domingo, 15 de marzo de 2015

87. Mark O´Brien, y las seis sexsesiones de Cheryl Cohen Green

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El mito de que una mujer, o un hombre, deben llegar vírgenes al matrimonio, es una norma social impuesta por la religión y, casi podría decirse, que es impuesta “contra natura”. La naturaleza animal inclina a las criaturas a la práctica sexual. Pero no se equivoca la religión al imponer normas de control para impedir el sexo indiscriminado, irreflexivo, e irresponsable; y está bien que lo enmarque dentro de condicionamientos que garanticen el buen comportamiento social. El libre albedrío y la promiscuidad tienen consecuencias dañinas e irreversibles. Sólo que de ahí a pretender que los hombres vivan como ángeles, como si el sexo no les hubiera sido dado junto con las necesidades de comer, de beber, de dormir, de evacuar, o de respirar, hay mucho trecho.

Por atavismos ancestrales, la sociedad ha rechazado a las practicantes de la prostitución, profesión considerada la más antigua del mundo, y es obvio que la mayoría de ellas la ejerce como un medio de procurar su subsistencia. No voy a censurar a quienes su naturaleza genética inclina a la práctica de un sexo desaforado sólo por su gusto, y por sentir su necesidad de una manera insaciable, de lo cual no son culpables ellos sino su herencia hormonal. Hay personas que hacen de dicha tarea un apostolado pedagógico que ejercen con verdadera abnegación y comprensión hacia una muchachada ignorante en esas lides que en sus hogares de origen encuentra más evasivas que respuestas a sus preguntas, y más soslayamientos que soluciones. Esas matronas que cumplieron con la sagrada obra de misericordia de enseñar al que no sabe, merecen reconocimiento, y merecen gratitud más que censura.

Insertaré un poema erótico de Mark O´Brien, un poeta norteamericano que tuvo una vida admirable.

POEMA DE AMOR PARA NADIE EN PARTICULAR
(Por Mark O´Brien, periodista y poeta)

Déjame tocarte con mis palabras; 
ya que mis manos yacen inertes, 
como guantes vacíos.

Deja que mis palabras golpeen tu pelo,
se deslicen por tu espalda,
y cosquilleen en tu vientre;
ya que mis manos, 
ligeras y libres como ladrillos, 
ignoran mis anhelos 
y rehúsan obstinadamente 
llevar a cabo mis deseos más silenciosos.

Deja que mis palabras entren en tu mente 
llevando antorchas; 
y admítelas voluntariamente en tu ser 
para que ellas puedan acariciarte,
suavemente, desde adentro.

Este poema sería algo cotidiano si no se tratara de un autor que lo escribió en sus especiales circunstancias, contradiciendo su dedicatoria porque lo escribió pensando en la persona que lo había ayudado a realizar un sueño que se supone proscrito para los enfermos en estado de discapacidad.

Mark O´Brien sufrió poliomielitis a los seis años y desde entonces estuvo tetrapléjico en una camilla y conectado a un pulmón de acero para ayudarlo a respirar. Su cuerpo estaba muerto, pero su cerebro en plenitud de facultades hasta morir a los cincuenta años de edad. A pesar de sus dificultades y de estar anclado a una camilla de por vida, asistió a la Universidad de Berkeley y se graduó como periodista y licenciado en literatura inglesa.

Mark O´Brien en la vida real

Reseña en Wikipedia:

Habiendo conseguido ejercer el periodismo con éxito, usando sólo sus labios para sostener una baqueta de oprimir botones y algunos dedos para accionar con dificultad un teclado, se convirtió también en poeta y activista gremial; sin embargo, había algo en su organismo que funcionaba: el enamoramiento y el impulso sexual. ¿Cómo satisfacerlos? En medio de su situación atrajo la atención de alguna amiga que sintió admiración por él, por su fortaleza de ánimo, por su inteligencia, por su buen humor, y llegó a sentir y a despertar un mutuo amor platónico al que no podría llamarse amor sino afecto, cariño, o cualquier otra cosa. Nada más podía esperar Mark, así después de someterse a un tratamiento él hubiera logrado encontrar en otra joven una especie de amor que se enmarcaba también dentro de los parámetros y clasificaciones de la joven anterior. Claro que, en sus condiciones, haber tenido dos novias (que no amantes) no es un logro despreciable; pero haber recibido el tratamiento, y haberlo culminado con éxito, es algo que rebasa todas las expectativas.

Consistió ese tratamiento en obtener seis sesiones terapéuticas con la Dra. Cheryl Cohen Greene, una paramédica que ejerce el oficio de sustituta sexual para personas en condiciones de discapacidad. Lo suyo no tiene nada que ver con la prostitución ni altera para nada una vida normal de familia con esposo, hijos, y nietos, en un acto que no puede prestarse a equívocos. Se trata de dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento, ni más ni menos. Una verdadera obra de misericordia.

Dra. Cheryl Cohen Greene, sicoterapeuta 
y sustituta sexual,  junto con Helen Hunt, 
la actriz que la representó en el cine

Cheryl Cohen Greene: Vida, fama y experiencias de una sustituta sexual:

Gracias a ella, y a otras como ella, varios en la situación de Mark han podido morir tranquilos con el deseo satisfecho de haber conocido el sexo en circunstancias en que tal cosa era impensable. “Ya no soy virgen”, fue su parte triunfal cuando lo consiguió.

Los actores John Hawkes y Helen Hunt 
en la película Seis sexsesiones

El director australiano Ben Lewis, que anda en muletas porque en su niñez sufrió poliomielitis, hizo en el 2012 una película sobre la experiencia de Mark, con John Hawkes en el papel de O´Brien; Helen Hunt, en el papel de la sexoterapeuta Cheryl Cohen Greene; William H. Macy, en el del padre Brendan, sacerdote católico; y otros actores. El padre Brendan es un confesor que asume el papel más de amigo comprensivo y motivante que de censor y predicador represivo. Por la temática explícitamente sexual que da lugar a diálogos y a escenas de desnudos sin tapujos, es una película que sólo se ve en televisión en las horas de la madrugada, pero bien vale la pena. No hay en ella lugar a equívocos o malas interpretaciones, ni a pensamientos maliciosos. En esta película el sexo es tratado de una manera realista y absolutamente profesional.

Pasando a otro tema, pero siguiendo el hilo conductor de esta serie, los invito a releer la historia del solitario cantor que en una madrugada cerró los ojos de su exesposa acabada de fallecer y la despidió entonando una estrofa de la canción El Ermitaño: "Después que te perdí vine a saber cuánto te amaba". Su abnegación y esmeradas atenciones cuando ella quedó en silla de ruedas, a pesar de estar separados en su vida matrimonial, se comparan con la actitud que asumió Daniel Baremboim ante la enfermedad de su exesposa Jacqueline du Pré, y encajan perfectamente en la temática que hemos venido tratando. Se trata del artículo "39-Cantores solitarios", publicado en abril de 2014 en este blog.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

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