domingo, 28 de junio de 2015

104. Gardel es más que Volver, y el tango es más que Gardel

Llega a su fin el mes de junio de 2015, y con él termina la celebración del IX Festival Internacional de Tango de Medellín.


Como parte de las celebraciones tangueras de este año, se presentó el 10º tomo de la serie, que ya es enciclopedia, denominada “El universo del tango”, escrita por el ingeniero tangófilo Asdrúbal Valencia. El periodista Reynaldo Spitaletta presentó su libro “Las plumas de Gardel”; y el melómano Carlos Alberto Echeverri Arias presentó el suyo “La temprana presencia del género Tango en Colombia”.

Tiene razón Spitaletta cuando afirma que "Creo que ya hay una abundancia de obras sobre el Zorzal, como personaje central y como pretexto", pero también tiene razón cuando dice que "Sobre Gardel se continuará escribiendo". Estas obras presentadas durante el festival, sin lugar a dudas, enriquecen el bagaje de los conocimientos tangueros de una población aficionada que sabe mucho, pero le queda mucho por aprender.

Este año el festival coincidió con el aniversario 80 de la muerte del cantor Carlos Gardel en el denominado "accidente aéreo" del aeropuerto de Las Playas u Olaya Herrera de la ciudad de Medellín, en la tarde del 24 de junio de 1935. El barrio de Belén Las Playas recibió ese nombre debido a las crecientes del río Medellín antes de ser canalizado, pues se salía de madre e inundaba un extenso terreno dejándolo cubierto de arena de playa. Allí se construyó el aeropuerto, y allí fue la tragedia que enlutó al tango.

Carlos Gardel en su última fotografía, 
momentos antes del accidente


Los aviones colisionaron en tierra en el área de la pista de carreteo. Dicen los que saben que, aunque los aviones tienen alas, en ese tipo de colisión terrestre “No hay nada aéreo”, y por lo tanto el locutor que hace el relato en el video comete la inexactitud de afirmar que uno de los dos había levantado vuelo. No es el único que cree tal cosa; y el experto Mauricio Umaña Núñez, ingeniero mecánico de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, se ha convertido por afición en conocedor del tema aeronáutico, y en estudioso del accidente de Gardel, y tiene bases técnicas para refutar la afirmación del narrador.

Como parte de los eventos de celebración, se presentaron el libro “La caravana de Gardel” de Fernando Cruz Kronfly, una novela sobre el recorrido terrestre y en barco del cadáver del cantor desde el lugar de su muerte hasta el cementerio de La Chacarita en Buenos Aires (Argentina), que ha sido reeditada por Sílaba Editores; y la película basada en este libro, que lleva su título, dirigida por Carlos Palau Sarmiento. Es una novela histórica, y no un libro histórico, porque aunque en gran parte está apoyada en hechos reales, está también basada en recreaciones novelísticas y literarias de esos sucesos. Hay en ella, pues, mucho de realidad y mucho de ficción; y la película es una adaptación de apartes de la novela, con su propio aporte de ficción; pero ambas se basan en el hecho real de que, por instrucciones del gobierno argentino, el cadáver de Gardel fue transportado por tierra y en barco seis meses después de su fallecimiento ¡haciendo escala en Nueva York! Quería ese gobierno armar un folletín que sirviera de cortina de humo y distrajera la atención del populacho exacerbado por el escándalo del descubrimiento de un gigantesco caso de corrupción o negociado en las exportaciones de carne, y el asesinato sicarial del congresista que destapó la olla podrida. Como Palau lo hizo notar en el preestreno de la película, hay similitud entre la muerte de ese congresista argentino y la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia; lo que me lleva a concluir que los argentinos y los colombianos somos más parecidos de lo que suponíamos.

Se presentó, además, un audiovisual producido por el ingeniero Mauricio Umaña Núñez sobre las causas del accidente, desde el punto de vista aeronáutico y de la empresa Scadta, basado en archivos que al cabo de los años fueron desclasificados en las bodegas documentales de esa empresa en los Estados Unidos; archivos a los que él tuvo acceso “gracias a que mi padre trabajó con la Scadta como radio operador telegrafista”. Ha venido a saberse que los dueños de la empresa Servicio aéreo colombiano (SACO), gerenciada por el Dr. Carlos Arango Vélez que después sería suegro del Dr. Misael Pastrana Borrero, eran los de la Panamerican Airlines (PANAM) que la habían comprado; y que los dueños de la Sociedad colombo alemana de transportes aéreos (SCADTA) ¡No eran los alemanes!, sino los de la Panam, que también la había comprado. En esas condiciones, cualquiera que perdiera las millonarias demandas por indemnizaciones (un millón de dólares de la época) la plata salía de los mismos bolsillos. Ernesto Samper Mendoza, tío abuelo del presidente Samper, fue el piloto causante de la tragedia. “Un muchacho de 19 años que sólo tenía licencia para pilotar avionetas y que llevó como copiloto a un adolescente aprendiz de mecánica”. El error, o la cadena de errores, fue humano y eso había que callarlo y taparlo hasta que las acciones legales contra la empresa prescribieran, por lo que los legajos y archivos fueron trasladados a las instalaciones de la empresa en los Estados Unidos. El abogado Alfonso Uribe Misas se encargó de presentar su exitoso alegato ante el Tribunal Superior de Colombia, exonerando de culpa a la Scadta, y ¡listo! Todo quedó arreglado. Ahora ha venido a saberse, porque a la larga todo se sabe.

De este audiovisual se hizo una edición especial para ser presentada en el aeropuerto Olaya Herrera a un auditorio de pilotos, en el que se analizan desde el punto de vista técnico esas causas con datos, informes, y lenguaje, propios de su profesión, auditorio al que no se le puede hablar olímpicamente de “vientos cruzados” y “vientos de cola” en un aeropuerto como el de Medellín, en una tarde veraniega y soleada como la que hubo ese día del fatal accidente. Tan peregrinos argumentos quedan para los legos en la materia, que tenemos que tragar entero por falta de conocimientos especializados.

Amelita Baltar, compañera artística y de vida de Astor Piazzolla, fue uno de los personajes centrales en este Festival, entre otras figuras de cartel. Aparte sus presentaciones musicales, dio un taller o charla magistral refiriéndose a su carrera, a su amor por el tango; y al amor de su vida, puesto que su nombre se asocia indisoluble al del bandoneonista que revolucionó el tango y le dio a estrenar su “Balada para un loco” (ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…). Cuando me acerqué a una caseta de venta de refrescos me dijo la joven empleada que la señora Baltar “Estuvo por aquí caminando y dando vueltas. ¡Qué señora tan amable! A nadie le negó un autógrafo y con todos aceptó fotografiarse. Es de una gran sencillez”. Una Amelita Baltar desbordante de simpatía se ganó a un auditorio que había ido a verla cargado de ilusión y salió de allí bañado de emoción. Contó Amelita anécdotas de su vida que hicieron desternillar de risa desde la pianista Teresita Gómez que estaba al pie del escenario hasta las últimas filas de la arrobada audiencia. Y dijo Amelita cómo le gustaba bailar el tango y cómo prefería aferrarse a su pareja en el baile pegado, sepultando la cabeza en el hombro del hombre, para que la feúra del macho no la fuera a espantar, puesto que en sueños todos los hombres son bellos. “Prefiero ese baile, y no las acrobacias del baile contemporáneo en que el hombre levanta a la mujer y la estrella contra el techo, dejándola aturdida”.

Pareja de baile de Rodolfo y Gloria Dinzel:
https://www.youtube.com/watch?v=88-9y3sp9MM

Teniendo su nombre asociado al del revolucionario más grande del estilo tanguero, no vaciló Amelita en rendir homenaje al padre del tango canción, “el hombre que nos convoca. El gran Carlitos Gardel”.

Carlos Gardel, El Zorzal Criollo

Carlos Gardel, de quien dijo Libertad Lamarque que era “el tango hecho carne”, grabó 764 temas; pero sus grabaciones contabilizan casi el doble, si se considera que de algunos hizo dos o tres versiones, y si se cuentan los que fueron incluidos en las bandas sonoras de las películas. 

A Gardel se le reconoce como pionero del tango canción a partir de “Mi noche triste”, primera del género, que fue grabada en 1917. Aproximadamente el 70% de sus grabaciones son tangos. Las primeras 100, que grabó antes de la mencionada, le dieron el apodo de “El cantor criollo”, por centrar sus interpretaciones en la música campesina del sur del continente. Por contraste, al tango porteño se le denomina “canción ciudadana”.

Hay una página web titulada “Por siempre Gardel”, en la que el Sr. Boris Puga publica una discografía del cantor:


Esta discografía es muy completa, aunque no está numerada y su conteo es dispendioso. En otra discografía puede leerse que, en su carácter de intérprete, él tenía registradas mil cuatrocientas ochenta y dos grabaciones (1482), que corresponden a setecientos sesenta y cuatro temas diferentes (764). 

Entre sus grabaciones hay algunas sacadas de casi todas sus películas… menos de una. 


Dice el mexicano don Alfonso Diez García, en el artículo titulado “La tragedia final de Carlos Gardel” de su blog codigodiez.mx, que: “Carlos Gardel grabó 763 canciones diferentes, pero 29 de ellas las grabó también con otros títulos, lo que da un total de 792 grabaciones… filmó solamente diez películas; y la primera, aunque parezca increíble, ¡fue muda!”. 

Flor de Durazno, película del 
cine mudo con Carlos Gardel


Se trata de “Flor de durazno”, la única que hizo en Argentina y se estrenó el 28 de septiembre de 1917. Así que es inútil buscar grabaciones de “El Mudo” tomadas de la inexistente banda sonora de esta película producida en los días en que el cine sonoro no había hecho su aparición.

Entre las canciones registradas hay 3 que grabó pero, perfeccionista como era, no quedó satisfecho y desautorizó su publicación (“Embrujo”, “Oiga patrón”, y “Violetita”); 20 que grabó, pero no fueron comercializadas y las matrices no aparecieron (entre ellas “Cuando tú me quieras”); y 49 que no grabó, pero tenía en el repertorio de las que cantaba en sus presentaciones en vivo (entre ellas, “Hacelo por la vieja”, “Garufa”, “Ya no cantas Chingolo”, y nada menos que “Cuatro preguntas”, el bambuco de Pedro Morales Pino).

Casi coincide el dato del Sr. Diez García (763) con la minuciosa compilación que preparó el chileno José Antonio Cárcamo Vicencio, trabajo que también se encuentra en la página “Gardel por siempre” y del cual tomé la mayor parte de la información que estoy reportando:

En este enlace aparece relacionada la lista de grabaciones de Carlos Gardel (1482 en total, incluidas repeticiones; 764 títulos sin repetir), compilación de datos realizada por la Universidad Nacional de San Luis, universidad pública de la provincia de San Luis en la región de Cuyo, Argentina; publicada bajo la responsabilidad de José Antonio Cárcamo Vicencio:  


Carlos Gardel se acompaña 
con su guitarra

En las primeras 14, de las 764 registradas, aparece acompañándose él mismo con su guitarra; otras muchas en sus distintas épocas con acompañamiento de las guitarras de José Razzano, José María Aguilar, José Ricardo, Guillermo Barbieri, y Ángel Domingo Riverol; y otras muchas con acompañamiento de orquesta. 

Entre los géneros musicales que grabó no están el Candombe ni el Chamamé; pero están, entre otros, los ritmos de: 

Balada
Bambuco (Colombia)
Canción
Canzonetta (Italia)
Chacarera
Cifra
Cueca (Chile)
Estilo
Fado (Portugal)
Fox trot (Estados Unidos)
Gato
Jota (Aragón, España)
Milonga
Pasillo (Colombia, Ecuador)
Pasodoble (España)
Provincia
Ranchera (México)
Rumba (Cuba)
Shimmy
Tango 
Tonada
Vals
Vidalita
Zamba

No me pregunten qué es Shimmy, o Cifra, o Gato, o Vidalita, porque no sé. Preguntarme eso ahora es como preguntarle a alguien dentro de medio siglo por la Lambada, el Twist, o la Tecnocumbia.
Entre las canciones del repertorio gardeliano más conocidas por nosotros están:

Adiós muchachos 
Amores de estudiante 
Anclao en París
Aquel tapado de armiño 
Arrabal amargo 
Caminito
Confesión 
Cuesta abajo 
El día que me quieras 
Esta noche me emborracho 
La cumparsita 
Leguizamo solo
Lejana tierra mía 
Lo han visto con otra 
Madame Ivonne 
Mano a mano 
Melodía de arrabal 
Mi Buenos Aires querido 
Mi noche triste 
Noche de reyes 
Por una cabeza 
Silencio 
Soledad
Sus ojos se cerraron 
Tomo y obligo 
Un tropezón
Volver 
Volvió una noche
Yira yira 

…Unas pocas más, y pare de contar. 

En los pedidos que hacemos a los cantantes en sus presentaciones en vivo, volvemos una y otra vez sobre los mismos títulos, e ignoramos olímpicamente el resto de su producción. De sus setecientos sesenta y cuatro temas, los admiradores nos enfrascamos en menos de tres docenas en los traganíqueles, y con eso quedamos contentos.

Todo cantante argentino que llega a Medellín se cree en la obligación de incluir en su repertorio algo del repertorio gardeliano, suponiendo que eso es lo que los paisas queremos oír. No se equivocan. Más se demoran en acercarse al micrófono que en escucharse algún paisano desde el fondo del auditorio pidiendo a grito herido “¡Volveeer!, cante Volveeer!”. Cantor que no venga preparado para atender esta petición, pierde el aplauso.

En una franja intermedia entre sus temas muy conocidos y sus temas desconocidos hay algunos que no son ni lo uno ni lo otro, como decir “Victoria” (Victoria, ¡Saraca!, Victoria; pianté de la noria, se fue mi mujer…), o como decir “Pobre mi madre querida” (Cuantos disgustos le he dado); que sí se oyen, y se conocen un poco; pero no se oyen tanto, o no las piden con tanta frecuencia.

Gardel es mucho más que “Volver”, y para muestra están estos temas de su repertorio que no se oyen, que la gente no pide, y que ameritan ser oídos: 

Rockola tragamonedas 
Wurlitzer o Seeburg

AMIGAZO

ANOCHE A LAS DOS

AQUEL MUCHACHO TRISTE

AQUELLAS CARTAS

ARRABALERO

CALLEJERA

COBARDIA

DICEN QUE DICEN

LA MARIPOSA

LLORÓ COMO UNA MUJER

MANO CRUEL

MURMULLOS

ORO MUERTO

PAL CAMBALACHE

PASEO DE JULIO

PITUCA (MUÑECA DE CARNE)

POBRE PAICA (EL MOTIVO)

POR SEGUIDORA Y POR FIEL

PRIMERO YO

QUE SE VAYAN

RECUERDO MALEVO

SILBANDO
(Relato de Cátulo Castillo)

TE ODIO

Admiro mucho a Gardel, y lo que hizo por el tango; admiro sus tangos conocidos, aunque me canse oírlos de manera tan repetida; y digamos que no admiro todo lo que grabó, pero sí estos temas que poco o nada se oyen y que vale la pena rescatar del baúl de los olvidos. Gardel es como un dios en el mundo del tango pero, justo es también decirlo, el tango es mucho más que Gardel.

Entre otros, uno de los personajes centrales de este IX Festival fue Rodolfo Mederos, el bandoneonista más destacado del momento en Argentina. Aparte sus presentaciones, Mederos dio un taller o clase magistral para hablar del tema que domina. Confesó ser discípulo de Anibal “Pichuco” Troilo, a quien considera un buen bandoneonista pero no un creador de escuela, como sí lo fue Piazzolla. Yo soy admirador de la música de Piazzolla, música que oigo como una especie de jazz. Tiene ingredientes de tango pero… ¡No me sabe a tango! Cuando tal cosa he afirmado, he sentido el reclamo de los devotos de Piazzolla que son muchos. Sienten esta declaración mía como una blasfemia o herejía; pero es algo que suelo comparar con los fríjoles. Sus recetas aparecen en los libros de cocina, y hay mucha gente que hace fríjoles. Ahora que, fríjoles como los que hacían las abuelas, sólo ellas sabían darles esa sazón que no se aprende en recetarios. Dijo Mederos que hay por lo menos veinte cantores que, a su juicio, son mejores que Gardel. Y quizás tenga razón. Lo que pasa es que Gardel, aparte de ser el pionero, fue un hombre afortunado. Tenía carisma para atraer al público, y tenía habilidad de mercadeo para promocionarse. Hacía un buen uso de su figura, era disciplinado, y sabía cuidarse. Es sabido que tenía tendencia a la obesidad, pero que se controlaba en las comidas, en las bebidas, en los trasnochos. Quizás en su tiempo no había los Gym y los Spa que están de moda, ni los programas de ejercicios aeróbicos, pero es posible que tuviera algún plan deportivo para quemar calorías y moldear su estampa. No muchos tienen esa capacidad. Aparte el decir de las abuelas de que “Dios te dé suerte, hijo mío, que el saber nada te vale”. Gardel fue afortunado para encontrar sus temas con olfato comercial, y tuvo compositores que le dieron a estrenar sus obras.

Oscar Alonso, cantor de tangos

Oí decir a don Rodrigo Pareja Montoya que el cantor Pedro Carlos Brendán era tan bueno como Gardel. Coincide con Mederos, como coincide Néstor Pinsón en su semblanza de Brendán que es un desconocido con su nombre de pila y sigue siendo desconocido con su nombre artístico de Oscar Alonso. Ambos coinciden con Troilo, quien afirmó que “Oscar Alonso fue el más grande cantor de tangos, después de Gardel, sin ninguna duda”.

Oscar Alonso debutó en el año de 1932 y en 1933 se presentaba en un teatro de Buenos Aires. Dice Pinsón, que:

Cuando en 1933 Gardel estuvo por última vez en Argentina, justo en el teatro que estaba al lado, reparó en el canto de Oscar Alonso. Según testimonio de Alberto Vaccarezza, pidió conocerlo y cuando esto ocurrió le vaticinó el mejor futuro. Había reparado en su registro de barítono y su recia interpretación provista de dramatismo. Está Oscar Alonso entre los contados cantores de corte netamente gardeliano”.

Que nunca me falte”, por Oscar Alonso:
https://www.youtube.com/watch?v=4VimoyeYdvE

Me besó y se fue”, por Oscar Alonso:
https://www.youtube.com/watch?v=7KSRfDKRSPU

Por lo menos entre nosotros, Oscar Alonso no contó con suerte.

He oído decir que hay más de 60.000 tangos registrados en la Sociedad argentina de autores, intérpretes, y compositores (SADAIC); y cuántos temas, cuántos autores, cuántos intérpretes, se opacan en el olvido por la limitada audición de un gran número de tangófilos.

Que Gardel es más que "Volver", y que el tango es más que Gardel, lo tengo claro; y tengo claro que gracias a Gardel nació el tango canción, y que gracias a Gardel el tango no muere. Nuevas generaciones de tangueros se siguen inspirando en su memoria.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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El Zorzal Criollo

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE GARDEL
Tango con letra de Alejandro Scwarcman 
y música de Carlos Morel, 
interpretado por este último


Yo estaba en el final
pegado al ventanal
de un cafetín,
fumándome la espera,
y en el vaivén
de un vértigo fatal
oí decir “Adiós…
y el nombre “…Medellín…”.

Sentí que era de Dios
la voz que dijo “Adiós…”,
y el retintín
profundo de la muerte
me enmudeció
y no alcancé a gritar:
“¿¡Por qué me abandonás 
anclao en Medellín?!”–

Perdonen al destino
las musas milongueras,
preñadas por los bardos
borrachos de café.
Perdonen a la muerte
la suerte de estos versos,
más todos esos tangos
que nunca cantaré.

Y el triste cacatúa,
soñándome en la esquina,
que olvide su gomina
y su parada fiel;
y cierren sus ventanas
las novias solteronas
que esperan todavía
que un día he de volver.

Yo estaba en el postrer
peldaño del adiós,
sin presentir
que todo era mentira…
Dolor de ser.
Me aqueja la inmortal
herida de este mal
tremendo de existir.

Quisiera alguna vez
dejar de ser Gardel,
huir de mí,
tal vez no ser eterno.
Envejecer,
cantar peor que ayer,
bajarme del avión
y nunca más partir.



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