domingo, 15 de noviembre de 2015

125. Feria de Manizales al plagio, y olé

El profesor José Portaccio Fontalvo, historiógrafo musical, nos ha remitido el enlace de una novedosa versión del pasodoble “Feria de Manizales” en interpretación de un trío de cámara compuesto por violín, piano, y violonchelo, que viene identificado como “Clásico Latino”, al parecer para su uso en alguno de los canales musicales que provee la televisión por cable.



Se trata de una grabación hecha en junio de 2011 en Estudios Audiovisión de Bogotá, por parte de la violinista británica Lizzie Ball, del pianista colombiano Iván Guevara Bernal, y del violonchelista británico Graham Walker. Excelente versión, de impecable factura, y de convincente sabor. Posteriormente, en junio de 2013, durante el 38º Festival de Música Andina Colombiana de Ginebra (Valle del Cauca), el trío se presentó con la rusa Dunia Lavrova reemplazando a Lizzie Ball en la interpretación del violín.

El profesor Rosni Portaccio Fontalvo, hermano de don José, con ese nombre y con esos apellidos no tiene problemas de homonimia; pero yo, con sesenta Orlando Ramírez en el directorio telefónico de Medellín (Y… ¡Una Orlanda!) soy quisquilloso con el segundo apellido que considero necesario para desambiguar en un mundo habitado por tantos tocayos. La gente ya me quitó la preocupación porque me llaman con el inconfundible apodo de Orcasas.

Rosni no tiene problemas homonímicos con su nombre, pero el que sí tiene problemas es Guillermo González porque en los registros de Sayco y Acimpro hay 3 Guillermo González y los tres son autores o compositores musicales.

1.      
El poeta Guillermo González Ospina, nacido en Anserma (Caldas), es el autor de la letra del pasodoble “Feria de Manizales” (Fiel surtidor de hidalguía, Manizales rumorosa…) al que el mexicano Agustín Lara no quiso poner música porque, dijo, “yo sólo musicalizo mis propias letras”; sólo que esto lo dijo cuando ya se había bebido toneladas de whiskey por cuenta de sus anfitriones en la Perla del Ruiz. En esa feria de Manizales se encontraba la banda taurina de El Empastre, y fue el español Juan Mari Asins el que le puso música al inmortal pasodoble.

Al poeta González se le vino un muro encima cuando el terremoto de la capital caldense, el 30 de julio de 1962, y no se puede quejar porque está muerto; pero los que sí se quejan son sus herederos porque resulta que las regalías por ese pasodoble no las cobran ellos sino un vivo que resultó en la ciudad de Zipaquirá; con la complicidad de Sayco y Acimpro, que se hacen los locos.

Suplantan al autor de Feria de Manizales”, artículo en El Espectador.com:


Guillermo González Ospina, una historia por escribir”, artículo en Eje 21.com:


2.      
El compositor Guillermo González Rivera, nacido en La Vega (Cundinamarca) y residente en Zipaquirá, sin ser el autor cobra regalías por el pasodoble de su tocayo; lo que a mi modo de ver es un robo descarado de regalías, de los que parecen ser muy frecuentes en el mundo de la música.

3.      
El compositor Guillermo González Arenas, nacido en Manizales (Caldas), entre muchas ejecutorias en el mundo musical de Medellín, fue el director de la Orquesta Italian Jazz. Él es el autor de “El muerto vivo” (…No estaba muerto, estaba de parranda). Muchos llegaron a pensar que era él el autor del pasodoble mencionado con el título de “Feria de Manizales”, pero no, no era él. 

El Sr. Google atribuye erradamente al catalán Pedro “Peret” Pubill Calaf la autoría del “Muerto vivo”, por haber interpretado también esa guaracha que originalmente popularizara Rolando Laserie.


Son, pues, tres Guillermo González; y sólo uno es el autor verdadero del popular pasodoble, así sea otro al que el Espíritu Santo le inspiró el cobro de regalías.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


domingo, 8 de noviembre de 2015

124. Zorba el griego, y la Vida después de la Muerte

Hace poco escuchaba una canción y su ritmo me sonó un poco al kasatchok ruso, o al sirtaki griego, pero ¿De qué autor y de qué compositor es esa obra? La respuesta que me dio el Sr. Google fue sorprendente: esa canción tiene música de Mikis Theodorakis y letra de Dimitris Christodoulou, y su título original en griego es “O Kaimos” que significa “La tristeza” (Es grande la costa, es alta la ola; es grande la tristeza, es amarga la vergüenza…). El nombre de Theodorakis me estremeció, porque está relacionado con una de las obras que cambiaron mi vida. Ignoro de quién sea la letra en español cantada por la colombiana Claudia Osuna, pero su título y contenido son diferentes al original griego:

El amor brilla en tus ojos” (Brillaba en tus ojos el amor, brillaba tanto en tu sonrisa…):

https://www.youtube.com/watch?v=JYS2qck2dEc

Hay libros, películas, y canciones cruciales que le cambian a uno la vida. Coincidente con mi primer amor platónico, en los años de adolescencia, fue el adentramiento que en mí hizo el género del bolero. Naturalmente ya lo escuchaba desde nueve meses antes de nacer, pero fue entonces cuando le encontré el verdadero sentido a esa música; y empecé a cantarla a voz en cuello en el baño, con la esperanza de que la escuchara mi vecinita piernas de boliche, y supiera que yo estaba cantando para ella.

Eran mensajes como decir la balada “El telegrama” de los hermanos Alfredo y Gregorio García Segura, que interpretó la chilena Ana Nora Escobar con el nombre artístico de Monna Bell, y cuyo texto no es propiamente un poema, pero dice lo que tiene que decir para un muchacho como era yo en ese momento: “Antes de que tus labios me confirmaran que me querías, ya lo sabía, ya lo sabía. Porque con la mirada tú me pusiste un telegrama que lo decía…”:


Como decir el bolero “Presentimiento”, con letra del español Pedro Mata y música del mexicano Emilio Pacheco, que me llegó en la voz del colombiano Lucho Ramírez (“Sin saber que existías, te deseaba; y antes de conocerte, te adiviné; llegaste en el momento en que te esperaba, y no hubo sorpresa alguna cuando te hallé…”):


O como decir el bolero “Quisiera ser” (“…Como la canción que te guste más, y así poder estar en tus labios y en tu soñar…”), con letra y música del argentino Mario Clavell, que aquí escuchamos en versión del argentino Roberto Yanes, del boliviano Raúl Shaw Moreno, y del trío mexicano de Los Panchos:


Y ya que menciono a Mario Clavell, ni se diga el impacto con que sacudió mi alma el bolero con música suya y letra de Félix Lipésker titulado “Somos” (“Somos un sueño imposible que busca la noche… Somos dos gotas de llanto en una canción”) que me llegó en la voz de Lucho Gatica. “Mucha gente piensa que la letra es de Clavell”, me dijo un día don Ricardo Ostuni, “pero en realidad es de Lipésker


O ni se diga la zarandeada que me pegó el bolero “Alma mía” (“Si yo encontrara un alma como la mía, cuántas cosas secretas le contaría; un alma que al mirarme, sin decir nada, me lo dijese todo con la mirada…”), con letra y música de la mexicana María Grever, que escuché por primera vez en la voz de Néstor Mesta Chaires. Fue un terremoto. Fue ¡Un tsunami!


Tiempo después casi pierdo la razón por culpa del bolero “Me la robaste” (“No sé qué tienes, para mí, que no puedo separarme de ti. Mi alma te reclama, me la robaste…”), con letra y música del cubano Facundo Rivero, en la voz de la puertorriqueña Julita Ross. Pero no, no es justo decir que ese bolero me iba deschavetando, sino la dama en quien pensaba cuando lo oía cada tres minutos hasta que la mesera le dijo a mis encharcados ojos que ya no lo podía poner más porque los otros clientes del bar pedían oír otras cosas. Casi me mata esa pena. Casi me muero.


Al finalizar la década de los 80 me impresionó el libro “Muchas vidas, muchos sabios”, de Brian L. Weiss, en el que cuenta cómo en sus experiencias como siquiatra hizo hipnosis regresivas a una paciente que lo llevaron a aceptar la reencarnación. Así “los doctores que tiene la Santa Madre Iglesia” digan que no existe, para un creyente como yo, que quiere tener fe pero sin cerrar los ojos a otras posibilidades, tal perspectiva se abre. La inquieta mente me dijo que tal vez pudiera ser… Lo que me llevó a asistir a unas sesiones dominicales de hipnosis regresiva en la biblioteca José Félix de Restrepo en Envigado, con resultados impresionantes en un par de pacientes cuya regresión presencié. Me ofrecieron hacerme un par de sesiones gratuitamente, pero me negué porque no me gusta buscar lo que no se me ha perdido. Poniéndole humor a la cosa, le dije al terapeuta que no gracias, porque donde yo llegara a descubrir que fui travesti en la corte del emperador Calígula me moriría de la vergüenza. Como trataron de insistir en la gratuidad de la experiencia, agregué que si a mí me ofrecieran abrirme gratis el abdomen en el Hospital General, para ver qué encuentran, yo no aceptaría por miedo a que encuentren alguna cosa. Hay casos en que es mejor la ignorancia que el conocimiento, y pregúntenle a la creencia inconmovible del carbonero que tiene fe porque “fe es creer en lo que no vemos, porque Dios lo ha revelado”. Con eso le basta, y punto.

A finales de la década de los 70 el libro “Vida después de la vida”, del estadounidense Dr. Raymond A. Moody Jr. (nacido en junio de 1944), me había sacudido con la confirmación de que el alma existe y que existe otra vida después de que el espíritu abandona el cuerpo “como una mano que sigue siendo mano después de que sale del guante que la contuvo”. Por su preparación como estudiante de teología, con miras a convertirse en pastor de la Iglesia Bautista; por su experiencia como graduado en medicina, con prácticas en las ambulancias de emergencia y en las salas de urgencia de algunos hospitales policlínicos; y por su escogencia de especialización en la rama de la siquiatría, que se enfoca no sólo en el cuerpo sino en la mente de los pacientes; reunía el autor en sí tres disciplinas que lo capacitaron para interesarse, indagar, y entender, las experiencias de pacientes que en algún momento fueron declarados clínicamente muertos y que luego, por alguna circunstancia a veces inexplicable, volvieron a la vida. No es cosa de la que los que viven esa experiencia gusten de hablar con cualquiera. Recogió cientos de testimonios y escribió el borrador de su libro contando cómo los sujetos víctimas de un fatal accidente se sintieron levitar, abandonando el cuerpo y contemplándolo desde la distancia; de cómo veían a los médicos y paramédicos hacer esfuerzos por revivirlos y a los familiares llorar angustiados, queriendo hablarles pero sin poder comunicarse con palabras; de cómo el espíritu atravesó paredes y fue impulsado a través de un túnel al final del cual había una luz intensa; y de cómo los espíritus de los seres queridos ya fallecidos, en medio de una multitud de otros espíritus, le daban la bienvenida a ese otro mundo; de cómo la película de su vida pasó por su mente en milésimas de segundo, y de cómo alguien en algún momento tomó la decisión de devolverlo a la vida para cumplir con alguna misión. No recuerdan nada del viaje de regreso, sino el momento en que el cuerpo vuelve a moverse con energía propia y los circundantes están sorprendidos, afanados por atenderlo, y aliviados por su recuperación. 

Cuando el borrador del libro estaba pronto a ir a imprenta, se enteró el Dr. Moody de que había otra persona que tenía un libro listo para imprimir, y que trataba el mismo tema que él. Se trataba de la médica suiza Elizabeth Kübler Ross (1926-2004) y su libro “Vida después de la muerte”. Sorpresivamente, y contra toda humana previsión, los dos doctores no se sintieron invadidos por los celos o los resquemores de que el otro pudiera adelantarse al arduo trabajo de investigación realizado por cada uno, sino que se sintieron complacidos de encontrar que sus tesis no eran fantasiosas y tenían confirmación por otra persona que había trabajado de manera independiente. Se hicieron amigos, aunaron esfuerzos, y dedicaron el resto de su vida a divulgar y compartir su experiencia. 


Aquí es donde falla todo, porque la experiencia no se aplica con inyecciones, no se introduce con supositorios, no se contagia por ósmosis, ni se transmite por virosis. Dice la sabiduría popular que “nadie experimenta por cabeza ajena”. Los que creemos en la inmortalidad del alma, seguimos siendo creyentes como antes de leer esos dos libros. Los que no creen en ella, siguen sin creer a pesar del cúmulo de esos testimonios. Para seguir con la sabiduría popular, “Cuando a la gente se le mete una cosa en la cabeza, es más fácil sacarle la cabeza que la cosa”.

Tímido como fui, obsesiva e irremediablemente tímido, la película “Zorba el Griego” del director Michael Cacoyannis, protagonizada por Anthony Quinn, me sacudió a mediados de los años 60 con el mensaje de la novela de Nikos Kasantsakis: “El hombre necesita un poco de locura para poder vivir, y debe vivir el momento presente tal como se presenta; disfrutando de la fortuna, cuando hay fortuna; y aceptando el infortunio, cuando hay infortunio”. Ese mensaje me sacudió, y me liberó de la tiranía del qué dirán. Casi sesenta años después, todavía me estremezco cuando escucho el sirtaki de Mikis Theodorakis y recuerdo la escena del baile sobre la mina derrumbada:


No volví a ser el mismo después de ver esa película, ni después de leer la novela en la que se basó, cuya reseña de lectura o anotaciones comparto con ustedes abajo, después de la noticia que me llevó a escribir este artículo. 

El periodista Rob Waugh reporta para Yahoo Noticias Internacional en octubre 27 de 2015 que “En sus últimas horas de vida, la mayoría de las personas que están a punto de fallecer reciben la visita de sus amigos muertos con anterioridad”. 


Yo sabía eso. Me lo dijeron dos seres queridos que en su hospitalización se sintieron “más del otro lado que de este”, y me confirmaron que los trabajos del Dr. Moody y de la Dra. Kübler-Ross no eran fantasiosos sino realistas, tomados de la vida misma.

https://es.noticias.yahoo.com/los-medicos-registran-una-actividad-cerebral-inexplicable-diez-minutos-despues-de-que-el-paciente-muriera-094730255.html

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Reseña de lectura:

ALEXIS ZORBA, EL GRIEGO.
(Nikos Kazantzakis)
1973.  Carlos Lohlé S.A. i.c., Tacuarí (Buenos Aires-Argentina)
Octubre 2 de 1973, Talleres Gráficos Didot s.c.a. (Buenos Aires-Argentina)
(Película dirigida por Michael Cocoyannis con música de Mikis Theodorakis, actuación de Anthony Quinn).

ALEXIS ZORBA, EL GRIEGO –Nikos Kazantzakis–Carlos Lohlé S.A. i.c., Tacuarí, Bs As–Arg. Oct. 2/73, Talleres Gráficos Didot s.c.a. 

Director, Michael Cacoyannis.
Música, Mikis Theodorakis
Actor protagonista, Anthony Quinn  
(Enlace: 

El hombre necesita 
un poco de locura
 para poder vivir
(Nikos Kazantzakis en Zorba, el griego)

Yo era un muchacho de veinte años con timidez enfermiza, introvertido, montañero. Concentrado en leer mucho, rascar papeles, escribir malos versos. Me sentía atrapado en un círculo vicioso de aislamiento ante los demás, y consciente de que el leer y escribir me intoxicaban. Sentía que tenía que romper con mis hábitos y obligarme a relacionarme socialmente. Aprender a bailar y a conversar, a mirar la vida como una persona normal y no como un ser excluido del contacto ajeno. Pero no me atrevía a dar el paso. Iba a cine solo y una noche presencié una película de la que salí transformado y dispuesto a pasar al otro lado, a encontrar ese poco de locura que me era necesaria para poder vivir, según la recomendación de Alexis Zorba, El Griego, y a aceptar los fracasos como precio a pagar por el aprendizaje. Esa película cambió mi vida. En la película, un hombre maduro, entrado en la tercera edad, se propone explotar una mina y procede a construir sus instalaciones. Un hombre que en su vida ha tenido altibajos y algunas veces se ha visto en la ruina total, pero otras le ha ido bien en los negocios, ve en esa mina la oportunidad de levantar de nuevo su patrimonio y, por su edad, tal vez sea la última ocasión de su vida. Tiene una filosofía: vivir el momento presente. Fiel a sus principios, cuando tiene oportunidad de conquistar una joven hermosa y fresca y llevarla a la cama, no se para en peros por su edad o “el qué dirán” o por menguas en sus bienes de fortuna. Pero cuando no dispone de medios y la que tiene al alcance es la anciana casera con la piel llena de arrugas, pero con el corazón henchido de deseos, tampoco se para en peros y la lleva hasta su cama. En últimas es un hombre que disfruta de lo que tiene al alcance de la mano, mientras lo tenga. Cuando una falla de construcción produce un derrumbe subterráneo en la mina que está montando y los invitados a la inauguración salen en estampida, su dueño, en vez de ponerse a llorar sobre las ruinas, resuelve festejarse con las viandas y el licor. Y ponerse a bailar. Solo, o con su patrón, porque “el que no tiene más, con su mujer se acuesta”. Una frase lo resume: "¿Sabes lo que significa vivir? Apretar el cinto y meterse en el tumulto (de la masa anónima)". (Pag. 109) 

Alexis Zorba era un hombre ante todo alegre. A pesar de los fracasos, nunca perdió la alegría y Anthony Quinn, el actor norteamericano de origen mexicano, personificó ese papel con tal maestría que la imagen de la mina derrumbada, y Zorba solitario comiendo el cordero asado de la celebración, bebiendo el vino y bailando su danza para sobreponerse... Vencer, diría mejor, a su suerte; se me quedó grabada en la memoria. Por la imagen en sí, y porque el tema musical griego, en ritmo muy parecido al ruso “kasatchok” que estaba de moda por esos días –zeimbekiko, hasapiko o pentozali, aclara el autor en el libro; sirtakí decía la versión del disco en español–, se convirtió en una de las bandas sonoras de película más conocidas. ("Si tú quieres ver de rosa lo que hoy día ves de gris / ven y baila con Zorba, ven y baila el sirtaki", según la versión que nos llegó). Tanto que llega a nuestros días, ¿cuánto tiempo después? Tal vez cuarenta o cincuenta años. De entre sus muchas películas, Quinn quedó asociado por siempre al personaje de Zorba. El autor de la novela, Nikos Kasantzakis, habría de ver triunfar otras dos obras suyas llevadas al cine: Cristo de nuevo crucificado y La última tentación de Cristo. Sus descripciones son ciertamente pictóricas, cinematográficas, e invitan a hacer guiones, proporcionando algunas de las tantas confrontaciones entre libro y película que hacen a la gente decir “me gustó más el uno, o, me gustó más la otra”. Para el caso, novela y película son buenas. La una no desmerece de la otra, pero son diferentes. Es natural. El apego literal se da pocas veces.

Ya adulto, me dediqué a buscar el video de la película y no lo pude conseguir. Pero en la Biblioteca Pública, en uno de mis recorridos de “rata papiróvora” –como nos llama el autor a los ratones de biblioteca– encontré el libro, cuya lectura abordé, tratando de reencontrar el espíritu del mensaje que me había transformado. Alguien lo había leído antes, señalando las frases que más le gustaron. En él, el autor reconoce, por medio de su principal personaje, haber sido influido por un libro: Diálogo entre Buda y el Pastor. Es decir, como en un espejo, yo me veo mirándolo a él mirarse en otro espejo y así “ad infinitum”, como dice André Gide. El pastor se vanagloria de tener pocas cosas, las pocas que le son necesarias, y Buda se vanagloria de tener ninguna cosa, puesto que ninguna le es necesaria. Y en tener cubiertas sus necesidades basan su respectiva riqueza... "Y tú puedes llover cuanto quieras, Cielo (que yo estoy bien con lo que tengo)". Para mi sorpresa, el libro que me impresionó tan grandemente se terminó de imprimir en traducción al español en los Talleres Gráficos Didot s.c.a., de Buenos aires, el 2 de octubre de 1973, día de mi cumpleaños. Como si me hubiera estado destinado. 

Algunas frases de Alexis Zorba, el griego:

He aquí la dicha verdadera: no tener ambición alguna y trabajar como un condenado, como acosado por todas las ambiciones. Vivir lejos de los hombres, no tener necesidad de ellos, y quererlos.

Sobre la vejez:

1 Zorba: Cuanto más viejo me voy poniendo, más intensos son mis deseos. ¡Que no me vengan a mí con que la vejez calma al hombre! Ni con que al acercarse la muerte (uno) tiende el cuello diciéndole: “córtame la cabeza para ir cuanto antes al cielo”. Yo cada día que pasa me siento más rebelde a la muerte. (Pag. 84) 

2 Lo único que me da miedo es la vejez. Es vergonzosa. Hago cuanto puedo para que nadie advierta que he envejecido: aunque me duelan los riñones, bailo. Y no solamente cuando hay alguien presente, también cuando estoy solo, pues me avergüenzo de mí mismo. (Pag. 156) 

3 El monje que conocí en el monte Atos, padre Lavrentio, aparentaba ser santo, pero decía que tenía un demonio en su interior a quien llamaba Hodja. Y cuando Hodja quería comer carne en Viernes Santo, matar al Abad o fornicar, no era Lavrentio sino Hodja, su espíritu del mal, que vivía adentro de él. Yo también, patrón, tengo dentro de mí un demonio que no ha envejecido ni envejecerá nunca. Tiene 32 dientes, pelo negro y el clavel rojo (de los hombres solteros) en la oreja. El Zorba de afuera, a cambio, ha claudicado, le han salido cabellos blancos, se ha arrugado, se ha encogido, se le caen los dientes y se le ha poblado la amplia oreja de blanco pelo de vejez, (la cabeza) de largas crines de asno. ¿Cuál de los dos vencerá al fin? Si muero pronto, está bien. Pero si vivo mucho, estoy frito, pues llegará el día en que me sienta envilecido. Perderé la libertad. Mi hija y mi nuera me mandarán a que cuide de sus mocosos, monstruos tremendos, vástagos suyos, y que vele por que no se quemen, no se caigan, no se ensucien. Y si se ensucian, me meterán a mí ¡puah! a limpiarlos...internémonos en la montaña a sacar cobre, hierro, zinc; ganemos dinero para que nuestros parientes nos respeten, para que los demás nos laman las botas. Si no logramos éxito, que nos devoren los lobos. Para eso creó Dios a las bestias feroces: para que devoren a la gente como nosotros y no lleguemos a envilecernos. (Pag. 156 y 157) 

Sobre la inspiración:

4 ... Zorba ve cada día todas las cosas por vez primera. (Pag. 58) 
Los visionarios sublimes, los poetas inspirados, ven siempre toda cosa por primera vez. Cada mañana se abre a su vista un mundo nuevo; no ven sólo un mundo nuevo: lo crean. (Pag. 147)

5 El patrón: (Zorba) tomó el santuri (guitarra) y desnudándolo de su estuche, como si desnudara a una mujer, acarició ligeramente sus cuerdas. Inició una canción y otra y otra, pero no le salían:
No quiere. No hay que forzarlo. Todas las cosas tienen su alma: la leña, las piedras, el vino que se bebe y la tierra que se pisa. Todo, todo, patrón. (Pag. 84)

Sobre la mediocridad:

6 ... Un día pasaba yo por una aldehuela. Un viejo nonagenario estaba plantando un almendro al que no vería dar fruto. Le digo: 
¡Eh!, padrecito ¿plantando un almendro?
Yo, hijo, obro como si no hubiera de morir nunca.
Y yo –le respondo– obro como si mi muerte fuera inminente.

¿Cuál de los dos acertaba?... (Pregunto, y me respondo: los dos, porque no hay que tomar dos cosas al tiempo). Nada de cosas a medias. (Pag. 41)
No son cosas que se hagan a medias –me decía a veces–. El decir las cosas a medias, ser bueno a medias, es causa de que el mundo ande a tumbos hoy en día. (Aconsejo:) Marcha derecho hasta la meta, mísero hombre, pega fuerte, sin miedo, y vencerás. (¡Ay del tibio!). Dios detesta mil veces más al semidiablo, que al archidiablo. (Pag. 241) 
Lo que ocurre hoy, en el minuto presente, es lo que me interesa. ¿Duermes? Duerme bien. ¿Trabajas? Trabaja bien. ¿Besas? Besa bien. (Pag. 284)

7 El día es para el trabajo, es varón. La noche es hembra. No hay que mezclar una cosa con otra. (Pag. 193) 
El espíritu del hombre es como la lupa que concentra los rayos del sol para encender el fuego. Harás milagros si concentras tu voluntad en una sola y única cosa. (Pag. 195)

Sobre la mujer:

8 El trasero de una molinera (que se bambolea provocativo) es la razón (de ser) humana. (Pag. 15) 
... Miraba yo cómo iban acercándose las mozas hurañas, muy juntas unas a otras, formando infranqueable barrera... (al llegar) se les iluminaron las caras (en una sonrisa) y todas juntas me dieron los buenos días con voz alegre y límpida. En ese momento las campanas del monasterio, felices, juguetonas, llenaron la atmósfera con sus jubilosos llamados (y así mi corazón). (Pag. 38) 

9 Zorba, después de hacer el amor a doña Hortensia, la anciana casera, a quién llama cariñosamente “mi Bubulina”, dice:
Joven, o decrépita, hermosa o fea, no son más que variantes sin importancia. Detrás de cada mujer se yergue, austero, sagrado, lleno de misterio, el rostro de la diosa Afrodita. Doña Hortensia no significa más que una máscara efímera y transparente que se rasga para besar la boca inmortal. (Pag. 48) 
... No has obrado bien, patrón, ¿Qué es esa manera de retirarte del lado de doña Hortensia sin cortejarla siquiera una pizca, como si fuera una vieja de mil años? ¡Qué vergüenza! No es tener cortesía, eso, patrón, no es así como debe comportarse un hombre...al fin y al cabo ella es una mujer... menos mal que me quedé yo a consolarla. (Pag. 52)  

10 El patrón y Zorba conversando:
¿Qué dices, Zorba, crees de veras que todas las mujeres no piensan más que en eso?
Sí, no piensan más que en eso, patrón. Es una llaga que no cierra nunca, siempre está abierta. Si no les dices que las amas y que las deseas, lloran. Puede que a ti no te deseen y hasta les asquees y estén decididas a decirte que no, pero ésa es otra historia... porque la juventud es inhumana, cerrada a toda comprensión. (Pag. 52 y 53) 

11 Siguen conversando:
No te rías. La vida es como la vieja Bubulina. Vieja y no carece de atractivos. Sabe trucos que te hacen perder el seso. Cerrando los ojos, imaginas apretar entre los brazos a una mocita de veinte años. ¡Y tiene veinte años, te lo aseguro, cuando estás entusiasmado y has apagado la luz!  Me dirás que ha vivido una vida muy agitada. ¿Qué importa eso? Olvida pronto, la perdida, y no se acuerda de ninguno de sus amantes...Vuelve a ser en cada ocasión una inocente paloma que tiembla como si fuera la primera vez. ¡Qué misterio es la mujer!  Aunque caiga mil veces, vuelve a ser virgen por no acordarse. (Pag. .85)

12 El tío Anagnosti afirmaba deber su vida a un milagro de la Virgen pues, aunque nació sordo, pudo haber nacido ciego o cretino o corcovado. O lo que es peor –¡la Virgen nos ampare!– pudo hacer que naciera niña. (Pag. 66) 

13 Zorba habla de la mujer y de las uniones matrimoniales:
Las uniones honestas no saben a nada, son platos sin condimento. Sólo la carne robada tiene sabor. Mis uniones deshonestas no tienen contadero. ¿Lleva el gallo la cuenta de las gallinas que despacha mirándoles solamente la cresta? Las semihonestas no dejan de tener su encanto: se dan sin preguntar nada ni ser preguntadas. Son la libertad. La mujer es una fuente fresca: sediento te inclinas hacia ella, ves el rostro reflejado en sus aguas y bebes; bebes y te crujen los huesos. Luego llega otro también acosado por la sed, se inclina, ve su rostro y bebe. Luego otro más...una fuente es así. Una mujer también. (Pag. 88 y 89) 
¿Cuántas veces he estado casado? Honestamente, una vez… Semihonestamente, dos… Deshonestamente, miles. (Pag. 88) 
Las eslavas aman con libertad. No son como esas griegas codiciosas que te dan amor con cuentagotas y se  empeñan en procurarte menos de lo que te corresponde y en robarte en cuando a la calidad de la mercadería de su amor. (Pag. 92) 
La mujer es una eterna historia. En mi opinión, no es cosa humana. (Pag. 95) 
Bendita la joven viuda (y su caminado) que es a modo de querida de toda la aldea, dueña de sus sueños: apagas la luz y te imaginas que no es tu mujer la que tienes entre los brazos, sino la viuda. Y por esa razón nacen tan hermosas criaturas en la aldea. (Pag. 105) 
¿Casarme yo? –dijo el bobo del pueblo– ¿que me eche encima fastidios? La mujer tiene necesidad de calzado, ¿de dónde lo conseguiría yo que ando descalzo? ¡No soy tan tonto! (Pag. 108) 
Zorba: Aunque seas inválido, cojo o corcovado, si tienes voz acariciadora y sabes usarla, las mujeres pierden el compás. (Pag. 111)
Zorba: Aquel que pudiendo acostarse con una mujer no lo hace, comete un gran pecado. Si una mujer te invita a compartir su lecho, y tú te niegas a satisfacer su deseo ¡Pierdes el alma! Dios perdona todo: el robo, el asesinato, el adulterio. Pero (al momento de morir) te condenará el suspiro de una mujer desdeñada. (Pag. 111) 

14 El patrón: (La canción de Zorba me hizo sentir que) malgastaba mi vida, que la viuda joven y yo no éramos sino dos insectos cuya vida dura un segundo bajo el sol y luego mueren por toda la eternidad. (Pag. 111)

15 El patrón: (Deja, Zorba, no quiero complicar la vida con mujeres)  Cada cual sigue su camino. El hombre es como el árbol: a nadie se le ocurre reñir a la higuera porque no da cerezas. (Pag. 124) 

16 Una mujer venía a mi encuentro, llena de abnegación, ternura, paciencia... la mujer... yo que creí no tener necesidad de nada, comprendí de repente que sentía necesidad de todo. (Pag. 127) 
El patrón: (La viuda venía hacia mí)... Me lanzó una mirada lánguida y sonrió. Los ojos le relucían con suavidad felina. Quise hablarle, pero sentía la garganta anudada. Alzó las cejas, y siguió, meneando las caderas. Quise llevarla en brazos hasta su lecho, como hombre, como hubiera hecho mi abuelo, como espero que haga mi nieto, pero me quedé plantado, cavilando, sofocado. –En otra vida, murmuré con amarga sonrisa, en otra vida me portaré de mejor manera–. (Pag. 132 y 133) 

17 Sobre la atracción opina Zorba: Todo hombre despide un olor particular. Los olores se mezclan, y hiede a humana fetidez. Las mujeres, como los perros, tienen el hocico húmedo: ventean desde lejos al hombre que las desea, y perciben al que no se siente atraído por ellas. Por eso siempre y en todas partes, aún ahora que estoy viejo y feo, no han faltado dos o tres que corren tras de mí. Me siguen el rastro, las perras, ¡Dios las bendiga! (Pag. 159) 

18 En aquel bar una mujerona danzaba sacudiendo sus faldas, pero yo no le prestaba mayor atención, y he aquí que una pollita bonitilla, morenita, revocada con llana de albañil, viene y se sienta a mi lado:
–  con permiso, abuelo –me dice riendo (y llevándome)–. (Pag. 160) 
La atendí espléndidamente, pero no le puse las manos encima. Cuando joven, lo primero que hacía era manosearlas. Ahora lo primero que hago es gastar. Esto las enloquece. No ven nada más que la mano que tira el dinero como de un bolso desfondado. Se me arrimaba mimosa, apoyando la rodillita en mis zancas, pero yo como un témpano. La procesión iba por dentro. Eso es lo que les hace perder el tino. Que perciban que por dentro te quemas y, no obstante, ni te dignas tocarles un pelo. Pagué el gasto, dejé una generosa propina e hice ademán de irme. La chiquilla se prendió de mi brazo y preguntó con voz desfallecida: ¿Cómo te llamas? (Pag. 160) 

19 Las aventuras me sientan bien. En pocos días me he convertido en un jovenzuelo de veinte años. He ganado tantas fuerzas, te lo aseguro, que me han de nacer nuevos dientes. Ya no me duelen los riñones. No me sorprende que los cabellos se me vuelvan tan negros como el betún. (Pag. 162)

20 Yo tengo la convicción de que solamente aquél que quiere ser libre es un ser humano. La mujer no quiere ser libre. (A la chiquilla le ha dado por llevarme a los suyos)  Ahora le ha dado por casarse. (Pag. 163)

21 La mujer verdadera –anótalo para tu gobierno– goza más con el placer que da, que con el que recibe. (Pag. 284)

22 Los hombres se unen y se separan como las hojas que arrastra el viento; en vano quiere la retina guardar una imagen del rostro, del cuerpo, de los gestos del ser querido: a los pocos años no recordaréis ya si eran azules o negros sus ojos. (Pag. 310)

23 El hombre echa fácilmente en olvido todo aquello que no le conviene recordar. (Pag. 190) 

24 Tío Anagnosti al patrón:
Pavlio, el hijo de Mavrandoni, no pudo soportar los desdenes de la joven viuda. Se lanzó al mar, y se ahogó. Ahora se ha salvado. 
¿Salvado?
Sí, ¿qué podía esperar de la vida? Si se casaba con la viuda, pronto se hubiera visto enredado en continuas riñas y caído, quizás, en la deshonra. Porque la desvergonzada es como una yegüita, en cuanto ve a un hombre, relincha. Y si no se casaba con ella, su vida se hubiera convertido en un tormento, pues nadie le quitaba de la cabeza que había perdido una inmensa dicha. Por delante, el abismo; el precipicio por detrás. La vida es cruel, ciertamente, aún para los más afortunados es cruel, ¡Maldita sea! Tú eres joven. No prestes atención a lo que digan los viejos. Si la gente los escuchara, pronto se acabaría el mundo. (Pag. 174)

25 Sobre la felicidad:
Nos salvamos a nosotros mismos, cuando nos esforzamos por salvar a los demás. (Pag. 9) 

26 ... (Llevamos una) máscara sonriente e inmóvil. Lo que ocurre detrás de la máscara, es asunto nuestro. (Pag. 9) 

27 El patrón: ... A ratos me embargaba un sentimiento de compasión... no sólo por los hombres, sino por el mundo entero... por todas esas vanidades hechas de sombra y de luz que de pronto agitan y mancillan el aire puro. (Pag. 22) 

28 ... La santa soledad se extendía ante mí, triste, fascinadora, como el desierto... ¿Cuándo me retiraré al fin a la soledad, solo, sin compañeros, sin alegrías ni tristezas...? (Pag. 30) 

29 Tan cierto es que el hombre verdadero necesita de muy pocas cosas. (Pag. 63)

30 Zorba: ... No creo en nada ni nadie; solamente en Zorba. Y no porque yo sea mejor que los demás. ¡De ningún modo!  Soy una bestia yo también. Pero creo en mí porque soy lo único que tengo en mi poder, lo único que conozco, todo lo demás son fantasmas. (Pag. 60) 

31 ... (Necesitaba)... liberarme de Buda, apartar juntamente con las palabras todas mis preocupaciones metafísicas y dejar a salvo el alma de una vana angustia. Establecer, desde ese instante, contacto hondo y directo con los hombres. (Pag. 62) 

32 Anagnosti: ¿Qué podría yo querer, hijo? Pues que mi nieto siga por el buen camino, que llegue a ser un hombre honrado, un buen jefe de familia, que se case y tenga como yo hijos y nietos, y que uno de sus hijos se parezca a mí. Para que los viejos digan al verlo: “Oye, cómo se parece al viejo Anagnosti, Dios haya acogido su alma, que era un hombre bueno!”. (Pag. 67) 

33 Zorba al patrón: ¿Recuerdas que tú decías que te gustaría iluminar el espíritu del pueblo, abrirle los ojos? Pues mira, trata de abrirle los ojos al tío Anagnosti. ¿Viste cómo su mujer se estaba delante de él, esperando órdenes, como un perrillo amaestrado? Ve tú, ahora a predicarle que la mujer tiene iguales derechos que el hombre. Sólo disgustos le traerías con tus ridiculeces. ¿Qué beneficio podría obtener la tía Anagnosti? Sería el comienzo de riñas enconadas, la gallina pretendería convertirse en gallo y la pareja habría de trenzarse en lucha a picotazos, desplumándose mutuamente... Deja en paz a la gente, patrón, no les abras los ojos. Si acaso se los abrieras, ¿qué verían? ¡La miseria propia!  Déjaselos, pues, bien cerrados, (para que sigan con sus sueños). (Pag. 68) 

34 Mientras estamos viviendo una dicha, es raro que lo percibamos. Sólo cuando ya pasó y volvemos atrás la mirada, comprendemos de pronto –a veces con sorpresa– cuán felices fuimos. (Pag. 72) 

35 Dime en qué conviertes lo que comes y te diré quién eres. Gente hay que lo transforman en grasas y excrementos; otros, en trabajo y buen humor; algunos en Dios. Yo, patrón, no cuento entre los peores, como tampoco entre los mejores. Me conservo en el término medio. Y no está mal así. (Pag. 74) 

36 En una ocasión estuve trabajando en una mina en Rusia. Había aprendido apenas las palabras imprescindibles para mi negocio: “no, sí, pan, agua, te quiero, ven, ¿cuánto? Trabé amistad con un ruso, bolchevique furioso. Nos comunicábamos danzando las ideas. Mediante gestos y ademanes nos entendíamos más o menos, y cuando no lográbamos comunicarnos, bailábamos lo que queríamos decir: con los pies, con las manos, con los ojos, con el pecho, con el vientre o con gritos salvajes. Hasta con los cabellos y la ropa que vestíamos. Y con la navaja que colgaba de la faja. ¿Hasta qué extremo han decaído los hombres? Han dejado que se les enmudezca el cuerpo y sólo saben hablar con la boca. ¿Y qué quieres que diga la boca? Si pudiera borrar todo lo que aprendí antes, pasaría una esponja borradora y empezaría a ejercitar los cinco sentidos, la piel entera, para que gocen y comprendan. Aprendería a correr, a luchar, a  nadar, a montar a caballo, a remar, a dirigir un auto, a tirar con fusil. Llenaría con carne mi alma. Llenaría de alma la carne. Reconciliaría, en fin, dentro de mí a estos dos enemigos seculares (cuerpo y alma)... Sentado en la cama, meditaba sobre mi vida que transcurría a pura pérdida”. (Pag. 80 y 81) 

37 ... Tengo un hermano: hombre casero, sensato, beatón, usurero, hipócrita, un hombre de bien, pilar de la sociedad. Vende comestibles en Salónica... (Pag. 75) 

38 Dice Confucio: “Muchos buscan la dicha más alto que el hombre; otros más bajo. Sin embargo, la felicidad está a la altura del hombre” –Pero la altura del hombre no es siempre la misma, con sus altibajos–. (Pag. 99) 

39 Zorba: El buen maestro no desea recompensa más brillante que ésta: la de formar un discípulo que lo sobrepase... Me hace feliz, amigo, que tengas necesidad de mí. (Pag. 101)

40 (Vives demasiado embebido en tus libros, lo que te priva de vivir)... una idea se me ha ocurrido...meter en una pira todos tus libros y darles fuego. Quizá después de eso, como no eres tonto y eres un buen tipo, podría sacarse algo de ti. (Pag. 102)

41 El patrón: Esperaba que viniera Zorba, portador de todos los bienes que alegran al hombre: la risa clara, la buena palabra, los manjares sabrosos. (Pag. 83) 

42 Toda aldea cuenta con un bobo inocente, y si no lo tiene a mano, lo inventa para pasar el rato (bufoneando). (Pag. 105) 

43 ¿Sabes lo que significa vivir? Apretar el cinto y meterse en el tumulto (de la masa anónima). (Pag. 109) 

44 No soy esclavo del dinero, el dinero es esclavo mío. (Pag. 150) 

45 He cortado la felicidad a mi altura, como tú dices, la actividad me devora. La acción, estar activo: no hay otra salvación posible. (Pag. 152) 

46 Todo tiene su momento y no se puede forzar a la crisálida a salir de su capullo antes de tiempo, porque muere. Es pecado mortal forzar las leyes de la naturaleza. No debemos precipitarnos, ni impacientarnos, sino seguir con entera confianza el ritmo eterno. (Pag. 131) 

47 La precipitación, a menudo, resulta nociva. No nos precipitemos, pues. (Pag. 162) 

48 Cuando decidas algo, /sin miedo, ve adelante. / Da riendas sueltas a tu mocedad anhelante. / Atrévete, no temas, y sea lo que fuere. / Quien juega, gana o pierde; /quien ama, vive o muere. (Pag. 191) 

49 La vida del hombre es una ruta que va a ratos cuesta arriba y a ratos cuesta abajo. La gente sensata avanza por ella con frenos. Pero yo, y en esto radica mi mérito, hace mucho tiempo que me desprendí de todo freno, porque no me inspiran miedo los descarrilamientos, no tengo miedo a las carambolas, hago lo que me place. (Pag. 158) 

50 La terrible advertencia de que esta vida es única, para todos los hombres, que no existe otra vida, que todo cuanto puede gozarse, sólo aquí se ha de gozar. No volveremos a tener en lo eterno de los tiempos otra oportunidad como ésta... veis con meridiana claridad que sólo sois un hombre perdido, que vuestra vida se consume en minúsculas satisfacciones y aflicciones mínimas, agotada en la hueca vanidad de las palabras... (Pag. 180) 

51 No tengo confianza alguna en las fuerzas ocultas, que, según dicen, protegen a los hombres. Creo, si, en la existencia de fuerzas ciegas que hieren a derecha e izquierda, sin maldad, sin propósito preconcebido, y matan al que se ponga a su alcance. (Pag. 154) 

52 Zorba: No me regocija el bien, ni me aflige el mal... ser pobre o rico... mucho me temo que Dios y el diablo sean uno, (por lo tanto:)  Todas las cosas dan lo mismo... sólo hay diferencia entre estar vivo y estar muerto... (Pag. 156) 

53 Zorba: No puedo decir que creo, como tampoco que no creo. Cuando estaba niño me emocionaban las historias religiosas de la abuela. Cuando asomó el pelo de mi barba, eché a un lado todo esto. Pero he aquí que en los días postreros he vuelto a creer... ¡Curioso bicho, el hombre! (Pag. 126) 

54 Pues debo decirte, patrón, que Dios es un gran Señor y la nobleza sólo esto significa: perdonar. (Pag. 114) 

Sobre las ganas de vivir. 

56 (Bubulina) Había retirado del cofre, en cuanto se vio en trance de muerte, un crucifico de hueso pulido y lo tenía bajo la almohada. Desde años atrás lo tenía olvidado en el cofre, entre camisas deshilachadas y andrajos de terciopelo (que le recordaban sus mejores días). Como si Jesús fuera un remedio que sólo se usa en las enfermedades graves. Y mientras dure la buena salud y se coma bien y se ame sin cuidados, para nada sirviera. (Pag. 270) 

57 (La agonizante Bubulina) Tomó a tientas el crucifijo y lo apretó contra el pecho bañado en sudor, musitando:
¡Jesús mío de mi alma...! –murmuraba fervorosamente, estrechando contra sí al último de sus amantes. (Pag. 270) 

58 Doña Hortensia, la vieja sirena tan sacudida de los temporales, oyó el estridente grito y su grata visión se desvaneció... y ella volvió a verse de nuevo en su lecho de muerte que hedía, allí en un apartado rincón del mundo. Hizo un movimiento como para levantarse, como para huír, pero cayó sin fuerzas y clamó otra vez, más quedamente, con tono lamentoso:
–  ¡No quiero morirme!  ¡No quiero!  (Pag. 272) 

59 Un anciano campesino, robusto, acompañado de su mujer y su hija, se dirigía al monasterio. A pedirle a la Virgen:
Yo carezco de mayor instrucción, pero una vez oí en la iglesia algo que dijo Cristo: “Vende cuanto poseas para adquirir la gran perla”.
¿Y qué es esa gran perla?
La salvación del alma, hijo, la salvación. (Pag. 181) 

60 ¿Qué son diez o quince años ante la eternidad?... La eternidad es cada uno de los minutos que pasan. (Pag. 185) 

61 Los hombres obran como el que recibió una astillita de puerta carcomida envuelta en algodón y le fue dicho que se trataba de una reliquia de la Santa Cruz. La colgó al cuello y desde aquel día fue otro hombre: Avanzaba intrépido, sin miedo, en medio de las balas, pues no había plomo que pudiera alcanzarlo. ¿Tienes fe? Una astilla de puerta carcomida se te convierte en santa reliquia. ¿No tienes fe? La misma Santa Cruz es para ti sólo un madero carcomido. (Pag. 233) 

62 Si quieres dejar el tabaco, emborráchate fumando. Solamente así se libera el hombre, hartándose de todo. (Pag. 206) 

63 Desdichado del que no tiene en sí mismo la fuente de la felicidad. / Desdichado del que quiere agradar a los demás. / Desdichado del que no entiende que esta vida y la otra no son sino una. (Pag. 194) 

64 Zorba al patrón:
Te tragas todo lo que te cuentan los rascapapeles en los libros: detente un momento a considerar qué gente es la que los escribe. ¡Pedantones! ¿Qué saben de mujeres y de los que andan tras de ellas? ¡Nada en absoluto!
¿Por qué no escribes tú, Zorba, y nos explicas todos los misterios del mundo?
¿Por qué? Pues por la razón de que yo los vivo y no me queda tiempo para otra cosa. (Pag. 228) 

65 ¿Qué te falta? Tienes dinero, eres joven, sano, inteligente, de buena índole. ¡Nada te falta, rayos!  Sólo una cosa única: un gramo de locura, para poder vivir. (Pag. 311) 

66 Cada hombre tiene su locura. Pero la mayor locura de todas, es no tener ninguna. El hombre necesita un poco de locura para poder vivir (Pag. 158) 

Reseña de lectura de ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 1 de noviembre de 2015

123. Julio Jaramillo, si tú mueres primero

En la noche del lunes 19 de octubre de 2015, en la sede de la Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia, se realizó una reunión extraordinaria de la Junta Directiva presidida por el Dr. William Parra Cardeño y con la secretaría del Sr. Jorge Ramos, con el fin de rendir homenaje al asociado Dr. Enrique Gallegos Arends del Ecuador, que se encontraba de visita en nuestra ciudad de Medellín. Con él departimos los dos mencionados, junto con la esposa e hija del Sr. Ramos, el Sr. Jaime Mercado y su esposa, el Sr. Gustavo Ramírez, la Sra. Irma Ocampo, la Sra. Luz Estela Sánchez, el Sr. Alejandro Arboleda, el Dr. Fabio Casas Arango, el Sr. Eduardo Ceballos; y, por deferencia especial, fue invitado el cronista Orlando Ramírez Casas.

El Dr. Gallegos, propietario de la emisora Radio la Rumbera F.M. de Quito, antigua emisora Añoranza, había estado con nosotros un año antes, en septiembre de 2014, acompañado de su esposa Nancy Custode de Gallegos, y fue entrevistado para los blogs Festitango y Postigo de Orcasas, de Medellín; y para la revista Melómanos Documentos de Cali, en entrevista que lleva por título “Enrique Gallegos Arends, un trovador de antaño”.

Más que una reunión formal, lo que hubo fue una entretenida tertulia, aprovechando los conocimientos del Dr. Gallegos; pero, sobre todo, indagando por circunstancias de la música ecuatoriana y del panorama de los amantes y coleccionistas de la música de antaño que, al decir de Gallegos Arends, “nuestros jóvenes no sólo desconocen sino que no quieren saber nada de ella y se centran en otras músicas y otros ritmos que ya no son representativos de nuestra nacionalidad”.


Cuando llora mi guitarra”, con autoría del peruano Augusto Polo Campos, en la voz de Julio Jaramillo:


A una pregunta del Dr. Fabio Casas surgió el tema del cantante ecuatoriano Julio Alfredo Jaramillo Laurido (octubre 1º de 1935 a febrero 9 de 1978), que falleció a los 42 años de edad y dejó un promedio de un hijo y 121 grabaciones por cada año de vida. De Julio Jaramillo habría que separar dos temas específicos de interés para la audiencia: De una parte, su obra; y de la otra, su polémica vida personal.

Dice Gallegos Arends que Jaramillo, “No sabría decir si por ignorancia de la ley, o por displicencia hacia ella, se casó cinco veces sin divorciarse ninguna, y sorprendentemente no fue acusado ni encausado por bigamia. Si alguna chica le exigía el requisito del matrimonio para poder compartir cobijas, él no tenía inconveniente en cumplir con dicho requisito sin más formalidades; como no tenía inconveniente en alejarse de ella y embarcarse en una nueva relación al dar vuelta a la esquina”. Dice Alejandro Arboleda que Jaramillo tuvo 28 hijos, pero algunos le atribuyen más de 40 en la búsqueda de emular a su padre Juan Pantaleón Jaramillo Erazo que lo dejó huérfano cuando sólo era un niño, y que fue también un hombre prolífico. “Pudieran ser más”, dice Gallegos, “teniendo en cuenta que algunas mujeres tal vez prefirieron guardar la paternidad en secreto para no exhibirse en escándalos con un personaje tan conocido”. Dice el Blog del Bolero que “Los escándalos de su turbulenta vida eran con frecuencia noticia. Varias veces fue apresado y casi siempre por problemas de mujeres o por incumplimiento con el Tribunal de Menores. Además de haberse casado cinco veces, tuvo hijos con otras mujeres, que llegaron a sumar un total de veintiocho”. El blog Ecuador Música trae una lista con datos de nombre del hijo, fecha, país de nacimiento, y nombre de la madre, hasta el número 27; pero “En otras biografías se afirma que llegó a procrear 42 hijos, de ellos 39 reconocidos, que parecen ser los datos más exactos, ya que provienen de su propio hijo Julio Alfonso”.

Sin transcribir textualmente la conversación, pero tratando de capturar su esencia, encontré en los blogs de Ecuador Música (ecuadormusica.homestead.com); y Blog del Bolero (que edita el Sr. Oswaldo E. Páez), corroboración a muchos de los datos allí escuchados sobre “Julio Jaramillo, el ruiseñor de las Américas”. Así es que parte de la información de esta reseña proviene de nuestra conversación, y parte proviene de la información contenida en estos blogs.

1.

2.

Dijo el Dr. Gallegos que:

Debo confesar que mi admiración primera en cuanto a la calidad de su voz y pureza de sus interpretaciones se inclina por mi también compatriota Olimpo Cárdenas, que vivió muchos años entre ustedes y aquí murió. De él aprendió Julio Jaramillo y fue influenciado por su estilo. Olimpo fue más ídolo en Colombia que en Ecuador, y es conocido en muchos países, pero no tuvo la trascendencia que llegó a tener Julio Jaramillo que, a mí me sorprende, es de reconocimiento mundial. He encontrado clubes de admiradores suyos en muchos países centroamericanos, en Colombia, en Venezuela, en España y, por increíble que parezca, hay uno muy activo en Tokyo, Japón, que preside el Sr. Yoshinori Yamamoto que quizás sea el mayor coleccionista de su música en el mundo. Dice tener más de 4500 grabaciones en la voz de Julio Jaramillo”.

A pesar de sus prodigiosos buena voz, buen oído, buena afinación, y buena memoria, Julio Jaramillo no fue músico de academia que estudiara solfeo o aprendiera a pautar en partitura. Dice el ecuatoriano Julio López que no fue de Olimpo de quien aprendió el estilo característico porque aunque el primer maestro de música de Julio y de su hermano Pepe fue Ignacio Toapanta, tiempo después tuvo a otro maestro que fue el que les enseñó ese estilo a Julio y a Olimpo: Carlos Rubira Infante, un requintista que en algún momento conformó con Olimpo el “Dueto Cárdenas Rubira”. De él les viene a Olimpo y a Julio su escuela, y de ellos el estilo con que cantan las canciones ecuatorianas el tenor Mauricio Ortiz o el cantante Charlie Zaa. “Se dijo que Olimpo y Jaramillo eran rivales y enemigos, pero no es cierto. Eran amigos”, dijo Gallegos Arends, y su afirmación fue corroborada por Fabio Casas “porque una noche estuve con ellos en el Rincón Ecuatoriano de los hermanos Carlos y Rafael Jervis en el barrio Córdoba, y terminamos de madrugada en mi casa departiendo y cantando su música. Eran buenos amigos”. Con su hermano Pepe tuvo Julio una amistosa rivalidad, pero también una cordial camaradería y una fraterna relación de colegaje, hasta que Julio exhaló el último suspiro.

El arquitecto guayaquileño Alfredo Enderica, que es además biógrafo de Jaramillo, contabilizó en algún momento 3852 grabaciones en su poder. Entre los coleccionistas más reconocidos está el médico Francisco Rivera, de Puebla en México; el Sr. Carlos Wong Silva, de Ecuador; el Sr. Marvin Ortega, de Costa Rica; y un venezolano, de Almagro; junto con el colombiano Henry Martínez Puerta, de Nariño; y el salvadoreño José Reyes “Jaramillo” Alfaro, que casi ha adoptado el Jaramillo como segundo apellido, en su calidad de hijo del requintista Gregorio Reyes del trío Los Reyes que acompañó a Jaramillo en sus presentaciones centroamericanas. Reyes Alfaro inició la colección cuando era niño, y dice el venezolano Ney Moreira en entrevista para Jorge Martillo Monserrate de El Universo.com titulada “La historia del último disco que grabó Julio Jaramillo” que Reyes Alfaro tiene más de 5115 grabaciones en su colección, entre las que se cuentan joyas incunables que no tuvieron circulación comercial. Francisco Xavier Romero Núñez es también coleccionista y biógrafo del cantante. En Ecuador los coleccionistas han fundado un museo con sus cosas y su música. Todos los años, el primer domingo de mayo, se reúnen en la ciudad de Ponce en Puerto Rico sus más de 200 coleccionistas acreditados con mérito para pertenecer a la cofradía de sus fanáticos, y eligen al mayor coleccionista del momento en un encuentro organizado por el Lic. Pedro A. Malavet Díaz. No es un título honorífico. Se gana con puntaje acumulado por la cantidad de discos que posea el coleccionista y el abanico de ganadores es tan reducido como el de los tenistas que se acreditan el Gran Slam. Sólo un puñado.

1.
Película musical “Nuestro juramento”, con 1:30 horas de duración, protagonizada por Julio Jaramillo Laurido y dirigida por Alfredo Gurrola:


2.
Nuestro juramento”, bolero en la voz de Julio Jaramillo, con letra y música del puertorriqueño Benito de Jesús:


Julio Jaramillo vivió seis meses en Argentina y grabó tangos con las mejores orquestas del momento en ese país”, dice don Enrique Gallegos Arends. Los argentinos Reinaldo Yiso y Enrique Alessio (letra y música), autores de “Te odio y te quiero”, que es tango o es bolero según quien lo cante, afirman que el mejor intérprete de esta obra suya ha sido Julio Jaramillo; y está el tango “Confesión”, con letra y música de Enrique Santos Discépolo, que Jaramillo también grabó en Medellín para Discos Fuentes en ritmo de bolero:


Jornalero”, tango con letra y música de Atilio Carbone, interpretado por Julio Jaramillo con acompañamiento de la orquesta típica de Astor Piazzolla:


El número de grabaciones del denominado “Mr. Juramento” es incierto, porque grabó con incontables casas disqueras hasta de las denominadas de garaje, grabó en emisoras, grabó en presentaciones en vivo. “Hay interpretaciones privadas para algunos ricos que pagaron por ellas y de las que sólo ellos conservan sus exclusivas grabaciones de colección en prensajes que no llegan a la decena de copias en manos de unos pocos afortunados”. Por donde quiera que iba grababa incansablemente “porque tenía una gran capacidad para aprenderse las letras y la música de un solo vistazo, y porque esta capacidad sólo era superada por la capacidad que tenía para gastar el dinero que percibía como anticipo de estas grabaciones a las que solía imponer a los empresarios la condición de véndase o no se venda el producto”. Afirma Álvaro Reyes que el compositor venezolano Valentín Carucci dijo en alguna oportunidad que Julio Jaramillo grabó de un tirón 30 de sus composiciones inéditas, y que le bastaba con pasarle la letra escrita y tararearle alguna melodía para entrar a grabar sin más ensayos ni preámbulos. Dice el Sr. Gallegos que “Aunque la casa grabadora ecuatoriana que tiene sus derechos ya no existe como casa productora, sus propietarios siguen lucrándose de las regalías”… que por cosas del destino no llegan a sus viudas de hecho o de notaría, ni a sus muchos hijos reconocidos o no reconocidos. Sus primeras grabaciones en Ecuador las realizó con la firma de J. D. Feraud Guzmán y su hijo Francisco.

Le preguntamos al Dr. Enrique Gallegos por qué Julio Jaramillo dejó a Ecuador y se vino para Colombia, siendo reacio a regresar a su país y mucho menos a presentarse artísticamente en él. “Lo que ocurrió”, dice el Dr. Gallegos, “fue que él estuvo acusado de seducir a una menor de edad, hija de un rico e influyente personaje, y él pagó a una pandilla de malhechores para que secuestraran a Jaramillo y se lo llevaran a un pueblito donde lo sometieron a vejaciones. Se dice que hasta fue violado por esos matones. Esos mismos matones lo seguían a todos lados en sus presentaciones y proferían gritos, abucheos, y silbidos insultantes que insinuaban que Jaramillo era homosexual. Tal campaña de ataques terminó por minarlo emocionalmente y obligarlo a dejar el país. Eso fue una infamia, porque a él las mujeres jóvenes, así fueran menores de edad, se le insinuaban y se prestaban para que él las sedujera. Él no era un violador sino un seductor”. 

Algo de esto se corrobora en lo afirmado por el arquitecto guayaquileño, coleccionista y biógrafo de Julio, en su comentario para el blog del bolero:

Alfredo Enderica dijo en 18/02/2008 a las 6:06 PM:
Soy ecuatoriano, guayaquileño como Julio Jaramillo, quiero agradecer en nombre de mi ciudad por tan importante iniciativa en la creación de esta página. Debo aclarar algunas cosas que he leído con respecto a JJ. El pueblo guayaquileño siempre lo quiso a JJ, lo que sucede es que el padre de una menor supuestamente ofendida por JJ, organizaba una banda de indeseables para que abuchearan a nuestro cantor, juró vengarse y sentenció que en cada presentación de JJ iría con todos sus vándalos para gritarle improperios al artista, cosa que cumplió al pie de la letra y Julio creyó que era su público el que lo hacía. Pero si no hubiera sido así, quién sabe si Julio hubiera sido así de grande como fue, al internacionalizarse radicándose en varios países. El padre de la menor supuestamente violada por Julio no pudo casarlo con la chica, porque Julio ya estaba casado y la menor en las dependencias judiciales dijo que no fue una violación, sino por su propia iniciativa, por tanto Julio quedó en libertad, y el padre viendo la situación organizó el complot que duró hasta 1966, cada vez que el artista se presentaba en la ciudad e inclusive en el interior del país. Como anécdota se recuerda que en una película mexicana rodada en Ecuador, Julio debía cantar el pasillo “Sombras” y los guardias de seguridad tuvieron que sacar a los maleantes que pretendían sabotear el rodaje, hubo hasta una intervención policial. Saludos de Alfredo Enderica, biógrafo de Julio Jaramillo”.

En el blog Ecuador Música el episodio está más completo y dice que:

… Una muchacha, menor de edad, lo seguía a todas partes. Hay quienes dicen que el artista se resistió a aceptar sus insinuaciones, pero habría que hacer un gran esfuerzo para imaginar a Julio Jaramillo rechazando el coqueteo de una mujer. En cualquier caso, su pasión no duró mucho. Cuando ella le reclamó que ya no se veían, le contestó que él era un hombre casado. Resultó que el padre de la muchacha era un dirigente de los estibadores de banano, uno de los gremios más poderosos en ese tiempo. Furioso por la manera como Julio se había burlado de su hija, ordenó a sus hombres de mayor confianza en el sindicato que hiciesen correr el rumor de que habían violado al cantante, y organizó las cosas de tal manera que un grupo acudiese a cada presentación del artista a pifiarlo e insultarlo. Su vida se convirtió en un infierno. Cada vez que salía al escenario comenzaban los insultos procaces de “meco”, “homosexual”, “te dieron por atrás”. Al principio trató de no hacer caso, pensando que eso sería pasajero, pero los insultos ganaron fuerza y llegó un momento en que ya no pudo andar sin guardaespaldas”.

Jaramillo abandonó el Ecuador y viajó a Colombia, de donde pasó a otros países viviendo temporadas en ellos y actuando en todas partes menos en su país, donde se sentía rechazado. Considera el Dr. Gallegos Arends que esta situación trágica para la vida personal de Jaramillo, terminó beneficiándolo para su vida artística porque lo catapultó a la fama en los países que visitó a partir de ese momento. Tal vez el afán de tener tantas mujeres, y de procrear a tantos hijos, hubiera sido no sólo una herencia de su padre sino reivindicación de las humillaciones infligidas por los esbirros de su vengativo compatriota.

Película “El ruiseñor de América”, con 2:45 horas de duración, dirigida por César Carmigniani y protagonizada por Julio Alfonso Jaramillo Arroyo, cuyo parecido con su padre tanto en la fisonomía como en la voz son sorprendentes. Esta película no es estrictamente biográfica, sino una versión libre o interpretación cinematográfica “basada” en su vida:


Algunos fanáticos admiran en esta película esos rasgos de fidelidad, pero otros rechazan la calidad biográfica de la misma; y la producción que, a su juicio, es deficiente.

Parece mentira que un niño tan enfermizo como fue Julio “El negro” Jaramillo, cuya lista de enfermedades incluye la disentería, la parálisis infantil, la difteria, y la bronconeumonía; enfermedades de las que le quedó como secuela un asma crónica que lo acompañó toda su vida, pudiera hacer la cantidad de presentaciones públicas y privadas y la cantidad de grabaciones que dejó en su haber. 

A consecuencia de su vida desordenada y exagerado consumo de licor le sobrevinieron una cirrosis hepática y unos cálculos en la vesícula biliar que lo llevaron a hospitalizarse al final de su corta vida; pero fue un infarto el que se lo llevó en un momento en que se desternillaba de risa, según cuenta su médico el Dr. Bolívar Cevallos que se encontraba de turno en la Clínica Domínguez atendiéndolo, con la presencia de Ana María la esposa de su hermano Pepe y de una enfermera. Las últimas palabras pronunciadas por él fueron “¿Dónde está la Patuchita?”, que era el cariñoso apodo que le tenía a Nancy Arroyo Henao de Jaramillo, su última legítima esposa. En ese momento el Dr. Brístol Domínguez, director de la clínica, dio tres parsimoniosos golpes en la puerta del cuarto para anunciar su entrada: Toc… Toc… Toc... “¡Qué toque más tétrico!”, dijo Ana María, y ese comentario hizo desternillar de risa a los presentes, incluido el paciente al que sobrevino un paro cardio respiratorio mientras se moría de la risa. Su hermano José “Pepe” Jaramillo Laurido, y su madre Apolonia “Polita” Laurido Cáceres, hicieron presencia rápidamente en el hospital para confirmar la veracidad de la muerte que un periodista apresurado había promulgado 24 horas antes de su fallecimiento en un afán por ganarle de mano la chiva a sus colegas. 

Su familia quería cumplir con la última voluntad: “No quiero homenajes, ni honras fúnebres públicas, ni particulares asistiendo a mi sepelio”. No fue posible. “Entiendan que Julio ya no pertenece a su familia, ni se pertenece él, sino que le pertenece al pueblo”, dijo su amigo el periodista Armando Romero Rodas, y la familia terminó por aceptar esta incontrovertible verdad que el espíritu deambulante y traspasaparedes de Julio podía verificar al asomarse por los pasillos de la sala de velación. Se hizo necesario darle gusto al pueblo porque, como dicen, la voz del pueblo es la voz de Dios. Su féretro fue acompañado por una multitud calculada en 250.000 personas que por momentos lloraban, por momentos aplaudían, y por momentos entonaban en coro alguna de sus más de 4.500 canciones. Tras una larga cámara ardiente recibió cristiana sepultura, tres días después de su fallecimiento. 

Un muro, incapaz de contener la oleada de fanáticos, se vino abajo y causó la muerte de un niño; dos jóvenes fueron hospitalizadas, por intento de suicidio mientras el féretro desfilaba por las calles; las autoridades de gobierno, brillaron por su ausencia; y los esbirros del sindicato de estibadores guardaron silencio, apocados por la imparable popularidad del cantor; pero su música sigue sonando en los corazones de la multitud de admiradores que lo acompaña más allá de la muerte.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



domingo, 25 de octubre de 2015

122. Voces increíbles y notas imposibles

Sólo dos obras musicales con textos en español tengo con el nombre de ópera en mis anotaciones: Una es la ópera “Marina”, con música del español Emilio Arrieta y letra de su paisano Francisco Camprodón:

Brindis” de la ópera “Marina”, interpretado por el tenor Roberto Alagna y el barítono Christopher Schalderband, acompañados de orquesta y coros del Centro de Bellas Artes de San Juan en Puerto Rico:

https://www.youtube.com/watch?v=kodZDReq5T0

Y la otra es la obra “María la O”, del cubano Ernesto Lecuona, que algunos clasifican como ópera y otros clasifican como zarzuela, desconociendo yo los porqués de tales clasificaciones:

Romanza mulata infeliz” de la ópera “María la O”, interpretada por la soprano Ana María Martínez:


https://www.youtube.com/watch?v=UNwmoxfBH7g

Por los días de la adolescencia nos gustaba escuchar al cantor argentino Alberto Gómez, acompañado de la guitarra de José Canet, en su grabación de la zamba con letra y música de Enrique Santos Discépolo titulada “Noche de abril”. Reloj en mano cronometrábamos una y otra vez el tiempo que Gómez sostenía por 19 segundos la nota, y dábamos pábulo a la leyenda de que la había grabado para demostrar con la potencia de sus pulmones que él no estaba tísico.

Primera grabación, con nota sostenida durante 19 segundos:


En el anterior enlace se puede apreciar, con fallas de sonido, la grabación que nos deleitaba entonces; y, a continuación, un enlace con otra grabación en que el sonido mejora pero la duración de la nota sostenida sólo alcanza los 11 segundos, con lo que pierde el encanto de la primera grabación, así no pierda el exquisito sonido de la voz de Alberto Gómez.

Segunda grabación, con nota sostenida durante 11 segundos:


Recojo en mi libro “Buenos Aires, portón de Medellín” la anécdota que en su libro “Aquí también se canta el tango” cuenta el médico Alberto Burgos Herrera sobre el tenor valparaiseño Martín López Arango, quien como cantor de tangos adoptó el nombre artístico de Juan Carlos Maciel: 

(Fragmento)

…el profesor Germán Rodríguez Velásquez cuenta sobre un tenor valluno, Hernán Herrera, que cantaba en la Plaza de Toros Santamaría de Bogotá cuando se fue la luz y siguió cantando como si nada, porque no necesitaba micrófono. Esos no eran cantores de karaoke, como los de ahora. Recordemos que el bajo Humberto Passos era primo de otros tres miembros de la Barra del Paraguay: los locutores Yulián, Pastor y Rodrigo Londoño Passos. Era de esa barra el tenor Martín López Arango, valparaiseño que ganó la primera Orquídea de Plata Phillips... Atronaba con su voz día y noche en esa esquina y los vecinos se quejaban de que no dejaba dormir. Después se hizo también cantor de tangos con el nombre artístico de Juan Carlos Maciel.

Le gustaba lucirse. Cuando un disco estaba próximo a terminar, se acercaba a don Enrique, el propietario del bar El Paraguay y le decía: “Yo voy para el orinal, mientras tanto póngame “Granada”, pero en la voz de Mario Lanza”. Don Enrique lo complacía y “Martín salía del orinal en el momento en que el tenor interpretaba la aguda parte final; entonces nuestro cantante se paraba en medio del salón y hacía el agudo parejo con Lanza; lo que emocionaba a los contertulios que lo premiaban con un atronador aplauso" (anécdota contada por Alberto Burgos Herrera).

Granada”, de Agustín Lara, es un clásico que permite el lucimiento de los cantantes líricos y se considera que si alguien se atreve con sus notas ya no es un simple músico popular sino uno que ha llegado a mayores alturas interpretativas. El italiano Claudio Pica, que adoptó el nombre artístico de Claudio Villa, nombre que tiene una sonoridad muy hispana, se lució en el año de 1984 en una presentación cuya grabación fuera de estudio nos llega gracias al video que Rocco C. Wald colgó en You Tube con el título de “El agudo más largo de la historia” y es uno de esos momentos musicales que nos hacen dar envidia a los que no estuvimos presentes en ese lugar. Alardeaba Villa de no haber sostenido más tiempo la nota “porque era demasiado tarde y el tiempo en televisión se había acabado”, y decía que cuando era muy joven podía sostenerse  en la nota durante minutos. Quizás sea sólo un alarde no comprobado, pero de todos modos los 35 segundos que sostiene la nota en “Granada” son un descreste.


Por los días adolescentes solíamos burlarnos de la ópera. Porque no la entendíamos, claro.  Uno no puede querer lo que no conoce.  “Esa vieja grita como si la estuvieran moliendo a palos”, decíamos; o “a ese hombre parece que le estuvieran amasando las pelotas”.  Tardé en darme cuenta de que las incomprensibles palabras tenían un argumento, y que no saber alemán, francés o italiano era culpa mía.  Y tardé en darme cuenta de que dar esas notas increíbles e imposibles para los simples mortales, como uno, tenían un mérito.  

Aria “Il dulce suono” (El dulce sonido) de la ópera “Lucía de Lammermoor”, apodada “el aria de la locura”, en interpretación de la cantante lírica Anna Netrebko, en la que se pueden apreciar en el último minuto las altísimas exigencias requeridas por la partitura para la voz de la soprano:


La ópera plantea retos especiales porque conjuga voces, música, danza, teatro, y escenografía.  A la calidad de una buena voz y al profesionalismo musical, hay que agregar la capacidad histriónica teatral, sin la que el intento queda frustrado en la imaginación del público. En mi inserto nro. 16 del blog me refiero a la cantante brasileña “Georgia Brown, soprano supralírica”, admirando la capacidad de registro de su voz que va desde notas muy bajas hasta agudísimos increíbles, y puse el siguiente enlace de ejemplo:


Georgia podría ser una reconocida soprano lírica, pero para ello tendría que entrar a conservatorios a educar su voz, a aprender solfeo y notación en partitura, a aprenderse las óperas de memoria, a ensayarlas incansablemente; y, en fin, la carrera de soprano lírica es una exigente carrera que no da lugar para nada más que para centrarse en ella por el resto de la vida.

Pensé que Luciano Pavarotti, el gordo barbado medio calvo y sudoroso que no podía quitarse el pañuelo de la mano para enjugar su frente no era como muy creíble que dijéramos en el papel de Romeo, y que apenas estaría para desempeñar el del padre o el del abuelo del famoso galán shakesperiano; hasta que lo oí cantando el aria “A mis amigos” en la ópera “La hija del regimiento” de Gaetano Donizzetti en su papel de Tonio, el joven enamorado de María.  

En el momento en que oí a Pavarotti dar en esta aria esos increíbles y suicidas nueve “Do de pecho” seguidos, pensé que el menor error en su interpretación reventaría las cuerdas vocales y le produciría la muerte artística. Con ello se le iría la vida porque ¿Qué es un tenor de carrera sin su prodigiosa voz?  No cualquiera se le mide a ese reto que, al decir de Pavarotti, equivale a “caminar en la cuerda floja a 20 metros de altura sin malla de protección”. Cuando lo vi hacer eso (por televisión, claro) me dije: “Qué importa que este gordiflón no tenga aspecto de Romeo ni de Tonio.  Su voz es de Tonio y es de Romeo, y eso es lo que importa”.

Luciano Pavarotti canta los 9 Do de pecho del aria “A mes amis” (A mis amigos) de la ópera “La hija del regimiento” de Gaetano Donizzetti en el minuto 5:01 y en el 5:29 de este video:


Un poco inferior en exigencia, pero no menos impresionante, es el reto de cantar el Fa5 en falsete del aria “Credeasi misera” de la ópera “I puritani de Scozia” de Vincenzo Bellini que podemos apreciar primero en la voz del tenor Mario Thomas y luego en la de Luciano Pavarotti: 

El tenor Mario Thomas canta el Fa5 en falsete del aria “Credeasi misera” de la ópera “I puritani de Scozia” de Vincenzo Bellini:


Luciano Pavarotti canta el Fa5 en falsete del aria “Credeasi misera” de la ópera “I puritani de Scozia” de Vincenzo Bellini en el minuto 4:50 de este video:


Sigo sin entender las óperas en francés, en alemán, o en italiano; pero me quito el sombrero ante las prodigiosas voces que son capaces de hacer esos alardes que no alcanzamos los que soltamos gallos simplemente al llamar a un policía o atraer la atención de un taxista. Me quito el sombrero.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)