lunes, 10 de febrero de 2014

19. Actores con música en las venas

Recuerdo que los fallecidos políticos Sir Wiston Churchill y Álvaro Gómez Hurtado ocupaban su tiempo libre pintando, y sus cuadros eran apreciados por ser “pasables para un pintor, y notables para un político”. Hay médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, de oficio; que se destacan por ser a la vez buenos músicos, o escultores, o actores, o artistas por afición. 

Tal es el caso del actor australiano Kevin Costner que toca la guitarra y canta con una banda desde hace años. Quizás no tenga las capacidades de un Elton John, pero el hecho de ser una celebridad le abre las puertas de los escenarios y le asegura público en sus presentaciones.


Clint Eastwood, el octogenario actor, director y productor de cine; es a la vez un buen pianista, fanático del jazz, y compositor de música que usa en algunas de sus películas como “Bird”, la que hizo en homenaje al saxofonista Charlie Parker, o como “Chalenging-Oszukana” (El intercambio o El sustituto), con la actuación de Angelina Jolie y John Malkovich, que él dirigió y compuso el tema de la banda sonora:


http://www.youtube.com/watch?v=rWaTaqxPw3o

El galés Sir Phillip Hopkins, casado con la periodista pereirana Estella Arroyave, hizo el papel de Ricardo Corazón de León en su primera película filmada en 1968, y desde entonces no ha parado de trabajar con su nombre real de Anthony Hopkins. Desde que hizo el papel del Dr. Hannibal Lecter, sus dos nombres son inseparables. Me sorprende saber que, aparte de actor, es un buen músico y compositor, que se inclina por el género denominado música clásica, y que su producción sobrepasa la calidad de un simple aficionado. Como muestra, su obra “El vals debe continuar”; que interpreta el violinista André Rieu, acompañado por su orquesta.



Vi por televisión una entrevista que hacían al cineasta Heywood Allan Stewart Königsberg. Ha sido actor, director, guionista, productor, y muchas otras cosas en el cine. Viene rodando una película por año desde 1969. Es una cifra importante. Aspira a seguir haciéndolo hasta el día de su muerte, y se prevé que aún le falta mucho porque su madre murió de 100 años y su padre de 98. Con genes tan longevos corriendo por su sangre, se prevé que él puede llegar a pasar del siglo sin dificultad. Que así sea, si es su deseo; y, si no lo es, también; porque es cosa que a él no le corresponde determinarlo, a menos que resuelva ayudar a la muerte con una sobredosis de cualquier cosa. No parece ser esa su intención. Conocido por su nombre artístico de Woody Allen, en rueda de prensa que siguió a la presentación de una película un periodista le preguntó: “La muerte está presente en muchos de sus films, y usted la trata con familiaridad y hasta con cierto humor, ¿Qué significa para usted la muerte?”. La de Woody fue una respuesta de antología: “No estoy de acuerdo con ella, estoy en contra”.


A los 62 años Woody resolvió en 1997 casarse con su hija adoptiva de 19 años Soon-Yi Previn, 37 años menor que él. Aunque técnica y jurídicamente no fuera un incesto, éticamente si lo fue; y eso causó el divorcio de la actriz Mía Farrow, madre adoptiva de la joven, pues se molestó cuando descubrió unas fotos de su hija desnuda, tomadas por el productor. En España, el cineasta recibió el premio Príncipe de Asturias por su obra, y una escultura suya fue instalada en un bulevard de Oviedo.


Allen pertenece a la categoría de los actores filosofopensadores que no es muy nutrida que se diga. Groucho Marx hace parte de ella, y Charles Chaplin también. Sus frases se inscriben en el catálogo de frases de almanaque en donde se recogen las de Séneca y las de Benjamín Franklyn. Aparte de cineasta, es escritor que ha publicado libros “con contenido”. No me refiero a las memorias de cualquier Marilyn Monroe, o Jayne Mansfield que tal vez escribiera algún periodista contratado para la ocasión, sino a libros pensados y bien escritos. Y es Woody Allen un músico que aprendió a tocar el violín desde niño y luego se dedicó a tocar el clarinete haciendo parte de una banda de jazz que es de planta en los salones del Hotel Carlyle de Nueva York. Lo hace por afición.



Luego de ver la última parte de este documental, me encontré con el final de un episodio de la tv serie “Dr. (Gregory) House”. Aún los pasan, aunque creo que la serie ya se terminó. Cuando anunciaron el final, sentí nostalgia. Creí que el episodio sintonizado hoy era el fin, o mejor dicho me lo hicieron creer los productores. En algún momento House, que es un depresivo de miedo, va a un bar donde se toma dos whiskeys dobles de un golpe. Una dosis mata caballos. Unos bullosos jóvenes celebran un tanto de su equipo, con aspavientos de bañarse en harina y en cerveza. El cantinero dice que quisiera ser capaz de hacer lo que ellos hacen, pero no es. House no dice nada, pero piensa lo mismo. Se va a su cuarto en un quinto piso de hotel y, después de semejante garrafada de whiskeys, se toma varias pastillas tranquilizantes de las que carga en un bolsillo del saco. Se sube a la baranda del balcón y, ante la mirada atónita y la gritería de los jóvenes que salieron del bar porque vieron que algo estaba sucediendo, ¡Se lanza al vacío!... para zambullirse en la piscina de la que sale nadando como si nada. Se le cumplió ese sueño, y los jóvenes se lanzan a la piscina con ropa, para celebrar. No hubo allí nada, pues, de suicidio; y sí de jugar un poco en la cuerda floja porque ¿Qué tal un paro cardiaco por cuenta de la peligrosa mezcla de tranquilizantes con alcohol? House tendría que saber eso.


Me gusta su serie en la que desempeña el papel de un médico sarcástico, irreverente, y provocador; con un pie adentro y otro afuera de la sociedad convencional. Ese estereotipo esconde a un polifacético actor que en la vida real es un bromista cálido, deportista destacado, y escritor que publicó su primera novela y se encuentra escribiendo la segunda; pero que, además, es bailarín de nivel profesional y músico de academia, que canta e interpreta el jazz de manera sobresaliente en los instrumentos de piano, guitarra, batería, armónica y saxofón. Recientemente vi en el canal Film & Arts un documental sobre su experiencia jazzística en New Orleans tocando con Allen Toussaint, Irma Thomas y Tom Jones. No se trató de una celebridad cumpliendo algún sueño, ni de un actor actuando como músico, sino de un músico que recibió aplausos de la banda que lo acompañó porque su desempeño desde el punto de vista jazzístico fue profesional. Laurie estuvo en Buenos Aires, Argentina, con su propia banda, y aquí podemos ver una muestra de su interpretación, durante una presentación en Europa:

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)


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