lunes, 1 de junio de 2015

101. Juan Cancio Restrepo y Santa Laura Montoya, dos tigres de Amalfi

Amalfi es una población costera del golfo de Salerno en la Campania italiana, fundada durante la dominación romana en el año 339. De ella tomó el obispo Juan de la Cruz Gómez Plata el nombre para el municipio colombiano fundado en el año de 1838 en cercanías de la zona minera de Zaragoza, Remedios, y Segovia, en el nordeste de Antioquia; lugar que antes había llevado el nombre de Cancán, y cuya letra inicial hizo parte del primitivo escudo del Estado de Antioquia.

Si fuéramos a escoger el personaje amalfitano más destacado, tendríamos que recurrir a esta lista que trae el portal Historia de Antioquia.info:

Manuel Uribe Velásquez (poeta)
Severo Escobar Rojo (poeta)
Abdón "El Negro" Jaramillo (músico)
Víctor Guillermo García Estrada (pintor)
Rodrigo García Estrada (historiador)
Eduardo Palacio (institutor)
Roberto Escobar Sanín (poeta)
Héctor Ignacio Rodríguez (ingeniero poeta)
Ricardo Castro (militar historiador)
Pedro Pablo Mejía López (periodista)
Emilio Rico Escobar (poeta)
Camilo García Bustamante (integrante del Dueto de Antaño)
Piedad Bonnett Vélez (escritora)
Jesús María Henao Melguizo (historiador y pedagogo, coautor con su colega Gerardo del texto escolar Historia de Henao y Arrubla)

O a esta otra de “Personas destacadas de la cultura amalfitana” que aparece en el Plan Municipal de Cultura de Amalfi 2010-2019:

María Aurelia “Maruchita” Marulanda Carvajal (bibliotecaria)
Luis Eduardo “Lalo” Trujillo Zapata (músico)
Luis Rosendo Ospina Gaviria, (sacerdote)
Julio Aswad Aswad, (médico siquiatra)
Jesús María Areiza Isaza (músico)
José Gabriel “Gabrielito” Escobar Zuluaga (personaje típico)
Jairo León (escritor), Rodrigo Humberto (biógrafo), Roberto (pintor) y Alberto Elías (poeta) Ibarbo Sepúlveda

En otras listas aparecerán otros nombres, pero menos reconocidos por fuera de su terruño.

Sin embargo, es posible que no haya un personaje local más conocido y de mayor recordación en la memoria pública que el famoso “Tigre de Amalfi”, cuyos méritos lo hicieron acreedor a una estatua en el parque principal, frente al atrio de la iglesia. Según las crónicas, el tigre de Amalfi no era uno, sino dos; o varios, si tenemos en cuenta a su consorte, la tigresa; y a sus hijos, los tigrillos, que crecieron y también hicieron de las suyas. Más de mil reses perdieron la vida entre sus fauces y garras, con el agravante de que a este tigre no le gustaban sino las vísceras y las ubres, dejando el resto para que se lo comieran los gallinazos. A un tigre así nadie le da abasto. Varias partidas de cazadores se organizaron para perseguirlo por el aliciente de ganarse la recompensa ofrecida por el Fondo Ganadero y otras entidades; recompensa que, a la postre, se volvió humo por el incumplimiento de los promitentes. 

Entre los cazadores que acudieron a la convocatoria había unos hermanos Echavarría venidos de fuera de la población, pero no fueron ellos los que dieron muerte al felino. Al decir de José Rendón Builes la proeza le cupo a una partida compuesta por los hermanos Antonio José, Arturo, y Miguel Vásquez Rendón; acompañados por Francisco Jaramillo y su hijo Abelardo. Iba también con ellos un perro criollo cazador al que llamaban “Chapolo”, que se acercó demasiado a la fiera moribunda y quedó convertido en sobrado de tigre en ese 18 de noviembre del año de 1949.

Chapolo y las mil reses no fueron las únicas víctimas de esta fiera, puesto que al alcalde Antonio Peláez le dio por gastarse $20.oo del erario público en las celebraciones de júbilo del populacho. Veinte pesos en ese entonces era todo un capital, y la gobernación procedió a su destitución en tiempos en que gastarse la plata ajena estaba prohibido. Ahora también, pero la llevan a la cuenta denominada bolsillo propio.

Estatua del Tigre de Amalfi

Al Tigre de Amalfi le erigieron la estatua mencionada, pero en mayo de 2013 se armó un revuelo porque las autoridades civiles, militares, y religiosas, se pusieron de acuerdo para remover al tigre de su lugar porque necesitaban el espacio para poner un busto de la Santa Madre Laura Montoya que nació en Jericó pero en Amalfi fue confirmada y allí hizo la primera comunión. Amalfi reclama su parte en el ponqué. Si consideramos a la Madre Laura como personaje de la población, habría que agregarla a la lista de personalidades y esperar a ver si a ella también se la come el tigre.

Estatua de la Santa Madre Laura Montoya 
en la casa de Belencito en Medellín

Fotografía de la Santa Madre Laura Montoya 
en la casa de El Cuchillón en Medellín

Hay una escuela en el barrio Buenos Aires de Medellín; o en la calle 45 nro. 31-63 del barrio La Milagrosa, para ser más exactos; que lleva el nombre de Institución Educativa Juan Cancio Restrepo y está situada en la vía de El Cuchillón, a unas seis cuadras de donde la Madre Laura estableció su primera casa en Medellín, que aún se conserva. Leí en alguna parte que la edificación de la Escuela Juan Cancio Restrepo fue diseñada por el arquitecto Agustín Goovaerts, pero no aparece relacionada en la lista elaborada por la Sra. Mercedes Lucía Vélez White, lo que desvirtúa tal afirmación.

“Agustín Goovaerts y la arquitectura en Medellín”, por Mercedes Lucía Vélez White:


¿Sabe alguien decirme quién fue don Juan Cancio Restrepo? Pues, no, yo tampoco lo sabía. Le pregunté al Sr. Google si podía informarme algo al respecto, pero me pidió que le precisara los dos apellidos porque Juan Cancios hay muchos. Con eso me corchó. Tampoco lo encontré en la serie “Cien empresarios, cien historias de vida” de la Cámara de Comercio de Medellín. Vino en mi ayuda una monografía en el portal Esap.edu.co del Plan Municipal de Cultura de Amalfi 2010-2019 titulada “En busca de nuestra memoria” y con prólogo de Jairo León Ibarbo Sepúlveda, en cuyo capítulo Historia hay un subtítulo dedicado a “Personas destacadas de la cultura amalfitana”. Allí hay una sinopsis de una biografía inédita escrita por Rodrigo Humberto Ibarbo Sepúlveda sobre “Juan Cancio Restrepo Campuzano, un filántropo antioqueño” donde dice que este ilustre desconocido era hijo de Joaquín e Isabel, que estuvo casado con Luisa Márquez Palacio y tuvieron nueve hijos (Cancio, Luisa, María, Iván, Elena, Isabel, Ricardo, Joaquín y Ángela), que nació en Amalfi en 1877 y falleció en Nueva York en 1952; y que en su opinión “es el hijo más importante de la tierra amalfitana”. Hace mención de que cuando salió de allí para Medellín iba descalzo, pero se convirtió en comerciante e industrial importante de la capital en los comienzos del Siglo XX, vinculado como cofundador a empresas que precedieron a la Fábrica Nacional de Galletas y Confites (hoy Industrias Noel), Cía. Nacional de Tabaco (hoy Coltabaco), Cía. Antioqueña de Tejidos (hoy Tejicóndor) y a la Escuela de Ciegos y Sordomudos. Varias veces lo menciona su amigo y socio de negocios don Lisandro Ochoa en su libro “Cosas viejas de la Villa de la Candelaria”, unas veces como Juan Cancio y otras como Cancio. No son pocas las ejecutorias de esta persona ignorada por las nuevas generaciones, incluidos los alumnos de la Institución Educativa que lleva su nombre y que no tienen idea de quién fue él. 

Cualquier campesino que salga de su tierra con una mochila al hombro y llegue a codearse con los grandes de la industria antioqueña demuestra tener garra y astucia y capacidad de sobrevivir en una jungla de cemento que en el intento se ha tragado a muchos aguerridos. Un sujeto así es, a mi modo de ver, un tigre; y si de contera nació en Amalfi, pues es nada más y nada menos que un verdadero Tigre de Amalfi.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


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