domingo, 20 de marzo de 2016

144. Si me quieres, de Los Panchos; un himno al amor de Edith Piaf

RECORDANDO A GARDEL

Cada 24 de junio los colombianos conmemoramos la muerte de Carlos Gardel, ocurrida en el año de 1935, con la celebración del Festival Internacional de Tango de Medellín; pero Argentina y el mundo le dan más importancia al día 11 de diciembre conmemorando, con la celebración del Día Mundial del Tango, la fecha de su nacimiento en el año de 1890 –no, nos metamos con el cuento de si nació en Toulouse o en Tacuarembó, porque nos saldríamos del tema, nunca acabaríamos, y terminaríamos en trifulca de policía con fallo en los estrados judiciales; no nos metamos con ese zafarrancho–.

REINAUGURACIÓN DE LA SEDE DEL 
TEATRO POPULAR DE MEDELLÍN

En diciembre de 2010 el Teatro Popular de Medellín (que dirigen el dramaturgo Iván Zapata Ríos y la soprano y actriz Teresita Estrada F.), junto con la Compañía a Puro Tango (de la que hacen parte los cantantes David Gutiérrez Ramírez y Carmen Úsuga Samudio), montaron la obra “El día que me quieras” para recrear literariamente lo que no se sabe si sucedió, pero pudiera haber sucedido, en la ciudad de Cali donde los admiradores estaban esperando al Zorzal Criollo y se enteraron de que él acababa de morir calcinado en el accidente del aeropuerto de Medellín. En este montaje se conjugaron la dramaturgia del libreto y la actuación teatral; con la danza, la interpretación, y el canto de la música; para transmitir al público asistente al Teatro Pablo Tobón Uribe la atmósfera y los sentimientos del suceso rememorado o imaginado.

Para el 1º de abril de 2016 Iván Zapata y Teresita Estrada se aprestan a reinaugurar el remodelado Teatro Popular de Medellín en la calle 48 nro. 41-13; o sea en Pichincha con Villa, una cuadra arriba de las Torres de Bomboná, con la reposición del montaje teatral “El día que me quieras” que homenajea a Gardel. La dirección para los tangueros de Medellín es muy fácil, porque “eso queda contiguo a la Casa Cultural de Tango Homero Manzi”, y con ese dato de referencia no tiene pérdida.

REMEMORANDO A EDITH PIAF

Iván Zapata y Teresita Estrada estuvieron en Brasil presentando la obra de homenaje a Gardel, y allí el público tuvo oportunidad de oír a Teresita cantando las canciones del Morocho del Abasto ¡en portugués! Para hacer tal cosa, se necesita tener solvencia profesional, pero el público los acogió con entusiasmo y los premió con sonoros aplausos.

No es su única performance, puesto que también estuvieron en París presentando un montaje sobre la obra de Edith Piaf, con Teresita cantando en francés. Tal cosa demanda valor, y Teresita e Iván lo tuvieron; llegando, incluso, a cumplir un sueño que había tenido Teresita: el de cantar en alguna calle de la ciudad, de la manera como lo han hecho innumerables cantantes desde el siglo XIX. Su presentación fue de buen recibo, al punto de que unos teatreros húngaros que estaban de presentación los invitaron a acompañarlos al día siguiente, abriéndoles un espacio en su show.


De tal cosa vine a enterarme la noche del 11 de marzo de 2016 en el restaurante y café gourmet Vino Tinto de la academia Star Club de Tenis, a 300 metros de la glorieta del aeropuerto José María Córdova en Rionegro, por la vía que va a la autopista Medellín Bogotá, atendido por don Gustavo Botero Arango y doña Victoria Eugenia “Vicky” Escobar Velilla. Hacen allá unas tertulias culturales los viernes cada quince días a las 7 pm., y esa noche Teresita e Iván tuvieron un conversatorio apoyado en videos y grabaciones de la Piaf, y en interpretaciones en vivo por parte de Teresita; en el cual contaron que su trabajo ganó una de las becas de creación de la Alcaldía de Medellín por una novedosa puesta en escena comparando la vida de Edith Piaf con la de la pintora Débora Arango, porque vivieron su vida de manera poco convencional y, a la final, llegaron a la conclusión de que “No, no me arrepiento de nada”. 

Los expositores dieron detalles y compartieron impresiones con los asistentes sobre la vida de Édith Giovanna Gassion (“No le gustaba el Giovanna”, dijo Teresita), cuya madre la tuvo en una acera sin alcanzar a llegar al hospital, y la abandonó muy pronto “para que no le estorbara su libertad”. Era una criatura de apenas 1,47 mtrs. de estatura, de imagen desvalida, cuerpo esmirriado, y cabello alborotado como la cabeza de un gorrión que se hubiera caído del nido en alguna fría noche parisiense; que tal era su aspecto cuando fue escuchada cantar por Louis Leplée, admirado de su maravillosa voz. A este no le gustaba el Gassion, la rebautizó como “El gorrión Edith”, y la llevó a cantar a su cabaret. No duró mucho Leplée, porque fue asesinado; y no duró mucho la suerte de Edith “El gorrión” Piaf a su lado, porque fue falsamente acusada de ser su asesina. Este fue uno de esos alternados sucesos de buena y mala suerte que la acompañaron en la trayectoria de su corta vida, porque murió de cirrosis o cáncer hepático a los 47 años de edad (1915-1963), prematuramente envejecida en su fisonomía. Hija de artistas trashumantes que la abandonaron muy pronto, fue criada por la abuela y las pupilas en el prostíbulo que regentaba. Haber sido amamantada en un burdel, con teteros de vino “para matarle los microbios”, es apenas uno de esos raros episodios de su vida que, como hija de padres alcohólicos, la convirtieron en alcohólica a ella misma. 

Ser promiscua, y bisexual, le permitió no tener inconvenientes para enamorarse del boxeador marroquí Marcel Cerdan, el amor de su vida, y compartir cobijas como amante de él; llorando su muerte cuando este hombre, que era casado y tenía un hogar con mujer y tres hijos esperándolo, falleció en un accidente de aviación al ir a su encuentro. Dice Wikipedia que “Aparte del mencionado, son varios los romances de Édith Piaf. Los más conocidos fueron con Marlon Brando, Yves Montand, Charles Aznavour, Theo Sarapo y Georges Moustaki”; y a cada uno de ellos podía ella cantarle, como si fuera el único, el cuplé “Es mi hombre” que hiciera famoso entre nosotros la española Sarita Montiel, pero que era una composición francesa de André Willemetz, Jacques Charles, y Maurice Yvain en los años veinte. Ellos compusieron “Mon homme” en ese entonces, pero se considera que fue la voz de Edith Piaf la que reinventó este cuplé:

"En cuanto le vi, /yo me dije para mí /es “Mi hombre”… /y no puedo pasar /una noche sin pensar /en “Mi hombre”… /le doy cuanto soy. /Lo que tengo, se lo doy. /Es “Mi hombre”… /Si me pega, me da igual. /Es natural… que me tenga siempre así… /es un macró, un gigoló; /pero no importa, /porque así le quiero yo… /es “Mi hombre”


Los cantantes arriba mencionados son algunas de sus conquistas, y lo fue Marlene Dietrich, la actriz y cantante alemana de las piernas de oro. Conquistar a esa mujer, que lo tenía todo, ¡Sí que fue un logro!; en una época en que los placeres sexuales no habían salido del clóset y una relación de esas era de escándalo. Hoy en día a nadie sorprende que dos cantoras o actrices se líen a trompadas en el mejor sentido de la palabra, pero en ese entonces piedras y palos les sobrarían, así ni la una ni la otra estuvieran para dar satisfacciones al qué dirán. 

Edith Piaf y Marlene Dietrich

Su viudo fue Theo Sarapo (Theophanis Lamboukas), el joven peluquero y cantante griego al que aventajaba en veinte años, convertido en heredero universal de sus bienes. Sarapo fue acusado de ser un cazafortunas, y de haber abusado de la frágil mujer por interés materialista; pero él logró demostrar que en su herencia no había ningún bien económico para disfrutar sino un cúmulo de deudas. Se propuso pagarlas hasta el último centavo y, cuando lo logró, puso fin a su vida a la que no encontraba sentido sino al lado del gorrioncillo que lo había cautivado. Faltando la Piaf, sólo en la muerte podía Theo encontrar consuelo. Murió al estrellar deliberadamente su automóvil, dejando una nota suicida. La gente entendió, entonces, que su matrimonio había sido un matrimonio por amor, porque el amor es así.


La mitológica Edith Piaf, con su voz de mezzosoprano de bajos registros es suficientemente conocida en las canciones “La vie en rose” (La vida color de rosa), “Non, je ne regriette rien” (No me arrepiento de nada), “Hymne á l´amour” (Himno al amor), “La foule” (La multitud), y muchas otras. 

La actriz parisina Marion Cotillard ganó el Premio Oscar a la mejor actriz del año 2007 por su papel de la Piaf en el bioépic que se hizo sobre la vida del Gorrión; en una caracterización asombrosa, no sólo por su capacidad interpretativa, sino por el trabajo que hicieron los maquilladores para acercarla al personaje. 


AMOR DE MIS AMORES 
(QUE NADIE SEPA MI SUFRIR); 
O LA MULTITUD 
(LA FOULE)

La Cotillard fue seleccionada, además, por ser cantante y tener las expresiones corporales y faciales de las cantantes, pero la voz que se escucha cantar en la película no es la suya, porque su registro es de soprano, sino… la de Jil Aigrot, su compatriota de la ciudad de Cannes que hizo el doblaje y en sus presentaciones públicas se caracteriza como Edith Piaf, cantando con su voz de mezzosoprano. Dice la Aigrot que “Cotillard me pidió que cambiara mi acento francés de Cannes por el francés de París de Edith Piaf, pero eso es algo que se trae desde la cuna”. Sin embargo la voz, el estilo, y el repertorio de Aigrot, son los de la Piaf. Hasta la baja estatura de Aigrot y la ropa que usa en el escenario recuerda al gorrión cuyos gestos se sabe al dedillo. Oigámosla, y veámosla, en su interpretación de “La foule” (La multitud), el vals que Edith Piaf grabara en el año de 1957. En Internet encuentro este título traducido como “La Plebe”, pero pienso que es una traducción inexacta porque plebe es un despectivo que emplean las clases altas para denominar a la gente de baja calaña, mientras que en el contexto de esta letra encaja mejor la acepción de “multitud” aplicada a la ola de gente que suele circular por las calles en los días de carnaval. Por cierto que entre la multitud puede haber hasta duques y condes y hombres de alta alcurnia social, que no son plebe. Eso es algo que no descarto. En la traducción del texto francés encuentro otra vez repetida la historia de la Rayuela Cortaziana y de La Maga que el destino puso efímeramente entre los brazos de Horacio Oliveira, pero la perdió y nunca la volvió a encontrar. Esta letra en francés es de la autoría de Michel Rivgauche:

La foule”, por Jil Aigrot, interpretada a la manera de Edith Piaf:


Veo la Villa en su gran fiesta, delirante, 
sofocada bajo el sol y el gozo aquel; 
y percibo la música y las risas 
que me llegan y resuenan en torno a mí. 
Perdida entre la gente que me oprime, 
aturdida, desamparada, yazco ahí; 
Mas, de pronto, yo me vuelvo y él recula… 
y la multitud lo lanza hacia mis brazos.

Llevados por la ola de gente 
que nos lleva, nos arrastra, 
apretados uno al otro, 
formamos un solo cuerpo 
que allí flota sin esfuerzo. 
Como encadenados uno al otro, 
nos dejamos ir con soltura, 
desenvueltos, embriagados, y felices. 
Y este deambular nos deja abiertos, 
embriagados y felices. 

Arrastrados por la gente que se lanza 
y que baila un loco carnaval, 
nuestras manos quedan soldadas; 
a veces levantados, 
nuestros cuerpos abrazados 
se levantan del piso,
y recaen abiertos, 
embriagados y felices. 

Y la alegría salpicada por esa sonrisa 
que me traspasa y rebrota en mis adentros; 
pero, de repente, pego un grito en medio de las risas 
de la gente que viene a arrancarlo de mis brazos. 

Llevados por la ola que nos lleva, nos arrastra, 
nos aleja uno del otro, 
yo lucho y me resisto; 
pero el sonido de su voz 
se confunde entre las risas de los otros 
y grito de dolor, de furor, de rabia… 
Y lloro.

Arrastrada por la gente que se lanza, 
y que baila su loco carnaval, 
soy llevada a lo lejos; 
y crispo mis puños, 
maldigo a la gente que me roba 
al hombre que me había dado… 
y que nunca reencontré.

¿De quién es esa música? Pues resulta que este vals tan reconocido en el repertorio edithpiafano es un vals peruano compuesto en 1936 por… argentinos. La música es de Ángel Cabral y la letra original en español es del letrista tanguero Enrique Dizeo, muy diferente a la que le acomodó Rivgauche en francés.

Que nadie sepa mi sufrir” (o también “Amor de mis amores”), interpretado por Soledad Pastorutti:


No te asombres si te digo lo que fuiste: 
Una ingrata con mi pobre corazón,
porque el fuego de tus lindos ojos negros 
alumbraron el camino de otro amor. 

Pensar que te adoraba ciegamente 
y a tu lado, como nunca, me sentí; 
y por esas cosas raras de la vida, 
sin el beso de tu boca yo me vi.

(estribillo) 

Amor de mis amores, reina mía, ¿Qué me hiciste 
que no puedo conformarme si no te puedo contemplar? 
Ya que pagaste mal mi cariño, tan sincero, 
sólo conseguirás que no te nombre nunca más. 
Amor de mis amores, si dejaste de quererme, 
no hay cuidado; la gente de eso no se enterará. 
¿Qué gano con decir que una mujer cambió mi suerte? 
Se burlarán de mí. ¡Que nadie sepa mi sufrir! 

HIMNO AL AMOR 
(SI ME QUIERES)

Otro tema de Edith Piaf es su “Hymne á l´amour” cuya letra escribió Piaf en 1950 para Marcel Cerdan, su gran amor fallecido seis meses antes; y tiene música de Marguerite Monnot:


El cielo azul sobre nosotros puede colapsar, 
y la tierra puede abrirse a nuestros pies,
pero poco me importa, si tú me amas. 
El mundo entero me resbala, 
siempre que tu amor inunde mis mañanas, 
siempre que mi cuerpo tiemble bajo tus caricias. 
Poco me importan los problemas, 
amor mío, si tú me amas. 

Yo iría hasta el fin del mundo, 
y me teñiría de rubio 
si tú me lo pidieras.
Bajaría la luna, 
y me atrevería a robar una fortuna, 
si tú me lo pidieras.

Renegaría de la patria 
y renunciaría a mis amigos, 
si tú me lo pidieras. 
Puede que se rían de mí, 
pero yo haría cualquier cosa por ti, 
si tú me lo pidieras. 

Si un día la vida te separa de mí,
si te mueres, que sea lejos de mí;
pues poco me importa, si tú me amas. 
Así, pues, yo moriría también; 
y tendríamos toda la eternidad para nosotros. 
En el azul de la inmensidad, 
en el cielo, no hay más problemas; 
mi amor, créeme, que allí nos amaríamos 
porque Dios junta a los que se aman.

Eddie Constantine (otro de sus incontables amores) hizo una traducción al inglés de la versión original, pero Geoffrey C. Parsons hizo una más que es la que interpreta Nana Moskouri (traducción libre según interpretación adaptada por Orlando Ramírez Casas):


Si el sol se cae del cielo, 
y el mar se seca de repente, 
pero tú me amas; 
deja que suceda, 
si realmente tú me amas.

Si parece que todo está perdido, 
deberé sonreír y aceptar el costo, 
con tal de que me ames.
Si realmente me amas, esto me encanta 
y deja que lo demás suceda, 
porque lo demás no importa.

Voy a atrapar una estrella fugaz
para traerla adonde tú estás.
Si quieres, lo haré. 
Cualquier tarea que me pongas, 
yo la haré, 
si sé que me amas todavía.

Cuando termine nuestro paso por la Tierra
y comparta contigo la eternidad,
si me amas yo estaré encantado de lo que venga,
porque pase lo que pase no me importa.
No me importa lo que venga a continuación,
si sé que tú me amas.

El trío Los Panchos hizo una versión de este disco en español y le puso por título “Si me quieres”. Lo grabó en Estados Unidos entre los años de 1952 y 1956 cuando el puertorriqueño Julito Rodríguez Reyes hacía la primera voz. La letra en español, de Alfredo “El Güero” Gil, es una traducción libre y adaptación de la versión inglesa de Geoffrey C. Parsons, puesto que en los créditos de registro del álbum “Selecciones favoritas del Trío Los Panchos” del sello Seeco SLP47 aparece la autoría de G. Parsons-Monnot-Alfredo Gil; según listado elaborado por el medellinense Dr. Miguel Arcila Montoya. Dice así la letra cantada por Los Panchos:

Si me quieres” (Hymne á l´amour), de Edith Piaf y Marguerite Monnot, interpretado en español por el trío Los Panchos: 

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos de verdad.

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

Si pudiéramos fundir 
tu dolor con mi dolor 
y formar un solo ser; 
tu sentir y mi sentir 
en un solo corazón, 
para un nuevo amanecer…

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

El fulgor de tu amor alumbrará 
el sendero de mi felicidad. 
Si me quieres, si me quieres, 
viviremos una eternidad.

Quise compartir con ustedes la grabación que me aportó el coleccionista Eduardo Ceballos Arango, pero por razones de derechos de autor no fue posible ponerla en You Tube, de donde fue retirado este otro enlace que tenía entre mis apuntes y tampoco me fue posible escuchar de nuevo. Así es que, digamos, esta curiosa versión sólo puede ser escuchada por los coleccionistas que tengan ese vinilo:

Si me quieres”, versión en español cantada por el trío Los Panchos:

EDITH PIAF, LA MALENA DE PARÍS

La vida de Edith Piaf fue un tango; y diríase que, aunque Homero Manzi tenía a otra u otras mujeres en mente cuando escribió la letra de su tango “Malena” que “allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón… y aquel romance que sólo nombra cuando se pone triste con el alcohol… y sus manos, dos palomas que sienten frío… y sus tangos criaturas abandonadas que cruzan por el barro del callejón”; pareciera que esa historia de Malena fuera también la de Edith Piaf porque ese tango calza como un guante en su historia. Mientras oía hablar sobre la vida del Gorrión de París, el tango de Manzi y Demare no se me fue de la cabeza:

Malena canta el tango, como ninguna,
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro, de callejón;
o, acaso, aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.

Malena canta el tango, con voz de sombra.
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga, en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena;
sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena…
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros, como el olvido;
tus labios apretados, como el rencor;
tus manos, dos palomas que sienten frío;
tus venas, tienen sangre de bandoneón.

Tus tangos son criaturas abandonadas,
que cruzan sobre el barro del callejón
cuando todas las puertas están cerradas,
y ladran los fantasmas de la canción.

Malena canta el tango, con voz quebrada;
Malena tiene pena de bandoneón.

Edith Piaf cantó al amor como ninguna, 
con voz de alondra; y desde niña
tomó ese tono oscuro, de callejón

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Un comentario sobre la llamada telefónica que me hizo Julio César Rodas Mejía:

Se te coló una imprecisión, hombre Orlando”, me dijo Julio César, el amigo que nos acompañaba la noche de la tertulia con los del Teatro Popular de Medellín, “porque leí por ahí que Charles Aznavour fue secretario de Edith Piaf, pero no fue su amante”. Difícil creer que una mujer tan fogosa como era ella, con un muchacho que apenas comenzaba su carrera y estaba ahí, a la mano, no hubieran tenido algún escarceo bajo las sábanas. Para estar por un período de ocho años a su lado, se requería algo más que eficiencia secretarial pero, en fin, a la gente hay que creerle y Aznavour asegura que la Piaf “no era su tipo”. No sería el primero que negara una aventura para evitar ser uno más de una lista tan larga de compañeros de cobija. De todos modos, hay un artículo de prensa que confirma su versión, y un testimonio de Simone Berteaut, la medio hermana paterna de Edith Piaf. Lo escribió Ángel Páez en La República.pe de Perú el 11 de enero de 2009 con el título de “Charles Aznavour, la vida secreta con Piaf”:




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