domingo, 20 de noviembre de 2016

179. Cartas de amor, y amores de película

Septiembre es en Colombia el mes del Amor y la Amistad. Equivale a lo que en otras partes es febrero, con su Día de San Valentín.

No sé si el sentimiento del amor haya cambiado y las nuevas generaciones sigan sintiendo mariposas en el estómago, como sentíamos los de la generación del medio siglo. De hecho nosotros no éramos tan románticos como los amantes de finales del siglo XIX, cargados de suspiros y miradas lánguidas, ni se nos veía “la palidez de una magnolia triste” en el rostro, pero en mi adolescencia aún había gente que se suicidaba por amor. 

Tal vez aún quede gente así, que se suicide por amor. Pero que han cambiado las manifestaciones de ese amor, no quedan dudas. Nadie guarda ya cajitas de chicles con la fecha en que la amada compartió con uno un par de pastillas a la salida del cine, nadie guarda un pañuelo intocable que humedecieron las lágrimas del ser querido, ni se encuentran entre las páginas de un libro pétalos disecados de una flor. Nadie guarda ya cadejos del pelo de la amada recogidos en la peluquería, ni nadie borda monogramas en pañuelos de seda usando cabellos del amado como hilos. Claro que tampoco hay nadie que guarde como un tesoro en el nochero “mi primer condón” con una etiqueta que diga “Recuerdos de Alicia”. Esas son cosas de otras generaciones. A diferencia de los románticos de nosotros, las juventudes de hoy son pragmáticas y practicantes de a lo que vinimos, vamos. Dos cucharadas de caldo y mano a la presa. 

Hay un bello vals titulado “Quema esas cartas” que no hay que confundir con el tango del mismo título con letra de Manuel Romero y música de Raúl de los Hoyos que dice “Quemá esas cartas, no guardés memorias; /que nunca conviene que sepa la historia /la mina que viene, de la que se fue”. Este otro vals es composición con letra de Juan Pedro López y música de Alberto Consentino, y fue interpretado entre otros por Julio Martel (Quemá esas cartas donde yo he grabado, /solo y enfermo, mi desgracia atroz… /Que nadie sepa que te quise tanto, /que nadie sepa, solamente Dios… /Un hombre joven que mató el engaño, /un hombre bueno que muriendo va…):


Es claro que nadie escribe ya cartas de amor. Mejor dicho, nadie escribe ya cartas a la antigua transportadas por carteros, que han sido reemplazadas por mensajes de Internet, y por “whatsapps porfis” escritos de carrera. Escribir una carta de las de antes podía llevarse toda una noche con cuidadosa caligrafía de puño y letra, con pluma estilográfica de tinta fresca, con descarte de varios borradores arrugados tirados en la papelera de la basura, con manchas desteñidas de lágrimas en los bordes. Una esquela olorosa a perfume, con unos labios rojos estampados en el sobre. Una carta de esas... ¡Era una joya!

Alguna vez me ocupé del tema de las cartas en la música. Es extenso, como extenso es el tema de las cartas en la literatura. El cine no es la excepción para un tema que es universal y, diríase, intemporal. 

1. El viaje más largo”, dirigida en 2015 por George Tillman Jr., es una película que trata de dos parejas de enamorados. Luke Collins, interpretado por Scott Eastwood, es un vaquero campesino que compite en rodeo sobre toros. Hay que pensar en lo que significa montarse uno en una trepidante mole de media tonelada de carne rematada por dos afilados cuernos para imaginar lo que es eso. Es un mundo para hombres rudos. Resulta enamorándose de Sophie Danko, interpretada por Britt Robertson, que es una estudiante de arte que está de paso por la población porque le ha resultado un trabajo como galerista en New York. Aunque ella también se siente atraída por él, sobra decir que pertenecen a dos mundos muy diferentes. El azar los pone en el camino de un hombre muy maduro, accidentado dentro de su automóvil, que rescatan a orilla de carretera. En medio de su inconsciencia, el hombre le pide a la chica que rescate una caja que corre el peligro de quemarse entre los escombros. Ella no se despega de él en el hospital, mientras se encuentra en estado de coma, y al volver en sí él le pide que abra la caja y extraiga un manojo de cartas que su afectada visión ya no le permite leer. Ella accede a leerle día tras día esas cartas que él envió a la mujer amada, y a través de ellas la chica va descubriendo las vicisitudes de amor entre este hombre que cuando estaba joven fue a la guerra y la mujer que ansiosa esperaba su regreso para casarse. Tal historia de amor, contra todos los inconvenientes y dificultades, inspiró a Sophie y a Luke para vivir su propio amor sin dejarse descontrolar por la diferencia de vidas que los separan. Las cartas y el amor se juntan para hacer de esta una película entretenida.

2. Una carta de amor”, dirigida en 1943 por el mexicano Miguel Zacarías, con la actuación de Jorge Negrete y Gloria Marín; trata de la carta que un soldado dirige a la bondadosa samaritana que lo curó de una herida de guerra. Viaja a buscarla, y llega en el preciso instante en que ella se está casando con otro. Fin de la película.

3. Cartas de amor”, dirigida en 1951 por el argentino Mario Luganes; con la actuación de Mecha Ortiz, Mario Escalada, y Elisa Christian Galve; trata de un hombre que se debate entre el amor a dos mujeres. Todo un dilema. 

4. Cartas de amor a una monja portuguesa”, dirigida en 1977 por el suizo Jess Franco, con la actuación de Susan Hemingway y Anna Zanetti, trata de una adolescente sorprendida por su padre cuando está fornicando con su novio y es enviada a un convento donde cae en brazos de las depravadas monjas. Es una película del cine porno-lesbo-sado-masoquista.

5. Carta de amor”, dirigida en 1995 por el japonés Shunji Iwan, con actuación de Miho Nakayama y Etsushi Toyokawa; trata de una mujer que envía una carta a su desaparecido novio y esta es respondida por una mujer que lleva el mismo nombre del amado y la recibió por coincidencia. El amor perdido es recreado en el cruce de cartas de las dos mujeres.

6. Carta de amor”, dirigida en 1999 por el norteamericano asiaticodescendiente Peter Chan y protagonizada por Kate Capshaw, Tom Everett Scott, Elen DeGeneres, Juliane Nicholson, y Tom Selleck; trata de una carta de amor que es encontrada al descuido sobre una mesa, y todo el que la lee atribuye su escritura a la persona que tiene en mente y sintiéndose correspondido empieza a actuar en consecuencia. Varias parejas resultan de este malentendido, con cada uno sintiéndose ser el elegido por la persona que desea. El final es sorprendente porque resulta ser que la persona autora de la carta, y la persona destinataria de la misma, son las que uno menos se imagina. No digo sus nombres para no tirarme en la película.

7. Cartas a Julieta”. Es una película dirigida en 2010 por el estadounidense Gary Winick y protagonizada por Amanda Seyfried, Vanessa Redgrave, Christopher Egan, Gael García Bernal, y Franco Nero; que trata de la costumbre que algunos turistas que visitan a Verona en Italia, la ciudad de Romeo y Julieta, han tomado de escribirle cartas a la amada inmortal para confiarle sus cuitas, pegándolas sobre un muro. Unas damas se han constituido en secretarias voluntarias para responder esas cartas procurando dar ánimos y solución a los problemas expuestos. Una carta de estas aparece coincidencialmente medio siglo después de haber sido depositada en una ranura y da lugar a una segunda oportunidad de amor para dos personas viudas que se habían encontrado en la juventud y vuelven a encontrarse en la avanzada madurez. A la par con su encuentro se produce una segunda oportunidad para los dos jóvenes que acompañaron a la dama en la búsqueda de aquel viejo amor cuyo nombre de Lorenzo Bartollini en Italia es como decir Pedro Pérez en España o John Smith en Estados Unidos: una aguja en un pajar. Desanimados ya de su infructuosa búsqueda, la dama ve en la campiña a su antiguo amor tal como lo recuerda, que resulta llamarse Lorenzo Bartollini y es hijo de Lorenzo Bartollini que a su vez es también hijo de Lorenzo Bartollini. El viejo Bartollini es el Lorenzo que la dama andaba buscando y colorín colorado este cuento se ha acabado. La película es de cine independiente producida por Summit Entertainment Pictures y como no es producida por los grandes estudios es una película libre de humo y con cero contaminación. Llama eso mi atención. Uno de los guionistas llama José Rivera, y la compositora de la música llama Andrea Guerra, que unidos a Gael García Bernal aportan una cuota latina en la producción de la película que, naturalmente, tiene un gran aporte de sangre italiana en su filmación. La juvenil belleza de Amanda Siegfried y la serena belleza otoñal de Vanessa Redgrave son inquietantes. Pero lo que atrajo mi atención, sobre todo, fue la belleza de la fotografía que estuvo a cargo del italiano Marco Pontecorvo y cuyos paisajes fotografiados son de infarto. Sólo por la fotografía, tendré que volver a ver esta película.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

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