domingo, 4 de septiembre de 2016

168. Coleccionistas de ají , una colección muy picante

Este es un blog sin ánimo de lucro, no comercial, y por lo tanto no es mi interés hacer publicidad promocional con fines económicos. Hago esta advertencia porque hoy hablaré de coleccionistas, y no de marcas comerciales. Voy a referirme a una empresa montada por Jorge “Giorgio” Araújo Martínez, hijo del médico cartagenero Dr. Jorge Araújo Grau y de su señora doña María Eugenia Martínez Tono.

Para todo hay gente. En mi niñez los chicos jugábamos con las canicas o bolas de cristal, pero había un coleccionista que separaba en otra bolsa las más bellas. A los demás no nos importaba que nos cascaran, totearan o desgastaran las bolas al golpear unas con otras. A él sí. Tenía bolas de jugar y bolas de coleccionar. Las de coleccionar sólo las dejaba ver de amigos especiales que supieran apreciarlas. Igual ocurrió cuando nos dio por guardar las “vistas” o pequeñas diapositivas recortadas de trozos de películas de cinematógrafo que se reventaban en la proyección. Para algunos eran un elemento de canje y un simple artículo de posesión, pero había uno que se sabía de memoria la historia de sus artistas preferidos y su filmografía, para acompañar esas vistas en las que la imagen del artista aparecía en primer plano. Era un coleccionista. 

El narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, como se sabe, era un coleccionista de automóviles, aunque no tan coleccionista como el Sultan de Brunei que tiene más de 2500 vehículos de colección. Cuando una bomba destruyó el edificio Mónaco en El Poblado, en el garaje del sótano había no sé cuántos carros clásicos mantenidos como nuevos. Un Porsche 356, un Cadillac de los 30´s, un Mercedes Benz 600 Limusina, un Mercedes Benz 300 S Roadster, un Rolls Royce Phantom de los 20´s, etc. eran sus preciadas posesiones. Él, que lo tuvo todo, no pudo adquirir la colección que más anhelaba desde que se enteró de que don Lino Galavís, el dueño de la fábrica del café más vendido en Cúcuta, tenía una colección de quince o veinte vehículos “escasos”. Don Lino mostraba su fábrica a muchos, claro está, y la mostraba con orgullo. Levantarla de la nada era un logro que le causaba íntima satisfacción. Pero el cobertizo de atrás no lo dejaba ver sino de unos pocos. Allí, en un hangar dispuesto para cada uno, y tapados por sus pijamas de lona, se alineaban sus relucientes vehículos clásicos de colección que no sacaba jamás a los desfiles “porque no quiero que el ocioso público me los raye, maltrate, o deteriore”. Tenía un mecánico encargado de su mantenimiento a punto, y una vez por semana debía dar una vuelta a la manzana interior del cobertizo para mantener su maquinaria en movimiento. Algunas veces don Lino lo acompañaba en ese ritual por la solitaria pasarela. Me decía ufano: “Si la fábrica se quema, la aseguradora me paga con qué reponerla, pero si estos vehículos se queman no hay dinero en el mundo con qué reconstruir la colección. No puedo darme el lujo de perderla”. Así justificaba que su brigada de bomberos, dotada de extinguidores de varias clases, tuviera su estación en un descampado entre la fábrica y los vehículos. Estoy seguro de que en caso de incendio tenían instrucciones de preservar, primero que todo, la colección tan apreciada que se negó a vender a Escobar, a pesar de los métodos de presión y convencimiento que los hombres del bajo mundo solían emplear en las negociaciones que aparecen en películas como El Padrino, en donde algún hombre con metralleta en mano y un sobre en el bolsillo de la camisa repleto de dólares al lado de un cadáver mira a la cámara diciendo: “Le hice una oferta que no podía rechazar”. 

De los Ochoa, socios de Escobar, se decía que eran coleccionistas de caballos. Los hay, también, coleccionistas de mujeres. Coleccionistas de llaveros, coleccionistas de latas de cerveza. De los coleccionistas más conocidos están los filatelistas con sus inapreciables estampillas; y los numismáticos, con sus carpetas de monedas y billetes de rara adquisición. Y están los coleccionistas de música con sus tesoros de baquelita y de vinilo que miran despectivamente los CDs y las USB con archivos de MP3. Para éstos no hay como tener una grabación original en buen estado. Dan lo que esté a su alcance por poseerla. 

Me han contado que hay un restaurante mexicano donde los clientes piden al maitre que les traiga “la carta de ajíes”. La amplia variedad ofrecida está clasificada por sus niveles de capsaicina (capsicum), según la Escala de Scoville que mide el grado de pungencia o picor, y la estrella del menú es un ají para cuyo consumo el cliente debe firmar una carta en la que exonera al restaurante de responsabilidad en caso de que tal producto le produzca un infarto cardiaco o una crisis histamínica. Parece ser que ya se presentó un caso así, y ellos quieren curarse en salud.


https://es.noticias.yahoo.com/probaron-el-aj%C3%AD-m%C3%A1s-picante-del-mundo-y-sucedi%C3%B3-213137197.html

Pues, me he enterado de que hay un escritor y periodista gringo (Randy Wayne White, 42 libros publicados) que es mejor comedor de ají que los mexicanos, y eso ya es mucho decir. Mientras más picante sea un ají, mientras más fuego salga de su boca, mientras más se le desorbiten los ojos al comerlo, mejor le parece a él la salsa que le pone a su tortilla. Es un campeón. Tanto, que no vacila en ir a Tailandia, a la India, al Ecuador, a donde sea, dondequiera que sepa que tienen una variedad para él desconocida. Tiene dos colecciones. Una son sus estanterías y muestrarios atiborrados de frascos de salsa de ají de muchas marcas adquiridos en distintas partes del mundo. Otra, son sus viveros donde cultiva y aclimata semillas traídas, también, de todas partes. 

Por un artículo que él escribió para la revista Selecciones del Readers Digest (enero de 1998) supe que en la isla de Manga, en Cartagena, tienen la variedad reina de ese mercado. Un grano de ají de los que se utilizan para la marca “Amazon” lo disfraza a uno de dragón en un dos por tres; y allí estuvo este coleccionista al que no le falta sino poner pólvora negra en sus empanadas, que yo sepa. Vaya uno a saber si ya lo intentó.


Dice Randy Wayne White que "En una pequeña dársena en la isla de Manga, muy cerca de Cartagena, Colombia, descubrí una salsa verde (muy picante, pero no demasiado) que olía a vinagre y a la flor machacada de la planta. Se llamaba Ají Amazon y era la mejor salsa que había probado hasta entonces... la pequeña fábrica estaba cerca de allí, así que fui a comprar una caja..." y sigue contando su historia por la que incontables lectores de Selecciones se enteraron de que la plantación está en una región poblada de bandidos. "Por mi parte, me había enterado de que los guerrilleros colombianos estaban secuestrando hasta 1000 personas al año a fin de pedir dinero por ellas". O tal vez el mundo ya lo supiera. Quizás seamos más conocidos por haber tenido a Pablo Escobar y por tener la guerrilla más antigua, que por tener la variedad de ají picante más apreciable del mundo.

Artículo de Selecciones escaneado:


Artículo en el periódico El Universal de Cartagena:


En carta que el Sr. Randy Wayne White le escribió al Sr. Araújo da testimonio de un hecho que le relató el congresista norteamericano Porter Boss que coincidió en una fiesta con la primera dama de los Estados Unidos en ese momento, la señora Laura Bush, y ella le dijo que su cuñado el gobernador Jeff Bush les había regalado unos frascos de ají muy picante de la marca Amazon Dorado que les había encantado en la Casa Blanca. En dicha fiesta estaba también la señora Nora de Pastrana, primera dama de Colombia, quien alcanzó a escuchar la conversación y se sintió orgullosa de poder decir que dicho ají era colombiano. Yo también me sentí orgulloso de esta historia tan picante.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
---------------------------------------------------------------------
Testimonios:

A Jorge Araújo (propietario de la fábrica de Ají Amazon):
Jorge, ¡You are going to love this story! Our US Congressman, Porter Goss, is chairman of the House Intelligence Committee –a very important man–. He just telephoned me and asked for two cases of our hot sauce. He said that he'd recently spoken to First Lady Laura Bush at a party, and she told him that Governor Jeff Bush had given them bottles of the green and the gold “Amazon”, and that they (she and the President) loved it. She asked Porter where they could get some more. At the same party was Colombia's First Lady, Mrs. Nora Pastrana, and she joined the conversation by saying she loves the sauce, too, and that a friend of her's had invested in your company. ¿Isn't that great? So I am sending Porter two cases –my contribution to the effort.
Best, Randy
Randy Wayne White
 ----------------------------------------------------------------
(De Randy Wayne White):
Hello, fellow chilie friends:
My name is Randy Wayne White, and I am author of the Doc Ford novels published by Putnam's Inc., plus I am a senior editor at OUTSIDE MAGAZINE and a contributor to MEN'S JOURNAL MAGAZINE. Like many of you, tasting hot sauces is my hobby, plus I make my own sauces and grow my own chilies. Because I travel world-wide as a writer, I have been lucky enough to try sauces from nearly every country, yet there is no doubt in my mind that Amazon is the finest, purest sauce I have ever experienced. My favorite is firey greem though I love the sweet/sour, the firey red and habanero. I have no financial interest in this company in any way, but I am devoted to Amazon sauces because they are so exceptionally good. I buy gift boxes and give them as presents. Mostly, though, I just serve the sauces on my porch with meats and cheeses at sunset, or I (always) use the dried red pepper sprinkles on pizza and in soups. In blind tests, my friends, who are also chilie lovers, consistently choose the Amazon products as the top two or three sauces from the many dozens I serve. Try them and you will not be sorry,
Randy Whites
Pineland, Fl.
--------------------------------------------------------------------------------------
(De Luis Bernardo Morales):
Desde hace mucho tiempo que soy muy aficionado al ají, pero desde que encontré en el supermercado Éxito de Envigado en Medellín un frasco de ají verde y otro de ají rojo y los compré sólo por la curiosidad que me generó su nombre de Amazon, me enamoré de su producto a tal punto que no volví a usar ni a comprar ningún otro tipo de ají o de marca, distinta a la de ustedes.
Hace aproximadamente dos semanas, estaba buscando ingredientes para prepararme un encurtido de aliños picantes y me sorprendí al encontrar un bellísimo estuche como para regalo, con sus productos, incluido uno nuevo llamado Salsa Habanero que me pareció ESPECTACULAR, Tanto que compré dos frascos y los mantengo en cada uno de los restaurantes de la fábrica.
Desde que leí el articulo sobre el ají en la revista Selecciones y en el cual los mencionan como productores de un excelente ají, tenía muchas ganas de ponerme en contacto con ustedes y darles unas grandes felicitaciones, pero desafortunadamente no había tenido el momento justo para hacerlo.
Les reitero mi admiración por tan delicioso producto, que NO tiene NADA que envidiarle a cualquier producto extranjero, preparado con químicos y aditivos artificiales.
Les repito mis felicitaciones y les sugiero que en lo posible, procuren una mayor penetración de su producto en los mercados del interior del país, eso si sin disminuir la calidad de sus ajíes.
MUCHAS GRACIAS.
Atentamente,
LUIS BERNARDO MORALES L.
Medellín - Colombia

No hay comentarios:

Publicar un comentario