domingo, 22 de enero de 2017

188. Puerta Inglesa en el barrio Buenos Aires de Medellín

He escuchado cuatro hipótesis sobre el origen del nombre de la Puerta Inglesa, un lugar situado en el barrio Buenos Aires de Medellín, en la confluencia de Ayacucho (calle 49) con Francia (carrera 28), al comienzo de la avenida de doble calzada con separador central denominada “Las Mellizas”.

1. NOMBRE DE UNA CANTINA

Las gentes son dadas a especular; ejercicio que, a falta de mayores datos, es entendible; pero las especulaciones tienen que tener algún asidero, y esta especulación no lo tiene por la sencilla razón de que el nombre de la cantina fue puesto cuando ya el lugar se conocía con ese nombre y no al revés. La cantina sí existió, pero no fue ella la que lo bautizó. Afirmar eso, no pasa de ser una especulación porque hasta finales del siglo XIX ese lugar era muy despoblado, puesto que Buenos Aires empezó a ser habitado de abajo hacia arriba y era un territorio considerado en las afueras de una ciudad que por entonces empezaba en la hoy plazuela de San Ignacio en la parte oriental y terminaba en San Benito como límite occidental. Por el norte la limitaba la quebrada Santa Elena, y por el sur el caserío de la calle de Guanteros o Niquitao en el camellón de La Asomadera; y así la muestran los mapas de la época. La palabra camellón se aplicaba a una vía carreteable sin pavimento que, por el drenar de las lluvias y el rodar de los carruajes, se adelgaza hacia los lados y va formando un lomo en el centro como la giba de un camello.

Cuando don Modesto Molina compró, en el año de 1874, un lote de terreno que era propiedad de don Carlos Coriolano Amador y llegaba hasta la Puerta Inglesa, o sea hasta la entrada de la casa de campo del Sr. Amador, se propuso urbanizarlo con el nombre de Campo Alegre, que iba a ser la primera urbanización comercial del país con lotes vendidos para pagar por cuotas. Don Modesto se quebró sin haber visto completar su proyecto, pero tanto él como don Coriolano alcanzaron a ver llenarse poco a poco de casas esos terrenos, en la primera década del siglo XX.

A pesar del entusiasmo por la construcción del sector, que describe don Tomás Carrasquilla en la crónica “Camellones”, él deja claro que tal urbanización en los comienzos solamente avanzó hasta eso de cuadra y media hacia el oriente desde la cantina de don Julián Rave en la esquina de la calle Ayacucho con la carrera Nariño, y que ese punto en la ciudad era considerado “extramuros”. Dice así un fragmento de su crónica reproducida en el libro La Ciudad y sus Cronistas, con recopilación de don Miguel Escobar Calle, editado en la serie Biblioteca Básica del Instituto Tecnológico Metropolitano de Medellín (ITM):


Cualquier día del año 74, se prolongó hacia arriba, obra de cuadra y media y todavía extramuros, la calle Ayacucho. Un ciudadano Rave levantó por ahí una venta con billares. Buenos Aires, rezaba su letrero enorme. Y, ¡Tú qué dijiste! ¡Eso fue un sortilegio ineludible! Vecinos y no vecinos acudían. Quiénes, solar; quiénes, casa; éste, quinta; aquél, ventorro; arbolado el municipio, iglesia los fieles. Pronto cuajó aquello como parte de encantamiento. Buenos Aires con sus alturas y sus vistas, con su rambla y sus calles adyacentes y sus vertientes al Santa Elena. Buenos Aires con su éter, su Gerona y su basílica, será siempre, en este suelo andino, el paseo sin rival. Otros camellones han surgido; muchos surgirán todavía; ¡Pero tú, Buenos Aires, hermoso y saludable, dominarás siempre, imponente y soberano!”.

2. POR UN INGENIERO INGLÉS QUE DISEÑÓ LAS CALLES DEL BARRIO

Viendo la municipalidad que esos terrenos de las afueras empezaban a poblarse de casas, se vio en la necesidad de poner orden en las edificaciones y para el efecto el gobernador Pedro Restrepo Uribe contrató en 1880 con el ingeniero inglés Juan Henrique White el trazado de las calles del barrio, ingeniero que muy inteligentemente hizo tal trazado con calles rectas y manzanas ortogonales, previendo que así facilitaría la nomenclatura de las casas y la orientación de los habitantes. Claro que para la fecha del trazado el alemán Friedrich von Schenck afirmaba que “la población de Medellín, inclusive el caserío de Buenos Aires, la calculo en más o menos 20.000 almas”. Eso quiere decir que Buenos Aires era apenas “un caserío” que llegaba hasta la Puerta Inglesa, y la propiedad privada de Miraflores seguía siendo privada porque de las Mellizas hacia arriba solamente sería urbanizado en la segunda década del siglo XX, luego de que don Coriolano vendiera parte de la finca Miraflores a los Jesuitas, en el año de 1915; y el resto fuera vendido por sus herederos al fallecer él en el año de 1919.

A las dos anteriores hipótesis se refiere el artículo que salió en la página 39 del periódico La Hoja, con fecha noviembre de 1994, escrito por el arquitecto Luis Fernando Arbeláez Sierra:

La en otro tiempo muy conocida Puerta Inglesa quedaba localizada sobre la calle Ayacucho en su cruce con la carrera 28, exactamente donde se inician las denominadas Mellizas, y era una especie de retén urbano que controlaba la entrada y salida de personas y mercancías desde el oriente de la ciudad a través del determinado camino del Tirabuzón”.

Estuve tratando de verificar la existencia del mencionado retén, puesto de control, caseta de peaje, o garita de resguardo alcabalero en ese lugar, pero no encontré ninguna mención al respecto, y es entendible puesto que hasta el año de 1915 cuando llegaron los Jesuitas, y el año de 1919 en que murió don Coriolano (su esposa doña Lorenza Uribe de Amador murió un año después), la finca Miraflores que se iniciaba en la Puerta Inglesa e iba hasta Los Caunces en Medialuna fue una propiedad privada por donde no se permitía el paso libre de transeúntes, paso de servidumbre que se realizaba bordeando la propiedad por la orilla de la quebrada Santa Elena hasta la desembocadura de la quebrada Bocaná, donde se producía el empalme con el camino del Tirabuzón; otra ruta, que bordeaba la misma finca, conducía por el camino de El Cuchillón del Contento hacia El Vergel, llegando al Tirabuzón por el mismo punto; y la otra bordeaba el camino de Loreto, sin adentrarse en la finca de don Coriolano, y empalmaba con la del Cuchillón en el Vergel. Hacia 1920 debió iniciarse, entonces, la construcción de las primeras casas tipo chalet que dieron paso a la urbanización de esos terrenos.

Continúa el artículo:

Su nombre, se dice, procede del ciudadano inglés John Henry White quien, de acuerdo con don Luis Latorre Mendoza, hizo el trazado de las calles del barrio Buenos Aires y, se afirma, construyó la puerta que marcaba los límites de la ciudad en fecha cercana al principio del siglo. John Henry trocó primero el míster por el don y muy rápidamente fue Don Juan Henrique White, primer cónsul nombrado por el Reino Unido en esta ciudad. De la vieja Puerta Inglesa retienen su nombre en el lugar: Un expendio de carnes, una cafetería, un mercado, un bar, y un servicentro; y diversas interpretaciones que tejen un sinnúmero de historias sobre su origen”.

3. POR UN INGENIERO INGLÉS QUE CONSTRUYÓ UNA PUERTA EN ESE LUGAR

He tratado de encontrar soportes y rastrear esta tesis que el mismo autor del artículo expone haciendo las salvedades del “se dice” y el “se afirma”, a falta de documentación concreta. 

Personalmente no veo sentido a que un ingeniero contratado para trazar las calles de una ciudad construya una puerta en propiedad ajena, ni encuentro lógico que las gentes bauticen una esquina específica con la nacionalidad del ingeniero que trazó las calles del barrio, sin llamar así todo el barrio. Tampoco encuentro registros de que don Coriolano hubiera contratado al ingeniero para tal fin. 

4. POR UN PORTÓN DE HIERRO FORJADO, HECHO EN INGLATERRA, QUE EL DUEÑO HIZO INSTALAR EN LA ENTRADA DE SU FINCA DE RECREO

El millonario don Carlos Coriolano Amador Fernández, reconocido hombre de negocios de Medellín en la segunda mitad del siglo XIX, es frecuentemente citado con ese nombre que evoca al general romano, pero según registros bautismales y debido a una confusión de grafía, quedó su nombre como Coroliano y así figura en documentos de notaría. En confianza sus empleados le decían “Don Coro”.

A él me refiero en el preámbulo de mi libro “Buenos Aires, portón de Medellín”, cuando escribo que:

El viajero que llegaba a Medellín desde el oriente, o el que quería salir, debía trasponer un portón de hierro forjado importado desde el Reino Unido en barco, transportado en vapor por el río Magdalena; traído a lomo de mulas por los quiebres de las montañas; hasta verlo instalado donde su comprador lo había soñado. La presencia de sus arabescos recortándose contra el sombrío de los árboles al fondo, dio nombre a ese lugar: La Puerta Inglesa. Los viajeros debían atravesar la finca Miraflores, por donde don Carlos Coriolano Amador permitía el camino de servidumbre. Hasta el sol, en los días de mi niñez, debía pasar primero por esa puerta antes de llegar a mi casa. La Puerta Inglesa venía a ser, pues, El Portón de Medellín y el acceso al querido Buenos Aires desde los municipios del oriente, cuyos migrantes se hicieron multitud por sus calles”. 

Y digo más adelante que:

En varias cosas fundó el paisa don Coriolano su fortuna. En lo que recibió de herencia del cartagenero don Sebastián José Amador López, su padre, que era un hombre adinerado; en lo que doña Lorenza recibió de herencia de su padre don José María Uribe Restrepo, que era más adinerado aún; en la habilidad para montar y desarrollar negocios productivos, que unía inteligencia y apalancamiento, dos factores de éxito asegurado; y en la habilidad de picapleitos que tenía, porque era un “pleitómano” reconocido y ya se sabía que pleito que ponía, pleito que ganaba. De todo pleito que casó siempre salió más rico”.

Reinaldo Spitaletta publicó el artículo “La ciudad, presa entre rejas”, de agosto 17 de 2015, en el blog Spitaletta.wordpress.com:


Dice en su artículo el periodista Spitaletta que:

Una de las puertas del Buckingham Palace de Londres es una enorme reja, sujeta a dos pedestales o columnas con lámparas de cinco faroles encima. Dicen que cuando el comerciante y empresario antioqueño Carlos Coriolano Amador (1835-1919) la vio, lo primero que se le ocurrió fue mandar hacer una réplica, la misma que tiempo después pondría en la entrada de su finca de recreo Miraflores, al oriente de Medellín, y que el vulgo nombró como la Puerta Inglesa… que distinguió la entrada de uno de los recreaderos del señor Amador, conocido también como el Burro de Oro. Ya no existe. Estaba ahí, donde se inician las denominadas Mellizas, en la calle Ayacucho. Una bomba de gasolina y tal vez alguna tienda, recuerdan su nombre. Tampoco vale la pena instalar una reja como la mencionada del palacio de la Reina Isabel (y en general de los monarcas ingleses), para espantar ladrones de Medellín. En cuestión de segundos se la robarían”. 


Bueno es aclarar que el portón de hierro forjado del palacio de Buckingham que don Coriolano hizo reproducir no es el actual, que data de una reforma en el año 1913, sino otro que había sido puesto en ese palacio que habitaron la Reina Victoria y su consorte el Príncipe Alberto a partir del año 1837; pero sí tendría que ser algo muy similar, acorde con las magnificencias del Imperio Británico. Tal vez nos parezca suntuoso que a un ricachón del trópico se le ocurra poner en su finca una entrada como la de la Reina Victoria, pero no era don Coriolano el único al que se le ocurría tan exótica idea porque hay un grabado brasileño que muestra un portón lujoso del siglo XIX, incluidos guardias de uniforme en la entrada.



Croquis en mano, el arquitecto historiador Rafael Ortiz Arango, en entrevista concedida a Byron White Ospina para el periódico Universo Centro de Medellín en su edición nro. 15 del mes de agosto de 2010, con el título “Ayacucho llena de espíritus”, hace un recorrido de occidente a oriente por Ayacucho (calle 49), desde Nariño (carrera 37) casi hasta la vereda Media Luna del corregimiento de Santa Elena, vereda donde ocurrió el famoso derrumbe de tierra reseñado por Gabriel García Márquez en sus crónicas para el periódico El Espectador de agosto de 1954.


La carrera Nariño está en la esquina de Ayacucho donde tuvo su cantina de nombre “Buenos Aires” el Sr. Julián Rave en el año de 1874, por cuya causa las gentes cambiaron el nombre original asignado por don Modesto Molina a la urbanización “Campo Alegre”. En el croquis que ilustra ese artículo aparece señalada con el número 7 la confluencia de Ayacucho con Francia (carrera 28), que es el lugar conocido como la “Puerta Inglesa”.

7. La Puerta Inglesa, la finca de don Coriolano Amador, que antes se llamaba Miraflores y recibió el nombre de Puerta porque cuando el magnate paisa viajó a Inglaterra, ordenó una reja en hierro forjado para ponerla en su finca y, según decía la gente que la conoció, era toda una obra de arte. Muerto don Coriolano empezó la parcelación de Miraflores, la puerta fue quitada y remplazada por otra hecha en Medellín, situada en lo que les tocó a los jesuitas de la repartida; ya en ese momento se había prolongado la calle Ayacucho hacia arriba”. 

Es este un testimonio recogido por el entrevistador Byron White de boca del cronista Rafael Ortiz Arango, personaje con el que White había venido haciendo un recorrido desde el centro de la ciudad, en sucesivas crónicas publicadas en el periódico mencionado, tocándole el turno ahora a la calle de Ayacucho; y para los días de mi niñez no recuerdo que otra puerta hubiera sido puesta en su lugar, a menos que se refiriera a la entrada de la Casa de Ejercicios Loyola y demás instalaciones que los Jesuitas tenían en la propiedad comprada a don Coriolano en 1915.

Dice el cronista Hernando Guzmán Paniagua en el artículo “Coriolano Amador, burro de oro o visionario de ciudad”, publicado en el periódico “El Pulso” –periódico para el sector de la salud–, Medellín, Colombia, Suramérica. Año 10 Nº 112, enero del año 2008, sección Cultural, que:


De la Hacienda Miraflores y su Puerta Inglesa –similar a la del Palacio de Buckingham–, donde (don Coroliano) festejó al pintor Francisco Antonio Cano al ganar la beca de estudio para París, y donde Carlos E. Restrepo alzó el mantel de una mesa para ver los enanitos que cantaban en un extraño aparato (el fonógrafo de Edison), sólo quedan los muros blancos de una casa donde hasta hace poco Regina Once recetó sus pócimas”.

Dice la biografía del pintor Francisco Antonio Cano Cardona que “Al promediar 1898 viajó en compañía del Dr. Luis Zea Uribe e ingresó a las Academias Julián y Carrosi en París”, lo que nos permite precisar ese como el año de llegada del fonógrafo a la casa de campo de Miraflores.

El Dr. Jorge Restrepo Uribe en su libro “Medellín: su origen, progreso y desarrollo”, publicado en 1981, hace un inventario de los puentes que había sobre la quebrada Santa Elena en el año de 1920:

Las Estancias (cra. 17 con clle. 51)
La Toma (Barrientos, hoy cra. 32)
Los Indios (Honduras, hoy cra. 36)
Boston (Giraldo, hoy cra. 39)
El Puente de Hierro (Ladera, hoy cra. 40)
Córdoba (Córdoba, hoy cra. 42)
Girardot (Girardot, hoy cra. 43)
Mejía (El Palo, hoy cra. 45)
Del Arzobispo (La Unión, hoy cra. 46, Av. Oriental)
Baltasar Ochoa (Sucre, hoy cra. 47)
Junín (Junín, hoy cra. 49)
Del Arco (Bolívar, hoy cra 51, hecho por el sabio Caldas)
Carabobo (Carabobo, hoy cra. 52, Carretero o de las Pisas)
El Puente Verde (Cundinamarca, hoy cra. 53)
El Puente Santamaría (Cúcuta, hoy cra. 54)

El Puente de Tablas, en la cra. 28 (Francia), no aparece en el inventario de 1920, posiblemente por tratarse de un puente peatonal no apropiado para el paso de automóviles y carros de tracción animal.

Por su parte el educador don Carlos J. Escobar G., en su libro “Medellín hace 60 años - 1946”, refiriéndose al año de 1886, habla de la Puerta Inglesa diciendo que:

…Razón por la cual los barrios de Buenos Aires y el de la Quebrada Arriba (La Toma, o Bocatoma), principiaban desde la Puerta Inglesa y desde los Salados o las Estancias, y terminaban en las playas del Aburrá o río Medellín… La avenida derecha de la Playa o sea de la Quebrada Arriba empezaba desde la casa de don Mateo Londoño, caballero simpático, educado, y padre del reconocido ciudadano don Pedro Luis Londoño que fue dueño del almacén llamado El Zapato Inglés, propiedad aquella que era de tabiques, techada con pajas, muy pintoresca y bien arreglada, la que se hallaba a continuación de un pedazo de terreno encerrado por tapias que daban a la avenida, y con una puerta de golpe que dejaba ver el que queda al frente del que fue el Puente de Hierro”. 

Es de suponer que a finales del siglo XIX un almacén reconocido estaría situado en cercanías de la Plaza Mayor o actual Parque de Berrío y no en extramuros, y su dueño tenía la casa de habitación en cercanías del Puente de Hierro (hoy carrera 40). Veo poco probable que tal almacén de calzado pudiera estar situado en un lugar muy despoblado, frente a la entrada de una finca particular, en una época en que el comercio de la ciudad estaba concentrado en unas pocas cuadras alrededor de la iglesia de la Candelaria.

Don Alfonso Builes Ortega, que fue Hermano Cristiano y rector del Colegio Federico Ozanam de Buenos Aires, afirma que conoció la Puerta Inglesa. Dice él, en conversación de mayo de 2011, que:

Mi nombre completo es Alfonso María Builes Ortega… Nací en 1927 en Carolina del Príncipe y conocí cuando era estudiante la Puerta Inglesa porque yo me educaba donde los Hermanos de la Salle e íbamos cada sábado de caminada a ese punto llamado Morro de Ratón Pelao. En esa época yo era estudiante y luego hice parte de la Comunidad de los Hermanos Cristianos de la Salle. Fui rector de varios colegios, entre ellos el Federico Ozanam donde pasé 25 años. Luego estuve como coordinador o prefecto de varios colegios como el San Carlos de Medellín y La Salle de Pereira, donde trabajé también con el Hermano Ignacio Felipe”.

Fue don Alfonso quien me dio la información que consigné en mi libro:

Buenos Aires, portón de Medellín
(Fragmento)

¿Y por qué ese nombre de La Puerta Inglesa, Primo? 

… Fue por la cantina que había en lo que hoy es Francia con Ayacucho, al comenzar Las Mellizas, costado noroccidental. Era parada obligatoria en la salida de viajeros para el Oriente, por el sitio de “Islitas” (hoy Puerto Nare). Llamaron la Puerta Inglesa a esa cantina porque ahí comenzaba la finca de recreo Miraflores de don Carlos Coriolano Amador, que llegaba hasta Los Caunces, y el portón de entrada era una puerta de hierro forjado traída desde Inglaterra.

“Cuenta don Alfonso Builes Ortega que la primera vez que vio La Puerta Inglesa o portón traído para poner en la entrada de la finca Miraflores fue en el año de 1935 o 36, cuando asistió como delegado de los cruzados católicos de Carolina del Príncipe al Congreso Eucarístico de Medellín, y fueron llevados a mostrarles ése que era uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Don Coriolano trajo el portón inglés de hierro forjado con arabescos que dio su nombre al sitio de La Puerta Inglesa, fabricado de muestra de uno que había en el Palacio de Buckingham en Londres”.  

El motivo de adorno predominante en esa puerta parece ser el de la bandera “Union Jack Flag” del Reino Unido; que consistía en una Cruz de San Jorge de Inglaterra, en color rojo; sobrepuesta sobre una X o Cruz de San Patricio de Irlanda, en color blanco; y sobre una X o Cruz de San Andrés de Escocia, en color rojo. En resumidas cuentas, una + sobre una x formando una especie de asterisco (*).

“La última vez que don Alfonso lo vio en ese lugar al comienzo de Las Mellizas fue en el año de 1943, cuando todavía era estudiante del escolasticado de los Hermanos Cristianos en San Pedro de los Milagros, y los aspirantes de la comunidad fueron traídos al Colegio de San José, en Enciso, cuya ruta de acceso era por La Puerta Inglesa. El portón fue obsequiado al Hermano Ignacio Felipe y éste lo hizo instalar en la entrada de la finca de los Hermanos en el sector de Gualanday del Valle de San Nicolás, contiguo a la sede recreacional de Comfama en la vía que conduce de Rionegro a San Antonio de Pereira. En la actualidad la finca está dividida entre la casa de encuentros de La Salle, con una edificación moderna; y el Colegio Anglo Español, que conserva la vieja casona campestre; pero el portón no se sabe dónde fue a parar”. 

(Hasta aquí el fragmento)

Tal descripción, relacionada con la bandera del Reino Unido, está apoyada en el siguiente párrafo que se encuentra en la página 67 del libro “Miscelánea sobre la historia, los usos, y las costumbres de Medellín”, del Dr. Alberto Bernal Nicholls, 1ª Edición mayo de 1980, Editorial U. de A.: 

Los lugares preferidos para tales caminadas eran los alrededores de la ciudad: los ejidos que quedaban por el camellón de La Asomadera, la salida para Aguacatal y Envigado, el cerro o morro del Salvador, el Cuchillón, la Puerta Inglesa que daba entrada a los predios de doña Lorenza Uribe y don Carlos Coriolano Amador; el nombre de Puerta Inglesa le venía de que estaba hecha con la figura que caracteriza la bandera inglesa; Campoalegre o las Perlas, en los alrededores de La Toma, el cerro y la manga de Casilda donde edificaron los Hermanos Cristianos su colegio (Colegio de San José) por los años de 1950…”.

La primera declaración hecha por don Alfonso Builes Ortega, acompañado de su esposa doña Alicia Jaller de Builes, fue hecha en abril del año 2007, cuando se escribía el libro citado. Esta declaración fue corroborada posteriormente por él en un nuevo encuentro realizado el 26 de diciembre de 2010; y luego en otro del 10 de mayo de 2011.



Dice don Alfonso que:

El portón era de dos alas, grande, para que pudieran entrar los buses hasta la parte interna de la finca que era de los Hermanos, que se llamaba El Morro (antiguo Colegio de San José, hoy ITM). Ese portón tenía la particularidad de que era hecho en hierro fuerte y recubierto con láminas de acero, terminando en la parte de encima con unas especies de crucetas o lanzotes. Se cerraba y abría con unos aldabones grandes. El Hermano Ignacio Felipe, que fue el que empezó la construcción del nuevo Colegio de San José, lo sacó de allí. Ese portón lo llevaron a Rionegro, a la finca de los Hermanos, y no sabemos para dónde más pasó porque eso lo lotearon. En el año de 1935 colocaron ese portón, y por ahí en el año de 1946, que se empezó el colegio, lo llevaron para Rionegro”.

Puede deducirse que cuando se empezó a construir el Colegio de San José en la finca El Morro de Enciso, bajo la rectoría del Hermano Ignacio Felipe, la entrada era por Buenos Aires; y que el portón de la Puerta Inglesa le había sido regalado a los Hermanos Cristianos que lo instalaron a la entrada de su finca, contigua a la propiedad que los Jesuitas compraron a don Carlos Coriolano Amador. 




En esta oportunidad se ratificó don Alfonso en su testimonio sobre la Puerta Inglesa:

Cuando se terminó, más o menos, el tiempo del tranvía, quedó el portón allí. El tranvía desapareció, y la finca que compraron los Hermanos, no sé si a don Coriolano, fue loteada. Al lotearla, había allí un gran portón que los dueños de esa finca que se llamó Ratón Pelao tomaron la puerta y la llevaron para el Colegio de San José. Allí permaneció mucho tiempo y el Hermano Ignacio Felipe como rector del Colegio pensó que esa puerta no debería quedar allí sino llevarla a Rionegro donde los Hermanos tenían una finca, y allí sirvió de portón a esa finca. Ese portón tenía la particularidad de ser construido con hierro supremamente fuerte y grueso, con rejas en la parte de encima. En la parte de abajo tenía unos machimbres y terminaba con un ala a un lado y otra al otro lado. Ese portón, que dio el nombre a la Puerta Inglesa, fue el motivo por el cual… La finca no la llamaban así sino “la finca del morro de los Hermanos” y esa finca fue loteada. Al lotearse, desapareció la puerta. Yo creo que esto debe ser motivo para tener algo de memoria sobre el límite de la parte construida en casas. La parte de encima terminaba en aros altos, y la adornaban unas rosetas muy bien hechas, martilladas, como acostumbraban los viejos. Seguramente para llevarla pesó casi tres toneladas”.

Una mañana de sábado fui a San Antonio de Pereira, el caserío que a mediados del siglo pasado quedaba apartado de Rionegro y el urbanismo ha convertido en un barrio más de esta población, buscando recorrer los predios de la propiedad de los Hermanos Cristianos de La Salle en ese lugar. Encontré que gran parte de la finca Gualanday ha sido parcelada en conjuntos cerrados de habitación, contiguos al centro recreacional Tutucán de Comfama. Los Hermanos conservan una casa de retiros espirituales un poco al fondo, pero vendieron parte de su finca al Colegio Anglo Español, que a su vez vendió lo suyo para construcción de edificios de apartamentos, junto con la parte frontal que también vendieron los Hermanos a las firmas constructoras. Una señora de edad me dijo recordar ese portón instalado a la entrada por mucho tiempo “que a lo último habían pintado de color naranja”; y un señor que vende chance en los alrededores de la iglesia de San Antonio me dijo haber vivido en una casa adjunta a la propiedad de los Hermanos “porque mis padres eran los cuidadores, y yo estudié en una escuelita que tenían allá. Recuerdo ese portón, pero no sé a dónde fue a parar. Posiblemente los de las demoliciones lo convirtieron en chatarra”. 

1. CONCLUSIÓN

A mi modo de ver, las hipótesis que se barajan son endebles, pero la que encuentro más posible es la de la existencia de ese portón forjado en Inglaterra que, a falta de pruebas físicas y tangibles, no tendría más validez que las otras hipótesis del dicen que dicen, si no fuera por las declaraciones del nonagenario don Alfonso Builes Ortega, el Hermano Alfonso, hechas en plena lucidez por un hombre de la mayor seriedad. La información es precaria, y a ella remito a los lectores para que se formen su propio juicio.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


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