domingo, 5 de octubre de 2014

82. Manuel Mejía Vallejo, igual que una sombra

Entrevista realizada en Medellín. Noviembre 18 de 2004

1. AMORES DE ESTUDIANTE
(Socorro)

Socorro Santamaría Abad vda. de Londoño nació en Jericó, Antioquia en el año de 1928, y fue amiga del escritor Manuel Mejía Vallejo, de aquellas que las abuelas suelen llamar de toda la vida. Aunque no con su nombre, hace parte de la obra de Manuel junto con Adela Mejía Rojas y Piedad Arcila, como inspiradoras del personaje Piedad Rojas; tanto como María Isabel Góngora lo es del personaje Claudia. O sea que, como todos los personajes literarios, el de Piedad Rojas es un híbrido que caracteriza a personas que el autor conoció. De hecho Balandú es un pueblo imaginario que tiene mucho de Jardín, y mucho de Jericó, y mucho de otros pueblos. 

Un amigo que decía ser descreído, y parecía serlo por su ausencia de prácticas religiosas, trabajaba en el aeropuerto de Palonegro el día en que llegó Su Santidad Juan Pablo II de visita a Colombia, a mediados de la década de los ochenta. El personal de servicio aeroportuario fue invitado a enfilarse en la sala de abordaje y fue saludado por Su Santidad. Visiblemente emocionado, mi amigo me contaba su experiencia: “¡Ese hombre tiene un aura, algo especial. Me dio la mano. Me saludó!” y mostraba la mano como si desde ese día no hubiera vuelto a lavarla o permitido que nadie la pudiera tocar. 

Otro amigo se emociona cada vez que ve a una actriz y modelo salir en la televisión: “Mira a la Mencha. ¡Yo bailé con ella! –dice y señala–, en una fiesta la saqué a bailar y ¡bailé con ella!”. Cada vez que la ve en la pantalla, y sale mucho, la chica vuelve a dar vueltas en la cabeza de mi amigo y él siente una emoción especial. Cierra los ojos y vuelve a aspirar el aroma de su piel bañada en agua de rosas. 

Fueron tocados por la varita que los hizo vivir un instante de magia al lado de esas celebridades. Los imagino hablando con sus nietos y transmitiéndoles aquel momento inolvidable para los abuelos.

Cuando Socorro Santamaría Abad me contó que había sido novia juvenil del escritor Manuel Mejía Vallejo (y su amiga hasta los años finales), me emocionó. “Nadie menos que el maestro. Socorro fue amiga del maestro”, pensaba, admirado. Entonces no perdía oportunidad de preguntarle y hacerle repetir una y otra vez cómo fue aquello. “Y él qué dijo. Y tú qué le contestaste. Y en tu casa qué dijeron. Y...”. En una mezcla de sentimientos de querer preservar su intimidad, pero también de abrir su corazón, Socorro me fue contando los detalles de esa anécdota emotiva. Adornados seguramente por el paso de los años que tiende a menguar los malos recuerdos y a magnificar los buenos; pero siempre con toques de emoción, quiebres de voz, temblor de manos, mirada perdida en el pasado.

Pero igual,
corazón:
en mi amor
siempre está,
y en mis noches sin estrellas…
(*) Igual que una sombra, tango, Enrique  
Cadícamo (L), Osvaldo Pugliese (M).

¿Crees que de haberlo aprobado en tu casa, se habrían casado y hubieran sido felices?

¡Ah!, no. De ser así, nos habríamos dejado de amar desde hace tiempos.(*)
(*) Miéntese lo que se miente / del consorcio, / 
estar casado es suficiente / causal para el divorcio. 
(Y el mundo sigue andando).

Socorro me ha autorizado a contar su experiencia y he tratado de hacerlo con ese aire de tango que fue la vida de Manuel: fantaseando, pero confrontando con la arquitecta Dora Luz Echeverría Ramírez viuda de Mejía Vallejo, entre varios, para verificar algunos datos y dar verosimilitud a otros. Con don Miguel Escobar Calle, compañero de tertulias y de tragos, amigo del maestro. Con doña Claire Lew de Holguín, estudiosa de su obra y guardiana de los libros y archivos que él donó a la Biblioteca Pública Piloto (BPP). Con los materiales de esta institución que el espíritu de Manuel aún recorre, puesto que presidió por mucho tiempo su Taller de Escritores. Los conocedores de la obra reconocerán, intercalados, algunos de los títulos publicados por él, lo que no es coincidencia, puesto que el Estudio bio-bibliográfico de Manuel Mejía Vallejo, por Augusto Escobar Mesa, fue de gran ayuda para reseñar esta entrevista, que también tiene influencia del periodista Carlos Sánchez Ocampo del Taller de Escritura Literaria de Comfenalco, por haber aportado su atinada revisión. Los lectores encontrarán la visión de Mejía Vallejo entresacada de textos escritos por él, como preámbulo de cada capítulo; y algunas notas al margen intercaladas entre los diálogos, como explicación.

AMORES DE ESTUDIANTE
(Manuel)

1. Piedad Rojas: luminosa y lejana, fría y hermosa, lejanía dorada, sus ojos rubios y su voz en la tarde sobre macetas florecidas de begonias y josefinas. Algún día he de volver a Balandú en busca de mis pasos perdidos. Y el mundo sigue andando.

2. Y el mundo sigue andando. Novela, 1984. M. Mejía Vallejo. Dedicada a los amigos que me quedan, compañeros de tertulia: “... El tal Fernando (González Restrepo), el tal Darío (Ruiz Gómez), el Elkin (Restrepo Gallego), el Oscar (Hernández Monsalve), el Miguel (Escobar Calle)...”(pag. 26). Orlando (Mora), Marta (de Mora), Juan Luis (Mejía Arango), Elsa (Escobar de Ruiz), José Manuel (Arango)... "ese grupo que sólo sirve para beber” (pag. 265). Obras completas, Edic. Concejo de Medellín y Biblioteca Pública Piloto (BPP).

3. La novela La sombra de tu paso y el personaje de Claudia están inspirados, dicen Claire Lew de Holguín y Dora Luz Echeverría Ramírez viuda de Mejía Vallejo, en María Isabel Góngora, un viejo amor, urbano, de Manuel. No sucede lo mismo con el personaje de Piedad Rojas que, afirma Dora Luz, es una mezcla de Piedad Arcila y Adela Mejía Rojas, amores suyos también reconocidos. Sólo que en las descripciones pueblerinas de su amor por Piedad Rojas (“El verdadero amor de mi adolescencia”, reconoce en Los invocados), hay mucho de Socorro Santamaría que no tendría sentido en él dejar ausente de su obra cuando derramó tantas lágrimas por ella y consideró importante hasta su último suspiro, no cuidándose de ocultarlo de su esposa ni de sus hijos. “Los ojos verdes y la melena rubia trastornadora” de Socorro en la adolescencia pueden reconocerse, pues, en varios textos.

2. LOS RECUERDOS
(Socorro)

La tarde es una de ésas de costurero que atraen a las señoras. Tiempo bueno, luminoso. Sol calentador, sin abochornar.

Socorro es una matrona apacible, de trato familiar, con quien se congenia fácil –dicen los vecinos.

Sentada en la sala de un apartamento en el sector de Villa Jardín del Poblado de Medellín, la rodean sus nietas, mientras espera visita de las amigas. Un apartamento arreglado con sobriedad. Deja ir por la ventana, hacia ninguna parte, su mirada perseguidora de los rayos de un sol que quiere anticipársele a la noche y pone nubes a cobijarlo.

¿Esas nubes son de lluvia?

No creo. Son nubes blancas. Nubes veraneras.

Lindos “los novios” de la entrada, Socorro, tienes mano de jardinera.

Esa es una planta que no se nombra, dicen las que creen en agüeros. Las cultivé y no me faltaron admiradores. La vivienda es de mi hija, y son “sus novios”. 

Su tez blanca, cuerpo menudo, pelo cano que fue rubio en otras épocas, ojos verdes de mirada serena, voz suave y ternura en el trato, hacen pensar en una muñeca. Es bisabuela, pero tiene el aspecto de la persona que ha tenido una vida tranquila, sin maltratos ni sufrimientos.

Los he tenido. Lo que pasa es que una no puede dejar que se le noten.

No se le notan. Ni en sus manos bien cuidadas. Ni en su mirada limpia. Ni en sus arrugas, apenas presentes. Su aspecto transmite serenidad.

Vives con tu hija...

Sólo por temporadas. A veces estoy con uno de mis dos hijos, o con alguna de mis tres hijas en Bogotá, Cali o Medellín. Tuve cinco en mi matrimonio. Viví mucho tiempo en Pereira, y soy más de allá que de otra parte, pero pronto me vendré a vivir a Medellín. Sola, porque así me gusta. 

Donde están tus amigos está tu tierra”, dicen avisos de la cervecería Poker en la zona cafetera, Socorro.

Prefiero vivir sola y conservar la independencia. Me entretiene tejer, pintar, escribir y recibir la visita de mis hijos y nietos.

Claro que te gusta escribir y pintar. Tienes el alma semita y artística de los Santamaría y la belleza morisca de los Abad.

Al revés. Los Santamaría de mi bisabuelo Pepe, hermano de Santiago el fundador de Jericó, son de ancestro sefardí y más dados al comercio. Los descendientes de mi otro bisabuelo, de ascendencia mora, son artistas.(*) 

Abad y Santamaría, apellidos unidos a la historia de Jericó.

Mamá enviudó y volvió a casar con un primo. Por eso mis hermanos son Abad Abad. Abad por partida doble.

Tu esposo, el médico Londoño, fue tu primer novio...(*)

(*)  El bisabuelo materno de Socorro, don José Antonio 
Abad Jiménez, fue tronco de la familia en Jericó y 
descendiente de don Santos Abad de la Riba, 
primero de ese apellido en Colombia. El bisabuelo 
paterno, don José (Pepe) Santamaría Bermúdez de 
Castro, era hermano de don Santiago el fundador de 
Jericó, y su colaborador en esa tarea. 

El matrimonio de Socorro se celebró en Jericó, el 
8 de diciembre de 1948 a las 8 am., con el médico 
Alfredo Londoño Upegui, nacido en Girardota, y 
jericoano por adopción.

El segundo. El primero fue Manuel.

Mejía Vallejo no precisa de arandelas. Todo el mundo sabe quién es.

Cuéntenos sobre eso. Es bueno conocer las memorias del abuelo y de los antepasados  –piden sus nietas.

Mejor sobre Manuel, tu viejo amor, que es tu delirio –piden las amigas.

Hablar de ellos es hacer invocación de dos grandes cansancios en este vivir la vida que me ha correspondido. Para recordar no hay que esforzarse tanto como para trajinar lo duro del olvido.

Jericó, en el suroeste antioqueño, es un pueblo enamorador. El cuidado que los ancestros pusieron en su construcción se manifiesta en el trazado de sus calles, en sus balcones, en sus puertas y ventanas, en sus techos, en sus zaguanes, en sus patios, en la belleza armoniosa de sus construcciones. Todo en él respira antigüedad. 

Igual pasa con Jardín. Es también un pueblo muy bonito.

La herencia cultural campea en Jericó: la Catedral, el Seminario, el Museo de arte religioso, la casa del Obispo. Las placas que se leen en cada esquina y en la mitad de casi cada cuadra advierten que “aquí nació, aquí vivió, aquí amó, aquí sufrió, aquí murió, el poeta tal y el poeta tal y el poeta tal y tal”. La Poesía se cultiva como flores y en épocas apropiadas se hicieron juegos florales para premiar la Poesía como ahora se premian las justas deportivas o se hacen reinados de belleza. Desde tiempos pasados se le ha rendido culto a la palabra. Una placa al occidente de la población, cuadra arriba de la parte trasera de la Catedral, diagonal a la Casa de las Monjas Misioneras de la Madre Laura Montoya, advierte que “Aquí vivió Manuel Mejía Vallejo”, que nació el día del idioma, el 23 de abril de 1923. Es día del idioma por él y por Cervantes y por Marco Fidel Suárez y por Shakespeare. Fue gestado en Jardín, pero nació en Jericó. Se acostumbró a vivir entre dos aguas. 

LOS RECUERDOS
(Manuel)

4. La evocación de Mejía Vallejo se aplica a cualquiera de los dos pueblos, 
Jardín o Jericó; y al Balandú que los representa:

[Portones de gran aldaba y cerradura de hierro, puertas de los almacenes, soledades vaciadas por sus aleros. Ventanas con visillos para el tardío acontecer, balcones en barandas generosas, colgandejos vegetales desde los balcones, tristezas simples, alegrías apagadas con la primera lluvia, ramas sobre los tapiales, cascoteo de unos caballos, voces de unos jinetes, vacíos de unos difuntos. Y las campanas aburridas a la hora del trisagio, al toque de oración, a cualquier hora de la noche o de la madrugada. Iglesia presuntuosa de los descendientes, capillita de los fundadores, chales cansados sobre los hombros rezanderos, miradas caídas como quien trata de leer la borrosidad de un sepulcro sobre la vieja tierra... Y en algún sitio del aire, la voz de tantas cenizas olvidadas]. 
(De Los invocados y Tarde de Verano).

5. [...Orillas del río San Juan. A estas aguas los indios las llamaban Docató, río de los yuyos...]. (De La casa de las dos palmas).

6. [Nací por esas vertientes / de Jardín y Jericó, / junto al bravo Docató  / y al Piedras de audaz corriente]. (De Otras décimas en el tomo de Poesías de las Obras completas –Concejo de Medellín- BPP).

7. [Habitábamos territorio jardineño. En Jericó había nacido mi madre y a caballo me llevó en sí misma. Por ese hecho nací en Jericó. Tengo pues, dos nacimientos, dos camas primeras, dos casas iniciales, y me gozo de tener dos pueblos como cuna]. 
(De Confesiones de un escritor).

3. BLANCA Y RADIANTE VA LA NOVIA (*)
(Socorro)

(*) Blanca y radiante va la novia, /  
le sigue atrás un novio amante / 
...pero su alma está gritando:   / 
¡Ave María!
(La novia, con letra y música de 
Joaquín Prieto, interpretada por 
Antonio Prieto)

El ocho de diciembre, los curiosos sentados en el café de la terraza del parque vieron entrar en la iglesia catedral de Jericó, del brazo de un hombre mayor, a una joven de veinte. Es su tío  y la va a entregar en esa boda que se celebra cuando el sol empieza a proyectar sombras contra el muro. Al finalizar la ceremonia la ven salir como una reina, como una princesa, del brazo de un hombre que podría ser su tío, que podría ser su padre, que es su esposo, a quien ha dado el “sí” y es su última palabra. La penúltima fue un “no” y se lo dio al hombre que ama.

Todas las novias son unas reinas.

Ésta  se ve más reina que todas las reinas.

No fue reina, fue sólo candidata.

Socorro fue candidata al reinado del civismo por los del Comité de los Prestantes. Era rubia de ojos claros, con fulgores de sol, y sus partidarios extendieron cheques para aportar fondos a la cuenta. 

La empleada de la farmacia del doctor Londoño, mezcla de ébano y trigo, como dijo Manuel en “La Tierra éramos nosotros”, lo fue por los de los lados de La Comba y los venteros del mercado. Se hicieron bazares para recoger fondos en beneficio de la campaña. Uno al pie de La Cruz de Calolo, otro en la calle del Chorizo. Era morena de piel mielada, de ojos fulgurosos de negrura y cabellos azabaches. Brillaba con luz de luna de medianoche.

La imagen del Salvador parece tomar partido: a sus pies, la calle de Rincón Santo y la candidata de los prestantes. A la izquierda, el Seminario, Rincón Puto, el cementerio, el camino de la candidata del mercado.

Si la candidata de nosotros no gana, han hecho trampa y bajaremos a la otra del tablado a punta de tomatazos –dijeron los del mercado. Los de las ricas viviendas del marco de la plaza estaban con la otra candidata y guardaron silencio. No iban a rebajarse con verdulerías.

A pesar de lo enconado del forcejeo, Socorro se portó con altura social.

Oligarcas y proletarios enfrentados. La pelea que origina el socialismo. O el comunismo. Muchos no distinguen. Ganó la de La Comba. Fue coronada en el Teatro Santamaría. El médico dio su apoyo financiero a la linda empleada, pero se enamoró de la candidata de los notables, la misma que, saliendo de su brazo, se baña ahora en los puñados de arroz que le tiran y que ella cocina en el jugo adolorido de sus lágrimas.

En la mesa del café del parque, los curiosos aguardientean y guardan la silla vacía para el amigo que salió por un momento y sigue ausente. Es el lugar de Julio Puerta, que se paró a saludar a sus sobrinas Puerta Abad, primas de la desposada, pero no ha regresado después de que un mensajero le dio el recado.

Don Julio: tiene llamada de larga distancia en Telecom. Debe pagar $5.oo para poder recibirla –dijo el mensajero.

Julio, amigo y confidente de Manuel, los pagó y salió hacia la cabina de teléfonos. No ha regresado. El piano deja oír la melodía con voz de bolero, con voz de tango, con voz de dolor, que al fin y al cabo esas voces son todas lo mismo:

Sabe Dios lo que pensabas
en aquella triste noche
en el altar de la iglesia,
cuando vestida de novia
te entregabas a otro hombre
con la bendición nupcial...
Me dijeron tantas cosas
que me hizo tu dolor,
quizá para atormentarme,
y en el fondo de mi alma sentí
una cruel humillación...
Quiera Dios que seas dichosa,
y que el día de mañana,
no vayas a arrepentirte
por tu fatal decisión.(*)


“Boda gris”, bolero con letra y música 
de Plácido Acevedo, interpretado por
el Cuarteto Mayarí 



Las chicas que paseaban por el parque se habían detenido a curiosear, pero los muchachos sentados en el café, por esta vez, no las miraban a ellas sino a la novia vestida de reina que entraba en la iglesia.

Julio regresó de la Telefónica cuando había terminado la boda.

¿Acaso entraste en la iglesia, Julio?  Tuvimos que apurar tus aguardientes para que no se calentaran.

Casi. No me faltó sino oficiar la ceremonia, muchachos. Estaba ayudándole a Manuel a tristear.

BLANCA Y RADIANTE VA LA NOVIA
(Manuel)

8. [Las muchachas... sus manos con el bolso o el libro, sus rodillas, sus piernas andadoras, sus zapatos que suenan contentos de llevarlas por la calle, recogido o suelto el cabello sobre los hombros y la espalda... componedoras del quehacer de cada día... ¿para qué hablar de ellas si lo llenan todo?] . 
(De Los invocados).

9. [...su descanso en las bancas del parque o en taburetes del atrio mientras saboreaban un café, las canciones que les dedicaba el dueño del establecimiento en las últimas grabaciones, el saludo de viejos y jóvenes, el galanteo que las ruborizaba]. 
(De La casa de las dos palmas).

10. [Así la había conocido, mirándose en una vitrina en la plaza de sábado en la tarde... El espejo en la sala de su casa venía atareado con su imagen sonriente a toda hora, contenta por lo que le mostraba... Ahí, junto a esa respiración calculada, la vio lejana e inaccesible, parca en su manera de sentir... (Ella) no podría vivir lejos de su madre mimadora, de su casa y su ventana con descansillo para la coquetería en día de ferias, pícara la sonrisa en la curva de los labios, brillantes los ojos, el izquierdo velado por el cabello temblador]. 
(De La casa de las dos palmas).

11. [Si sólo fuera linda, si sólo fuera orgullosa, pero además sigue siendo inteligente y buena]. 
(De Los invocados).

12. [...Cuando acompañaba al padre a la retreta de su pueblo, cuando iba a misa con su madre y sus tías, cuando celebraron su primera comunión. A los doce, a los catorce, al cumplir quince años, al espigar todo su cuerpo... Nadie tiene unas pestañas más largas y crespas... Nadie con mejor cuerpo –agregaban, y se le quedaban mirando desde el atrio y los balcones, desde las puertas en cafés y cantinas los días de feria con ganado y jinetes] . 
(De La casa de las dos palmas).

13. [Cuando conoció a Medardo sintió un empuje de aventura con remordimiento al pensar en el padre lisiado, en sus canciones aldeanas, en costumbres que se iban al traste con su decisión]. 
(De La casa de las dos palmas).

14. [Está que se babea por ella. –(¿Y ella?). –No le cabe el alma en el cuerpo...]  
(De Las muertes ajenas).

15. [Nunca habría un día más claro que ese día en que ella le habló y lo miraron sus ojos y él mismo quedó rubio y le sonrieron sus labios y lo pensaron sus pensamientos preocupados. Nunca]  
(De Tarde de verano).

16. [Al verlo en el atrio, Piedad Rojas dejó que su pulso latiera más precipitadamente, quizá porque otras mujeres seguían enamoradas de él, de su corrección, de su voz, de su fuga]  
(De Tarde de verano).

17. [Luego, sobre el atrio, pasos de muchachas en las primeras horas nocturnas, pocillos de café humeante sobre las mesas, el amor que empieza o que trata de olvidarse, canciones de Ortiz Tirado, Pedro Vargas, Carlos Julio Ramírez. Voz de Piedad Rojas en las veladas cívicas... Y esa gente que habita en el olvido, rostros sin nombre, voces apagadas]. 
(De Y el mundo sigue andando).

18. [¿Qué me dicen de su voz?... si los ángeles cantaran parecerían afónicos]. 
(De Los invocados).

19. [¿Han visto cómo canta? –Se supo dueña de un cuerpo totalmente suyo y respondió a las primeras cartas, donde el amor era variante de la coquetería: condiscípulos, agentes viajeros, médicos en su experiencia rural, odontólogos, agrónomos, dueños de fincas. Pensaba en los años que seguirían a tantas propuestas, la vida encerrada, los primeros hijos entre oficios rutinarios, la bondad de costumbre y una repetición en cada acto y cada frase...]. 
(De La casa de las dos palmas).


20. [Y usted, Piedad Rojas: una noche bajó las escalas del teatro parroquial. Nadie podría descender por unas gradas con tanta majestad]. 
(De Y el mundo sigue andando).

21. [Balandú de aquellos años: un recuerdo tras otro hasta llegar a sus ojos rubios, a sus canciones que volaban sobre los tejados como la sombra de una sombra o un sueño recordado en otro sueño... ¡Gracias, Piedad Rojas, por toda la vida!]. 
(De Y el mundo sigue andando).

22. [Usted fabricaba el verano, Piedad Rojas; si salía al balcón de la esquina; usted doraba los nísperos y los madroños y abría el botón de la era; usted espigaba los sueños de los colegiales... usted dominaba las miradas primeras y empujaba el grito nocturno de los adolescentes; usted fue –sigue siendo en el recuerdo de quienes respirábamos con amor– todas las cosas por las que justificábamos la tarea de vivir]. 
(De Los invocados).

23. [Piedad Rojas: luminosa y lejana., fría y hermosa, lejanía dorada, sus ojos rubios y su voz en la tarde sobre macetas florecidas de begonias y josefinas. Algún día he de volver a Balandú en busca de mis pasos perdidos]. 
(De Y el mundo sigue andando).

24. [Medardo, vos me invitaste a la ciudad por primera vez: el embrujamiento de las luces, el apartamento que te esperaba con amantes de turno... Una noche apareció otra amiga y nos divertimos. A la mañana siguiente yo nombraba a Piedad Rojas y  nunca lo entendiste. Yo tenía que regresar a Balandú... tu amiga rajó la guitarra aquella noche porque no estaba hecha para la tristeza de mis canciones. El tiempo era otra trampa de seguir amando y olvidando, a lo menos esa noche]. 
(De Tarde de verano).

25. [...A los quince años... también había intuido... algo así como un príncipe de los antiguos relatos... Novelas y versos románticos le hablaban de otros mundos y otras modas, ámbitos donde el amor podría expresarse, danzas y música para una dimensión desconocida, viajes, teatro, ciudades de encantamiento, castillos donde retozaban princesas y príncipes, la leyenda de quienes no aguantaban ser simplemente humanos...]. 
(De La casa de las dos palmas).

26. [Su presencia enlutada, Piedad Rojas, su voz breve en la atmósfera austera de Balandú. Vida tensa la suya, fuerza abrumadora, en usted toda la tradición tan cerca de la muerte, lejana, brava, dulce Piedad Rojas... Recuerdo su aire absorto a la salida de misa, su paso lento y altivo en las procesiones de Semana Santa. Recuerdo sus blusas de seda y organdí, el fruncido de sus cuellos, la franja impecable de las mangas, franjas que usted hacía bajo vigilancia en el caserón venido a menos. Su medida al andar, quedarse quieta o insinuar movimientos al sentarse, al hablar o callar oportunamente con naturalidad de respiración en el sueño tranquilo... Su desdeñosa elegancia, su altura, sus gestos que inventaron el orgullo y la timidez. Recuerdo un paseo a caballo sobre las rocas húmedas del páramo. Unas aguas que caían en chorro golpeado, día, noche, en conversadera de ánimas, y seguían rezando responsos sin fin en el silencio de las cosas dormidas y oteantes]. 
(De Los invocados).

27. [Si faltara Piedad Rojas... Nadie podrá entenderla. Ella no es, simplemente está. Está triste, está de buen humor, está inteligente. Un rostro en fuga, tras la mirada de sus ojos que se iban imprecisos hacia una indecisión de alma, o la mirada dentro de sí misma para salir oscura e intensa. Tampoco sus ojos son: están verdes, están amarillos, están en vuelo, se remansan. El rostro se hacía interesante según la intención que retratara. Quizás atrajera el aire de lejanía, la vaga introspección que deseaba exteriorizarse. Entonces ojos, boca, barbilla, frente, armonizaban en un final de contención poderosa: era un rostro que se contenía, un alma que se contenía, ahí su atracción].
(De Tarde de verano)

28. [Mientras las puntas de sus dedos regresaban a la carta donde habría una historia pueril, un amor desgarrado o inventado: amar es inventar, la forma más desgarrada de la creación]. 
(De Las muertes ajenas).

29. [Seremos ricos –Dijo Juan Herreros, a una novia a quien coqueteaba estrepitosamente en la capital diocesana, y correspondido con la condición de “labrarse un futuro”... Juan Herreros le adivinó la vanidad desde que la oyó decir que algún día llenaría de espejos su casa, donde ella se duplicaría en el ocio admirador... Cuando volvió donde la muchacha, ésta se negó a que le tomara la mano y la besara como en el día de la promesa y rehusó casarse.
–  ¿Qué te pasa?
–  Yo creí que todo sería más fácil.
–  Vivir no es fácil, hay que entender ciertas situaciones.
–  No me gustan las penalidades]. 
(De La casa de las dos palmas).

30. [–“Padre estoy sola” –quiso decir (Evangelina) pero no estaba segura, nunca estuvo segura de nada. Estudió en sus años de niñez, estudió y bordó en su infancia junto a su hermana mayor, bordó y estudió en su adolescencia, bordó y estudió en su juventud, tocó piano y guitarra. Nunca supo nada... la endosarían a un hombre que pudo ser el hombre soñado, decidieron su voluntad... La obediente. La buena. La madre intemporal. Y sin embargo pudo haber dicho algo, si era su destino. Pudo inventarse un no rotundo o un rodeo mientras llegaba la hora. Ella, la predestinada. Ella, la desamparada, así tuviera un fuerte respaldo (en su padre), que en el fondo no pasaba de ser otra lejanía...]. 
(De La casa de las dos palmas).

31. [Lo escribo ahora: en alguna forma debí quererte, algo en mí buscaba tus miopías, tu estratificación, tu haber sido educada para que perdurara y perduraran los conceptos sabidos, los sentimientos sabidos, el valor inútil. Tal vez nací demasiado tarde, tal vez estaba hecho para otras cosas más bajas que tus cordiales ambiciones, más bajas que el mundo de tus padres, del primo, del tío, de tu barro, de tus obligados menesteres... Malos tiempos aquellos en este desvirolado país, casi tan malos como son ahora: hay rostros de relevo, pero cargan la misma sinrazón, igual desesperación, demasiado grande el cielo, tal vez, para sueños tan sin ambiciones. También yo veía en vos “los encantos y virtudes de nuestra raza”, y me gustaba un sesgo de tus ojos, y tu boca si no hablaba de urgencias egoístas...]. 
(De Y el mundo sigue andando).

32. [... Sus relaciones no pasaron de una sana alegría en los juegos de campo, en épocas decembrinas cuando entonaban en familia viejas canciones... Escucharle sus inventos, la imaginación al servicio del afecto. Alguna carta de cualquier lugar... algún recuerdo de sus andanzas al azar de montañas y llanos... una fotografía donde él aparecía de pie en un árbol caído, ella sentada en el tronco, sus trenzas de los quince años, su blusa de cuello alto, y en las manos –sobre la falda– un gajo con frutas de monte, el fruto de una vaga promesa... el único beso robado al rubor de un rostro caído... el pañuelo bordado... el adiós del pronto regreso... Y el contraste que su situación establecía con los años de soltera en el caserón de Balandú, la vida calma del pueblo, reuniones con amigas, tomadas del brazo para el ritual paseo de las tardes sin lluvia por la plaza grande y la Calle del Medio... O el recogimiento de las horas en su tarea de bordar, conversar con la madre, cultivar el jardín interior, leer, pulsar las cuerdas después del rosario vespertino... “¿Quieren subir a (el mirador de) las tierras altas?” –invitaba– Ellas se animaban en vísperas de otro paseo a caballo, fiambre en el monte, canciones y risas contra el viento. Y daban las tres vueltas rituales por la plaza antes de emprender la subida. El pueblo miraba el paso fino de las bestias... el porte elegante de los jinetes...]. 
(De La casa de las dos palmas).


33. [Si un hombre besa a la novia, la novia queda esperando hijo...]. 
(De La casa de las dos palmas).

34. [Fijáte si era inocente mi abuelita: cuando mi abuelo la besó en la frente por entre los barrotes de la ventana, ella se encerró quince días llorando ´izque porque iba a tener un hijo...]. 
(De Las muertes ajenas).

35. [Yo la amé con un amor distinto. Y mientras sienta el olor de la tierra mojada llegará su imagen a refrescar mi memoria, y el corazón dará golpes contra el pecho, saldrán sones nostalgiosos de campana, como el viento de anochecida al besar las hojas las hace entonar cantares de lamento...].
(De La tierra éramos nosotros).

36. [Cuando Balandú amaneció triste porque había tristeza en sus ojos, Piedad Rojas, triste el pueblo en sus ojos a las nueve, a las diez, a las once, anochecidas las calles cuando usted apagaba la mirada, cuando apagaba la canción. Ahora va a decirme todo lo que de verdad pasó]. 
(De Y el mundo sigue andando).

37. [Al fin sale perdiendo todo el mundo: alguien se sentirá víctima, alguien entenderá que haber ganado es derrota... el tiempo diría lo demás]. 
(De La casa de las dos palmas).


4. LA TIERRA ÉRAMOS NOSOTROS
(Socorro)

La historia del hombre atrae, claro que atrae.

Conociste a Mejía Vallejo desde niño, Socorro.

Cuando nos conocimos en 1942 era simplemente Manuel. Manuel para todo el mundo. Un muchacho de diecinueve. Yo de catorce. Tres años después publicó La tierra éramos nosotros y se convirtió en personaje. Llegó, emocionado, y me dijo: “mira, Socorro, el primer ejemplar de mi libro, te lo dedico”. Abrí la portada y encontré este texto con su letra cuidadosa, que cuando tenía tragos y se le venían ideas a la cabeza escribía con letra que a él mismo le daba trabajo descifrar:

Que este año, Socorro, no cambie ni el color de tus pupilas ni el tono musical de tus palabras. Que sigas como cuando te conocí, ese día que en mi calendario íntimo será de fiesta e irás siempre de rojo. A tus pies pongo mi corazón con estas palabras que pueden ser el comienzo de un poema: a la niña de los ojos verdes. Manuel”. 

Socorro, Mejía Vallejo en Las muertes ajenas menciona un tango: “Canción sin quien la cante, beso solo… el tango de Homero Manzi”. Está hecho como por encargo para tu historia.

Esta puerta se abrió para tu paso, 
este piano tembló con tu canción... 
No habrá ninguna igual, no habrá ninguna, 
ninguna con tu piel ni con tu voz;
tu piel, magnolia que mojó la luna,
tu voz, murmullo que entibió el amor.
No habrá ninguna igual, 
todas murieron, 
en el momento en que dijiste adiós. 
Ninguna”, tango con letra de Homero Manzi y 
música de Raúl Fernández Siro, interpretado por 
Ángel Vargas con la orquesta de Ángel D´Agostino:

Jericó, por esos días era un pueblo lindo como ahora, pero más tranquilo. La tranquilidad propia de esos tiempos. Socorro nació en el norte de la población, en una casa de las de balcón colonial, puertas de madera tallada, macetas florecidas, ventanas arrodilladas, lindando con el morro del Salvador en donde vivía la gente bien, de lo mejor, al final de la calle “Rincón Santo”. Su casa es ahora sede de la Federación de Cafeteros.

¿Hasta qué edad viviste en Jericó?

Hasta que me casé. Tenía veinte años.

Manuel ya no estaba...

Él nació en Jericó. Sus padres vivían en Jardín. Pasaba temporadas donde la abuela por el lado occidental del parque, a dos cuadras de la plaza en Jericó. Es jardineño, pero también jericoano. De niños no nos conocimos. De jóvenes, en Medellín, tampoco. Él estudiando en Bellas Artes y yo terminando el bachillerato que en los pueblos no era completo. Unas vacaciones nos encontramos en el pueblo. Él sentado con amigos en un bar de la terraza del parque y yo paseando con amigas de la calle del Medio a la calle de Rincón Santo. Al pasar por el parque, le hizo poner al piano todo el volumen y se oyó potente el cantar: 

Con una queja en el alma,
hasta mi tierra llegué:
con una queja en el alma,
y allá en mi tierra te hallé.
Me hirieron tanto tus ojos,
que me quitaron la fe...
Cobardía”, bolero con letra y música de Don 
Fabián, interpretado por Fernando Torres:

Nos seguimos viendo en todas las temporadas: las de julio, las de diciembre, las de Semana Santa. Para el nueve de abril de 1948 él se entrevistó en Bogotá con Fidel Castro y, como se dio la muerte de Gaitán, ésa se consideró una entrevista sospechosa. 

Bueno, Socorro, ser sospechoso de comunismo era como ser candidato a difunto. Muchos muertos hubo por ser conservadores o liberales.

Lo confinaron presumido de culpable, mientras se demostraba su inocencia, dándole la casa por cárcel. De ahí salió para el exilio en Centroamérica hasta 1957, que regresó.

Eso dio al traste con tu noviazgo...

No propiamente. Ya me había casado y me había ido. Él tampoco había querido volver a Jericó, por esos días. El pueblo quedó habitado sólo con los recuerdos de un noviazgo platónico, como eran los de esa época. Platónico, muy hermoso... y frustrado. Sus aromas perduran.

¿Cómo no perdurar?  Cuando Socorro vio por primera vez a Manuel él era uno más entre muchos de los muchachos parados en una esquina del parque. Ella era una más de las muchachas que salían del colegio en Medellín y pasaban vacaciones en sus casas.

Uno más no era. Era especial. Siempre fue especial. No sólo por artista y su conversación acaparadora de la atención de los demás, sino por apuesto que no podía pasar desapercibido. No lo decía yo, era vox populi. Las muchachas morían por él.

¿Sabes, Socorro?  Le escuché a su viuda que todas las mujeres que lo conocieron se enamoraron de Manuel.

Para nada extraño. Por fino... por galante... por culto... por caballero a carta cabal. No es extraño. Ya en mis tiempos las amigas estaban enamoradas de él. 

Entonces te enamoraste...

Sentí que me tragaba la tierra del bochorno, cuando me dedicó el bolero y soltó el primer piropo. Los amigos hicieron coro. Me quemó la estocada profunda de sus ojos como grises, como color de miel, como almibarados. Al dar vuelta a la esquina, di una última mirada y él vio que me estaba derritiendo. Se me subieron los humos al saber que era la elegida de Manuel y andaba preguntando mis cómos y mis con quién.

Esa primera vez –dijo Manuel en La sombra de tu paso–, entre Balandú y Santamaría de los Robles, pisé la sombra de tu paso y tu pensamiento me sumió en noches de vigilia.

También yo, Manuel, también yo me sacudí –le dije.

¿Cómo se hablaron la primera vez?

Manuel era atrevido, con golpes de audacia, pero también tímido. Con la timidez que no logró abandonar del todo. Se atrevió a acompañarla, a pesar de las burlas de sus amigos, a pesar de que le temblaban las piernas y a pesar de que doña Matilde, la madre de la muchacha, frunció el ceño y atravesó el zaguán de la casa como si parados en la puerta hubiera espíritus de los que atraviesan paredes. Al fallecer Juan, el padre, la viuda y los dos hijos fueron con la abuela Mercedes y con el tío Eduardo. Parecería que el morro del Salvador fuera un volcán entrado en erupción cuando, sin ninguna consideración por el muchacho, trepidó la silla mecedora, al lado del comedor:

¡Socorro, haga el favor de entrar! –tronó la voz ronca del tío.

¿Favor?: ¡una orden!  Acabó con el momento más arrobador que Socorro hubiera podido vivir en su existencia, incluida la Primera Comunión.

Fue el día más feliz de mi vida. El día en que Manuel me acompañó y me dio el primer beso. Sus brazos velludos; su cara rasurada, azulosa; su voz cálida embrujando a una colegiala de moño rosado y pelo largo...

Atrevido sí era, Socorro. Si te besó desde ésa, su primera vez.

Me besó, sí, pero en la mejilla. En esa época un beso en la boca era una cosa impensable para los comienzos de un noviazgo y me atrevo a decir que más allá del matrimonio. Y en público, ni soñar. Hubiera sido causal de excomunión y de denuncia desde el púlpito principal. En esos tiempos no nos tomábamos ni una mano. Todo era muy inocente, muy pueril. Me puso las manos en el rostro con gran ternura... Tiempo después en su última carta me escribiría que…Nunca tuve hacia ti pasiones bajas… ni hubo siguiera entre los dos el simple movimiento de unir nuestras manos ni aquietarlas…”.

Llegar a tu casa el primer día fue, para Manuel, llegar a un cielo.

Un cielo, pero cerrado. No fue invitado a ocupar el sillón del forastero, ni entró en la sala de las visitas y eso causó disgustos que aún duelen. En el traganíquel de la esquina me dedicaba el tango Te quiero de Francisco Canaro.

Te quiero / como no te quiso nadie, / como nadie te querrá. / Te adoro / como se adora en la vida / la mujer que se ha de amar... / como se quiere en la vida / una vez y nada más... / con ese amor sin igual... / y no hay fuerza sobrehumana / que detenga mi querer. / Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana.

LA TIERRA ÉRAMOS NOSOTROS
(Manuel)

38. [“Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana”, sonaba el tango enamorado en todos los tocadiscos del pueblo porque él compró siete copias de la grabación y las distribuyó gratuitamente en las cantinas más bullosas]. 
(De Los invocados).
Te quiero”, tango con letra y música de Francisco 
Canaro, interpretado por Oscar Larroca con la Orq. 
de Alfredo de Ángelis:

39. [... No vale nada la vida, valen tus ojos verdes de agua de manglares. Y tus movimientos intangibles de algo que está por nacer o morir... y en la lluvia tu cierta manera de mirar las cosas; las cosas miradas por ti que no volvían a parecerse: les imprimías otra virtud como una atmósfera de encanto sobrecogedor, otro aire suave en el aire... Y la soledad cuando no estás, tú por todas partes, esto es soledad. Canción sin quien la cante, beso solo... El tango de Homero Manzi...]. 

(Ninguna, tango con letra de Homero Manzi y música de Juan Raúl Fernández)
(De Las muertes ajenas).

5. AIRE DE TANGO
(Socorro)

No les fue bien con el tío Eduardo ni con la abuela.

A poco mamá casó con su primo Clímaco y ahí sí Abad-Abad. Mi tío y mi abuela no quisieron a Manuel porque sabían de sus ideas socialistas y sus discursos a lo María Cano: Lo único que nos faltaba. Un comunista en la familia. Esta muchacha está loca si cree que vamos a aceptar esa relación descerebrada –dijeron, creo que todos.

En un pueblo monacal ser comunista era un pecado que la familia sólo vino a perdonar cuando al médico Héctor Abad Gómez, primo de Socorro, le dio por defender y sacrificó la vida por los derechos humanos. Fue llorado porque si le hubiera dado por hacerse obispo, en vez de médico, tal vez estuviera vivo, aunque eso nunca se sabe.

Entonces vino la oposición a tu noviazgo, Socorro.

Lo nuestro fue amor a primera vista. Eso me daba fuerzas para abogar por Manuel contra viento y marea. Su amor empezó a alimentarse de cartas, de notas, de folletos. Me hacía llegar publicaciones de los poetas que estaban de moda y antologías con comentarios al margen y recomendaciones de “ponle atención a éste”, “fíjate en éste otro”, “éste te lo dedico”. Me declaró su amor en la contraportada de un folleto de Neruda. Le mandé a decir que no, porque me daba miedo.

¿Miedo por qué, Socorrito?  ¿Por qué me tienes miedo? –preguntó.

Porque en los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda has puesto una marca especial en esos versos que dicen "amo el amor de los marineros que besan y se van... amo el amor que se reparte en vino, besos, lecho y pan..." Como dice “Amores de estudiante”, el tango gardeliano que te gusta: "hoy un juramento, mañana una traición, amores de estudiante flores de un día son". Para hacerme infeliz, mejor déjame tranquila.

También he señalado en el libro de Neruda que "puedo escribir los versos más tristes esta noche... escribir por ejemplo: la noche está estrellada y titilan azules los astros a lo lejos..." Eres mi inspiración. En ti pienso cuando leo algo que me emociona. Si no me aceptas, mi vida carecerá de sentido –dijo.

... Y lo aceptaste, Socorro.

Su triste mirada fue argumento contundente en esa tarde de verano. La oposición arreció. Yo era débil. Mi abuela y mi tío Eduardo, fuertes. Lucha muy desigual. Para esos días con la complicidad de ellos el asedio de mi otro pretendiente, el médico, era permanente.


AIRE DE TANGO
(Manuel)

40. Dijo su viuda en un conversatorio en la BPP el 23 de abril de 2004, que "todas las mujeres que lo conocieron se enamoraron de Manuel". Participaron, entre otros, Dora Luz Echeverría viuda de Mejía Vallejo y sus hijas María José, Adelaida  y Valeria; los escritores Darío Ruiz y Orlando Mora; y el bibliotecólogo Miguel Escobar Calle.

41. –Matilde Abad Mesa, fue la madre de los Santamaría Abad y de los Abad Abad.

–Juan Santamaría Valenzuela, nieto de don José Santamaría Bermúdez de Castro, era el padre de Socorro. Matilde su viuda, y sus dos hijos, pasaron a vivir transitoriamente en casa de doña Mercedes Mesa de la Calle viuda de Abad, madre de los Abad Mesa entre los que están Eduardo, Elías, y Antonio Jesús.

42. [Es hermoso envejecer al lado de lo que se ama]. 
(De La sombra de tu paso).

43. [El amor es palabra en presente, fracasa quien no sabe conjugarla en otros tiempos verbales (te amé, me amarás), en otros tiempos vitales]. 
(De Y el mundo sigue andando).

44. [...me puse a pensar en Piedad Rojas, el verdadero amor de mi adolescencia... Hecha para ser soñada, la invulnerable, la distante, inviolada, rubor y temblor de dos almas al azar... Amor es para toda la vida, o no es amor]. 
(De Los invocados).


6. IGUAL QUE UNA SOMBRA
(Socorro)

La agraciada auxiliar, que fue reina, limpiaba estanterías en la farmacia y sonreía, para sus adentros, viendo al doctor espiar nervioso el paso de los transeúntes por la acera y mirar su reloj de leontina a cada momento. El doctor Londoño ya se cansaría de recibir desprecios de la otra candidata y miraría hacia los ojos que lo estaban esperando. Sólo que él no se cansaba de suspirar. Cuando su corazón acelerado vio los cadejos rubios de la princesa que lo traía desvelado, mecidos como azotando el viento, les salió al paso y les hizo la invitación:

Socorro, la invito a que me acompañe a almorzar. Es 23 de abril y quiero celebrar con usted mi cumpleaños.

No puedo. Mi novio, Manuel, también está de cumpleaños y vamos a celebrarlo subiendo al morro con los amigos.

Me urge hablarle porque voy a proponerle matrimonio.

El doctor tuvo que morder sus labios al escuchar la respuesta:

Pero yo no lo quiero, doctor, quiero a Manuel.

Al poeta ya lo olvidarás. Aprenderás a quererme. Como dice la canción, "Sabré esperar. El corazón me dice que en un mañana tú pensarás en mí".

Viéndola entusiasmada con Manuel, resolvió irse por la cabeza:

Doña Mercedes, –dijo a la abuela– ella es niña, sé que aún es niña, pero tendré paciencia de esperar a que madure. Ya lo hará.

A los veinte se veía niña, no de años, sino de ingenua. La abuela propició la forma de poner distancias. Incrementó las campañas motivadoras y desmotivadoras, según el quién. Obligó a escribir la carta que tendría que poner fin a los caprichos de la nieta.

Ayudó mi tío, ayudaron los vecinos, ayudó “Bombón, el paquetero” de frente al cementerio. Los lunes llevaba carta mía a Medellín, los viernes regresaba con carta de Manuel. Dejé de recibirlas. Supongo que él dejó de recibir las mías. Bombón se las arregló para no exacerbar los ánimos de mi abuela. Cuando escribí esa última carta, con la que terminaba, me respondió con otra cuya entrega encomendó a su amigo Julio Puerta. Llenó veintisiete páginas. Estaba próximo el nueve de abril de 1948 que cambió tantas vidas. Decía en algunos apartes, que trataré de rememorar:Esta carta, mi amada, tal vez sea la última que te escribo... la escribo con letra de tango porteño... eres la única mujer que no he poseído y, tal vez, me voy a vengar en todas las mujeres del mundo por la frustración de haberte perdido...”.

¡Qué bueno leerla completa!, Socorro.

El día antes del matrimonio mi abuela me acompañó a confesar. La penitencia de mi abuela fue más dolorosa que la del cura: me hizo quemar folletos y correspondencia. Me hizo pegar del manto de la Virgen en la iglesia un anillo, unos aretes, un “pendantif” de aguamarina que Manuel me había regalado. No debía llegar al matrimonio con nada que me recordara el viejo amor. El padre no me ayudó. Consideraba su deber no cambiarle el destino a los anillos.

¿Qué es un “pendantif”?

Un prendedor o camafeo, colgado de cadena... En casa tendieron una cortina de humo. Me obligaron a renunciar a su recuerdo y yo lo hice de labios para afuera, pero no en mi corazón. De ahí no podían sacarlo.

¿Y Manuel cómo reaccionó a tu boda?

El cantante Ortiz Tirado salía de un homenaje que le hicieron los intelectuales en el Club Unión, y yo me hospedaba en casa del tío Eduardo en Laureles. A media noche, bajo los aleros que los protegían de un cielo lluvioso, se oyó el templar de guitarras y era Manuel que había convenido en llevarme la serenata con la que despedía mi soltería. Los músicos entonaron:todo lo que quise yo, tuve que dejarlo lejos, por más que estire las manos nunca te alcanzo lucero...”  “muchachita linda de cabellos de oro, de dientes de perla, labios de rubí...” “esas perlas que tú guardas con cuidado en tan lindo estuche de peluche rojo...” “Con una queja en el alma de aquel lugar me alejé y sé que fue cobardía, que tuve miedo de amar, que son muy hondas las penas que los amores me dan...”.
Las perlas de tu boca”, bolero son con letra de Armando 
Bronca y música de Eliseo Grenet, interpretado por el Dr. 
Alfonso Ortiz Tirado:

Mientras el ojo del farol descolgaba lágrimas de lluvia sobre el sombrero de Manuel, se oía su voz pastosa de alcoholes pedir con insistencia: 

El aguacate, quiero que canten El aguacate.

Socorro, con la mirada perdida de este mundo, revive la serenata: los ojos afarolados lloviendo la tristeza, el corazón acelerado.

No sabían la canción del olvido. Al día siguiente, como una sombra, me siguió por la ciudad, mientras yo hacía compras de ajuar en los almacenes de Junín, acompañada, claro. Se acercó y nos invitó a refresco. Sabiendo que era su aliada y lo apoyaba, con voz dolida reprochó a mamá:

Doña Matilde: usted y su hermano Elías me han proclamado aprecio, pero me la jugaron sucio. Regalaron mi niña a otro hombre… y ella no se impuso… me cansé de rogarle.

¿Qué sabemos nosotros de las cosas del destino, Manuel, qué?

Fue un momento difícil el de ustedes, Socorro, con el reclamo.

Alfredo se unió a las compras. Ya en casa, sonó el teléfono. No habló nadie. Supe que era Manuel. Mi prima cuchicheó que había marcado toda la tarde. Lo oí dedicar el tango de Cadícamo: Igual que una sombra:

Hoy la vi después de un año,
hoy se cruzó por mi herida.
Iba hermosa
mi muñeca mimosa,
iba al lado de otro dueño,
mi sueño;
aquel sueño de mi vida.

Ella en mis cuartetas,
ella en mis angustias,
ella en mi dolor de poeta.
De ella son mis versos tristes,
tangos de dolor.

Como raíces
de tangos grises,
ella está en mi corazón.

¡Ah, caramba!, a él le dio duro. Y tú conservas la voz de corista.

Su hermana Tina, mi prima Estela Puerta Abad, las amigas, organizaron un algo para despedirme de soltera. No imaginé que por allí iba a aparecer Manuel. Nos dejaron solos. Creí morir. Me suplicó que no me casara.

Es autoritario. No te cases. Estás a tiempo. Uno debe casarse enamorado para que el matrimonio pueda sobrevivir a la merma del amor –dijo, mientras su hermana y mi prima espiaban tras una cortina–. Si te casas, me estarás condenando al olvido, que es otra manera de morir. Dame la oportunidad de que estemos juntos hasta la muerte.

Muchas novias lloran por el dolor que les espera, Socorro. Tú, por lo que quedó atrás. ¿Qué le dijiste?

No podía retroceder. Me partió el alma. (Yo sé que fue cobardía, que tuve miedo de amar...).


IGUAL QUE UNA SOMBRA
(Manuel)

45. Elías Abad Mesa, era amigo de Manuel y tío de Socorro. 

46. El médico Alberto Burgos Herrera en su libro “Aquí también se canta el tango” (Ed. Lealón, jun/2007, pag. 272) dice que el trío conformado por el antioqueño Alejandro “Pibe Campos” Ocampo Isaza, el peruano Leoncio “Cholo” Gómez y el ecuatoriano Manuel Maldonado Condemarín, en 1948 hizo el recorrido por territorio colombiano sirviéndole de marco musical al Dr. Alfonso Ortiz Tirado. Según esto, ellos fueron los acompañantes de la serenata contratada por Manuel Mejía Vallejo para Socorro Santamaría Abad.
-“Todo lo que quise yo...”. Romance de mi destino. Canción. Abel Romeo Castillo (L). Gonzalo Vera C. (M).
- “Muchachita linda...”. Te quiero dijiste. Bolero. María Grever (L y M). 
- “Esas perlas...”. Las perlas de tu boca. Canción. Eliseo Grenet (L y M). 
- “Con una queja en el alma...”. Cobardía. Bolero de Don Fabián. Intérpretes: Néstor Chaires. Alfonso Ortiz Tirado. 

47. Tú eres mi amor, mi dicha y mi tesoro...”. El aguacate,  pasillo ecuatoriano de César Guerrero, localismo para “tusa, guayabo o decepción amorosa”.

48. Me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo sin ella de pena muero…Ella. Canción ranchera con letra y música de José Alfredo Jiménez.

49. Sabré esperar. El corazón me dice que en un mañana tú pensarás en mí…Sabré esperar. Bolero de Electo Rosell o de Walfrido Guevara.


7. LA CANCIÓN DEL OLVIDO
(Socorro)

Ella se casaba en Jericó a las 8 am., y él bebía en Medellín en el almacén de la jericoana Ruth Mesa Restrepo, su amiga y confidente. Si cualquier día bebiera a esa hora, sería un escándalo. Pero en el festivo siguiente a la “noche de velitas”, podía pasar como un copisolero de acostar tardío. El almacén a puerta cerrada, podía pasar como el negocio de una amante que tolera todos los caprichos. La mujer preocupada por servir las copas del “dulce veneno”, que él decía, y por dejar oír la música que lo estrujaba, podía pasar por una mesera complaciente. Pero el que no podía pasar por bohemio que remata noche de alegrías, era él con esas lágrimas rodadas y esa tristeza derramada. No se cansaba de tristear en su altar de misa de difuntos.

Déjame usar tu teléfono, Ruth, déjame usarlo. Estoy que me reviento.

Asió la bocina y tomó aire. No quería que le faltaran alientos para hablar. Pidió hablar con Julio Puerta:

¡Aló!, Jericó, por favor. Cita a cabina. Espero... –habló Manuel. Esperó. Volvió a hablar–: ¿Julio? ¿Qué hacés?  No preguntes por qué, ni trates de disuadirme. Quiero que me transmitas paso a paso quién, cómo, y con quién, entra en la iglesia. Cuéntamelo todo. Ya tendré tiempo de elaborar mis soledumbres, de hacer mis prácticas para el olvido, mi memoria del olvido, pero lo que es hoy déjame morir esas muertes ajenas, llorar mi llanto ajeno.

Fue agonía a distancia. No se conocía la transmisión vía satélite. Cuando Julio me contó, estuve noches repasando la película de mi matrimonio, imaginándolo y acompañando su lloro con el mío. 

Sufrió mucho Manuel ese día, sufrió mucho.

Sufrió más. Se fue a beber más de un mes a orillas del río Cauca, en la finca Casablanca, de su hermano Carlos, y a llorar adolorido. No se cansaba de oír Nostalgias, el tango de Cobián y Cadícamo.

El Cauca creció con mis lágrimas –confesó Manuel–. Tenía menos capacidad de derramarlas que mi corazón de producirlas, enronquecido de cantarle a su recuerdo el tango de mis nostalgias cantadas por Cadícamo y Cobian:

Quiero emborrachar mi corazón / para apagar un loco amor / que más que amor es un sufrir... / Si su amor fue flor de un día / ¿por qué causa es siempre mía / esta cruel preocupación? / Hermano: yo no quiero rebajarme, / ni pedirle, ni llorarle, / ni decirle que no puedo más vivir... / Quiero emborrachar mi corazón / para después poder brindar por los fracasos del amor
Nostalgia”, tango con letra de Enrique Cadícamo y música
de Juan Carlos Cobián, interpretado por Hugo del Carril:

– Luego me confesó que "Se me perdieron unos días que no logro ubicar en las lagunas de la memoria".

Para Alfredo debió ser muy difícil la situación, Socorro.

Alfredo tuvo paciencia. Entendió que si el rival fuera un don nadie, con irnos a vivir a otro lugar se pondría distancia suficiente, pero no con un personaje que aparecía en prensa, en radio, en boca de todo el mundo. Que cuando nació la televisión empezó a aparecer él y empezaron a aparecer sus novelas. Sombras así no pueden ser borradas de un plumazo. Con sombras así hay que aprender a vivir y él aprendió. Sentía celos, pero aprendió. Entonces me compraba sus libros, me llevaba artículos de prensa, artículos de revista. Me avisaba cuando iban a entrevistar a Manuel. Se hizo mi cómplice.

Aprendió a vivir con la sombra del enemigo. ¿Volviste a ver a Manuel?

Una vez en la repostería Astor de Medellín, con la hermana de mi esposo, sentí la atracción de una mirada y lo vi en la puerta con amigos, enrollando la leontina de un llavero en el índice. Acudió a sentarse en nuestra mesa, pero evitó tocar temas incómodos. Al final manifestó:

Mi madre Rosana me ha dicho que quieres recuperar tu fotografía y la carta que conservo. La vi buscando entre mis cosas. Te las haré llegar con tu prima Beatriz de Tirado. Prefiero tu tranquilidad a tener esos bellos recuerdos. Si logro escribir lo vivido, serás la primera que lo lea.

¿Qué otras veces se vieron?

En una navidad llegué por la noche, desde una finca, a mi casa de Pereira. Con niños cargados y dormidos, uno en cada brazo. Él esperaba. Recibió los niños y ayudó a mamá a ponerlos en cama. Luego ayudó a Alfredo a bajar cosas.

He esperado por más de una hora. No me habría importado que ésta fuera otra de mis noches de vigilia –dijo Manuel.

Sería una larga jornada la de ese duelo en la noche, a cuarto cerrado. Alfredo lo invitó a unos tragos y conversaron como amigos, como hombres cultos por sus conocimientos y por su comportamiento. Alfredo atajó en dos o tres veces los intentos de irse. Al final, Alfredo insistió:

No te sientas mal, tú eres casi de la familia. Alguna vez a Socorro se le ha ocurrido decirme Manuel en vez de Alfredo. Yo lo entiendo como un “lapsus corda”, si cabe esa traspolación del “sursum corda”. 

Se le perdona el latín, doctor, en este caso –dijo Manuel–. También podría emplearlo, ya que vine a exorcizar demonios, en busca de mis pasos perdidos. A que Socorro me cuente realmente qué fue lo que pasó. Después me iré. (Ella es una sombra / que nubla mi frente / cuando, sin querer, / la nombro).

¿Qué importa, Manuel, qué importa? –dije, buscando evadir un tema tan difícil por la presencia de Alfredo. Él insistió:

Importa, Socorro, uno no puede vivir el resto de sus días en derrota, cargando una cruz tan pesada como la del desprecio.

No sabía. Supuso merecer oposiciones por bohemio. No imaginó que por política. Muchos murieron por el color de su partido. Él perdió la que consideraba su felicidad, por no tenerlo.

Oye, Socorro, habría tenido más lógica que las oposiciones hubieran sido por bohemio. Porque a él le gustaba el licor... no nos engañemos...

Gustarle sí. Eso es algo que a cualquiera asustaba. Que a cualquier mujer asusta. Se necesita estar muy enamorada para no ver en eso un inconveniente y para creer que el amor puede curar esos impulsos.

Y ahí estaba el alcohol mediando el encuentro entre Manuel y Alfredo...

Hemos sido felices, a pesar de todo –dijo Alfredo–. Soy de mal carácter y soy activo, y eso molesta a Socorro. Ella es calmada y es pasiva, y me incomoda, pero hemos podido conciliar. Somos felices.

Me alegra escucharlo. Síganlo siendo.

No volvió a saber de él, aparte las noticias de su vida pública. Ella enviudó en 1990, pero no hizo intentos por localizar a Manuel que ya era “harina de otro costal”.

No tenía sentido. Las personas cambiamos y seguimos enamoradas es de una sombra, de un fantasma que no existe. Se había casado y, después de tantos años, ni él era él ni yo era yo. 

Llegó el tiempo de sequía. En 1994 la llamó el médico de Manuel: 

Manuel sufrió un derrame, Socorro, está mal y pide verte.

Si consigo programar mi viaje, hablamos.

Manuel va superando. Se dejó sentar en silla de ruedas y pronunció dos palabras:Socorro... Pereira. ¿Podrías acelerar tu viaje?

Dile que iré.

El viaje se estaba demorando y llamó a preguntar por él. Contestó la esposa, Dora Luz.

¿Socorro? ¡Claro!, Manuel se alegrará de tener noticias suyas. Está a mi lado y voy a ponerle la bocina en el oído. Hable que él la escucha, aunque no pueda contestarle.

Manuel, soy yo, Socorro. Eres fuerte y vas a recuperarte. Espero viajar pronto para que podamos vernos.

La hermana monja había dejado los hábitos para cuidar de Manuel en la finca del Retiro. Recibió a Socorro. Le hizo advertencias. El médico preparó el corazón de su paciente para que la impresión de la visita no lo sacudiera. Aun así, las lágrimas acompañaron el saludo. La impotencia de no poder hablar y de saber su voz oscura. Se abrazaron (¿por primera vez?) y los años adolescentes afloraron convertidos en lloro para los dos:  

(He llegado hasta tu casa / y no sé cómo he podido, / si me han dicho que no estás, / que ya nunca volverás, / y me han dicho que te has ido... Nada, nada queda en tu casa natal...). 
Nada”, tango con letra de Horacio Sanguinetti y música
de José Dames, interpretado por Raúl Iriarte con la 
orquesta de Miguel Caló:

Manuel ya no está –dijo el médico y amigo– su cabeza está ahí pero su corazón quiere irse. No he sido capaz de consolar las penas del amigo.

¿No lo volviste a ver?

Después de muerto, invocándolo en noche de desvelo, me dormí y hacia las siete desperté impresionada. Lo vi en un sueño tan vívido como hablar contigo. La sensación de su presencia. Sonrió y dijo: ya podemos ser felices. ¡Como si la felicidad dependiera de la muerte!

Yo diría que Manuel fue una presencia tan grande en tu vida que hasta se atrevía a dormir a los pies de tu cama y a descobijar a Alfredo de sus sueños, pero ¿quién crees tú que fuiste para Manuel?

[Es mi pasado, / es mi presente, / y yo no puedo / borrarla de mi mente –sentiría él, sentiría ella.]

Él fue igual que una sombra, un ángel, una leyenda. No era humano. Escogió para su finca de La Fe, en el Retiro, el nombre de Ziruma, la palabra Wayú que significa “el lugar donde habitan los dioses”. Era como un dios. Profano, pero al cabo dios... A pesar de su mundo intelectual precoz, era un muchacho de apenas diecinueve años cuando nos conocimos. Ésa es menos edad que la de la mayoría de mis nietos. Yo tenía catorce. Fue mi primer amor y se alimentó con el fuego de su fama. Se hizo mito, olvidando los defectos y magnificando las virtudes. Es posible que para él, conocidas todas las mujeres, transitados todos los caminos, tuviera el encanto... (iba a decir de la primera manzana mordida, pero no, precisamente tenía el encanto de la manzana que nunca se mordió). Quizás en sus fantasías él hubiera seguido pensando que tal vez esa manzana era más jugosa que las demás, no sé decirlo. Sólo sé que en cuántas veces volvimos a encontrarnos fue galante conmigo y se comportó como si yo fuera su sueño, como si yo todavía fuera aquella niña de moño rosado. Ése es el recuerdo que yo guardo. Con ese recuerdo hermoso quiero morir. Ese recuerdo de lo que los dos hemos vivido... con aire de tango.


LA CANCIÓN DEL OLVIDO
(Manuel)

50. [...¡Piedad Rojas! –se oía el solo nombre, ella en la canción desesperada. Y detrás de la canción iba la pena. Iba el fantasma de la pena detrás de la canción.].  
(De Serenata en Otras historias de Balandú).

51. [...Recuerdo que pedías inútilmente la canción del olvido, la que se olvidó cantar]. 
(De Los invocados).

52. [Gracias, muchacha, por todo / lo que en mi vida arrasaste. / Gracias por acostumbrarte / a herirme de cualquier modo]. 
(De Otras décimas en el tomo de Poesías de las Obras completas –Concejo de Medellín- BPP).

53. [Sentía pena por la amada ideal, por lo que pudo haber sido y no fue. ¡Por Dios, dolidamente!... Somos nada más el resultado de una mentira imperdonable. No sé si alguien tenga la culpa, o yo la tengo por no haber solicitado licencia para nacer, como no la solicito para morir. La muerte está echada...]. 
(De Los invocados).

54. [Pediré perdón a los que nunca perdonan, porque ni la vida ni la muerte son capaces de perdonar al que se atrevió a nacer y a morir antes de tiempo, o en su tiempo desolado]. 
(De Los invocados).

55. [Más los peligros del perdón; quien dice perdonar, en realidad no perdona, simplemente aplaza... Lo que llaman futuro, esa equívoca palabra... La mujer es una obligación, los amigos una exigencia... Antes de que esto se acabe. Cuando hablo solo, escucho mi voz ajena... (callaba su pasado, porque para él la muerte no era la calavera, ni el tiempo era el reloj, ni el hombre el problema que camina)...]. 
(De La casa de las dos palmas).

56. [...En el tiempo de Balandú, a la ruptura de una relación entrañable, se devolvían fotos, cartas, regalos de ocasión, pañuelos bordados donde un cabello entresacado amorosamente enmarcaba un nombre o una fecha. En amor, sigo chapeado a la antigua]. 
(De Los invocados y La sombra de tu paso).

57. [O creía recibir una serenata (cincuenta años atrás) con sus ojos de humo: como si repentinamente quedaran ciegos y huidos para siempre... También están malditas las canciones –decía al final]
(De Tarde de verano)

58. [Llorabas el llanto claro / de tus ojos verdeoscuros; / llorabas llantos maduros / de silencio y desamparo. / Con un movimiento avaro / de dolor sin pretensiones / esfumaste las razones / de tu pena ensimismada, / pero en toda tu mirada / latían dos corazones]. 
(De Otras décimas en el tomo de Poesías de las Obras completas –Concejo de Medellín- BPP).

59. [Ella habría dado sus ojos por no verte sufrir, habría dado el resto de su vida por no sentirse culpable, por convencerse de que nada ocurrió...]. 
(De Las muertes ajenas).

60. [El corazón siempre nos tumba, con la mujer o con la muerte].
(De Tarde de verano)

61. [Algunos pensaban que se aburrió de vivir y que estuvo muchos años esperando la muerte. En realidad la muerte vino una tarde, pero lo encontró tan apático que no se animó a llevárselo, y así lo dejó en el sillón envejecido de la espera, aunque él asomó al balcón para llamarla. Sólo podía ver la muerte. Luego creyó que no había más qué ver ni presentir, y cansado de seguir viviendo, se acostó a esperar]. 
(De Los invocados).

62. [Por culpa de ella, Piedad Rojas... no por culpa de ella sino por haber nacido y ser hermosa y habitar el mismo pueblo y tener ojos rubios. –“No más, hermana, la vida sólo nos ofrece muerte. La misma historia”]
(De Tarde de verano)

63. [Quien habla desde el recuerdo, habla un poco desde su propia muerte]
(De La sombra de tu paso)

64. [Mi muerte debe ser un acto simple / como fueron los actos de mi vida: / sin alardes, sin queja, sin engaño, / sin el agrio sabor de despedida].
(De Otros poemas en el tomo de Poesías de las Obras completas –Concejo de Medellín- BPP).

65. [Recuerdo a Jardín, mi querencia. Recuerdo a Jericó en vísperas de Semana Santa, a una novia primera donde se verdeazulaba su manera buena de mirar; recuerdo a Julio Puerta, otro jugador estremecido en poeta sin verso propio, cualquier tarde en que adolecíamos del mismo mal junto a un par de cervezas]. 
(De Semana Santa con una vacunita de humor, El Mundo, sábado 29 de marzo de 1980).

66. [Balandú sabía que durante una semana oiría sus canciones y los cascoteos de los caballos, y guitarras y tiples y liras bajo los aleros o entre la arboleda de fincas cercanas, serenatas para el amor endosado... Dí, cabecita loca, ¿qué estás haciendo? Sacude esa melena que me trastorna].
(De Los invocados).

67. [Tapetusa montañero... guarapo del campesino fermentado con anís... Sabroso y picante, enderezador del espíritu desde la primera saca... bandera que enarbola el alma en día festivo, compañero de ilusiones grandes, mitigador de desengaños duros, que está en la garganta como queja desgarrada...]. 
(De La tierra éramos nosotros).

68. [Me fui a llorar al río Eurotas en Esparta,  como Apolo lloró la muerte de Jacinto... a conjugar el verbo Eliar, que es un verbo que tiene que ver con el olvido: yo elío, tú elías]. 
(De Los invocados, ¿Alusión velada al tío Elías Abad Mesa?).

69. [Está pidiendo mucho, estoy que reviento. No hay madera para tanto cajón... ¡Más aguardiente!... (Entonces dejá que se largue ese amor, otro vendrá pidiendo turno)... Adoloridamente quiso insistir, pero ella no podría separarse de las pequeñas costumbres del pueblo, ir a misa, dar tres vueltas a la plaza después de La Salve o de misa mayor, recibir homenajes de los forasteros, servir de centro en las fiestas parroquianas. Algún día se casaría con otro más estabilizado, continuaría la rutina en la paz aldeana... Tertulias con los amigos, serenatas en despedida, la canción decidora del olvido. –La vida te dará poco–: sentenció al final.... Aunque muchos quisieron ver en los detalles una alborotada historia de amor... le faltaba hondura para enfrentar sus años y los pasaba con escándalo, que él confundía con intensidad. Así continuó, no tanto para gozar su vida, sino para que dijeran que estaba viviendo.... De noche escuchaban aquel grito que seguía llamando bravamente a quien había propiciado su descarrío]. 
(De La casa de las dos palmas).

70. [¡Yo la quieeeerooooo! –gritaba como animal aullante y el monte se tragaba el grito]. 
(De Los invocados y La casa de las dos palmas).

71. [¿Cómo arrancar del corazón a las personas, con raíces y todo?]. 
(De Y el mundo sigue andando).

72. [Aquel año perdí el vuelo / que nadie ahora me nombra; / aquel año fui la sombra / de mí mismo contra el suelo / ... aquel año fue morir, / si es morir dar otro paso]. 
(De Otras décimas en el tomo de Poesías de las Obras completas –Concejo de Medellín- BPP).

73. [Si en algún sitio la ven,/ díganle que aún la quiero / como en el beso primero, / por siempre jamás, amén]. 
(De Soledumbres y La casa de las dos palmas)

74. [Te veo tanto en tantas partes / que anoche llamé a la noche / con tu nombre. / Pero en la noche, también / llamé al día con tu nombre...]. 
(De Memoria del olvido).

75. [(¿Y Piedad Rojas?)  Todas mis canciones son para ella. Únicamente un balcón puede existir en la vida de un hombre (¿Y Rocío?)  Pasa. (¿Y Fabiola?)  Pasa. (¿Y Chelito?)  Pasa. (¿Y Piedad Rojas?)  ¡Nunca!  El pueblo es ella, pobre Balandú]  
(De Tarde de verano).

76. [Nada queda atrás. Nunca puede quedar atrás lo que quisimos... O lo que se dejó de querer, más permanente por no efectuado...]. 
(De La casa de las dos palmas).

77. En 1994 sufrió Manuel el primer derrame cerebral y lo atendió su primo el doctor Julián Mejía Soto, bioenergético:
Por problemas cardiacos Manuel debe abandonar la escritura y la dirección del Taller Literario de la BPP. Inicia una lenta recuperación” (Estudio Bio-Bibliográfico de Manuel Mejía Vallejo, por Augusto Escobar Mesa).

78. Nosotras recordamos el día de la llamada de Socorro a mi padre –dijeron sus hijas María José y Valeria–. Ese día lo vimos prodigar la primera sonrisa desde que sufrió el derrame y vimos derramar lágrimas impotentes de quien vivió de la palabra y sufría por la falta de su voz”. Entrevista de Socorro y Dora Luz el 23 de noviembre 2004 (Casa de Villa Grande en El Poblado).

79. La religiosa Luz Mejía Vallejo dejó los hábitos de la comunidad para venirse de Centroamérica a atender a su hermano Manuel durante la enfermedad.

80. He llegado hasta tu casa...”. Nada. Tango. José Dames (M), Horacio Sanguinetti (L).

81. En el año 2000, “después de muerto”. Manuel murió el 23 de julio de 1998.

ORLANDO RAMÍREZ- CASAS (ORCASAS)

jueves, 25 de septiembre de 2014

81. Ricardo Ostuni y Luciano Londoño, dos tangueros de ley

Cuando se inició mi amistad con el Dr. Luciano Londoño López, yo sólo sabía que me gustaba el tango, y que el máximo cantor de tango de todos los tiempos era el Zorzal Carlos Gardel. Por entonces me enteré de que había dos corrientes que se disputaban la verdad sobre el nacimiento de Gardel: la de los que creían que él había nacido en Tolousse (Francia), y la de los que creían que él había nacido en Tacuarembó (Uruguay). El problema eran los fanáticos de una y otra teoría porque, para sí, ellos no “creían” saber, sino que “sabían” con absoluta certeza; y la verdad absoluta no es fácil de dilucidar, como bien lo entendió el Santo Papa hace unos años, cuando reivindicó la teoría de la Tierra redonda expuesta por Galileo Galilei, que había sido estigmatizada en la Edad Media por los inquisidores del momento. Traigo este ejemplo a cuento, porque por más poderosos e infalibles que se crean los defensores de tal o cual teoría, bien que pueden estar equivocados.


Estaba, pues, esa discusión gardeliana dada en toda su virulencia; y don Ricardo Ostuni, junto con el Dr. Luciano Londoño y varios más (doña Martina Iñíguez, el Dr. Nelson Sica Dell´Isola, el Sr. Nelson Bayardo, entre otros) defendían la tesis tacuarembista; mientras que don Juan Carlos Esteban hacía las veces de consueta o ventrílocuo de un señor cuyo nombre no recuerdo ni tengo deseos de averiguar, que oficiaba como vocero oficial de la tesis toloussista. Para ese momento yo era francesista, pero mis conversaciones con el Dr. Luciano Londoño me volvieron tacuarembista por la claridad y contundencia de sus argumentos. Don Ricardo Ostuni había sido vicepresidente de la Academia Porteña del Lunfardo, acompañando la presidencia de don José Gobello, y estando en esas se anunció su venida a Medellín. Fui al hotel donde se hospedaba con su esposa en El Poblado para hacerle una entrevista, la que quiero poner en mi blog porque he estado recordando a esos amigos en este momento en que ellos, Don Ricardo y el Dr. Luciano, han fallecido; y también lo han hecho don José Gobello y don Juan Carlos Esteban. Para honrar pues la memoria de mis amigos Ostuni y Londoño, fallecidos con pocos días de diferencia en el año de 2013, traigo al blog esta entrevista; debiendo entenderse en el contexto en que fue realizada el 27 de junio de 2011.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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(Imagen tomada de Internet)


LUCIANO LONDOÑO Y RICARDO OSTUNI, 
TANGÓFILOS RECONOCIDOS

ORLANDO RAMÍREZ CASAS 
Medellín, 27 de junio de 2011

Yo supongo, y no paso de suponer, no más; que cuando vino a Medellín Su Santidad, el Papa Juan Pablo II; el escritor Fernando Vallejo y otros por el estilo exclamaron “¡Valiente gracia la bulla que le hacen a ese sujeto que no pasa de ser un travesti con sotana!”. Ustedes ya saben las agrieras que los asuntos de “La Puta de Babilonia” le producen a Fernando Vallejo. En gracia del pluralismo yo, que soy católico, diré que tal atrabilismo es “respetable”. 


Igual sucedió cuando la visita del argentino don Ricardo Ostuni para los actos académicos del Festival Internacional de Tango de Medellín 2011, a los que vino invitado por la Asociación Gardeliana de Colombia y la Academia Colombiana del Tango. Me preocupé por hacerle bulla entre mis contactos, y por hablar de él con mucho respeto y admiración. Quería que los que no lo conocen recibieran de parte mía una impresión muy favorable sobre él, y de ella se contagiaran. No en vano son él y don José Gobello gurúes de esa especie de vaticano tanguero que es la Academia Porteña del Lunfardo en Buenos Aires, Argentina; a la que pertenece como miembro correspondiente el abogado Luciano Londoño López de Medellín,  “el único colombiano que conozco como miembro correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo pero que, además, ha contribuido con muchísimos artículos profundos, eruditos, informativos; a enriquecer todo el acervo que nosotros tenemos en la Academia, me dijo don Ricardo en la entrevista que me concedió en el Hotel Plaza Rosa de El Poblado en la mañana del lunes 27 de junio de 2011, cuando se disponía a dar una charla sobre “Ernesto Sábato y el tango”, en el auditorio del Parque Biblioteca de Belén. Don Ricardo Ostuni (1937) es un escritor, poeta, investigador, historiador y ensayista argentino, autor de muchos trabajos, que entre otros ha publicado los libros “Viaje al corazón del tango”, "Repatriación de Gardel”, y “Borges y el tango”. Suyo es el poema “Treinta versos para sentir el tango”, aquel que dice queEl tango es tan antiguo como el hombre y nació con el primer dolor del alma… viene desde un tiempo inmemorial de música y palabras. Tiene don Ricardo un blog en la red donde publica sus comentarios sobre el tema que lo apasiona:

baireshistoria.blogspot.com

Sé, don Ricardo, que usted admira grandemente al Dr. Luciano Londoño López, y que su admiración solamente es superada por la que él siente por usted. Así me lo ha dicho él, y así acaba de reconocérmelo usted, le dije. 

Luciano es un hombre tan singular que yo podría decir que me sobran dedos de la mano para contar las personas que son de su estirpe cultural. Voy a nombrar a Hipólito “El tuco” Paz de Buenos Aires, por ejemplo; es decir, la gente que realmente tiene Cultura, pero Cultura con C mayúscula. Uno con Luciano puede hablar de tango, puede hablar de jazz, puede hablar de bolero, puede hablar de Historia, puede hablar de Filosofía, puede hablar de cine. Con Luciano tenemos por email conversaciones en que hablamos de cine, pero no solamente hablamos comentando la película sino que nos metemos en las profundidades del estilo del director, etc. Es un ser único. Yo creo, dificulto, que no sólo aquí en Medellín sea poco habitual encontrar una personalidad tan rica, tan completa, y tan versada, y además con la facilidad que tiene él para escribir y para hablar”.

Me hubiera gustado, don Ricardo, oírlos a usted y a Luciano en un conversatorio sobre tango… 

Para mí hubiera sido un honor tener a Luciano al lado y enriquecernos mutuamente con sus opiniones, a lo mejor no coincidentes con las mías o las mías no coincidentes con las de él, pero entre dos personas que más o menos manejamos el tema y tenemos un vasto bagaje cultural podemos llegar a hacerlo interesante para el oyente y permitir al espectador que pueda sacar conclusiones por sí solo”. 

Me han dicho que en algún momento pensaron en él para que le hiciera compañía a usted en una de las mesas, pero que tal vez él tenía inconvenientes para aceptar, don Ricardo. 

Luciano no es fácil, usted lo sabe mejor que yo, es un hombre difícil; con muchos principios que hace muy bien en cumplirlos, pero que a veces le impiden, por su propia decisión, participar de algunos eventos que yo creo jerarquizarían enormemente cualquier acontecimiento donde él se presentase”. 

Estamos de acuerdo, don Ricardo. Yo me imagino lo que deben ser esas conversaciones entre ustedes, conversaciones que no deben tener nada de banales y seguramente se enriquecen con los aportes de cada quien. ¿Cuánto hace que ustedes son amigos?  

Yo a Luciano lo conocía de nombre porque en Argentina toda la gente que está vinculada a la cultura, al tango, a la investigación, y cuestiones de ese tipo, saben quién es Luciano Londoño López. Por el año de 1994 yo publiqué el libro “Repatriación de Gardel” y ambos colaborábamos en una revista denominada “Club de tango” que editaba nuestro común amigo, ya fallecido, a quien llevo en mi memoria y en el corazón, Oscar B. Himschoot. Allí me enteré de que Luciano había recibido mi libro y había hecho una crítica muy elogiosa que fue publicada primero en la revista Tango Repórter que publica Carlos Groppa en Los Ángeles (USA); y luego, cuando mandó una copia a Buenos Aires, yo le escribí para agradecerle. Allí fue nuestro primer contacto y él me proporcionó datos sobre Gardel para insertar en la segunda edición del libro, porque la primera se agotó rápidamente”. 

Si en asuntos de amistad pudiera hablarse, tal como se habla en asuntos de amor; yo diría, don Ricardo, que lo de ustedes fue una “amistad a primera vista”. 

Desde hace unos 20 años tenemos una amistad en que a veces hablamos de tango, otras veces hablamos de política. En días pasados tuvimos una larga intercomunicación estudiando el problema que pasan muchos países europeos con el asunto de la crisis en países como Grecia o como España, y su imposibilidad de devaluar porque el euro es moneda internacional. Luciano es un analista económico político de primera categoría. En otros momentos hablamos del cineasta Ingmar Bergman. En otros recordamos la muerte de Peter Falk, el actor inglés que hizo el papel de Columbo. Y así con Luciano… bueno, nosotros dos podemos hablar de tango, pero no para comentar qué bien canta fulano sino para meternos en la profundidad de la letra, o de la interpretación, o del arreglo… Es él de las pocas personas con las que puedo tocar un repertorio o abanico amplio de temas que es lo que justamente para mí es la esencia de la cultura, que no es acumular conocimiento sino saberlo comunicar, y eso es en lo que Luciano es un ser sin par”.

Podríamos entonces, don Ricardo, hablar de un tema que los ha unido a ustedes, y es el que tiene qué ver con el lugar de nacimiento de Carlos Gardel…

Ese, bueno, ya es otro tema; y hablar de él puede dar hasta para escribir un libro, amigo Orlando”.

La vida ha puesto a estos dos hombres hambrientos de buena conversación en el camino y, gracias a la tecnología, la circunstancia de que el uno viva en Argentina y el otro en Colombia no ha sido óbice para que puedan enriquecerse con los aportes de su mutua amistad; y enriquecernos, de paso, a los que somos sus amigos y nos enteramos de los estudios que ellos realizan. No tendría sentido que esos conocimientos quedaran encerrados dentro de las limitadas paredes de un claustro conventual, como sucedía en épocas medievales.

RICARDO OSTUNI Y LUCIANO LONDOÑO,
DE TOULOUSE A TACUAREMBÓ 

El abogado y tangófilo colombiano Luciano Londoño López (Medellín, 1951) escribió el prólogo de mi libro “Buenos Aires, portón de Medellín”, y en él recoge la frase de André Gide: “Todas las cosas ya fueron dichas pero, como nadie escucha, es preciso comenzar de nuevo…”. Nada nuevo en esta entrevista que le hice al tangófilo argentino don Ricardo Ostuni (Buenos Aires, 1.937) encontrarán los lectores, que no haya sido dicho ya innumerables veces por parte de Luciano en cuanto medio de comunicación haya tenido la oportunidad de decirlo. Otra frase es recogida en el prólogo de mi libro: “Por ello su autor, con la mayor honestidad, ha hecho suyo el pensamiento de Arturo Jaureche: `Diré ahora que incurro en transcripciones a menudo extensas. Lo hago por humildad, porque me parece que si otro lo ha dicho mejor que yo, mejor es reproducirlo que parasitarlo´…”. Siguiendo esa pauta, copiaré la introducción de la entrevista que Víctor Bustamante Cañas le hizo a Luciano Londoño en Envigado el 10 de febrero de 2009:

Luciano Londoño López es académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo y de la Academia Nacional del Tango (ambas de Buenos Aires, Argentina), y asociado correspondiente de la Academia de Tango de la República Oriental del Uruguay. En su labor como difusor del tango ha dictado numerosas charlas en universidades y centros culturales. Sus investigaciones y entrevistas han sido publicadas en periódicos y revistas de Colombia, Venezuela, Puerto Rico, España, Estados Unidos, México, Argentina, Uruguay y Australia. Hasta la fecha, sus trabajos han sido incluidos o citados en veintisiete libros de autores de diversos países americanos. En palabras de José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo en Buenos Aires (Argentina), “Luciano Londoño es el principal referente del tango en Colombia”. El investigador uruguayo Nelson Bayardo, por su parte, le dedicó el libro “Carlos Gardel a la luz de la Historia” con estas palabras: “En expreso reconocimiento a una trayectoria que lo ubica en el máximo nivel de expertos en música popular de las Américas”. Su vida y obra fueron exaltadas por el Municipio de Medellín, mediante Decreto 0898 de junio 20 de 2008, en el cual se destacó que él es un reconocido experto en la canción ciudadana y que un hijo de sus calidades humanas y profesionales constituye un orgullo para la ciudad. El periodista Reinaldo Spitaletta dijo que Luciano Londoño es un amante de la “Teoría de los indicios”, propuesta por el historiador italiano Carlo Ginzburg. Y agregó que es dueño de prodigiosa memoria y además “lector de literatura e historia, que sabe de las viejas guardias, de la guardia nueva, de Astor Piazzolla, de Aníbal Troilo, de historia argentina (...) Conoce de grabaciones y versiones, discografías, fechas clave. Y, siguiendo los lineamientos de José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, ha retirado a Gardel del anecdotario y lo ha puesto en la historia”. Agrega Spitaletta que Luciano “ha leído con fruición y apasionamiento a Roberto Arlt, Osvaldo Soriano, Mempo Giardinelli, Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Silvina Bullrich, Olga Orozco y un sin fin de escritores y poetas argentinos”.

Nada tengo que agregar a esta presentación que del tanguero Luciano Londoño López hace Víctor Bustamante, aparte de que a él puede aplicarse la definición de don Rodrigo Pareja sobre lo que es un tanguero de ley: “alguien que escucha un disco y sabe cuál es su título, quién lo canta, cuáles son su autor y compositor, qué orquesta lo acompaña, lo sabe todo”. De Luciano venía hablando yo con el tanguero argentino, también de ley, don Ricardo Ostuni; y hacíamos referencia en nuestra conversación al hecho de que su amistad con Luciano comenzó cuando don Ricardo expuso en su libro “Repatriación de Gardel” la tesis uruguayista sobre el origen del cantante, y Londoño escribió una nota identificándose con sus planteamientos, que fue publicada por don Oscar B. Himschoot en su revista “Club de tango”. Para los nuevos lectores debo aclarar que hay dos hipótesis sobre el nacimiento de Gardel. La una afirma que él nació en Toulouse, Francia; la otra afirma que nació en Tacuarembó, Uruguay. Los partidarios de una y otra, con sus respectivos argumentos, se encuentran en posiciones irreconciliables. El asunto se dilucidaría con una prueba que en la década prima del siglo XXI es bastante sencilla de hacer, pero costosa. Esto ha dicho don Ricardo en la entrevista que me concedió.

Es posible, don Ricardo, le dije; que uno de los dos hubiera llegado primero a la tesis uruguayista sobre el nacimiento de Carlos Gardel, y hubiera influido en el otro acerca de esa tesis, ¿Cómo se dieron las cosas entre usted y el Dr. Luciano Londoño?

Yo no conocía los planteamientos de Luciano cuando publiqué la primera edición de mi libro “Repatriación de Gardel” y él escribió el comentario que le mandó a Oscar Himschoot sobre el accidente de Gardel, sobre las canciones colombianas que Gardel cantó, en fin. Yo le quiero decir, Orlando, que no soy caprichosamente un defensor de la teoría uruguaya, ni soy cerril para abrir la mente. Si alguien viene con argumentos, me puede convencer de que estoy equivocado porque toda investigación tiene que partir de un forzoso principio inamovible: El investigador tiene el derecho de interpretar los hechos como quiera, como él crea que los debe interpretar. Lo único que le está vedado es tergiversar esos hechos; y esto es lo que me ocurre a veces con una gente que desarrolla la teoría francesa y parten del desarrollo de un sofisma porque si es falsa la premisa, es falsa la conclusión. Esto lo hemos hablado con Luciano. Es cierto que Gardel dejó un testamento donde dijo que era francés, supuestamente, y hubo un reconocimiento de la justicia argentina diciendo que ese testamento era válido; pero, veinte años antes, Gardel había sacado la ciudadanía argentina diciendo con otro documento que era uruguayo, y la justicia argentina también dijo que era válido; entonces aquí lo que hubo fue un error garrafal de contradicción de la justicia argentina. La justicia argentina, cuando se presenta la testamentaria de Gardel, debió tener en cuenta que en 1923 había dicho que Gardel era uruguayo, al aceptarlo para lo de la ciudadanía. Entonces se quieren desconocer la validez del documento de la ciudadanía; los contratos que Gardel firmó diciendo que era uruguayo; las declaraciones que hizo a la prensa diciendo que era criollo, uruguayo, rioplatense; hay una cantidad de elementos que deben ser conectados unos con otros, no ser cerrados y abrirse a otras posibilidades; y esto es lo que yo no he conseguido de mis amigos contradictores, a quienes considero mis amigos y no los trato con el encono con que a veces ellos suelen tratarnos. Yo les pido que nos colaboremos mutuamente. A lo mejor alguno me suministra un antecedente que yo no hubiera tenido en cuenta, o viceversa. Pero no, no se puede con ellos trabajar conjuntamente porque se han aferrado a una verdad que es para ellos como verdad de la Biblia; y ya sabemos que la Biblia, lo dijo el Papa, está escrita con metáforas y no se puede tomar al pie de la letra. Uno, cuando investiga, tiene que tener la mente abierta y dejar el corazón de lado. En un párrafo de mi libro digo que yo muchas veces he llegado a conclusiones a las que hubiera deseado no llegar y hubiera querido que las circunstancias me dijeran otra cosa, pero si yo quiero ser historiador tengo que ser respetuoso de la verdad que encuentro o elaboro con los elementos que tengo, y no puedo forzar a la verdad a que coincida con lo que yo quisiera. 

Los hombres públicos giran alrededor de un mito, y muchos se dedican a desmitificarlos, don Ricardo.

La discusión sobre el origen de Gardel se da como con lo que en mi país, por lo menos, llamamos el “revisionismo histórico”. Empiezan a querer hurgar en la Historia y a querer bajar del pedestal a los grandes próceres. No se puede juzgar la actitud de un prócer como Bolívar, Santander, o San Martín, hace doscientos años; con la mentalidad y la ética de nuestros días. Si les aplicamos a ellos las valoraciones éticas de hoy, seguramente les vamos a encontrar muchos defectos. No nos olvidemos que cuando ellos salían a campaña la vida no tenía el valor que tiene en nuestro tiempo; entonces, si uno se sale del contexto, las conclusiones a las que llega son conclusiones absolutamente falsas.

Bueno, don Ricardo, pero retomando a Gardel yo tengo claridad en que los derechos de autor y las regalías de las canciones que compuso y de las que interpretó para este momento ya han caducado y no hay, además, grandes bienes de fortuna que estén en discusión, bienes que motiven a los herederos a disputar su posesión; entonces, ¿Por qué no ha sido posible que autoricen la prueba de ADN a los restos de Carlos Gardel, a los de doña Berta Gardés, y a los del coronel Carlos Escayola; para afirmar o desvirtuar la posibilidad de que alguno de estos no hubiera tenido paternidad biológica sobre el cantor?

Los derechos de las canciones ya han caducado y no sé si los de las películas que filmó ya lo hayan hecho o estén a punto de hacerlo. El caso es que en este momento, para empezar, no hay herederos que tengan derecho de posesión sobre los restos físicos de Carlos Gardel, y así lo han aceptado contradictores como mi amigo el Sr. Juan Carlos Esteban; entonces se requiere que el Estado, a través de una entidad como la Secretaría de Cultura, o el Museo de Historia Nacional, intervenga. Porque alguien tiene que disponer la autorización para que abran la tumba de Gardel y exhumen el cadáver, tiene que haber alguien que autorice a hacer ese estudio tanto en Argentina como en Uruguay. Incluso en Francia, que nunca mostró ningún interés oficial por Gardel. Lo que se ha hecho allá ha sido obra de argentinos. A usted no se le escapa lo que cuesta ese estudio. Miles de dólares. ¿Quién los va a pagar?  Entonces, si el Estado no asume ese estudio, el problema es de financiación.

Hay quién dice que la familia de Escayola se opone a que se practiquen esas pruebas.

Yo no he escuchado nunca tal cosa, ni sabía eso. He conversado mucho con uruguayos sobre ese tema; incluido el Dr. Nelson Sica Dell´Isola, que es el presidente de la Academia de Tango en Uruguay, otro hombre exquisito, de una gran cultura y sabiduría; y ellos me dicen que están dispuestos a hacerlo pero la dificultad sigue siendo la misma: falta de dinero para financiar las costosas pruebas. Puede ser que los descendientes de Escayola den su autorización y que las autoridades argentinas den los permisos de exhumación pero ¿Quién paga eso, cuántos miles de dólares vale? ¿Quién pagará los honorarios de los forenses, patólogos, investigadores de todo tipo que se requieren? Ahí está el embrollo. Coincido con el alcance de su pregunta. Es la única forma de terminar con esta discusión. Tendría que haber la voluntad política de hacerlo, tal como se ha hecho recientemente con unas momias, o se ha hecho con los restos de Colón. Eso lo pagó el Estado. Si los estados argentino y uruguayo quisieran intervenir en este asunto, la discusión se termina en un año.

Gracias por esos conceptos, don Ricardo, que me reafirman en la teoría uruguayista a la que yo me había cambiado, puesto que empecé siendo francesista pero cambié de opinión por los sólidos argumentos que me expuso el Dr. Luciano Londoño.

Yo también era francesista hasta que me adentré en las investigaciones para mi libro. Entonces me encontré con la circunstancia de que Gardel, que no era cantor de tangos sino cantor criollo, de canciones criollas, dio el paso de cantor nativo a cantar tangos. Cuando empecé a buscar documentación encontré que había cosas incompatibles; incongruencias en que sobre algunas cosas Gardel, en algún momento, decía blanco; y luego, sobre las mismas cosas, decía negro. Por ejemplo, en algún momento Gardel aparece integrando la claque (personas aleccionadas y pagadas para vivar y aplaudir a un artista) de Luis “Patasanta” Ghiglione, el que inventó tal cosa en Buenos Aires. Yo me encuentro con que Ghiglione dejó de tener claque en 1895; entonces, ¿a qué edad integraba Gardel la claque de ese artista? Para esa fecha Gardel era un niño. ¿Qué sentido tiene que los armadores del mito francesista lo anoten como estudiante de un colegio donde en la matrícula dice “nacionalidad no se sabe”. O un acta escolar donde Gardel tiene 10 absoluto en todas las materias y simultáneamente aparece en otra acta como detenido en la Comisaría Prudencio Varela? No tiene sentido: o usted es un gran alumno, o anda por ahí de vago atorranteando. De esas cosas encontré cantidades. A raíz de esas inconsistencias dejé de lado el trabajo que había iniciado y me entregué durante cinco años y pico a profundizar en estas dudas. Ana, mi mujer, aquí a mi lado, es testigo de cuántos interrogantes me asaltaban y cuántas dudas tenía que resolver en mi investigación porque ¿Con quién más iba yo a comentar esas cosas sino con ella, la que me ha acompañado?  Traté de unir datos del modo más lógico y coherente posible, para poder armar una historia cronológica que fuera más o menos digerible; y cuando uno arma esa historia, la única manera que tiene de que tenga sentido es con la premisa de que Gardel hubiera nacido en Uruguay o en el Río de la Plata… y además está lo de sus declaraciones. En algún momento confiesa a un periodista, refiriéndose a que todo lo que había ganado hasta ese momento lo había gastado porque “a uno que lleva sangre criolla en las venas no lo asusta el porvenir”. Eso lo dice alguien que se considera criollo hasta la médula. Él tenía genes criollos por algún lado. No sé si por la madre, no sé si por el padre, por algún lado; y en algún momento, en que se especulaba sobre su lugar de nacimiento, él concluye tajantemente “Terminemos. Nací en Tacuarembó”. En mi investigación, y en mi intento por despejar las dudas, yo he llegado a la conclusión de que toda investigación histórica es provisoria, es provisional. ¿Cómo alguien puede decir rotundamente que esta es la verdad inamovible? Lo es, mientras no aparezcan nuevos datos, nuevos indicios, que conduzcan hacia otros caminos.

Yo aspiro, don Ricardo, a que la verdad sobre Gardel no se conozca porque entonces ¿De qué vamos a conversar?

Estoy de acuerdo con usted. El día en que se sepa la verdad sobre Gardel, se acabó el tema.


sábado, 20 de septiembre de 2014

80. Orlando Montenegro Rolón, de Melómanos Documentos, un hombre atrapado por la música

Sentado en una mesa de terraza del 2º piso en la plazuela, esperaba a mi tocayo Orlando Enrique Montenegro Rolón, que con su bandeja de desayuno recorría las ofertas de buffet de la cafetería del Hotel Nutibara de Medellín. Lo vi acercarse con las manos ocupadas y los ojos encharcados. Puso la bandeja en la mesa, y rompió en llanto; mientras yo le acercaba unas servilletas, sin saber qué le ocurría. “Recuerdo, Tocayo”, me dijo después de un largo suspiro, cuando pudo articular palabra, “que aquí nos conocimos tú y yo por intermedio de los doctores Héctor Ramírez Bedoya y Luciano Londoño López, cuando vine a Medellín para escuchar y entrevistar a don Ricardo Ostuni. ¡Cómo me duele la pérdida de tan queridos amigos!”. Lo recuerdo. Ya fallecieron, los tres. Orlando y yo nos conocíamos por la red de Internet, pero fue entonces la primera vez que nos vimos cara a cara, y hemos repetido encuentros un par de veces en que él ha venido a Medellín, y un par de veces en que yo he estado en Cali. Sabía de la leal amistad, sin condiciones, que mi Tocayo Montenegro les profesaba, pero allí se me descubrió la faceta suya de hombre romántico y sentimental, de los que los viejos llaman “de lágrima fácil”. En eso coincidimos. Orlando, fiel a su afecto y admiración por los tres personajes, lleva varios números de la revista Melómanos Documentos publicados con textos en homenaje a su memoria, que culminarán en el próximo número, y tiene suficiente material inédito para incluir en futuras publicaciones.

Orlando Ramírez Casas y 
Orlando Montenegro Rolón
en el Salón Versalles

Orlando acaba de cumplir 60 años. Nació el 21 de junio de 1954 en el sur de Barranquilla. “En la llamada calle de las vacas del barrio San Roque, Tocayo”, barrio que queda cercano al barrio Rebolo en un antiguo sector de Barranquilla. “La Calle de Las Vacas es la misma calle 30, que ahora llaman Avenida Boyacá”. El vecino barrio de Rebolo, famoso por un arroyo seco en el verano, que en el invierno gusta de castigar la insolencia de quienes se atreven a ponerse en su camino confiados en que una volqueta cargada con piedras tiene el peso suficiente para detenerlo. El arroyo, menospreciando su osadía, arrastra hasta las piedras y muchas veces solamente logran ser rescatados los cadáveres. Recibe su nombre de unos sembrados de ciruela rebolera (Prunus domesticae) que había en el sector en tiempos de bárbaras naciones. “De mí también puede decirse”, dice Orlando, “que fui arrullado por músicas caribes de la cuna picotera” en ese populoso sector que fue caliente por los violentos que en algún tiempo lo convirtieron en un barrio peligroso. De adolescente, Orlando fue picotero (disc jockey programador de la música que sonaba en los picós o pick ups de la zona), y de allí le viene la afición por la música del Mar Caribe. Vivió un tiempo en Medellín porque quería estudiar Medicina en la Universidad de Antioquia. “Pero el bolsillo de mi padre no dio para tanto”. Regresó, entonces, a trabajar en Barranquilla por un tiempo y le resultó trabajo en la empresa Bavaria palanqueado por un político, su amigo y profesor, “pero me exigieron que tenía que cortarme la melena rockera que me llegaba al hombro; y esa era cosa que yo no estaba dispuesto a hacer, no porque me aferrara a la melena, sino por defender mi libre albedrío”. Por el buen rendimiento en los estudios, terminó estudiando becado en Barranquilla la carrera de Administración de Empresas e Investigación de Mercados, lo que lo capacitó para ingresar al Departamento Nacional de Estadística (DANE) en una sección encargada de analizar los comportamientos de la industria en el centro del país. “Sólo que Deissy García, una compañera de trabajo, se atravesó en mi camino y nos casamos”. El amor por su esposa lo llevó a vivir en Cali, y el aprecio de sus jefes le consiguió el traslado a esa ciudad con nombramiento de coordinador encargado de reforzar la sección de análisis de comportamientos industriales en la capital del departamento del Valle del Cauca. “No fue fácil para un barranquillero venido de Bogotá hacer tal cosa en las barbas de los vallunos que trabajaban en la empresa y tenían aspiraciones de recibir dicho encargo, pero logré sostenerme por un tiempo”. En Cali se hizo docente universitario por cerca de 20 años, y allí empezaron sus vínculos con la emisora de la Universidad del Valle, Univalle, donde es un hombre considerado muy de la casa. “Pero no fui docente allá, sino que por cerca de diez y nueve años he estado a cargo de programas de música en la emisora”. Con la música se inició en el periodismo en la gaceta “Caliscopio” del periódico Occidente, “pero me cansé de tener que rendir cuentas a los encargados de la redacción y explicar paso a paso los porqués de cada artículo que escribía”. Fue, entonces, cuando resolvió fundar su propia revista musical que bautizó con el nombre de “Melómanos Documentos”, revista que se acerca a las 70 ediciones con una periodicidad trimestral y edita, puede decirse, con las uñas; porque no tiene pautas publicitarias y su precio de venta al público a duras penas alcanza a cubrir los costos de producción. “Esa revista es, más que cualquiera otra cosa, Tocayo, una quijotada”. En esa quijotada es director, editor, jefe de redacción, redactor, diagramador, y empaquetador. Es un todero que no termina de publicar una edición cuando ya está pensando en el material que va a publicar en la próxima. Por culpa de ese que es más un hobby que una actividad que produzca dividendos, programó hace más de seis meses este viaje, cuando supo que en el gran salón del Centro de Convenciones Plaza Mayor de Medellín iban a presentarse la orquesta Aragón de Cuba y la Orquesta Broadway de Nueva York, grupos musicales que admira desde hace muchísimos años. Cuando a Montenegro se le menciona la Orquesta Broadway, se estremece y entona los temas “Isla del encanto” y “Arrepiéntete” que le salen del corazón y fluyen hasta su boca como si fueran golosinas. "Hay que oír, Tocayo, el brillo que le da la flauta a esa orquesta para que se le erice a uno la piel", dice Montenegro. 

"Isla del encanto", por la orquesta Broadway:

En 1978 la Broadway fue considerada la mejor orquesta de salsa de Nueva York. Su admiración por ellos llevó a Orlando a hacerse amigo, por teléfono y por Internet, de los mellizos Eddy y Rudy Zervidón, gemelos idénticos (que en la natal Güines de Cuba llaman “jimaguas”); de Kelvin, hermano de los mellizos; y del joven Iván, hijo de Eddy, que también hace parte de esa orquesta con formato de típica charanga francesa (con flautas y cuerdas). Este viaje le dio a Orlando la oportunidad de ver, por fin, las caras de sus admirados artistas y de compartir con ellos de tú a tú, como se dice. “Eddy y yo nos tratamos de tío y sobrino porque está casado con mi paisana la barranquillera Nancy García, que tiene el mismo apellido de mi esposa”. Estuvo en el concierto dado en Plaza Mayor, y el salón se encontraba colmado de asistentes hasta los topes por aficionados que pagaron con gusto los casi US$85 por persona ($165.000 en moneda colombiana) que valían las entradas. “Pero valió la pena, Tocayo, fue una presentación apoteósica”, sobre todo cuando el cantante Rosnny Baró, que por causa de la diabetes sufrió amputación de una de sus piernas y cantaba desde una silla, se levantó parado en su prótesis y se enfrentó al micrófono, sostenido por la emoción. “La gente aplaudía a reventar, Tocayo, aplaudía a rabiar”. Allí estuvo Montenegro acompañado por su amigo el valluno Henry Manyoma, que con Wilson (Saoko, de Fruko y sus Tesos) y Hermes (de la orquesta La Ley) pertenece a la trilogía salsera de los hermanos Manyoma. 

Orlando es hijo de Jaime Luis Montenegro Montenegro y de Elsa Matilde Rolón Barceló, y ya sabemos que el amor por la música le viene de ellos, de los abuelos paternos, José y Pola; y de los maternos, Pedro Antonio y Celina. Ellos lo nutrieron de música desde la cuna. “Yo escuchaba música desde el vientre de mi madre, porque en casa de mis padres se oía música todo el día; y en las calles también, por donde quiera que uno iba”. El abuelo, Pedro Antonio Rolón Comas, de ascendencia vasca española, casó con una mujer mezcla de ancestros indígenas y africanos. Tenía él una orquesta bautizada “La libertad”, que tocaba en los vapores que venían surcando el río Magdalena desde los tiempos del cólera, y había contratado a un muchacho guitarrista que hacía sus pinos en el toque de la trompeta bajo la batuta del maestro Rolón, quien le enseñó a emboquillar los labios para sacar mejor partido del instrumento. “Eran los comienzos de Pacho Galán, que llegó a ser un fenómeno de la música caribeña”. Con ancestros tan musicales, es natural que Orlando y sus seis hermanos (Jaime Luis, Omaira Cecilia, Elsa Matilde, José Antonio, Luis Alfredo, y Xiomara Esther) sientan que el gusto por la música corre por sus venas.

Montenegro Rolón se inició en el periodismo radial de la música popular en Radio Calima de la cadena Todelar de Cali; y después, por los días en que empezaba la emisora cultural de la Universidad del Valle, que transmite en los 105.3 FM, se vinculó a ésta con la producción de un programa que no era de música caribeña, como sería de pensarse, sino de tango. Naturalmente lo tituló “Tiempo de tango”. “Yo no sabía nada de tango, pero mi amigo Pablo Delvalle me invitó a hacer el programa y allí me vi obligado a aprender sobre la marcha”. El programa continúa, a cargo del profesor Ásbel Quintero Moncada, pero Orlando sigue haciendo “Bolero y algo más”, con Juan Gómez, Lombardo Gil y Nelson Royero; y junto a su amigo coleccionista Jaime Suárez Cuevas colabora cuando se le requiere con el programa “Audición Caribe” que producen Isidoro Corkidi y Pablo Delvalle. Al lado de la Asociación de Melómanos y Coleccionistas de Cali  ha apoyado a Gary Domínguez en la organización y participación de los festivales de la salsa durante la Feria de Cali. “El ser editor de Melómanos Documentos me llevó al I Festival Beny Moré en Cienfuegos, Cuba, donde conocí al Dr. Héctor Ramírez Bedoya que era el presidente de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, lo que me llevó a acompañar a esta asociación en los encuentros matancerómanos que realizan cada año por el mes de agosto. Allí he dado algunas charlas sobre música”. El Dr. Ramírez Bedoya lo llevó a la amistad del Dr. Luciano Londoño López, y éste a la amistad de don Ricardo Ostuni, los tres personajes, desaparecidos con pocos días de diferencia en el 2013, que tanto aportaron al conocimiento de la música popular en los géneros caribeños y rioplatenses. La música le ha dado amigos queridos entre los intérpretes (los Manyoma), compositores (Tite Curet Alonso), historiadores (Cristóbal Díaz Ayala, Sergio Santana, César Pagano, Jaime Rico Salazar, Rafael Bassi Labarrera, Pablo Delvalle, Alejandro Ulloa, Rafael Lam, Mireya Reyes Fanjul), coleccionistas (Isidoro Corkidi, Jaime Suárez Cuevas, Jaime Jaramillo Suárez, Ester Goeta), productores (Gary Domínguez), asociados (los miembros de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, los organizadores de los Festivales del Bolero en Cuba, los de la parte musical de la Feria de Cali), y en fin. La música poco a poco, sin pensarlo, se convirtió en su mundo.

Orlando”, le dijimos, insinuando una pregunta, “naciste en Barranquilla y viviste en Medellín y en Bogotá, pero tras cuarenta años de vivir en Cali puede decirse que morirás allá”. Él respondió; “Llevo ese tiempo casado y la vida me ha dado tres hijos. Elsa Matilde es una profesional que lleva muchos años vinculada a una multinacional y acaba de ser promovida a la ciudad de Nueva York donde labora en un departamento con cubrimiento en varias sucursales del continente americano. Diana Carolina es comunicadora social y se ha dedicado a hacer cine, en lo que ha sido galardonada por sus cortometrajes “Sin decir nada” y “Magnolia”, que le han dado muchas satisfacciones, y se encuentra trabajando en otros proyectos. Jaime Miguel, el menor, está culminando sus estudios profesionales de Diseño Gráfico y se prepara para iniciar su vida laboral. Me siento muy orgulloso de mis hijos. Soy feliz en mi hogar. Aspiro y tengo el propósito de que sea en Cali donde se cierren mis ojos”. Refleja en su cara la tranquila vida de hogar de que disfruta. “Y tu colección de música, tus documentos, la hemeroteca de los casi 70 números que has publicado de tu revista, ¿Qué destino tendrán?”, le preguntamos. “De mis hijos, quien ha estado más cerca acompañándome en la tarea ha sido Diana Carolina. Los tres son egresados de la Universidad del Valle. Yo llevo años vinculado a la emisora de la Universidad. Quizás algún día la institución encuentre la forma de albergar la colección que he venido formando en el transcurrir de una vida y que quizás pueda aportar a que muchos amplíen sus conocimientos en esta área de la cultura”. Ojalá este deseo no se quede en simple proyecto y obtenga feliz realización. Preguntamos: “¿Has publicado algún libro?”. Y él respondió: “Aún no, pero estoy trabajando en uno que se relaciona con la percusión desde sus raíces africanas y su llegada a América directamente con los esclavos, e indirectamente a través de Europa. He escrito unos 14 capítulos y espero culminar ese proyecto para adicionarlo a mi legado”.

Orlando Montenegro Rolón, un hombre que gusta de manejar lo que él mismo denomina “bajo perfil” mediático, es ya mucho lo que le ha aportado a ese legado que ha permitido enriquecer nuestros conocimientos en vida, hermano, en vida, como dice la filosófica reflexión del poeta Mario Benedetti.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
Medellín, septiembre 7 de 2014

Víctor Bustamante y Orlando Montenegro 
en el Salón Versalles de Medellín

Nota: Este texto también puede leerse en el blog Festitango de Medellín, de Víctor Bustamante, y ver el video de la entrevista registrado por su cámara:



miércoles, 10 de septiembre de 2014

79. Enrique Gallegos Arends, un trovador de antaño

Se conocieron en la universidad. Él, estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, era un fogoso líder estudiantil tirapiedra y armabochinches; ella, estudiante de arquitectura, era una atildada hija de un prestigioso educador que la cuidaba como a la flor más preciada de su jardín. Fue amor a primera vista. Para los padres de ella, que aspiraban a verla casada con algún colega suyo de comportamiento atildado, no podía ser peor la escogencia.

Pensaron ellos que usted se había equivocado –le dije a doña Nancy Custode de Gallegos Arends.

Yo tuve claro desde un principio que él era el hombre indicado, mis padres tardaron en comprenderlo.

Tuvieron que casarse a escondidas, y presentar en familia el hecho cumplido. Cincuenta y un años de matrimonio han transcurrido desde aquel año de 1963, para demostrar a los padres y al mundo que eran ellos los equivocados, y que su hija tenía la razón. En 1967 gobernaba el Ecuador una Junta Militar presidida por el Contralmirante Ramón Castro Jijón que había derrocado al presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, quien desde 1961 había reemplazado a José María Velasco Ibarra en la cuarta de las cinco presidencias en que éste gobernó el país. El país estaba a disgusto con la Junta que había dado golpe de Estado al orden constitucional.

Velasco Ibarra fue un hombre impoluto –dice el Dr. Enrique Gallegos Arends, nacido en el año de 1939–, pero sus ministros eran unos corruptos. Él no le quitaba un peso a nadie, pero ellos se embolsillaban todo lo que podían y por eso lo elegían y reelegían una y otra vez. Sin ellos y sus maquinarias, él no habría llegado; y si él no se hubiera hecho el de la vista gorda, ellos no habrían recuperado la ingente cantidad de dinero que se necesita para hacer una campaña presidencial.

Dr. Enrique Gallegos Arends

Gallegos lo sabe, porque fue candidato a la Alcaldía de Quito por el movimiento Quito Insurgente y Solidario que él dirigía. 

Candidato Gallegos Arends 
dibujado por Thalía Flores y Flores

Pero salí derrotado. Para ganar hay que contar con el favor de los políticos, y si hay algo que tengo claro es que nuestras masas no están preparadas para elegir bien a sus mandatarios –dice Gallegos Arends.

El disgusto contra la Junta Militar llevó a la oposición a hacer una campaña para derrocarlos, y Gallegos Arends, al frente del Comité Estudiantil del Instituto Mejía de Quito, y aglutinando a su alrededor otros comités de la ciudad, se unió a ella; por su parte, Jaime Roldós Aguilera hizo lo propio como líder de la Asociación Estudiantil del Colegio Rocafuerte de Guayaquil, que con el mismo propósito aglutinaba a su alrededor a otras asociaciones estudiantiles del puerto. Esa actividad selló la amistad de los dos jóvenes, que cumplieron su cometido y lograron restablecer el orden democrático en el gobierno.

Pero los políticos, que todo lo corrompen, se apropiaron de la acción y asumieron el poder, volviendo a las mismas con los mismos –dice Gallegos Arends.

Cuando Roldós Aguilera fue elegido presidente, en mandato que alcanzó a ejercer entre 1979 y 1981, nombró a su amigo Gallegos Arends como Ministro de Bienestar Social; pero fuerzas oscuras derribaron el avión en que viajaba el presidente, haciéndolo aparecer como un hecho accidental.

Jaime era un hombre incómodo para el imperialismo norteamericano. Tanto él como yo éramos izquierdistas convencidos –dice Gallegos.

Eso significa que usted ya no lo es –le preguntamos.

Sigo siendo filosóficamente marxista, pero he dejado de ser comunista. La versión leninista-estalinista del marxismo es irreal e impracticable, incompatible con la naturaleza humana, porque la propiedad privada es motor del desarrollo de la sociedad, así deba ser regulada por un Estado que procure equilibrar las naturales diferencias.

Eso explica por qué, siendo hombre de izquierda, ha sido opositor del izquierdista régimen del actual presidente Rafael Correa, y ha resultado ser su enemigo político.

Correa es un oportunista que siempre fue de derechas hasta que se subió al poder y encontró aliados en el izquierdismo, pero lo suyo no es de principios sino de oportunidad. Eso es otra cosa, y yo me he opuesto a él porque para mi mal, o para mi bien, yo he sido tildado de rebelde, combativo, polémico, contestatario, iconoclasta, conflictivo, confrontador, controversial, provocador, emocional, y de temperamento jodido. De todo me han dicho, porque no trago entero.

No traga entero y en el transcurrir de su vida ha librado muchas batallas encarnizadas como la que libró para oponerse a la construcción del aeropuerto de Talabela, que él juzgó mal proyectado, mal construido, y con sobrecostos por corrupción desmesurados. 

Más de seiscientos millones de dólares se robaron. Sus ejecutores deberían estar en la cárcel –dice–. Pero ya estoy cansado y la salud me ha pasado cuenta de cobro. Quiero retirarme de las confrontaciones políticas. Pienso, incluso, cerrar la sección editorial “Nota en blanco y negro” que sobre asuntos políticos tengo en el noticiero de "Radio Añoranza", como antes llamaba la emisora radial de la familia. Ya no estoy para esos trotes y esa es una de las cosas que quiero acabar, como también acabaré con la viajadera. Creo que a partir de este momento voy a permanecer en Quito, que es un clima que le hace bien a mi salud. El Guayaquil de mis mayores queda descartado.

Su madre era del caluroso puerto de Guayaquil, y su padre un contador que trabajó con la Grace Line y otras empresas navieras. Por razón de su trabajo, tenía como sede a la ciudad de Colón en Panamá donde el Dr. Enrique nació por accidente puesto que, dice él:

Por padre y madre yo soy ecuatoriano, y así lo refrendé al alcanzar la mayoría de edad. Mis enemigos políticos quieren endilgarme lo de que soy panameño… pero no creo que los panameños me acepten en devolución.

A poco de él nacer, siendo hijo único, sus padres se divorciaron y la madre regresó con el bebé a Guayaquil donde, a poco del divorcio, falleció; quedando el huérfano en el puerto a cargo de unas tías, hasta que su padre reclamó la presencia del hijo en Caracas (Venezuela) donde había vuelto a casarse. Allí hizo Gallegos Arends la escuela primaria.

Pero fui un chico difícil, y no me entendí con mi madrastra venezolana. Ya para entonces era adolescente, y mi padre me envió al cuidado de su amigo el cónsul de Venezuela en Quito.

Este diplomático era, ni más ni menos, el ecuatoriano Carlos Izurieta, que con el peruano Juan Ernesto Peronet integraba el dueto de Peronet e Izurieta.

Él era mi tutor, mi mentor, mi padrino, mi acudiente, mi amigo, fue un segundo padre para mí.

Su padrino lo matriculó en el colegio laico Pichincha, dirigido por el profesor Carlos Romo Dávila, que se regía por la filosofía promulgada por Eloy Alfaro, un líder que había sido amigo de su abuelo, y allí se nutrió de los principios que habrían de moldear su ideología marxista y habrían de estimular su vocación de liderazgo, la misma que lo llevaría a la dirección de asociaciones estudiantiles por medio de las cuales viajó a Cuba muy a principios del triunfo de la revolución, a los países del Este de Europa…

Y a Rusia. Fue allí donde me reafirmé en el marxismo y me decepcioné del comunismo.

Sus vínculos políticos de otras épocas le permitieron cumplir un sueño que tenía desde niño: tener una emisora. Pudo así obtener su licencia de periodista, y licencia para operar su emisora de radiodifusión.

Para dedicarla a la política, supongo –le dijimos.

Noooo, la política no está excluída, y eso es lógico; pero mi propósito era dedicarla a la música.

La música antigua le proporcionó el distintivo que identifica la dirección electrónica de la emisora “trovantanio”, que es un apócope de la expresión trovador de antaño; pero los trovadores de antaño se han venido muriendo y esa música ya no daba para conseguir patrocinios que financiaran su actividad. Tuvo que dar un viraje. En esta nueva etapa de la emisora "Radio Añoranza", ya es propiedad y está bajo la gerencia de Enrique Gallegos Custode, el menor de sus hijos, y ha cambiado de denominación. Ahora se llama “Radio la rumbera”.

Con esta nueva música logra financiarse pero yo, para curarme en salud, procuro no escuchar mi emisora.

Dr. Enrique Gallegos Arends y su 
colección de CDs en la emisora

A lo que no renuncia, porque es alimento para su espíritu, es a continuar con su programa de las seis de la tarde “En ritmo de bolero”, programa que nació no solo del hecho de tener su emisora sino del bagaje que le da el ser coleccionista de toda una vida que ha acumulado infinidad de discos, casetes, disquetes, cds, libros, documentos, entrevistas; iniciado desde que era niño.

¿Quién va a heredar su colección el día en que usted no esté?

Tengo claro que debe quedar en manos de alguien que guste de ella y la sepa apreciar y cuidar. No sé. Tengo en mente uno o dos candidatos suficientemente jóvenes para sacarle partido. No tendría sentido que quedara en manos de un hombre casi tan viejo como yo. Tal vez se vaya a México. Allá hay personas que tienen los medios, la capacidad, los conocimientos, el amor, la voluntad, de preservarla. Quizás sea ese su destino.

En música no se puede ser coleccionista de todo, y el Dr. Gallegos Arends tiene especial predilección por la música de los pasillos ecuatorianos, los valses peruanos, el bolero, la música antillana. Sin excluir otras vertientes musicales, allí se centran los ritmos de su interés. De su interés por el bolero nació uno que considera su amor platónico.

¡Carmen Delia Dipiní! “Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí…”, “Dímelo, yo sé que yo te gusto, y sé que estás deseando que yo te diga algo, dime que sí…”, “Tú serás mi último fracaso y yo no sé si te podré olvidar…”. Esa mujer llenó mi corazón de ensueño, ¡Qué mujer!

Cuando Dipiní murió, en el año de 1998, Gallegos Arends tenía viaje programado a Puerto Rico y fue a visitar su tumba y a depositarle flores. Allí se enteró de que estaban en el Encuentro de Coleccionistas de Música y se integró a ellos visitándolos todos los años durante muchos años. Allí conoció al Dr. Héctor Ramírez Bedoya, presidente de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, y a otros delegados de Medellín entre los que se encontraba el profesor Aicardo González, coleccionista y experto en tríos, quienes lo invitaron a los Encuentros Matanceros de la primera semana de agosto de cada año en Medellín. Es asociado de la corporación y por años su visitante asiduo. Ha dado charlas sobre música en los Festivales del Bolero de La Habana en varias oportunidades, en Caracas, en Medellín y otras ciudades de Colombia, en Argentina, en México.

La música me ha llevado a muchas partes y en todas partes he sido muy bien recibido. En Medellín puedo decir que me siento mejor que en mi propia casa. Tengo aquí amigos muy queridos.

El cariño que se le dispensó el último sábado de agosto de 2014 durante la reunión de la corporación, cuando dictó una charla sobre el bolero en Argentina, fue efusivo. Como efusivo fue el cariño que le dispensaron los miembros de la Tertulia Musical de los Martes en el Salón Málaga, que de 9:30 a 11:30 am. contó con su presencia y escucharon su charla a continuación del homenaje rendido al cantante Oscar Agudelo, que también fue invitado a ese encuentro. El habitual grupo de entre 60 y 70 personas se vio duplicado, y la silletería no daba abasto para acoger a tantos tertuliantes ocasionales atraídos por el anuncio de la presencia de estos invitados tan especiales. Los noticieros de televisión acercaron sus cámaras para cubrir el evento con notas destinadas a sus emisiones.

Ha de saber –nos dijo– que hago parte de la Asociación de Coleccionistas de Música del Ecuador y en algún momento fui su vicepresidente. Algunos de sus miembros se acercan por las tardes a hacer tertulia cuando sale al aire mi programa sobre boleros y en mis años mozos solía cantar boleros con buena voz que acompañaban mis amigos con sus guitarras, de donde salió un CD que grabé para satisfacción mía y para solaz de mis amigos.

Muchos amigos del mundo de la música habrá hecho en el transcurrir de su carrera –le preguntamos.

Muchísimos. Incontables. Pero me enorgullece y satisface hacer mención particular tanto de los boleristas argentinos Hugo Romani y Leo Marini, como del cantante y compositor Mario Clavell. Amigos entrañables.

Se queda nostálgico, con la mirada puesta en el vacío, al recordar a esos amigos de la música y de la vida. Entonces le preguntamos:

Sus hijos habrán heredado su gusto por la música, supongo.

Mi hijo Juan Carlos ejerce su actividad como ingeniero de sistemas, pero sus músicas son otras; Kathy es profesora en el Canadá, y oye otras músicas; Dinah es administradora de empresas, y son otros sus gustos; Enrique es también administrador de empresas pero, aunque ha asumido la tarea gerencial de la emisora, sus gustos musicales van en otro sentido. En resumidas cuentas, les gusta la música, pero no esta música de su padre.

Aunque se formó como arquitecta, doña Nancy Custode de Gallegos Arends se plegó a la vocación docente de su familia materna y fundó un colegio que regenta en la actualidad con el nombre del pedagogo brasileño Paulo Freire. El Dr. Enrique, su esposo, fue profesor universitario; actividad docente de la que se encuentra retirado. Su hija Kathy ejerce la docencia en el Canadá.

Dr. Enrique, ¿Ha pensado en escribir algún libro?

Con un amigo publiqué un libro de contenido político, y ese es un tema que queda cancelado. Tengo material suficiente para dos o tres libros sobre música, y tengo en mente escribir por lo menos uno de ellos. Espero contar con vida y salud para hacerlo.

¿Ha compuesto alguna canción?

No lo he hecho, pero hay una de la que soy el padre putativo. El último bolero que compuso Mario Clavell me lo dedicó afirmando que yo era coautor del mismo. Era algo que él traía en mente y me preguntó si cuando un amor se va es mejor recordarlo o es mejor borrarlo por completo de la memoria. Dependiendo de mi respuesta sería el sentido de la letra que él le pondría a ese bolero. Le dije que, a mi modo de ver, un amor perdido aunque fuera fracasado, era bueno recordarlo y dejarle un lugar guardado en la memoria y un rincón en el corazón. Me hizo caso, y compuso el bolero “Cosas de la vida”:

Hay cosas en la vida /que no pueden olvidarse… /Aquel hermoso amor /que llenó por vez primera /de ilusión al corazón. /Las risas, y las lágrimas, /y el alma que temblaba de emoción… /Era el amor. /Hay cosas en la vida /que no pueden olvidarse”.

Ha de saber –dijimos al maestro Enrique– que mis primeros enamoramientos se dieron al compás del bolero de Mario Clavell “Quisiera ser como la canción que te guste más, y así poder estar en tus labios y en tu soñar”; pero el tema de él que me llega al alma y la sacude por completo es el bolero “Somos” (Después que nos besamos /con el alma, y con la vida, /te fuiste por la noche /de aquella despedida; /y yo sentí que, al irte, /mi pecho sollozaba /la confidencia triste /de nuestro amor así…):


Somos un sueño imposible /que busca la noche, /para olvidarse del mundo /del tiempo y de todo. /Somos, en nuestra quimera /doliente y querida, /dos hojas que el viento /juntó en el otoño. /Somos dos seres en uno /que amándose mueren, /para ocultar en secreto /lo mucho que quieren. /Pero, ¿Qué importa la vida, /con nuestra separación? /Somos dos gotas de llanto /en una canción. /Nada más eso somos, /nada más”.

Ese bolero, mi querido amigo Orlando, tiene coincidencias con mi propia vida, así los resultados hubieran sido diferentes. Me lo contó él, sentados ambos en una banca de un parquecito de la ciudad de Buenos Aires. Mario era un muchacho joven y pobre, que trabajaba como empleado en una empresa; y la joven, a la que llamó Gloria en alguna entrevista para no decir su verdadero nombre, una jovencita muy bella, se conoció con él y se enamoraron. Pero vino la oposición de la familia. El padre de la chica la tenía prometida en matrimonio con uno de sus colegas y la diferencia de posición social y de ingresos entre uno y otro pretendiente era abismal. Un día la chica le dijo: “Mario, yo te quiero mucho, pero seguir contigo significa romper con mi familia y con todo lo que ha sido mi vida hasta este momento. Seguir contigo compromete mi futuro. No podemos seguir viéndonos a escondidas. Así es que, queriéndote mucho, tengo que dejarte en este momento. No volveremos a vernos”. Y Mario, que todo lo que sentía lo vertía en la música, compuso ese bolero inolvidable. 

Esas situaciones han inspirado a los artistas, Dr. Gallegos, ¿Recuerda “Lágrimas de amor”, que cantaba su paisano Olimpo Cárdenas?

Nos tenemos que decir adiós, aunque quizás jamás en la vida te vuelva a encontrar… porque  tal vez será nuestra última noche de amor”. Son dolorosas esas despedidas, pero no se crea que Mario Clavell era un hombre triste, todo lo contrario, era muy alegre. ¡Qué amigo tan querido! ¡Qué alegría tan desbordante la suya! A pesar de los dolores, que no faltaron en su vida, ¡Qué vivir la vida con ganas la que sentía mi querido amigo Mario Clavell!

No me lo va a creer, Sr. Orlando, pero ahí donde lo ve a Enrique, es un hombre alegre que maneja un humor muy fino –nos dice doña Nancy, su esposa.

Le creo. En las charlas que le he oído han salido a relucir gracejos que él cuenta con su cara seria sin esbozar tan siquiera una sonrisa, pero que arrancan carcajadas al auditorio.

¿Cómo fue, Dr. Gallegos…? – le preguntamos– ¿…el incidente que tuvo con su pequeño nieto por el uso de los computadores?

El pequeño de siete años, nieto que le dio su hijo Enrique, es hábil con el manejo de los teléfonos celulares y con los computadores de tableta que maneja digitando teclas con gran rapidez. El abuelo, que se reconoce embestido por la tecnología, manipulaba y manipulaba tratando de entender el manejo de uno de esos aparatejos, hasta que optó por pedir la ayuda del nieto. El niño trató de explicarle, moviendo teclas con uno y otro dedo; insistió con su explicación; volvió a explicarle; hasta que, exasperado, exclamó:

Pero, abuelito ¡Usted sí que es bieeeeen bruto!

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
Medellín, septiembre 4 de 2014

Nota: una versión de la entrevista, filmada en video por Victor Bustamante, puede verse en el blog Festitango de Medellín en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=ejrRYb7S9sk



martes, 9 de septiembre de 2014

78. Sicología del coleccionismo musical

Antes de que me le midiera a la creación del blog Postigo de Orcasas estuve sopesando la posibilidad de hacerlo y las posibles maneras de llamarlo, pidiendo asesoría de veteranos en el asunto sobre los tejemanejes de administración de un sitio así. Muchas eran las presiones de los amigos, y en particular reconozco y agradezco la insistencia del Dr. Jesús Fernández Ceballos, abogado y/o gastrónomo de profesión. Lo uno o lo otro, sin simultaneidad; porque el derecho lo ejerce con la cabeza, pero la gastronomía la disfruta con el corazón. Yo insistía en que a mí me faltaba mucho pelo para el moño, pero él decía que con lo que yo tenía bastaba, y que era "un desperdicio que algunos de mis artículos se perdieran en el olvido por no tener un nicho donde ponerlos”. Con eso me mató. Ya se sabe lo que puede pasar cuando una joven pareja en un baile lo mira a uno a los ojos y le dice con un par de pestañeos “me gusta tu sonrisa”. Ahí la virtud de la monogamia sacude del cabello al gen de la infidelidad y lo obliga a ponerse de rodillas. Sucumbí a la tentación que le tendió el amigo Chucho a mi maltrecho ego, y por estos días las estadísticas me dijeron que después de cinco meses de sequía, sin publicar nada en él, todavía había 20 personas que visitaban diariamente el blog lloviera, tronara, o relampagueara. El corazón me dice que esas 20 personas bien merecen que venza el síndrome de la página en blanco y ponga en el plato algo para compensar sus expectativas. Tengo la esperanza de que las 20 de ayer, y las 20 de mañana, no sean las mismas 20 de hoy, para hacerme la ilusión de que no son 20 sino 60 los visitantes de este lugar.

Hace un tiempo monté en el blog dos artículos relacionados. De una parte, el nro. 76 sobre el coleccionista e historiador musical cubano don Cristóbal Díaz Ayala; de la otra, el nro. 77 sobre el coleccionista de discos de vinilo brasileño Zero Freitas, a quien había descalificado en el anterior artículo por ser un simple acumulador de discos, pero a quien reivindiqué en el segundo artículo por ser “un verdadero coleccionista”.

Gracias a los amigos coleccionistas musicales Rosni Portaccio Fontalvo, y Esperanza Camacho Q., acabo de conocer un blog denominado “Salsa, Son, y Timba, de Cali” (SST, de Cali). Es un blog que despierta mi admiración porque ahí sí hay pelo para el moño. Tiene información muy completa para los amantes de la salsa y la música caribeña. Colaborador permanente de él es el señor John Jairo Usme Z., sicorientador del colegio de la Caja de Compensación Familiar Regional del Meta (CAFREM), en el municipio de San Martín, que aúna sus conocimientos profesionales con el gusto por la música. Se ha puesto él en la tarea de clasificar en tres distintas clases el coleccionismo musical, y su excelente artículo interpreta las ideas que he venido promulgando para distinguir desde un simple aficionado con oído de artillero, como yo; hasta un verdadero coleccionista con la categoría de historiador, como don Cristóbal Díaz Ayala. 


El artículo del Sr. Usme pone los puntos sobre las íes desde el punto de vista sicológico, y espero que sea del interés de mis lectores.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


lunes, 1 de septiembre de 2014

77. Zero Freitas, un verdadero coleccionista

El colombiano Sergio Santana, nacido en la isla de San Andrés pero radicado en Medellín desde hace muchos años, es un amante de la música caribeña que, en razón de su pasión, se convirtió no sólo en coleccionista de música (fue dueño del sitio salsero denominado Rumbantana en la calle San Juan del sector de La América) sino en estudioso historiador que tiene ya varios libros a su haber, el último publicado bajo el título de “Mi salsa tiene sandunga”, donde cuenta la historia de la salsa como movimiento, puesto que afirma que la salsa no es un ritmo ni un género musical sino una fusión que agrupa a su alrededor a una gran cantidad de artistas de distintos géneros y procedencias. Para hacerle seguimiento a este movimiento musical estuvo en el Brasil investigando la relación entre la salsa y los movimientos “del” samba y “la” bossanova, corrigiendo la costumbre que tenemos en estos lados de decir “la” samba, y “el” bossanova.

Santana ha encontrado en el periódico El País.com un artículo que quiere compartir con nosotros, y mi primera inquietud fue saber a qué periódico El País se refería, puesto que dice doña Wikipedia de Google que el periódico El País.com puede referirse a uno de los del siguiente listado, y que se requiere, por lo tanto, desambiguarlo. ¿Por cuál El País está uno preguntando?

El País puede referirse a las siguientes publicaciones:

el periódico español contemporáneo El País;
el periódico colombiano El País;
el periódico republicano español editado en Madrid entre 1887 y 1921 El País;
el periódico paraguayo El País;
el periódico uruguayo El País;
el periódico boliviano de la región autónoma de Tarija El País;

Así, de entrada, no fui capaz de responderle, pero luego llegué a la conclusión de que se trata del periódico El País.com de España, que tiene por eslogan “El periódico global en español”. Este periódico tiene una corresponsal en Brasil de nombre Gabriela Colicigno, cosa que yo desconocía, pero a ella llegué por este correo que recibí de Sergio Santana:

Postigón Orcasas:

Me gustaría que leyeras el otro lado de Zero Freitas, no solo como "acumulador de discos", lee pues...


Abrazos,
Sergio Santana

Efectivamente, me fui al enlace recomendado por Sergio y ¿Qué encontré en el reportaje que Gabriela Colicigno le hizo al millonario brasileño José Roberto Alves Freitas, ampliamente conocido en su país como Zero Freitas? Su artículo recientemente publicado el 24 de agosto de 2014 lo dice bajo el título “Una pasión de alta fidelidad”, en el que hace un juego de palabras entre la expresión Alta Fidelidad, que se usó para referirse a un sonido depurado (HD, o High Definition) en los equipos de reproducción de vinilos, y para hacer alusión a la fidelidad que Freitas ha mantenido hacia su afición por la compra de discos de vinilo, que tiene desde niño.

Freitas empezó la colección a los cinco años de edad impulsado por su madre que le regaló un tocadiscos y un piano. Un niño de cinco años con un tocadiscos necesita discos para tocar en él, y ahí empezó. Se dice que tiene más de cinco millones de vinilos, pero él calcula que son más y que la cifra puede ser de seis o siete, sin poder precisarla. Los tiene en distintos lugares, incluido un depósito en el que tiene un moderno estudio de grabación y reproducción donde de los 500.000 ejemplares ya más de la mitad están digitalizados. Su propósito es digitalizar su colección para ponerla a disposición de cualquiera que necesite consultarla desde cualquier lugar del mundo, pero respetando las regulaciones de los derechos de autor. Si algún propietario de derechos no permite su divulgación, él conserva los discos en su colección pero los retira del acceso al público por Internet. Patrocina un grupo de estudiantes universitarios compuesto por dos turnos diarios de 8 estudiantes cada uno, cuya misión es clasificar y digitalizar mil ejemplares por día. Tiene secciones de discos por ritmos y por artistas, y atesora voces y composiciones raras que considera de difícil adquisición. Habla, por ejemplo, de la música religiosa de pequeñas iglesias que incluye cánticos, himnos, misas, y piezas por el estilo cantadas por voces y coros anónimos que son algunos de belleza singular. Los estudiantes que patrocina se tienen que devanar los sesos para clasificar música que procede de Rusia, de China, o de Japón, con sus ideogramas y caracteres cirílicos de difícil traducción. Lo suyo es un hobby o afición que degusta en la intimidad del hogar, o cuando viaja con algunos de sus más de 100.000 CD; pero es también una empresa altruista, patrocinada por él, con la que piensa dejar al mundo su legado tan particular que solo unos pocos con su dinero y amor por la tarea, o con el acervo y la voluntad de don Cristóbal Díaz Ayala que reseñé en mi artículo anterior, pueden dejar.

Zero Freitas

Así es que me retracto de la impresión inicial que tuve sobre el Sr. Zero Freitas. En justicia, según lo explicado en el artículo y en el video, no es un simple acumulador de discos sino un verdadero coleccionista que está trabajando para dejar al mundo un legado de impagable e incalculable valor. Enhorabuena por eso.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)