jueves, 7 de agosto de 2014

73. Casa del millón en el barrio Laureles de Medellín, rumores de leyenda con lustre de betunes

El escritor Fernando Vallejo escribió Casablanca la bella, una novela acerca de una casa que, para evitar que los constructores la echaran abajo y levantaran encima alguna mole de veinte o más pisos, compró y restauró en el barrio Laureles de Medellín. 

La historia de esa, su casa, “es la historia de un fracaso… La vida es dolorosa, angustiosa y miserable; y todas las grandes empresas del ser humano están destinadas al derrumbe y al olvido… Los colombianos se pasan la vida soñando con eso: la casa de sus sueños…”. 

Su hermano Aníbal, en un artículo publicado en el periódico El Mundo el 18 de octubre de 2014 dice que “terminando la década de los años cincuenta del siglo pasado mi padre compró un billete de lotería del Sorteo Extraordinario de Navidad, cuyos premios mayores eran casas en Bogotá, Cali, Manizales y Medellín; pero no se lo compró al lotero, sino al ganador de una casa situada en el barrio Laureles de Medellín, un señor residente en la Costa que no tenía interés en dicha casa… Cuando esta casa había costado 60.000 pesos, ya estaba en construcción la Casa del Millón; la que se convirtió en objetivo de curiosos que se trasladaban al barrio para conocer tal despropósito”.

A principios de la década de los sesenta la familia Ramírez Casas se trasladó a vivir a una casa de interés social adjudicada en una urbanización para obreros, construida por el Instituto de Crédito Territorial (ICT) en la comuna de Belén. Su costo fue de 13 mil pesos, cubiertos con una cuota inicial de 3 mil que eran producto de pequeños ahorros y de la liquidación de las cesantías de la fábrica textil donde trabajaba el padre cabeza de hogar; más un préstamo de 10 mil pesos concedido por el ICT para pagar en cuotas mensuales de 70 pesos. No era poco dinero, puesto que hubo familias que fueron desalojadas por atrasos en el pago de las cuotas. Cuando se fueron a vivir a la casa, venían de pagar alquiler de 50 pesos mensuales. El salario mínimo, por ese entonces, era de 420 mensuales; y la tasa de cambio estaba a 9 pesos por dólar. Se necesitaban 28 salarios mínimos para pagar una casa del ICT. Un millón de pesos era suficiente para levantar 77 de esas casitas. Esa cantidad tiene pelos, como dicen, y tratar de conseguirlos “empieza con uno, sigue con uno… y acaba con uno”. A muchos no nos alcanza la vida para ganarlos.

Artículo “El jardín del Arte, una casa en la calle” en el periódico El Mundo, de Medellín, publicado el 18 de octubre de 2014:
http://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=244506

Plano del 2º parque del barrio Laureles y 
sus alrededores, por el arquitecto Carlos 
Eduardo Molina Londoño

El barrio Laureles de Medellín fue proyectado en el año de 1941 por los arquitectos Pedro Nel Gómez Agudelo, famoso pintor y escultor, y el urbanista austriaco Karl Brunner; siguiendo el modelo radiocéntrico de la población de Palmanova en Italia, con plazoleta central rodeada de avenidas circulares concéntricas, y vías transversales de conexión. El actualmente denominado segundo parque de Laureles fue la primera glorieta o round point que hubo en la ciudad. Se empezó a construir en el año de 1943. Fue una novedad que rompió con el tradicional diseño de manzanas ortogonales enmarcadas por calles y carreras de trazado recto alrededor de una plaza cuadrada, en lo que los arquitectos llaman modelo hipodámico por su difusor Hipodamo de Mileto. Una novedad sí fue, pero también un dolor de cabeza para los no familiarizados con su señalización catastral, que encontraron enrevesada. Hay un conocido chiste entre mensajeros y taxistas que cuentan cuando se pierden en sus calles: “tocará preguntarle al gato de Laureles”, porque se considera que cualquier ser humano se pierde en esos vericuetos, pero hubo un gato que fue capaz de regresar a su casa después de tres días de haber sido abandonado en una población lejos de allí.

El Banco Central Hipotecario y la Cooperativa de Habitaciones para Empleados se unieron en el proyecto de construcción de un barrio que desde 1939 fue concebido como vivienda no de obreros sino de empleados, de la denominada clase media, y por tal razón se le llamó Ciudad del Empleado; pero rápidamente se valorizó como sector para las clases más pudientes, que fueron adquiriendo lotes para construir en los alrededores, o comprando casas a sus propietarios, hasta convertirlo en el sector residencial de más alto estrato económico de la época.

Árbol de laurel (Lauros nobilis)

Habitantes de Laureles escriben la historia de su barrio”, por Deisy Johana Pareja en El Tiempo.com de febrero 26 de 2014:
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13561235

La idea inicial era llamarlo Ciudad del Empleado, pero en 1946 se abrió un concurso para rebautizarlo, pues a muchos no les gustó el nombre. De los 2.497 nombres que participaron el ganador fue “Laureles”, porque en sus calles había árboles de este tipo sembrados por la Cooperativa de Habitaciones para Empleados.

Laureles, una pincelada del maestro Pedro Nel Gómez”, en la sección Historia de Laureles del blog Espacios Medellín, del portal Terra.com:
http://tr.terra.com.co/proyectos/espaciosmedellin/interiores/laureles/historia.htm


Casa del Millón, embetunada con Chinola

Un tolimense era mi lustrabotas de confianza, y de él escuché la curiosa historia del dueño de la Casa del Millón. Un día me preguntó: “¿Conoce usted al Sr. Asdrúbal Jiménez?”. “No”, le dije, y él se dejó venir con su historia. “Era un lustrabotas en el Bar Suez de la calle Pichincha con la carrera Carabobo, frente al Palacio Nacional, y se hizo amigo de un cliente asiduo, como usted. Ese cliente era un químico alemán que vino a Medellín a trabajar con una empresa y le tomó cariño al lustrabotas porque le gustaba la manera cuidadosa de hacer su trabajo. Un día le dijo que le iba a enseñar a preparar su propio betún, y se lo llevó para el laboratorio de la fábrica. Esa pasta casera resultó ser un éxito, más económica que los productos que se conseguían en el mercado, y don Asdrúbal empezó a venderla a sus compañeros lustrabotas. De ahí a montar una fábrica para producirla no hubo sino un paso, y usted sí ha oído hablar de los Productos Asdrúbal”. Sí había oído. Eran productos reconocidos. Por esos días uno veía las marcas de betunes “Cherry”, “Shinola”, “Águila”, “Béisbol”, y algún otro. Él bautizó “Chinola” a su producto, y lo dejó tan bien posicionado en el mercado que después fue fabricado por las empresas Química Borden y S.C. Johnson de Colombia. También sacaba una tubería conduit con una mezcla plástica de su invención que, con ademanes de culebrero, gustaba dejar caer desde el segundo piso para demostrar que era irrompible. Me pareció curiosa la historia de cómo a ese lustrabotas se le había aparecido la suerte en forma de químico alemán, y como había podido salir de la pobreza gracias a una fórmula que le cayó del cielo. 

Artículo “La casa del millón, del lujo al abandono”, en la sección “Anécdota” del blog “Espacios Medellín”, en el portal “Terra.com”; en el que puede verse la fotografía de la cuadriga de caballos que hubo en la entrada:
http://tr.terra.com.co/proyectos/espaciosmedellin/interiores/laureles/anecdota.htm

Asdrúbal Jiménez Salas consiguió mucho dinero, y para principios de la década de los sesenta adquirió un lote en una esquina de Laureles, el barrio más lujoso de la ciudad en ese momento, donde construyó la casa que fue denominada, y todavía se recuerda, como Casa del Millón. La casa, de dos plantas, como un paraíso terrenal en sus comodidades, fue construida con pisos de mármol de Carrara y tenía piscina, esculturas egipcias al pie de la escalera de caracol, tapetes finos, lámparas de cristal tallado, y otros decorados lujosos. Tenía a la entrada de la escalera exterior una imponente escultura de una cuadriga de caballos, y tenía muchos detalles exóticos desconocidos, en una época en que no habían hecho irrupción las extravagancias de nuevos ricos traquetos y mafiosos que llegaron después de los años ochenta. Los lujos que el industrial Jiménez puso en su casa eran de fama, aunque la mayoría de la gente no los conoció porque su entrada estaba abierta solo para los amigos y conocidos de la familia.

Escultura de una cuádriga de caballos, 
a la entrada de la casa del millón

Ignoro qué fue de la vida de don Asdrúbal, de qué murió, qué pasó con su empresa; y qué pasó con su lujosa casa, que fue símbolo de opulencia y cuando la conocí estaba en ruinas y solo le quedaban vestigios de la magnificencia que ostentó en otros tiempos, incluido su último uso como casa de alquiler para banquetes y recepciones sociales.

Video aficionado de las ruinas, que muestra vestigios del esplendor de otros tiempos:
http://www.youtube.com/watch?v=mZbQLhV1rmQhttp://www.youtube.com/watch?v=mZbQLhV1rmQ

Por espacio de casi cuatro décadas, desde 1960 hasta el 2000, la casa donde vivió don Asdrúbal Jiménez Salas, con sus hijos y su esposa doña Luz Elena Vélez, situada en la transversal 39 A nro. 71-145, reinó en el barrio como referente arquitectónico. En los inicios del nuevo siglo se convirtió en ruinas y hace un par de años fue reemplazada por el edificio Edimburgo, con 12 pisos de apartamentos. No tuvo esta casa una oportunidad de renacer como la que ha tenido Casablanca, la bella, de la mano de un Fernando Vallejo que la rescatara, aunque hay quien dice que sus lujos barrocos tampoco lo ameritaban desde el punto de vista arquitectónico. Suficiente fue con que se hubiera convertido en una leyenda.

Edificio Edimburgo Laureles
transv. 39 A nro 71-145

Por muchos años tuve por cierta esta historia, pero un residente de Laureles escuchó otra versión con no menos brillo, o menos lustre, que tratándose de betunes es lo mismo: 

En la década de los años treinta, o un poco antes, llegó a Medellín una pareja de ciudadanos alemanes que puso una fábrica de betún sobre la calle Colombia, cerca de la carrera 65. Don Asdrúbal Jiménez era su administrador y quedó a cargo del negocio cuando los propietarios viajaron a su país y los sorprendió allí el estallido de la segunda guerra mundial. No volvieron a Colombia. Ningún heredero se presentó a reclamar, y el empleado optó por cambiar de nombre a la empresa y continuar con la fabricación de sus productos, convirtiéndose en su dueño. Con los años, la trasladó para la autopista Sur, cerca de la fábrica de Coltejer en Itagüí”.

¿Qué hay de cierto en esto? La historia de los alemanes no es menos fantasiosa que la versión del lustrabotas. Es posible que, a la hora de la verdad, se combinen ambas versiones y el alemán que se hacía lustrar en el bar Suez fuera uno de los dueños de la fábrica, que se llevó al lustrabotas a trabajar con él. Es posible, pero tal cosa no la sabremos con certeza. Aunque sea difícil de verificar, quizás sea ése el origen de la fortuna del propietario de la famosa Casa del Millón; que desapareció, pero no su leyenda, porque el dicen que dicen la sigue llevando de boca en boca por el imaginario popular.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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Comentario recibido:

Pacho Carrillo <noreply-comment@blogger.com>
28-10-2017 8:40

Pacho Carrillo ha dejado un comentario en su entrada "73. Casa del millón en el barrio Laureles de Medel...":

Quisiera corregir algunos errores que tiene mi comentario… La versión de los alemanes que llegaron a Medellín es la más acertada a mi modo de ver, combinada con la de que Don Asdrúbal en sus años mozos fue un embolador. Ambas las oí por la época en que lo conocí. Los industriales de la competencia, como Nicolas de Zubiría, presidente de Sintéticos Colombianos en esa época, me comentaron en una ocasión de lo mismo. A lo mejor es así: embolaba los zapatos del alemán, y terminó quedándose con la fábrica. Su gran error fue tratar de crecer construyendo una gigantesca planta en la zona industrial de Itagüí, la cual lo dejó ilíquido, y tuvo que recurrir a prestar dinero a la banca, hipotecando sus bienes que perdió al final. Lo que no comprendo es por qué la casa fue abandonada. A lo mejor no estaba hipotecada, pero sí embargada, y prefirió dejarla a su suerte. El video, que por cierto está muy mal logrado, no muestra el techo del comedor donde estaba el fresco con la réplica del Salón del Trono del palacio de Versalles, lo cual hace díficil reconocerlo en detalle, aunque sí tiene algunas tomas que muestran lugares de la casa que reconocí superficialmente, tales como la escalera que conduce al segundo piso, y el paso por el patio que conducía al comedor. Saludos, 
Pacho Carrillo
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Respuesta:

Señor Pacho Carrillo: Muchas gracias por su aporte, como persona que también conoció algunos detalles relacionados con la Casa del Millón y su propietario don Asdrúbal Jiménez. Son de interés para los lectores. No sé si interpreté bien su deseo de que no apareciera su dirección electrónica en este comentario, y de que el texto saliera de fácil lectura. Traté de hacerlo lo mejor posible. Cordial saludo,
ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)




2 comentarios:

  1. Don Asdrubal producía ese betún aunque su aceptación por parte de los lustrabotas de la época era precaria, lo superaba de lejos el Cherry, también producia cordones para zapatos pero su fuerte eran los sintéticos para calzado, bolsas de mercado y tapicería de autos, producidos en rudimentarios equipos pero con una calidad y precio excelentes. Cene en esa casa un par de veces y en su compañía en el club Union el mas famoso y elegante de Medellín que quedaba en el centro de la ciudad el cual ignoro si aun exista.Tenia un cadillac de 1963 y dos automoviles Lincon Continental negros, de años parecidos. Su casa tenia un a réplica del Salon del Trono del Palacio de Versalles en su comedor de gran altura con fotos de él, su señora y sus hijos semejando los emperadores franceses.Fuiumos sus distribuidores en Bucaramanga y Cali en la década 1960 a 1970. Era un soñador de los buenos. Hay mucho que contar de él, lo ñultimo que supe es que habia viajado a Austria donde tenía una inversión en una fñabrica de tuberia de pvc. Contacto. Alvaro Diaz Safi. puertosafi@gmail.com

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    1. Muchas gracias, Sr. Álvaro Díaz Safi por su interesante comentario que enriquece la información sobre el personaje y la casa que son una leyenda en Medellín. Su condición de testigo inmediato le da valor a su aporte. Cordial saludo, ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

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