. Luego la Billos Caracas Boys adaptó la letra para acomodársela a la población de Palmira en el Valle del Cauca, y posteriormente Carlos A. Vidal la adaptó para acomodársela a la población de Valencia en Venezuela. Son adaptaciones, bajo la autoría innegable e innegada de José Barros.

Armero señorial” (Armero señorial-Palmira señorial-Valencia señorial), porro original con letra y música de José Benito Barros Palomino, interpretado por él con acompañamiento de “Los Gavilanes de El Banco”:


Palmira señorial” (Armero señorial-Palmira señorial-Valencia señorial), porro con letra y música de José Benito Barros Palomino, adaptado e interpretado por la Billos Caracas Boys con la voz de Cheo García:


Valencia señorial” (Armero señorial-Palmira señorial-Valencia señorial), porro con letra y música de José Benito Barros Palomino, adaptado por Carlos A. Vidal e interpretado por Cheo García con acompañamiento de la Billos Caracas Boys:


Igual fórmula aplicaron Cheo García y la Billos Caracas Boys con su “Pa´ Maracaibo me voy” en Venezuela, que con total éxito en Colombia convirtieron en “Pa´ Barranquilla me voy”.

Digamos que el asunto es, como dicen, cuestión de estilo. Y de regalías, no se nos olvide. Es cuestión de a quien se le dan los créditos y donde van a parar las regalías; si al bolsillo de sus legítimos dueños, o a bolsillos ajenos.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 8 de enero de 2017

186. Quédate a mi lado, película Madrastra o Step Mom

La mañana del último día del año 2016 me sorprendió con la noticia de que hacía tres días había fallecido Carrie Fisher, la actriz que hizo el papel de la Princesa Leia Organa en la saga de películas “Star Wars” (Guerra de las Galaxias). No sabía quién era ella, y entonces me enteré de que tuvo graves problemas de alcoholismo y drogadicción, problemas de mal comportamiento social, y demás cosas de esas que suelen afectar tanto a la persona como a la familia. La cosa es más grave, puesto que ella sufría el síndrome del trastorno bipolar que en muchos casos de crisis pone al paciente a punto de ser sometido a terapias de electrochoque y hospitalización con droga siquiátrica. Eso es el horror. En su caso, ella logró superar los problemas de adicción y convivir con los altibajos de depresión y euforia que son producto de su trastorno síquico. El viernes 23 de diciembre Carrie Fisher iba en un vuelo de Londres a Nueva York, cuando sufrió un infarto del miocardio y falleció cuatro días después. Gracias a esta noticia me enteré de quien era ella.

En 1959 la actriz Debbie Reynolds estaba casada con el cantante Eddie Fisher y tenían una hija de cuatro años, de nombre Carrie; y un hijo de uno, de nombre Todd. Eddie dejó a Debbie para convertirse en el cuarto marido de Elizabeth Taylor, la llamada “devoradora de hombres”, que en ese momento era la mejor amiga de Debbie y por tal motivo dejó de serlo. Ese fue un escándalo, pero no le duró mucho la dicha a Eddie porque un clavo saca a otro clavo, y un escándalo supera a otro escándalo. La Taylor lo dejó para convertir a Richard Burton en su quinto esposo. Como el tiempo todo lo cura, Elizabeth Taylor y Debbie Reynolds volvieron a ser amigas cercanas, y lo siguieron siendo hasta que Elizabeth murió. 

Pasados diez años de distanciamiento por culpa del comportamiento antisocial de la hija, Debbie Reynolds también se reconcilió con ella y desde entonces se hicieron inseparables. La noticia de la muerte de Carrie fue devastadora para Debbie en una crisis de las que se denominan “de pena moral”, pero no atentó contra su vida. Simplemente le dio un infarto mientras preparaba el funeral de Carrie. A su otro hijo, Todd, le tocó enfrentarse a la preparación no de uno sino de dos funerales simultáneos.

Aunque la globalización ha venido unificando comportamientos y haciendo que los latinos (y los colombianos, en particular; y sobre todo los paisas) modifiquemos nuestras actitudes dejando el tropicalismo y convirtiéndonos un poco en euroanglosajones; no logramos del todo despojarnos de la ancestral herencia de la montañerada. Algo se ha conseguido y, de todos modos, hay que reconocerlo, cada vez más ve uno que los matrimonios ya no duran para toda la vida y que son más frecuentes los que se separan que los que permanecen fieles hasta que la muerte los separe. Cada vez es más frecuente que una pareja se separe, a veces después de crueles y traumáticos reproches que llegan a los estrados judiciales, y cada uno coja por su lado consiguiendo nuevas parejas. Cada vez es más frecuente que se establezcan nuevas relaciones con “tus hijos, los míos, y los nuestros”, conviviendo bajo el mismo techo. Cada vez es más frecuente que un hombre con su nueva esposa se encuentre con su exmujer y su nuevo esposo para compartir un almuerzo, una cena, un viaje, una relación de todos tan amigos. Antiguamente eso era impensable y daba para que se armaran unas peleas de matar y comer del muerto. ¿Cuántos crímenes pasionales no tuvieron su inicio en el reproche airado de sacudida de dedo índice con un “Y a esta perra sí le das lo que nunca te alcanzó para la casa” hecho en el mismo instante de algún encuentro casual? 

Claro que los anglosajones que tanto han evolucionado socialmente hasta darnos ejemplo no logran erradicar del todo los sentimientos de celos, y de culpa, y de remordimiento, y de golpe a la autoestima, y todas esas cosas que conducen a un divorcio “por incompatibilidad de caracteres”, y el cine que es un espejo a veces produce películas que reflejan esa realidad.

Tal es el caso de la película “Quédate conmigo” (Step Mom, o Madrastra). Doña Wikipedia de Google trae una sinopsis que he adaptado para ustedes con términos de mi propia cosecha:

Isabel (Julia Roberts) es una fotógrafa de moda que piensa sólo en su carrera, pero debe ocuparse de los hijos de su novio y compañero Luke (Ed Harris), que son Anna (Jena Malone), de doce años; y Ben (Liam Aiken), de siete. Isabel intenta que los hijos de él se encuentren cómodamente junto a ella, pero no lo consigue, logrando un poco más de éxito con Ben que con la difícil adolescente Anna. A esto también se le añaden las continuas disputas entre ella y Jackie (Susan Sarandon), la madre biológica de los niños, que se considera superior a Isabel en todo y le reprocha de ser la culpable de haber acabado con el matrimonio. En este conflicto surge algo inesperado: Jackie se encuentra cada vez más débil a causa de un tumor maligno, y no puede atender a todas las cosas que requieren sus hijos en el día a día, por lo que Isabel se tiene que ocupar cada vez más del cuidado de los niños y, a consecuencia de esto, pierde su trabajo. La tarea no es fácil, aunque poco a poco y con persistencia Isabel va logrando atraerse la buena voluntad de los hijos sufriendo los celos y maltrato de la madre. No es un maltrato físico, sino esa corrosiva displicencia, esa hostilidad y desconsideración como si Isabel fuera sólo la niñera de los niños. Hasta este momento Jackie ha logrado mantener en secreto lo de su tumor, pero poco a poco la verdad sale a flote con su devastador impacto en el enfrentamiento de estas dos mujeres que están condenadas a entenderse quiéralo o no, hasta que al fin van encontrando un equilibrio que las lleva, por increíble que parezca, a hacerse amigas. Jackie ha visto que mal que bien los hijos le han tomado aprecio a la madrastra, y que viéndolo bien es mejor que al faltar su madre estén con ella y no con alguna otra mujer desconocida. `Yo he sido hasta ahora el pasado de mis hijos, encárgate tú a partir de ahora de construir su futuro´ resume la sensata actitud que por fin se vio obligada a asumir la mujer que se siente muy cercana de la muerte”. 

Hay un mensaje muy claro en esta película:

Para que dos personas se amen realmente y se comprometan, tiene que haber un acto de voluntad, una decisión que debe vivirse día a día incluso cuando hay problemas, así haya un momento en que uno quiera rendirse. Hay que aferrarse a esa decisión y a la elección de amar aunque la relación sólo penda ya de un hilo”.

¿Cómo logró Isabel acercarse a los niños? Muy fácil. Con paciencia e inteligencia se puso en su nivel, en lugar de esperar que ellos se pusieran en el de ella. Gracias a eso, a esta familia le llegó una segunda oportunidad.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 1 de enero de 2017

185. Tupinamba, o Tupí Nambá

BAMBUCO MIS PERROS 

TANGO MEDALLITA DE LA SUERTE

1. El bambuco “Mis Perros”, con letra de Federico Rivas Frade y música de Alejandro Wills Vargas; y el tango “Medallita de la Suerte”, de Gardel y Razzano; dos canciones... ¿hermanas, o son la misma?

Dice Marcelo O. Martínez en artículo publicado el 2 de enero de 2013 en el blog Gardel.es titulado “La canción de Ushuaia al pie de la Santa Cruz”, título que hace alusión a un presidio argentino situado en la Tierra del Fuego en el extremo del Cono Sur, y a un barco de nombre Santa Cruz que viajaba llevando prisioneros hacia ese presidio, que:

Varias canciones gardelianas se refieren a la cárcel. ¿Estuvo el cantor en el presidio de Ushuaia? Mito o realidad, analizamos aquí la información disponible al día de hoy, a favor y en contra de esta posibilidad”.


Lo curioso, para el tema del que pasaremos a ocuparnos, es lo que se afirma en dicho artículo en el sentido de que Carlos Gardel conoció a una dama francesa de nombre Marie Dehar en Montevideo, la capital del Uruguay; que estuvo con ella en el cerro de Montserrate, en Bogotá, y luego fueron a cenar; que cenaron otra vez en un restaurante francés de Medellín la noche anterior a su muerte; que ella fue a despedirlo al aeropuerto de Medellín el día del fatal accidente; y que el nombre del establecimiento de Montevideo donde se conocieron era el café Tupí Nambá, palabras con que se denomina una tribu indígena del Brasil. Cito a Martínez:

Gardel había compuesto un tango instrumental hacía muchos años, titulado "Mi Alhaja" o "Mon bijou", y pidió al vate Mario Battistella que le agregara una letra, convirtiéndola así en "Medallita de la suerte". "Mi Alhaja" era en realidad una adaptación rítmica del bambuco colombiano "Mis Perros", que Razzano y el Morocho habían inscrito a su nombre en 1918. Tenía un significado muy especial pues está dedicada a una bailarina de varieté de origen francés llamada Mary Lehar (según José Le Pera, hermano de Alfredo, el nombre real sería Marie Dehar) que actuaba en el "Café Tupí Nambá" de Montevideo. Al conocerla Gardel se enamoró y en su homenaje compuso "Mon Bijou" que era el apodo cariñoso que le había dado. Roberto Firpo se encargó de los arreglos orquestales y la estrenó a mediados de febrero de 1921 en Montevideo, con gran éxito. Lo curioso es que los ex amantes se volverían a reencontrar en New York, en 1934, y en Bogotá, en 1935. La inquieta francesita le llevó a recorrer los jardines y parques de la capital colombiana, y ascender hasta el Montserrat usando el funicular (a pesar del terror que el varón tenía por las alturas) culminando con un almuerzo campestre. La noche del 23 de junio, se reunieron en un restaurante de comida francesa de la ciudad de Medellín. Por la mañana ella se presentó en el aeropuerto para despedirle. Los suyos son los últimos besos que recibió Gardel. Pareciera como si el cantor supiese que volvería a reencontrarse con Mary, y por ello rescató aquella vieja canción del olvido, solicitando a Battistella añadir letra a "Mon Bijou", y así nació "Medallita de la suerte". Sin saberlo lleva unos versos premonitorios”. 


Muchas glorias me dio el mundo,
al brindarme sus ofrendas.
Son tantas, que las confundo
aflojándole las riendas.
Gran poder es el dinero;
Mas, de todas esas prendas,
es a vos a quien más quiero.

Medallita de la suerte
que te llevo desde niño:
Es tan grande mi cariño,
como el miedo de perderte.
Yo nací para quererte
porque, junto a mi cunita,
te bendijo mi viejita
con el llanto de su amor.

Fuiste, para mí, canción de cuna;
y, en mis noches, blanca luna;
flor del aire en mi camino,
esperanza en mi destino…
Y serás, en mi partida,
la canción de despedida
cuando a todo diga adiós.

Nunca me podré olvidar
que fuiste vos
mi dulce prenda querida.

Medallita de la suerte,
que te llevo desde niño:
Es tan grande mi cariño,
como el miedo de perderte.
Yo nací para quererte
porque, junto a mi cunita,
te bendijo mi viejita
con el llanto de su amor.

Siempre así, corazón,
con el mismo amor los dos.

Es innegable que, así sus letras sean diferentes, la música de “Medallita de la Suerte” proviene del bambuco “Mis Perros” (Ya se murieron mis perros…), con letra de Federico Rivas Frade y música de Alejandro Wills Vargas, interpretado por Gardel y Razzano:


TUPI NAMBA, 
TUPINAMBA, 
O TUPÍ NAMBÁ

2. La danza “Tupi Namba”, “Tupinamba”, o “Tupí Nambá”, de Adolfo Lara, tiene orígenes cabareteros.

Hay canciones cuyo título está contenido en el texto y resulta ser obvio, como decir “Hurí” la danza de autor anónimo que habla de un “Sultán siendo querido de hurí tan hechicera…”, usando la palabra árabe que se aplica en el Islam para nombrar a las vírgenes que esperan en el paraíso a los devotos. La hurí de esta letra tal vez quiera al sultán de la canción, pero lo que se dice entrar al lecho con él no, porque dejaría de ser virgen y dejaría de ser hurí. Eso equivale entre nosotros a un piropo que se escuchaba en mi adolescencia para las jóvenes hermosas que cruzaban la esquina: “Adiós, virgencita linda”. Fino el requiebro, a más no poder, comparando a la joven con la belleza de la Virgen María; pero tal cosa hubiera quedado fuera de lugar, con evidente contrasentido, aplicada a una mesera de cualquier café del barrio Guayaquil que tal vez pudiera ser hermosa pero virgen, lo que se dice virgen, pocón-pocón.

“Hurí”, interpretada por Garzón y Collazos (Darío y Eduardo):


Otras canciones tienen título que no se menciona en la letra, ni se sobreentiende en el contenido, como decir “Tupinamba” o como decir “Raza” (Despierta niña hechicera, dulce niña encantadora… Despierta bella sultana, ilusión del alma mía…), bambuco con música de Carlos Vieco y letra de Germán Isaza.

“Raza”, interpretada por Ríos y Macías (Octavio y José):


En cuanto a la danza colombiana “Tupinamba”, hace mucho siento curiosidad por saber de dónde sale ese título que no es mencionado en la letra. Lo más que pude averiguar es que hay una tribu indígena en Brasil con ese nombre, pero no explicaría el por qué le fue puesto como título a esta danza. El significado etimológico remite a la expresión “el más antiguo o el primero”, referida a la primacía de aparición de su tribu en el territorio, según es de suponer.

“Tupinamba”, Danza con letra y música de Adolfo “Pote” Lara, interpretada por Garzón y Collazos:


Entrando en el terreno de las especulaciones, me dio por pensar en la hipótesis de que el Pote Lara hubiera conocido alguna india agraciada, procedente de los tupinambas del Brasil, que trabajara como empleada del servicio en alguna casa vecina de la suya, pero esto no pasa de ser una especulación sin soporte documental. 

¿Será posible que el Pote Lara hubiera estado una tarde en algún establecimiento de nombre “Tupi Namba”, como el café de Montevideo, y allí “la hubiera visto tan risueña, la hubiera visto tan hermosa, la hubiera visto tan gentil”, y luego la joven se le hubiera perdido de vista como La Maga de Rayuela se le perdió a Horacio Oliveira el de Cortázar? Eso es posible, pienso, puesto que hasta este momento no he encontrado ninguna otra explicación al título de esa canción. 

Claro que el Pote Lara era amigo de Alejandro Wills y Alberto Escobar que estuvieron por tierras del sur y se relacionaron con la troupe de Gardel, y también cabe la posibilidad de que uno de los dos músicos le hubiera contado al Pote sobre una joven hermosa, risueña, y gentil, vista en el Tupi Namba de Montevideo y él, como suelen hacerlo los artistas, hubiera hecho una extrapolación del sentimiento de su amigo para inspirarse en su composición. No sería la primera vez que tal cosa ocurriera. Si así fuera, ahí estaría la explicación del misterioso título puesto a una canción de cuyo contenido tal nombre está ausente pero que seguramente estaba presente en la mente del compositor y en el corazón de quien le dio la información.

Una tarde la vi tan hermosa,
la vi tan risueña, la vi tan gentil;
que sentí entre mi pecho una cosa
muy dulce y extraña que no sé decir.
En sus ojos busqué con anhelo,
queriendo en sus ojos la dicha encontrar;
y al hallar un abismo tan hondo,
tan indescifrable, me puse a llorar.

Desde entonces yo marcho errabundo,
sin halagos ni amor por el mundo,
persiguiendo la dulce quimera
que allá, en mi letargo,
me llama y me espera;
y prosigo mi marcha indecisa,
precedido de amarga sonrisa,
hasta encontrar el soñado ideal
que alivie mi mal.

Ven acá.
Ven acá.

Dulce bien.
Dulce bien.

Quiero verte en mis brazos rendida.

Dulce bien.
Dulce bien.

Ven acá.
Ven acá.

No desoigas mi voz dolorida.

Ven por Dios.
Ven por Dios.

Ten piedad.
Ten piedad.

Piensa en mí, no desdeñes mi amor.

Y recuerda que llevo en el alma…
en el alma… en el alma…
y recuerda que llevo en el alma…

–¡Ay!–

Un profundo dolor.

Esta hipótesis puede tener sentido si tenemos en cuenta que nuestros villancicos hablan de renos y de san nicolases que no conocemos sino de oídas, y que en nuestros pesebres aparece el algodón reemplazando una nieve estacional prestada que no se conoce en el trópico. Los artistas también pueden inspirarse por referencias ajenas.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)