domingo, 24 de mayo de 2015

98. Frases apócrifas

Cuando alguien va a casarse se dice que le leerán la Epístola de San Pablo. Dice don Miguel de Unamuno que tal epístola de Pablus ad Ephesios dio origen a la palabra “adefesio” por su contenido que reza: 


Sean dóciles los unos a los otros… las mujeres a sus maridos… porque el varón es la cabeza de la mujer… las mujeres deben ser dóciles en todo a sus maridos… maridos amen a sus esposas… como a su propio cuerpo… el que ama a su esposa se ama a sí mismo… por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a la mujer y los dos serán una sola carne… cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo y la esposa debe respetar al marido…” (Epístola de San Pablo a los Efesios, 5:21-33). 



Algunos confunden el contenido de la epístola con la fórmula sacramental de... 

Esposa te doy, y no esclava… promete serle fiel en la prosperidad y la adversidad, en la salud y la enfermedad, y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte los separe… porque lo que Dios ha unido no lo separe el hombre…”. 

El caso es que tales promesas frecuentemente se olvidan después del baño de arroz a la salida del templo, y pasan a ser saludos a la bandera; tal como sucede con el Juramento Hipocrático en las facultades de medicina, tan pronto los graduandos se despojan de la toga y el birrete, que no pasa de ser una fórmula ritual que muchos no tienen intención de cumplir. Un adefesio. 


Así es que aunque el espíritu de lo que quiso decir tal vez fuera ese, San Pablo nunca dijo la frase “...en la prosperidad y la adversidad, en la salud y la enfermedad...” que se escucha en los rituales de matrimonio tanto eclesiásticos como de notaría.


FRASES DE PATERNIDAD DISCUTIBLE –UNA MENTIRA MIL VECES REPETIDA SE CONVIERTE EN VERDAD (SÉNECA)–


Esta frase lapidaria o de almanaque NO es de Séneca, ni tampoco puede atribuirse a Benjamín Franklyn que frecuenta los pie de páginas de las agendas de escritorio. Es del nazi Joseph Goebbels.

Ha muerto el escritor uruguayo Eduardo Galeano, y han sacado a relucir una gran cantidad de frases pronunciadas por él; pero hay una que no es de él, sino del cineasta argentino Fernando Birri:

"La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar". 
(Frase de Fernando Birri, falsamente atribuida a Eduardo Galeano quien la cita en uno de sus libros)

Hace un tiempo circuló en la red una falsa carta de adiós a la vida atribuida a Gabriel García Márquez, de quien se decía que tenía cáncer en etapa terminal y con ella dejaba un legado, carta que éste calificó de cursi y cuyo autor fue el ventrílocuo mexicano Johnny Walsh (“…Aprovecharía el tiempo lo más que pudiera. Posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo”).

Está el poema titulado “Instantes” que es atribuido falsamente a Jorge Luis Borges y que él tal vez no lo supo porque habría muerto de indignación. Es original del norteamericano Don Harold y según cuentas todo el que lo cita le agrega una nueva frase de su cosecha. Se trata de aquel que dice que “Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores y de ser menos perfecto…”. “Queda prohibido” no es de Pablo Neruda, como se dice, sino de Alfredo Cuervo Barrero.

Hay frases apócrifas que han hecho carrera por años, y hasta por siglos, atribuidas erróneamente a un personaje cuando pertenecen a otra persona. “El hombre es lobo para el hombre” no es de Thomas Hobbes, sino de Plauto. “Conócete a ti mismo” no es de Sócrates, sino del Oráculo de Delfos. “El fin justifica los medios” no es de Maquiavelo, sino de Ovidio. “Ladran, señal de que cabalgamos” no es de Cervantes en El Quijote, sino de Goethe; y “Cosas veredes que faran fablar las piedras” no es del Quijote, sino del Cantar del Mío Cid. “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” no es de Albert Einstein, sino de Rita Mae Brown. “Temo que el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo sólo tendrá una generación de idiotas” no lo dijo Einstein, sino el personaje de Jeff Goldblum en la película “Powder”.Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montañano lo dijo Mahoma, sino Sir Francis Bacon.A falta de pan, buenas son tortasno es de María Antonieta sino de Madame de Montespin. Galileo Galilei nunca dijoY sin embargo se mueve, frase que muchos historiadores creen que fue un invento del escritor y editor turinés Giuseppe Baretti en un fantasioso libro publicado en 1557 con el título de “Biblioteca italiana”.

Y muchos más ejemplos hay por el estilo.


Tal es el caso que originó un correo en el que hice la siguiente aclaración:
Uno no puede regalar lo que no es de uno”, frase que en alguna parte leí fue pronunciada cuando al jefe Seattle se le dijo que el Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón le había sido regalado por el Papa Alejandro VI a los Reyes Católicos de España. El nombre del jefe indio, Noah Seattle (“si-arol”, pronuncian los nativos de la ciudad norteamericana bautizada en su honor), no es su verdadero nombre sino uno que adoptó cuando se convirtió al catolicismo. Pues, bien, la frase citada ¡No es de él, nunca la pronunció!”, y la historia completa aparece en este Postigo de Orcasas con el título de “Jefe Seattle nunca decir eso”.

Están también estas otras:

Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era ni lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por míno es de Beltold Brecht, sino de Martin Niemoeller.

El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamenteno es de Maquiavelo, a quien siempre se la he oído atribuir. Pues, ¡No! No es de Maquiavelo. Quién lo hubiera pensado. Es de Lord Acton, y esto sí que es una verdadera noticia, por lo menos para mí.

John Emerich Edward Dalberg-Acton, 1.ᵉʳ Barón Acton, KCVO, conocido como Lord Acton, fue un historiador y político inglés. Es famoso por haber acuñado el famoso aforismo: El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Wikipedia

Elemental, mi querido Watson, no es de Arthur Conan Doyle. 

El detective Sherlock Holmes y su ayudante John H. (Hamish) Watson no existieron, y la dirección del Nro. 221 B de Baker Street en Londres hasta hace poco no existía. Son una leyenda creada por invención del escritor Sir Arthur Conan Doyle.

El Nro. 221B de Baker Street:

De hecho el personaje de Sherlock Holmes en las novelas de Doyle nunca pronunció esa frase puesto que cuando ya había hecho su aparición el cine sonoro esa frase vino a introducirse en el guion o libreto de la última escena de la película “El regreso de Sherlock Holmes” (1929), protagonizada por el actor Clive Brook.

“Curiosidades sobre Sherlock Holmes”:

Incluso, algunas de las características de Holmes no fueron invención de Conan Doyle sino del actor de teatro William Gillette, que no tenía nada que ver con las máquinas de afeitar. Fue él el que aportó lo de la gorra de paño, lo de la lupa, y lo de la pipa curvada.

Aunque Sherlock Holmes es un personaje literario que no existió, su autor sí se basó en un hombre de carne y hueso para crearlo. Se trata de un médico que había sido su profesor en la Facultad de Medicina y es considerado como el padre de la medicina forense, El Dr. Joseph Bell, que impresionaba a Conan Doyle con su método deductivo capaz de llegar a conclusiones basado en simples indicios.

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlono es de Voltaire, sino de Evelyn Beatrice Hall.


Evelyn Beatrice Hall, que escribió con el seudónimo de Stephen G. Tallentyre. Muy conocida por su biografía Los amigos de Voltaire, la finalizó en 1906. Redactó la frase, que erróneamente se atribuye a Voltaire, "Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo," como ilustración de las creencias de Voltaire (1).

(1) Boller, Jr., Paul F.; George, John (1989). They Never Said It: A Book of Fake Quotes, Misquotes, and Misleading Attributions. New York: Oxford University Press

Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo quedano es de Voltaire, sino de Medion de Larisa.


La expresión “Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”, circulaba todavía en los años ’50, atribuida alternativamente a Voltaire y a Beaumarchais. El imperativo verbal no era interpretado entonces como un dictamen, sino como la cristalización de una sabiduría refranera. Sin embargo, ambas atribuciones son apócrifas. Los primeros rastros de la frase remontan de hecho al siglo I d.C. En el capítulo 4º del libro I de sus Obras Morales, Plutarco la atribuye a Medion de Larisa, un ambiguo personaje que cinco siglos antes había sido consejero de Alejandro Magno: “Ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz”. La frase reaparece en el siglo XVII, ya decantada como un conocido proverbio. Así lo atestigua Roger Bacon en su obra latina De la dignidad y el desarrollo de la ciencia. Hablando de la “jactancia”, dice que se le puede aplicar “lo que se suele decir” de la calumnia: “Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda” (VIII: 2). Un siglo más tarde, Rousseau pone en boca de un “famoso delator” la consigna siguiente: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aun después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz” (Epístolas I:1). Finalmente, en el siglo XIX, Casimir Delavigne, en Les enfants d’Edouard, reformula como una simple constatación la frase que había atravesado toda nuestra era: “Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla” (acto I, v. 299-300).

En resumidas cuentas, al Sr. Google y a doña Wikipedia de Google no hay que creerles a pie juntillas todo lo que dicen.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)



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