domingo, 3 de enero de 2016

133. Falucho, un negro del Ejército Libertador

Falucho es el nombre de una embarcación cuyas velas le dan un perfil característico y, por su parecido con ese perfil, también recibe ese nombre el sombrero de felpa, fieltro, o cuero color negro, de dos picos, que usaban Napoleón y el General José de San Martín.


General José de San Martín

La palabra “Callao”, que da nombre a varios lugares, no tiene que ver nada con una deformación de callado o silencioso. Posiblemente sea una distorsión de “callauo”, que en lengua quechua significa playa en punta de tierra que se adentra en el mar; o puede ser que signifique un acopio de guijas, piedras, o peladillas de río, una playa pedregosa. De donde sea que lo hayan tomado los españoles, es ese el nombre de un puerto peruano donde se desarrollaron hechos importantes durante la guerra de independencia y donde se juntaron, para batallar contra los realistas, luchadores que procedían del sur con luchadores que procedían del norte; y, según cuentas, en las cárceles llegaron a verse juntas las dos procedencias con realistas que se encontraban detenidos.

Hubo un batallón compuesto por 600 efectivos de hombres de raza negra, denominados faluchos por su color, que luchó a las órdenes del General José de San Martín y llegó a pelear en tierras del Perú “muy a desgano de verse luchando en algún momento bajo las órdenes del General Simón Bolívar”. Eso no es raro. Aunque sus propósitos fueran los mismos, sus lealtades tenían otro origen. 

Monumento a Falucho

En Buenos Aires, Argentina, hay una plazoleta triangular en el barrio Palermo, en la confluencia de las calles Fitz Roy, Santa Fe, y Luis María Campos, que lleva el nombre y ostenta una estatua dedicada al hombre negro que se la mereció. Se llama “Plaza Falucho” y lleva el nombre del soldado que fue fusilado en febrero del año 1824. La historia se encuentra en el siguiente artículo:

Secreta Buenos Aires, del periódico Clarín.com, artículo “El Falucho que no fue Falucho”, de Eduardo Parise, en enero 23 de 2011:


En el siguiente blog:

Grupos.emagister,com/debate/elnegrofalucho, de Eva Magali Díaz:


Y en el siguiente artículo:


Me encontré con esta historia gracias al tango con letra de Reinaldo Yiso (letrista de El sueño del Pibe, de Soñemos, de Te odio y te quiero, de Un vals para mamá), y música de Arturo Gallucci, que se titula “Seis de enero”. 

El seis de enero es el día de los Tres Reyes Magos que, ni eran tres, ni eran reyes, ni eran magos. Son una representación simbólica del mundo que había en el momento de venir Cristo a la Tierra, consistente en la raza blanca de Europa, representada por Melchor; la raza amarilla de Asia, representada por Gaspar; y la raza negra de África, representada por Baltasar. Raza esta última menospreciada y despreciada desde tiempos inmemoriales, esclavizada, cuyos sufrimientos bien fueron reflejados por la novela “La cabaña del Tío Tom” de la norteamericana Harriet Beecher Stowe. Esta novela, reinvidicatoria de la raza afrodescendiente, dio pie a que se utilizara de manera despectiva el apodo de “Tío Tom” aplicado a los negros de muchas regiones de nuestra esclavista América; y hasta se dio el caso de que algún negro fuera visto arrastrando una carreta de un solo pasajero de las denominadas sulky, a la manera de los rickshaw culíes de la India, apartado a voces callejeras de “fíjese por donde transita, Tío Tom”.

Carretilla rickshaw de la India

La figura del Santo Rey Mago Baltasar, representa para algunos al hombre que sobresale del montón y llega a codearse con las altas clases sociales.

“Seis de enero”, tango con letra de Reinaldo Yiso y música de Arturo Gallucci, interpretado por Carlos Dante con la orquesta de Alfredo de Angelis:


Rey Mago Baltasar 
que, como yo, eres negro;
que vives en el cielo, 
tan cerca del Señor;
que traes los regalos 
para los niños buenos;
yo no te pido nada, 
ni un sulky, ni un tambor.

Tan sólo yo quisiera 
que a todos esos niños
que siempre me hacen burla 
y ofenden mi color,
les digas, cuando vengas, 
que Dios está enojado;
que él sabe que me llaman, 
riendo, Tío Tom.

Si vieras cuantas noches 
me arrinconé llorando
al cielo preguntando, 
¿Por qué, por qué Señor,
se burlan de ese modo, 
me miran con desprecio,
me ponen sobrenombres 
y ofenden mi color?

¿Acaso nuestra historia 
no habla de Falucho,
aquel heroico negro 
leal a San Martín,
que antes de entregarle 
a otros su bandera,
pensó primero en ella 
y prefirió morir?

Anoche quise ver 
qué sangre había en mis venas;
y con un trozo de vidrio 
mi brazo desgarré.
La sangre que brotaba, 
si vieras, no era negra.
Me puse tan contento, 
¿Sabes?, que hasta lloré.

Por eso yo te pido 
que a todos esos niños
les digas que no deben 
llamarme Tío Tom,
que corre sangre roja 
bajo mi piel morena
y tengo, como ellos, 
también un corazón.

Falucho tiene, pues, su mención en este tango; y tiene también su estatua en la plaza que lo conmemora; pero quizás no tuvo nombre y apellido puesto que la historia lo recuerda con el nombre que él adoptó: el de Antonio Ruiz, el amo que en 1813 lo liberó y le permitió integrarse al Ejército Libertador y al que entregó su vida al punto que derramó su sangre… roja como la de cualquier otro soldado.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


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